Rubí, la joya más bella

Capítulo 8

El sonido del teléfono resonaba por el lugar. Por un momento, nadie se acercó a atenderlo. Pero luego, un anciano se asomó por los pasillos, caminando con algo de prisa hacia el ruidoso objeto. Era el día sábado, y el reloj marcaba treinta minutos después del mediodía, así que en ese momento, el sol era el que iluminaba el lugar.

El anciano tomó al fin el teléfono, llevándolo hasta su oreja.

-Moshi moshi- habló entonces.

-Papá, como estás?- se escuchó una voz femenina. El rostro del mayor mostró inmediato reconocimiento.

-Muy bien, hija. Ya me estaba extrañando el hecho de que no hubieras llamado- comentó, riendo ligeramente. Al otro lado de la línea, la mujer suspiró.

-Lo suponía. Quería llamar antes, pero he estado algo ocupada. Aún así, ahora saqué el tiempo, ya no podía esperar. Me preocupa mucho mi hijo, como ha estado?-preguntó la mujer.

-Bueno, ahora que mencionas al muchacho, tengo noticias que...-

-No me digas que sucedió lo mismo de la última vez. Dios, sabía que de nuevo pasaría. Perdón papá pero debes entender que Yami...- interrumpió la mujer, su voz escuchándose preocupada.

-Hija, tranquila. Yami ha estado muy bien, y no se ha encerrado todo el día en su habitación como la última vez. De hecho, ayer fue con Yugi al centro comercial- afirmó el anciano, sonriendo ligeramente al entender la preocupación de su hija. La última vez que Yami se había quedado ahí, se había encerrado en su habitación todo el día, durmiendo la mayor parte del tiempo. Había sido muy obvio, tanto para él como para Yugi, que el joven estaba deprimido. En realidad, a Yami le había costado mucho trabajo recuperarse. De hecho, podía decirse que el joven aún no se había recuperado del todo.

-¿Enserio? Me cuesta creerlo! Odia salir, sobretodo a los centros comerciales. Lo único que le gusta hacer es salir solo a caminar- exclamó la mujer, mostrando incredulidad.

-Pues créelo hija, Yami está muy bien, sonriente, en fin, tienes que verlo- comentó el mayor.

-Papá, no sabes cuánto me alegra escuchar eso. No todos los días puedes ver a Yami sonreír- contestó, en su voz notándose ahora rastros de felicidad. -Si tan solo no hubiera sido tan tonta, mi hijo estaría bien ahora... todo fue mi culpa...- agregó, la felicidad cambiando por tristeza.

-Alicia, no empieces de nuevo con eso. Yami nunca te ha culpado por lo que sucedió, así que tú tampoco debes culparte-

-Igual, todo lo que sufrió fue por mi descuido. Papá, era solo un niño... y yo al parecer estaba ciega. ¿Por qué su padre tuvo que morir? Ahora seríamos una típica familia feliz, y aunque sea un cliché, suena bien- El anciano negó con la cabeza, aunque su hija no lo estuviera viendo.

-No debes pensar en eso. Sucedió de ésta manera y no podemos cambiarlo. Pero de nuevo, Yami está bien, mejor que nunca y puedo asegurarte que...- El sonido del timbre lo hizo frenar sus palabras. -Espera un momento, está sonando el timbre- anunció. Sin soltar el teléfono, puesto que éste era inalámbrico, se acercó hasta la puerta.

La miró por unos segundos, antes de abrirla. Se encontró entonces frente a un hombre, de cabellos castaños y penetrantes ojos azules, quien vestía un simple pantalón negro, y una camisa de botones blanca. Reconoció de inmediato al joven, era Seto Kaiba.

-Buenas tardes, joven Kaiba- saludó. -Me imagino que buscas a Yami- agregó, sonriendo mentalmente. No tapó con su mano el teléfono, así que era obvio que su hija estaba escuchando.

-Buenas tardes, señor Motou. Y sí, ha imaginado bien- contestó. El anciano asintió, conociendo ya la forma sarcástica de hablar del ojiazul.

-Un segundo- señaló, alejándose del lugar luego. Caminó hacia la sala, parándose al final de las escaleras.

-¡Yugi!- llamó entonces. De inmediato, se escucharon varias pisadas, y en unos segundos, el aludido estaba ya frente a las escaleras.

-¿Necesitas algo, abuelo?- preguntó el menor.

-Sí, dile a Yami que Kaiba ya está aquí- pidió. El chico de inmediato sonrió.

-Claro, abuelo- contestó al fin. Y sin esperar más, desapareció de la vista. El anciano llevó entonces nuevamente el teléfono hasta su oreja.

-Hija...-

-Papá, me explicarás ahora lo que acabo de escuchar, verdad?- preguntó la mujer. El anciano rió. -¿Papá?-

-Está bien, está bien. Kaiba es un amigo de Yami, y hoy al parecer van a salir- explicó al fin. Sonrió luego, al escuchar solo silencio del otro lado de la línea. Un silencio que, obviamente, no duró mucho.

-¿¡Mi hijo ya tiene un amigo!?- exclamó la mujer, completamente sorprendida. Eso jamás lo había esperado. -Pero, el joven es de confianza, verdad?- preguntó luego, la preocupación haciéndose presente.

-Por supuesto, es el hermano de uno de los mejores amigos de Yugi-

-Ya veo. Dios, esto sí ha sido una gran sorpresa. Casi no puedo creerlo... un momento, Kaiba? Por casualidad no es... ¿Seto Kaiba?- interrogó.

-El mismo-

-¿¡QUÉ!? Seto Kaiba? El mismo que aparece en segundo o primer lugar en la lista de los hombres más codiciados en las revistas, y quien además es dueño de una compañía multimillonaria!?- El mayor rió.

-Tú lo has dicho-

-Papá, sabes que si me das otra sorpresa más podría morir aquí mismo de un infarto?- preguntó la mujer.

-Bueno, mejor entonces no te doy la última noticia- afirmó divertido el mayor. Sabía que a su hija le costaba creer todo eso, después de todo, la última vez que la mujer había visto a Yami, el joven no tenía amistades, y además, tampoco le encantaba salir.

-Creo que podré aguantar una más. Prefiero morir de un infarto que de curiosidad- aseguró.

-Está bien, no es seguro aún, pero al parecer, esos dos muy pronto van a ser algo más que 'simples' amigos- habló. Si, sabía que en palabras cortas, estaba hablando de más. Aún así, sabía también que su hija se sentiría más tranquila si le decía la verdad, y en realidad, por lo que veía, esa era la verdad.

-Papá, me estás mintiendo verdad?-

-No, aunque como dije no es seguro, pero puede ser-

-No lo creo, de verdad, no puedo creerlo. Espero llegar pronto y verlo con mis propios ojos. Mi hijo al fin feliz, qué más podría desear? Todo este tiempo solo quise que alguien lo aceptara como es, y por fin se cumplió. Tengo que verlo, no puedo esperar. Además, ahora tengo que preguntarle algo muy importante a mi hijo- afirmó. El mayor alzó una ceja.

-¿Y cuál sería esa pregunta?-

-Cuál es su secreto, claro, para conquistar hombres como esos- contestó. Después de esto, ambos, padre e hija, rieron.

III

Miraba tranquilamente a través de la ventana. Decir que se sentía bien era muy poco. Bueno, a decir verdad, había algo que le molestaba aún. La noche anterior, había estado varias horas mirando al vacío, intentando no recordar. Lo que había sucedido en el centro comercial aún lo seguía, sin embargo, ahora solo quería concentrarse en la realidad.

Alzó la mirada, centrando sus ojos en el castaño. Estaba recostado a él, mientras que el ojiazul rodeaba su delgada cintura con su brazo izquierdo, en un pequeño pero cómodo abrazo. Sin dudas, el calor del castaño lo tranquilizaba. Cómo le gustaba estar así, cerca de él. Y ahora, tenía toda la tarde para hacerlo.

Sonrió ligeramente, sin poder evitar lo que hizo luego. Se acercó a como pudo al rostro del ojiazul, y besó suavemente la mejilla de éste. De inmediato, el castaño lo miró. Le sonrió entonces, intentando no sonrojarse.

Pero luego, para su sopresa, el ojiazul se inclinó, dándole así un corto beso en la frente. Ésta vez, no pudo evitar sonrojarse. Así que para esconder su rostro, optó por recostarse nuevamente contra el otro. Y de nuevo, miró por la ventana de la limosina.

Ahora que lo pensaba, era algo bueno que el ojiazul hubiera optado por venir en limosina, ya que así, podían estar cerca el uno del otro en el camino. Sonrió de nuevo, a decir verdad, le costaba creer que eso le estuviera sucediendo. Al fin, algo bueno había venido, después de todo lo que había tenido que pasar.

Un edificio llamó su atención de pronto. Un hospital. De inmediato, tembló involuntariamente. Odiaba los hospitales. Le traían muy malos recuerdos. Había tenido que estar en una cama de hospital por varios días, y no le había gustado para nada. Las noches eran frías y solitarias, y los días, aburridos y largos. Y claro, no podían faltar las heridas que no le habían dejado moverse siquiera. Se mordió el labio, no quería recordar esos días. Ya habían pasado, y no iban a volver.

Intentando convencerse, cerró sus ojos, concentrándose en el reconfortante abrazo del ojiazul.

Miró de reojo a Yami, notando que éste había cerrado sus ojos. Había sentido el ligero temblor que había recorrido el cuerpo del joven, aunque no sabía qué lo había causado. A decir verdad, ahora tenía muchas dudas, la más resaltante, era la misteriosa razón por la que el joven había perdido la audición.

No iba a preguntar, eso ya lo había decidido, pero aún así, sentía curiosidad.

Escuchó de pronto un leve suspiro por parte de Yami. Lo miró, el joven aún tenía sus ojos cerrados. Aprovechó entonces para observar cada detalle del rostro del menor. Todo era perfecto, su nariz, sus mejillas, sus labios, todo.

¿Para qué negarlo? El joven simplemente lo cautivaba.

Sí, tal vez no llevaba mucho tiempo de conocerlo, pero definitivamente Yami había logrado captar su atención, aún sin palabras.

Y ahora, iba a estar con él toda la tarde. Y claro, la idea no le sonaba para nada mal. Además, ya sabía adonde irían, así que por ese lado no habían problemas.

Solo esperaba que ésta vez, su celular no sonara en el peor momento. Aunque bueno, había una forma de evitar eso.

Llevó su mano derecha hacia uno de sus bolsillos, sacando de él su celular. Notó que Yami miraba sus acciones. Sin que ésto le molestara, apagó el aparato en su mano. Luego, volvió a guardarlo.

Definitivamente, esa tarde, no habrían molestas interrupciones.

III

Magi: bueno, aquí lo dejo. Algo corto pero de nuevo fue una inspiración de momento xD

Muchas gracias a Aya Fujimiya, Yami RosenkreuZ, fussili, Deltalight, yuni-chan yugioh, Nosfe, Graciela o.O y ANA KOU por sus reviews en el capítulo anterior n.n

Espero que les haya gustado este nuevo capítulo nOn

¡Hasta la próxima!