Rubi, la joya más bella
Capítulo 12
Un fuerte sonrojo cubría sus mejillas. Aquel tono que teñía su rostro había sido causado por un pequeño detalle.
Había despertado minutos atrás. Todo había transcurrido normalmente y como debía ser. Pero, cuando entró al baño con el objetivo de tomar una ducha, el espejo que se encontraba cerca de una de las esquinas le había revelado un vergonzoso detalle.
Sinceramente, no le avergonzaba tanto el lucir esa ridícula e infernal pijama cubierta de criaturas aterrorizantemente tiernas. No, lo que le hizo sonrojar, fue el pensar que, obviamente, Kaiba le había colocado esa pijama, y por lo tanto... sí, lo había visto semidesnudo.
Una mueca casi de terror inundó su rostro. A decir verdad, no se sentía orgulloso de su cuerpo. Según lo que le había dicho cierta persona, o cierto monstruo mejor dicho, su cuerpo era demasiado delgado, y claro, nada atractivo. Y en eso no podía negar que su padrastro tenía razón.
Así que ahora, sentía inseguridad acerca de lo que pudo haber pensado su novio al ver su cuerpo. Tal vez, sintió decepción?
Negó con la cabeza. Debía dejar de atormentarse de esa forma. Seto se preocupaba por él, Seto era su pareja, y eso superaba cualquier pequeñez como por ejemplo la de si su cuerpo era delgado o no. Si Kaiba de verdad lo amaba, no debía importarle detalles como esos... cierto?
Suspiró, alejándose del espejo.
Como deseaba acabar de una vez por todas con su baja autoestima...
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
-No hay trato- declaró. El hombre, de tal vez unos cincuenta y tantos que se encontraba al otro lado de la mesa lo miró con sorpresa, mientras que la joven castaña que se encontraba al lado de éste no dudó en quejarse abiertamente.
-Pero Seto es una buena propuesta y...-
-Una propuesta que nos concierne al señor Gardner y a mí, solamente- contestó con evidente enojo. Se encontraban en un lujoso restaurante, y en ese momento, en una reunión de negocios.
-Joven Kaiba, mi hija ya tiene la edad suficiente para entender de éstos asuntos- intentó convencer el mayor, de ojos castaños y cabello también castaño cubierto además por varias canas.
-Pero no la madurez suficiente. Con todo respeto, si gracias a ésta propuesta tengo que soportar a la joven Gardner, entonces es simple... no hay trato- afirmó. Ésto pareció molestar al hombre, quien obviamente, defendió a su hija.
-¿Soportar? Esa es una expresión sumamente descortés...-
-Que jamás me atrevería a usar hacia una dama, cuando ésta no lo merece- interrumpió el ojiazul. Sentía enorme furia en ese momento, pero intentaba mantener la compostura.
-Y no lo merezco, Seto. No merezco que te expreses así de mí- se quejó la joven. Kaiba rodó los ojos en fastidio, el enojo creciendo en su interior. ¿No lo merecía? Y Yami... acaso él sí merecía recibir aquellos ofensivos comentarios por parte de la joven?
-¿No lo mereces? Y lo que sucedió ayer no es una razón suficiente?-
-Pero Seto eso...-
-¿Ayer?- preguntó de pronto el hombre. -Joven Kaiba, ha hecho algo incorrecto mi hija?- interrogó, no con enojo, sino con preocupación.
-Así es. De ahí la razón por la que no deseo que la joven Gardner tenga algo que ver en este asunto- explicó el ojiazul.
-¡No he hecho nada incorrecto!- exclamó de pronto la castaña, ganándose la atención de varios de los presentes.
-Hija, no alces la voz...-
-¡Solo defendía lo que es mío!- una nueva exclamación, la cual fue la gota que derramó el vaso.
El CEO se puso en pie de inmediato, en sus ojos reflejándose enorme enojo. No notó entonces que ahora todos los que estaban en aquel lugar lo miraban. Lo único a lo que prestó atención, fue a la joven, a quien en ese momento solo quería ahorcar. ¿Quién demonios se creía esa joven para decir que él le pertenecía? ¿De dónde había sacada esa idea tan estúpida?
-¡Yo NO te pertenezco, Gardner!-
-No es eso lo que te molesta... sino lo que sucedió ayer, cierto? Seto, sabes bien que soy celosa y...- El ojiazul solo pudo mirar sin creer a la joven. ¿Acaso no había escuchado lo que le había dicho acerca de no pertenecerle a ella? Era tonta o algo por el estilo?
-¿Y por eso tuviste la magnífica idea de insultar de esa forma a mi novio?- Silencio le siguió a ésto. La castaña parpadeó varias veces, la última palabra dicha por el ojiazul encontrando poco a poco camino en su mente.
-¿No... novio?- preguntó al fin.
-Sí, novio- afirmó.
-Pero... ¿Cómo puede ser tu novio? ¡Es sordo! Tú mereces a una mujer perfecta...-
-Él es perfecto, y sí, es sordo, pero sabe escucharme, algo que tú no pareces hacer- interrumpió el ojiazul. -Y si lo insultas a él, me insultas a mí- finalizó.
-Seto...-
-Hija, por favor retírate- habló de pronto el hombre. La castaña lo miró con sorpresa.
-Pero, papá...-
-Tea Gardner, retírate en éste instante- ordenó con más firmeza el mayor. La joven obedeció. Le dirigió una mueca de reproche al CEO, mientras se levantaba. De hecho, parecía que estaba a punto de llorar, tal vez debido al enojo o a la indignación. Pero obedeció sin decir palabra, caminando fuera del lugar.
Kaiba suspiró. No había planeado nada de lo que había sucedido. Pero simplemente no había podido contener su enojo.
Miró sus alrededores, notando que todos lo miraban. Claro, solo necesitó una de sus famosas miradas de hielo, para que los presentes retiraran sus curiosos ojos de encima suyo.
-Me disculpo por lo sucedido, joven Kaiba- Miró al hombre. Bueno, al menos el empresario estaba de su lado. Aunque tal vez lo estaba porque le convenía. Después de todo, era un privilegio tener como socio a Seto Kaiba.
-No pienso continuar con ésta 'reunión', tal vez otro día y siempre y cuando su hija no interfiera- habló. El hombre asintió.
-No lo hará-
-Bien. Me retiro- finalizó. Antes de hacer lo dicho, sacó dinero de su bolsillo y lo colocó en la mesa.
Salió entonces del lugar, ganándose de nuevo la atención de los presentes. Los ignoró ésta vez, y atravesó el lugar. Salió al fin, solo para encontrarse con sus guardaespaldas, quienes al verlo se acercaron con rapidez y lo rodearon. La razón de aquella extraña acción pronto fue revelada.
-Joven Kaiba, quién era ese adolescente?-
-El joven de ojos carmesí... cómo se llama? Por qué lloraba?-
-Sabemos que corrió tras el joven. ¿Es tan especial acaso?-
Miró a los reporteros. A decir verdad, ya se habían tardado.
El día anterior, había dejado a Yami solo pues le habían dicho que había un pequeño problema. Y ese problema, era que un fotógrafo estaba afuera, y ya les había tomado varias fotografías mientras Yami y él caminaban hacia la entrada del restaurante.
Claro, que al ver a Yami salir de pronto con el rostro empapado en lágrimas, había olvidado por completo el asunto. Así que obviamente, el fotógrafo había aprovechado aquello.
-Lo cargó hasta la limosina. ¿Exactamente qué tipo de relación tiene con ese joven?-
Avanzó de pronto, sus guardaespaldas manteniéndolo lejos del alcance de aquellos curiosos.
No pensaba responder a ninguna de sus preguntas. Aún no. Primero, necesitaba saber si Yami estaba de acuerdo acerca de hacer pública su relación. Aunque bueno, practicamente había gritado en aquel restaurante que el ojirubí era su novio, así que ahora era solo cuestión de tiempo para que los medios lo averiguaran.
Por unos segundos, sintió cierta culpa. Ahora, no dejarían a Yami en paz. Tan pronto supieran quien era y donde vivía, no le dejarían en paz. Al menos hasta que tuvieran las respuestas que querían.
Por fin, entró a la limosina. Le dijo entonces al chofer que lo llevara a su mansión. Sí, le había dicho a Yami que iría a verlo después de la 'reunión', y pensaba hacerlo. Pero además de ir a ver a su novio, debía pasar a un lugar en especial a comprar un objeto en especial... para una persona... muy especial. Sí, obviamente esa persona era Yami.
Con eso, y ahora que los reporteros estaban siendo una molestia, era mejor optar por un medio de transporte más... veloz.
Y para eso... qué podría ser mejor que un auto deportivo?
IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
Aburrido, aburrido... y... aburrido.
Cambiaba los canales a cada segundo, buscando algo interesante. Pero... nada, no había nada que ver.
Escuchó un sonido, y apartó así por unos momentos la mirada del televisor. Le sonrió ligeramente a Yami, quien había entrado a la sala.
El ojirubí también le sonrió, dedicándole luego un simple 'buenos días'. Se acercó a donde estaba su primo, terminando por sentarse en el sofá, al lado de éste.
"¿Nada interesante?" preguntó. Yugi negó con la cabeza. Pronto, sin embargo, sonrió.
"Pero tú sí tienes algo interesante que decir, no es así Yami?" interrogó. El otro se sonrojó levemente. Yugi rió entonces. "Y tiene que ver con Kaiba... verdad?" insistió el menor. El sonrojo en las mejillas de Yami se intensificó.
"¿Cómo lo supiste?" preguntó entonces el ojirubí.
"Bueno después de ver a Kaiba cargándote en sus brazos y luciendo un par de orejas de gato... creo que eso lo dice todo" rió luego. "Fue algo... sobrenatural, sin dudas" agregó. Ésta vez, sin embargo, Yami lo miró con algo de seriedad. ¿Por qué sobrenatural? Sí, sabía que el ojiazul era una persona fría... pero no a tales extremos... o sí?
"Pero, por qué? Es decir... al menos conmigo nunca ha sido frío. Pero hablas de él como si fuera un cubo de hielo" le dijo. Yugi no respondió por unos segundos. Era verdad, su primo no conocía al Kaiba que él había conocido. Era sorprendente, pero el ojiazul se había mostrado amable con el ojirubí desde el principio.
"No hay duda de que ha cambiado gracias a ti. Pero siempre fue frío e indiferente. Cuando estaba con Mokuba y él llegaba de su empresa, simplemente asentía en forma de saludo y luego se encerraba en la biblioteca a seguir trabajando" explicó. Yami mostró en sus ojos una mezcla de sorpresa y confusión... la persona de quien hablaba Yugi no parecía ser su Seto. "De hecho, fue una enorme sorpresa que te dirigiera aquel 'gusto en conocerte'" afirmó, sonriendo.
Yami también sonrió, recordando las primeras palabras que le había dirigido el ojiazul. Tal vez, si el castaño no hubiera dejado escapar aquella frase, no estarían juntos ahora.
"Me parece que fue amor a primera vista" Otro sonrojo se notó en el rostro de Yami. ¿Amor a primera vista? No, definitivamente no. No creí que el ojiazul con solo mirarlo hubiera sentido algo hacia él.
Por el contrario, cuando él miró al empresario... debía admitir que quedó casi paralizado al haberse encontrado con aquellos ojos azules.
Aunque aquella no fue la primera vez que vio al castaño. De hecho, lo había visto dos años atrás. Pero claro, verlo en persona era algo completamente distinto.
Aún recordaba aquel día con claridad. Aquel tiempo en el que jamás imaginó que llegaría a conocer al empresario...
Entró a aquella tienda, una tienda de revistas. ¿Para qué? Ni él sabía, solo quería distraerse un poco.
Momentos atrás había caminado por las calles, solo, como solía hacerlo casi todos los días. No le gustaba que su madre lo acompañara, pues el objetivo de aquellas caminatas era simplemente intentar olvidarse de todo.
Con cada paso que daba hacía un gran esfuerzo por intentar quitarse el enorme peso que sentía encima. Pero con cada paso dado, se daba cuenta de que jamás podría lograrlo.
Y días atrás lo había comprobado, cuando había pensado en suicidarse, y había terminado en aquel puente. No lo había hecho, y a decir verdad, sentía la tentación de volver a intentarlo.
Negó con la cabeza. No podía pensar así. No tenía intenciones de dejar a su madre sola, aunque a su punto de vista, él ahora solo representaba una carga para ella, pero bien sabía que si algo le sucedía, aquella mujer sufriría, y no quería eso.
Tomó una revista sin siquiera mirar. Pero alzó una ceja al verla. Era una revista para mujeres adolescentes.
Iba a dejarla donde la encontró, cuando ojos azules captaron su atención. Miró al hombre que ocupaba la portada de la revista. Nunca lo había visto, de hecho, no tenía ni idea de quién era. Después de todo, lo que menos le interesaba era saber acerca de las celebridades.
Aún así, se tomó el tiempo de mirar la imagen de aquella persona. No sabía por qué, pero había algo en aquel hombre que le cautivó en ese momento.
Buscó luego el título. 'Seto Kaiba, el galán perfecto', qué interesante descripción.
Dejándose llevar por la curiosidad, abrió la revista, encontrándose en poco tiempo con una nueva imagen del ojiazul. 'Serio, arrogante e indiferente en el exterior, pero bien sabemos que los hombres fríos tienen un lado sensible... ¿será el caso de éste galán?'. Dejó de leer. Definitivamente, esa revista era para niñas de colegio.
Volvió entonces a dejar el objeto donde debía estar, mirando una vez más al hombre de la portada. Sin dudas era un hombre atractivo...
Pero entonces, la misma revista que había dejado en el estante segundos atrás fue tomada por una joven, vestida con uniforme de colegio. La miró disimuladamente, notando que a su lado se encontraba otra joven quien lucía el mismo uniforme.
-¡Es Seto!- Entendió aquellas palabras al mirar los labios de la joven.
-¡Tienen razón... es el hombre perfecto!- También pudo comprender ésas palabras. Luego, miró cómo las dos jóvenes parecían... gritar cuando encontraron la página que él leyó segundos atrás.
Suspiró. Definitivamente, algunas personas sí tenían suerte. Él, en cambio...
Bajó la mirada, aquella carga inmensa volviendo a inundar su pecho. Se dio la vuelta entonces, caminando fuera de la tienda y retornando a la misma tristeza y a la misma rutina de la famosa caminata.
"¿Yami?" Salió de sus pensamientos, al ver a Yugi mirándolo. "¿Son novios, verdad?" interrogó el menor. El ojirubí sonrió. Sí, Seto era su novio. Le costaba creerlo pero era verdad. Aquel hombre que había visto dos años atrás en aquella revista era su ahora pareja.
Asintió entonces, no ocultando su sonrisa. Dioses, ahora sonreía a cada instante. Pero no podía quejarse, al contrario.
Yugi también sonrió. "Estoy feliz por ti, Yami" le dijo con sinceridad.
Por unos segundos, no hubo más movimientos por parte de ambos jóvenes. Pero de pronto, Yami miró cómo Yugi dirigía rápidamente la mirada hacia el televisor. Sintiendo curiosidad por saber qué había llamado de esa forma la atención de su primo, miró también la pantalla... solo para quedarse congelado al ver lo que en ella había.
Una imagen suya con el rostro empapado en lágrimas lo saludó. Recordó aquel momento, cuando había salido del restaurante llorando después de leer aquel papel que la joven castaña le había dado.
Pequeñas gotas de sal comenzaron a acumularse ahora en sus ojos. ¿Por qué aquella imagen estaba en la televisión? Cómo la habían obtenido?
-'¿Quién es éste joven? Esto es lo que todos se preguntan. Sobretodo después de haber sido visto con el famoso empresario Seto Kaiba, en lo que al parecer era una cita...'- Dejó de leer los subtítulos, bajando la mirada. Ahora, sí iba a ser una molestia para el ojiazul. Es decir, no pensaba que el castaño estuviera feliz con aquello, cómo podría estarlo?
Una mano en su hombro lo sacó de sus pensamientos. Miró a Yugi, quien le dedicó una pequeña sonrisa.
"No puedes tomarle importancia a éstas cosas, Yami. Es normal, Kaiba es prácticamente una celebridad después de todo" le dijo. La verdad, sentía sorpresa y confusión por la imagen que había visto en la que su primo lloraba, pero a su punto de vista ese era un asunto entre Kaiba y Yami, nada más. Así que no pensaba preguntar.
Yami no contestó. A decir verdad no se sentía bien. Estaba seguro de que su novio estaría molesto.
Pero... él de verdad no quería ser una molestia...
Se puso en pie, no dudando en salir de allí sin siquiera dirigirle una mirada a su primo. No se sentía bien. La alegría que había sentido había sido opacada nuevamente por la inseguridad. Siempre era lo mismo, no? Sentía felicidad, y de pronto tocaba a la puerta la inseguridad. Era casi como un ciclo.
Por unos segundos, pensó en subir a su habitación. Pero descartó esa idea. No estaba de ánimo para acostarse en la cama y mirar al vacío. Tal vez caminar un poco le ayudaría a calmarse, como solía hacerlo tiempo atrás. Además, ahora vestía un jeans oscuro y una camisa color vino, así que podía salir sin preocuparse.
Caminó entonces hacia la puerta principal. Llegó a ella en pocos sengundos y la abrió. Caminó con rapidez, esperando alejarse en solo segundos.
Pero después de unos dos metros de camino, fue detenido bruscamente, al chocar contra algo... o alguien. Cayó al suelo debido al impacto.
Al principio, la confusión lo inundó. Pero luego, abrió sus ojos de golpe, al sentir una mano en su mejilla. Iba a alejarse, pero se detuvo al encontrarse con ojos azules que bien conocía. Era su novio. Bajó la mirada de inmediato.
Pero ahora, la mano que estaba en su mejilla bajó hasta su mentón, obligándole a alzar el rostro y la mirada.
-¿Qué sucede?- Miró que el ojiazul le preguntaba. Al parecer había notado con facilidad que algo andaba mal.
"Lo siento, no quiero causarte molestias... pero gracias a mí..." intentó explicar, deteniéndose al no saber cómo continuar. "Están hablando de nosotros en las noticias..." agregó. Quería bajar su mirada, pero al mismo tiempo, quería también ver cuál sería la reacción del ojiazul ante aquella información. Así que finalmente, optó por no dejar de mirar al castaño.
Pero para su sorpresa, pudo observar que el empresario solo dejó escapar un suspiro. Sus ojos no mostraron sorpresa ni mucho menos enojo.
Luego, el más alto se puso en pie. Después de ésto, le extendió la mano al confundido joven, quien la tomó dudoso, terminando por apoyarse en sus pies al igual que el otro.
"Ya te había dicho que no quería que volvieras a utilizar esa palabra... además, no es tu culpa sino mía" afirmó el castaño. Yami de inmediato negó con la cabeza.
"Es mi culpa... yo..."
"Ayer cuando te dejé solo en el restaurante" interrumpió el ojiazul. "Debido a un 'problema'... ese problema era un fotógrafo quien al parecer había estado siguiéndonos" explicó. Yami lo miró sorprendido. ¿Un fotógrafo? ¿Siguiéndolos? "Pensaba decírtelo pero lo olvidé por completo cuando..." se detuvo. Era obvio lo que le seguía a estas palabras. Tal vez por eso el ojirubí asintió, indicando que comprendía. Pero aún estaba confundido, primero, porque al ojiazul no parecía molestarle que todo el mundo estuviera hablando de ambos. Y segundo, porque el empresario no estaba enojado con él. De hecho, de nuevo le había dicho que no utilizara la palabra 'molestia'.
Sonrió ligeramente. Seto de verdad lo quería... cierto? Qué otra explicación podría existir?
"¿No estás molesto? Ahora todos piensan que somos pareja" le dijo. El castaño se limitó a alzar una ceja.
"Y lo somos. Estaría molesto si no fuera verdad... pero lo es" afirmó el ojiazul. Yami sonrió con más libertad. Por unos momentos, había pensado que tal vez el empresario se sentiría avergonzado de su relación pero ahora... "De hecho, pensaba hacer pública nuestra relación, pero necesito saber si estás de acuerdo con eso" agregó. Esta vez, la sorpresa que sintió el menor fue mayor. El día anterior se habían apenas convertido en pareja, y el ojiazul ya sentía la seguridad de hablar públicamente acerca de eso? Su corazón dio un giro... Kaiba lo amaba de verdad, cierto? Así como él amaba al ojiazul, de la misma forma el castaño lo amaba a él...
"¿Quieres... quieres que todos sepan que soy tu novio?" interrogó sin creerlo. Lo que decían en las noticias siempre eran considerados como rumores. Pero si el ojiazul aceptaba públicamente que ambos eran pareja entonces... sería algo oficial.
"Quiero que el mundo entero lo sepa" afirmó el castaño. Los ojos del menor brillaron con lágrimas de alegría. Casi no podía creerlo. Miró entonces cómo el ojiazul se acercaba, terminando por darle un corto beso en los labios.
Sonrió de nuevo, mirando aquellos ojos que tanto amaba.
"Yo quiero estar contigo cuando hables de nuestra relación. Quiero... quiero que todos entiendan que eres solo mío" Se sonrojó levemente, pero eso era lo que sentía. A decir verdad, no le importaba lo que las personas dijeran de él, que era sordo, que tal vez Kaiba merecía a alguien mejor. Al único al que prestaría atención ahora, era al ojiazul. Sí éste era feliz a su lado, entonces él también sería feliz, sin importar lo que los demás dijeran.
"No sabía que fueras tan posesivo" Se sonrojó aún más ante el comentario del ojiazul, bajando la mirada. Sin embargo, solo recibió otro corto beso. Miró de nuevo los ojos del castaño, notando en el proceso cómo de nuevo el rostro de su novio se acercaba al suyo.
Esta vez, cuando sus labios se unieron, el ojirubí enredó sus brazos alrededor del cuello del castaño, sintiendo luego cómo los brazos de su novio rodeaban su cintura.
El beso ahora fue más profundo. Sus lenguas se juntaron, bailando a un ritmo lento, pero sin dudas hermoso.
Al hacerles falta el aire, se separaron.
Yami escondió su rostro en el cuello del ojiazul, descansando allí y cerrando los ojos. Sonrió ligeramente. Se sentía feliz, no había forma de negarlo. Gracias al ojiazul, ahora al fin había reencontrado la alegría.
Por los dioses, aunque había conocido al castaño poco tiempo atrás... ya lo amaba más que a nadie en el mundo.
Su corazón se entristeció por unos segundos. Cómo deseaba poder expresar lo que sentía con palabras y no con señas. Cómo anhelaba poder dejar salir tres simples palabras. Pero, no podía. No era mudo, pero no podía escucharse a sí mismo... cómo podría hablar entonces?
Sus manos se aferraron a la camisa del ojiazul. Quería decíselo. Por todos los cielos, necesitaba decírselo.
Se mordió el labio... tal vez... y solo tal vez.
Sin abrir los ojos, se acercó a la oreja del ojiazul.
Tal vez... si de verdad quería...
Podría al menos intentarlo.
Abrió su boca y...
Nada sucedió.
No se atrevía, la inseguridad era mucha. Cerró su boca, resignándose. Escondió entonces su rostro de nuevo en el cuello del más alto.
De verdad quería expresar con palabras lo que sentía. Quería pronunciarlas... pero no quería quedar tampoco como un tonto. ¿Que tal si había olvidado ya cómo pronunciar las palabras? ¿Y qué sucedería si hablara demasiado alto, o muy bajo como para que el ojiazul lo escuchara? Sería mayor la decepción sin duda alguna.
Suspiró, alejándose unos centímetros del castaño. Por unos segundos, su mirada se enfocó en la calle que se encontraba a espaldas del ojiazul.
Y entonces, algo captó por completo su atención. Parpadeó un par de veces. Acaso aquello era de su novio...?
Se apartó del ojiazul, obteniendo así una mejor vista de aquella máquina. Era sin dudas... hermosa.
Sin siquiera darse cuenta, se fue acercando, su mirada siempre fija en aquella obra de arte. Cuando estuvo a unos dos metros se detuvo, saliendo al fin de su ensoñación.
Buscó entonces con la mirada a su novio, encontrándolo ya a su lado.
"¿Te gusta?" le preguntó el castaño. Yami no dudó en asentir. "Es un Bugatti Veyron Vincero. Lo compré apenas hace unas semanas" explicó. El ojirubí no contestó ésta vez, y en cambio volvió de nuevo la mirada al extremadamente lujoso automóvil deportivo negro. Lo recorrió de arriba abajo y de izquierda a derecha con sus ojos. Procuró memorizar cada detalle, antes de mirar nuevamente al ojiazul.
"¿Edición limitada?" preguntó.
"Solo hay tres de éste tipo en todo el mundo" afirmó el empresario. Yami se notó sorprendido, y de hecho lo estaba. No podía imaginar siquiera cuanto costaba ese automóvil. Muchísimo dinero sin dudas.
No debía sorprenderle sin embargo, después de todo Kaiba podría fácilmente encabezar la lista de los más millonarios de todo Japón. Pero simplemente ya se había acostumbrado a la limusina, y además no tenía ni idea de que el CEO tuviera otros automóviles.
"¿Qué tal un paseo?" Miró que el ojiazul le preguntaba, mientras abría la puerta del lado del acompañante. Un minuto... acaso se refería a un paseo en... esa majestuosidad?
Sí, sabía que exageraba, pues solo era un auto. Pero igual, no estaba acostumbrado a los lujos.
Asintió con algo de duda, caminando hacia donde se encontraba su novio. Miró entonces el interior del automóvil. El lujo combinado con asientos de cuero blanco.
Y entró así, sentándose en el asiento, y mirando luego la puerta cerrarse. Observó entonces todo el interior con más facilidad. Pero centró su atención en su novio, al sentarse éste en el asiento del lado del chofer.
"¿Tienes más automóviles?" preguntó. El empresario asintió.
"Seis sin contar la limusina. Tres de ellos deportivos, incluído éste" fue la respuesta. Una respuesta que sin dudas sorprendió a Yami. Siete autos en total... no cualquiera tenía tantas opciones en el garaje. "¿Quieres verlos?" preguntó entonces el ojiazul.
El ojirubí asintió sin dudarlo. Debía admitir que siempre le habían gustado los autos, sobretodo los deportivos. Pero jamás había imaginado que podría estar tan cerca de uno, ni mucho menos que estaría dentro de uno.
"Bien, pero primero ponte el cinturón" advirtió el castaño. Yami lo miró algo confundido. Sí, era obvio que debía de ponerse el cinturón, pero algo en las palabras del castaño le decía que... "Porque ésta máquina acelera de cero a cien kilómetros por hora en 2,5 segundos" El rostro del menor mostró sorpresa. A decir verdad, era cautivante ver un auto deportivo a gran velocidad, pero estando dentro de él... "Y de cero a doscientes kilómetros en 7,3 segundos" Ante ésta última información, el rostro del ojirubí se mostró pálido. ¿Doscientos? No era eso un poco... ¿rápido?
Con mucha inseguridad, se colocó el cinturón. Pero entonces, un pensamiento llevó alivio a su mente. Estaban en una zona residencial, así que la velocidad a la que podía ir el auto era mínima. Suspiró, sintiéndose más calmado. Doscientos kilómetros por hora, moriría de un infarto si aquel auto alcanzara esa velocidad mientras él estaba dentro.
Y bueno, al no haber ahora peligro, decidió preguntar una última cosa.
"¿Cuál es la velocidad máxima?" interrogó por simple curiosidad.
"407 kilómetros por hora" fue la respuesta. Yami asintió, no preocupándose ésta vez. Después de todo, de allí a la mansión del castaño no había que pasar por ninguna autopista. "Por cierto, ya que la idea es dar un paseo en un deportivo... daremos una vuelta por la autopista primero" agregó el ojiazul.
Yami se quedó congelado entonces. Tragó fuerte, mirando a su novio, quien simplemente miró hacia adelante con una sonrisa un tanto malvada. Encendió el auto, haciendo que éste cobrara vida en solo segundos. Y aceleró, llevando el deportivo a una velocidad no muy alta, pero que sí sobrepasaba el límite para una zona residencial.
-"¡Me quiero bajar, me quiero bajar, me quiero bajar!"- se repitió una y otra vez Yami. Pensó en simplemente quitarse el cinturón, abrir la puerta y saltar... pero al meditarlo bien, notó que la idea era exageradamente tonta. Así que optó por la única solución... no hacer nada. Acomodarse en el asiento y esperar el ataque cardiaco.
III
-Bueno, por lo menos sé que está con Kaiba. Ya no tengo que preocuparme si no llega en todo el día- susurró Yugi, mirando el lujoso automóvil alejarse desde la ventana de sala.
Cuando Yami se había alejado tan bruscamente, él lo había seguido. Pero se detuvo al ver que su primo se había encontrado con Kaiba en el camino. Y al parecer, todo se había arreglado para Yami.
-Que muchacho, se va sin siquiera avisar- El menor miró a quien había hablado. Era su abuelo, que había entrado segundos atrás a la sala.
-No creo que siquiera le haya pasado por la mente que nosotros existimos, abuelo. Cuando está con Kaiba olvida todo lo demás- afirmó Yugi.
-Eso parece. Y de seguro no estará aquí cuando llegue Alicia- afirmó. Yugi lo miró sorprendido.
-¿Va a llegar hoy?- preguntó. El anciano asintió.
-Sí. Me dijo que no le avisara a Yami, quería que fuera una sorpresa- comentó. Yugi asintió. Sí, sería una sorpresa para su primo ver a su madre ese día, pues sin dudas no la esperaba ver tan pronto.
-Claro, pero estoy seguro que no se molestará en lo más mínimo si llega y Yami no está. Sobretodo al saber que su hijo está con su futuro esposo- rió luego. -Porque ya lo sabe, verdad?-
-Sí, aunque no con certeza. Después de todo son pareja desde anoche- afirmó. -Pero no dudo de que le causará alegría saberlo- finalizó. Yugi asintió, sonriendo ligeramente.
-Demasiada alegría-afirmó.
III
-Por favor Setoooo- suplicó el menor, mirando a su hermano con un puchero. -Por favor, por favor... por favor Setooo- insistió.
-No, Mokuba- fue la respuesta. La misma que el ojiazul le había dado al menor desde hacía varios minutos atrás.
-Pero hermano.... no haremos ruido! Ni siquiera sabrás que hay alguien más aquí- le dijo. Kaiba solo pudo rodar los ojos. Mokuba simplemente no se daría por vencido, cierto?
Y mientras ambos hermanos discutían, un joven de ojos carmesí miraba la escena con una ligera sonrisa.
Todo había sucedido así. Seto y él habían llegado a la mansión unas tres horas atrás. Y sí, había sobrevivido al viaje por la autopista. Pálido y casi temblando, pero había sobrevivido. Para su dicha, su novio solo aceleró el deportivo a menos de la mitad de su velocidad máxima, oscilando entre los ciento noventa y los doscientos kilómetros, y de nuevo, sobrepasando el límite de velocidad en una autopista, que según sabía era de unos ciento cuarenta o algo cercano. El 'paseo' había durado maso menos veinte minutos. Después de eso, el ojiazul tomó un desvió para poder devolverse.
Cuando llegaron al fin a la mansión, el castaño le mostró todos los otros medios de transporte nada humildes que poseía. Un Rolls Royce, un Bentley y un Porsche Cayenne, y claro, los deportivos, un bellísimo Mercedez Benz negro y un Aston Martin plateado. Debía admitir que estuvo a punto de babear como un bebé al ver tales máquinas. Y por último, se enteró de un nuevo detalle que no conocía. Aparte de automóviles, su novio también era dueño de un avión privado. Definitivamente, solo un CEO de una enorme compañía podía darse tales lujos.
Al terminar de mirar cada detalle de los autos, notó que ya eran casi las seis. Habían pasado algunas horas, puesto que había salido de la casa de su primo maso menos a las tres. Su novio le había ofrecido entonces ir a cenar. Pero a él se le había ocurrido hacer algo 'diferente' ésta vez.
Y fue así como terminó en la cocina, dándole la tarde y noche libre al cocinero. Sí, había ofrecido hacer la cena.
Conocía varias recetas, pues de vez en cuando era él quien cocinaba cuando su madre estaba ocupada. Y, según lo que sabía, no lo hacía nada mal. Solo esperaba que su novio pensara lo mismo. Así que después de mirar la enorme despensa completamente llena de todo tipo de alimentos, escogió la pasta, y más específicamente, fettuccine.
Y minutos atrás, mientras él comenzaba a preparar la salsa para el fettuccine, el hermano de Seto había entrado a la cocina.
Y aquí era donde estaban ahora. Por lo poco que había entendido. Parecía que Mokuba quería invitar a algunos de sus amigos a pasar la noche en la mansión, pero el ojiazul no estaba de acuerdo con la idea.
Salió de sus pensamientos, al sentir que le tocaban el hombro. Miró entonces a Mokuba, quien lo observó con unos ojos que podrían derretir a cualquiera. A cualquiera, excepto a Seto Kaiba, al parecer.
-Yami, convéncelo, sí?- pidió. El ojirubí se mordió el labio ligeramente. Si Seto le había dicho 'no' a su hermano, por qué le diría 'sí' a él? Miró entonces a su novio, quien de inmediato le explicó la situación.
"Quiere traer a no sé cuantos de sus amigos a la mansión a pasar la noche" explicó el CEO.
Yami asintió. Lo poco que había entendido resultó ser verdad.
Suspiró, sabía bien que a Seto no le agradaba el tener visitas en su mansión. Pero, Mokuba tenía derecho de estar con sus amigos de vez en cuando, no? No era como si el menor trajera al mundo entero a la mansión todo el tiempo.
"No creo que sea tan malo" señaló Yami.
"No tienes idea" fue la respuesta del ojiazul, quien simplemente se cruzó de brazos. Al parecer, no sería nada fácil convencerlo. De nuevo miró a Mokuba.
-Por mí, Yami- fue todo lo que le dijo el menor. Al terminar, combinó su conocido puchero con ojos casi llorosos. El ojirubí se derritió de inmediato ante aquella mirada. Bien, intentaría convencer a su novio, aunque era posible que fallara en el intento.
De nuevo, volvió sus ojos hacia el ojiazul, quien ni siquiera se molestó en mirarlo. Perfecto, ahora no podía comunicarse. Sintiendo casi indignación, se acercó al más alto. Ahora estaba dispuesto a cumplir con lo que Mokuba le había pedido. Sin importar lo que tuviera que hacer para lograrlo.
Así que entonces, cuando estuvo ya frente al ojiazul, pasó sus brazos alrededor de su cuello, abrazándolo y ganándose al fin la atención de Kaiba. Por unos momentos, miró fijo los ojos azules de su novio.
Pero luego, desenredó sus brazos del cuello del más alto.
"Si de verdad me amas, vas a dejar que los amigos de Mokuba vengan" le dijo. Kaiba lo miró con cierta sorpresa, pero solo por unos segundos antes de retomar su semblante serio.
"Ni en un millón de años" contestó. Yami entonces fingió estar ofendido, de hecho, sus ojos de repente se asemejaron a los que Mokuba le había mostrado segundos atrás.
"Entonces... ¿no me amas?" preguntó, alejándose lentamente, sin dejar claro de mostrarse herido. Y al parecer, era buen actor, puesto que el ojiazul finalmente cedió. Rodó los ojos, no creyendo aún que pudiera existir alguien que le ganara a Mokuba en lo que a pucheros se refería.
-Está bien, pueden venir-Mokuba de inmediato saltó de alegría.
-Gracias hermano, eres el mejor...!-
-Pero si alguno de esos... niños hace un solo ruido, lo mandaré a acampar al jardín... con los rottweiler y los doberman- interrumpió, nombrando además a los perros guardianes que tenían los guardas que vigilaban la mansión.
-No es necesario. No haremos ruido, Seto- contestó Mokuba. Se acercó entonces, ganándose la atención de Yami.
-¡Gracias, Yami!- El aludido asintió, sonriendo levemente.
Después de ésto, el menor de los Kaiba salió corriendo de la cocina, tal vez ansioso por llamar a sus amigos para decirles que podían venir. Pero antes de desaparecer, dejó escapar una exclamación.
-¡No puedo esperar a que Yami venga a vivir aquí!- gritó el chico. Kaiba miró hacia la salida de la cocina sorprendido. Yami... vivir... ¿allí? En su mansión? Sin dudas la idea no sonaba mal, pero por ahora era exageradamente pronto. Resuelto ésto, se enfocó en su novio, quien obviamente no estaba enterado del último comentario de Mokuba. Al ver al joven, tomó una decisión en su mente. Definitivamente en un futuro le ofrecería a Yami vivir allí con él. Pero por ahora...
"Eso se llama soborno, lo sabías?" preguntó. Yami lo miró inocente.
"¿Oops?"
III
Yami estaba más tranquilo en el viaje de regreso a la casa de su abuelo. No pasaron por autopista ésta vez, así que la velocidad a la que iba el deportivo era considerablemente baja.
La cena había salido de maravilla. Y al parecer al ojiazul le había gustado la comida puesto que había ofrecido despedir al cocinero para que Yami tomara su lugar. Solo había sido una broma, pero el ojirubí se encontró pensando en que aquella sería una excelente razón para ver a su novio todos los días.
Bueno, en ese caso tendría que ofrecer hacer la cena más seguido.
Miró su reloj, eran las siete y media de la noche. Otro día se había ido volando, como todos los días en los que pasaba junto al CEO.
El auto de pronto se detuvo. Al mirar por la ventana, Yami notó que ya habían llegado. Y solo entonces recordó que no le había dicho a Yugi que iba a salir con Kaiba. Ni siquiera le había pasado por la mente. Solo esperaba que su primo y su abuelo no estuvieran preocupados.
Salió de sus pensamientos, al ver que su novio le abría la puerta. Se quitó entonces el cinturón y salió del automóvil.
Ambos caminaron hasta estar frente a la puerta de la casa. Yami entonces se dio la vuelta, quedando frente al ojiazul. Por unos segundos, miró el auto deportivo.
"La próxima vez que salgamos... ¿podrías traer el Mercedes Benz?" preguntó. Aquel automóvil le había encantado, así que estaba ansioso por dar un paseo en él. Además, mientras no tuvieran que pasar por una autopista, no debía preocuparse.
"Al parecer a alguien le gustó mi deportivo" le dijo el castaño. Yami sonrió de forma algo tímida. "Me aseguraré de traerlo" afirmó.
"Gracias" Después de ésto, el ojiazul tomó el mentón del más bajo, quien lo miró sonriendo con más confianza. Poco a poco se extinguió la distancia entre los labios de ambos, los cuales se unieron en un beso. Fue solo un beso corto y se separaron, mirándose de nuevo por segundos.
Luego, la distancia finalizó de nuevo. Y ésta vez, el beso fue más profundo.
Yami colocó entonces sus brazos alrededor del cuello de su novio, sintiendo además los brazos del ojiazul enredarse en su cintura. Sus lenguas se juntaron pero solo por unos segundos, antes de que Yami se separara al recordar un pequeño detalle. Alejó sus brazos del cuello del CEO para poder comunicarse.
"Estamos en público" recordó. El empresario no entendió bien por qué de pronto a Yami le preocupaba aquello, puesto que horas atrás habían hecho lo mismo allí y de día. Sin embargo, el ojiazul miró a los lados, notando que tanto las aceras como la calle estaban desiertas.
"No veo a nadie cerca" respondió.
"Pero alguien puede aparecer en cualquier momento" insistió el más bajo. El ojiazul alzó una ceja. ¿Qué tenía malo un par de besos? Además, el menor estaba de acuerdo en que todos supieran acerca de su relación. Así que no había conflicto de ningún tipo. De por sí, de seguro los medios ya se habían enterado de todo. Aunque debía admitir que había sido una sorpresa no encontrar al montón de reporteros en los portones de su mansión. De seguro ni siquiera pensaron que primero debían buscar en el lugar más obvio.
"¿Algún problema con eso?" preguntó al fin. Miró divertido cómo Yami se sorprendía por la pregunta. Al parecer, el joven al fin tomaba consciencia que de hecho no había problema alguno.
"No... en realidad no" contestó, sintiéndose algo tonto por haber sacado aquel tema sin razón. Pero bueno, si no había problema entonces podían continuar, cierto? Nuevamente, sus brazos encontraron el cuello del castaño.
Un nuevo beso inició. Yami cerró sus ojos, disfrutando del momento.
Cuando se separon, Yami optó por esconder su rostro en el pecho del castaño.
Una idea le llegó de repente. Bajó entonces su brazo derecho, colocándolo también en el pecho de su novio. Y sonrió, al encontrar lo que buscaba. Aquella bella melodía que no podía escuchar, pero que podía sentir. Cada latido del corazón de su novio era como una nota musical. Sí, después de tanto tiempo, podía disfrutar de la música nuevamente. Y a decir verdad, era mucho más hermoso escucharla de esa forma.
Una lágrima cayó, resbalando por su mejilla.
Por primera vez en toda su vida, no se quejaba de todo lo que le había sucedido. Los abusos emocionales y físicos que sufrió, la pérdida de su sentido de audición, la soledad que ésta pérdida le trajo... No. Casi no podía creerlo, pero estaba sumamente agradecido de que todo ésto le hubiera sucedido.
Si su padrastro no hubiera aparecido en su vida, no habría adquirido aquella enorme inseguridad. Y si no tuviera esa inseguridad, no sería tan precioso tener a alguien en quien encontrar un refugio.
Si no fuera sordo, nunca habría sufrido de depresiones, y por lo tanto, no necesitaría estarse quedando semanas enteras en la casa de su abuelo cuando su madre tenía que salir de la ciudad debido al trabajo... y por lo tanto, jamás habría puesto un pie en la mansión de Kaiba.
Y por último, si nunca hubiera sentido soledad, significaría que tenía amigos. Aquellos amigos que vivían al otro lado de la ciudad. Sabía bien que su madre jamás se atrevería a separarlos. Así que sin duda alguna seguirían viviendo allí, lejos.
Una mano en su mentón lo sacó de sus pensamientos. No había notado que ahora lloraba abiertamente hasta que el ojiazul limpió las lágrimas con sus dedos.
-¿Qué sucede?- preguntó. Yami negó con la cabeza. Nada malo sucedía, todo lo contrario. Ahora todo estaba bien.
Ahora... sí podía decir lo que en la mañana no pudo.
Se acercó a la oreja derecha del CEO. Cerró sus ojos... y dejó escapar aquellas palabras que tanto necesitaba decir.
-Te amo, Seto- Sintió el cuerpo del ojiazul tensarse. Se apartó entonces, mirando la reacción de su novio. Un beso fue la respuesta. Y mientras aquella caricia continuaba, Yami sintió como sus pies dejaban de tocar el suelo, pues el castaño lo había alzado levemente. No pudo evitar reír ligeramente en el beso.
Cuando se separaron y el ojirubí pudo sentir el suelo bajo sus pies, decidió hacer una pregunta.
"¿Qué piensas de mi voz? No hablé muy alto, verdad?" preguntó. El castaño de inmediato negó. La voz del joven había salido con un tono perfecto. Era casi como...
"Música para mis oídos" respondió. Sí, la voz de Yami era hermosa, de eso no había duda. Mejor de como la había imaginado. Suave y varonil al mismo tiempo.
Casi no podía creer que el joven había hablado. Jamás se lo esperó. Pero sin dudas era una sorpresa muy bien recibida.
-¿Ya... Yami?- El castaño de inmediato miró a la derecha, que era de donde aquella voz había venido. Había allí en la acera una mujer, quien al parecer segundos atrás se había bajado de un auto plateado. O eso era lo que concluía al ver un Toyota Rav4 que sin duda no estaba allí cuando habían llegado. Cómo no había notado que aquel auto se había parqueado ahí, no tenía idea. Aunque bueno, la sorpresa que le dio Yami lo había distraído por unos momentos. Se concentró entonces en mirar a la mujer, parecía de unos cuarenta y tantos. Era rubia con ojos... carmesí...
Yami miró hacia donde su novio veía. Sus ojos se abrieron en impresión al ver a una persona muy conocida. Se separó del CEO, no dudando en acercarse a la mujer, terminando por abrazarla.
"Mamá, pensé que vendrías en una semana" le dijo. La mujer lo miró. Sonrió luego abiertamente al ver algo muy nuevo en los ojos de su hijo, un brillo que no había visto en muchos años.
"Tenía que venir, hijo. Quiero estar contigo, sobretodo ahora" explicó. Yami la miró sorprendido.
"¿Cómo sabes...?"
"Tu abuelo me contó" fue la respuesta. Miró luego tras el joven, notando al ojiazul.
"¿Es él?" preguntó, enfocando su mirada nuevamente en Yami. El joven asintió, notándose ahora algo inseguro.
"Sé que esperabas que algún día me casara con un chica pero..." Se detuvo al sentir una mano en su mejilla. Su madre le sonrió.
"Eso es lo que menos importa. Puedo ver que estás feliz, y eso es lo único que yo deseo para ti" le dijo con sinceridad. Yami sonrió, sintiendo alivio al saber que su madre aprobaba la relación que tenía con el empresario.
-Lo amo, mamá- habló. Ésta vez la sorpresa para la madre de Yami fue enorme.
-...hablaste...- fue lo único que pudo decir. Al haber quedado sordo, su hijo jamás quiso volver a pronunciar palabra. Ni siquiera una palabra. No pudo entonces hacer más que abrazar con fuerza al menor. Nunca esperó volver a escuchar la voz de Yami. Sintió ganas de llorar de felicidad, pero no quería arruinar el momento con lágrimas.
"Qué tal si me presentas a mi yerno?" preguntó al separarse de Yami. El joven rió ligeramente, pero asintió. Ambos caminaron entonces hacia donde estaba el CEO.
"Mamá, él es Seto... mi novio" Miró luego al castaño. "Y Seto... ella es mi madre" finalizó.
-Es un gusto conocerla, señora- habló con cortesía el ojiazul. Le extendió luego la mano. -Seto Kaiba- se presentó. Por unos segundos, la madre de Yami miró tras los jóvenes, notando el lujoso automóvil que había allí. Sí, sin duda alguna aquel joven era el millonario empresario. Difícil de creer, pero no había duda ahora. Se concentró entonces en el ojiazul.
-El gusto es todo mío joven Kaiba. Mi nombre es Alicia- pronunció la mujer mientras estrechaba ligeramente la mano del castaño. -Espero que cuides muy bien de mi hijo- agregó.
-Por eso no se preocupe. Cuidar de él es mi prioridad- afirmó el CEO.
-Es bueno escuchar eso- comentó la mujer. Miró entonces cómo Yami abrazaba al ojiazul, y terminaba ocultando su rostro en el pecho de éste. Sonrió. Nunca pensó que llegaría ese día. -Mi hijo es muy afortunado sin duda alguna- afirmó.
-Se equivoca- La mujer lo miró confundida. -El afortunado soy yo- finalizó el castaño. La madre de Yami asintió, entendiendo bien que de verdad había amor en el corazón del ojiazul.
-Será mejor que entre a la casa. Buenas noches, joven- se despidió. No quería interrumpir más el momento, por eso decidió no quedarse allí por más tiempo.
-Buenas noches- fue la respuesta. Después de ésto, de nuevo estuvieron solos ambos jóvenes.
Por unos segundos, se quedaron así, simplemente disfrutando de la compañía el uno del otro. Pero entonces, el ojiazul recordó algo. Y ese algo se encontraba en su bolsillo. Se separó de Yami, quien lo miró confundido. Sin decir nada, metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña caja negra.
Por un momento miró a Yami, notando la atenta mirada del joven sobre la cajita negra. Y así, al fin decidió abrirla.
Yami abrió sus ojos en impresión al ver el hermoso objeto que había dentro. Era una cadena de oro, con un dije de mediano tamaño en forma de corazón. Y el corazón lo conformaba una joya roja carmesí rodeada de diamantes. Pero sin dudas, lo que sobresalía en gran manera era la joya rojiza.
"¿Es para mí?" preguntó, recibiendo un asentimiento por respuesta.
-Es hermoso- habló de nuevo, sin poder evitarlo, al ver aquel precioso regalo.
El empresario sacó el collar de la caja, volviendo a guardar ésta en su bolsillo. Se aseguró luego de que Yami lo estuviera viendo, para hablar.
-Date la vuelta- Yami obedeció. Sintió entonces cómo el CEO le ponía la cadena, quedando esta alrededor de su cuello. Volvió a girar, para estar frente al ojiazul. Tomó entonces en su mano el dije, mirando la joya rojiza.
-¿Rubí?- preguntó. Al parecer, había decidido hablar más seguido. Y es que la verdad, ahora sentía la confianza necesaria para hacerlo.
El castaño asintió. Yami entonces lo miró con algo de curiosidad. Existían muchas joyas hermosas... ¿por qué de entre todas su novio había escogido el rubí? De seguro había una razón, cierto?
"¿Por qué un rubí?" decidió preguntar. El ojiazul se inclinó, juntando sus labios en un corto beso. Al terminar, alejó con su mano un mechón rubio que había caído sobre el rostro de Yami. Y se concentró luego en aquellos hermosos ojos. Carmesí, un color tan atrayente y bello como... el de un rubí. Aquel color que sin duda alguna amaba. Aquellos ojos sin los cuales no podría vivir. Necesitaba verlos ahora cada día, eran casi como aire que necesitaba para respirar. Aquellos rubíes tan especiales.
-Porque- susurró. Yami lo miró expectante. Por fin, el ojiazul decidió terminar la respuesta en lenguaje de señas.
"El rubí es la joya más bella de todas" respondió. Yami lo miró algo confundido, pero de inmediato notó algo, Kaiba lo miraba directamente a los ojos. ¿Acaso... se refería a sus ojos? No podía comparar una joya tan hermosa con sus ojos... ¿o sí?
Sonrió, sí, esa era la razón. El ojiazul pensaba que el rubí era la joya más bella por sus ojos. Era lo mismo que él pensaba acerca del zafiro.
-Te amo, Seto- habló, abrazando al empresario, quien enseguida enredó sus brazos en la cintura del más bajo. Un olor llegó a su nariz, el ya conocido olor a vainilla y canela, que impregnaban el cabello de Yami.
Por todos los dioses, ¿qué había en Yami que no fuera perfecto?
Jamás pensó que encontraría a alguien como aquel joven. Alguien que lograra cautivarlo de una forma tan magnífica. Sin palabras en un principio. Y ahora, con suaves sílabas que lo decían todo. Había deseado escuchar la voz del joven, y por fin lo había hecho. Esa voz tan perfecta.
De nuevo, ¿qué había en Yami que no fuera perfecto?
Por segunda vez se lo preguntó a sí mismo, y por segunda vez no hubo respuesta. Era simple, nada. No había nada en el joven que no fuera perfecto.
Antes, disfrutaba de la soledad. Si meses atrás le hubieran dicho que terminaría así, con un joven en sus brazos, se habría reído.
Y no podía creerlo. Porque ahora no podía imaginar su vida sin el ojirubí.
Ahora que lo pensaba, ¿cómo había podido vivir sin Yami durante tanto tiempo? No lo sabía. Lo que sí tenía muy en claro, era que ahora no lo dejaría ir.
Sí, Yami estaba en sus brazos, y así se quedaría por el resto de su vida. Simplemente... en sus brazos...
---FIN...................................................................................................o.o... o.O... O.O!!! Un minuto... DE VERDAD ES EL FIN??? WTF!??---
Magi: es... el fin... lo he... terminado... x.x Mi no poder creer que terminar ya fic xDD No me lo creo... tenía planeado cuatro o cinco capítulos más... y lo terminé ahora!?? No sé por qué, pero cuando iba terminando este capítulo me di cuenta de que ya parecía un final... así que... decidí terminarlo de una vez...... y bueno.... mejor pasemos a otra cosa antes de que me de nostalgia xD Casi un año tardé en actualizar... ejem... sip, qué cosas, no? XD Disculpen la demora, pero aparte de la falta de inspiración, están las obligaciones. Pero bueno, actualicé!
Otra cosita... tal vez le escriba un epílogo a éste fic. Por ahora lo pongo como 'complete', pero puede ser que tenga un último capítulo. No sé y no prometo nada, pero estoy muy tentada de escribirlo ¿Qué piensan ustedes? Quieren un epílogo o éste final es suficiente? Sus opiniones son las que más me interesan.
Sobre los autos... el Porsche Cayenne es deportivo y 4x4 a la vez, pero por ser un auto más... familiar, no lo incluí entre los autos deportivos. Pequeño detalle que quería aclarar Además, lo que escribí acerca de las velocidades del 'superauto' de Setito(xD), pues no sé cuáles serán las velocidades exactas de ese modelo en específico, pero la mayoría de los Veyron tienen esas velocidades así que supongo que las de ese modelo deben de ser parecidas.
Y... creo que eso es todo. Muchísimas gracias a quienes dejaron un review en el capítulo anterior: Kimiyu, rosalind, Aya Fujimiya, kikyo, Deltalight, Yami RosenkreuZ, Yami224, Jedah Sparda, xXxhikaryxXx y Tsuu-kun. Y también un agradecimiento a todos los que dejaron un review en otros capítulos. Espero que el final les haya gustado. Se me hizo algo largo el capítulo pero igual espero que lo hayan disfrutado n.n
Bueno... eso es todo... ugh odio los finales T.T En fin, nos veremos en otro fic, o en el epílogo n.n
¡Sayonara!
