Finalmente otro nuevo capítulo, como siempre, disculpad el retraso y ¡espero que os guste!
NaNaaRiidizulO: muchas gracias por agregarme a favoritos, me alegro de que esta historia te esté gustando. La verdad es que mantener a Kidd en personaje al estar fuera de su mundo es aún más complicado, pero bueno, yo lo hago lo mejor que puedo :P ¡Gracias!
Luffy,Rekee66: ajajaj lo cierto es que al leerlo así a mí tampoco me importaría que me pasase algo, siempre y cuando cierto pelirrojo no me mate en un "pronto" de esos violentos xD Me alegro de que te guste, de verdad :D ¡Gracias!
Uzumaki–neechan: sí que la va a volver loca, ya lo iremos viendo xD ¡Gracias!
noelia: bueno, por fin más tarde que pronto, pero ya he logrado continuarla xD Espero que te siga gustando, ¡gracias! :)
Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.
- Diálogos.
"Pensamientos"
Memorias/Flash backs/Sueños
Canciones
"Libros/Escrito"
Capítulo 4: Cambios
- ¡LEA! ¡¿Dónde está? ¡¿Qué ha ocurrido?
Podía escucharle. Podía escuchar a su padre al entrar en la enfermería del colegio buscándola. Pero lo que más le extrañó fue lo que sobrevino a aquel primero vozarrón preocupado.
- ¡¿Qué demonios ha ocurrido, Kidd? ¿Qué haces aquí?
¡¿KIDD? ¡¿Eustass Kidd estaba allí? ¿Qué demonios pintaba él en aquel cuadro? La joven de cabello azabache se imaginaba en la consulta de la enfermería del colegio, tumbada y con una bolsa de hielo sobre la frente. Pero sin Kidd. Kidd NO estaba en la imagen que se proyectaba en su mente. ¿Por qué su padre lo nombraba?
- Oooh… – logró emitir a modo de sonido, llamando la atención de alguien que soltó una seca carcajada por lo bajo.
De pronto se sentía extraña. Dos brazos la levantaron de la camilla y la alzaron. Demasiado alto para ser su padre, ¿verdad? Un débil quejido salió de su boca a la par que escuchaba una conversación a lo lejos. O no tan lejos, no sabría decirlo. Lo que sí sabía era que su padre estaba bastante enfadado. Entreabrió los ojos para verle mejor, pero lo que percibía era borroso. ¿Quién la sujetaba?
- ¿Cuántos calmantes le habéis dado? – Exigió saber su padre a la enfermera.
- Sólo uno, señor, pero aún le dura el efecto. Estará desorientada hasta dentro de un par de horas, sería recomendable que se marchase a casa. Ha sufrido una gran impresión.
Ante aquel comentario, el agente Yonde se volvió hacia el director, que en aquel momento trataba de calmar a los padres de otros alumnos que habían sufrido una impresión como la de su hija. "Imposible, papá – pensaba Lea –. Ellos se habrán asustado, pero de haber sabido que el derrumbe no había sido "accidentado" sino provocado por Kidd… bueno, las cosas serían muy distintas". Dejó caer la cabeza contra el cuerpo que la cargaba y cerró los ojos pensativa… fuese quien fuese, olía bien.
Su padre volvió a la carga.
- Señor director, ¡¿me puede explicar cómo es posible que haya sucedido algo así? ¡¿Qué clase de seguridad es la que dan a nuestros hijos?
El pobre hombre no sabía ni que decir. Cosas como "hablaré con la constructora", "demandaré a la compañía", "es inexplicable" y frases del estilo salían de sus labios.
El padre de Lea suspiró y cerró los ojos, tratando de evitar llevar la mano a la porra de su uniforme de policía y liarse a sacudir a todo el mundo. Lo principal era llevar a casa a su hija. Se volvió hacia la persona que la cargaba y frunció el ceño. ¿Qué hacía ÉL ahí? Aunque en el fondo y por lo que le habían contado los profesores, él había salvado a su hija de caer en el derrumbe. ¿Cómo? Aún no se sabía, el joven se había negado a dar explicaciones. Suspiró. Tal vez la hubiese ayudado pero aún así no le inspiraba confianza.
Se acercó a él a paso firme.
- Gracias por todo, Kidd. Yo me encargo de llevarla a casa, pásate por allí en la tarde, tal vez para entonces ya esté mejor.
El pelirrojo no discutió, dejó a la joven en brazos de su padre y salió por la puerta, caminando entre las miradas de la gente. Sonrió para sus adentros. Aún en medio de todo el caos que él mismo había provocado, la gente aún era capaz de fijarse en lo banal. Los padres le miraban con recelo, tal vez por las ropas o quizás por un sexto sentido que les advertía peligro. Los otros chicos murmuraban algún comentario sin interés y las chicas se sonrojaban admirando su dorso desnudo y bien formado.
"Adolescentes" se dijo para sí mismo. Aunque… ¿hacía cuánto que él había dejado de comportarse así? Acababa de cumplir los 26 años, tampoco es que hubiese una gran diferencia… Suspiró, de estar Killer con él, no tendría que darle vueltas a semejante estupidez.
Tan perdido iba mientras caminaba hacia la salida del instituto que no fue consciente de la mirada recelosa que le dirigía un joven de piel morena y aspecto de deportista.
El tipo era un poco más bajo que él, pero de seguir creciendo pronto le superaría en altura, y tenía los ojos verdes y el pelo corto y oscuro. Por las miradas y cuchicheos de algunas chicas parecía bastante popular entre las mujeres del instituto.
Pero claro, Eustass Kidd no era de los que van mirando a sus espaldas para comprobar quien sí mira la suya.
- ¿Seguro que estás bien?
Lea bufó y varios mechones de su flequillo se alzaron a la vez.
- Sí, papá, sólo déjame dormir un ratito. En una hora me despertaré para ir a trabajar, deja de preocuparte innecesariamente, sólo me duele un poco la cabeza.
El agente de policía, su padre, se la quedó mirando durante unos minutos con una mirada confusa. Ella suspiró, entendiéndole.
- Estoy bien, en serio. Kidd… fue capaz de sujetarme antes de que nada pasase.
El padre se sentó junto a ella, sobre su cama.
- No entiendo nada, Lea. Comprendo que un accidente así pueda ocurrir, es horrible y trágico, pero son cosas que pasan. En cambio no sé cómo pudo ser que Kidd estuviese ahí en el momento oportuno si ni siquiera estudia en tu instituto.
- Sobre eso… esta mañana le desperté con el ruido del desayuno y me acompañó para que le enseñase la zona del instituto, que ayer no la vimos. Supongo que se quedaría paseando por la zona.
- No me gusta ese chico, parece conflictivo – murmuró su padre, tras meditarlo unos segundos.
Ella le sonrió con calidez. Se estaba quedando dormida a causa de los calmantes y necesitaba algo de tranquilidad.
- Sólo necesita ayuda, papá.
Él suspiró.
- Mientras que no te haga daño… ahora descansa, cielo, debo volver al trabajo, he salido pitando sin tiempo de dar explicaciones a nadie – sonrió el hombre.
Ella asintió y él la besó en la frente. Tras unos minutos, el ruido del coche de su padre desapareció calle abajo. Por fin sola. Y por fin en paz, sonrió Lea.
Observó a su padre desaparecer a lo largo de la calle montado en su coche y se dirigió a la puerta. Estuvo tentado de llamar a golpes, como antes hacía, pero finalmente decidió llamar al timbre. Después de todo, a la joven poco le faltaba para sufrir un ataque al corazón después de aquel fatídico día.
Al cabo de un minuto que se le hizo eterno, escuchó pasos arrastrados y una voz baja, malhumorada, que maldecía mientras se acercaba a la puerta. Hacía tanto que no la escuchaba murmurar así que no pudo menos que sonreír.
- Ya voy, ya voy – se escuchaba la voz de Lea desde dentro de la casa.
La joven abrió la puerta con cara de cansancio, una cara que cambió a mostrar incredulidad y sorpresa en el momento en que reconoció al muchacho que tenía frente a su casa.
- T-Trent… ¿qué haces aquí? – Murmuró con incredulidad.
El chico sonrió abiertamente y le entregó una flor. Aunque para ella no era una flor cualquiera.
- Pensé que necesitarías animarte o a alguien que te acercase al curro luego.
Ella sonrió cálidamente con la vista fija en el tulipán naranja que el joven le había entregado. Aunque esa sensación de alivio quedó rápidamente enterrada bajo el dolor. El dolor que había sentido por culpa de aquel joven a penas un mes atrás.
- Gracias por el detalle, pero estoy bien. Nos vemos – quiso cerrar la puerta pero el joven se lo impidió con una mano.
- Espera, Lea. He venido andando desde el instituto sólo para verte, no me irás a cerrar en las narices, ¿verdad?
Ella le miró fijamente, casi con tristeza.
- Desde que lo dejamos no sería la primera vez que te doy puerta. Y ahora lárgate.
El chico puso mala cara.
- Oye, nena… Lea – se corrigió al ver la cara de desagrado de ella –. Ya te dije que sentía lo de Vicky… Se coló en mi casa y me calentó demasiado, no fue premeditado.
Ella le dedicó una mirada cansada. ¿Cuántas veces podían haber hablado del tema de la infidelidad desde que lo dejaron? Muchas. Demasiadas para llevar únicamente tres semanas separados.
- Mira, Trent, ya te lo he dicho. Me da igual. Lo nuestro no pudo ser porque no eres más que un semental. Y es una lástima.
El chico se acercó a ella y la apartó de la puerta, entrando finalmente en su casa. Lea suspiró al sentirlo tan cerca. ¿Por qué sentía que aún le quería? Él la había hecho daño, en menos de un mes de relación… ¿cuántas veces el increíble Trent, el chico más popular del instituto, había sido visto con otras a sus espaldas? Ella sólo sabía de dos, pero seguro que había más.
El joven moreno sonrió al verla bajar la guardia y bajó el rostro, apoyando su frente sobre la de ella.
- Podemos volver a intentarlo, Lea… yo sólo quiero que salgamos juntos.
Aquellas palabras eran como veneno para ella, que se convulsionó débilmente en un silencioso sollozo. Ella le había querido más que a ninguno otro de sus anteriores novios, había sido feliz a su lado salvo en algunas ocasiones y habían compartido todo lo que se puede compartir en menos de un mes. Pero cuando ella no quiso entregarle su primera vez, él comenzó a saciar su necesidad sexual con otras. Y a pesar de todo, ella no podía evitar seguir queriéndole.
Trent la miró y apartó con la yema de los dedos las pequeñas y cristalinas lágrimas que caían sin control de los ojos de Lea y, tomándole el rostro entre las manos, se acercó a ella hasta que sus labios se rozaron. Aquel simple gesto hizo que a ella la cabeza le diese más vueltas aún de las que ya le estaba dando y cerró los ojos, confundida. Pero el chico lo malinterpretó y profundizó el beso.
Lea sintió los cálidos labios de él sobre los suyos por primera vez en mucho tiempo y estuvo tentada a dejarse llevar. Incluso llegó a desear poder dejarse llevar. Pero no era el caso. Colocó suavemente sus manos sobre la sudadera de él, empujándole levemente para quitárselo de encima.
- Lo siento, Trent, pero yo…
Trent negó con la cabeza y ella se apartó un paso. Sabía que él ahora estaría enfadado, pues no era de los que aceptaran el rechazo.
- ¿El pelirrojo ese es tu nuevo novio?
Ella abrió los ojos sorprendida.
- ¿Kidd? Kidd y yo, ¿novios?
- Sí, eso he preguntado.
Ella negó con la cabeza, con absoluto rechazo hacia la idea.
- ¡Por supuesto que no! ¿Qué te hace pensar eso?
- Le vi hoy tras el derrumbe. Él no dejó que me acercase a ti en ningún momento y ya parecía que érais algo más. Supongo que tenía que asegurarme de no tener que allanar el terreno para recuperarte.
Lea suspiró.
- No se trata de allanar el terreno, Trent. Tú y yo no tenemos futuro juntos y de estar yo saliendo con otro, lo mínimo sería que respetases mi relación.
El moreno puso mala cara y la tomó del brazo, con cierta brusquedad. De haber llegado a decir algo, Lea estaba segura de que habría sonado como algo mucho más doloroso que un puñal, pero otro sonido llegó antes.
Los bruscos golpes que recibió la puerta principal de la casa les sobresaltó, obligándole a él a soltarla y haciendo que ella suspirase mentalmente de alivio, a pesar de saber que quien le esperaba tras la puerta era mucho más temperamental y peligroso que Trent.
- Voy.
Trent la observó mientras abría la puerta y no pudo evitar poner mala cara cuando reconoció al tipo que entraba por ella.
- ¿Y qué hace este aquí si no sois novios?
Kidd frunció el ceño ante la visión que tenía. Lea estaba sonrojada y con la ropa arrugada, mientras que el joven se mostraba arisco, como si les acabasen de interrumpir.
- Vivo aquí – dijo pasando entre ambos, deteniéndose ante Lea –. Y tú tienes que encontrar el modo de arreglar eso.
Ella fue a protestar, pero en el momento, Kidd la tomó del brazo y la arrastró escaleras arriba, camino de su habitación. Trent apretó los dientes y salió de la casa dando un fuerte portazo, creyendo que tal vez, ellos dos eran más de lo que su ex admitía y que para colmo, a él sí le había entregado su primera vez.
Y no sabía hasta que punto podía estar equivocado.
- Kidd, ¡suéltame! ¿A qué ha venido eso? Tú NO vives aquí, estás DE PASO. ¡Nadie te da derecho a irrumpir de esa forma!
El pelirrojo le dedicó una sonrisa burlona.
- Ya, seguro que preferías haberte quedado haciéndolo todo el día con él, pero si quieres que me largue, tendrás que conseguirlo.
Ella se sonrojó bruscamente y le propinó un puñetazo en el hombro mientras cerraba la puerta de su cuarto.
- No iba a acostarme con él – murmuró sentándose frente a su ordenador.
- Él sí pensaba acostarse contigo.
Ella suspiró.
- Lo sé.
Kidd dejó de sonreír al percibir su expresión. La había visto varias veces entre sus compañeros y nunca era para bien.
- Le habrías dado lo que quería.
No era una pregunta y aquello la hizo estremecer, negando fuertemente con la cabeza.
- No. ¡Y déjalo ya! No sé por qué de repente te interesa mi vida.
Él recuperó su sonrisa torcida.
- Soy un hombre, me interesa el sexo, no tu vida.
Lea le fulminó con la mirada, pero fue interrumpida cuando el ordenador se encendió a todo volumen. Bajó el sonido y comenzó a teclear en internet antes de volver a mirarle.
- ¿Qué estamos buscando? – Preguntó.
Kidd pareció pensativo unos momentos y ella tuvo una iluminación. Tecleó en el buscador de Google "Eustass Kidd". Y aquello fue el inicio del rompecabezas.
Habían pasado ya varios días desde entonces. Lea ya no precisaba asistir a ninguna revisión médica por si le quedaba algo del trauma del supuesto derrumbe y había podido volver a retomar su rutina de colegio y trabajo por las tardes. Además, habían avanzado algo con la búsqueda sobre Kidd. O bueno, no habían avanzado, pero al menos sabían que realmente no estaban locos.
- Así que yo, en tu mundo, no soy más que un dibujo animado.
El pelirrojo parecía divertido ante la idea, pero ella no lo comprendía.
- ¿Qué le ves de gracioso? Según esto tú aún sigues en la serie, es más, ¡ni siquiera has vuelto a aparecer desde lo ocurrido en Sabdy!
- Sabaody – la corrigió él mientras se miraba con desagrado en el espejo de ella –. Fue allí donde ese desgraciado de Kuma me lanzó hasta aquí.
Kidd no la miraba a ella, trataba de sentirse cómodo con la reflexión que le transmitía el espejo. Lea no pudo evitar volver a sonreír al verle así. Finalmente, Kidd había accedido a vestir como una persona normal y ella había ido personalmente a comprarle algo de ropa. Y no era como si lo hubiese hecho a posta, pero la verdad era que le quedaba todo genial.
Le había comprado un polo de la talla más grande que había encontrado y aún así le quedaba justo y remarcaba notablemente su bien formado cuerpo bajo la tela blanca y las mangas largas. Los vaqueros eran anchos en la cintura, lo que causaba que se le cayesen lo justo para ver el inicio de su ropa interior, pero no parecía afectarle. Las deportivas eran negras y, para sustituir sus gafas, Lea le había comprado un pañuelo de colores verde oscuro y dorado, bastante masculino.
- ¿Sabes? Creo que no estás nada mal con eso puesto – sonrió ella.
Debía reconocerlo. En general, él no estaba nada mal. Salvo por el carácter, claro. Kidd esbozó una sonrisa de medio lado.
- ¿Esperabas menos, mocosa?
Ella maldijo para sus adentros. "Desagradecido" pensó. Ignorando las quejas que volvían a salir de la boca del pelirrojo, se centró nuevamente en el capítulo que estaba viendo en la pantalla de su ordenador.
- Dime una cosa, Kidd, ¿no eres tú el protagonista de la serie?
Aquello hizo que el pelirrojo se tensase involuntariamente y frunciese el ceño ante la imagen de su mundo en una pantalla.
- Sombrero de paja… – susurró pensativo, al reconocer a Luffy al inicio de sus aventuras.
- ¿Le conoces? – Murmuró ella con curiosidad.
Él simplemente puso mala cara y golpeo su cama con tanta fuerza que los muelles del colchón sonaron a roto.
- ¡Oye! ¡Deja ya de golpear las cosas sólo porque algo te molesta!
- Golpea tú lo que te molesta y deja de quejarte – contestó el con una sonrisa siniestra, cruzándose de brazos.
- Tú me molestas y aún no te he puesto la mano encima – siseó ella, con molestia.
Había pasado casi una semana desde que habían comenzado a ver One Piece en su ordenador y poco a poco parecía que ambos tenían más paciencia el uno con el otro. Aunque en ocasiones, más veces de las que deberían para ser dos personas que convivían juntas, volvían a sacar a flor de piel el desagrado mutuo que sentían.
Lea ignoró la reacción molesta del pelirrojo y se dirigió hacia su silla, pero Kidd no se lo permitió. Tomándola del brazo y tirando con brusquedad de él, la acercó hacia sí, volteándose rápidamente para apresarla contra la pared.
Lea movió la cabeza furiosa, pero no dijo una palabra mientras él tomaba sus manos y la sujetaba contra la pared.
- Desde luego no aprendes – murmuró él mirándola, con burla, a los ojos.
Ella se estremeció de pies a cabeza. Desde aquel día en que él la había besado, no habían vuelto a estar tan cerca y esa cercanía la ponía nerviosa. Giró el rostro, evitando mirarle a los ojos.
- Sabes que no tengo nada que aprender. No soy yo la que te amenaza cada vez que no le gusta lo que haces.
Una sonrisa siniestra se dibujó en los labios de Kidd mientras que con toda su estatura, la miraba directamente a los ojos, haciéndola girar el rostro con una sola mano.
- ¿Quién ha dicho nada de amenazas?
Aquel gesto hizo que ella abriese grandemente los ojos y comenzó a debatirse con fuerza, luchando por soltar sus muñecas de la mano de él, sin lograrlo.
- Kidd, suéltame.
Quiso que sonase con voz firme, pero pareció más un susurro. El pelirrojo escondió el rostro en el hombro de ella y sintió como todo su cuerpo se estremecía bajo el de él. Sonrió para sus adentros y la soltó, saliendo en silencio y con una sonrisa de la habitación.
Lea se quedó respirando profundamente contra la pared. ¿Qué había sido eso? Observó sus manos, aún temblorosas y se mordió el labio inferior con fuerza. "No. Prohibido" se dijo a sí misma. Pero debía reconocerse a sí misma que lo había deseado. Había deseado que él realmente lo hiciese: la besase. ¿Y todo por qué? Por Trent.
Se dejó caer hasta la moqueta que cubría el suelo de su habitación, confirmando lo que hacía un par de días, al hablar de nuevo con Trent en el instituto, había sospechado. Alzó los ojos y miró con tristeza hacia la puerta vacía por donde segundos antes el pelirrojo había desaparecido.
Sí, quería olvidarse de Trent. Y por fortuna o por desgracia, Kidd era el único que había logrado hacer que ella realmente desease que se acercase, y eso lo convertía… "… en una triste cura contra el dolor del vacío de Trent" pensó. Negó con la cabeza al escuchar al capitán maldecir desde la planta baja, seguramente intentando hacer funcionar la televisión o algún otro aparato que distase de los Den–Den Mushi de su mundo.
No, se dijo a sí misma. Ella no utilizaría a Kidd para sanar su soledad. Era demasiado peligroso y además… una lágrima frustrada escapó por su mejilla mientras se sentaba de nuevo a continuar viendo la serie. Además… no quería utilizarle. Se resignaría a ayudarle a volver y para ello debía conocer a los personajes, por lo que comenzó a ver un nuevo capítulo de One Piece, tratando de desconectar así de la confusión que poco a poco se iba adueñando de ella.
En la planta baja de la casa, la situación no era ni mucho menos mejor.
"Dichosa mocosa"
Primero su ausencia de miedo hacia él, después el descubrimiento de su ex y ahora vergüenza. ¿Qué demonios pasaba con ella? No, tal vez la pregunta no era qué pasaba con ella sino… ¿qué pasaba con él? Había estado a punto de volver a besarla. Le había apetecido además. Incluso le habría dado poder sobre el moreno ese, Trent, que cada vez que le veía cerca le lanzaba más de una mirada provocativa.
Ya se cuidaría de él después. Volvió su mirada hacia la habitación de la joven y sonrió para sus adentros. No era tan mala idea, después de todo, un pirata coge lo que quiere cuando quiere, ¿no? Y él era un pirata, un capitán pirata. Podía volver a subir, besarla, hacerla suya y declararle así a ella y al molesto de su ex que él tenía el control, que ella era suya.
De inmediato rechazó la idea. No era como si no le apeteciese, pero no se sentía con ánimos de dejarse llevar por ese impulso masculino. Ella no le había provocado tanto como para eso y no tenía por qué demostrarle a ningún chico que ella le pertenecía. ¿Qué más le daba con quién se fuese ella? Nada. Que hiciese lo que quisiese. Con un gruñido de frustración, se dejó caer en el sofá una vez que la televisión se encendió y algo que no fuese Lea pareció servir para su entretenimiento.
Continuará…
Bueno, me apuesto a que esto no es lo que muchos esperabais, pero no penséis que este romance va a ser sencillo, tengo pensado complicarlo bastante (al fin y al cabo, eso lo hace más deseado, ¿no?) :D
¡Nos leemos pronto!
