Rubí, la joya más bella
Capítulo 5
Trabajaba, como siempre lo hacía. Solo que ésta vez, tenía un objetivo. Un muy simple fin, sacarse a ese joven de la mente. No podía creer lo que había estado a punto de hacer la noche anterior. ¿Por qué demonios iba a hacer algo tan tonto como eso? ¿Besar a Yami?
Bueno, no podía negar que por unos segundos de verdad había querido hacerlo. Pero la verdad era que no pensaba aprovecharse del joven. Claro que no.
Suspiró. Que excusa tan inútil había inventado.
Por lo que había visto, a Yami no le había molestado en lo absoluto, así que mirando la situación con algo de lógica, no era aprovecharse del adolescente. Aunque él fuera unos... cuatro o cinco años mayor, ¿tal vez? Porque el joven no parecía siquiera mayor de edad. Aunque bueno, Mokuba había dicho que Yami era casi de su edad. Pero, conociendo al chico, era muy posible que hubiera mentido respecto a eso.
Un ruido lo sacó de sus pensamientos. Sacó entonces a la vista su celular.
-Señor Kaiba- habló de un inmediato una mujer. Su voz era reconocible para el ojiazul. Era su secretaria.
-¿Ahora qué?- preguntó de mala gana. No estaba de humor para reuniones sorpresa o problemas en su compañía.
-Llamó el señor Gardner para avisar que no va poder asistir a la cita que tenían programada para hoy- habló la mujer, sin siquiera inmutarse. Al parecer, ya estaba acostumbrada al mal humor de su jefe.
Kaiba se quedó en silencio por unos segundos. Claro, como lo había olvidado. Tenía una reunión de negocios esa tarde, con uno de los hombres más adinerados de Japón.
-¿Cuál es la nueva fecha?- preguntó luego. Era obvio que el hombre había cambiado entonces de día.
-No hay cambio de fecha, su hija lo reemplazará esta vez- afirmó la mujer.
Hubo silencio de nuevo. Kaiba solo pudo hacer una muy clara e inconsciente mueca de desagrado.
¿Tenía que pasar toda la tarde con Tea Gardner?
III
¡¡Que Kaiba, qué!!- exclamó Yugi, mirando con sorpresa a su primo, a quien se le notaba a simple vista el rayo de felicidad que atravesaba sus ojos. "¿Enserio? ¿De verdad casi…? "
Yami asintió ante la pregunta. Decir que estaba feliz era muy poco comparado a lo que ahora sentía. Aunque era extraño que estuviera alegre por algo que había sucedido con una persona a la que había conocido tan solo días atrás.
-Yami… es… ¡genial!- habló Yugi. "¡Le gustas!" agregó en señas. El mayor se sonrojó muy levemente ante este comentario. Negó luego con la cabeza.
"No creo" afirmó.
"¡Pero casi te besa! ¿Por qué otra razón lo habría hecho?" preguntó el de ojos amatista. Yami no respondió. Yugi tenía algo de razón… pero también cabía la posibilidad de que el ojiazul lo hubiera hecho por un simple impulso. Después de todo, al darse cuenta de lo que hacía, se había alejado de inmediato.
Suspiró, mirando luego sus alrededores. Estaba en la sala. De hecho iba camino hacia la puerta del frente cuando Yugi lo detuvo.
Ya había entrado la tarde. La noche anterior, había llegado para encontrarse solo con su abuelo, quien le había dicho que Yugi había salido con sus amigos.
Suspiró nuevamente. Amigos… ya no recordaba lo que era tener amistades. Pero bueno, no debía pensar en eso ahora. Tenía otros asuntos que resolver. Miró entonces la chaqueta que estaba sobre su hombro, ya que no podía tenerla en su mano pues tenía que hablarle a Yugi. Había olvidado devolvérsela a Kaiba la noche anterior.
Alzó sus ojos.
"Voy a devolvérsela" le dijo a Yugi. Su primo asintió.
"¿Quieres que te acompañe?" preguntó. El joven negó con la cabeza. En realidad apenas recordaba el camino a la mansión de Kaiba, pero aún así quería ir solo. ¿Por qué? En realidad no estaba muy seguro.
"Volveré pronto" aseguró, caminando fuera de la sala.
Llegó al fin a la puerta y miró a Yugi.
"Está bien. Solo cuídate" aconsejó el menor. Yami asintió levemente y en unos segundos salió de la casa.
Caminó con algo de rapidez por las calles. A decir verdad, tenía ganas de ver nuevamente al CEO. Y ni siquiera sabía por qué. Bueno, debía admitir que el ojiazul le gustaba.
Se sonrojó levemente ante este pensamiento. Pero no iba a negarlo.
Alzó la mirada. Tenía que estar seguro de hacia donde iba, sino terminaría perdiéndose y eso era lo que menos quería, ya que, obviamente no podía pedir direcciones.
Al menos ahora tenía un poco más de independencia. Antes, ni siquiera lo dejaban salir a la calle solo. Ni aún al parque que se encontraba cerca de su casa. Su madre siempre se había mostrado muy protectora desde que él había perdido la audición. Pero al parecer, con los años había aprendido que estaba bien darle un poco de libertad. Después de todo, él era sordo, no inválido.
Y aunque las cosas habían cambiado sin duda, había intentando vivir como cualquier otro adolescente. Difícil, claro que sí. Pero al menos lo hacía sonreír de vez en cuando.
Y ahora, de verdad sentía la necesidad de sonreír. El solo hecho de pensar en Kaiba dibujaba una sonrisa en su rostro. Sí, lo había conocido tan solo días atrás, pero nunca se había sentido tan bien estar cerca de alguien. Era diferente. Más... especial.
Sonrió ligeramente, tomando la chaqueta en sus manos, al ver por fin la enorme mansión. Su corazón por alguna extraña razón empezó a acelerarse.
Cruzó la calle que lo separaba de la lujosa casa. Para su suerte no pasaban muchos carros en ese momento así que llegó al otro lado con facilidad.
Se acercó sin ser notado por los guardias. Y al fin se asomó por entre los altos portones.
Su corazón se aceleró aún más al ver al ojiazul afuera. Pero luego, todo se derrumbó.
El CEO miró la limosina frente a él. Y de ella, salió una chica. La misma que había llegado a saludarlo la noche anterior.
Pero eso no fue lo que hizo que su corazón se quebrara en pedazos, sino el abrazo tan cariñoso que la joven le dio al ojiazul, y el cálido beso en la mejilla.
Y para cerrar con broche de oro, la joven comenzó a hablarle animadamente al CEO. Y de nuevo llegó aquel pensamiento. Él no podía hacer eso.
-"Pero... pensé que ella era una molestia"- pensó Yami, mirando con tristeza la escena a lo lejos. No iba a negarlo, el ojiazul estaba mejor así. Y al parecer ambos iban a salir juntos, ya que estaban vestidos para la ocasión.
Se dio la vuelta entonces, caminando con derrota hacia la casa de su primo. ¿Para qué quedarse ahí si era obvio que el ojiazul estaba ocupado?
-"La única molestia aquí... soy yo"- se dijo. Sí, era bastante obvio. Mokuba había convencido a Kaiba para que pasara tiempo con él. Pero en realidad era una tortura para el ojiazul. ¿Cómo no había pensado en eso antes?
Y sobretodo, ¿por qué había pensado que al fin era de importancia para alguien?
Es decir, solo había que mirar a esa chica, era linda, al parecer millonaria, y podía hablar. Él en cambio, no venía de una familia con mucho dinero, no era para nada guapo y no podía escuchar ni mucho menos contestar. ¿Que tenía de entretenido pasar el tiempo con él?
De seguro, la noche anterior, había sido la más aburrida en la vida de Kaiba.
Su corazón se encogió ante este pensamiento. Pero, por más dolorosa que fuera, era la verdad. Ya muchas personas le habían dicho lo aburrido y tormentoso que era estar con él, ¿por qué simplemente no lo aceptaba y ya?
Alzó la mirada, observando los vidrios de las tiendas por las que pasaba. Intentó concentrarse en eso y olvidarse de lo que había visto.
Pero, como siempre, las cosas salieron en su contra.
Se detuvo, mirando a través del vidrio una revista. En la portaba, estaba la fotografía de Kaiba. Un nudo se formó en su garganta al leer el encabezado, el cual decía, 'El soltero más codiciado del momento. ¿Habrá una hermosa chica que sea capaz de robar su corazón?'
Bajó la mirada entonces. Y no pudo resistirlo más. Las lágrimas comenzaron a caer una tras de otra. ¿Por qué se había hecho falsas ilusiones?
Empezó a correr, deseando encerrarse en su habitación y llorar libremente. Sí, era patético, pero su corazón le dolía y no podía evitarlo.
No podía creer que en solo minutos todo diera un giro tan deprimente.
Por fin, para su gran alivio, llegó a casa de su primo.
Entró de golpe, encontrándose con Yugi, quien de inmediato se notó preocupado.
"¿Qué pasó? Estás bien?" preguntó. No había esperado que Yami regresara tan pronto, pero sobretodo, en esas condiciones.
El joven no contestó, simplemente siguió con su camino, pasando al lado de su primo y subiendo rápidamente las escaleras. Sus apresurados pasos podían oírse por todo el lugar.
Entró a su habitación y cerró con llave la puerta, asegurándose así que nadie entraría. Quería y necesitaba estar solo.
Se dejó caer al fin en la cama. Inconscientemente, tomó la chaqueta en sus manos y la colocó cerca de su rostro. El olor a colonia llegó hasta su nariz, recordándole al CEO de inmediato. Abrazó con fuerza la prenda, deseando que el ojiazul estuviera ahí. Pero no, ese deseo no se cumpliría. Cerró sus ojos, y un par de lágrimas cayeron.
III
-Y entonces yo le dije que así no eran las cosas, pero ella ni siquiera me escuchó, ¿puedes creerlo? Es decir, yo creo que la situación era bastante obvia y por eso...- Dejó de escuchar a la chica, rodando sus ojos en aburrimiento. Dioses, esa joven de verdad no tenía nada interesante que decir. De su boca solo salían miles de estupideces.
La miró por unos momentos, deseando que fuera alguien más quien estuviera sentado ahí.
Sí, ese alguien era obviamente Yami. Y sí, no había podido dejar de pensar en él.
Con Yami era todo diferente. La noche anterior no había sentido aburrimiento ni por un solo segundo. El joven simplemente lograba captar su atención aún sin palabras. En cambio ahora, estaba a punto de dormirse en medio restaurante. Había pensado que estaban ahí para hablar de negocios, no para que la castaña le contara toda su vida, la cual, para él, no era nada interesante.
Solo esperaba que todo terminara pronto, aunque, por lo que veía, las cosas no estaban ni cerca de terminar.
Bueno, al menos podría distraerse en sus pensamientos.
Tenía que ir por su chaqueta. Aunque sería hasta el día siguiente. Mala noticia, puesto que quería ver a Yami. Sí, para qué negarlo? Quería ver al joven y eso era todo. La chaqueta desde el principio había sido una simple excusa.
-Y entonces le dije que no porque todo estaba... ¿Seto me estás escuchando?- preguntó la joven.
Y ahí terminó la paciencia del CEO. Ya no aguantarpia estar ahí un solo minuto más. Se levantó de su lugar, ganándose una mirada confundida por parte de la chica.
-Pensé que esto era de negocios. Pero ya veo que no, así que no le veo sentido quedarme aquí- le dijo.
-Pero Seto...-
-Pero nada- habló el ojiazul. Llevó su mano hasta su bolsillo y sacó varios billetes, poniéndolos luego en la mesa. -Con eso alcanzará- En realidad quería decirle algo como 'por cierto, eres una molestia, ¿lo sabías?', pero se contuvo, intentando mantener algo de cortesía. -Nos vemos después, Gardner-
Y después de esas palabras, salió del lujoso restaurante, dejando a una muy indignada joven en una de las mesas.
De inmediato sintió alivio. Al fin se había librado de eso. Si hubiera sabido que era tan sencillo, lo habría hecho horas atrás.
Subió a su limosina. Ahora solo tendría que decidir si ir a la casa de Yugi, o esperar al día siguiente. Miró el cielo, aún no había anochecido. Tal vez podría ir, porque a decir verdad, no sabría si podría pasar esa tarde y noche sin ver a Yami.
Dioses, ese joven estaba tomando demasiada importancia en su vida, y muy rápidamente. Y lo peor, o mejor, no estaba seguro, era que ese hecho no le molestaba en lo más mínimo.
Con ese pensamiento al fin se decidió.
-A la casa de Yugi Motou- le ordenó al chofer. La limosina entonces empezó a moverse.
Las imágenes empezaron a ir y venir a través de la ventana. Y de pronto, le vino un pensamiento. ¿Era correcto simplemente llegar por su chaqueta? No era mejor comprarle algo a Yami? Sí, sería más cortés de su parte.
Ahora la pregunta era que comprar. No tenía mucho tiempo después de todo.
Minuto, desde cuando le importaban esas cosas? Regalos? Él nunca se había caracterizado por esas cursilerías. De hecho, no le gustaban para nada. Eran tontas.
Pero, aun así, no podía llegar con la manos vacías...
Bueno, tal vez solo un pequeño regalo.
Miró por la ventana, pensando qué hacer. Cuando un lugar saltó a su vista. De inmediato lo supo, ahí estaba lo que debía comprarle al joven. Claro, era perfecto.
Así que, sin pensarlo dos veces, le ordenó al chofer que se detuviera.
III
Magi: terminé al fin! nOn Ya era hora de que actualizara este fic
¡Gracias a Aya-SXY, fussili, Deltalight, rosalind, Yami Rosenkreuz y Yami224 por sus reviews en capítulo 4! n.n
Espero que les haya gustado este capítulo.
¡Hasta la próxima!
