Reyes:
Cap.3 Aguas Negras.
La tripulación del Caledonia dormía
placidamente, disfrutando de su merecido descanso. El encuentro con
el Vicealmirante y la huida había agotado las fuerzas de los
valientes piratas.
Fuera, en la cubierta, Roca y Reyes hacían la
guardia de noche, compartiendo una botella de ron para prevenir el
frío nocturno y la lucidez mental. Mulder estaba acurrucado en el
cabo enrollado del trinquete, soñando con los apetitosos huesos de
un viejo capitán pirata. Reyes estaba haciendo la guardia desde el
puesto de vigía mientras que Roca se situaba en la popa del navío.
- Vamos muchachoooo... hic... pásame esa botella que el frío
esta machacando mis viejosssss huesosss - grito Reyes desde su
posición.
Roca metió la botella de ron dentro de una pequeña
cesta de mimbre. Ésta estaba enganchada a una polea que recorría el
cabo de sujeción del palo mayor. El joven pirata tiró de su lado de
la cuerda para que llegase al puesto de vigía.
- ¡Glaciasss
muchacho! que placer es el compartir estos dulcesss momen...
brooop... momentos de la piratería. ¡KAMPAI! - Reyes echo un gran
trago a la botella de ron, dejándola solo con dos dedos.
- ¡Oye
viejo! No te la bebas toda, estamos faltos de tónico
reconstituyente.
- ¡Toma y calla "grumetillo"! y
atento al mar... nos acercamos a aguas negras... el "Punto
Ciego" esta cerca... - ambos piratas empezaron a santiguarse y a
besar sus reliquias.
- Creo que avisaré al capitán. - Roca se
dirigió hacia el interior del barco, tambaleándose ante el poder
del alcohol.
La brisa fresca azotaba el rostro de Reyes, haciendo
que el viejo pirata tuviera que sostener su bombin. Entre un mar de
recuerdos, el marinero empezó a recordar sus viejos tiempos como
grumete de los Aka Sugoi. Se acordó de aquella vez que viajaron a la
otra punta del mar, cerca del fin del mundo. Cuando desembarcaron en
una pequeña isla del archipiélago entraron en contacto con los
nativos del lugar. Gente simpática aunque no se les entendía nada;
tenían ojos rasgados y un tamaño pequeño, en cambio poseían una
gran habilidad para construir artefactos.
Reyes recordó como le
gustaba a su capitán uno en especial, un artilugio capaz de capturar
imágenes, similar a las cámaras fotográficas que utilizan los
marines para los carteles de recompensa. Este aparato sacaba la foto
al instante, su aspecto era similar a una concha marina. Además
incorporaba una luz que saltaba en el momento de retratar sin
necesidad de pólvora. La llamaban "concha-foto"; muy
amablemente intercambiaron algunos aparatos por las piedras preciosas
que los piratas tenían como botín.
El capitán Virgil siempre
estaba haciendo uso de su preciada "concha-foto", incluso
tenia una habitación del navío reservada para sus retratos. Cuando
el destino quiso que el capitán abandonase el mundo de los vivos sus
nakamas le enterraron con su aparato favorito. Reyes sonreía
imaginándose a su antiguo capitán retratándose junto a los
espíritus en el "otro lado".
Absorto en los
pensamientos provocados por la nostalgia y la borrachera, el vigía
casi se cayó de su puesto por una gran sacudida que afecto a todo el
barco.
- ¡Pero que demoniosssss...! - Reyes no entendía el
porque pero parecía que habían encallado, a pesar de que él no
había visto nada en el horizonte.
Mulder empezó a ladrar y a
dar vueltas por toda la cubierta. Rápidamente salieron del interior
del barco Silver y Roca, seguidos por As y Mijok. Este último se
puso a gritar - ¡Maldito vigía borracho! ¡Acaso pretendes
matarnos!
- ¡¿Que ha pasado Reyes?! - grito Silver al vigía
pidiendo explicaciones.
- No lo se señorrr, al frente no tenia
nada cuando de repente hemos encallado, espero que no sea un rey del
mar que nos esta poniendo a prueba.
Pronto llego a la cubierta
One Piece alarmada. - ¡Capitán hay una rotura en la parte inferior
del barco, los "aposentos" de nuestros invitados se están
inundando!
- ¡Bien muchachos moveos! ¡As!, saca a nuestros
invitados y vigílales. Mijok junto a Roca intentar reparar los
desperfectos. Los demás vamos a achicar el agua del interior
formando una cadena. ¡Rápido! - La voz de Silver se lleno de la
autoridad propia de ese gran capitán pirata que se gano la fama en
los viejos tiempos. Acto seguido su tripulación se puso manos a la
obra, colaborando todos juntos para reparar su barco, como un nakama
más que necesitaba ayuda. Los gritos de ánimo no paraban de
retumbar el la tripas del Caledonia mientras cada uno libraba una
batalla personal por terminar su trabajo antes que el daño fuese
irreparable.
Después de un gran esfuerzo lograron terminar las
tareas de emergencia. Se juntaron todos en la cubierta e hicieron
reunión de grupo.
- Bueno ya hemos terminado, buen trabajo
chicos. - animo un cansado Mijok.
- A pesar de que todavía no
quedan claras las circunstancias de como encallamos. - el capitán
echo una mirada reprochando a un avergonzado Reyes.
- Parece ser
que la tierra es negra como estas aguas, tal vez por eso no lo ha
visto el viejo Reyes. – comento As mientras el ebrio vigía le
hacía una reverencia apartando el sombrero de su cabeza.
En ese
momento el capitán alzo claramente la voz, preparando a sus hombres
para el discurso.
- ¡Tripulación de los Outlaws! Nos
encontramos ante una nueva aventura, tal vez la última de algunos. -
auguro Silver. - Delante de nosotros se presenta nuestro camino, tal
vez nuestro destino ya este marcado, tal vez nuestro futuro sea
perecer en la búsqueda de nuestro objetivo. Pero una cosa os puedo
asegurar: lucharemos por nuestros valores, no desfalleceremos ante el
destino hasta que consigamos nuestro fin. ¡La nueva era esta a
nuestro alcance! ¡Y solo los valientes podremos alcanzarla! y
ahora... ¡¿Estáis conmigo?!
- ¡Si señor! - gritaron todos
juntos. Sus miradas reflejaban la ilusión y esperanza que les había
transmitido su capitán.
- ¡Entonces adelante mis bribones. A
por nuestro tesoro! - jaleo Silver a sus hombres.
Antes de partir
Silver dio órdenes a su tripulación. One Piece y Reyes se quedarían
en la retaguardia cuidando del Caledonia y esperando el regreso de
Seastone. Los demás partirían a tierra firme en busca de la tumba
de Barbarossa.
Al iniciar su marcha los piratas vieron que el
cielo estaba negro. La oscuridad reinaba en aquel lugar que parecía
maldito. El miedo atemorizaba los corazones de la compañía pero el
bravo discurso del capitán aun les daba fuerzas para seguir.
La
flora del lugar era escasa, solo arbustos secos y de muy baja altura.
Un camino que parecía artificial se adentraba a través de la senda
que continuaba hacia una pendiente rocosa. En lo alto del camino no
se veía nada, solo el vacío, pero el ojo avizor de As le puso en
alerta.
- Capitán, parece que hay algo o alguien en lo alto del
camino. - rápidamente el grupo se puso en camino hasta encontrarse
con aquel bulto sospechoso.
La imagen era dantesca, un esqueleto
con la ropa y los huesos roídos por el tiempo estaba empalado en una
gran estaca. A los pies del "vigilante" se encontraban
alrededor de 100 cráneos de distintas especies, desde ratoncillos de
campo hasta alguno humano. Una gran piedra coronaba en equilibrio la
improvisada tumba del muerto. En ella dibujada con sangre había un
número.
- El número 12, el pirata número 12. - Silver se giró
hacia sus compañeros. – Bonita bienvenida.
Continuara...
