Ramsus:

Amigo o Enemigo

Por fin volvía a verlo después de tantos años. El majestuoso Caledonia avanzaba de forma oscilante pero firme hacia el oeste dejando tras él la terrible tormenta y una extraña estela en el agua. ¿Había una especie de Rey del Mar empujando aquel barco? ¿Cómo demonios había logrado salir de la tormenta? ¿Tenía algo que ver con su incomprensible forma de navegar?
Todas esas dudas martilleaban en la cabeza de Ramsus constantemente mientras, agarrándose con fuerza a uno de los cabos de refuerzo de la mayor y completamente empapado por la incesante lluvia, miraba con su catalejo hacia el horizonte sin apenas moverse. En condiciones normales, avanzando unas pocas millas más, ya tendrían al alcance de sus cañones a la presa que buscaban desde hacía semanas. Pero las condiciones eran de todo menos normales. Parecía que la suerte volvía a darles la espalda.
De pronto, una gigantesca ola golpeó la proa del Saint Andrews y lo hizo tambalear. Ese brusco movimiento sacó al vicealmirante de sus pensamientos y por fin cayó en la cuenta de la gravedad de la situación en la que estaban: Justo en el centro de la tormenta, un buque de la marina estaba tratando de escapar de un gigantesco agujero en medio del mar. Su deber como marine era ayudar a aquellos compañeros lo antes posible. Miró por última vez al cada vez más lejano Caledonia y rápidamente, abandonó su posición para dirigirse a toda velocidad por la empapada cubierta hacia el puente de mando mientras sus hombres, guiados por Kitakaze, trataban de poner a salvo todos los enseres ante los ataques constantes de las olas.

- Otto, ¿Cuál es la situación? –dijo Ramsus nada mas entrar en el puente de mando.
- Hmmm… a no ser que hagamos locuras, el Saint Andrews saldrá de esta probablemente intacto –contestó el sargento mayor Muller de forma pausada- pero nuestros compañeros del otro barco… ¿Alguna orden señor?
- Por supuesto. No podemos abandonarles ahí. Maniobra de remolque! YA!!
- Perfecto, señor –Muller asintió con la cabeza y sonrió ligeramente. Esa era la orden que deseaba escuchar. Rápidamente la repitió al resto de secciones del navío.

El Saint Andrews llevaba las velas completamente plegadas a causa de la tormenta, mientras que las hélices de Éolos habían sido recogidas cuando el olor a ozono comenzó a ser claramente perceptible, ya que en una situación como la que estaban viviendo se partirían como ramitas secas. Gracias a la pericia del cuerpo de navegantes, el navío se situó en el círculo de absorción del remolino en su parte exterior y comenzó a girar en el mismo sentido que el otro barco, el cual lo hacía más rápidamente en círculos más pequeños debido a su cercanía con respecto al agujero. Ramsus tomó la palabra:
- Cuerpo de artilleros. Les habla el vicealmirante desde el puente de mando. Tan solo tendremos una oportunidad para hacer esto y confío plenamente en sus habilidades. Esperen a mi orden para actuar.
Mirando fijamente hacia el torbellino de agua, Ramsus esperó pacientemente unos instantes hasta que, durante un segundo, ambos barcos coincidieron en la misma línea como si de un eclipse se tratase.
- FUEGO!!! –gritó el vicealmirante. Y al instante, los 12 cañones de babor, que habían sido dispuestos al ordenarse la maniobra de remolque, dispararon unos enormes arpones atados con inmensas sogas. Nueve de ellos alcanzaron al objetivo, clavándose en el costado del navío del capitán Satsuma y en el Saint Andrews se sintió un tremendo tirón provocado por el peso y por la succión del torbellino de agua.
"Perfecto señor Muller. Ahora sáquenos de aquí" Ramsus volvió a dirigirse al sargento mayor de la forma marcial que tanto le gustaba, y éste comenzó a dar rápidas órdenes a sus hombres para que el Saint Andrews escapara de la tormenta junto a sus "invitados", mientras el vicealmirante volvía a la cubierta. Desde la zona de popa, volvió a coger su catalejo y miró a su alrededor sin cesar durante los minutos que tardaron en alejarse de la parte más complicada del tifón. Los gritos de júbilo de sus hombres comenzaron a resonar por todas partes cuando Ramsus se dio por vencido.
- No están por ninguna parte. Espero que no les haya pasado nada...

El teniente Fletcher y sus hombres se sentían como si hubieran vuelto a nacer. La providencial ayuda del Saint Andrews les había salvado de una muerte segura hacía algo más de una hora. Por fin estaba lejos de la tormenta, preparándose para la llegada del vicealmirante y sus hombres al barco, donde éste se reuniría con el capitán Satsuma para hablar de lo ocurrido. Pero algo extraño pasaba: Tanto el capitán como el guía que habían reclutado hace poco no tenían una expresión de alegría precisamente.
De pronto, uno de los barriles que habían sido atados al mástil mayor durante la tormenta comenzó a moverse, como tratando de escapar de sus ataduras. Tres o cuatro hombres comenzaron a mirarlo atónitos, cuando de repente una esfera de piedra envuelta en una brillante luz azulada salió a toda velocidad desde detrás de los barriles en dirección al mar, ante el asombro de todos los presentes.
Con una sola mano, el vicealmirante Ramsus atrapó la esfera de piedra justo cuando pasaba al lado suyo mientras ponía su pie en la cubierta del navío rescatado. Durante unos segundos tuvo que tensar su brazo izquierdo al máximo para anular la extraña fuerza que parecía "atraer" aquella extraña piedra hacia el mar. Pero aquella fuerza acabó por ceder, la luz se desvaneció por completo y el vicealmirante observó con curiosidad su nueva adquisición justo antes de mirar a su alrededor, examinando cuidadosamente la situación. Tras hacerlo y detenerse unos segundos en un punto, murmuró unas palabras al oído de Kitakaze y avanzó en línea recta hacia el capitán Satsuma, mientras sus hombres hacían el saludo militar.
- Por fin nos conocemos capitán –dijo Ramsus con una sonrisa- Un rescate como éste bien merece una copa, ¿no cree?
- Por supuesto. Pase a mi camarote, vicealmirante –contestó el capitán Satsuma con un gesto gélido en el rostro- para mí será un placer.

La cubierta del "Estrella Fugaz", barco del capitán Satsuma, estaba siendo escenario de una improvisada fiesta por parte de los soldados de ambas tripulaciones. Tratando de pasar desapercibido entre ellos, un gato se dedicaba a merodear escuchando todo lo que podía para poder encontrar alguna información que pudiera resultar interesante.
Lamentablemente, tan concentrado estaba en su trabajo, que cuando lo vio venir ya era tarde y un fuerte golpe tras su pequeña cabeza le produjo un dolor tan intenso que no pudo mantener la consciencia.
Mientras, en el camarote del capitán Satsuma, Ramsus y él tomaban juntos una copa. Prácticamente se podía cortar la tensión en el ambiente.

- Ha sido una verdadera pena que Silver haya escapado de la tormenta antes de que pudiese llegar ¿verdad? –preguntó Ramsus.
- Sí, hemos hecho todo lo posible por detenerle, pero…
- ¿Todo lo posible? Tengo entendido que no hubo ni un solo cañonazo por su parte, capitán.
- Dada la situación en la que nos encontrábamos, consideré más oportuno que mis hombres se centrasen en mantener el navío a flote antes que dedicarse a disparar en medio de una tormenta. –contestó firmemente Satsuma.
- Ya veo… -Ramsus se levantó de su asiento y se acercó al capitán- No pienso andarme con rodeos: Sé quien eres y quién fuiste. De momento, debo reconocer que has sabido jugar tus cartas y enmascarar muy bien tus verdaderas intenciones, sean cuales sean. Hasta el momento tus actos aún no revelan si estas de nuestro lado o en nuestra contra, ni el por qué de tu persecución voluntaria a los Outlaws. Sabes perfectamente que nadie dentro de la marina, ni siquiera yo o la almirante Alira, pueden tocarte un pelo sin tener pruebas sólidas de traición o corrupción por tu parte. Pero quiero que escuches atentamente lo que te voy a decir.
Ramsus miró directamente a los ojos del ex-pirata con una expresión pétrea y amenazante. –Voy a estar vigilándote como si fuese tu sombra. Voy a saber en todo momento qué haces o piensas hacer. Y el día en que tus verdaderas intenciones salgan a la luz y por fin te destapes como amigo o enemigo… sabrás de lo que es capaz el vicealmirante Ramsus. De modo que más te vale elegir con mucho cuidado el bando en el que estás ¿queda claro?
- Como el agua –contestó Satsuma algo reticente, pero para nada asustado.
- Muy bien, entonces ha llegado la hora de que volvamos a nuestra misión. Según mis hombres, el más que probable nuevo destino de Silver es isla Serafia, y allí nos dirigiremos ambos barcos. En cuanto al rescate en la tormenta… tómelo como un ejemplo de lo que soy capaz de hacer por mis "amigos".
Tras decir estas palabras, Ramsus salió por la puerta del camarote, mientras que el capitán Rentarou Satsuma se dejó derrumbar sobre su butaca.

Cuando el vicealmirante Ramsus regresó a su camarote en el Saint Andrews, el capitán Kitakaze lo estaba esperando de pie en el interior.
- ¿Qué tal la reunión? –preguntó el capitán.
- Productiva –contestó Ramsus de forma desganada- ¿Y la tuya? ¿Has hecho lo que te ordené?
- Por supuesto, y debo decirte que tenías razón, aunque no tienes ni idea de lo difícil que es dejar inconsciente a un gato de un golpe en la cabeza. Pero bueno, el caso es que ese tipo llamado Big Ci no era otro que la mascota de nuestro antiguo nakama Rurouni, tal y como tu dijiste.
- ¿Y has conseguido alguna información interesante? –preguntó Ramsus con gesto triunfal.
- Poco pero valioso. Apenas lleva unos días a bordo del "Estrella Fugaz" y no ha visto demasiado, pero me dijo que Satsuma y Silver hablaron entre ellos durante la tormenta. Por lo visto, quedaron para tomar unos tragos en Serafia! ¿Te lo puedes creer?
- Ya veo… ¿algo más?
- Sí. Es sobre esa esfera que atrapaste al llegar al barco. Por lo que me contó, fue lanzada por Mijok a modo de ataque cuando ambos navíos se encontraron en la tormenta. También me dijo que vio flotar más esferas como esa, rodeadas de una luz azulada, sobre el barco de Silver. El material del que está hecha es Kairouseki.

Ramsus sacó la esfera de su bolsillo y la miró detenidamente durante unos segundos. La esfera despedía un tenue brillo de luz azul que parecía haber aumentado ligeramente desde la última vez.
- Kairouseki, eh? Eso es muy interesante…