Ramsus

La bruma amarga del recuerdo

Todos los marines que se encontraban en la cubierta del Saint Andrews hicieron el saludo militar acompañado de un seco estruendo de botas. El vicealmirante Ramsus acababa de regresar al barco, junto con un desaliñado capitán Kitakaze. La gran expectación formada llegó a su punto culminante en el momento en que, tras ellos, apareció un sonriente y despreocupado Long Jhon Silver, sin atadura alguna y las manos metidas en los bolsillos. Éste, haciendo gala de sus perfectos modales, comenzó a saludar a los marines que estaban formando un pasillo en torno a él y sus acompañantes. Por su parte, Mijok caminaba tras él en pose amenazante y lanzando dentelladas a algunos de los soldados, que retrocedían asustados, mientras que One Piece arrastraba como podía al durmiente Roca por la cubierta del navío.
- Bonita cáscara de nuez –murmuró divertido Silver.
Todos avanzaron hacia el centro de la cubierta de proa, donde Ramsus se dirigió a sus hombres:
- Bien! Quiero que me escuchéis atentamente. Gracias al trabajo y esfuerzo de todos vosotros, hemos logrado el objetivo que vinimos a buscar. Es hora de volver a casa!!
Unos cuantos gritos de alegría comenzaron a florecer por todas partes del barco.
- SILENCIO!! –gritó Ramsus- Esto aún no ha acabado. No hasta que Silver y sus compañeros se encuentren a buen recaudo en el cuartel general de la marina. De modo que quiero que preparéis el Saint Andrews para partir inmediatamente de esta isla. A partir de este momento, no quiero que nadie, absolutamente nadie, entre o salga de este navío, ¿queda claro?
- SI, SEÑOR!! –contestaron todos al unísono, y comenzaron a desperdigarse rápidamente para cumplir las órdenes de su superior.
Ramsus se dirigió a uno de los oficiales que estaba cerca de su posición y le dio orden de colocar a todos los Outlaws en celdas individuales, dejando en una sola a Ircum y todos sus hombres capturados anteriormente. Después se giró hacia Silver mientras los marines comenzaban a llevárselos.
- No te acomodes demasiado en esa celda.
- Espero que no tenga pulgas –contestó el capitán pirata en tono burlón mientras desaparecía junto a los demás por la escotilla.
Por último, Ramsus se dirigió a Kitakaze.
- Esas mordeduras no tienen buena pinta. Será mejor que vayamos a la enfermería.
- Venga, si no son más que rasguños –protestó el capitán.
- De todos modos, vamos.

- ¿¡Me estás diciendo que la has traído tú!? –La voz del capitán Kitakaze sonaba fuerte debido al asombro y al escozor que producía el alcohol en sus heridas.
No era para menos. Cerca del sillón donde él estaba sentado siendo atendido por la enfermera había una bella y joven chica tumbada en una cama. Estaba arropada hasta el cuello con una sábana y tenía un paño húmedo sobre la cabeza. Estaba dormida, pero no plácidamente. El médico acababa de decir a Ramsus y a Kitakaze que la fiebre de la chica seguía sin bajar.
El vicealmirante le explicó al capitán como la esfera de Kairouseki le había servido como improvisado radar para llegar hasta el Caledonia y encontrar a ésta chica, el secreto mejor guardado de los Outlaws.
- Se llama Seastone, y tiene la extraña capacidad de manejar el Kairouseki a voluntad –dijo Ramsus ante el asombro de Kitakaze- Si, yo tampoco lo entiendo. Pero confío en que ella me lo explique. Tan solo te digo que su poder es realmente increíble. Lo pude ver con mis propios ojos.
- No me digas que peleaste con ella. Eso no es propio de ti.
- No exactamente. En ningún momento tuve intención de ponerle la mano encima y tan solo quise probar sus capacidad, pero sinceramente te digo que si me hubiese esforzado al máximo no sé cual habría sido el resultado. –Ramsus se quedó mirando fijamente la cara de Seastone, que seguía durmiendo- Aun así debo decirte que no todo salió como yo esperaba…
Ramsus sintió una sensación aguda en el pecho al recordar las palabras llenas de odio y rencor que As le había dicho durante su combate en el bosque, al igual que las lágrimas de rabia que Seastone derramaba mientras le atacaba con sus esferas. No podía evitar odiarse por dentro y sentirse culpable por todo lo que había sucedido. Sobre todo porque él sabía perfectamente lo que era sentirse así…

- Exijo una explicación ahora mismo!! –gritó Ramsus.
- Ah, si? ¿Y quien eres tú para exigirme nada, carpintero? –la voz de la capitana Terreis sonaba tan firme y amenazante como de costumbre.
Todos los miembros de la banda de los Dark Hunters miraban atónitos y asustados la terrible discusión que se había desatado entre su capitana y Ramsus. Ese era otro más de los sucesos extraños que habían venido ocurriendo desde que los barcos de las cuatro bandas se habían adentrado en el pequeño archipiélago de "Rotten Wood", conocido vulgarmente como "el cementerio de barcos", debido a los cientos de hundimientos que se producían allí, sobre todo provocados por batallas navales y amotinamientos.
Las aguas de aquella inquietante zona estaban dominadas por una intensa niebla con un profundo olor a salitre que abrumaba el olfato, la vista e incluso el alma. Desde que se encontraban allí, todos parecían estar invadidos por una inquietante sensación que les hacía sentirse profundamente incómodos. Por si fuera poco, había pasado un día desde que a través de la espesa niebla apareciera el barco de la banda rival Shadow of Devil y comenzara una feroz batalla a cañonazos entre ambos barcos. Ramsus y Terreis habían diseñado un plan de actuación antes de llegar aquí por si se daba ese caso, pero a la hora de la verdad no se respetó en absoluto, dando como resultado una gran victoria, pero unos desperfectos terribles en El Espíritu del Mar que tendrían que ser reparados a toda velocidad en la pequeña isla a la que acababan de llegar. De ahí que el mecánico hubiese montado en cólera, algo para nada propio de él, y estuviese discutiendo con Terreis a voz en grito.
- ¿En qué demonios estabais pensando? Si hubiésemos seguido el plan, los daños tras la batalla contra los Shadow habrían sido mínimos!! Habéis actuado de forma estúpida!!! –volvió a gritar Ramsus aún más fuerte.
- Actúo como me da la gana!! YO soy la capitana de este barco!!!
- Y yo el mecánico que tiene que repararlo!! Que no se te olvide que sin mis arreglos y mejoras este barco seguiría siendo un cascarón lastimoso!
- ¿Pero quién te has creído que eres? –dijo Terreis bastante dolida por ese último comentario- ¿piensas que porque tengas fama y una buena recompensa ya eres indispensable? Pues que sepas que nosotros no te necesitamos para nada!!!
- ¿Ah, si? Muy bien, si eso es lo que piensas… me largo de aquí!! –sentenció Ramsus, y salió del barco caminando deprisa e ignorando los intentos de Nico, Rurouni y Likard por detenerle.
- Vete y no vuelvas!! –sentenció la capitana mientras su nakama bajaba por la pasarela.

El único pueblucho que había en esta isla era pequeño, de casas bajas con tejados picudos de tejas negras y calles embarradas. Sus gentes vestían ropas raídas con colores muy oscuros y sus rostros reflejaban una especie de mezcla entre tristeza y cansancio. La niebla de color grisáceo era tan espesa en ese sitio que resultaba imposible saber cual era la hora exacta del día. "Está claro que esta isla no vive del turismo", pensó Ramsus mientras deambulaba por las estrechas calles buscando una taberna en la que cobijarse. Era más que evidente que había elegido la peor isla para abandonar el barco, pero eso era algo que no le importaba.
Tan enfrascado estaba en sus pensamientos que no tuvo tiempo de reaccionar cuando una mano lo agarró firmemente por el hombro y lo empujó a un estrecho y oscuro callejón, donde lo sujetaron con fuerza por la espalda y rápidamente notó el frío pinchazo metálico de un puñal en su cuello.
- Si eres un bandido o un ladrón, me temo que acabas de cometer un error terrible, amigo –dijo Ramsus lo más tranquilo posible mientras el otro tipo le obligaba a arrodillarse en el suelo.
- Pues yo me temo que te equivocas, "amigo" –contestó el misterioso tipo a la espalda del carpintero con una voz ronca y desagradable, mientras seguía apuntándole con el filo de su espada al cuello- Soy exactamente lo mismo que tú.
- Vaya, ¿así que eres un pirata?
- No… soy un marine.
En ese momento el gesto de Ramsus cambió por completo y se quedó completamente paralizado. No podía creer lo que estaba oyendo. Ni siquiera sus nakama sabían nada de su verdadero origen.
- Qui… ¿quién eres? ¿Cómo puedes saber de donde procedo?
- Me temo que no está en situación de hacer preguntas, soldado Ramsus –una voz fuerte se oyó al fondo del callejón, mientras la silueta de un hombre se acercaba lentamente haciendo sonar sus pasos en el encharcado suelo, hasta colocarse justo delante suya- Creo que ha llegado la hora de que lleve a cabo una nueva misión para nosotros.
- ¿¡Quién diablos eres tú!? ¿Cómo os atrevéis a atacarme de improvisto? Mal nacidos!! –Ramsus trató de desenvainar su vieja espada para atacar al tipo que tenía enfrente, pero en ese momento oyó un disparo y una bala le rozó la mejilla. Paró en seco su movimiento, y el tipo cobijado en gran parte por la oscuridad y la niebla, igual que el resto de sus compañeros, siguió hablando.
- Preguntas quién soy yo. Te lo diré. Mi nombre es Citan y soy un almirante de la marina, es decir, tu superior.
Ramsus no podía creerlo: Uno de los tres almirantes encargados de dar caza a las cuatro bandas estaba ante él en ese momento. Una montaña de dudas asaltó a su cabeza como si de una tromba se tratase. Parecía que le fuese a estallar, justo en el momento en que una de esas dudas logró salir a la luz.
- ¿Mi… superior, dices? Ja! ¿Cómo te atreves a presentarte como mi superior después de todo este tiempo? –dijo Ramsus cada vez más alterado- 2 años y medio!! Estuve perdido en la isla de Sunnet tras el naufragio durante 2 años y medio!! ¿Dónde estuvisteis vosotros todo ese tiempo, eh? ¿Dónde estaban mis "superiores"?
- Eso no es algo que debamos responderte –contestó fríamente el Almirante Citan.
- ¿Ah, no? ¿Y pretendéis que aun así olvide todo lo ocurrido y os ayude con una "nueva misión"? Ni lo sueñes!! No me importa si me matas aquí y ahora, pero jamás volveré a ser un marine!!!
- Pero tampoco eres un pirata. –volvió a contestar Citan.
Aquella frase se clavó en el alma de Ramsus como si de una flecha envenenada se tratase. En ese momento recordó como había salido del Espíritu del Mar hacía unas horas para no volver. Pero eso no era todo. Habían pasado ya muchos meses desde que los Dark Hunters lo recogiesen en Sunnet y lo llevasen con él. En ese tiempo había vivido aventuras increíbles y su recompensa se había disparado. Para él sus nakama eran su verdadera familia y se sentía muy feliz a su lado. Pero sin embargo, dentro de su corazón sentía que algo no funcionaba bien. Y tuvo que ser un almirante de la marina quien finalmente le abriese los ojos: Jamás se había sentido un pirata.
- ¿Y qué si no lo soy? De todos modos preferiría ser cualquier cosa antes que volver a trabajar para vosotros. –sentenció Ramsus, algo más calmado.
- ¿Incluso ser el responsable de la muerte de todos tus compañeros? –preguntó Citan- Porque, si no colaboras con nosotros, ninguno de los que tú llamas "nakama" saldrá vivo de esta isla poblada por marines que permanecen ocultos en la niebla esperando mi orden.
Ramsus abrió los ojos como platos y sintió como de nuevo la furia invadía cada célula de su ser, hasta el punto de que el marine que lo sujetaba tuvo que esforzarse a fondo y no pudo evitar hacerle una pequeña herida con la punta de su cuchillo en el cuello. Presa de la rabia y la impotencia, el carpintero volvió a clavar las rodillas en el suelo. Citan, impasible, continuó hablando.
- Dime Ramsus, ¿has oído hablar alguna vez de un hombre llamado Delacour? –sus miradas se cruzaron durante un instante- Verás, por si no lo sabes, ese hombre es alguien muy influyente en el gobierno mundial y en el cuerpo de marines. Pero tiene un pequeño problema; Su hija Alira se fue de su lado hace un año y desde entonces no ha podido volver a verla, ni a tener noticias suyas en persona.
- ¿Y qué pinto yo en todo esto? –preguntó Ramsus resignado y mirando al suelo.
- Tú eres el marine elegido para proteger a la hija de Delacour y volver a llevarla junto a su padre. Has demostrado tu valía como miembro de esa banda de piratas, y ahora utilizarás tus capacidades para ayudarnos a nosotros.
- ¿Y donde se supone que voy a encontrar a esa niña de papá para devolverla a casa?
- No hace falta que la encuentres, porque ella te encontró a ti primero. Para comenzar la misión, tan solo tendrás que disculparte con ella y regresar a su barco. Nada más. Permaneceremos en contacto.
Con aquellas palabras de Citan, el tipo que sujetaba a Ramsus se esfumó acompañado de otros muchos pasos que resonaban por todas partes, amplificados por las paredes de aquel callejón. En un instante, el mecánico de barcos se encontraba solo, de rodillas sobre el encharcado suelo y con una expresión mezcla de asombro e incredulidad en su rostro tras haber escuchado la noticia. En aquel momento, pudo oír la lejana voz de Citan alta y clara en su cabeza: "No lo olvides. Pase lo que pase, siempre serás un marine"

- Terreis! Es Ramsus!! Vuelve al barco! –gritó Franxo mirando por su peculiar catalejo.
- Si, y parece herido –añadió Aroica con su ojo médico experto.
Cuando Ramsus llegó a la pasarela del barco, todos le estaban esperando apoyados en la borda. Justo enfrente de él se encontraba Terreis en pose orgullosa, viendo como el mecánico subía lentamente por el tablón que unía el barco con el puerto. Su cara reflejaba una inmensa tristeza.
- Mirad quien ha vuelto con el rabo entre las piernas!! –gritó la capitana mientras reía a carcajadas- ¿Y se puede saber qué le ha hecho al señorito cambiar de opinión?
- Supongo que… no me quedaba otra opción.

- ¿Me estas escuchando o piensas seguir mirando embobado a esa chica todo el rato? –Kitakaze sacó a Ramsus de sus recuerdos levantando mucho la voz.
- Disculpa, ¿qué me estabas diciendo?
- Te contaba que ese tipo dijo que mis "chanclas" eran horribles. ¿Te lo puedes creer?
El vicealmirante se quedó mirando a su amigo con una ligera sonrisa durante un instante.
- Eh… sí, lo que tú digas. Bueno, te dejo aquí para que te cures de esas heridas. Quiero que no pierdas de vista a esta chica en ningún momento, eh? Ella es la clave de todo esto. Ahora debo dejarte, tengo una reunión.
Tras despedirse de Kitakaze, Ramsus abandonó la enfermería y recorrió los pasillos del Saint Andrews hasta llegar a su despacho.
- Espero que la celda haya sido de tu agrado. Aunque como ya te dije, es mejor que no te fueses acomodando. –dijo Ramsus mientras cerraba la puerta con llave tras de sí.
- Y como yo ya te dije, me conformo con que no tenga pulgas –Silver lo estaba esperando sentado en el sillón de su despacho, tirado despreocupadamente con los pies sobre su escritorio. Ramsus se dio la vuelta y miró fijamente a su invitado.
- Muy bien capitán Silver. Ha llegado el momento de que tú y yo hablemos seriamente de todo esto.