Koraxán
3.- La devastadora tormenta.
La lluvia y el viento no concedían
tregua alguna, el cielo se había oscurecido y unas enormes nubes
negras descargaban implacablemente sobre nuestras cabezas, los
nubarrones se cernían sobre nosotros arremolinándose a nuestro
alrededor, una impenetrable bruma corría con fluidez sobre el agua.
El embravecido mar golpeaba sin tregua los flancos de nuestro
barco, las olas anegaban la cubierta empujando todo lo que se
encontrase en su camino, en cualquier momento El Espíritu del Mar
podía ser engullido por quien le daba nombre, la situación a bordo
era crítica, nuestros espíritus no aguantarían mucho más.
Yo
me hallaba en la popa del barco, atada firmemente al timón por una
gruesa maroma para evitar que el oleaje me mandase a las
profundidades marítimas, manteniendo el timón con firmeza, o
intentándolo, porque los bruscos bandazos empezaban a ganarme la
partida, mi cuerpo empapado empezaba a sucumbir al cansancio, mis
brazos entumecidos pronto renunciarían a luchar con los calambres
que los atenazaban, pero mi mente fuerte y despierta se negaba a
claudicar.
Mientras luchaba contra el enfurecido mar podía
contemplar toda la cubierta, en ella, mis nakamas se afanaban por
mantener el barco a flote, mientras parte de la carga de barriles se
precipitaba por la borda debido a una ola especialmente poderosa, y
no cesaban de entrar y salir de las profundidades del barco con cubos
llenos de agua para tratar de vaciar la sentina en la que el agua
empezaba a llegarles por la cintura. Se había instalado una pequeña
bomba dentro de la sentina pero ésta no daba a basto para expulsar
toda el agua que se filtraba, jamás habíamos estado en una
situación peor que aquella El Espíritu del Mar, obra de nuestro
buen camarada Ramsus, estaba más cerca que nunca de encontrar un
terrible final bajo las aguas.
En cubierta Ripple daba las
órdenes pertinentes para tratar de poner un poco de orden en el caos
reinante.
- Ripple- Grité.- Estamos entrando en el corazón de
la tormenta, los relámpagos y los truenos son más fuertes y
frecuentes a cada segundo, voy a virar el barco a estribor, para
tratar de bordear el núcleo.-
Tras pensarlo apenas unos
segundos, Ripple contestó:
- De acuerdo, pero procura no perder
el control, a estribor me ha parecido ver un remolino gigante, y es
lo que nos falta.-
Mientras empezaba a corregir nuestro rumbo,
con un innegable sobreesfuerzo de mis agotadas extremidades, un rayo
alcanzó el mástil principal partiéndolo de parte a parte, por
fortuna nadie estaba cerca en el momento del impacto, aunque el
estruendo nos dejó a todos sin aliento y aturdidos por un terrible
pitido que resonaba en nuestros oídos insistentemente. Ripple corría
por el barco asegurándose de que todos nos encontrábamos bien, tan
solo se habían producido algunas quemaduras leves y no se habían
ocasionado daños importantes en el casco del barco, la diosa fortuna
de nuevo jugaba a nuestro favor.
Tras varios minutos navegando en
dirección a estribor, empecé a observar que la neblina que nos
había acompañado desde que nos adentramos en la tormenta se volvía
más leve mientras que aumentaba la fuerza del viento, con júbilo
Shiron se puso a gritar que la tormenta estaba amainando que por fin
habíamos derrotado a la naturaleza.
Antes de poder replicarle,
vi como se empezaba a formar a sus espaldas un enorme huracán,
inmediatamente di la voz de alarma para que todo el mundo se atase a
sus maromas, até a Shiron a la mía ya que era indudable que iba a
necesitar mucha ayuda para salir de allí los dos nos aferramos al
timón para impedir que el viento y el mar hiciesen su voluntad. Pese
a todo nuestro esfuerzo el huracán nos arrastraba lenta pero
inexorablemente, cuando nos encontrábamos a unos ochenta metros
pudimos ver el remolino del que me había alertado Ripple, jamás en
mi vida había visto un remolino de aquellas dimensiones.
Dientes
de Sable gritó:
- Se ven dos barcos alejándose del remolino,
parecen barcos de la Marina, el más grande parece remolcar al otro.-
- Pues por mi parte ya se pueden ahogar todos.- Gritó Sinistra
mientras corría a vaciar un nuevo balde de agua.- Y deja ya de mirar
por la borda y ayuda a achicar el agua.-
- Si no esquivamos el
remolino y el huracán de poco servirá achicar el agua.- Respondió
de malos modos Dientes de Sable.
- Si tienes algún problema con
mi forma de dirigir el barco pon tu queja en el buzón de
sugerencias.- Grité.- Mientras tanto ¡TRABAJA Y CALLA!-
Sabiendo
que no podía desobedecer una orden tan directa se marchó a la
oscura panza del barco.
Se me había ocurrido una idea que
probablemente destrozara todos los mástiles del barco, pero mejor él
que nosotros. Me puse manos a la obra y empecé a girar el timón
para que el barco quedase con la popa frente a los remolinos, solté
a Shiron de la maroma para que fuese a cumplir mis órdenes, si el
barco aguantaba tal vez podríamos salvarnos.
Rápidamente Shiron
pidió ayuda a Dark Swordswoman y empezaron a desplegar todas las
velas que teníamos disponibles, con enormes esfuerzos y la ayuda de
todos los que achicaban agua con los cubos lograron atar las velas de
modo que el fuerte viento procedente del huracán nos impulsaba a
gran velocidad, pero las velas no aguantarían mucho más.
Con el
corazón palpitándome en la garganta le recé a todos los dioses que
conocía, esperaba no haber condenado a mis camaradas a una muerte
agoniosa.
Debido a la fuerza del viento los mástiles se
doblaban, si se partía alguno de repente las consecuencias podían
ser desastrosas, así que Ripple ordenó que todos entrasen en la
bodega y esperasen, sólo quedamos Dark Swordswoman, ella y yo viendo
como nuestro humilde barco agonizaba bajo la fuerza del viento.
Tras
unos pocos minutos pudimos notar que la fuerza del viento disminuía
palpablemente, las castigadas velas estaban hechas jirones pero
habían aguantado lo suficiente para sacarnos de la tormenta por el
oeste, ahora muy a lo lejos y mientras se aclaraban las nubes
podíamos ver como la tormenta quedaba a nuestra izquierda mientras
se alejaba lentamente hacia el este.
Por fin pude tenderme al
lado del timón para darle un pequeño descanso a mi agarrotado
cuerpo, mientras observaba aturdida los terribles destrozos
producidos por la tormenta y cómo mis nakamas seguían trabajando
incansables, pronto me tendría que unir a ellos y ayudar a retirar
todos los escombros de cubierta, pero mi mente merecía un pequeño
descanso.
--CONTINUARÁ--
