Ramsus
Encantado de conocerla
Decenas de ciudadanos se agolpaban en las
salidas de las callejuelas que daban al puerto de la ciudad de Hallet
en la isla de Serafia, alumbrado por la luz de los faroles y la tenue
luna menguante. Para ellos, monótonos habitantes de una ciudad
pesquera bastante anclada en el pasado, estaba siendo un día
excepcional: Primero, la llegada del imponente navío de la marina
llamado "Estrella Fugaz" que parecía haber escapado del mismo
infierno y cuyos hombres habían empezado a desplegarse por la toda
la villa, después la llegada de un impresionante buque, también de
la marina, bastante más grande que el anterior y ahora esto…
Y
es que no había mejor espectáculo que ver al capitán Kitakaze en
acción. Lástima que todo hubiese acabado tan pronto.
- Señor,
ya lo hemos comprobado –dijo un marine que se acercó al sonriente
capitán, que se encontraba en pose triunfal, descargando su inmenso
martillo contra el suelo mientras pisaba a un tipo atado como si de
un trofeo de caza se tratase- por lo visto se trata del capitán
pirata Ircum junto con toda su banda. Tenía una recompensa sobre su
cabeza de 10 millones.
- ¿Solo? Bah! ya decía yo que no eran
para tanto. Apenas me han durado un asalto –el capitán se agachó
ligeramente para hablar con su presa- Ya no oigo ningún Zouzouzou
¿se te han pasado las ganas de reír?
- ¿Qué hacemos con ellos
señor?
- Llevadles al Saint Andrews. Que 10 hombres se queden
vigilándoles. Los demás os dividiréis en dos grupos. El primero se
dedicará a patrullar las calles en escuadras de no menos de cinco
hombres, mientras que el segundo se pondrá en contacto con los
hombres del capitán Satsuma y les ayudarán con sus patrullas. No
quiero que ninguno de los hombres del Estrella Fugaz ande solo por
esta ciudad ¿Queda claro?
- SI SEÑOR!!! –gritaron todos los
marines al unísono.
- Pues adelante entonces!
Todos los
marines se comenzaron a mover organizados por los suboficiales por
toda la zona del puerto. Por su parte, justo cuando dos hombres
retiraban al semiinconsciente Ircum, el capitán Kitakaze vio algo
extraño. Ese hombre tenía una herida en la cabeza que él no había
provocado y parecía bastante reciente. ¿Quién le había podido
hacer eso en una ciudad llena de humildes pescadores? Tras quedarse
fijo un momento en el pirata, no pudo reprimir un gesto de
contrariedad. "Hablar antes de pelear…"
Mientras, entre
toda la gente que se había dado cita allí y que empezaba a
retirarse hacia sus casas con una mezcla de emoción, alegría y
respeto por lo que acababan de presenciar, observaba con disimulada
atención un tipo delgado y de rasgos felinos todo lo que estaba
sucediendo. Mirando fijamente al capitán Kitakaze recoger su
martillo y conversar con un par de marines, recordó las últimas
palabras que éste le dijo durante su "reunión" en el Estrella
Fugaz. "Nos da igual lo que Rurouni te haya ofrecido por tu misión.
Nosotros te daremos el triple si nos ayudas. Tan solo tendrás que
vigilar a Satsuma y mantenernos informados de todos sus movimientos.
Recuerda: El triple. Pero si no lo haces..."
Tras quedarse
parado unos segundos más, decidió salir de allí antes de que
alguien lo reconociese.
--------------------------------------------------------
La
oscura noche había caído sobre el bosque a las afueras de la
ciudad. Allí, la bella y misteriosa Seastone se encontraba sentada
sobre el césped, respirando de forma entrecortada por el tremendo
esfuerzo de haber hecho flotar el Caledonia por los aires. Y eso que
ya había pasado más de una hora. Definitivamente estaba
sobrepasando el límite de sus poderes y eso le estaba pasando
factura.
As había ido a recoger algo de leña para la caldera
del barco, mientras que Ur seguía vigilando por si aparecía algún
nuevo barco en el horizonte. Debía estar alerta, no estaba segura en
ese claro del bosque, tenía que volver al Caledonia para prepararlo
todo, pero estaba tan cansada…
El sonido de la voz de Ur en su
cabeza la hizo despertar de golpe. Su fiel pájaro la estaba avisando
de un peligro, pero ya era demasiado tarde.
- Buenas noches
señorita. Perdone si la he despertado, pero creo que tengo algo que
le pertenece.
Seastone, sentada en el suelo, abrió los ojos como
platos al ver ante ella a un hombre alto, moreno y elegantemente
vestido, sobre todo por la gabardina de marine que llevaba sobre sus
hombros. Llevaba una espada de hermosa empuñadura al cinto y una
esfera de kairouseki, "su" esfera de kairouseki, brillando con
una fuerte luz azulada en una mano. Iba avanzando hacia ella con
pasos lentos. Ella trató de retroceder hasta topar contra el tronco
de un árbol.
- No tenga miedo. No pienso hacerle daño. –dijo
el marine mientras se acercaba despacio pero sin pausa- Tan solo he
venido a hablar con usted. ¿Por cierto, cual es su nombre?
- Se…
Seastone. Y tú debes ser…
- Ramsus. Vicealmirante Ramsus.
Encantado de conocerla, señorita Seastone.
Las sospechas de la
joven pirata se habían confirmado. El principal enemigo de su
capitán era el marine que había logrado retener una de sus esferas
y ahora estaba justo delante de ella. De pronto Ur apareció y se
posó en el suelo en el escaso espacio que había ya entre ellos. El
vicealmirante se paró a observarlo un instante.
- Un hermoso
pájaro de colores… ¿también es vuestro, señorita Seastone?
-
Si… ¿algún problema? –contestó algo envalentonada al ver que
su buen amigo estaba con ella.
- No, por supuesto. Tan solo
estaba reparando en el gusto que siempre ha tenido Silver por
rodearse de gente peculiar. –Ramsus sonrío de nuevo- ¿No pensará
realmente que un pájaro de colores me va a detener, verdad?
Seastone se quedó en silencio, mirando fijamente al
vicealmirante, que continuó hablando.
- Si estoy aquí esta
noche, descuidando por completo mi misión principal, es por usted.
Tan solo por usted, señorita Seatone. –se detuvo por un momento y
observó lo que llevaba en la mano- Desde que atrapé esta esfera,
las dudas constantes que tenía sobre la forma de navegar del
Caledonia comenzaron a disiparse, pero aparecieron muchas mas… y
ahora por fin tengo ante mí la respuesta.
- No pienso decirte
nada, maldito marine!! No se te ocurra acercarte a mí!! AS!!!
–Seastone empezó a gritar desesperada a su nakama para que viniese
a ayudarle, pero nadie apareció.
- Tranquila, no es bueno que se
altere en el estado en el que se encuentra. La única forma de que yo
me vaya por donde vine es que me responda a una única pregunta, nada
más. Después volveré a la ciudad a cumplir con mi misión y usted
estará a salvo. Mi pregunta es simple: ¿En qué consisten
exactamente sus poderes y de donde proceden?
- No pienso decirte
nada!! Además, si te contesto irás a por mi capitán, que es aún
peor que matarme a mí!!!
"AAAAHHH!!" De pronto, saltando
desde detrás de unos árboles y gritando a pleno pulmón apareció
As como un auténtico salvador empuñando una espada con ambas manos
y atacando por sorpresa al vicealmirante por el flanco. O eso creía.
Seastone pudo ver como el arma de su nakama chocaba contra el filo,
brillante como la luz del día, de la espada de Ramsus. Había
desenvainado su arma a tal velocidad que no había podido percibirlo
y con tan solo parar el ataque, había conseguido que As se parase en
seco en el aire y cayese de pie ante él. Salvo el brazo de la
espada, el vicealmirante no se había movido ni un milímetro.
As,
algo sorprendido y enfadado por no haber tenido éxito en su ataque
sorpresa, se dirigió a Ramsus.
- Por fin te vuelvo a ver, sucio
traidor. No sabes los años que he esperado este momento. –As
miraba fijamente al marine, que estaba completamente inmóvil-
Maldito seas!!
As lanzó un potente corte en vertical hacia la
cabeza de Ramsus, que lo detuvo sin problema e hizo que el pirata
diera un paso hacia atrás, pero no cejó en la batalla.
- Junto
a mi capitán y mi maestro Mijok, tú eras el pirata que más
admiraba cuando yo no era más que un grumete. ¿Sabes como me sentí
cuando descubrí que el pirata más buscado de los últimos tiempos
no era más que una sucia rata de la marina? ¿Sabes lo que eso
supuso para todos los piratas que navegan por estos mares?
De
nuevo As cargó contra Ramsus, esta vez por un costado y con un
rápido movimiento diagonal, pero el resultado fue el mismo. Él
seguía inmóvil frente a su adversario, que continuaba hablando.
-
Saber que uno de los mejores, de los legendarios, en realidad era un
marine que les había estado engañando. ¿Por qué crees que hay
tanto mal nacido y ex-pirata en tu bando? Por todos los que
decidieron seguir tus pasos! Todo es por tu culpa!! Maldito
bastardo!!!
Esta vez As, completamente enfurecido, rodeó de
llamas el filo de su espada, la agarró con ambas manos y lanzó un
golpe con todas sus fuerzas. Pero cuando apenas había empezado a
moverse, Ramsus le asestó un tremendo puñetazo con su otro brazo en
el estómago que lo dejó paralizado.
- Has mejorado mucho en
estos años, As. Pero aún no es suficiente para enfrentarte a mí.
–As comenzó a derrumbarse sobre el brazo de Ramsus- Lo notas
¿verdad? Es la esfera de Kairouseki que llevo en mi mano. Es el lado
malo de tener un demonio dentro de tu cuerpo. Confío en que sepas
perdonarme.
As cayó inconsciente a los pies del vicealmirante,
el cual volvió a incorporarse mirando a Seastone. Ésta había
conseguido ponerse de pie, y se encontraba en guardia, con lágrimas
en los ojos y un gesto de inmensa rabia en su rostro. Tres esferas de
Kairouseki orbitaban a su alrededor envueltas por una brillante luz
azul.
Ramsus se la quedó mirando durante un instante, y la
sonrió amablemente.
- Siento que haya tenido que ser así, de
veras. Pero de todos modos… gracias. Creo que con esto acaba de
contestar a mi pregunta.
--------------------------------------------------------
En
la taberna la noche no estaba muy animada, pero a uno de sus clientes
le daba igual. El pirata conocido como Roca se había pasado por
mucho ya con la bebida y se estaba dedicando a cantar una
incompresible tonada subido a una mesa con un ridículo gorro en la
cabeza. Mijok lo miraba enfadadísimo, casi a punto de lanzarse
contra él para pegarle un puñetazo por su vergonzoso espectáculo
mientras que Silver reía a carcajadas viendo la situación. Algo más
alejado del griterío, desde un rincón de la taberna, un tipo
extrañamente vestido acompañado de un perro les observaba
atentamente con una jarra en la mano.
De repente, se hizo el
silencio en todo el lugar cuando la puerta se abrió de golpe. Todos
se quedaron mirando al tipo vestido de marine que estaba entrando por
ella… hasta que repararon en el inmenso y pesado martillo que
llevaba en sus manos.
