SEASTONE—
Una tremenda angustia se apoderaba de Seastone al ver que As,
que había luchado por defenderla a ella y a sus propios ideales,
caía rendido ante el Vicealmirante. La buena voluntad de su
compañero y su posterior derrota hicieron brotar lagrimas de
amargura a la pirata. La impotencia infundía mayor dolor que
cualquier tipo de cansancio o magulladura. Aquella sensación que la
envolvía, que la hacía sufrir, la incitó a levantarse. Sus piernas
aún temblaban y sus brazos se movían con torpeza. Sus ojos, en
cambio, se alzaron sin vacilación hacia su oponente, como si todavía
guardasen una chispa de vitalidad. Su mirada, inundada por el rencor
dejaba claro cual era su intención. Su instinto la instaba a luchar
pasase lo que pasase, y de inmediato tres esferas de Kairouseki
aparecieron a su alrededor.
-¿Acaso crees que con esto te he
mostrado lo suficiente? ¿Suficiente para qué? –comentó, mientras
sufría un leve mareo- Después de lo que a ocurrido, ¡no puedo
marcharme de aquí sin luchar, marine inmundo!
-Sabe muy bien que
teniendo en cuenta su estado, no es prudente adentrarse ahora en una
lucha –recomendó, siempre manteniendo la calma.
-Soy
consciente de la situación, pero no puedo renegar de mis principios…
supongo que por ello pertenezco al Caledonia –y dicho esto,
Seastone comenzó a relajarse.
-Creo que en el fondo sabía que
esta situación seria inevitable por esa misma razón. Pero, ¿qué
puede usted hacer tal como están las cosas?
-Solo puedo luchar.
Y te aclararé esa pregunta, además: al no haber probado una akuma
no mi no puedo derrotarte con facilidad, mi fuerza y velocidad no
tienen sentido aquí… y eres un Vicealmirante.
-Ha analizado
bien la situación, señorita Seastone. Entonces, ¿qué tiene en
mente? ¿Es una simple ingenua temeraria?
-Mi cualidad más
preciada, y que combina con mis poderes, es en realidad el ingenio.
Vamos, ven a aclarar todas tus dudas…
Seastone, sin mas
dilación, lanzó con gran velocidad una de sus esferas a Ramsus.
Como era de esperar, y tal como hizo con As, el Vicealmirante detuvo
el ataque con su espada:
-Vamos, no tiene nada que hacer- y de
pronto, Ramsus vio como la esfera cambiaba de forma y envolvía el
filo de su espada.
-Ya que eres tan caballeroso, si te demuestro
que aun estando exhausta soy capaz de sorprenderte, ¿me devolverás
mi esfera? –preguntó ella, sorprendiendo al marine. Este no pudo
evitar soltar una carcajada:
-¿Realmente puede una pirata en su
situación exigirme eso? –y al fin desenvainó completamente su
espada, siendo esta sorprendentemente majestuosa- Tiene gracia, al
final la curiosidad puede conmigo. Me pregunto que será capaz de
hacer sin poder moverse apenas.
Y decidió ir a comprobarlo
dirigiendo un ataque con su espada hacia ella. Seastone, sin moverse
del sitio no recibió ningún corte. La Kairouseki que invadía el
filo de la espada había hecho que el arma se desviase. Percatándose
de lo ocurrido, Ramsus se dispuso a darle un puñetazo con la otra
mano, pero la pirata ya había preparado otra defensa: antes de que
él la alcanzase levantó un muro con una de sus esferas evitando el
daño. Desde detrás del muro, Seastone lanzó unas hondas de
energía, saliendo así unas afiladas puntas hacia Ramsus, que las
esquivó a tiempo mientras retrocedía. Las esferas de Kairouseki
volvieron a su forma original (excepto la de la espada) y el
Vicealmirante aprovechó para aclarar un detalle:
-Ha conseguido
desviar mi espada, pero con las pocas energías que le quedan no
piense que lograra hacerlo siempre. Me bastará con utilizarla con
más fuerza…
-Esto no ha hecho más que empezar.
Ramsus
corrió de nuevo hacia ella para asestarle un golpe con la espada con
una rapidez asombrosa. Seastone, por su lado, antes de que llegase
hasta ella hizo unos movimientos para situar sus esferas donde ella
quería. Él cada vez estaba mas cerca, y en el momento preciso
observó como la pirata daba un tremendo salto y en el aire
transformaba una de sus esferas en daga. Al caer detrás de él,
intentó alcanzarle, pero el Vicealmirante paró el golpe sin
problemas. Con un rápido movimiento, cogió la recién creada daga
de su oponente y la lanzó al suelo. Aprovechó entonces para por fin
alcanzar de manera vertical su hombro.
-Tampoco ha sido tan
difícil alcanzarla…-murmuró Ramsus.
Entonces vio cómo debajo
de la ropa rasgada llevaba una finísima armadura que la protegía.
Esta armadura de Kairouseki fue disolviéndose y atrapó en ella a la
espada, fundiéndose sin poder liberarla.
-Vaya, ¿tiene
sorpresas para todo, señorita Seastone? Y, ¿cómo es que ha saltado
antes de esa manera? Creía que estaba usted exhausta.
Seastone
levantó lentamente una de sus botas mostrando la suela, en la que
había colocado una Kairouseki a modo de muelle.
-Esto está
siendo realmente divertido, ¿no cree? –insistió con una cálida
sonrisa- Creo que incluso me emplearé más a fondo. Veamos si es
capaz de esquivar estos ataques, la velocidad será asombrosa, se lo
aseguro.
La joven, notando la presión de la espada en la
armadura, liberó a Ramsus impulsándose primero hacia atrás. Las
fuerzas comenzaban a fallarla, y no podría ver los movimientos del
adversario si estos iban a ser tan veloces. Para soportar el
cansancio apoyo una rodilla sobre la tierra y de nuevo, sus bolas de
seastone volvieron a la forma original. Ramsus, mientras tanto veía
como su presa se tocaba la frente y temía que su entretenimiento
fuese a acabar pronto. Entonces, vio como su oponente alzaba la
mirada y se sorprendió al comprobar, que uno de sus ojos tenia un
destello azul:
-¡Demonios! ¿Se ha colocado una de sus esferas
en el ojo?
-No me he arrancado ningún ojo, si es lo que te
preocupa. Simplemente he moldeado la Kairouseki.
-Me alegro,
seria una pena dañar ese rostro –y seguidamente volvió al ataque.
Pronto, Ramsus se extraño al comprobar que la pirata era capaz de
esquivar sus ataques. Una y otra vez los evitaba sin parar. ¡Su
espada no conseguía rozarla!
-Te extraña, ¿verdad? Veo
claramente la dirección de tu espada, porque detecto la Kairouseki
que está incrustada en ella. Su movimiento, su existencia… la veo
con este ojo. La siento de una manera que no podrías comprender
–aclaró ella, y se detuvieron seguidamente.
-Debo deducir que
me cuentas esa estrategia porque ya no aguantas más, ¿no es así?
Seastone sonrió y dándole la razón, alcanzó a decir:
-Siento
no poder mostrarte todo mi ingenio, marine –y seguidamente se
desplomó, rendida completamente ante el esfuerzo. Sus esferas
volvieron hacia ella y se ocultaron en el interior de sus prendas.
Por su parte, el Vicealmirante, recogió a la débil joven y
cargándola sobre sus brazos, se dirigió de vuelta a la ciudad
murmurando:
-Tenía que haber dejado a un lado su orgullo,
señorita Seastone…
Mientras, Ur le seguía furtivamente.
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