Rubí, la joya más bella

Capítulo 9

Se sentía incómodo, eso no podía negarlo. El por qué era simple, Seto y él habían llegado a ese lujoso restaurante. Todo había ido muy bien al principio, pero luego, como por arte de magia, había aparecido 'ella'. Sí, aquella joven de ojos azules y cabello corto. ¿Acaso los había estado siguiendo? No podían existir tales coincidencias.

Fuera como fuera, la joven estaba sentada no muy lejos de allí, y desde hacía varios minutos, no había dejado de mirarlo. No, no miraba a Kaiba, lo miraba solo a él. Eso era exactamente lo que le incomodaba. De hecho, ni siquiera había podido comer en paz. Pero, para su temporal alivio, ya había terminado de comer, y por ende, había acabado esa pequeña tortura.

El ojiazul por otra parte, no parecía percatarse de las miradas de esa joven. Aunque la razón era fácil, ya que estaba de espaldas a ella.

Alzó la mirada de pronto, al ser sacado de sus pensamientos al notar que alguien se acercaba. Pronto reconoció al hombre, era el chofer de la limosina.

-Señor Kaiba, al parecer tenemos un pequeño problema- El ojiazul lo miró por pocos segundos.

-¿Problema?- preguntó.

-Sí, señor. Creo que sería mejor que lo viera usted mismo- explicó. El castaño asintió, mirando luego a Yami, quien observaba con cierta confusión la escena.

"Necesito arreglar un asunto. Volveré enseguida, está bien?" interrogó. El menor asintió, no gustándole para nada la idea de quedarse solo, pero aceptándola de todas formas. De por sí, solo serían unos minutos. El ojiazul se levantó entonces de la mesa, ganándose la atención de algunos presentes, pero pronto, las miradas se fueron.

Cuando estuvo solo, Yami se limitó a mirar la mesa, como si ésta tuviera algo interesante que decir. Pero en realidad, no quería alzar la mirada, puesto que sabía que se encontraría con unos nada amables ojos azules.

Se movió al fin segundos después, sintiendo curiosidad por saber la hora. Miró su muñeca izquierda, en donde estaba su delagado reloj negro, el cual marcaba ya las dos de la tarde.

Suspiró, el tiempo se había ido volando. Ante éste pensamiento, sonrió ligeramente, siempre que estaba con el ojiazul, el tiempo parecía correr con aún más rapidez de la normal. El motivo de ésto, era porque simplemente amaba estar con el CEO. No sabía por qué, pero su sola presencia le daba cierta tranquilidad. Una tranquilidad que había dejado de sentir desde años atrás.

Se mordió el labio, cerrando sus ojos. Al pensar en ésto, varios recuerdos se habían acercado a su mente. Antes, no conocía la palabra tranquilidad, lo único que sentía era inseguridad, hasta de sí mismo. Por mucho tiempo, lo habían llamado mentiroso, y al final, después de tantas repeticiones con ese mismo tema, casi lo había creído.

Las imágenes de cierto día llegaron a su mente. Se reprimió entonces por seguir pensando en eso. Pero ahora que había llegado ese recuerdo, no podía ignorarlo. Así que sin poder evitarlo, lo miró.

Miraba al suelo cubierto de una alformbra azul. No deseaba alzar sus ojos, se sentía más seguro escondiéndolos. El leve sonido del aire acondicionado era el único que se escuchaba. Hasta que pronto, apareció en el aire una voz femenina.

-Yami, ésto es serio. Y necesito que me digas la verdad- Levantó un centímetro la mirada ante ésto, centrándola ahora en el escritorio de madera fina. -Yami, mírame y dime cuál es la verdad. Necesito que me mires a los ojos-

-¿Para qué? Qué diferencia habría?- preguntó en apenas un susurro.

-Si crees que no hay diferencia, entonces no te molestará mostrarme esos hermosos ojos- Suspiró, esa mujer simplemente no se rendiría, cierto? Con molestia, alzó al fin su mirada, centrándola en la persona frente a él. Era una mujer de treinta años, de cabellos rojizos y ojos verdes oscuros. Sabía además quién era ella. Esa mujer era la psicóloga de la escuela. -Eso es, pequeño. Dios, tienes unos ojos preciosos, lo sabías?- Ante ésto, solo se alzó de hombros, mostrando también una mueca de desagrado. No le gustaba para nada que le expresaran cumplidos, pues sabía bien que eran mentiras nada más. Él era solamente una persona inservible, inútil, y eso era todo.

La mujer solo sonrió, intentando al parecer apegarse a su profesión.

-Lo que digas ahora, Yami, lo creeré. Por eso, no debes mentirme- habló. -Lo que me dijiste hace una semana, es verdad?- preguntó luego.

Hubo silencio. El chico de ojos carmesí estuvo a punto de contestar, pero pronto, cerró su boca, la cual había abierto ligeramente. Y como siempre, sintió inseguridad. Sinceramente ya no sabía cuál era la verdad.

Bajó de nuevo la mirada, recordando varias palabras que sin dudas lo hicieron meditar dos veces acerca de la respuesta que daría.

-"No sé por qué me odia tanto... he hecho todo lo posible por ser un verdadero amigo para él"-

-"Lo sé, y por eso no entiendo por qué mi hijo no puede apreciar ese esfuerzo. Yami, de verdad estoy decepcionada de ti. Mentir de esa manera, no puedo creerlo"-

-"Yo... yo no soy un mentiroso, mamá... ¡yo no mentí!... créeme..."-

-"Y sigues mintiendo... vete a tu habitación, hijo, no quiero escuchar nada más"-

Apretó fuertemente sus puños. No había mentido. Lo que le había dicho a la psicóloga una semana atrás era verdad. Pero, si su madre no le creía, por qué debía creer entonces en sí mismo? Tal vez simplemente exageraba las cosas. Tal vez no era tan malo.

Suspiró, levantando así sus ojos.

-No, no es verdad... mentí- confesó. Las ganas de llorar lo inundaron, pero intentó contenerlas. A su parecer, no había mentido, pero ante los ojos de los demás, sí lo había hecho. Así que simplemente los complacería a ellos.

-¿Por qué mentiste? Lo que me dijiste fue algo muy serio, y lo sabes- Tenía ganas de gritar un 'no estoy mintiendo!', pero no obedeció esos deseos. En cambio, respondió utilzando el primer pensamiento que llegó a su mente.

-Porque... solo quería atención-

Alzó la mirada, intentando despejar su mente. No quería pensar en eso, estaba en el pasado. No podía volver a caer en lo mismo. Sus deseos no eran los de vivir gracias a miles de medicamentos y antidepresivos, eso había sido antes. Tiempo atrás, solo se encerraba en su habitación, tomaba varias pastillas ya fuera para dormir o para la ansiedad, y salía de vez en cuando a caminar solo. Recordaba aún aquella vez en la que había terminado subido en la baranda de un puente. Había tenido todas las intenciones de acabar con su vida en ese momento, pero a pesar de todo, no había podido debido al pensamiento de dejar sola a su madre.

Sí, tal vez ella no fue nada comprensiva en el pasado, pero había aceptado sus errores, y había hecho lo imposible por arreglarlos.

Se sobresaltó de pronto, al ver algo caer en su mesa. Miró a su izquierda y se encontró con una no muy grata sorpresa. La joven de cabellos castaños estaba ahí, mirándolo con burla y tal vez malicia.

Pero luego, sin decir nada, la joven simplemente se dio la vuelta, alejándose a ahí. Observó confundido la espalda de la chica, sin embargo, pronto algo captó su atención.

En la mesa, había un papel.

Sintiendo curiosidad pero a la vez algo de temor, tomó el objeto blanco en sus manos. Este estaba doblado a la mitad, así que, en unos segundos, lo abrió. Para su sorpresa había algo escrito. Con el corazón acelerado, leyó el mensaje, algo que de verdad no debió haber hecho.

Eres sordo y nada atractivo. Es obvio que Seto solo te tiene lástima, perdedor. Un consejo, deja de hacerle perder su tiempo y aléjate de él. Él es mío y para mi suerte yo no soy muda como tú.

Su corazón se detuvo, quebrándose luego en mil pedazos. Por unos momentos, quiso no creer en esas palabras. Pero pronto, su mente comenzó a sacar lo lógico. Claro, el ojiazul solo le tenía lástima. ¿Cómo nunca había pensado en eso?

Y por supuesto, él no era atractivo. Cientos de veces se lo habían dicho.

-Ojos de demonio, cabello estúpido, cuerpo demasiado delgado y muy bajo para tu edad... mi conclusión, eres horroroso. Un monstruo sería más atractivo que tú-

Cerró sus ojos fuertemente. Esa era la descripción que aquella persona le había dado. Aquella persona que había arruinado su vida. Y la verdad, no se había equivocado. Había tenido toda la razón.

Viéndolo bien, el único estúpido había sido él, por no creer todas las verdades que esa persona le había dicho. Por intentar olvidarlas, por querer dejarlas atrás.

-"El puente sigue ahí"- Negó con su cabeza. No, había jurado no volver a pensar en eso. Pero, necesitaba algo que lo calmara.

Sin dudarlo, al asaltarle una idea y posible solución, se levantó de la silla. Intentaba con mucho esfuerzo no derramar lágrimas, al menos hasta que saliera del lugar. No quería que el ojiazul quedara mal por su culpa.

Atravesó el lugar, ganándose algunas miradas pero ninguna muy sorprendida. Quería disimular al máximo su condición. Pero claro, cuando al fin salió de aquel lugar, la historia fue otra.

Sin soportarlo más, estalló en lágrimas, las cuales le bloqueaban por segundos la vista. Miró a todos lados, buscando un lugar en especial. Pero no encontró nada, solo a alguien conocido, quien lo miraba con sorpresa. Era el ojiazul. Lo observó por dos segundos, pero cuando vio que el CEO se acercaba, no dudó en alejarse corriendo del lugar.

No sabía si el castaño lo llamaba, ni tampoco si lo seguía. Seguramente, no le interesaba, o al menos eso pensaba él. Por ahora, solo quería un poco de alivio.

-¿¡No te quiero ver aquí, entendido mocoso!? No vas a salir del sótano hasta que tu madre regrese-

Los recuerdos que había olvidado volvieron. No sabía si sollozaba o gritaba, pues no se escuchaba. Pero ciertamente, poco le importaba. Siguió corriendo, esquivando a como podía a las pocas personas con las que se encontraba. Buscaba a cada momento con la mirada ese lugar que tanto necesitaba ver.

Pasaron minutos, o segundos, no lo sabía, pero el tiempo se le estaba haciendo eterno.

Pero luego, para su eterno agradecimiento, una farmacia saltó a su vista.

¿Qué podía decir ahora? Simple, que de nuevo había caído. Que de nuevo se sentía mal. Y sobretodo, que de nuevo necesitaba sus preciosos medicamentos.

Sin dudar ni un segundo, entró al lugar. El ambiente era tranquilo, tal cual el de un hospital. Las paredes eran blancas, al igual que los estantes.

Se acercó al mostrador. Pronto, una joven de cabellos rubio y ojos cafés se acercó. Antes de que ésta pudiera emitir palabra, movió sus manos como si estuviera escribiendo.

Al parecer la joven entendió, puesto que asintió, sacando luego un lapicero y un papel. Por su rostro, estaba sorprendida por su semblante. Y cómo no si aún seguía derramando lágrimas.

Casi con desesperación, escribió rápidamente el nombre del antidepresivo que necesitaba, especificando luego que quería diez de esas pastillas. Alzó por unos segundos la mirada, notando para su dicha que ahí también vendían botellas de agua, así que de nuevo, volvió a escribir.

Le dio el papel a la joven y esperó, mirando con impaciencia cómo la rubia sacaba las pastillas de una caja grande, y luego iba por la botella de agua. Por fin, la mujer terminó, señalándole luego con la factura el monto a pagar. Para su suerte había traído algo de dinero.

Pagó así, y salió del lugar.

Cerca de ahí habían unas bancas. Caminó hasta ellas y se sentó. Sacó la primera pastilla y la tomó con un poco de agua. Cuando terminó, sacó otra más, haciendo lo mismo que con la primera.

Lo único que quería, era dejar de recordar, tanto el pasado como el presente. No quería recordar esas palabras que había leído en el restaurante, y no quería repasar los insultos que había recibido años atrás.

Tomó entonces una tercera pastilla. Iba a tomarla, cuando una mano en su brazo lo detuvo. Alzó la mirada, mirando con sorpresa al ojiazul. Pero pronto, bajó los ojos, no queriendo que el CEO lo mirara en ese estado. Ahora, qué pensaría de él? No que importara ya. El ojiazul no sentía ningún cariño por él, solo lástima.

Sollozó, derramando más lágrimas. Él sí sentía cariño por el CEO. Un cariño... diferente, más profundo. Algo que nunca había sentido.

Se vio forzado a alzar su mirada, cuando una mano tomó con fuerza su mentón.

-¿Qué sucede?- preguntó el castaño. Miró luego las pastillas en la mano del joven. Eran acaso... ¿antidepresivos? Escuchó un sollozo, y un extraño nudo se formó en su gargante. ¿Por qué Yami estaba así? Había estado bien tan solo minutos atrás. ¿Qué había sucedido?

Suspiró, no debió de haberlo dejado solo. Pero ahora, no iba a dejar que se intoxicara a sí mismo con tantas pastillas, porque, por lo que podía ver, el joven ya había tomado dos, y planeaba tomar la tercera.

Así que intentó arrebatarle el sobre al joven. Para su sorpresa, Yami se opuso, intentando alejarse, parándose de donde había estado sentado y golpeándolo levemente en el pecho. Sin embargo, no lo dejaría ir y menos en esas condiciones.

Sin saber qué más hacer, rodeó la pequeña cintura del joven con sus brazos, sintiendo sorprendido cómo el menor se dejaba abrazar, escondiendo su bello rostro en el cuello del castaño y desahogándose allí.

La mente de Yami era más compleja que una vorágine. Pero pronto, un simple pensamiento adquirió sentido.

-"Te amo... te amo... te amo... no me importa si no merezco que me correspondas... no me importa si solo me tienes lástma... te amo, Seto"- Casi no podía creerlo. Ese extraño sentimiento, puesto en palabras, no era otra cosa sino amor puro. Jamás pensó que sentiría amor, ni siquiera creía en él. Pero ahí estaba, aceptando que se había enamorado. Sí sabía que el ojiazul le gustaba, y eso era todo, pero amor... era algo mucho más profundo.

Se mordió el labio. Ahora que lo pensaba, y si Kaiba en realidad no le tenía lástima? Si de verdad le gustaba salir con él? Podía ser, no?

Cerró sus ojos. Le habían dicho también que nadie se interesaría en él. Pero... y si el ojiazul era diferente? O que tal si... si él no era tan horroroso como le habían dicho...

Con manos temblorosas, sacó un papel de su bolsillo. Se apartó luego del ojiazul, y sin mirarlo, le ofreció el objeto.

El castaño lo tomó, no entiendo por unos segundos. Pero al abrir y leer lo que decía en el papel, la rabia lo inundó.

Tomó con fuerza el mentón del joven, obligándolo a mirarlo.

-¿Quien te dio ésto?- preguntó. -Fue Gardner, no?- agregó. Yami solo miró hacia un lado, intentando evitar los ojos del castaño. Pero, cuando el más alto ejerció más fuerza sobre su mentón, lo miró de nuevo. -¿Lo creíste?- Un leve asentimiento fue todo lo que recibió como respuesta.

Sintiéndose ahora culpable por haber dejado al joven solo, tomó la mano derecha de éste. Su idea claro, era quitarle las pastillas al joven.

-No las necesitas- habló. Yami lo miró por varios segundos. Había dejado de llorar al fin, pero parecía que estaba a punto de empezar a hacerlo de nuevo. Con inseguridad, soltó el sobre.

De inmediato, las siete pastillas que quedaban cayeron en la calle, siendo aplastadas luego por uno de los vehículos que pasaban por allí.

-¿Y sabes lo que pienso de ésto?- preguntó, hablando pausadamente para que Yami entendiera. Cuando vio reconocimiento en esos ojos, comenzó a partir el papel que el joven le había dado en miles de pedazos, ante la mirada sorprendida pero aliviada del menor.

Al terminar, observó a Yami por unos momentos. Una diminuta sonrisa se asomaba en aquel hermoso rostro, pero aún había inseguridad también. Decidiendo entonces que era mejor ir a otro lugar a arreglar todo ese asunto, tomó por sorpresa al joven cuando lo alzó, cargándolo hacia la limosina que había llegado minutos atrás. Si, para sorpresa de todos, al menos para los que lo habían visto, él había corrido por las calles persiguiendo a Yami.

Pero bueno, eso ya no tenía importancia. Al menos el joven estaba bien.

Lo llevó hasta la limosina, dejándolo entrar luego por cuenta propia. Cuando se hubo acomodado, entró él también.

El vehículo comenzó a moverse, después de que el ojiazul le dijera al chofer adónde debía ir.

Yami miró al ojiazul poco después, notando que éste iba a decir algo.

"Tal vez seas sordo, pero eres quien más me ha escuchado. No puedes hablar, pero nunca he sentido aburrimiento cuando estoy contigo. Lástima no siento por nadie, ni siquiera por el más necesitado. Pierdo mi tiempo cuando trabajo horas extras, pero no cuando salgo contigo. Si te alejas de mí... volveré a ser el mismo hombre insensible que solía ser antes de conocerte. Y por último, al parecer no conoces aún un espejo, porque sino, estarías viéndolo todo el día tan solo para ver tu reflejo en él"

El corazón del joven dio un giro completo. No podía creer lo que el ojiazul había dicho. Por unos momentos, todo lo que sintió fue sorpresa, pero luego, al entender al fin todasesas palabras, se cubrió su boca con su mano derecha demostrando la sorpresa que sentía. Sus ojos brillaron con lágrimas de alegría.

Eso había sido lo más hermoso que le habían dicho en toda su vida.

Observó al castaño, notando que éste tampoco parecía creer lo que había dicho segundo atrás. Sonrió entonces. Esas palabras de verdad habían salido del corazón del castaño...

Con agradecimiento, se acercó al ojiazul, recostando su cabeza contra el hombro del CEO. Sin dudas, había conocido a la persona más maravillosa de todas. Una persona que con solo palabras lo hacía olvidar sus problemas, como en ese momento. Una persona en la que confiaba de verdad...

Su mirada se perdió en el vacío. Confiar, tal vez eso debía hacer. Además, el ojiazul tenía derecho a saber acerca de su pasado, no? Tal vez si al fin hablaba con alguien sobre eso, podría quitarse ese gran peso de encima. Sería difícil hablar sobre eso, claro estaba, pero definitivamente ayudaría.

Salió de sus pensamientos, al encontrarse de nuevo en los brazos del ojiazul, quien lo sacó del vehículo con cuidado. Sintiéndose con más confianza, enredó sus brazos alrededor del cuello del castaño. Miró entonces sus alrededores, sorprendiéndose al ver que estaban en la mansión del CEO.

-Necesitas descansar- habló el ojiazul al ver que Yami lo miraba con confusión. El menor asintió. A decir verdad, la idea de dormir un poco no le sonaba mal, aunque... no quería estar solo. Pero, no podía decirle al castaño que se quedara con él... o sí? Con algo de valor, desenredó sus manos.

"¿Yo solo?" preguntó al fin, con inseguridad. El castaño no pareció esperar ésto, pero de todas maneras contestó.

-Puedo acompañarte si quieres- ofreció. La verdad, no sabía por qué estaba siendo tan amable, pero con Yami las cosas habían sido diferentes desde un principio.

Con alivio, el joven asintió, notando al fin un curioso detalle. Ya estaban dentro de la mansión, y todas las sirvientas que estaban allí los miraban con asombro. En realidad, parecía que en cualquier momento se desmayarían o algo por el estilo. Frunció el ceño. El ojiazul no podía haber sido 'tan' frío, verdad?

Suspiró. Fuera como fuera, ahora estaba ahí con Seto, y eso era lo que más le importaba.

Recostó entonces su cabeza contra el pecho del castaño, cerrando sus ojos y esperando así que llegaran a su destino.

En algunos minutos, ambos estaban ya en la habitación del ojiazul. Era un lugar grande, con una enorme cama en el centro. Las paredes eran blancas, mientras que las sábanas de la cómoda cama eran azules.

Pronto, Yami se encontró de pie.

"Puedes cambiarte aquí" habló el ojiazul. Yami asintió. Obviamente, cambiarse, era simplemente quitarse el pantalón y la camisa. Por suerte, traía por debajo una cómoda camiseta blanca.

Se dio a la tarea de quitarse todas esas molestas prendas. De verdad, ya quería acostarse en esa cama, la cual se veía más que cómoda.

Para su dicha, terminó con esa tarea pronto. Así que sin dudarlo, se acercó a la cama, hundiéndose en las sábanas poco después. Sonrió de pronto, al enterarse que las sábanas tenían ese bello aroma que emanaba del ojiazul.

Al mirar a su izquierda, se sonrojó levemente, al ver al dueño del lugar entrar. El castaño estuvo a su lado poco después. Pero antes de que pudiera acostarse, el joven habló.

"Antes de descansar quiero... tengo muchos malos recuerdos y quería saber si... si puedo compartirlos contigo" comentó. Kaiba lo miró con cierta sorpresa, pero pronto asintió.

Al parecer, por fin iba a saber sobre el pasado del joven. Y sobretodo, el porqué había perdido la audición.

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Magi: y lo dejo ahí!! n.n Espero que éste capítulo sí haya sido más largo u.u Pero bueno, al menos actualicé.

Agradecimientos a Aya Fujimiya, yuni-chan, rosalind, Deltalight, Fussili, Nosfe, Kimiyu y Graciela o.O por sus reviews en el capítulo anterior!! nOn

Espero que les haya gustado el medio dramático capítulo xD

¡Hasta la próxima!