Julia James – Hijo en venta

Epílogo

Bella miraba hacia el lago desde la terraza. En lo alto, la enorme luna de Florida surcaba los cielos con lentitud. A su lado se hallaba Edward. Dentro de la habitación, dormido, su hijo, soñando con las alegrías del día.

—Quería llevarte al Pacífico Sur —se quejó él—. O al menos al Caribe —clavó la vista en la noche, donde brillaban las luces de todos los hoteles.

—No se me ocurre un lugar mejor donde pasar nuestra luna de miel que en los parques temáticos de Orlando —susurró ella.

—Bueno, supongo que eso le da la mayoría —ironizó su nuevo marido—. Jamás había visto a Tony tan feliz. O tan callado —la abrazó y la pegó a él—. Santo cielo, ¿cómo podemos ser tan felices?

—Te amo tanto —sintió lágrimas de felicidad y júbilo—. Tanto, Edward, que sigo sin creérmelo, después de todo lo que hemos pasado.

Él le acarició el cabello con suavidad.

—Pero hemos triunfado —indicó—. Hemos triunfado. Tony volvió a reunimos.

Ella experimentó un escalofrío.

—Odié a la asistente social por lo que hizo; sin embargo, es gracias a ella que estamos aquí ahora —suspiró.

—Se acabó mirar atrás, cariño. El pasado ha desaparecido. Para los dos. Sólo queda el futuro —bajó la cabeza para darle un beso—. Dime, amada esposa, ¿sigues con jet lag?

Bella alzó el rostro al encuentro de su boca.

—En absoluto —le informó antes de rozarle los labios con los suyos.

—Me alegra oír eso. Y —continuó una vez recuperado el aliento—, ¿crees que Tony estará bien dormido?

La luz de la luna danzó en los ojos de ella.

—Oh, muy dormido —le aseguró.

—Bien —confirmó él—. En cuyo caso...

La alzó en brazos con movimiento fluido, luego deslizó la puerta de cristal que llevaba a su habitación.

Fuera, la luna de Florida seguía brillando.

Dentro, dos personas, cuyo viaje hasta entonces había sido largo y doloroso, encontraban en los brazos del otro la felicidad y la paz que sólo el amor puede dar.

Fin

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