Satsuma:
Capítulo 4: Rumbo a Serafia: Encuentro con el gato espía
Ramsus azotó la puerta fuertemente al salir. Satsuma se quedó callado, no le replicó nada. Era de esperarse, cualquier palabra que saliera de su boca podía ser usada en su contra. Pero, se quedaba pensando, ¿por qué ese afán de reprocharle su antiguo pasado? ¿Por qué hasta ese instante cuando cruzaron palabras por el Den Den Mushi? Suponía que alguien le debía haber dado una razón más para que el vicealmirante fuera detrás de él. De otro modo, ¿por qué lo seguirían a él más que a nadie más? No fue el más destacado de los Outlaws, pero debía tener algo que interesara a Ramsus, ¿pero qué?
Ambos tenían sus disputas, más de rangos que de cualquier otra cosa. Ese era el motivo por la que el capitán muchas veces estuvo a punto de ser dado de baja. No se podían ver el uno al otro. Pero esta vez había un motivo personal de por medio. Le preocupaba, no por el que hubieran descubierto su oscuro pasado, sino porque tenía una vida hecha. Quería volver, pero a la vez no quería. Era definitivo. Debía volver a reunirse con su antiguo capitán y decidir de una vez por todas cuál era el camino que debía seguir, tal como le había prometido, debía ir a Serafia.
Con estos pensamientos en mente, salió de su camarote. Lo que vio lo dejó sorprendido. Todos sus hombres se encontraban en completo estado de ebriedad, habían bebido demasiado celebrando que no habían muerto en aquella tormenta. Muchos de ellos no podían siquiera mantenerse en pie. El teniente Fletcher también estaba celebrando.
-¿Qué se supone que están haciendo? –le reclamó el
capitán a sus tripulantes.
-Aquí celebrando, mi muy… hic…
estimado capitán.- le dijo con voz temblorosa el teniente Fletcher.
-¿Cuál es el motivo?
-Por haber hecho esas maniobras
increíbles con el… barco… ¿cómo… supo qué debía hacer?
-Eso es algo que no se aprende en el entrenamiento, sino con la
experiencia. –dijo el capitán mientras recordaba las veces que sus
antiguos amigos y él habían aplicado esas maniobras durante miles
de tormentas. – ¡Pero eso no es motivo para beber durante las
horas de trabajo! –contestó aun más enojado.
-Vamos… hic…
tome aunque sea un poco.
-No, en estos momentos no estoy de humor
como para eso.
Y con esas palabras se retiró de la cubierta y se dirigió a la cocina. No se fijó a dónde se dirigía. Entró y cerró la puerta. No había ni un cocinero. Todos estaban en aquella fiesta improvisada. Creyó estar solo. Estaba aun más confundido. No podía traicionar a aquellos que confiaban en él.
De pronto escuchó un ruido que provenía de un rincón. Una voz que decía: "¡Sáquenme de este lugar!". Se dirigió hacia donde provenía la voz. Vio a un gato encerrado en una jaula de kairouseki. Bastante fuerte como para anular los poderes de las Akuma no mi, pero no lo suficiente como para dejar un pequeño rastro de sus poderes. El gato se sintió descubierto.
-¿Un gato tratando de ser mi guía?
¿O un gato tratando ser un espía?- Dijo el capitán en forma
insinuada. El gato se asustó. No tuvo más opción que hablar.
-Siento mucho que haya descubierto esto, capitán.
-El gato
del capitán Rurouni. El Gran Citan del que todos hablan. Esos
rumores son ciertos después de todo. Debió haber sido difícil
infiltrarse en la base de los piratas de Red Village hace un año, ¿o
no?
-¿Cómo sabe que soy enviado de…?
-Suposiciones. ¿Por
qué a la base de la marina de Red Village le interesaría una misión
de este tipo?
Gran Citan no tuvo más opción que contestar a
lo que le preguntaban.
-Todo es cierto. Él fue el que me mandó.
Estaba interesado en saber si aquellos rumores que corrían que
existían piratas en las bases de la marina eran totalmente ciertos.
-Mire… usted sabe quién soy yo en realidad, y yo sé quién es
usted y quién lo mandó. Encerrado en esa jaula no podrá hacer
mucho que digamos.
Se detuvo un momento y el capitán le
siguió hablando.
-Debió ser más cuidadoso. Un espía no puede
dejarse confiar por nadie. Todos son sus enemigos. Y hablando de
confianzas, ¿por qué está encerrado en aquella jaula?
Gran Citan le contó a Satsuma de todo lo que había informado anteriormente.
-No debe soltar esa información tan
fácilmente. Pero, ahora que lo ha hecho, déjeme decirle algo...
–hizo una pausa el capitán y luego le dijo al espía.- Espiar a
sus superiores le puede costar el rango. Eso es algo que no debería
hacer.
-Lo siento mucho, capitán. –Dijo con respeto fingido el
gato.- Solo recibo órdenes de marines y no de piratas.
-Lo sabes
perfectamente. Aunque si es cierto lo que dices, podría hacerlo al
método "echar al traidor por la borda". Suponiendo que sabes
nadar. ¡Ah, no! ¡Espera! ¡No puedes nadar! –Dijo en modo
sarcástico.
-¡Por favor, no lo haga, señor capitán! –
Empezó a rogar Gran Citan.
-No lo haré.
-¿Cómo dijo?
-No
lo haré por dos sencillas razones. –Satsuma hizo una pausa y
agachó la cabeza – La primera es, que no puedo atacar al que salvó
a mi pueblo.
El gato se quedó extrañado.
-¿Cómo
dijo?
-Así es. Y quiero que sepas que te doy las gracias por
aquel acto tan noble. Como sabes, no puedo volver ahí, pero me
agrada saber que por lo menos mi pueblo se encuentra a salvo.
Gran Citan no supo qué decir. Nadie la había dicho tales palabras de aliento. Todo el crédito se lo llevaba su dueño, pero el gato, eso era lo que era, era solo un gato.
-Muchas gracias por el
cumplido, señor.-Dijo Gran Citan.
-De nada, señor. En segunda,
tanto Ramsus como su aliado Kitakaze saben perfectamente quiénes
somos nosotros dos. Al haber revelado toda esa información, ambos
estamos en riesgo de perder nuestros cargos y que a tu dueño lo
degraden por interferir en las misiones a las cuales no ha sido
llamado.
-Entonces, ¿qué debemos hacer, capitán?
-Si
trabajas aquí con normalidad e informando a tu amo, no haré nada.
Pero si me llego a enterar que sigues soltando información a
aquellos que no les interesa, no sabrás de que lo que soy capaz de
hacer.
-De acuerdo, señor.
Liberó al gato y se dirigió
a cubierta. Era de noche, pero algo andaba mal… ¡no había nadie
en sus labores! Corrió directo a los dormitorios y los encontró a
todos dormidos.
-¡¡DESPIERTEN INMEDIATAMENTE!! –Gritó el
capitán con todas sus fuerzas, de tal manera que todos se
despertaron totalmente alarmados. –¡Este no es el momento para
dormir! ¡Vamos, levántense de inmediato y a sus labores!
Todos los marines se levantaron y fueron corriendo a sus labores. Algunos se quedaron con Gran Citan para trazar rutas de navegación.
-Debemos llegar lo más rápido posible a isla Serafia. -dijo el capitán, luego se dirigió a Gran Citan y le dijo: "Señálenos la ruta más corta hacia ese lugar".
Big Ci, trazando
líneas en el mapa, dijo:
-Aquí hay una, pero se rumora que por
esa ruta viven muchos Reyes del Mar.
-No importa. Tenemos
suficiente armamento para acabar con los que se interpongan.- dijo el
capitán muy confiado.
-Pero... -replicó Fletcher.
-¿Acaso
no confía en las órdenes de sus superiores? -dijo totalmente
confiado el capitán. Fletcher no dijo nada. - Entonces, ¡viren el
barco! Senor Big Ci, tengo entendido que su vista es muy aguda,
guíenos por favor.
-Si, señor. -Dijo el gato.
Durante toda la noche siguieron esa ruta. Durante el trayecto cruzaron por la parte trasera de Red Village, estaba totalmente bardada, una gran muralla protegía el pueblo. Satsuma pudo ver a lo lejos una pequeña casa, casi destruida por el paso del tiempo. Nadie vivía allí.
-Quieres que vuelva pronto, ¿no, Red Village? -se dijo a sí mismo mientras en su cara se formaba una pequeña sonrisa.
------------------------------------------
Isla
Serafia. Era de mañana... El barco "Estrella Fugaz"
llegaba a las costas de la isla.
-Hemos llegado a nuestro
destino. -Dijo el capitán, más fresco que nunca.
Flecther aun
asustado por ser casi atacado por un Rey del Mar, solo pudo decir:
-Prométame que no volverá a seguir rutas demasiado arriesgadas,
capitán.
-Prometo que no lo haré. -dijo el capitán casi a modo
de burla.
Continuará...
