SEASTONE—

Las cálidas costas de Serafia eran el reflejo de una profunda tranquilidad. Seastone aprovechaba para disfrutar de un gratificante baño, intentando relajarse por una vez. Aún así, algo la inquietaba: de las Kairouseki que tenía hasta ahora, no había conseguido atraer a una de sus esferas. Esto resultaba totalmente inusual, ya que la potencia y velocidad de esas bolas podía llegar a ser increíble. Algo o alguien debía estar reteniéndola. Este acontecimiento retrasaría aún mas su búsqueda de otras esferas de Kairouseki, pero todo tenía que seguir su curso, y puede que un caprichoso destino hubiese marcado así lo ocurrido por alguna razón.
Seastone recordó con ternura como hacía bastante tiempo una gran bestia marina se tragó una de las esferas, ya que el destello azulado le llamó la atención. Aquella misma noche, ella se encontraba en un pequeño pueblo, e invitó a todos sus habitantes a degustar un gran festín. Ni siquiera un Rey del Mar podía hacer frente a la fuerza de una de sus esferas. Esto la inquietaba aún más. Claramente, sólo alguien con una extraordinaria fuerza podría retener a esa esfera desaparecida.
Decidida a intentarlo de nuevo, se sumergió en las aguas de Serafia con el fin de acercarse más a las corrientes marinas. De este modo, tendría más posibilidades de atraer a la pequeña bola de seastone. Bajo el agua, acompañada de una calma absoluta, cerró sus ojos e intentó concentrarse. La esfera seguía sin volver, pero de pronto comenzó a notar unas pequeñas palpitaciones. En su interior, sentía una gran energía concentrada lejos de donde se encontraba. Aquella tenía que ser su Kairouseki, y lentamente se acercaba hacia la isla. A pesar de sentirla, no podía acercarla hacia ella: definitivamente, quien poseía su preciado tesoro se aproximaba hacia ellos.
Sin demorarse más, buceó rápidamente hacia la superficie, y una vez recuperó el aliento, alertó a As y Ur sobre la situación:
-¡Ur! Necesito que vueles hacia esa dirección, creo que alguien se acerca. Ve hacia allí y vuelve a explicarnos lo que ves. Y una cosa más, si te acercas a ellos, da un pequeño rodeo antes de que te vean, así creerán que nos encontramos en otro lugar.
-¿Qué ocurre, Seastone? –preguntó As alarmado.
-Creo que alguien se acerca, y debemos estar alerta. Todavía están un poco lejos, pero si no nos damos prisa, puede que nos vean –explicó mientras se subía a la cubierta.
-¿Pero, a quién te refieres?
-No estoy segura, pero probablemente será uno de nuestros perseguidores.
-Seastone, si mal no recuerdo, esa bola fue lanzada hacia el barco de Rentarou. ¿Y si nos está buscando para unirse a nosotros? –dudó por un momento As.
-Con el revuelo de la tormenta, quién sabe donde terminaría la esfera. Y, suponiendo que fuese Rentarou Satsuma, no sabemos con certeza cuales son sus intenciones. Así pues, tenemos que tomar precauciones en cualquiera de los casos –afirmó, algo apenada.
-Sugiero que esperemos las noticias de Ur. Vamos, no es necesario que estés tan tensa. Podemos hacer frente a cualquier situación, por algo somos tripulantes del Caledonia –comentó con tono tranquilizador As.

Mientras tanto, el Vicealmirante Ramsus notaba como la inquieta piedra de Kairouseki vibraba en su bolsillo, y cogiéndola entre sus manos se percataba de que el brillo de color azul adquiría una intensidad cada vez mayor. Una discreta sonrisa se vislumbraba en sus labios, y la certeza de ir por buen camino le animaba a seguir.

As seguía alerta cuando de pronto divisó un barco en el horizonte, aproximándose hacia donde ellos se encontraban. A su vez, Ur había regresado ya y se posó sobre el hombro de su ama advirtiéndola sobre la situación.
-As, ese barco, mucho me temo que sea el Saint Andrews. Ur ha detectado la esfera de Kairouseki en posesión de un marine, y siendo astutos, les conducirá hasta aquí. Por mucho que nos desplacemos sabrán dónde nos encontramos.
-Por lo tanto, tenemos que recuperar esa bola si queremos huir. Pero estando nosotros dos solos es peligroso luchar y proteger el barco al mismo tiempo –remarcó pensativo As-. Tenemos que mantener a salvo al Caledonia, ante todo. Seastone, ¿hay alguna posibilidad, de que por mucho que sepan donde se encuentra nuestro barco, no puedan alcanzarlo?
Seastone miró a su alrededor en busca de una respuesta.
-Puede que ya nos hayan visto. Bueno, no pierdo nada por intentarlo –respondió, con la mirada ausente.
-¿Qué planeas?
-Hasta ahora, me ha resultado fácil mover el barco, y estando sobre el agua, las corrientes marinas me ayudaban. Pero para esto necesitaré toda la energía que pueda.
Sin decir una palabra más, Seastone se lanzó al agua, con la esperanza de que el mar le diese la suficiente fuerza. Colocó sus esferas bajo el barco y enfocó hacia esos puntos gran cantidad de energía. El Caledonia flotaba en el aire ante la atónita mirada de As. El navío se movía lentamente, hasta que se detuvo sobre un montículo poblado de altos árboles. As, entonces, lanzó unas bolas de fuego para despejar una pequeña zona donde descansaría el barco. Este se posó sobre el montículo, sin resultar dañado por las llamas, ya que las esferas de Kairouseki absorbieron el fuego producido por las Akuma no mi.
Seastone, todavía en el agua, murmuró:
-Bien, no llegarán hasta allí. Y suponiendo que sus cañones alcancen una distancia asombrosa, impactaran contra los árboles. Por el momento, el barco no corre peligro, pero no consentiré que se acerquen a él, es mi responsabilidad.
Hizo regresar a sus esferas, y soportando el cansancio, se internó en el bosque.