Eratia
Destinos confusos
El barco se acercó poco a poco a la embarcación de Eratia. Aunque este hubiera podido librarse de ellos sin ningún problema, decidió esperar, porque no vio ninguna enseña en el navío, y quería informarse de los eventos que le esperarían más adelante.
Cuando el barco de pequeño calado y la pequeña embarcación del navegante se juntaron, Eratia dio un grito.
-¡Ah del barco! ¿Hay alguien ahí?
Un hombre se asomó mientras le echaba un vistazo a Eratia.
-¿Qué eres? ¿Marine, pirata o simple mercader?
-Ninguna de las tres cosas. Soy solo un viajero que quiere saber si hay alguna dificultad en el camino.
El marinero se retiró unos momentos, y después volvió con una escalerilla de cuerda en la mano.
-¡Sube! ¡El capitán quiera hablar contigo!
Mientras caía la escalerilla, Eratia se aseguró bien la espada en la espalda y escondió en un bolsillo el dinero que tenía. Tras esto, subió por la escalerilla. Cuando terminó de escalar, vio a siete hombres esperándolo. No parecían marineros al uso ni comerciantes, sino más bien matones de bar.
Mientras tanto, el hombre que llevaba la capa roja de capitán parecía totalmente fuera de lugar. Era alguien que encajaría bien en una recepción de estado, pero no en un barco con esa tripulación.
-Buenos días.
-Encantado, señor.- El capitán llevaba un periódico en la mano, y le miraba a la cara fijamente y con seriedad.- ¿No sabe que es de mala educación entrar en dominio ajeno y saludar con la cabeza cubierta?
-Disculpe.- Eratia, sospechando una segunda intención, se llevó la mano al pañuelo lentamente, pero se lo quitó. El capitán entonces esbozó una sonrisa satisfecha, e hizo una pequeña reverencia. Eratia vio que lanzaba una mirada de soslayo a los tripulantes que tenía a su alrededor, y que hacía un pequeño movimiento con la cabeza. Avanzó un paso, mientras que el porrazo que debía haberle golpeado en la nuca le daba en la espalda, derribándolo al suelo.
-Eratia el "Maestro Navegante". Que oportuno de su parte el pasarse por aquí. Acabamos de recibir el periódico con la noticia de que vuestra recompensa volvía a estar vigente. Señores, hagan el favor de llevarlo abajo, a la habitación de "invitados".
Dos de los matones lo cogieron de los hombros y lo alzaron, momento que aprovechó el supuestamente inconsciente pirata para derribarlos con facilidad. Uno de los que estaban mas cerca de el intentó derribarlo con un palo de madera, pero bastó un puñetazo de Eratia en el pecho para desinflarle los pulmones y dejarlo en el suelo.
Los demás matones retrocedieron un momento, pero regresaron a la carga enseguida, aunque esta vez portando algunos garrotes, cadenas y barras metálicas. El único que no se movió fue el capitán, que permaneció tal cual estaba.
Dos de los hombres atacaron a la vez, pero Eratia se apartó con una voltereta y se noquearon ellos solos. Otro de los matones le lanzó un cadenazo, pero el pirata se echó para atrás mientras cogía la cadena y tiraba de ella, arrastrando así a si enemigo. Cuando llegó hasta el, lo dejó fuera de combate con un seco cabezazo.
El último tripulante le lanzó un par de golpes con una barra metálica, aunque Eratia acabó con el clavándole la empuñadura de la espada en el estómago.
En ese momento sintió un tremendo golpe por la espalda, que lo tiró al suelo y casi le hace caer por la borda. Se medio incorporó mientras una suave risa sonaba detrás suya.
-Ahora entiendo por que vuestra recompensa es tan elevada. Mis compañeros ni siquiera os han hecho sudar. Pero me habéis dejado claro que no tenéis ninguna posibilidad contra mí.
Eratia solo tosía mientras miraba a su inesperadamente peligroso rival.
-¿Eres… eres un usuario?
El capitán se limitó a esbozar una sonrisa y a extender la mano mientras una bola de aire comprimido se dirigía de nuevo hacia Eratia. Este se apartó rodando por la cubierta, mientras pensaba rápidamente. Se levantó de un bote, y en respuesta a una idea que se le acababa de ocurrir se lanzó directamente contra el.
El caza recompensas respondió a la carga con una bola de aire comprimido directamente contra el, pero solo consiguió detenerle.
"Lo que sospechaba.-Pensó el navegante- Antes me derribó porque me pilló en mala posición, pero sus ataques no tienen bastante fuerza para dañarme si los pillo bien".
El hombre decidió cambiar de táctica y empezó a generar corrientes cortantes de aire, que le hizo un corte en el brazo.
"Maldición. Este ha sido solo superficial, pero si me da unos cuantos más como ese estoy muerto. Tendré que recurrir a algún truco."
-¿Puede hacerme el favor de acabar ya?
-Como quieras.- Eratia desenfundó la espada y la sostuvo por encima suya mientras la sujetaba con la otra mano por la zona de la hoja.- ¿Estas preparado?
La espada salió lanzada hacia el capitán, que para intentar evitar ser empalado lanzó una serie de ataques de aire que la hicieron salir para atrás. Cuando fijó la vista en su rival, vio que lo tenía encima y le estaba estampando el brazo en la cara mientras le sujetaba con la mano la camisa. Sintió que todas sus fuerzas le abandonaban, y un golpe seco en el estómago lo dejó en el suelo.
-¿Ka… Kairouseki?
Eratia se sobó el brazo mientras miraba al hombre tirado en el suelo.
-Aparte de otros compuestos, mis tatuajes están hechos con ese material.- Recogió la espada del suelo y cortó la cuerda que sostenía la vela. Acto seguido bajó de un salto a su barca y se alejó de aquel barco.
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Eratia contempló alejarse el barco mientras sacaba del bolsillo el periódico que había cogido del barco. En las páginas centrales había un par de postines de busca y captura, pero ninguno importante. Buscó hasta que encontró la noticia que le interesaba.
- Se anuncia que se ha reactivado la orden de busca y captura por Eratia "el Maestro Navegante". Se le busca por los crímenes de Motín, Traición contra la Marina, Dirección de los levantamientos que acabaron con los capitanes Ned Freman y Erkam Shen, Asalto y destrucción del centro de investigación científica de East Blue y Causante del desastre de Picos Ocultos. Se le busca vivo y…
Eratia soltó bruscamente el periódico y lo arrojó al mar, mientras que su mente regresaba al pasado, a uno de las épocas más felices de su vida
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-¡Hakurón! ¡Hakurón!
Una mujer se acercó a el, intrigada por el escándalo.
-¿Qué pasa, Eratia?
-Estoy buscando al vago de espadachín que tenemos, que me tenía que ayudar con las velas. ¿Sabes donde se ha metido?
-¿Linki-chan? No lo he visto desde hace un rato.
-¿Donde rayos se habrá escondido?-Una vena le latía peligrosamente en la frente.- ¡LIN-KA-IN!
Del interior del barco se escuchó una pequeña explosión, y unos minutos después salió un hombre bastante chamuscado.
-¡¡¿¿Quien demonios ha lanzado ese grito??!!
La capitana intervino para calmar los ánimos.
-Tranquilízate, Taanis. Y tu también Eratia.
-Muy fácil decirlo, Senka. A ti no te han echo pegar un bote y te han reventado un bote de explosivo en la cara.
Senka levantó la mano en una mueca amenazadora, que hizo que los dos se callaran. Después, puso una voz tierna y llamó.
-¡Linkiii-chaan! ¿Puedes venir un momento, por favor?
-Siii, Senka.
El hombre al que Eratia llevaba buscando una hora bajó del mástil ágilmente, mientras que Eratia se sulfuró al verle bajar. Iba a llamarle de todo, pero un gesto de su capitana le hizo ver que no sería muy inteligente.
-Hakuron. ¿Sabes que te tocaba arreglar las velas hoy con Eratia?- Sonrisa dulce.
-Esto... Si, ¿Por?
La patada que recibió lo estampó contra el otro extremo de la cubierta.
-¿PUES ENTONCES POR QUE NO LO ESTÁS HACIENDO?
-Da miedo T.T.
-Totalmente de acuerdo, Taanis.
De pronto, una brisa empezó a soplar, y el olor del humo empezó a llegarles.
-¿Que ocurre?- Dijo un aturdido Hakurón mientras se sobaba la cabeza.
-No lo se...
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En este momento una brusca sensación sacó a Eratia de sus recuerdos. La sensación persistía, y se centró unos segundos en su habilidad.
-Esta corriente me puede desviar.- Se concentró unos segundos en las aguas circundantes para buscar un modo de escapar de aquella inesperada corriente. Tardó unos segundos en localizar una manera de salir, y la puso en práctica unos instantes después.
-Buff, será mejor que deje de divagar y me centre en el camino.
Unas horas después el piloto llegó a una pequeña isla. Estaba cerca de la "Isla de Barbarrosa", lo bastante cerca para que los Marines no se acercasen, lo que la convirtió en el lugar perfecto para esconder el "Zafiro de las Olas".
Cuando la embarcación tomo tierra, Eratia empezó a mirar alrededor, inquieto. Sus sentidos le indicaban un enorme poder marino fuera del agua.
-¿Como puede ser? Solo he sentido algo por el estilo cuando estaba cerca de Kairouseki, pero nunca a esta escala.
La sensación empezó a oscilar, aumentando y disminuyendo, hasta que desapareció al poco.
-¿Que demonios pasa aquí? Si se suponía que nadie se acercaba a esta isla... Será mejor que eche un vistazo, porque como le pase algo al barco... Senka me mata.
