Lo logré, a pesar de ser una semana tan dura, he logrado acabar el segundo capítulo xD

Robin D Kidd: gracias por tu comentario, me alegra que te haya gustado y espero que eso continúe así. ¡Gracias!

Sakuya217: bueno, al principio pensé en hacerla más corta que las demás porque se me está acumulando el trabajo (¡socorro! xD) pero lo cierto es que esta historia si la hago breve no tiene… enganche, por así decirlo, de forma que he estado pensando en ideas para alargarla hasta los 15 ó 20 capítulo, más o menos. Lo del papá de Lea es algo triste, pero bueno, son ideas que se me ocurren y que influirán más adelante :) Y sí, me encantan xD aunque en este caso el disfraz de Lea es una coincidencia xD ¡Gracias por tu comentario!

Hitomi Miko: para ser sinceros yo tampoco celebro Halloween, pero aprovechando que existe pues se me ocurrió esta idea xD Espero que tú también tuvieses un terrorífico día de los muertos (muajajaj). Bueno, que desvarío, me alegra que te guste y espero que no se me vaya la trama como en el fic de "El valor de un sentimiento", que lo estoy reeditando ahora. ¡Gracias y un beso!

Y gracias también a los que leéis mis fic, tanto si dejáis REVIEWS como si no.


- Diálogos

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones


Capítulo 2: Halloween

Lea se despertó de madrugada el 31 de Octubre. No lograba conciliar el sueño desde que había hablado con Sara con respecto a la fiesta de aquella noche. Laura era una fanática del espiritismo, de Halloween, del significado de los sueños… algo así como una aprendiz de médium. Se volteó sobre el colchón y observó la calle desde la ventana de la pared opuesta de su cuarto. Comenzaba a amanecer, las estrellas ya no se apreciaban en el mañanero firmamento y los coches de los vecinos desaparecían uno tras otro en cualquier dirección, ya que era puente para la mayoría de personas. Para la mayoría que no incluía a su padre.

Se hizo la dormida cuando le escuchó abrir la puerta de su habitación. Su padre se acercó a ella y la besó en la frente con delicadeza, para después dejar una nota sobre su mesa y salir nuevamente por la puerta. Una vez que le vió alejarse en coche a lo largo de la calle, Lea encendió las luces a pesar de ser las 7 de la mañana y leyó la nota de su padre.

"Espero estar de vuelta a la hora de comer y que nos veamos un rato, sino es así supongo que para cuando llegue ya te habrás ido. Pásatelo bien en la fiesta y cuídate de los chicos de tu edad, que ya sabes que no tienen muy buena cabeza.

Te quiere, papá".

Suspiró, y dibujó una pequeña sonrisa. Su padre siempre daba lo mejor de él en el trabajo, pero muchas veces se olvidaba de lo que era tener una hija. Pero ella ya había aprendido a vivir así y no le importaba. O eso se repetía para no tomarla con su padre, el hombre que deba lo mejor de sí para poder satisfacer sus necesidades.

Dejó nuevamente la nota sobre la mesa y bajó a desayunar, observando el sol comenzar a surgir entre los tejados. Parecía que iba a ser un buen día.


No lo entendía, no entendía nada. Había leído acerca de los Shichibukai, pero aún así…

Kidd gruñó de nuevo, murmurando para sus adentros cualquier tipo de maldición en dirección a Kuma. Ahí estaba. Rodeado de una extraña luz dorada y volando a gran velocidad en quién sabía qué dirección. Una oscura sonrisa se dibujó en su rostro, figurando alguna que otra manera de vengarse por aquel "vuelo" que duraba ya varios días. Cerró los ojos al ver que anochecía por tercera vez.


- ¡Ya lo tengo! ¡Ésta es buena, lo juro!

Sara sonrió abiertamente mientras el resto de chicas se acercaban a su alrededor. Centró su mirada avellana sobre Lea, quien acababa de llegar y sonreía con cara de "te voy a matar por hacerme venir". Sonrió más aún.

- ¡Podemos invocar a un personaje antiguo!

Una joven de pelo castaño disfrazada de enfermera zombi se levantó, enfurruñada.

- ¡Pero yo preferiría algo más… inverosímil! Un dibujo animado, un personaje de videojuego… Algo así.

Laura apoyó a Sara.

- María, podemos buscar algún personaje antiguo que hoy por hoy no resulte muy… verosímil. ¿Todas de acuerdo?

Todas asintieron entre grititos y risas. Todas menos Lea, que fue secuestrada por Sara en un instante.

- ¡Gracias! ¡Ya creía que no vendrías, llegas tarde!

- Estuve esperando a saludar a mi padre – sonrió.

- Vaya… ¡estás fantástica! ¡Date la vuelta, déjame verte!

Lea hizo lo que su amiga le pidió con una tímida sonrisa. Llevaba puesto el vestido blanco con las alas negras, el pelo suelto por detrás de los hombros, una cuerda negra a la cintura y un antifaz negro y plumoso bordeando sus ojos. No llevaba de maquillaje más que un brillo rosa de labios, pues su piel ya era suficientemente pálida.

- ¡Wow! ¡Pareces un ángel de verdad!

Ambas rieron.

- Ahora en serio, gracias por venir, Lea – abrazó a su amiga, quien le correspondió en seguida.

- No es nada, tonta. Sabes que al final siempre te acompaño a donde quieras.

- ¡Eh, vosotras dos! ¡Vamos a empezar!

Ambas se separaron y se acercaron al centro del comedor, donde las otras chicas habían formado un círculo, agarrándose fuertemente de las manos y con varias velas y fotos en el centro.

- Lo sentimos – Se disculpó Lea con una sonrisa nerviosa – ¿A quién invocamos al final?

Con un movimiento de cabeza, Laura le señaló las imágenes, donde en una de ellas había un pie de foto. "William Kidd, 1645-1701".

- ¿Quién es?

- Es un famoso pirata. A él se le atribuyen la mayoría de crímenes de las historias de piratas. ¡Es fantástico! Porque además hay un personaje que me apasiona que está basado en él – le aclaró María.

Lea se estremeció. No contaba con que aquello funcionase, pero de todas formas… ¿invocar a un pirata no sería peligroso? Avanzó hasta colocarse junto a Laura y cerró el círculo al mismo tiempo que Sara.

Cerró los ojos cuando Laura comenzó a hablar en voz alta y se mordió el labio inferior cuando, al grito de "si nos escuchas, haz una señal" todas y cada una de las velas se fueron apagando una tras otra.


Turbulencias. Todo el viaje tranquilo y sin mayores problemas que su mal humor cuando de repente y sin aparente causa comenzaba a sufrir turbulencias. Kidd gruñó al observar que ya no iba en línea recta, sino que trazaba eses, era como si algo tirase de él en otra dirección que no fuese el destino impuesto por Kuma.

No supo muy bien cómo iba a salir de aquella, pero no tuvo tiempo ni de idear una salida. De pronto un choque, una luz cegadora envolviéndole y una forzada caída en picado.


- ¿Seguro que estarás bien volviendo tú sola? Te podemos llevar si quieres…

Lea negó con la cabeza.

- Gracias chicas, pero vivo a sólo dos manzanas de aquí, estaré bien.

Sara soltó una carcajada.

- Lea, estamos medio borrachas, tú incluida, y son las cuatro de la mañana. ¿Estarás bien seguro?

Lea comenzó a caminar con una sonrisa y un gesto de manos a modo de despedida. Escuchó el coche de Sara arrancando y deseó no tropezarse mientras ellas pasaban a su lado y desaparecían al final de la calle.

Al final no habían podido quedarse a dormir en casa de Laura, pero no importaba, su padre estaría trabajando, por lo que no recibiría ninguna reprimenda por su parte. Se detuvo en seco al pasar junto al parque que había justo en medio del recorrido entre su casa y la de Laura.

- ¿Humo?

Se acercó lentamente hasta que su equilibrio le falló y cayó de bruces sobre la arena.

- Malditos tacones y maldito vodka – susurró.

Se quitó los zapatos y se acercó corriendo al joven que yacían inconsciente contra el tobogán. Sangraba un poco por la cabeza, era evidente que se había golpeado. Buscó en su bolso su teléfono móvil, tenía que avisar a su padre para que viniese y llamase una ambulancia.

- Mierda, mierda, mierda.

Se lo había olvidado. "Claro, típico. Cuando lo necesitas siempre o se te olvida o lo pierdes o no hay saldo, o tampoco batería…" Maldijo para sus adentros. El joven era enorme en comparación con ella, como mínimo le sacaría una cabeza de altura y de ancho bien no llegaba al doble que ella pero poco le faltaba.

- Oye… despierta.

Le movió débilmente cuando de pronto un trueno resonó en el cielo cubierto, asustándola. Debía volver a casa, pero no podía abandonar al muchacho ahí tirado, y menos herido. Podía llamar desde su casa a una ambulancia, dar la descripción del pelirrojo y quedarse así tranquila… Le observó en silencio durante algunos minutos.

El joven tenía el pelo de un color rojo que recordaba el fuego y lo llevaba sujeto con unas gafas sobre la frente. Vestía unos pantalones muy llamativos de colores amarillo y negro y no llevaba camiseta, sino un grueso abrigo de apariencia suave y con unos pinchos dorados sobre los hombros. "Qué gótico – pensó Lea –, anda que no habría otros disfraces para elegir. Aunque… eso no quita que sea un buen disfraz"

Observó que no tenía cejas, curioso dato, pensó. Y sus labios eran extrañamente oscuros. Llevaba en la muñeca izquierda unos brazaletes que aparentaban ser de oro y un cinto azul en la cintura. Suspiró al sentir la primera de las gotas de lluvia sobre su rostro. ¿Qué debía hacer?


Las gotitas de lluvia le despertaron. ¿Había descendido ya, estaba en el suelo? Eso parecía. Recordaba la brusca caída y haberse golpeado fuertemente en la cabeza, después de eso nada. Oscuridad.

Gruñó por lo bajo y trató de incorporarse, pero un mano le detuvo con delicadeza al ser colocada sobre la suya.

- No te muevas – susurró la voz.

Kidd abrió los ojos al sentir la lluvia en su rostro. Kuma le había derrotado, era muy consciente de eso, como también lo era de que tras el combate le había mandado volando, pero... miró a su alrededor sin reconocer nada de lo que veía: columpios, enormes edificios a lo lejos, máquinas metálicas circulando por lo que parecía una carretera que no estaba hecha de tierra… ¿Dónde había quedado Sabaody? ¿Y el sonido del mar?

Giró su rostro a la izquierda con una mueca de absoluta sorpresa, y su mirada fue recibida por unos ojos de color perla que le miraban bajo un fino antifaz de plumas de color negro.

- Buen disfraz para Halloween – murmuró ella.

La joven vestía de blanco y tenía alas. ¿Dónde estaba? Acaso… ¿acaso Kuma le había enviado al cielo? Un momento… rebobinó sobre las palabras de la chica. ¿Disfraz? ¿Halloween?

- ¿Halloween? – preguntó.

Vió la sorpresa en el rostro de la joven al escuchar su voz, quizás le parecía muy… ¿grave? Frunció el ceño, esperando su respuesta.

- Sí, hoy es Halloween. ¿De qué vas disfrazado?

Fue a decir algo pero se detuvo en su vestido. La lluvia lo había calado y era capaz de distinguir su figura bajo él. Apartó la mirada rápidamente.

- No voy disfrazado de nada.

Se levantó con brusquedad, siendo presa de un súbito mareo que le hizo tambalearse, a lo que la joven se colocó bajo su brazo derecho, sirviéndole de apoyo.

- Mi casa está cerca – murmuró –. Te curaré la herida y luego te irás.

- No necesito tu ayuda, mocosa.

- Lo siento pero no te doy opción. No me he quedado mojándome para nada. Ahora te curo y me quedo con la conciencia tranquila, fin de la discusión.

Kidd no dijo más, pero dejó que ella le soportase varios pasos hasta que la joven se torció un tobillo y tuvo que sujetarla para que no se fuese al suelo.

- Mira que… vaya soporte – le dijo burlón, con una sonrisa.

Ella le dirigió una mirada asesina.

- Si no te gusta entonces ve por tu cuenta.

El pelirrojo fue consciente por primera vez de que le tiritaban los labios y tenía las mejillas sonrojadas.

- ¿Borracha?

Ella abrió los ojos, sorprendida.

- ¿Qué?

- O estás borracha o estás enferma, esas mejillas no son normales.

- Borracha – respondió ella una vez estuvieron frente a su puerta –. Pero no demasiado. Mi padre no está, por lo que podré ayudarte sin problemas.

Le invitó a entrar, y fue entonces cuando Kidd descubrió los lejos que debía estar de Sabaody. Máquinas, mesas y sillas extrañas, lámparas eléctricas de formas insospechadas…

- ¿Dónde estamos? – Preguntó.

- En mi casa.

- Eso ya lo sé – gruñó –, pero preguntaba en qué mar.

- ¿Mar? Aquí no hay mares, estamos en el centro del continente, para llegar al mar tendríamos que tomar un avión.

- ¿Avión?

El pelirrojo comenzó a molestarse. Si aquella chica le estaba tomando el pelo… la mataría. La joven le miró, confusa.

- Y tú… ¿de dónde eres?

- Del mar del Sur, pero ya habíamos llegado al Red Line – sentenció, claramente orgulloso.

Lo que no se esperaba fue la reacción de la joven, que sin previo aviso, se puso de puntillas y olisqueó su rostro.

- ¿Qué cojones haces?

- Comprobar que no estás borracho – dijo ella, abriendo los ojos.

- ¿Y por qué coño iba a estarlo, niña?

Ella le miró furiosa, harta de su arrogancia, mientras tomaba el agua oxigenada del botiquín de su cuarto y le indicaba que se sentase en su cama.

- Porque todo eso que has nombrado no existe.

Antes siquiera de poder reaccionar la joven se encontró de espaldas sobre su cama con el pelirrojo sobre ella, sujetándola de la garganta con una de sus grandes manos.

- Se acabó – murmuró él –. No sé dónde me ha enviado ese bastardo de Kuma, pero no estoy tan loco como para dejarme convencer de semejante estupidez. Te mataré y ya lo averiguaré por mi cuenta.


Lea miró aterrada el brillo asesino que lucía en sus ojos dorados. Estúpida, estúpida, se dijo a sí misma. Su madre se lo había repetido siempre: no hables con extraños. ¿Por qué nunca era capaz de obedecer? Se removió bajo su cuerpo buscando alguna brecha en su agarre, pero no la había, era como si él ya hubiese efectuado aquel movimiento en muchas ocasiones.

Sintió su cabeza darle vueltas a causa del alcohol y la brusquedad del movimiento del pelirrojo. ¿Qué hacer? ¿Qué era capaz de hacer que un chico soltase un agarre como aquel?

Se mordió los labios intentando pensar mientras el pelirrojo seguía observándola en silencio, sin soltarla ni un poco. Le vio entrecerrar los ojos ante aquel gesto y sonrió para sus adentros. Ahora sí estaba claro, se había vuelto loca.

- Bésame – murmuró.

El pelirrojo abrió los ojos, sorprendido, y aflojó levemente su agarre, con lo que ella se volteó sobre sí misma y le asestó una patada en el costado, tirándole de la cama.

- Idiota – murmuró ella, con la respiración alterada – ¡Idiota! ¡¿Así es como me agradeces que te intente ayudar? ¡Ni sé ni quiero saber de dónde vienes, sólo quiero que te largues una vez estés bien!

Ahora estaba gritando y Kidd no pudo evitar sonreír y poco después comenzar a reír en una sonora carcajada.

- ¿Qué es tan gracioso? – Siseó Lea.

- Me recuerdas a un camarada, eso es todo. Bueno, entonces supongamos que no estoy en mi mundo, tampoco en mi barco y mucho menos con mi tripulación. No estoy en ningún lugar que conozca – ella puso los ojos en blanco y él se sentó sobre a silla de su escritorio –, así que… ¿dónde sí estoy?

Lea no supo que contestar. En su mueca la burla era más que evidente, pero su mirada era seria. ¿Debía creerle? Tragó saliva… tripulación, barco… ¿podría ser…?

- ¿Cómo… cómo te llamas?

El pelirrojo permaneció serio.

- Kidd. Eustass Capitán Kidd.

Lea cerró los ojos con fuerza. "Un sueño, es sólo un sueño… no, no lo es, pero sí será alguna broma preparada por Laura y las demás… este chico es amigo suyo, seguro. Además, nosotras invocamos a William Kidd, el corsario. No a Eustass Kidd, el pirata. Aunque corsario y pirata vienen a significar lo mismo…"

- ¡Mierda! – Le miró, furiosa, cosa de la que Kidd no entendió el motivo – Apuesto a que te estás divirtiendo. Seguro que mañana irás a verlas y les contarás lo divertido que fue tomarle el pelo a la tonta de Lea. ¡Adelante, ríete! Me es indiferente, ¡haz lo que te dé la gana!

Una lágrima cayó rodando por el rostro de la joven, quien se quitó el antifaz para poder apartarla. Kidd se quedó estático en su sitio. La vió gemir débilmente antes de apretar las rodillas contra su cuerpo y romper a llorar de forma silenciosa. "Patético" pensó. Pero de algún modo no la mató.

- ¿Se puede saber de qué cojones estás hablando?

Ella no se movió, pero su voz destilaba odio.

- ¡Lo sabes muy bien! Mañana irás a decirles a Laura y María lo divertido que fue hacerse el muerto en el parque esperando a que la tonta de turno pasase después de invocar al pirata, para hacerle creer que la cosa había funcionado.

Un repentino tirón de pelo la hizo alzar el rostro hasta que su mirada húmeda se encontró con la firme y seria de él.

- No sé muy bien de qué estás hablando – comenzó – pero si crees que perdería mi tiempo de una forma tan estúpida y patética estás equivocada. Yo actúo por y para mí, nada más y nada menos. Tal vez de vez en cuando también por mi tripulación, pero porque a fin de cuentas es mía. No gastaría mi tiempo en noséqué bromas para ti ni para nadie.

Las lágrimas cesaron de salir de los orbes plateados de la muchacha, quien no fue capaz de replicar nada. De pronto él… le resultaba la persona más intimidante y peligrosa que había conocido. Y tal vez eso se debiese a que de algún modo ya no le quedaban dudas: la invocación había funcionado, aunque ni cómo ni con quien ellas esperaban.

Se estremeció al sentir por primera vez el instinto asesino que emanaba del cuerpo del pelirrojo y tragó saliva. "No me mates" quiso decir, pero la oscuridad invadió su cuerpo antes de darle la oportunidad de pedirle clemencia.


Kidd observó el cuerpo inconsciente de la muchacha, mientras un duelo interno se desataba en su conciencia. Era molesta, había dudado de su palabra y más que eso, le había acusado de algo de lo que él no entendía nada aún. Pero también había querido ayudarle aún sin conocerle, aunque de haberle conocido sin duda habría pasado de largo. Observó sus mejillas empapadas por sus lágrimas. ¿Tanto dudaba de sus amistades? ¿Tan frágil era ella? Suspiró, depositándola sin demasiado cuidado sobre la cama. Esperaría a que despertase para obtener información de aquel lugar y luego… luego decidiría si le sería o no de utilidad para volver a su barco. O a su mundo, mejor dicho.


Continuará…