Ramsus:

Éolos

"Rápido! Todo el mundo a sus puestos! Partimos de nuevo!"
Las voces del capitán Kitakaze y del resto de oficiales resonaban por todos los rincones del barco, mientras el resto de marines se movían a toda velocidad para salir del puerto de Morte. No había ni rastro del vicealmirante Ramsus. Él había subido al Saint Andrews el primero, encabezando a la comitiva que venía a toda velocidad desde el cuartel de la marina, y sin mediar palabra había entrado como una exhalación en el interior del navío, en dirección hacia su camarote.
"Vamos a ver… tiene que estar por aquí…" el vicealmirante rebuscaba entre sus papeles a toda velocidad, hasta que dio con su objetivo: El papel que le había entregado el Polizonte. "Rentarou Satsuma… rango: Capitán de navío… blablabla… Aquí está!! Lugar de Nacimiento: Red Village. Sabía que había oído ese nombre en otro sitio!! ¿De modo que ahí es donde pretendéis encontraros?"
Rápidamente Ramsus volvió a coger las cartas de navegación que había sobre la mesa y empezó a examinar las de esa zona cuando sonaron unos golpes en la puerta.
- ¿Sí? –dijo Ramsus sin dejar de maniobrar con los papeles.
- Señor, sargento Cliff al habla. Le comunico que todo está listo para partir de esta isla rumbo a Red Village.
- Perfecto entonces. Quiero que la salida sea inmediata. Ah! Y Sargento, quiero que avise al capitán Kitakaze y al sargento mayor Muller del cuerpo de navegantes. Que se presenten aquí de inmediato.

El capitán Kitakaze se encontró con Muller justo en la puerta que llevaba a los camarotes. El sargento mayor, jefe del cuerpo de navegantes, era un tipo de aspecto recio y serio. Algo más bajo que el capitán, de hombros anchos, piel morena y algo arrugada. Su cabeza era ancha y aplastada, tenía la nariz grande, una poblada barba de color castaño y unos ojos verdes que reflejaban años de experiencia. El capitán le saludó amablemente y Muller asintió con un gesto respetuoso y seco. Nunca había sido muy hablador.
Cuando llegaron al camarote de Ramsus la puerta estaba entreabierta y se podía escuchar al vicealmirante murmurar algunas palabras y números, mientras maldecía por el valioso tiempo que habían perdido por culpa de ese capitán Kid. Muller dio un paso al frente.
- Señor, se presenta el sargento mayor Muller, señor.
- Déjate de oficialidades Otto. No hay tiempo para eso. Pasa para adentro, tú también Kitakaze.
Los dos oficiales entraron en el camarote de Ramsus mientras notaban como el Saint Andrews comenzaba a moverse. Las cartas de navegación de la zona estaban extendidas por toda la mesa, y el vicealmirante había estado marcando unas líneas con un lápiz en ellas. Ramsus tomó la palabra.
- En este mapa he marcado nuestro rumbo de entrada a la zona. En este punto está el islote de las cinco chicas y aquí está Morte. Mucho más hacia el norte, lindando con la salida de Grand Line tenemos Red Village justo aquí. –Dijo Ramsus marcando un punto en el mapa- y la isla desierta cercana debe ser ésta. Calculo que por culpa de los últimos contratiempos hemos perdido un día entero. –El vicealmirante miró al sargento Muller- Otto, ¿cuanto tiempo calculas que podríamos tardar en llegar hasta Red Village desde donde nos encontramos?
El sargento mayor se acercó al mapa y lo examinó con detenimiento. Tras unos instantes tomó la palabra.
- Unos cuatro días siguiendo la marca del Log Pose. Para llegar hasta allí debemos pasar por este archipiélago –dijo mientras señalaba un punto en el mapa- que sin duda nos hará bajar el ritmo, pero que si lo rodeamos nos haría perder dos días mas.
- Esto no pinta nada bien Ramsus –añadió Kitakaze.
- Lo sé –contestó Ramsus pensativo- pero creo que aún tenemos una oportunidad. Otto, quiero que pongas rumbo al oeste y avancemos unas 110 millas en esa dirección.
- ¿¡Pero qué…!? Eso nos alejaría de nuestro destino! –dijo asombrado Kitakaze.
- No lo comprendo señor. ¿Adonde quiere llegar? –contestó lentamente Muller.
Ramsus, sonriente cogió su lápiz y se acercó al mapa. Lanzó un rápido trazo, como una estocada, que acabó justo en Red Village.
- A la línea recta!
- Un… un momento… -dijo asustado Kitakaze- ¿Piensas usar a Éolos? ¿Tan pronto y en estas circunstancias?
- Señor, si me permite el comentario, tal vez nos estemos precipitando. Éolos aún no se ha probado ni una sola vez todavía –añadió el respetuoso Muller.
- ¿Y qué mejor momento que éste? –Sentenció un convencido Ramsus- Ya va siendo hora de que les demostremos a piratas y marines de lo que es capaz el Saint Andrews.

Apenas dos horas después, con una bandera roja, uno de los soldados del cuerpo de navegantes dio la señal de que el Saint Andrews había alcanzado el punto deseado. El capitán Kitakaze alzó la voz a todos los marines que se encontraban colocados en sus puestos esperando impacientes.
-BIEN!! Ahora virad hasta alcanzar la dirección del Eternal Pose! Objetivo: Red Village!
El barco comenzó a virar rápidamente hasta que se detuvo gracias a la eficacia del cuerpo de navegantes dirigidos por Muller.
- Perfecto!! Ahora, recoged todo el trapo! –siguió ordenando Kitakaze. Y al instante un gran grupo de marines comenzó a trepar por los mástiles y a tensar las inmensas sogas hasta que en menos de un minuto todas las velas del Saint Andrews estaban recogidas. Estaban completamente detenidos en medio del mar.

- Todo listo, señor! –dijo nervioso un soldado por la escotilla de la segunda bodega al vicealmirante Ramsus.
- Perfecto. Gracias soldado. Comuníquele al capitán Kitakaze que la labor de los marines de cubierta ha terminado y que se refugien en sus camarotes. Nos vamos a mover un poco.
El soldado se alejó subiendo por las escaleras, mientras Ramsus observaba de pie a todo el cuerpo de artilleros ante él. La zona en la que se encontraban, la segunda bodega, era la que poseía la zona de las troneras para los cañones, que estaban tapadas en ambos lados por gruesas planchas de madera. El vicealmirante tomó la palabra:
- Bien soldados, el éxito de esta maniobra está ahora en nuestras manos. De modo que no podemos fallar, entendido?
- SI, SEÑOR!! –respondieron los artilleros al unísono.
- Muy bien, entonces adelante! Retirad los paneles y preparad los cañones especiales!
Rápidamente, los compenetrados artilleros retiraron las planchas de madera que protegían las troneras de los cañones, al igual que unas pequeñas piezas cuadradas de madera del suelo que ocultaban la salida de unos tubos metálicos, colocados estratégicamente justo debajo de cada tronera. Acto seguido cada uno de ellos colocó unos extraños cañones de madera, mucho más largos y estrechos que los normales, en cada una de ellas de modo que las bases ajustaban a los tubos y la parte alargada de cada uno de ellos sobresalía cerca de metro y medio por los laterales del barco. Todos los cañones estaban unidos entre sí por un cable de acero. Cuando estuvieron en posición, los artilleros se prepararon para el segundo paso.
- Perfecto muchachos –dijo enérgicamente el vicealmirante, mientras sujetaba una parte del cable- Uno… dos… tres… TIRAD!!!
Ramsus y los artilleros tensaron el cable todos a la vez y tiraron con todas sus fuerzas, viendo como poco a poco surtía efecto su esfuerzo: En el exterior del Saint Andrews, todos los alargados cañones comenzaron a plegarse hacia atrás gracias a una enorme bisagra colocada en el centro del "cañón". Una vez se plegaron todos, y gracias a la fuerza que ejercía el cable, del interior de cada cañón surgieron unas hélices que se desplegaron como si de un paraguas se tratase. En apenas unos minutos, al Saint Andrews le habían surgido 12 hélices por cada lateral de su casco. Pero aún faltaba el último paso, el que haría que todo saliese a la perfección o fuese un gran fracaso.
Tras despedirse de forma marcial de los artilleros, Ramsus bajó a toda velocidad a la bodega más profunda del navío. Esquivó víveres, herramientas y demás enseres tirados por la oscura sala hasta que llegó a una puerta. Cuando la abrió, se encontró en una habitación más pequeña situada justo en la proa del barco, donde cuatro marines con palas estaban esperando. Junto a ellos había colocados dos decenas de sacos de carbón y presidiendo la sala, una inmensa caldera encendida de la cual partían 2 docenas de tubos hacia el techo. Tenía la puerta abierta y un enorme letrero: Éolos.
Rápidamente, los cuatro marines abrieron unas pequeñas escotillas para airear la estancia y comenzaron a echar carbón en la caldera. Por su parte, Ramsus se acercó a un panel con varias palancas. El momento había llegado. Se encomendó a las estrellas, y cogiendo aire, bajó las dos palancas del centro.
Una inmensa vibración recorrió el barco. El vicealmirante oyó caer algunas cosas en la bodega que tenían detrás, mientras que los engranajes y poleas de Éolos comenzaron a moverse muy despacio, para poco a poco, ir cogiendo ritmo. Un ritmo cada vez más y mas frenético…

Las nubes y las olas pasaban a la misma velocidad a la que lo harían en un sueño. De pié, desafiando al viento y dejando que su pelo y su capa de vicealmirante se movieran violentamente por él, Ramsus miraba al horizonte con gesto triunfal, mientras recordaba el día en el que consiguió que los carpinteros de Water Seven le vendieran el motor de un viejo Umi Ressha para adaptarlo a su barco. Parecía una verdadera locura, pero la realidad era que a los lados del Saint Andrews, las 24 hélices movidas por Éolos habían conseguido que tuviesen ante ellos la isla de Red Village tras un único día de viaje y no cuatro.
Kitakaze, a duras penas y dando grandes pasos llegó hasta la altura de su amigo.
- Ramsus, tienes que oír esto. Tenías razón… en parte –dijo levantando mucho la voz para sobreponerla al fuerte viento, mientras le alcanzaba el auricular de un Ko Den Den Mushi.
El vicealmirante se giró y tras observar la inescrutable cara de su amigo, lo cogió.
- Vicealmirante Ramsus al habla.
- Aquí el teniente Fletcher del navío de la armada… a cargo del Capitán Satsuma, señor. –la voz del marine se oía muy agitada, entrecortada y con muchísimo ruido de fondo- Le vuelvo a repetir nuestra… localización exacta tal y como solicitaron. Nos encontramos… a 80 millas hacia el noroeste de Red… Village. Estamos persiguiendo a… unos piratas, pero una… tormenta nos ha asaltado de improvisto, señor. Me temo que vamos a necesitar refuerzos! Si esto sigue así… todos vamos a hundirnos!
Ramsus se lamentó de que Silver y Satsuma ya no estuvieran en Red Village, pero se interesó por la situación de sus camaradas marines ante la nueva situación.
- Estaremos allí en unas dos horas. Traten de mantenerse a flote como sea! Y sobre todo no deje que el Caledonia escape!
- Haremos todo lo posible, señor, pero ¿qué… hacemos con el… otro barco pirata?
- ¿Otro barco pirata? –Ramsus se sorprendió al oír eso y vio como Kitakaze ponía un gesto lleno de amargura.
- Si, señor. Hemos reconocido su enseña… es el barco de los Dark Hunters!

El auricular del Ko Den Den Mushi se deslizó lentamente de la mano del vicealmirante hasta que se cayó y quedó colgando de las manos de Kitakaze. Ramsus se había quedado completamente petrificado.