Rubí, la joya más bella
Capítulo 6
Yugi suspiró, mirando en silencio la puerta que conducía a la habitación de su primo. El joven se había encerrado ahí toda la tarde y no había salido aún. El chico de ojos amatista había intentado dejarlo solo, puesto que al parecer eso era lo que Yami quería. Pero ahora, tenía que entrar.
Al menos no sería una tarea difícil, ya que tenía la llave de la habitación.
Sin pensarlo dos veces, metió la llave en la cerradura, abriendo la puerta con facilidad. Miró dentro, notando que las luces estaban apagadas. Tal vez, Yami estaba durmiendo.
Para comprobar ésto último, y para que no hubiera peligro de resbalar con algo, prendió las luces del lugar. Observó la cama, notando que Yami estaba acostado en ella. Al parecer el joven sí estaba durmiendo. Eso le dejaba entonces una interrogante, debía despertarlo o no?
¿Qué le diría Yami si al día siguiente le dijera que Kaiba había estado ahí? Le habría gustado verlo, o le daría igual?
-Bueno, no puedo hacerlo esperar para siempre- susurró Yugi, recordando que el ojiazul aún esperaba en la sala. A decir verdad, estaba sorprendido por el interés que el castaño mostraba por su primo. Según sabía, Kaiba no era el tipo de persona que se preocupaba por los demás, ni muchos de los que socializaban fácilmente. Pero ahora, con Yami habían cambiado las cosas. Es decir, ambos no llevaban ni una semana de haberse conocido.
Alzó la mirada de pronto, al ver algo moverse frente a él, o mejor dicho, alguien. Se encontró con dos ojos carmesí, que lo miraban con curiosidad. Al parecer, Yami no había estado dormido. Sin embargo, la preocupación lo invadió al ver los ojos hinchados del joven.
-¿Yami, estás bien?- preguntó, cerciorándose de que el joven lo viera. El aludido no respondió por unos segundos, pero luego, simplemente asintió.
"¿Cómo entraste?" interrogó luego.
"Tenemos una llave para cada habitación de la casa" respondió el chico. Yami entonces asintió de nuevo. No le gustaba que Yugi lo viera así, pero bueno, ya era muy tarde. "Perdón por haber entrado así, pero te esperan abajo" Yami lo miró con confusión ante esto. ¿Quién podía ser?
-Kaiba- afirmó Yugi, al ver el semblante del joven. Pero luego, el rostro de Yami pareció oscurecerse. No tenía ánimos de ver al ojiazul, al menos no por ahora. Entendía que no tenía ningún derecho sobre el CEO como para estar enojado con él, pero aún así, se sentía herido en cierta forma, decepcionado, pero consigo mismo.
"Yo..." Se detuvo. Ahora que lo pensaba, si decía que no bajaría, Yugi empezaría a interrogarlo. Y no sabía cual de las dos cosas sería peor, ver a Kaiba, o explicarle todo a su primo. "Ahora bajo" afirmó entonces. Yugi sonrió ligeramente, y después de un asentimiento, se dio la vuelta y salió de la habitación.
Yami se levantó de la cama. Se repetía una y otra vez que solo serían unos minutos. Solo esperaba que el CEO no notara su patético estado.
Entró al baño que estaba en la habitación. Necesitaba lavarse un poco el rostro, para ver si acaso su semblante cambiaba un poco. Abrió el tubo y prosiguió a llenarse la cara de agua, en especial sus ojos, que eran los más afectados. Cerró luego la llave y con su mano trajo el paño que estaba más cerca.
Se secó y miró al espejo. Suspiró, aún se veía algo mal. Pero no podía hacer más.
Salió entonces del lugar. Para su suerte no se había quitado aún la ropa, así que no hubo necesidad de cambiarse. Tomó la chaqueta del ojiazul, que obviamente era por lo que el CEO había venido y salió así de la habitación.
No le prestó atención al camino. No había de por sí nada interesante que ver. Ya conocía bien la casa. Bajó las escaleras, su corazón acelerándose al sentirse cada vez más cerca de la sala, donde suponía estaba el ojiazul, ya que no creía que Yugi lo habría dejado esperando afuera.
Bien, el plan era simple, no 'hablar' mucho y terminar con eso rápidamente. Quien sabe, tal vez encontraría alguna excusa que le ayudara. Porque no pensaba echarse a llorar frente al castaño, claro que no. Aún tenía su orgullo.
Suspiró, notando que ya estaba a un paso de la sala de estar. Tomó algo de aire, y entró.
Su corazón se encogió levemente, al ver al ojiazul sentado en el sofá. Se acercó, ganándose entonces la atención del CEO.
Bajó la mirada, con el objetivo de no encontrar sus ojos con los del castaño. Y luego, cuando estuvo cerca, se sentó en el sofá, al lado del CEO. Sin embargo, no podía quedarse así siempre, por eso levantó apenas un centímetro la mirada, y saludó con una sonrisa muy forzada. Sintió luego la chaqueta en su regazo, así que en silencio se la ofreció.
"Lo siento, no me di cuenta de que la tenía puesta" afirmó, explicando por qué no se la había devuelto la noche anterior. El ojiazul asintió. En realidad no podía dejar de ver el semblante del joven. Se le notaba... ¿decaído? Además, sus ojos estaban algo hinchados. Y por más que lo intentara, no pudo negar que en ese momento sintió algo de preocupación.
Pero luego, algo lo sacó de sus pensamientos. Un pequeño movimiento en sus piernas. Miró abajo, notando al fin algo que por un momento había olvidado. Una caja de tamaño mediano descansaba allí, envuelta apenas con un lazo rojo. Y es que en realidad no se podía envolver 'normalmente' por un pequeño detalle.
Yami pareció notar el inusual movimiento, ya que miró la caja con confusión. Parecía ser un regalo. Pero, para quién? Saltó sorprendido, al ver como el regalo se movía de nuevo.
Pero sintió aún más sorpresa, al ver cómo el ojiazul lo tomaba y se lo ofrecía.
"¿Es para mí?" preguntó con incredulidad. ¿Por qué el ojiazul le daba un regalo? No era una fecha importante, al menos para él. Miró al castaño asentir, y así, con algo de inseguridad, tomó la caja. La examinó con la mirada, notando que estaba cubierta por hoyos. La confusión lo inundó. Pero luego, sintió otro movimiento dentro. Se mordió el labio, no estaba muy seguro acerca de abrir eso. Aunque bueno, no pensaba que fuera algo tan malo, puesto que el castaño se lo estaba obsequiando.
Así que puso la caja sobre sus piernas, y con sus manos desató el lazo. Cuando terminó con eso, miró de reojo al ojiazul, notando que éste estaba muy tranquilo. Con un poco más de cofianza, abrió al fin el regalo y miró su contenido. Adentro se encontraba... ¿una bola de pelos blanca?
Parpadeó varias veces, mirando sin entender el objeto. Pero luego, miró cómo de entre todo ese pelo, se asomaba una cola, dos orejas y... la pequeña bolita de pelos se movió, mirando curioso el exterior, y mostrándole a Yami sus dos ojos celestes.
El corazón del joven de inmediato se derretió ante esto. Con emoción, sacó de la caja a la pequeña criatura, notando así que era un minino, y tal vez el más lindo que había visto. Sus ojos eran lo más resaltantes.
Rió en silencio, al ver como el gatito abría su boca, aparentemente en un maullido. Inconscientemente, acercó su rostro al de su nueva mascota, y le dio un pequeño beso en la cabeza, cerca de la oreja en miniatura del felino.
Mientras tanto, el castaño miraba la tierna escena. Dioses ese joven era simplemente adorable, y ya no iba a negarlo. ¿Para qué? No tenía sentido. Sobretodo cuando la verdad estaba ahora frente a él. Bueno, al menos al joven parecía haberle gustado el regalo. Bien, porque no había sido fácil escoger. Había visto miles de felinos de distantas razas, pero ese le había llamado la atención.
Salió de sus pensamientos, al sentir al joven besar su mejilla. Lo miró, notando la sonrisa de agradecimiento en el rostro del joven, el cual ya no se notaba tan decaído.
-¿Te gustó?- preguntó. Yami asintió. A decir verdad, todo eso le había hecho olvidar lo del asunto con aquella joven. Al menos, ahora le reconfortaba saber que en cierta forma él era importante para el ojiazul. Aunque solo fueran simplemente amigos, lo aceptaría. Con algo de confianza, aunque sintiendo también inseguridad, se recostó contra el castaño. Sin embargo, para su sorpresa, el CEO lo atrajo lentamente hasta su pecho, terminando ambos en un abrazo.
Se quedaron así por varios minutos. Yami estaba más que feliz. Le gustaba estar tan cerca del ojiazul y sentir esos brazos cubriéndolo. Sonrió, manteniendo su cabeza contra el pecho del más alto, mientras que su mano acariciaba tiernamente al minino, quien ya se había quedado dormido en las piernas del joven.
El castaño sin embargo, tenía sus pensamientos. No entendía qué era lo que tenía ese joven que lo hacía tan diferente, excluyendo claro lo de su discapacidad. ¿Qué era lo que hacía que no sintiera aburrimiento ni un solo segundo cuando estaba con él? Es más, hasta sentía la necesidad de quedarse ahí toda la vida. Pero, por qué razón? Era un adolescente como todos los demás, no?
Sintió entonces al joven alzar su rostro. Sus ojos se encontraron. En un impulso, el ojiazul levantó su mano, llevándola hasta la suave mejilla de Yami y acariciándola. Como resultado, el joven cerró sus ojos, complacido al parecer con esta acción. Luego, la mano que estaba en su mejilla bajó hasta su mentón. El adolescente abrió sus ojos, nuevamente encontrándolos con los azules de Kaiba.
Su corazón comenzó a moverse con extrema rapidez, al notar cómo el rostro del castaño se acercaba al suyo. No pudo pensar siquiera, era demasiado. En cambio, también se acercó. Pudo sentir luego la respiración del ojiazul sobre sus labios. Comenzó a sonrojarse entonces. Y cuando sus labios estaban a solo milímetros de tocarse, Yami cerró sus ojos, preparándose para el gran momento.
Momento, que desgraciadamente nunca llegó. El joven abrió sus ojos, al sentir al ojiazul dar un leve salto. Lo miró con confusión, hasta que observó cómo el castaño sacaba su celular.
-¡Maldición!- Sonrió al leer la exclamación en los labios del mayor, al parecer, no le gustó haber sido interrumpido. Y eso, en su opinión, era bueno. -¡QUÉ!- exclamó luego el CEO, al parecer asustando de sobremanera a quien estaba del otro lado de la línea, puesto que la persona comenzó a tartamudear. Y no solo eso, con esa exclamación, logró despertar a cierto minino, quien de inmediato expresó su queja.
-Miauu- se quejó, mirando al castaño.
-Se-señor Kaiba... te-tenemos un pro-problema- susurró con muy poca tranquilidad alguien quien parecía ser un empleado de su compañía.
Yami, mientras tanto, alejó su mirada. No sabía qué pensar. Si el ojiazul quería besarlo era porque... quería que fuera más que amigos, no? Entonces, significaría que la joven castaña era solo una amiga.
-"O tal vez... es una molestia como Seto me dijo"- pensó. Sí, podía ser. Tal vez el ojiazul simplemente estaba aparentando ser amable. Así que eso significaba que... Sonrió abiertamente. Eso significaba que sí tenía una oportunidad de estar con Kaiba. Entonces, había perdido toda la tarde atormentándose por algo que ni siquiera era verdad.
Observó de nuevo al ojiazul, al notar que éste terminó de hablar. El CEO suspiró, mirando luego a Yami.
"Debo irme. Hay unos problemas en la compañía" explicó. El joven asintió, aunque debía admitir que estaba algo decepcionado. Le habría gustado que el ojiazul se quedara un tiempo más. "Podemos salir después si quieres" agregó el castaño. La verdad, él tampoco quería irse tan pronto. Así que al menos podía quedar de fijo para otro día. El joven asintió.
-¿El sábado?- preguntó entonces el CEO. Yami nuevamente asintió. Ese día era jueves, así que no tendría que esperar mucho. -¿A la una?- De nuevo obtuvo la misma respuesta.
"Perfecto, vendré por ti a esa hora" le dijo, levantándose luego, ésta vez no olvidando su chaqueta. El de ojos carmesí también se levantó, tomando el gatito en sus brazos y acompañando al ojiazul hasta la puerta.
Ambos salieron. La limosina del CEO ya le esperaba.
El castaño entonces miró a Yami, quien le volvió a sonreír con agradecimiento. Se acercó, abrazando ligeramente al joven en forma de despedida. En realidad, ya no le molestaba tanto verse a sí mismo mostrar tales señales de afecto.
Así que luego, hizo algo que nunca pensó que haría. Por impulso, bajó su rostro, y besó la suave mejilla de Yami, quien de inmediato se mostró sorprendido.
-Hasta el sábado entonces- habló. Y sin decir nada más, se dio la vuelta, caminando hasta el lujoso automóvil.
Yami se quedó ahí por unos minutos, mirando al vehículo alejarse. No podía creer lo que le estaba sucediendo. Era demasiado bueno para ser verdad.
Sonrió levemente, llevando una de sus manos hasta su mejillas, mientras que con la otro no soltaba al gatito. La tocó levemente, sintiendo aún los labios del ojiazul sobre ella.
Definitivamente, si las cosas seguían así, no estaba seguro de si podría soportar tanta felicidad...
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Magi: ahí está. Sehh ya sé, algo corto, pero al menos no tardé tanto en actualizar O.o Y lo del gatito, pues estaba pensando en cual sería el mejor regalo, cuando de pronto entró mi gato a la habitación... y después de eso solo se escuchó un ¡PERFECTO! por toda la casa xD Y lo del beso... tendrá que esperar mwahahaha!!
Ejem, en fin, espero que les haya gustado este capítulo n.n
Gracias a Yami224, Aya Fujimiya, fussili, Deltalight, Yami Rosenkreuz y rosalind por sus reviews en capítulo cinco nOn
¡Hasta la próxima!
