REGLAS SOBRE LA U.S.S. ENTERPRISE

Autora: Yakumo Kaiba

Fandom: Star Trek (2009)

Raiting: K (Slash) Spock/Kirk

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. La Franquicia y los personajes de Star Trek pertenecen a Gene Roddenberry. Solo me pertenece la trama y redacción de este fanfic.

Advertencias: Spirk establecido, Post Into Darkness sin Spoilers.

Notas: Regla Final. Epílogo conclusivo, regalo para todos aquellos que leyeron y disfrutaron este fic. Espero que les agrade tanto como a mí me gustó escribirlo.

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REGLAS SOBRE LA U.S.S. ENTERPRISE

—9 Epílogo—


Regla Número Nueve: El Verdadero Secreto del Éxito de la USS Enterprise no es su brillante Capitán o el Primer Oficial Vulcano, ni tampoco los profesionales Oficiales y Tripulantes que conforman el Personal de la Nave. Es el Trabajo en Conjunto de todos Ellos.

Los Altos Mandos de la Flota y los Capitanes de las otras naves siempre se cuestionaban sobre cómo es que la nave comandada por el Capitán Kirk siempre conseguía tan buenos resultados, a pesar de sus métodos poco ortodoxos al desarrollar las misiones. Muchas investigaciones se han llevado a cabo teniendo como base los informes del Capitán, el Comandante, Oficiales y peritos que verifican con posterioridad la veracidad de los hechos narrados en las bitácoras. Sin embargo nunca hay un mismo agente gatillante de la eficaz resolución en todas las misiones, obligándoles a simplemente reconocer que todos ellos formaban un condenado buen Equipo.

Distinción: A pesar de todo, el que tiene las Mejores y las Peores Ideas siempre es el Capitán James T. Kirk. Es una suerte que, por su posición, la Responsabilidad siempre Caiga en Él.


Fecha Estelar 2260.110
Superficie de Loren II

—Simplemente no pudiste buscar un planeta más cálido ¿cierto? Era esto o irnos a vacacionar en medio de un sol menor. Definitivamente hay que joderse.

El tono sarcástico de Bones ni siquiera le movió el pelo al capitán Kirk, quien observaba maravillado aquel paraíso natural que había sido hallado por la computadora (que ya había dejado de llamarle "Cariño", por si estaban preguntándoselo) luego de que él hubiese solicitado un lugar ideal para tomarse un descanso.

Había pasado una semana desde el Incidente en medio de la Tormenta de Iones en la órbita de Bracas VI. Habían hecho la visita de reparación Atalia VII, reiniciado el sistema de la computadora y consiguiendo todas las cosas que podría necesitar tanto la Enterprise como el propio Capitán Kirk para su descanso, por supuesto, a escondidas de su Primer Oficial.

El cielo se extendía celeste por sobre sus cabezas, el aire era completamente respirable, y la información de la investigación de Spock y Sulu indicaban que no habían peligros en la superficie. Por lo brusco de los cambios de temperatura de la superficie semana a semana, la mayor cantidad de la vida del planeta se desarrollaba en el azul mar que se extendía hasta donde sus ojos no alcanzaban. Los días duraban 93 horas, por lo que tenían muchísimo tiempo de luz solar. La arena dorada de sus pies le recordaba a Jim alguna postal de una playa de México y no pudo evitar saltar feliz cuando su vulcano aceptó tomar un descanso allí, siendo primero los oficiales quienes lo tomasen por unas horas antes de volver a la nave y permitir al resto de la tripulación el bajar por grupos de 30 personas.

Había costado mucho esfuerzo para Jim el convencer a Spock de no enviar un informe a la Flota («Solo son unas horitas, siempre habrá alguien en el puente»), y solo luego de muchos pucheros y algo más, el Comandante se había rendido a los esfuerzos de su Capitán. De allí a persuadirle a bajar con él había sido otro día completo de convencimientos, y solo al enterarse que la temperatura del planeta era semejante a la del desaparecido Vulcano, Spock finalmente había aceptado. Jim había tenido que arruinar la sorpresa que Sulu le había ayudado a esconder de los escáneres del vulcano, pero al menos le había convencido de bajar.

Así que allí estaban, habiendo sido transportados a la superficie del planeta con el restaurado Energizador, para alegría del Señor Scott. Había requerido mucho convencimiento, pero estaba la mayoría de los altos oficiales presentes. Chekov, Sulu, McCoy, Uhura, Marcus, el Capitán y por supuesto su primer Oficial, quien solo miraba el ambiente con una ligera indiferencia, aunque Jim sabía que estaba disfrutando de aquel ambiente cálido tan parecido a su perdido hogar, aunque el exceso de agua fuese algo que nunca hubiese existido en Vulcano.

El único que faltaba por ahora era Scotty, quien en un primer momento había inventado veinticinco motivos lógicos para no bajar (incluyendo el principal y más importante de que él era el Tercero en la línea de Mando de la Nave), pero Jim había podido convencerle al prometer regalarle la mejor botella de Escocés que el dinero pudiese comprar en el próximo mercado de abastecimiento que encontrasen. Así el Puente había quedado en las eficientes manos de la Oficial Darwin, quien tenía más años de experiencia a bordo de una Nave Estelar de los que Kirk tenía en toda su carrera, incluyendo la Academia. De hecho, la Oficial debía tener casi el doble de años de experiencia que la carrera del Capitán.

—¿Estás bien? —preguntó de pronto Jim al joven Chekov palmeando su espalda, quien parecía acalorado embutido en su uniforme dorado, pero que se tomó un momento para sonreír cálidamente a su capitán.

—Oh, sí, sí, Kepitán. Istoy wien. Solo…

—Hace un poco de calor aquí, maldición —se quejó el doctor una vez más, adelantándose a las palabras del ruso, mientras se quitaba la camisa azul del uniforme—. Al menos tuviste una buena idea recomendando los trajes de baño, Jim —gruñó McCoy mientras de pronto todos los oficiales comenzaban a quitarse la ropa animados por el doctor.

Spock notó en ese momento como la mirada de su capitán se desviaba hacia donde su ex novia junto con la Doctora Marcus se quitaban los uniformes, sintiendo una urgente necesidad de llamar la atención del hombre.

—Capitán, ¿ha considerado el hecho de que la temperatura del agua podría ser algo menos que… refrescante para los cánones humanos? Si no me equivoco debe estar a unos 40° o un poco más.

—Spock —le calló de pronto Jim con una sonrisa divertida palmeando cariñosamente su brazo—, tú nunca te equivocas.

El vulcano enarcó una ceja considerando mentalmente a que se refería esa afirmación, pensando si tomarlo como una burla o ignorarlo. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando de pronto el sonido de la Energización se escuchó, volteándose varios a mirar como aparecía el Señor Scott con un look claramente veraniego (gafas de sol, traje de baño oficial rojo y una camisa colorida) completamente cubierto de lo que parecía ser un arcaico filtro solar, al parecer no conforme con las pastillas de protección que el doctor McCoy había repartido. Junto a él se encontraba el pequeño Keenser, que no llevaba su camisa roja. En el hombro del Ingeniero había algo que parecía una enorme malla translúcida enrollada, mientras a su lado tenía una especie de máquina pequeña que Spock no pudo reconocer, pero que parecía casera.

—¡Ya era hora que llegaras, Scotty! Este calor ya está sacando el mal humor de Bones —bromeó el capitán mientras ayudaba al escocés con su carga, quien solo rió entre dientes, dándole una mirada por encima de sus gafas oscuras al Doctor que solo gruñía ya con su traje de baño azul con el logo de la Flota.

—El buen Doctor nunca ha sido bueno para las esperas —sonrió enigmático el Ingeniero mientras le daba un saludo al Primer Oficial con las cejas—, por favor, Doctor, cuídeme esto —le pidió dejando a su lado la máquina antes de caminar hacia el agua, volteando a apuntar con un dedo a Keenser— ¡Y tú no te subas encima!

Los oficiales, ya todos en sus trajes de baño excepto Spock y Jim, observaron con curiosidad como el Capitán y el Ingeniero se acercaban al agua. Prediciendo que iba a meterse allí, el vulcano carraspeó suficientemente alto para ser escuchado.

—Aconsejo que se quite el uniforme para no arruinarlo, Capitán.

Tarde se dio cuenta de que esas eran exactamente las mismas palabras que la noche anterior le había dedicado a su T'hy'la en circunstancias muy distintas. Con la sorpresa pintada en la mirada, Jim le observó a la distancia incrédulo para luego estallar en carcajadas tapándose la cara con una mano. Spock ya no vio cómo fue que el Capitán se quitaba la ropa, porque él estaba demasiado ocupado observando la arena del lugar para comprobar sus compuestos precisos. Y de paso ocultar que su rostro se había puesto algo verde.

—Entonces… ¿esa cosa va a impedir que se acerquen animales y, de paso, va a enfriar el agua? —preguntó impresionada y algo coqueta Carol, a la orilla del agua.

Scotty y Jim se encontraban estirando la malla por la arena, siendo este último el que asintió, aunque Scotty explicó con muchas palabras complicadas que quien realmente hacía eso era la máquina que seguía al cuidado del Doctor McCoy (para que Keenser no la usase de asiento). La malla solo era un límite para los efectos del objeto.

—¡Aún no le ponemos nombre! La idea fue del Capitán, pero quien realmente resolvió como llevarlo a cabo fue Pavel. Realmente es un chico brillante, sire —habló el escocés hacia Sulu, quien miraba impresionado al ruso.

—Io… io solo aiude en lo qui pude —se quitó importancia el chico pálido en su traje de baño dorado. Sin lugar a dudas un poco de sol le iba a hacer bien a esa piel blanquecina.

Eso resolvía el misterio de que tanto habían estado haciendo esos tres durante esa semana, ya que muchos habían notado sus ausencias y sus escapadas.

—Fue una idea realmente ingeniosa —aceptó el vulcano dejando de prestar atención a los granos de arena, ganándose una sonrisa del Capitán que ya estaba metiéndose al agua para extender la red alrededor de un área determinada.

—Y es brillante que hayas podido resolver el cómo realizarlo —murmuró el piloto hacia su pareja quien solo sonrió tímido antes de inclinarse un poco hacia él.

—No le quiten mérito a quien hace el trabajo —defendió rápidamente Uhura divertida al ver enredarse con la red al escocés, cuando un gruñido llegó desde atrás.

—Sí, sí, todos son muy eficientes. Pero yo estoy malditamente friéndome aquí y aún no veo una solución rápida —se quejó McCoy con el aparato al hombro y con el sudor corriendo por su frente y pecho.

Ambas mujeres compartieron una mirada y luego sonrieron volviendo a mirar al médico, quien solo frunció más el ceño ante el escrutinio, sin comprender el porqué de ello. ¿Cómo iba a saber que ellas habían apostado sobre su condición física bajo el uniforme? Quizás no era una jodida máquina de hacer ejercicios, pero él también se mantenía en forma cuidando su dieta. A diferencia de cierto capitán que él conocía y que solo debía su figura a la genética. Y ella le fallaría en el futuro, Leonard estaba seguro.

Cuando finalmente la malla estuvo colocada con unas bollas inflables informando el "límite" de la zona de baño, Scotty recuperó con una sonrisa su máquina de las manos del Doctor para luego meterla en el agua y encenderla con un control a distancia. Al comienzo no pareció suceder nada, pero luego de unos minutos Chekov se acercó y metiendo el pie al agua soltó un suspiro complacido, sonriendo a los otros oficiales.

—Es el paraíso —confesó antes meterse al agua de forma poco elegante, dejándose sumergir por completo ante la exclamación de sorpresa de Sulu que no tardó en hacerle compañía.

McCoy fue el siguiente en entrar, desesperado por el calor del planeta, gimiendo obscenamente de placer, subiendo los colores al rostro de varios de los presentes. Las mujeres no se demoraron en entrar, y Keenser fue detrás de ellas, sentándose en la arena con el suave oleaje mojándole las piernas.

—Parece que otra vez tuvo una sangrienta buena idea, sire —sonrió el Ingeniero en Jefe dándole un golpe en la espalda al Capitán que asintió antes de mirar a Spock quien solo le hizo un gesto suave que indicaba que él compartía la opinión—, entonces, si me permite, voy a pedir que bajen lo demás.

Luego de hacerle un gesto de que procediera, Jim recibió una mirada claramente cuestionadora de parte de su pareja, no pudiendo evitar sonreír divertido y a la vez algo inseguro.

—Capitán ¿me permite preguntar a qué se refiere el Señor Scott con "lo demás"? —preguntó mientras el Ingeniero se alejaba sacando su comunicador hablando con la nave.

—Pues, estamos en descanso, Spock. Naturalmente necesitamos descansar cómodos, y para eso necesitamos de algunas cosas —agregó en tono conspirativo solo ganándose una ceja alzada—. Y antes de que comiences, no he gastado fondos de la Flota en esto. Al menos no muchos. La mayoría son objetos de la Nave que reincorporaremos cuando nos vayamos.

Y antes de que el vulcano pudiese hacer sus objeciones correspondientes al argumento claramente poco sólido de su capitán, fueron transportados varios objetos peculiares desde la nave, junto con algunos tripulantes de rojo que rápidamente comenzaron a ordenar para sacar los objetos del camino de la segunda carga. Altamente eficientes, obviamente eran muchachos de Scotty.

Quitasoles, sillas de playa, cojines, toallas, algunas mesas bajas. Incluso se podían ver algunas pelotas, e incluso un tablero de ajedrez. Demasiado de todo para ser solo para los oficiales, pudo notar Spock, claramente deduciendo que era preparación para cuando bajasen los demás grupos de la tripulación. Cuando Jim sintió la mirada de su Primer Oficial en su cara solo pudo prepararse para un discurso extenso sobre… bueno, sobre todo lo que se podía y no hacer con su cargo. Pero sin embargo solo se encontró con dos dedos extendidos hacia él.

Algo confundido, y mirando alrededor para comprobar miradas indiscretas, el rubio extendió también sus dedos, sintiendo como la agradable calidez se extendía desde esa zona al resto de su cuerpo. Se sentía orgulloso por algún motivo que no comprendía, pero pronto olvidó todo cuando Spock con un simple gesto apuntó hacia la espalda de Jim.

—¿Le apetece dar un paseo conmigo, Capitán?


Habían dejado atrás a los oficiales en el agua mientras caminaban uno al lado del otro por la orilla de ese mar azul tan calmo como ningún otro que Jim hubiese visto en su vida. Le recordaba un poco a San Francisco, aunque el mar de la ciudad nunca le había parecido tan hermoso como este. O quizás tenía todo que ver la compañía.

La última vez que Jim miró hacia atrás vio a Bones saliendo del agua para recostarse a la sombra de un quitasol en compañía de Scotty quien parecía beber algo. Por un momento el Capitán se preguntó si Spock se molestaría al saber que con el Ingeniero habían sacado uno de los Replicadores del Comedor para bajarlo al Planeta por el día. Probablemente sí, así que mejor no lo mencionaría.

Sus brazos se rozaban un poco al caminar, pero a ninguno le molestaba esto. Sus dedos estaban retraídos, pero en un momento el capitán decidió extenderlos y entrelazarlos con los de su Primer Oficial que rápidamente le dio una mirada de reojo para luego devolver el apretón. Y siguieron caminando.

Spock aún seguía con todo su uniforme, aunque Jim sabía que llevaba debajo el traje de baño azul que él mismo le había obligado a usar en vez de ropa interior. El capitán no sabía si era por la costumbre ya a la temperatura del camarote de Spock, pero él no se sentía extremadamente acalorado. Era cierto que solo llevaba su traje de baño dorado, pero aun cuando se metió al agua tibia se sintió cómodo. Esperaba que Spock quisiera bañarse con él, o al menos estuviese disfrutando el ambiente un poco familiar al de su hogar perdido. Por lo menos el calor debía serle familiar, pensó, ya que en ese planeta había una total ausencia del rojo y el marrón que habían predominado tanto en Vulcano. Su mente se perdió ante el recuerdo de la única vez que él había visto el planeta natal del hombre al que amaba, y cuánto le hubiese gustado haberlo podido recorrer a su lado alguna vez, ahora que no existía. Solo lo conocía por las pocas veces que Spock hablaba de él y dolía no poder ayudarlo con su pérdida.

—…itán. Jim —la voz cálida de su primer oficial junto con el tirón de su mano le detuvo, haciéndole parpadear y volver a la realidad, tragando saliva mientras se sentía atrapado.

Ambos pares de ojos se observaron mutuamente, Jim sintiendo que era transparente bajo la oscura mirada del vulcano, antes de que él realizase un gesto totalmente nuevo que le quitó el habla. Su mano subió y un suave beso fue depositado en su dorso por los labios delgados de Spock.

—Gracias por traerme aquí. Por escoger este planeta por mí. Significa mucho.

Jim no sabía que decir, porque apenas podía respirar. Sintió un tirón en sus pulmones y se gritó mentalmente porque, No, de ninguna jodida manera se iba a poner a llorar como una adolescente enamorada porque Spock simplemente le había agradecido su gesto. Simplemente le sonrió, parpadeando varias veces, mientras acariciaban sus manos unidas.

—Hubiese sido mucho más simple solamente haber ido a un planeta con un clima más acorde a las necesidades de confort humanas. Pero escogiste este e incluso te esforzaste en crear ese aparato para que los demás se sintiesen cómodos en este lugar.

—Hey, ya escuchaste que yo no fui quien hizo todo el trabajo. Chekov y Scotty hicieron parte también —se sentía nervioso, no comprendiendo porque Spock estaba diciendo todo eso ¿A dónde quería llegar? ¿Quería avergonzarle hasta la muerte o algo? Porque quizás lo conseguiría, con todo ese calor y sonrojándolo además, quizás se desmayase.

Spock no se intimidó ante su respuesta y simplemente volvió a subir la mano que tenían unidas para volver a depositar un beso en su dorso sin jamás quitarle los ojos de encima. Sus ojos parecieron transparentes por un momento, mientras sus labios estaban en su piel, y su voz llegó a su mente casi sin interferencia, quitándole el aire de los pulmones. «Cada segundo a tu lado me ayuda con la pérdida de mi mundo. No dudes de tu propia capacidad de curación». Y había sido una cosa mental vulcana y no su imaginación, sin lugar a dudas, pero Jim no habló de ello, sino que solo sonrió de vuelta.

Su corazón cálido y el alma –katra como le decía Spock– totalmente en calma.

—Entonces, Señor Spock. ¿Va a quitarse toda esa molesta ropa de encima y meterse al agua conmigo o tengo que lanzarle con uniforme y todo?


—¿Qué pasa, Spock? Llevamos menos de cinco minutos en el agua y ya pareces una ciruela pasa —comentó con ligera sorpresa Jim mientras se cogía una de las muñecas de Spock observando sus dedos que efectivamente lucían arrugados como si llevase horas sumergido— ¿Es a causa de tu fisonomía vulcana?

Los ojos oscuros de Spock observaban con atención como su capitán exploraba con los ojos sus manos. A pesar de que aún podrían estar de pie, ambos estaban flotando en el agua con tan solo sus hombros y cabezas fuera. Jim parecía querer tocarle, pero su conocimiento sobre la sensibilidad vulcana parecía retenerle en su intento. Considerándolo un momento, acabó siendo el mismo pelinegro quien moviese sus dedos para rozar los de Jim, demostrándole así que estaba dispuesto a ser tocado. La sensación de plenitud al sentir la exploración de los dedos suaves del otro en los suyos arrugados casi llevó a Spock a olvidar que debía responder, pero pronto lo recordó.

—Más bien es a causa de la parte de mi fisonomía humana —confesó reteniendo cualquier expresión de placer ante la sensación de los dedos de Jim detallando los suyos—. El acto de la piel retrayéndose frente al agua es una manifestación de evolución netamente humana. Su objetivo era permitirles a tus antepasados recolectar con mayor facilidad objetos u alimentos en ríos o cerca de ellos donde hubiese gran presencia de H2O. Como en Vulcano la presencia de agua era más bien escasa, mi raza jamás debió generar esta habilidad. Mi reacción más veloz a la tuya corresponde meramente a mi poca costumbre con este líquido.

Si su voz tambaleó levemente al mencionar a Vulcano ni Spock ni Jim hicieron comentario alguno, simplemente disfrutando de la tranquilidad del lugar. En la lejanía se escuchaban las risas divertidas de los oficiales y algún que otro grito del Doctor McCoy a causa de alguna pelota perdida, pero en general si ignoraban eso podrían pensar que estaban completamente solos en ese mundo cálido.

El capitán parpadeó con lentitud antes de mover sus dedos para que terminaran apoyados completamente en la mano del vulcano, en un beso completo que les envió eléctricos y agradables latigazos de placer por el resto del cuerpo a ambos.

—Ya veo, entonces por eso tus duchas siempre son tan cortas.

—Bien, el motivo de ello no tiene relación alguna, en vista que mis duchas siempre son sónicas y no tienen relación alguna con el agua. Si son "cortas", en tu estimación, es porque no existe ningún razonamiento lógico para alargar un acto cotidiano e inevitable como ese.

Spock estaba satisfecho de haber presentado su punto claramente, pero al parecer algo en sus palabras había dejado de piedra al rubio hombre que flotaba a su lado con los ojos muy abiertos. Sus manos se habían soltado y nuevamente estaban en el agua, tratando de distraerse Spock de la sensación de su piel arrugada. Ahora eran sus pies también.

—Espera ¿estás diciendo que nunca te has dado una ducha normal?

—Ya que en vulcano la ducha normal es sónica, diría que sí he tenido duchas normales. Pero entendiendo que te refieres a una ducha clásica humana con utilización de agua, debo responder que estás en lo correcto y jamás lo he hecho —antes de que el capitán pudiese decir algo, Spock le retuvo con una mirada, continuando—. Debo insistir que en Vulcano el agua era un bien extremadamente escaso, por lo que se hacía totalmente ilógico el pensar en utilizarlo en algo tan banal como un baño, Jim.

—Pero la nave no es… ¡nosotros no tenemos escasez de agua, Spock! —corrigió rápidamente su planteamiento el rubio, escandalizado— Y en la Tierra tampoco ¿Nunca te diste un buen baño de tina mientras estabas en la Academia?

Solo elevando una ceja como respuesta, el vulcano sacó sus manos del agua ya no pudiendo soportar la sensación hormigueante de sus dedos arrugados. No dolía pero era incómodo, y el aire calmaba esa sensación. Sin embargo su T'hy'la malentendió su gesto como un intento de abrazarle, moviéndose para ser él quien se estrechase contra el cuerpo de Spock apoyando su barbilla en el hombro del pelinegro, quien solo se mostró sorprendido por un momento. Cuando comprendió que no iba a ser soltado decidió relajarse y enredar sus dedos sensibles entre las doradas y húmedas hebras del cabello de su pareja, dejándose envolver en la calidez de su abrazo.

—Vamos a darnos un baño juntos, Spock. En vista de que no es otra tradición sagrada esa la del uso de la ducha sónica, voy a aprovecharme y te obligaré a tomar un baño conmigo. Incluso quizás le pida a Scotty que instale un jacuzzi en mi camarote ¡Joder, soy el capitán, merezco algunos privilegios!

—El cambio de la estructura requeriría nuevos cálculos sobre la masa y el equilibrio de la nave, y en vista de cómo reaccionó el señor Scott a las modificaciones de las Cygnetianas, no creo que se muestre tan complacido ante la idea. Quizás sea aconsejable desistir del capricho.

—Eres un aburrido, Spock —gruñó Jim contra su piel antes de darle un suave mordisco al cuello del vulcano quien se sobresaltó casi imperceptiblemente—. Entonces las próximas vacaciones nos vamos a ir a unas Aguas Termales. Es eso o el Jacuzzi, no discutas conmigo.

Spock podría haber discutido, incluso quizás luego de una feroz afrenta verbal podría haberle convencido, pero al ver los ojos azules brillando en su dirección llenos de sentimientos y recordar cómo había temido por un momento hacia una semana el haberlo perdido para siempre, Spock decidió que simplemente era mejor aceptar y seguir a su Capitán hasta donde quisiera llevarle. Sabía que en el fondo era la mejor decisión y la que más felicidad le traería.

—Cómo usted ordene, Capitán.


El primero que vio a Spock y a Jim regresar fue McCoy, quien seguía tirado en una silla bajo la sombra de un quitasol, leyendo de su PADD algunos nuevos procedimientos médicos. El hombre no sabía divertirse, como varias veces había indicado el Señor Scott en la última hora y media.

Cuando el Doctor notó que Spock venía vistiendo su uniforme pero traía el cabello húmedo, solo pudo sonreír de medio lado completamente burlón. Los ojos del vulcano parecieron notar su mirada, porque rápidamente se clavaron en él. No había amenaza en ellos, pero tampoco había derrota. Leonard verdaderamente se divertía con el Primer Oficial.

Y entonces una pelota le golpeó el brazo. Otra vez.

—¡Maldición, Uhura! ¿A dónde diablos estás apuntando? —gritó con el rostro enfadado, mientras Scott se acercaba con sonrisa de disculpa cogiendo la pelota.

—¡Lo siento! —se disculpó la morena sin realmente lamentarlo —Si vinieses a jugar con nosotros no serías tantas veces golpeado ¿no lo has pensado?

—HA, como si fuese a hacerlo. Además quedarían desequilibrados —gruñó el médico haciendo un gesto despectivo.

Habiendo improvisado una cancha de voleibol playa, Carol y Scotty se estaban enfrentando a unos feroces Uhura y Sulu desde hacía mucho rato. Al parecer habían apostado algo, pero McCoy no les había prestado atención, ocupado en sus idas y venidas entre su silla y el agua fría, para calmar el calor aplastante del ambiente. En el agua seguían Keenser y el ruso Pavel, que se quejaba de que su piel ardía mucho si salía del agua y había rechazado jugar con la pelota. Leonard le había advertido que su piel blanca era especialmente sensible en la nave mientras les daba las pastillas protectoras de radiación a los oficiales, pero el navegante no le había hecho mucho caso, rechazando el hypospray que el Jefe Médico le había recomendado usar como medida extra. Ahora que sufra, pensó la parte más oscura del doctor, mientras Jim daba un salto ante las palabras de Uhura.

—¡Hey, yo quiero jugar también! —su mirada esperanzada buscó a Spock pero el vulcano había cruzado sus brazos tras su espalda y se veía totalmente dispuesto a patear a un cachorro sin remordimientos. El cachorro era, por supuesto, el capitán.

—Pido permiso para regresar a la nave, Capitán. He disfrutado de un conveniente descanso y ya me siento totalmente preparado para reincorporarme a mis funciones habituales.

Bones se sintió mal por una milésima de segundo por el rostro de su mejor amigo, pero pronto recordó que por su culpa estaba en ese horno y toda la lástima se le esfumó.

—¿Estás seguro? Aún queda un poco más de una hora de nuestro tiempo en Tierra.

—Debo insistir, Capitán. De esa forma puedo verificar eficazmente los turnos del descenso y reincorporación posterior de la Tripulación y dar un descanso a la Oficial Darwin —cuando el rubio hombre miró hacia la arena el vulcano se encontró con los ojos del doctor antes de volver a abrir la boca, hablando muy bajo para que solo el Capitán pudiese oírle—. Sin embargo… si es tu deseo, Jim, cuando mañana terminen los turnos de descenso a Loren II de la tripulación, puedo acompañarte en un último paseo por la superficie antes de que abandonemos la Órbita.

Los ojos azules se clavaron de golpe en los marrones de su Primer Oficial y no necesitó preguntarle "¿Es verdad?" o "¿Hablas en serio?" porque sabía que Spock si lo hacía. Una sonrisa feliz adornó sus facciones y asintió mordiendo sus labios con anticipación. Allí estarían solos y no tendrían que preocuparse de que alguien les buscase y atrapase en alguna situación incómoda. Sería perfecto para un poco de acción campestre.

Borrando sus pensamientos ante la ceja alzada del vulcano, el capitán se paró derecho observando a su Primer Oficial con una sonrisa.

—De acuerdo, Comandante. Tiene permiso para volver a la Enterprise y tomar el mando de la Oficial Darwin —indicó con tono oficial Jim, siendo gracioso por su vestimenta y condición. Spock apenas controló una sonrisa, asintiendo.

—Entonces… ¿te unes o no, Capitán? —preguntó Uhura con la pelota afirmada en su cadera, luciendo el poco atrevido traje de baño rojo oficial, idéntico al de la doctora Marcus a excepción del color azul del de ella.

Luego de darle una última sonrisa a su vulcano, Jim se giró y gritó que por supuesto, mientras cogía del brazo a Bones que gritó y pataleó antes de aceptar unirse al equipo de Scotty y Carol, con el solo objeto de vengarse de todos los pelotazos que Uhura le había enviado a propósito. La Teniente le dio una sonrisa a la distancia a Spock mientras Jim golpeaba el hombro de Sulu comentando que si estaba en su mismo equipo se sentía seguro, ganándose una risa del asiático.

Girando la cabeza sin moverse, Spock le dio una ojeada otra vez al lugar, admirándolo. El cielo celeste, el mar azul y la arena dorada completamente ausente de cualquier rastro de vegetación. Un inmenso desierto dorado y azul. Casi se sintió algo avergonzado de pensar por un momento de que ese planeta era como él y Jim. Azul y Dorado equilibrados perfectamente.

Observó a Chekov nadar gustoso en la zona delimitada de baño y al pequeño alienígena de mojaba sus pies en el agua mientras observaba el emocionante partido que se desarrollaba en la playa. Ahora que nadie le miraba, Spock se permitió una pequeña sonrisa cuando vio como Jim remachaba contra el doctor, ganándose una larga lista de improperios de su parte.

— Comandante Spock a Enterprise. Seleccione mi ubicación y transpórteme de regreso —informó por el comunicador con tranquilidad, escuchando la confirmación del otro lado.

Mientras su cuerpo era energizado, lo último que vio Spock fue como Uhura le daba un fuerte empujón a Jim en dirección al agua al haber tirado la pelota hacia esa dirección, haciendo sentir su verde corazón cálido mientras pensaba en que definitivamente ese descanso había sido una muy buena idea y que él y su capitán tendrían que volver a este planeta en el futuro. Muchas veces.

FIN


Yo lo sé, me odian. Me odian mucho, mucho, porque comenté que iba a haber lemon, pero no hubo. Siento eso, pero es que simplemente no se dio. Quizás para un segundo epílogo, ahahaha.

Fuera de eso ¿Les gustó? Espero que sí. De verdad amo con todo el corazón a la tripulación de la Enterprise y escribir esto me pareció un buen broche a este fic que adoré escribir.

Les puedo jurar que el que el planeta fuese dorado y azul fue un regalo de mi subconsciente, porque me di cuenta en el mismo momento en que Spock hizo la asociación. Eso le da un inesperado toque romántico extra al vulcano, y lo amo por eso.

Bueno, quiero dedicar esto a todas las que me dejaron un review a lo largo del fic, por ustedes es este epílogo, porque lo debía. Realmente lamento no haber podido incluir el +18, pero prometo que si muchas lo piden (no diré cantidad, no soy tan ambiciosa) escribiré un pequeño extra de la última visita al planeta de parte de Spock y Jim antes de hacer abandono de la órbita. Miren que dejé listo para que ocurriese pero simplemente no nació (la verdad es que el pensamiento de McCoy caminando por la playa y viéndolos como que les quitó las ganas, ahaha).

Creo que eso es todo lo que tengo que decir. Nuevamente ¡Gracias por leer! Y si comentan las amaré muchas más.

Además, no olviden visitar el nuevo foro que abrimos: The Final Slash Frontier, para el fandom slash en español de Star Trek. Así conocemos a más treekies y podemos participar en juegos y actividades. Estamos recién empezando, así que únansenos y formemos nuestra propia gran tripulación!

Un beso a todos! A ver si nos vemos en otro fanfic o en el extra p0rnoso c: