Capitulo 2

"Una cálida sonrisa"

De pronto todo pareció estar bien de nuevo, como si la mirada y la sonrisa de Syaoran lograran disipar cualquier rastro de dolor en ella, aunque supiera que su destino ya estaba escrito y su linaje le obligaba a seguirlo sin derecho alguno de siquiera intentar cambiarlo, ella sabia que mientras pudiera verse en esos ojos e inundarse con la calida sensación que le producía esa sonrisa todo estaría bien.

Sakura sintió como el rubor agolpaba sus mejillas, se obligo a si misma a abandonar sus pensamientos no sabia cuanto tiempo había estado absorta en si misma analizando minuciosamente los movimientos de Syaoran pero sabia que había sido lo suficiente como para que alguien lo notara y se horrorizo de solo pensar en eso, así que decidió que ya era hora de regresar a su habitación al menos ahí podía ser ella sin todos esos protocolos que por haber nacido princesa estaba obligada a seguir.

Sin pensarlo la hermosa princesa se levanto lo cual hizo que todo el mundo detuviera sus labores para reverenciarla, tras toda su vida siendo tratada del mismo modo ella jamás se acostumbraría a ser tratada como si fuera dios mismo, pues a su consideración no era mejor que aquellos que le servían.

-¡ALTO!-Ordenó Kurogane -¡Despidan a la princesa!-Así todos los guerreros dejaron las armas y se inclinaron nuevamente.

- ¡Gracias por honrarnos con su delicada presencia princesa! – exclamo el general al tiempo que se inclinaba ante una ya impaciente Sakura.

El camino hacia su habitación fue el mejor de su vida puesto que muy pocos sirvientes estaban por ahí ella ya estaba harta de tanta reverencia y protocolo pero sabia que dada su condición muy poco podía hacer para remediar aquello.

Cuando por fin convenció a la última de sus sirvientas de que estaría bien si la dejaba unas cuantas horas sola en su habitación Sakura se tendió rendida en su cama, ser princesa era un trabajo realmente duro, no porque implicara mucho trabajo sino porque realmente suponía un esfuerzo inmenso soportar el hecho de que todos tuvieran que manejarse ante ti con la delicadeza con la que se maneja un kimono de la mas fina tela,"No" (pensó), eso era demasiado poco comparado con la manera en que todos se conducían ante ella, realmente la trataban como si ella fuese una mismísima divinidad caída el cielo, aunque ella no hubiera hecho nada importante para merecer ese trato. Y con estas ideas en mente se dejo reposar su cabeza sobre la almohada permitiéndose así ahondar en las tierras del sueño donde todo es posible.

Cuando despertó la pequeña princesa ya estaba un poco mejor, el sueño que había tenido consiguió dibujar en su rostro una calida y sincera sonrisa, una sonrisa de las que hace mucho tiempo no habitaban en su rostro, (Al menos no por algo que le diere felicidad a si misma).

-¡ALTEZA!- Una nerviosa joven con ropas de servidumbre entro azorada a la habitación- ¡Perdone mi torpeza alteza me he olvidado de despertarle y me temo que se ha hecho tarde para la cena, apenas si le queda tiempo para tomar un baño rápido y arreglarse! – Sakura sonrió aun mas -¡Tranquilízate Arashi, recuerda que la realeza nunca llega tarde, simplemente los demás llegan demasiado temprano!- la pequeña dama de compañía se estremeció un poco al escuchar su nombre de labios de la princesa, era apenas cinco años mayor que ella y la princesa la trataba mas como una amiga que como a una empleada, muchas veces sintió el impulso de corresponder el gesto pero sabia demasiado bien que eso estaría terriblemente mal, finalmente dio un respiro profundo relajándose ante las palabras de su princesa fue el único gesto que se permitió pues rápidamente asumió su posición rígida y extremadamente servicial -¡Discúlpeme alteza no volveré a olvidarlo! Y dígame su alteza ¿que kimono desea vestir esta noche?– la princesa salió de su cama y se dirigió a su gran guardarropa examinando cada una de las delicadas y finas piezas que ahí se encontraban y señalando por fin un hermoso kimono aquamarina con adornos en color turquesa.

-¿Crees que este estaría bien?- exclamo Sakura volteando su rostro hacia su dama-¡Oh su alteza ese es perfecto, el color hace que sus ojos luzcan aun mas bellos de lo que son ahora!- Sakura sonrío aun mas abiertamente la emoción reflejada en el rostro de Arashi era la de un niño ante un dulce aunque también se sonrojo ante el comentario que le hizo su dama sobre sus ojos y lo guardo en sus recuerdos mas preciados nueve años tenia aquella joven a su servicio y jamás se había permitido un comentario tan personal como aquel y era algo que ella apreciaba pues lo que mas quería era encontrar a una amiga sincera en aquel mundo en donde todos sin excepción debían tratarla como si le adorasen aunque no fuera así.

Media hora mas tarde una impecable Sakura ataviada con el precioso kimono atravesaba los pasillos del castillo ante la mirada de todos sus sirvientes que aunque reverenciándole a su paso levantaban un poco la vista para admirar la belleza divina de su hermosa princesa.

Cuando llego al comedor se encontraban en el su padre con el general Kurogane, Sumeragi Subaru y Syaoran hablando de estrategias de combate pero al detenerse la princesa en la entrada del recinto todos los presentes guardaron silencio. La hermosa princesa se veía divina en su kimono color de mar cubierto de delicados adornos del color del cielo en un día despejado, el color del atuendo resaltaba de una manera impresionante sus hermosos ojos verdes dándoles un toque de azul que simplemente iba de maravilla con su pálido tono de piel y sus rosadas mejillas, su cabello aunque corto perfectamente arreglado y un aroma que embriagaba el aire de su perfume, no dejaba lugar a dudas de que esa joven parada en la entrada era una princesa alguien a quien no podían mas que admirar interminablemente y por quien se daría la vida sin pensar dos veces.

Con una leve inclinación de su cabeza el rey concedió a su hija el permiso para entrar y sentarse a la mesa dando así por terminada su conversación con los guerreros presentes por el momento.

-¡Si me permite decirlo su majestad su hija luce especialmente bella esta noche!- exclamo el joven Subaru al tiempo que daba un sorbo a su copa.

-¡Le agradezco su comentario, no todos los días un hombre recibe un comentario tan halagador hacia su mas preciado tesoro!- agrego el rey.

Sakura no pudo si no sonrojarse y así dieron inicio a la cena que transcurrió en una conversación demasiado banal para el gusto de la joven princesa, las distinciones de clases jamás había sido un tema que le atrajera demasiado. Hasta el momento en el que el joven Subaru hizo un comentario que le helo la sangre de solo imaginarse que se llevara a la realidad.

-¡Por cierto su majestad no debería permitir que sus guerreros se mezclaran con su servidumbre, los guerreros demasiado nobles no sirven en el campo de batalla deberían practicarse el seppuku antes de permitirse tal deshonra!- comento el joven Subaru al tiempo que dirigía su mirada hacia Syaoran antes de agregar-¿O no lo cree usted así su majestad?- el rey ante tal comentario no supo que decir por lo que opto por asentir, fue ahí donde Sakura emitió por primera vez su opinión.

-¡Con todo respeto, difiero de su opinión Subaru san!- Subaru dirigió su mirada a Sakura admirado de que se animara a decir algo.-¡Por favor princesa compártanos su pensamiento, me encantaría saber que opina mi futura esposa al respecto!- dijo enfatizando la ultima frase quizá mas de lo debido provocando una sensación de terror en la princesa la cual por supuesto no demostró, así eran las cosas en la realeza solo se mostraba lo que debía ser mostrado y no mas todo aquello que no encajaba en los protocolos simplemente se escondía y se guardaba como el mas profundo de los secretos.

-Realmente no es una opinión en si es simplemente la realidad ¿pues que no acaso los reyes, las princesas, los Daimyos y todos los demás privilegiados de este mundo no tenemos el deber de apoyar a quienes menos tienen?, el mas claro ejemplo son los guerreros-agrego Sakura sin darle tiempo a Subaru de responder su pregunta-Ellos protegen a los reyes, Daimyos y demás privilegiados además de a todos los que no pueden pelear como las mujeres, los niños y los ancianos, no es así que por protegernos y gentilmente poner sus servicios de protección a nuestros pies que los valoramos tanto, ¿entonces como el servir a otros deshonraría a un guerrero? ¿Qué no es acaso eso lo que hacen nuestros guerreros al prestar su vida para protegernos? Es por eso entonces que difiero de su opinión Subaru san- impresionado por las palabras de la princesa el joven no pudo si no sonreír y exclamar-¡Vaya princesa usted tiene un buen punto ahí que me encantaría discutir con usted en otra ocasión, aunque debo admitir que me encanta la idea de que mi futura esposa no sea solamente la mas bella del mundo si no además también la mas inteligente!- diciendo eso alzo su copa y bebió de ella.

Sakura respiro aliviada aun sabiendo que su padre la reñiría terriblemente en cuanto tuviera la oportunidad, no les estaba permitido a las mujeres expresar sus opiniones tan abiertamente menos aun si se esta frente a tan importantes personalidades.

El joven Syaoran miraba discretamente a su princesa maravillado por la firmeza con la que defendió su postura ante el hijo del Daimyo vecino, y aunque odiaba que el se refiriera a ella como "mi futura esposa" tenia que aceptar que era así y que un simple guerrero como el, por mas bueno que fuera en combate, jamás seria lo suficiente para desposar a una princesa, aun así se conformaba con admirarla y protegerla, si protegerla pues en cada combate solo pensaba que lo que estaba protegiendo de aquel reino, era ella.

Sakura pidió permiso para retirarse y su padre repitió la leve inclinación de su cabeza para así indicarle que podía hacerlo se despidió de su padre, de el general y de el joven Subaru con una discreta sonrisa y una leve reverencia como muestra de respeto, pero al llegar a Syaoran la princesa compuso en su rostro la mejor de sus sonrisas y al reverenciar ligeramente a el guerrero se permitió mirarlo solo por un segundo a esos hermosos ojos que tanta calma le daban.

Syaoran ante la inclinación de su princesa y aquella sonrisa no pudo si no inclinarse y esconder su mirada, temía que le revelara demasiado de lo que sentía hacia ella y que la apartara de el y eso seria algo que el no podría soportar.

Sakura se dirigió a su habitación con Arashi tras de ella, por primera vez en mucho tiempo ni siquiera intento charlar con su dama de compañía mientras esta le ayudaba a ponerse su ropa de cama, sus pensamientos estaban perdidos vagando en el gesto de ese castaño que le causaba tantas emociones, no dejaba de preguntarse el porque había bajado tan bruscamente su mirada cuando ella se había permitido el fijar la propia en el, quería imaginar que era debido a los protocolos pero lo conocía demasiado bien para saber que había algo mas.

Mientras tanto en un pequeño cuarto algo alejado de los terrenos del palacio, el joven castaño tenía un conflicto similar la mirada y la sonrisa de su princesa estaba clavada en su mente y no iba a ser tan fácil sacarlas de ahí principalmente porque si bien no podía hacerlo, tampoco era algo que quisiera hacer. Esa sonrisa, esa calida y maravillosa sonrisa era el motivo por el cual valía la pena callar lo que sentía desde hace tanto tiempo. Y con ese pensamiento, esa nueva determinación pero sobre todo con el recuerdo de esa mirada y esa sonrisa Syaoran permitió que las fuerzas fueran abandonando su cuerpo hasta que se hubo sumergido en un profundo y placentero sueño.

Unas cuantas horas mas tarde se despertó a pesar de que el general Kurogane había decidido que esa mañana atendería otros asuntos y por lo tanto no tendría entrenamiento hasta esa tarde la costumbre de levantarse poco antes del amanecer no era algo sencillo de eliminar así que decidió ejercitarse un poco. Mientras hacia sus ejercicios los pensamientos que habían llenado su cabeza la noche anterior fluyeron de nuevo pero esta vez con mas intensidad y a ellos se fueron sumando miles de recuerdos, recuerdos que lo hacían muy feliz, pero que a la vez le dolían demasiado y por si fuera poco también estaban los recuerdos de ese sueño que había tenido la noche anterior, ese sueño que revelaba sus mas profundos sentimientos pero también lo que podría llegar a pasar si el se permitía intentar volverlo realidad. Y eso era algo que el no podía permitirse.

Mientras tanto en el palacio la tierna princesa también tenía sus propios sueños…