Ramsus

Cañonazos en el alma

Apenas hacía unos minutos que el sol había terminado de salir completamente por el horizonte. Sin embargo, para los tripulantes de Saint Andrews aquello no era más que un mínimo detalle. En la cubierta del navío, las carreras y los gritos se entremezclaban unos con otros en un caótico baile de órdenes, contraórdenes, decisiones y preguntas que, lamentablemente, no parecían tener respuesta. No era para menos: Estaban siendo atacados a cañonazos por un barco de su mismo bando. Algo que nadie en toda la tripulación había vivido jamás.
Mientras en el resto del barco parecía reinar el caos, de pie en el castillo de proa se encontraban tanto el vicealmirante Ramsus como el capitán Kitakaze, mirando fijamente al enemigo que había comenzado a atacar hacía apenas un par de minutos, de momento sin éxito.
Pero la situación no era ni mucho menos favorable: El Saint Andrews acababa de salir del puerto de Hallet en la isla de Serafia, el cual se encontraba situado en una bahía que se estrechaba de forma pronunciada unos ochocientos metros más adelante, como si de una luna menguante se tratase. Al lado izquierdo, una pequeña playa acababa con forma de pico, mientras que el lado derecho consistía en un escarpado acantilado de unos diez metros de altura. Y entre los dos, en el punto más angosto de la bahía, se encontraba situado lateralmente el barco del capitán Kid, el cual descargaba su batería de seis cañones de estribor de forma pausada pero constante. Aún no habían hecho blanco en su objetivo, pero era tan solo cuestión de tiempo. Y más cuando el Saint Andrews avanzaba directamente de frente hacia ellos, tal y como el vicealmirante había ordenado para alejar la batalla de la ciudad.
- Aun me parece increíble lo que es capaz de hacer ese tipo por lograr su objetivo. Incluso atacar a sus propios compañeros! –dijo el capitán Kitakaze, que se encontraba al lado de Ramsus con su enorme martillo al hombro- Esto me está haciendo enfadar de verdad! Como si no hubiese tenido bastante con lo del perro y el pirata borracho. Por no hablar de la huída de Silver… Malditos! Me las van a pagar por haberme atacado mientras curaba mis heridas!!
- Olvídate de eso ahora. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos. –contestó un inmóvil Ramsus- Además, ya te he dicho que Satsuma y sus hombres se dirigen a por Silver en estos momentos.
- Perfecto! Así puede que ese tipo por fin tenga la oportunidad de unirse a sus antiguos nakamas. –reprochó Kitakaze en tono sarcástico.
- Puede. O puede que no. Eso ya nos da una posibilidad. Ya es más que lo que teníamos mientras Silver y sus hombres se iban en ese bote.
De pronto un soldado apareció tras los dos oficiales. Estaba bastante sudoroso y tenía cara de asustado.
- Se… Señor! Señores! Los cañones de proa están a punto y los artilleros listos. ¿Abrimos fuego?
- No. –La respuesta de Ramsus fue tajante- Dígales que esperen mi orden.
- S, sí señor!! –el joven soldado puso cara de incredulidad y salió corriendo hacia la escotilla que llevaba al interior del navío, mientras un montón de agua salpicada mojaba parte de la zona de la cubierta de babor. Esa había pasado cerca.
La tensión empezaba a notarse por toda la tripulación del barco ante la cada vez más caótica situación, avanzando lentamente y sin atacar a un enemigo que les bombardeaba, cuando una bala de cañón impactó contra el frontal reforzado de la proa del Saint Andrews, partiendo varias maderas y chocando contra una de las planchas de hierro que protegían el motor de Éolos. La bala cayó inerte al agua, sin haber llegado a traspasar. Justo en ese momento, Ramsus se giró hacia sus hombres, desenvainó su reluciente espada, apuntó con ella hacia el cielo y comenzó a hablar:

- Yo, Ramsus, vicealmirante de nuestro sagrado cuerpo de marines y comandante del navío W. G. S. Saint Andrews, declaro que hoy al amanecer en el puerto de Hallet hemos sido atacados sin previo aviso por otro barco con la bandera de la gaviota, en alto acto de traición. Por lo tanto, y quedando como testigos todos los tripulantes de este barco y el sol que ahora mismo alumbra nuestras almas, ordeno que se actúe tal y como dicen las sagradas leyes de la marina y el gobierno mundial. Por la justicia!

Tras decir estas palabras, el vicealmirante Ramsus volvió a mirar al frente y bajó su espada con un rápido movimiento diagonal. Apenas dos segundos después, una inmensa brecha rasgó por completo la vela mayor del barco del capitán Kid, mientras que el mástil se inclinó levemente. Justo en ese momento, mientras todos los marines presentes en la cubierta del Saint Andrews seguían paralizados tratando de explicarse lo que acababan de ver, la voz del capitán Kitakaze tronó en el viento, haciéndoles despertar: "FUEEEGOOOOO!!!!"
Como si de una potente traca se tratase, los ocho cañones frontales dispararon casi al unísono, golpeando varios de ellos contra el lateral del barco "enemigo". Por el momento los daños habían resultado superficiales, pero habría más. Eso seguro.
- Sinceramente, me esperaba más de ese ataque tuyo. –comentó un contento Kitakaze.
- Eso no ha sido más que un aviso. Si esos marines saben lo que les conviene, dejarán de seguir las órdenes de ese tipo y detendrán el ataque. Pero si no lo hacen… –Ramsus endureció aún más su rostro- se arrepentirán de haber herido a aquello en lo que he puesto toda mi alma.
- ESTA ES MÍA!!
Casi sin haber escuchado las últimas palabras de Ramsus, el capitán Kitakaze salió corriendo hacia un lado mientras miraba como una potente bala de cañón que surcaba el cielo bastante bien centrada pero a demasiada altura para dañar el casco del barco. Justo en el momento en que esa bala comenzó a volar por encima de la cubierta del Saint Andrews, Kitakaze pegó un tremendo salto y, haciendo un alarde de increíble coordinación y dominio, conectó un certero martillazo al proyectil en pleno vuelo como si de una pelota se tratase.
"GooooOOOooNNNnngggGGgggGG" El impacto del martillo contra la bala hizo que sonase por todo el barco un extraño sonido, parecido al que haría el gong de un viejo templo, e hizo que la inmensa bola metálica volviese a toda velocidad hacia el punto del que había venido y haciendo que aquel misterioso ruido se alejase con ella. Lamentablemente, el proyectil explotó apenas unos metros antes de llegar a su objetivo.
"Hmmm… Demasiado fuerte..." gruñó el capitán.

El intenso sonido de los cañones hacía aún más difícil la coordinación de los marines en el barco. Apenas habían pasado dos minutos desde que el Saint Andrews hubiese abierto fuego contra el navío del capitán Kid y la batalla se encontraba en pleno auge. Los potentes cañones del barco del vicealmirante tronaban una y otra vez de forma acompasada, escupiendo balas que rasgaban el aire a toda velocidad en dirección a su enemigo. Muchas de ellas estaban alcanzando al objetivo y comenzando a causar serios daños. Además, el capitán Kitakaze ya había conseguido alcanzar a otros dos proyectiles con su martillo de la misma manera que el primero, repitiendo de nuevo ese extraño sonido vibrante y metálico, que parecía llegar a todos los rincones del barco cada vez que lograba impactar y que posteriormente parecía alejase junto con las balas. El segundo de esos proyectiles devueltos atravesó limpiamente el lateral inferior del navío que tenían enfrente, provocando un incendio segundos después.
Sin embargo, desde la otra parte de la bahía el navío del capitán Kid, aguantando el chaparrón sin apenas moverse, había acelerado su cadencia de disparo y estaba comenzando a castigar mucho más la proa de su enemigo. A cada cañonazo recibido, crujido de maderas, abolladura de planchas y desperfecto ocasionado en el barco, Ramsus sentía como su furia iba aumentando hasta casi no poder aguantarla. Estaban hiriendo directamente su alma.
Cuando apenas restaban unos cien metros para llegar a su objetivo, el vicealmirante reunió a una treintena de soldados junto a él y a Kitakaze y les explicó la segunda parte del plan:
- Bien, quiero que os preparéis. En menos de un minuto vamos a embestir a ese navío traidor y entonces les abordaremos. –dijo con firmeza. Sus ojos brillaban de ira- Quiero que seáis conscientes de que en él no encontraréis piratas, si no compañeros marines como vosotros. Ellos siguen unas órdenes erróneas y merecen una oportunidad, pero si os atacan… no tengáis piedad de ellos.
El miedo y la duda podían verse reflejados en los rostros de los jóvenes marines elegidos para el abordaje.
- En cuanto a su capitán, lo quiero para mí. ¿Queda claro?
- Sí señor! –esta vez los gritos de los marines no sonaron tan fuertes y convincentes como otras veces.
- Muy bien, entonces: ALTO EL FUEGOOOO!!!
Tras la orden de Ramsus, se oyeron las voces de otros oficiales repitiéndola por el barco. Al instante, los cañones cesaron de disparar. Entonces fue cuando los allí presentes se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo:
No sabían cuando había comenzado, pero los cañonazos que oían habían dejado de ir dirigidos hacia el Saint Andrews. El barco de Kid había comenzado a disparar en dirección contraria con su batería de cañones de babor. Fue en ese preciso instante cuando, tras el muro de roca situado a la derecha de la bahía apareció un imponente velero, con sus impolutas velas blancas con gaviotas dibujadas hinchadas por el viento y sus cañones abriendo fuego sin piedad contra su objetivo. Aun así parecía haber recibido algún impacto leve.
- No puede ser… -dijo Ramsus estupefacto- Es… el Acadios. Alira… ¿Qué haces aquí?
Un fuerte golpe seguido de un temblor hizo que el vicealmirante volviese a la realidad. Acababan de chocar contra el navío de Kid y al grito de "Al abordajeeee!!" de Kitakaze los marines estaban ya corriendo para entrar en él. Ramsus hizo lo mismo y se lanzó a toda velocidad a por su objetivo.

Con tan solo pisar la borda del barco, los hombres guiados por Ramsus ya habían ganado la batalla. En aquel lugar no había más que un pequeño grupo de atemorizados marines que soltaron sus armas nada más verles. Ellos tampoco entendían qué estaba sucediendo.
- Vicealmirante… señor… Nosotros tan solo seguíamos órdenes del capitán Kid. Dijo que nos mataría si no le obedecíamos. Lo… lo siento… por favor le ruego…
- ¿Dónde está? –preguntó Ramsus interrumpiendo al atemorizado soldado.
- ¿El capitán? En su camarote, señor. No lo hemos visto en todo el día. Estaba con sus "chicas" en él y llamó al teniente Lewis, nuestro segundo de a bordo, para que se reuniesen. Unos minutos después nos dio la orden de atacar desde los comunicadores de su Den Den Mushi. Parecía muy enfadado.
Sin mediar palabra, Ramsus comenzó a andar a grandes zancadas hacia la puerta que llevaba al interior del barco, seguido de su viejo amigo, que ordenaba a sus hombres que registrasen el barco en busca de heridos.

El martillo de Kitakaze cayó pesadamente contra el suelo tras resbalar de sus manos. Estaba completamente paralizado ante semejante escena:
Tras la puerta reventada por Ramsus de una patada se extendía un amplio camarote lleno de flores, cuadros y objetos de arte. Aquello parecería el salón de un lujoso palacio si no fuese por la dantesca estampa que lo cubría en esos momentos. Ante ellos dos se encontraban los cadáveres de cinco chicas y de un oficial de la marina. Habían sido degollados y su sangre se mezclaba en un gran charco en el suelo. Cerca de ellos, junto a un montón de sogas cortadas, se encontraba el capitán Kid. Estaba acurrucado, con la ropa manchada de sangre por todas partes y sujetaba un cuchillo. Al ver a los dos oficiales tras el marco de la puerta soltó el cuchillo y se dirigió hacia ellos:
- Ramsus… menos mal que habéis venido… -su mirada parecía perdida y su rostro reflejaba una expresión de inexplicable locura- Ellos… se han revelado. Se han amotinado!! Me capturaron y me ataron con esas cuerdas. ME OBLIGARON A DAR LA ORDEN PARA BOMBARDEAROS!!! Pero yo me escapé… si… me escapé. Y acabé con esos traidores… Ramsus!! Gracias por venir a ayudarme.
Kid llegó hasta la altura del vicealmirante. Seguía en el mismo sitio en el que quedó tras abrir la puerta. Su expresión era sombría. Todo quedó en silencio hasta que de repente y sin mediar palabra, lanzó un puñetazo en toda la cara de Kid, que cayó al suelo doliéndose del golpe.

- Has traicionado a la marina. Has atacado a mis hombres. Has herido a mis barcos. Pero no has tenido suficiente con eso… ASESINO!!!