Ramsus

Leviatán

- Era como… un… fantasma… -una fatigada y grave voz llamó la atención de Ramsus. Aún con lágrimas en los ojos, pudo ver como a unos cinco metros de donde se encontraba al lado del cuerpo sin vida de Kitakaze, un marine ensangrentado alzaba su brazo de forma temblorosa. Su vida se le escapaba de entre los dedos a toda velocidad. El vicealmirante corrió hacia él y agarró su mano con fuerza.
- Señor... El capitán… luchó como nunca. Le… golpeó… de lleno cinco… veces con… su martillo. Pero… no… -el soldado comenzó a toser sangre de forma compulsiva.
- Tranquilo soldado, no es el momento de forzarse…
- Señor –el moribundo marine interrumpió de repente a Ramsus- Es in… invencible…

El mar estaba comenzando a embravecerse por momentos. No parecía que fuese a llegar ninguna tormenta a pesar de que estaba nublado, y el viento seguía soplando con la misma fuerza desde hacía horas, pero las olas habían empezado a golpear la pequeña embarcación de forma extraña desde hacía un rato, haciendo que se balancease más de lo normal.
Sin embargo, Ramsus no hacía excesivo caso a esos detalles. Llevaba más de un día en aquel pequeño bote, navegando en la misma dirección hacia, de momento, ninguna parte. Sus ojos, que reflejaban tristeza, rabia y cansancio, no se despegaban del horizonte ni por un instante. Era como si allí, en aquella línea recta que separaba el cielo del mar se encontrase una respuesta que no lograba descifrar. Una respuesta a todo lo que había sucedido.
En ese momento, el bote avanzaba lentamente, empujado tan solo por la fuerza que ejercían los dos remos movidos por Ramsus. Había decidido dar descanso a la pequeña réplica en miniatura del Éolos del Saint Andrews que el propio vicealmirante había instalado en el bote a modo de prototipo de pruebas y que, hasta el momento, había funcionado a la perfección. El frenético torbellino de pensamientos, recuerdos, ideas y sentimientos que apabullaba su cabeza desde que había abandonado su preciado barco, desapareció súbitamente cuando sintió como la embarcación era víctima de la fuerte embestida de una ola, haciendo que las maderas crujiesen y que el propio Ramsus perdiera su cómoda posición de remo por la sacudida y acabase empapado de agua.
Durante unos instantes, y ya pasado el susto, el bote recuperó su posición horizontal sobre el mar y Ramsus se quedó de pie, con los remos en las manos, mirando a su alrededor. Tras presenciar atónito cómo la mar se serenaba en cuestión de segundos ante sus ojos, soltó los remos y se secó con la manga de su camisa el agua de la cara, hasta que notó algo áspero pegado en su mejilla.

- Señor, ¿está seguro? El Martillo del Templo es una reliquia de la marina. Una de las mejores creaciones del Dr. Vegapunk.
- Eso no me importa en absoluto. En todo el tiempo que llevo en el ejército, jamás vi a nadie manejarlo con la destreza con la que lo hacía el capitán. De modo que él y solo él se ganó el derecho a poseerlo como suyo, y con él se irá. –El vicealmirante Ramsus hablaba con el teniente Cliff un tono muy serio mientras se movía de un lado para otro en la cubierta, organizando en persona los preparativos del funeral de sus hombres asesinados. A pesar de su actitud marcial, todos los presentes sabían que aquello no era más que una forma de olvidar la inmensa tristeza que lo atenazaba- Si ese arma tiene que ser empuñada por otras manos, que sea el mar quien lo decida.
- Como ordene… Señor… -el sargento, mirando al vicealmirante con gesto extrañado, se tocó la mejilla derecha con la mano- tiene… en la cara.
Ramsus imitó el gesto de su subordinado y pudo notar como su mejilla estaba mojada. Al mirar sus dedos, pudo ver sangre. Tras un breve instante de sorpresa, como guiado por una fuerza que lo atraía, siguió lentamente con la mirada una fila de tablones de la cubierta, hasta que lo encontró: El cuchillo de Kid se encontraba clavado hasta la mitad en uno de ellos. El vicealmirante lo miró fijamente y murmuró unas palabras casi inaudibles.
- No lo vi venir…

Habían pasado diez minutos desde el golpe de la ola contra el bote y todo parecía haber vuelto a la normalidad, pero Ramsus podía notar una fuerte tensión en el ambiente, que lo hacía sentirse profundamente intranquilo. Apretando los remos con fuerza, no paraba de mirar a todos lados, como si algo o alguien le estuviese vigilando desde alguna parte. De pronto, el mar volvió a crisparse sin previo aviso, pero esta vez de forma mucho más preocupante que la anterior. Unas olas de casi cuatro metros surgieron de la nada, y tres de ellas, casi seguidas, golpearon la pequeña embarcación que Ramsus logró mantener a flote dando lo mejor de sí mismo. El cansancio acumulado y su propio ensimismamiento habían hecho que no se percatase de lo que se avecinaba hasta que ya no había forma de evitarlo, y para cuando se quiso dar cuenta de lo que ocurría ya era demasiado tarde. El marine soltó los remos y, poniéndose de pie, desenvainó su espada con gesto de reproche a sí mismo. Aferró la empuñadura con fuerza, ajustó las correas de su mochila a la espalda y se preparó para lo inevitable… hasta que lo inevitable apareció.
Ante sus ojos surgió lentamente una gigantesca columna de agua que se elevó cerca de veinte metros sobre la embarcación. Esta se detuvo unos instantes y, súbitamente, todo el agua que la formaba cayó de forma violenta, empapando a Ramsus de pies a cabeza. Sin embargo, el problema no era esa columna de agua, sino el inmenso Rey del Mar que la había provocado al sacar la mitad de su cuerpo a la superficie. De colores verde y amarillo intensos, sus escamas relucían de forma tétrica al ser alumbradas por los escasos rayos del sol que atravesaban la capa de nubes. En su rostro, que se asemejaba al de una especie de roedor, destacaban sobre todo los inmensos dientes frontales que partían de la parte superior de su mandíbula hacia abajo en línea recta, unos largos y estirados bigotes y sus enormes, redondos e inexpresivos ojos negros, que se cruzaron con los del marine durante un instante, en el que el mundo pareció detenerse alrededor suyo.
Como un resorte, el inmenso monstruo marino se abalanzó contra el bote con su boca abierta. El vicealmirante tan solo pudo agacharse como acto reflejo y, gracias a los cielos, el Rey del Mar pasó sobre él proyectando su inmensa sombra sobre el bote durante un segundo antes de hundirse estrepitosamente en el agua. La fuerza con la que había caído propició que una ola se levantase arrastrando consigo la pequeña embarcación durante unos quince metros a toda velocidad.
- Esos ojos… son tan inexpresivos que es imposible predecir sus movimientos. -pensó Ramsus mientras aprovechaba el instante de respiro para recuperar la postura sobre el bote- por suerte tampoco parece ver muy bien con ellos…
Justo en ese momento, el monstruo volvió a aparecer muy cerca del punto donde se había hundido y, tras divisar de nuevo a su presa, se abalanzó como un rayo. Pero esta vez Ramsus había tenido tiempo de prepararse.
- Fleeting Thrust… AURORA!! –encadenado precisos movimientos a una vertiginosa velocidad, la figura de Ramsus comenzó a volverse borrosa y desde su posición empezó a surgir una lluvia de estocadas en el aire, haciendo que el Rey del Mar detuviese su ataque en seco tras recibir varios pinchazos por toda su cara en apenas un segundo, justo cuando estaba a punto de alcanzar a su objetivo. Dolorido, pero sin emitir sonido alguno, el gigantesco monstruo se refugió bajo el agua de los ataques, haciendo que la barca avanzase un poco más, pero a menor velocidad.
El vicealmirante sabía que acababa de ganar unos segundos preciosos y trató de aprovecharlos al máximo. Rápidamente agarró con su mano libre una gruesa anilla que sobresalía del motor que movía el sistema de avance del bote y tiró fuertemente de ella, arrastrando consigo un tenso cable de acero con el cual la hélice posterior comenzó a desplegarse, al igual que sucedía con el sistema Éolos del Saint Andrews. Con un nuevo tirón, el sistema de empuje comenzó a girar cada vez más rápido. Justo cuando Ramsus comenzaba a esbozar una sonrisa de triunfo, sintió como una intensa sensación de incomodidad invadía su cuerpo y por acto reflejo tomó impulso con sus piernas y saltó a gran altura sobre el bote, mientras a un metro bajo sus pies una inmensas fauces presididas por dos enormes y rectangulares dientes frontales se cerraban haciendo añicos la pequeña embarcación.
Ramsus apretó los dientes de rabia al ver como el pescado gigante destrozaba su preciado bote bajo sus pies, y aprovechando la caída, giró sobre su mano la espada hasta poner la punta hacia abajo.
- Falling Thrust… CREPÚSCULO!! –la estocada de Ramsus fue certera y se clavó en la frente del Rey del Mar, pero apenas pasó de ser una herida molesta en la cara. De nuevo, sin emitir sonido alguno, el gigantesco monstruo agitó violentamente la cabeza haciendo que el marine se moviese en el aire como un pelele aferrado a su espada, hasta que ésta se soltó de donde se había clavado y el vicealmirante salió volando varios metros con la espada en la mano mientras giraba de forma caótica hasta estrellarse finalmente contra el agua.
Todo parecía ir más lento y confuso. No sabía si se encontraba arriba o abajo, subiendo o bajando, o tan solo girando sin control, completamente abrumado y perdido en la inmensa nube de pequeñas burbujas que lo rodeaban por todas partes… Abriendo la boca al máximo, Ramsus consiguió sacar la cabeza a la superficie, aun bastante aturdido por el golpe. Tras unos instantes de recuperación, el vicealmirante buscó con la mirada a su adversario al que no le fue difícil encontrar.
- No me lo puedo creer… -ante la mirada atónita de Ramsus, el gigantesco Rey del Mar sujetaba con sus dos pequeñas aletas una de las tablas más grandes del bote que habían sobrevivido al ataque mientras la mordisqueaba a toda velocidad. Sus ojos estaban casi cerrados y su cara reflejaba una inmensa felicidad.- ¿Entonces su objetivo no era yo?
Pero de pronto el monstruo terminó de roer la tabla y al reparar en la presencia de Ramsus se lanzó a por él salvajemente.
- DECÍDETE DE UNA VEZ!!! –gritó Ramsus mientras se sumergía para esquivar el nuevo salto de su rival. Sin embargo, bajo el agua el monstruo marino jugaba con demasiada ventaja y, antes de que el marine pudiese reaccionar, la inmensa boca abierta del enorme pez estaba apenas a un metro suyo. Pero de nuevo la escasa vista del Rey del Mar le jugó una mala pasada, haciendo que sus fauces se cerraran antes de alcanzar a Ramsus, que sin embargo no pudo evitar la tremenda embestida de su contrincante, el cual lo golpeó en el pecho con toda la fuerza que llevaba su empuje, haciendo que el marine abriese la boca tiñendo el agua de color rojizo, a la vez que se introducía en sus pulmones. Por si fuera poco, el titánico pez-ratón giró violentamente y golpeó de lleno a su víctima, asestándole un potente coletazo.
Apenas podía ver nada. Sus pulmones se estaban llenando de agua y sus huesos habían sido machacados por los golpes. Casi no podía moverse, no podía pensar, no podía respirar, no podía luchar… no podía sobrevivir. Justo cuando a través de sus ojos comenzaba a verlo todo de color rojo pudo ver una sombra que se dirigía directa hacia él, dispuesta a darle su final. Entonces, entre el rojo y el negro de sus pensamientos, una pequeña luz blanca en forma de recuerdo surgió para salvarlo: "Ese bicho no ve bien". E impulsado por una fuerza casi sobrenatural, Ramsus se hundió hacia abajo para que el Rey del Mar lo superase en su carga, tal y como finalmente sucedió. Y con una certera estocada, logró acertar en la parte baja de la mandíbula del monstruo, que al sentir el dolor arrastró al vicealmirante consigo.
Los dos enemigos se elevaron casi diez metros por encima del agua y el marine pudo volver a notar el revitalizante aire llenando sus pulmones, que lo imbuyó de una energía casi milagrosa. Miró hacia arriba con gesto de rabia y con su mano libre agarró con fuerza uno de los bigotes que partían de las mejillas del pez, y lo utilizó para impulsarse de forma acrobática hasta lo alto de su cabeza, donde acabó sentado de forma inapelable. Ya daba igual cuanto forcejeara su adversario o que se hundiese en el agua de nuevo. La victoria era suya y ya nada ni nadie podía evitarlo. Saboreó por un instante el momento y, con una certera estocada atravesó el cráneo del monstruo que, tras quedarse paralizado por un momento, cayó pesadamente sobre los restos esparcidos del bote de Ramsus salpicando una cantidad enorme de agua.
El vicealmirante sonrió victorioso, mirando al horizonte, cuando todo se volvió finalmente negro, las fuerzas se le agotaron y se derrumbó sobre la inmensa cabeza de su enemigo muerto. Y así fue como los dos adversarios comenzaron a hundirse poco a poco en las oscuras aguas del mar…

[center]---------------------------------[/center]

- Señor, está despertando! –con los ojos entreabiertos, Ramsus pudo distinguir que la voz que acababa de oír pertenecía a una de las dos borrosas figuras que se encontraban agachadas a su lado. No sabía qué había sucedido, donde se encontraba ni como había llegado hasta allí, pero podía sentir una leve brisa en la cara y la rigidez de la madera en su espalda, que vibraba al ritmo de unos pasos que se acercaban pesadamente hacia donde se encontraba tumbado. Entre las dos figuras apareció otra más grande, justo frente a él.
- ¿Sabes? No me gustaría que comenzase a convertirse en una costumbre eso de encontrarte medio muerto flotando en el mar, muchacho. JAJAJAJA!! –dijo riendo una voz familiar. Ramsus tosió un par de veces y tan solo pudo murmurar levemente unas palabras.
- G… ¿Ghorrhyon? ¿Eres tú?

Y de nuevo volvió a caer inconsciente.