Rubí, la joya más bella
Capítulo 7
Salió del baño, entrando a su habitación. El sol se filtraba ténuemente entre las cortinas, iluminando la habitación con sus rayos de mediodía.
Miró hacia la cama, sonriendo ligeramente a ver a la pequeña bola de pelos blanca sentada, y al parecer, por lo que podía ver, maullando insistentemente. Riendo para sí, se acercó, tomando a la criatura en sus brazos.
Deseó en ese momento decirle algo como 'debes tener hambre, verdad?' pero sabía bien que no podía. Suspiró ante ésto, no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.
Así que luego, en lugar de pronunciar palabra como habría hecho cualquier otra persona, salió del lugar, buscando la cocina.
Bajó las cortas escaleras, aún cargando al pequeño minino, y llegó al final de éstas. Después de esto, caminó hacia su izquierda, en donde él sabía estaba el lugar que buscaba. Y efectivamente, en pocos segundos se encontró en la cocina. Sin embargo, habían dos personas en ella. Una era Yugi, y la otra, su abuelo. Ambos lo miraron al notar su presencia.
Optó entonces por dejar al gatito en el suelo. Luego, volvió su atención hacia ellos.
"Tiene hambre" explicó, refiriéndose por supuesto al minino. Yugi asintió, dándose la vuelta y abriendo una gaveta en uno de los muebles. Sacó luego, para sorpresa de Yami, una bolsa de alimento para gatos. Seguidamente, abrió la despensa, sacando un plato desechable de plástico. Puso el plato en el suelo y regó un poco del contenido de la bolsa sobre él.
Y como por arte de magia, o mejor dicho, por acto de hambre, el minino se acercó en menos de un segundo, no dudando en saborear tan bello manjar.
Yugi se puso en pie nuevamente, ya que se había arrodillado. Miró luego a su primo.
"Hace unas semanas, un amigo me encargó que cuidara por unos días de su gato porque iba a salir de viaje. Pero cuando vino por él olvidé darle esa bolsa" explicó. Aunque en realidad, no había sido nada parecido a robo, puesto que él había comprado esa bolsa cuando se había acabado la que su amigo le había dejado.
"Ya veo" contestó el de ojos carmesí. Yugi sonrió levemente.
"Así que éste es el famoso regalo que te dio tu novio" expresó de pronto el anciano, entrando en la pequeña 'conversación'. De inmediato, un pequeño tinte rojo pareció inundar las mejillas de Yami, quien por unos segundos bajó la mirada.
"No es mi novio" afirmo. -"Aunque... desearía que lo fuera..."- agregó en su mente, sonrojándose aún más al analizar ese pensamiento. Alzó luego levemente la mirada.
"Tal vez no lo es... por ahora" habló Yugi, riendo ligeramente. Yami rodó los ojos, al parecer no iban a abandonar ese tema tan fácilmente. Miró a su abuelo entonces, al verlo acercarse.
"Le interesas, eso es seguro. Bien sabemos que fácilmente podría haberte regalado una computadora o algo más costoso" le dijo. Ante esto Yami sonrió ligeramente. En eso sí tenía razón. Y a decir verdad, le había gustado mucho más ese regalo, que cualquier otro que le hubieran dado. Era pequeño, pero decía mucho. Una computadora, era fácil de encontrar en cualquier parte, un regalo más que obvio.
"Supongo que sí" afirmó. Yugi sonrió, mirando por unos segundos al minino, quien aún seguía saboreando su comida.
"Si quieres podemos ir al centro comercial, a comprarle algunos juguetes" ofreció. Yami lo miró por unos segundos. Esa no era una mala idea. "A menos que ya tengas otros planes con... ya sabes quien" agregó. Su primo suspiró, de nuevo ese tema.
"No, no tengo planes. Y creo que es una buena idea" afirmó. El minino necesitaría divertirse de vez en cuando. Además, sino le compraban algo, de seguro empezaría a rasgar los sillones.
"Bien, entonces subiré a alistarme. Abuelo, podemos ir, verdad?" preguntó, observando al mayor.
"Por supuesto, yo cuidaré del gatito" aseguró. "Por cierto, como se llama?" interrogó luego.
"Es verdad, lo había olvidado. ¿Cómo decidiste llamarlo?" preguntó también Yugi. Yami se alzó de hombros. A decir verdad, aún no había decidido. "Bueno, ya pensaremos en uno. A menos que quieras que se llama siempre 'el regalo que me dio mi amor'" Ambos, el abuelo y Yugi, rieron.
Yami rodó nuevamente los ojos. No iban a dejar ese tema durante todo el día, cierto?
III
-Buenos días, Seto- habló el chico de cabellos negros, mientras se sentaba a la mesa.
-Buenos días... o mejor dicho, buenas tardes, Mokuba- contestó el ojiazul. El chico suspiró. Sí, se había levantado más tarde de lo normal. Aunque no le preocupaba mucho, puesto que sus tutores llegarían hasta después de las dos de la tarde. Sí, él no iba a la escuela. Lo había hecho, un año atrás, pero prefirió empezar con clases particulares ese año.
-¿Cómo te fue anoche con Yami?- preguntó, cambiando de tema. El CEO alzó una ceja. ¿Cómo sabía el chico que había estado con Yami? Mokuba, al ver la pregunta en los ojos azules del mayor, decidió explicar. -Hablé con Yugi en la mañana, y mencionó que ayer estuviste ahí-
-Ya veo... bien, supongo- afirmó. Claro, todo habría sido excelente si no hubiera sonado su celular cuando menos tenía que hacerlo.
El menor lo miró por algunos momentos, sonriendo ligeramente. Podía notar algo... diferente, en su hermano. Se le veía más... ¿feliz? Relajado? No lo sabía, pero al parecer era algo bueno.
De pronto, una pregunta asaltó su mente. Algo que aún le producía curiosidad. Después de todo, hasta Yugi se había negado a aclararle esa duda. De hecho, cuando le había mencionado el tema, el joven había cambiado de inmediato la conversación.
-Yami ya te dijo por qué... ¿por qué perdió la audición?- interrogó al fin, ganándose de nuevo la atención de su hermano, quien lo miró sin decir nada por varios segundos. Ahora que lo pensaba, no había pasado siquiera por su mente el preguntarle al joven tan personal detalle.
-No, y no creo que pueda preguntarle eso, Mokuba- dio su respuesta. Era verdad, no podía simplemente preguntar algo como eso. A su parecer, si Yami quería decirlo, era su decisión, pero no iba a presionarlo. Miró al chico, notando cierta preocupación en su rostro. -¿Por qué la pregunta?- interrogó entonces.
-Bueno... es que... cuando le pregunté a Yugi, cambió el tema de manera muy brusca. Lo único que logró decirme, fue que había sido a causa de un suceso muy desafortunado- explicó. Hubo silencio después de esto. Las palabras de Mokuba sin duda habían sorprendido al ojiazul. ¿Un suceso desafortunado? Podía ser un accidente, tal vez? Suspiró, no podía sacar conclusiones, ni tampoco forzar a Yami a decirlo.
Se levantó entonces.
-¿Hermano?-
-Debo ir a trabajar, Mokuba- explicó. El chico guardó silencio, pero asintió levemente.
-Cuídate- Fue su última palabra. El CEO asintió, saliendo luego del lugar. Aunque debía admitir, que su hermano le había dejado una gran interrogatoria.
¿Por qué Yami había perdido el sentido de la audición?
III
"Mira éste" llamó Yugi. Yami se acercó. Ambos estaban en la tienda de mascotas del centro comercial, mirando las mil y una cosas que habían. Por ahora, solo habían escogido las tazas para la comida y el agua del gatito. Así que en ese momento, estaban buscando un collar.
Yugi señalaba uno de ellos. Era celeste, con pequeños diamantes incrustados, además de tener también un cascabel plateado.
"¿Qué te parece?" preguntó. Yami lo miró, sacándolo de su lugar y tomándolo así en su mano. Era muy bonito, de eso no había duda. Además, el color celeste combinaba a la perfección con los ojos del minino.
"Me gusta" afirmó. "Creo que lo llevaré" agregó. Yugi asintió.
Caminaron luego hacia donde estaban los juguetes para gatos. Era una sección amplia, llena de diferentes cosas de todo color. Algunas eran pelotas con un cascabel dentro, otras eran cuerdas con un pequeño ratón al final de ellas. En fin, había de donde escoger.
"Mira éste" comentó el menor, sacando de su lugar una extraña mezcla de cintas de colores, con un palo adheridas al final de ellas con el objetivo de mantenerlas unidas. Sin entender muy bien cuál era la gracia del objeto, empezó a agitarlo.
Aunque, al parecer no era muy resistente el pequeño juguete, puesto que en un segundo, dos cintas se soltaron, cayendo al suelo.
Yami rió al ver el rostro sorprendido de Yugi, quien de inmediato colocó el objeto donde había estado antes, fingiendo que no había pasado nada, y mirando a los lados despreocupadamente.
Luego, sin previo aviso, el menor se dio la vuelta, caminando con rapidez. Yami rió de nuevo, al ver las acciones de su primo. Miró a sus alrededores, y luego, con su pie, escondió las cintas debajo del estante, resolviendo el problema, a menos que en el lugar hubieran cámaras, pero esa ya era otra historia.
De nuevo, se concentró en la razón por la que estaba ahí. Juguetes para el regalo que su 'novio' le había dado.
Sonrió ante ésto. Novio... que bien le sonaba esa palabra.
III
Intentaba concentrarse, encontrando con sorpresa que se le hacía difícil. Aún pensaba en las palabras de su hermano. Antes, ni siquiera se le había venido a la mente el preguntarle a Yami el por qué de su situación, pero ahora, estaba tentado a hacerlo. Aunque no lo haría, por supuesto que no. Sobretodo si resultaba ser un recuerdo doloroso para el joven. Tarde o temprano el tema surgiría, pero por ahora, debía esperar.
Igual, aunque por ahora pudiera ignorar ese pensamiento, sabía que no podría ignorar a Yami. El joven simplemente no parecía querer dejar su mente. Por frustrante que fuera, a cada minuto pensaba en él. Aún no podía creer que un simple joven lo hubiera cambiado de esa forma. Después de todo, qué tenía de diferente? Era un adolescente como cualquier otro.
Bueno, tal vez no como cualquier otro. De hecho, nunca le habían agradado las personas de esa edad. Yugi había sido la única excepción, pues a pesar de todo, el chico era sano. Los demás, al menos la mayoría, eran la misma historia. A veces los veía como simples máquinas que se dejaban controlar por los demás. Fiestas, cigarros, drogas, la simple 'vida' de los jóvenes.
Ahora que lo pensaba, tal vez eso era lo que hacía a Yami diferente. Sí, podía ser que no tuviera muchos amigos, pero al menos, aún tenía dignidad.
Quien sabe, podía ser otra razón. Solo sabía, que a pesar que lo negara, el joven le interesaba... y mucho.
Alzó la mirada de pronto, al escuchar un toque en la puerta.
-Adelante- ordenó. De inmediato, la puerta se abrió, revelando a una mujer de unos treinta y tantos años, de cabello rojizo, ojos castaños y gafas. La reconoció pronto, era su secretaria.
-Señor Kaiba, aquí están los estados que pidió- habló la mujer, mirando a su jefe, el cual estaba sentado tras su escritorio, en su lujosa oficina.
-Tráelos, por favor- La secretaria mostró sorpresa, de hecho, su boca se abrió ligeramente. Su jefe, Seto Kaiba, había dicho 'por favor'? Anonada aún, asintió, caminando hacia el escritorio y dejando los papeles sobre él.
-¿Se... se le ofrece algo más?- preguntó, aún al parecer, sorprendida.
-No, eso sería todo, gracias- De nuevo, la mujer miró al ojiazul con incredulidad. ¿'Por favor', 'gracias'? Esas palabras nunca habían sido parte del vocabulario de Seto Kaiba.
Al ver de pronto que el ojiazul la miraba, asintió, dándose la vuelta y caminando hacia la salida.
Definitivamente, o ella necesitaba más horas de sueño, o el CEO de verdad estaba cambiando.
Pensándolo bien, se decidió por la idea que efectivamente necesitaba más horas de sueño.
III
Se detuvo de pronto, al ver que Yugi también había dejado de caminar. Habían salido ya de la tienda de mascotas, aunque aún seguían dentro del centro comercial. Miró entonces a Yugi, al notar que éste lo observaba.
"Voy a comprarme un helado, quieres uno?" preguntó el chico. Yami negó con la cabeza, pues sus manos estaban ocupadas con las bolsas. En realidad, le encantaban las malteadas, pero por ahora no tenía nada de hambre.
Yugi asintió. "Ahora vuelvo" avisó, dirigiéndose luego hacia la heladería que estaba frente a ellos.
Yami entonces optó por sentarse en una de las bancas que estaban cerca del lugar. Miró por unos momentos a Yugi. El chico estaba pidiendo ya su famoso helado. Se concentró entonces en las personas que pasaban por el lugar. Todas las caras le eran desconocidas.
O casi todas...
En un segundo, se levantó de golpe. Su corazón se aceleró a mil por hora. Ese rostro... lo conocía. Miró a ese hombre. Era él, tenía que ser él. El terror lo inundó. ¿Por qué estaba ahí? No debería estar ahí!
-Niño estúpido, cómo te atreves a hablarme en ese tono!-
-¿¡Por qué no haces una excepción por primera vez en tu vida y sirves para algo!?-
-Es fácil reconocer un error cuando lo ves... no hay duda de que eres un error-
Negó varias veces con la cabeza, dando inconscientes pasos hacia atrás. No deseaba escuchar más, con una vez había sido suficiente. No quería seguir escuchándolo... quería que se fuera.
Saltó de pronto con miedo, al chocar contra alguien.
-¡Yami, Yami, qué te pasa!- Se dio la vuelta, suspirando con alivio al ver a Yugi. Sin dudarlo siquiera, lo abrazó con fuerza. El chico sin duda se sorprendió, apartando el helado del cuerpo del joven para no machar su ropa con él.
Sintió luego a Yami moverse, mirando atrás. Observó entonces sus alrededores, sin notar nada inusual.
Pero pronto, al darse la vuelta la persona que le había causado tanto temor, Yami suspiró en alivio.
-"No era él"- pensó, su mente liberándose de un tremendo peso. No era él, lo había confundido con alguien más. Tembloroso, se alejó de Yugi. Miró al chico, notando la duda en sus ojos.
"Pensé... creí que había visto..." intentó explicar. No tuvo que hacerlo, los ojos de Yugi mostraron entendimiento de inmediato. Se acercó, tocando levemente la mejilla de su primo.
-Yami... no volverás a verlo... jamás- susurró, hablando lentamente para que el joven entendiera. Su primo asintió, aunque su semblante había entristecido.
"¿Podemos irnos?" preguntó.
-Claro- fue la respuesta del menor, quien tomó las bolsas que Yami había dejado en la banca. -Vamos- habló luego.
Y así, ambos caminaron hacia la salida.
El corazón de Yami aún latía con fuerza, sin embargo, su mente intentaba calmarlo. Solo esperaba que ese incidente no arruinara su mayor logro hasta ahora... el olvido.
III
Magi: terminé! nOn Vaya, no puedo creer lo rápido que he estado actualizando éste fic xD Es un récord! Jeje, bueno, ya hacía falta empezar con el tema del pasado de Yamito. Había mucha alegría en el ambiento xD
Ahora, a lo importante. Muchísimas gracias a Aya Fujimiya, rosalind, fussili, Yami224, Yuni-chan yugioh, Deltalight, Ariane De Virgo, Graciela o.O, Yami Rosenkreuz, Kida Luna y fancrazy12 por sus review en el capítulo anterior.
Espero que les haya gustado este capítulo n.n
Nos vemos,
¡Ja ne!
