"Las siete cadenas"
Autor: miki
DISCLAIMER: Los personajes de Magical Girl Lyrical Nanoha y Harry Potter y que aparecen en esta historia no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores.
Capitulo 1
Una vez más el joven de cabellos negros se encontraba en un lugar desconocido, de nuevo se sentía fuera de lugar como si no perteneciera a este sitio y aún así sabía que tenía una razón para estar en ese lugar, en ese momento preciso.
Sus ojos observaron el lugar donde se encontraba, con un simple vistazo ya se percató de que se encontraba en un dormitorio de gran espacio, las paredes estaban hechas de piedra maciza al igual que las casas hace siglos o también la de un castillo. Los muebles parecían estar hechos con las maderas de mejor calidad posible, al igual que el tallado de los adornos en la madera eran exquisitos; la calidad de las sabanas en la cama y las cortinas de la habitación eran de primera calida, sin duda alguna quien residía en esa habitación era de familia adinerada o pertenecía a algún tipo de nobleza.
En una de las mesillas algo llamo la curiosidad al joven moreno, un objeto que destacaba en esa habitación. Era un pequeño objeto cilíndrico, alargado y metálico. En la parte superior del objeto se podía una estrecha línea que casi recorría toda la longitud del cilindro y que parecía estar hecha de un material similar al vidrio.
Casi parecía un artefacto tecnológico muy avanzado o por lo menos demasiado avanzado en comparación con el resto de la habitación, que no mostraba ningún signo de artefacto electrónico y que parecía la habitación típica de una civilización que apenas ha tenido ningún avances tecnológicos.
Sin embargo el joven sabía mejor que llegar a una conclusión tan rápido, las apariencias pueden engañar muy fácilmente.
La puerta de la habitación se abrió atrayendo la atención del joven. Por la puerta entraron dos figuras una de ellas era una niña de unos ocho años, la otra era una mujer a finales de sus años cincuenta y como paso la vez anterior su presencia parecía desapercibida para los recién llegados.
–Princesa, por favor debe tener más cuidado, no debe mostrar todas sus habilidades… Se va a poner en peligro.–
La niña considero en silencio las palabras de su sirvienta.
–Te equivocas, actualmente soy de más valor para ellos. Teniendo grandes habilidades de lucha, que teniendo las capacidades de un guerrero corriente.– los ojos bicolores de la niña mostraban una sabiduría más allá de los de los de sus años. – Ahora que me han acogido y han observado mis habilidades intentaran ponerme en contra de mi familia, mi país, mi gente… En cambio si no le hubiera mostrado mis habilidades como luchadora, mi presencia les habría sido de poca utilidad; no poseo ningún conocimiento de algún secreto sobre nuestro reino y mientras este en este reino mi acceso personal a la cuna será denegado… Podrían amenazar a mi padre con mi asesinato, pero mi padre desde el día que me envío, ya sabía que a lo mejor me tenía que sacrificar por el bien del reino. Sin embargo con el tiempo si gano su confianza, tal vez pueda ganar información.–
La sirvienta miró con compasión a la princesa, ninguna niña tenía que tratar por lo que estaba pasando esta pequeña… Sus ojos uno verde y otro de color carmesí que hace menos de dos años lo único que reflejaban era la felicidad de una niña normal de su edad, en un transcurso tan corto de tiempo habían perdido toda su vitalidad; sustituidos por una mirada profunda que parecía analizar todo lo que ocurría y así utilizar la información para conseguir sus propios fines. Aún así había algo que no había perdido sus ojos, era el brillo de amabilidad que tenía en ellos, aún ahora que se había convertido en un rehén político.
Una sonrisa agridulce se formo en la cara de la sirvienta, verdaderamente ningún niño debería pasar lo que estaba pasando esta niña. Su boca se abrió pero no para hablar sino para entonar una hermosa melodía, al mismo tiempo que acariciaba con cariño el pelo rubio de la joven princesa.
Los ojos de la joven princesa se ablandaron y humedecieron, la máscara que había creado temporalmente fue desechada, pareciendo una vez más la niña de seis años que la sirvienta una vez conoció. Los pequeños brazos de la pequeña rodearon a la sirvienta y esta devolvió el abrazo con fervor.
Aunque fuera por poco tiempo su pequeña, la hija de su querida señora estaba de vuelta y aunque sabía que nunca volvería a ser la de antes juró que se encargaría de que la pequeña jamás perdiera esa inocencia y bondad que tanto la caracterizaba.
–Olivie…– susurró el moreno que se había acomodado en una de las esquinas de la habitación, observando en silencio la escena que se había revelado ante él. El muchacho le costaba creer que esa niña, era la misma joven que había visto no hace tanto tiempo; no por su edad, si no por sus ojos. La otra vez que la había visto sus ojos aunque llenos de una tristeza inmensurable, también estaban decididos, no había ni una pizca de duda en su mirada. En cambio esta niña sus ojos estaban apagados, sin vida; como si fuera una máquina sin sentimientos.
El moreno se preguntó que ocurriría a esta niña en el futuro, para que sufriera un cambio tan grande y que se convirtiera en la guerrero decidida que vio en el pasado. Un suspiro escapo del joven como la habitación y sus ocupantes comenzaron a desvanecerse en la oscuridad.
–Ya comenzamos… –
Y finalmente la oscuridad también lo engulló a él.
Tsubaki Diermissen es una joven que acaba de cumplir los quince años y aunque ambos de sus padres eran japoneses sus antepasados procedían de Alemania. Hacía varias generaciones su familia se traslado a Japón a vivir, en la ciudad de Kyoto la antigua capital japonesa y durante todo este tiempo los miembros de su clan siempre conservaron su apellido. Su familia que anteriormente era numerosa, actualmente ella era la única que quedaba.
Ella que había heredado el gran legado de su familia y con ese legado, también heredó la gran carga que le acompañaba.
–Señorita Diermissen…– una voz profunda habló. –parece que mis clases le son aburridas. Supongo que la razón es que comprende perfectamente lo que estoy explicando, así que no le importará resolver esta ecuación para todos nosotros.–
Tsubaki suspiro de forma inaudible los profesores siempre la habían tenido aversión, en ninguna de sus clases parecía poner atención y siempre sacaba las mejores calificaciones. Algo que siempre parecía molestar a los profesores, siempre intentaban hacerla fallar con preguntas más complicadas, preguntas pertenecientes a cursos superiores. Sus compañeros también la despreciaban, aunque en apariencia siempre la alababan y por detrás hablan mal de ella. Los chicos lo único que querían es salir con ella por su belleza, pero a ella no le tenía importaba… los susurros, insultos encubiertos, miradas despectivas todo daba igual.
La joven se levantó, permitiendo que su cabello moreno fluyera libremente por su espalda hasta llegar a la cintura; con su mano apartó un mechón de pelo que incomodaba su visión, mientras contemplaba la complicada ecuación que estaba escrita en la pizarra. Sin necesidad de calculadora en su mente Tsubaki comenzó a resolver la ecuación, al llegar a la pizarra ya había resuelto el problema… ignorando completamente la mirada de su profesor que esperaba que fallara en la respuesta.
Cogiendo la tiza comenzó a escribir el resultado del problema, podía sentir como la mirada de su profesor se oscurece al comprobar como iba resolviendo correctamente la ecuación.
–Aburrido…- no pudo evitar susurrar Tsubaki como acaba de terminar la respuesta a la ecuación correctamente para el desagrado de su profesor. Todos los días eran lo mismo para ella, las horas parecían pasar lentamente y tortuosamente. El mundo alrededor de ella parecía carecer de vida, todo lo veía en blanco y negro como si fuera una película antigua y aunque se percataba de lo que ella consideraba importante, lo demás lo olvidaba inmediatamente. No conocía el nombre de nadie en esta escuela profesor o estudiante, daba igual para ella, ellos no eran verdaderamente importantes. Incluso ahora para ella simplemente sus caras son manchas borrosas, no le era necesario recordarles.
Su vida solo tenía un propósito y lo demás no importaba.
Su cuerpo se paralizó al sentir como una presencia extranjera se manifestaba en la clase, lentamente se forzó a girar hacia el origen de aquella presencia desconocida. Mientras se giraba Tsubaki sentía como una capa de sudor frío había envuelto su cuerpo, sus manos se sentían heladas, ¿quién era esa persona que su misma presencia le hacía reaccionar de tal forma?
Finalmente de lo que para Tsubaki consideró ser una eternidad, pero que en realidad eran unos segundos; pudo encontrarse con el origen de su malestar. Cuando sus ojos se posaron en aquella persona desconocida, el color pareció volver al mundo, podía volver los rasgos de las caras de sus compañeros de clase y su profesora. Era como si un velo que hubiera llevado atado en sus ojos le fuera arrancado, para permitirla ver el mundo con libertad una vez más.
La visión se le comenzaba a hacer borrosa a la pelinegra, lo único que podía distinguir con claridad era esos ojos dorados y un par de mechones de pelo carmesí que cubrían esos ojos que la miraban de una forma que ella no sabía interpretar.
Llevaba tanto tiempo suprimiendo sus sentimientos que apenas podía diferenciarlos.
–¿Ocurre algo, Prinzessin?– susurró la joven de ojos dorados en el oído de Tsubaki.
Pero la pelirroja no recibió respuesta ya que la morena había perdido el conocimiento cayendo en sus brazos.
–Cuanto problemas me das kleine Prinzessin.–
Con ella en brazo la joven de pelo carmesíes comenzó a dirigirse hacia la salida ante la miradas atónitas de los demás alumnos de la clase, sin embargo fue interrumpida por una mano que sujeto con fuerza su hombro. Los ojos dorados miraron levemente a la causa que le impedía seguir su camino, para luego que sus ojos se posaran sobre la profesora que se atrevía a interrumpir su salida.
–Eres valiente Meine Dame, sin embargo te aconsejo que me permitas seguir mi camino o tendrás que atenerte a las consecuencias.– los ojos dorados parecían resplandecer siniestramente, provocando un estremecimiento de la profesora que se veía incapaz de pronunciar ninguna palabra y con gran rapidez como sí el cuerpo de la pelirroja estuviera ardiendo aparto su mano permitiendo que siguiera su camino.
–Parece que me equivoque Meine Dame eres una cobarde…– esta vez sus ojos miraban con burla, ridiculizándola con esa mirada juguetona. – un maestro verdadero, estaría dispuesto a sacrificar la vida por sus estudiantes, Auf Wiedersehen!
Y con esas últimas palabras abandono la clase con la morena en sus brazos.
En el jardín de la madriguera, sentado y apoyándose en el árbol más antiguo que poseía el terreno de sus amigos, se encontraba Harry con sus ojos cerrados, se encontraba adormilado y se había separado de sus amigos para disfrutar un poco de la soledad; evitando así el bullicio constante que parecía haber en la casa de su mejor amigo. Aquí se encontraba relajado, solo escuchando el movimiento de las hojas por la culpa del viento y las corrientes de aires que acariciaban su piel refrescándolo.
Los minutos pasaban el moreno se encontraba completamente relajado, disfrutando completamente del ambiente tan tranquilo en que se encontraba. Sin embargo pronto esa tranquilidad fue interrumpida unos pasos se acercaban a su posición.
El ojiverde abrió sus ojos perezosamente esperando encontrar a alguno de sus amigos, pero se equivocaba la persona que se acercaba a él le era desconocida, aún así tenía una extraña sensación como si lo había visto anteriormente, un extraño sentido de familiaridad y confianza. Estaba seguro que podía confiar en esta persona aunque fuera la primera vez que lo había visto.
Era un hombre que parecía haber pasado recientemente la mediana edad por lo tanto tampoco era tan mayor el ojiverde calculó que debería estar alrededor de sus sesenta años, su pelo corto es de color grisáceo al igual que el de su barba que mantenía bien cuidada, su cara apenas tenía alguna clase de arrugas y sus ojos castaños le miraban con una cierta cantidad de entretenimiento.
–Vaya creo que he venido en un mal momento, y yo que pensaba que disfrutarías de algo de compañía.–
Harry Potter tenía la sensación de que a pesar de sus palabras, el hombre había elegido venir en este momento aún sabiendo que deseaba estar solo. El anciano se sentó en una gran piedra cerca de Harry y lo observaba como si consideraba sus siguientes movimientos.
–¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?–
El hombre masajeo su barbilla.
–Puedes llamarme Zelretch…– sonrió divertido. –y en cuanto al porque esto aquí, digamos vengo cumplir la promesa de una vieja amiga.–
El moreno se enderezó y observo con una mezcla de curiosidad y extrañeza.
–¿Qué tengo que ver yo con eso?– preguntó el ojiverde mientras se masajeaba las sienes, de alguna forma estaba seguro que este hombre le iba a dar a muchos problemas y aún así no podía evitar confiar en él.
–Prometí a mí amiga buscaría a alguien a quien necesitara la misma ayuda, que ella necesito una vez. Alguien que fuera digno de recibir mi conocimiento sobre este mundo y guiarle hasta que pueda hacer sus propias elecciones, ¿Eres tú esa persona o te tendré que destruir por malgastar mi tiempo?–
Harry se estremeció ante la mirada del hombre de mayor edad, esos ojos de color café mostraban una profundidad que parecía amenazar con absorberlo. La sonrisa que siempre había llevado el hombre desapareció añadió más tensión al ambiente.
Inconscientemente el moreno retrocedió unos pasos (ni siquiera se había percatado de que se había puesto de pie) cuando Zelretch se acercó a él, cerró con fuerza sus ojos al ver como la mano del hombre se acercaba a él sin saber que esperar.
Entonces lo sintió su pelo indomable fue revuelto cariñosamente por el hombre, dejando sin habla al ojiverde.
–Ja, Ja, realmente eres igual que ella.– comentó su voz completamente llena de humor y rompiendo así el ambiente tan tenso que se había formado. –Tan fácil de embromar.–
Lamentablemente el moreno no considero tan divertido lo que acaba de ocurrir, su mente pensando mil formas diferentes para vengarse del hombre mayor.
–Bueno nos veremos aquí mismo en dos días, estoy seguro que para entonces veras este mundo desde una nueva perspectiva.–
–Un momento yo nunca he dicho que aceptaba tu ayuda.– protesto el ojiverde todavía molestado por la broma de su futuro mentor.
Zelretch ignoró las palabras del moreno y comenzó a abandonar el lugar. Harry suspiró con frustración ante las acciones de Zelretch que lo había ignorado completamente y extrañamente esperaba con ansia el nuevo encuentro con el hombre mayor, no que alguna vez lo reconocería en voz alta.
–¡Harry! ¡Harry! ¿Dónde estas?–
Harry gimió al escuchar la voz de sus amigos, ahora se preguntaba que es lo que tenía que decirles, quería mantener la reunión con Zelretch en secreto. Maldijo a Zelretch por meterle en estas situaciones y sabía que solo era el primero de los problemas que iba a darle.
Nanoha se sintió atontada, su cuerpo se sentía entumecido ante la noticia.
Seis meses…
Durante seis meses tenía que abandonar su hogar, para ir a un lugar desconocido solo para realizar un entrenamiento especial. No podría tener contacto con ninguna de sus amigas, la imagen de Fate apareció brevemente por su mente, tampoco podía llevar a Raising Heart con ella.
Por primera vez en su vida Nanoha comenzó a sentir resentimiento contra su padre y sus ilógicas acciones.
Con ira comenzó a empaquetar su ropa en la maleta, a la mañana siguiente saldrían para su destino sea cual sea ese lugar en donde sería separada de sus amigos y su familia durante tanto tiempo.
¿Por qué? ¿Por qué ocurría esto?
La castaña ya no pudo retener más las lágrimas que cayeron libremente por su cara y se permitió llorar libremente. En ningún momento notó la figura de su padre en la puerta de su habitación su cara grabada con una tristeza interminable.
Al día siguiente una hora antes del amanecer el patriarca de la familia Takamichi observaba a su invitada en silencio después de haber explicado sus acciones del día anterior.
–Tú eres tonto…– declaró Rika mirando incrédulamente a Shiro. –Me acabas de demostrar que eres un completo idiota, realmente le dijiste a tú hija que se iba a entrenar fuera de la ciudad durante seis meses. En un lugar donde no podría comunicarse con sus amigos y no le diste ninguna razón del porque la mandabas a ese lugar. Definitivamente eres idiota.–
Shiro suspiró frustrado y agotado, realmente no quería haberle comunicado de esa forma la noticias a su hija, sin embargo después de haber visto a la castaña por primera vez en tantos años y que le revelara tantas cosas le puso sobre el borde, desgraciadamente fue su hija quien sufrió descargando en ella la frustración que sentía.
–Tienes razón mi forma de comunicar las noticias a mi hija fue estúpida e imperdonable.– concordó Shiro mirando con seriedad a su invitada.
Rika sonrió levemente ante la contestación de Shiro realmente no había cambiado tanto.
–Venga, venga, no exageres… Solo tienes que pedir disculpas a la pequeña Nanoha y todo resuelto, recuerda que nadie es perfecto y que una pequeña riña entre padres e hijo no es nada raro.– le consoló la castaña.
–Aún así…–
Rika se encogió levemente pensando que Shiro estaba exagerando demasiado la situación, pero ella tampoco tenía hijos así que tampoco opinar realmente.
–Cambiando de tema… No esperaba que nos llamaras para entrenar a Nanoha, ¿Por qué has cambiado de opinión?–
–Tenías razón, he perdido mucha habilidad y tardaré tiempo recuperarla. Vosotros sois los mejores preparados para hacerlo.– reconoció de mala gana el anterior guardaespaldas.
–Veo que estas entusiasmado ante la idea deque entrenemos a tu hija.– murmuró con sarcasmo Rika ante el tono usado por Shiro.
–Solo hago lo que creo mejor para mi hija.–
La castaña sacudió la cabeza entretenida.
–Realmente te pareces a él… Sois igual de protectores con aquellos que os importan y también sois igual de cabezotas.– comentó con una sonrisa dulce y angelical.
Shiro enterró la cabeza entre sus manos, realmente odiaba ser comparado con esa persona. Encima ahora la castaña estaba en ese humor juguetón en la que si no la tratas con cuidado podría ser muy peligroso para tu salud mental.
–Me pregunto Nanoha como será, después de todo ella será mi estudiante principal. Aunque te aseguro que la cuidaré muy bien.– la sonrisa de Rika se había agrandado al pensar en sus planes para los próximos meses.
Shiro palideció ligeramente, conocía perfectamente a la castaña y sabía que perfectamente que durante estos años no habría cambiado, la preocupación por el bienestar por su hija aumentó.
–Eso no me tranquiliza…–
El patriarca de la familia Takamichi palideció aún más que lo que estaba hace unos momentos, creía que había susurrado su comentario lo suficientemente bajo para que Rika no se enterara; pero parece que no fue lo suficiente bajo. La luz en el cuarto comenzó a disminuir de intensidad, a continuación se pudieron escuchar unos escalofriantes pasos en toda la habitación y luego el sonido del tintineo de unas cadenas puso la piel de gallina a Shiro. Una fuerte opresión impedía moverse al antiguo guardaespaldas que estaba empapado en sudor frío, sus ojos se ensancharon de terror al ver como la puerta de la habitación comenzaba a abrirse; muy lentamente mostrando una figura indistinguible detrás de ella, solo se podía distinguir un ojo que estaba centrado en Shiro.
–Fu, Fu, Fu, Creo que he escuchado he escuchado mal y en realidad estas aliviado de que cuide de la pequeña Nanoha, ¿verdad?– la voz tremendamente alegre de Rika quien parecía no ser afectada por lo que estaba ocurriendo, en realidad a su alrededor la oscuridad era más densa todavía.
Shiro tragó con dificultad y cabeceó con rapidez incapaz de contestarle a la castaña. Rika sonrió contenta con la respuesta aterrorizada del patriarca de la familia Takamichi y todo volvió a la normalidad.
–¿Qu… Qué demonios era eso?– logró preguntar Shiro todavía sin haberse recuperado del todo.
Rika ladeo su cabeza y miró con inocencia a Shiro como sino supiera de lo que estuviera hablando, sino la conociera tan bien el castaño habría sido engañado.
–¿A que te refieres pequeño Shiro?–
El castaño sacudió la cabeza con incredulidad y no pudo evitar pensar en que si era demasiado tarde para echarse para atrás. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Shiro al imaginarse a su hija, aprendiendo la ilusión o lo que fuera que acabara de ocurrir.
–Y bien vamos que quiero volver a ver la pequeñaja, después de tantos años seguro que no se acuerda de mí.– comentó con impaciencia.
Shiro miro con cansancio a la castaña, lo estaba ocurriendo le estaba afectando demasiado. Sin decir nada más comenzó a andar hacia la habitación de su hija, guiando a su invitada con reticencia.
La sala del trono del palacio de Shutra se extrañamente silenciosa, solo tres personas se encontraban en ella y una de ellas solo observaba lo que estaba ocurriendo en silencio; sin poder actuar con el resto de personas que lo rodeaban aunque lo deseara.
Esa persona era chico de pelo negro siempre encubierto por las sombras que impedían saber su identidad, ni el mismo muchacho sabía quien era él. Siempre que despertaba aparecía en este extraño mundo, donde le eran mostrados momentos claves del pasado de un Imperio cuyo fin ya llego hace tanto tiempo. Desconocía por que le mostraban esas escenas del pasado, solo esperaba que con el tiempo pudiera descubrir su identidad y como salir de ese lugar.
Pero ahora solo podía observar en silencio lo que ocurría.
Las otras dos personas que se encontraban en la sala del trono eran el rey Alfine y su hijo Claus. El rey era joven no parecía haber sobrepasado los treinta años, su pelo era del mismo color que el de su hijo un verde pálido y le llegaba a los hombros. Sus ojos en cambios eran de diferente color que los de su hijo, eran de un color azul oscuro en ellos se podía ver la sabiduría que había ganado después de haber presenciado y participado en tantas batallas. Una cicatriz de unos cuatro centímetros se podía observar cerca de su ojo derecho, sin duda habiéndolo recibido en una batalla.
–Padre… no entiendo, ¿Por qué retenemos a la princesa Olivie?– los ojos del príncipe observaba a su padre intentando descifrar las intenciones de este.– Acaso no somos sus aliados.–
–Hijo mío, eres el futuro gobernante de Shutra… Si no eres capaz de entender mis verdaderas intenciones, entonces he sobreestimado tus habilidades.
El joven príncipe se estremeció ante las palabras de su padre, pocas veces su padre le habría tratado de esa forma. Siempre parecía orgulloso de sus logros y habilidades que excedieron a la mayoría de los magos.
–Ve a tus habitaciones y reflexionas sobre mis acciones, descubre mis verdaderas razones y explícamelas. Eres el futuro gobernante de este reino, es necesario que descubras las verdades ocultas con facilidad por el bien de nuestra gente.–
El príncipe cabeceo y abandono la sala cabizbajo desanimado por las palabras de su padre.
El trono comenzó a desaparecer abandonando solo al joven de pelo moreno, que reflexionaba sobre lo que acaba de ver.
–Entonces no deseaban realmente usar a la pequeña princesa para aumentar su poder.– murmuró el muchacho pensando en las verdaderas razones del rey para tener en su custodia a la princesa Olivie, cuando no parecía traerle ninguna ganancia para él y su reino. Un suspiro escapo de sus labios si solo tuviera más información, pero solo tenía lo que había visto en estas visiones.
Fin del capitulo 1
Glosario
Prinzessin: princesa.
kleine Prinzessin: pequeña princesa.
Meine Dame: Mi señora.
Auf Wiedersehen!: Adios.
Al fin he podido actualizar el capitulo, espero que os haya gustado a todos y os aseguro el próximo no tardara tanto como este y será bastante más largo que este. Gracias Mizuki por avisarme por los errores del capitulo te lo agradezco.
