Ok, aquí sigo en mi proceso de actualizar todos los fics que parecían estar abandonados xD ¡Espero que os guste!

Uzumaki-neechan: ¡gracias a ti por leer mis fics! Si yo actualizo encantada, me encanta que os guste (^^ ya soy feliz…) xD ¡Qué va, tranquila! No va a ser muy complicado, o al menos no tan complicado como otros de mis fics (sobre todo teniendo en cuenta lo salidilla que estoy últimamente, no puedo resistirme a meter algún roce de vez en cuando xD) ¡Gracias!

Luffy,Rekee66: ajajja no sé si existe pero gracias por definirlo así xD Guau, me alegra que te gustase el capítulo, de veras ^^ y has dado en el clavo con todo lo que has dicho tanto de Trent como de Kidd. Y ¡chán, chán! Quién no quisiera ser Lea para vivir (aunque temporalmente) con un hombre como Kidd T.T (*baba…*) Vale, y ahora que ya me vuelve la neurona a funcionar (xD) ¡gracias!

Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones

"Libros/Escrito"


Capítulo 5: Tiempo libre

- Así que a esto es a lo que te dedicas en tu tiempo libre…– murmuró Kidd mientras Lea le servía un refresco en la cafetería de la terraza del centro comercial.

- No, mi tiempo libre lo paso viendo One Piece contigo. Éste es mi trabajo a tiempo parcial.

La joven se quitó el delantal en cuanto acabó su turno y se sentó a su lado, en una pequeña mesa de jardín a la sombra de una gran sombrilla. Él bebía una cerveza y ella una coca cola, y ambos observaban el ir y venir de la gente que iba de tienda en tienda.

- ¿Y qué haces tú en tu tiempo libre? ¿Cuál es tu trabajo?

Kidd sonrió orgulloso.

- Soy el capitán del barco, ése es mi trabajo. Tengo todo el tiempo libre que quiera.

- Mmm… ya veo.

- ¿"Ya veo"? ¿Sólo eso? – Preguntó él, algo herido en el orgullo.

Ella dio otro sorbo a su coca cola y asintió.

- Eso explica muchas cosas.

Kidd alzó una ceja.

- ¿Por ejemplo?

- Tu increíble orgullo, o tus dotes de mando y esa arrogante manía de tener que controlarlo todo.

Kidd fue a replicar algo, pero ella sonrió en su dirección, como diciéndole que con el comentario no pretendía comenzar una guerra. Con un comentario despectivo en voz baja, se terminó la bebida de un trago.

Cuando la tarde se volvió tan monótona como su conversación, Lea pagó la cuenta y comenzaron a caminar hacia la salida del centro comercial, pero cuando fueron a utilizar las escaleras mecánicas para bajar a la primera planta, Kidd frunció el ceño.

- ¿Qué es esto?

- Unas escaleras.

- ¿Se mueven? – Preguntó, aparentemente con curiosidad.

- Sí, hacen que subir o bajar sea más cómodo. Apuesto a que en tu mundo no hay de éstas, ¿verdad? – Preguntó ella alzando una ceja, divertida.

- Ni lo sé, ni me importa; en un barco como el mío no son necesarias.

Ella no pudo evitar sonreír. Poco a poco, era como si la compañía de Kidd ya no la sentase mal, más bien comenzaba a alegrarle el día, aunque a veces fuese un completo idiota. Pero era su idiota. Para bien o para mal, le tenía en casa día sí y día también y al final ambos iban congeniando, comenzando incluso a desarrollar una pequeña amistad.

Bueno, quizás eso fuese demasiado, pero a ella le gustaba creer que poco a poco iban avanzando, ya que no habían vuelto a tener ningún "intercambio violento de impresiones". Además, al ir avanzando con la serie de One Piece, Lea poco a poco iba comprendiendo su forma de pensar y cuáles eran sus objetivos. Era una relación… interesante, como poco.

- ¿Y ésas que gritan por ahí quiénes son?

Lea miró en la dirección que él señalaba con la mirada y maldijo por lo bajo al verlas saludar en su dirección.

- Mierda.

A lo lejos, Lea identificó a su grupo de amigas. Estaban todas las que estuvieron en la fiesta de Halloween y esperaba que ninguna hiciese preguntas sobre el nombre de Kidd, pues no se había traído ninguna escusa preparada. Sonrió disimuladamente mientras se acercaban.

- No des la nota – le susurró a Kidd, que puso los ojos en blanco.

- ¡Lea!

Sara prácticamente saltó a sus brazos alegremente, apartándola de Kidd de golpe, que por un momento pensó que tendría que defenderse de un ataque así el también. Escuchó a la morena quejarse infantilmente entre los brazos de su amiga, pero cuando se separaron, ambas sonreían.

- Hola Sara. Chicas – las saludó con una mano antes de darse cuenta de que se estaban comiendo a Kidd con la mirada –. Él es Kidd.

- ¡Eustass Kidd! – Exclamó María, radiante.

Lea palideció y el rostro de Kidd se descolocó en una amplia mueca de sorpresa. ¿Acababa… acababa ella de llamarlo por su nombre? Lea miró a Kidd de reojo y vio que él estaba atento a todo lo que ocurría. Trató de disimular.

- Vaya, ¿os conocéis?

- No – fue la seca respuesta de Kidd.

- ¡Por supuesto que no! ¡Pero… madre mía! ¡Eres tú! Sé que es una locura pero… ¡eres igual a él! ¡A Eustass Kidd! ¡Y te llamas igual!

Laura, otra de las chicas, avanzó hasta quedar al lado de María.

- ¿De qué hablas?

María se volvió hacia ellas con la emoción dibujada en el rostro.

- ¿Recordáis al tipo que invocamos en Halloween? ¡Pues es éste! – Gritó señalando a Kidd, quien frunció el ceño, tratando de comprender aquella nueva clave de por qué había ido a parar a aquel lugar – Bueno, no exactamente… ¿recordáis que os dije que había un personaje de una serie que se basaba en él? – Todas asintieron – ¡Pues es él! ¡Es Eustass Kidd! – Soltó una carcajada – En fin, que ha sido un shock encontrarme con una coincidencia así – todas se rieron con ella, todas menos Lea, quien observaba nerviosa las expresiones pétreas de Kidd –. Bueno, y ¿a dónde ibais los dos tan juntitos y solitos?

Kidd soltó una carcajada ante el súbito sonrojo que invadió las mejillas de Lea, que levantó las manos frente al pecho y las movía en señal de negación.

- No, no, ¡no! No es lo que crees, María, ¡para nada!

Sara la cogió entonces del brazo y mientras miraba al pelirrojo con una sonrisa maliciosa siguió picando a su mejor amiga.

- Ahora entiendo que no quisieses volver con Trent, esa vida no es nada en comparación con esto – dijo mientras estudiaba abiertamente a Kidd con la mirada.

- Pero mira que sois tontas – trató de reír Lea nerviosamente, mientras intentaba que su flequillo cubriese su mirada.

Kidd por su parte no dijo nada, estaba disfrutando de lo lindo ante aquella situación.

- ¡Oh! ¿Entonces no es tu novio? ¿No os queréis?

- ¡No! – Ambos lo negaron a la vez.

El "No" de ella fue vergonzoso y salió casi en forma de grito; el de él, seco y sin posibilidad de réplicas.

Por un momento, ambos se miraron en medio de aquella descabellada situación. Lea suspiró y fue la primera en apartar la mirada. ¿Por qué estaba nerviosa? Desde el primer momento se había dicho a sí misma que no vería a Kidd como nada más que una carga a la que debía ayudar. Así pues, ¿por qué le molestaba que sus amigas le mirasen tan furtivamente? Respiró profundamente mientras Sara volvía a arrastrarla junto a las demás.

- Por cierto, la semana que viene, el viernes, Trent dará una fiesta en el antro de su primo, ya sabes – dijo mirando a Lea –, alcohol, música, tíos buenos, y quién sabe qué más. Te apuntas, ¿verdad? ¡Tienes que venir conmigo!

- ¡¿Qué? ¡No pienso ir a una fiesta con Trent!

- ¡Veeeengaaaa! ¡Si no estás saliendo con Kidd no tienes escusa para no querer estar con Trent! – Metió baza Laura.

- Oye – intervino María entonces –, ¿te molesta si invito a Kidd? ¡Es que me encanta!

La sonrisa de Kidd se hizo más amplia esperando la reacción de Lea, y tuvo la satisfacción de verla fruncir el ceño, para al final sonreír forzosamente. Se preguntó si ella misma era consciente de sus gestos y de lo que significaban.

- Claro, sería genial – murmuró.

- ¡¿Entonces vendrás? – Preguntó Sara, eufórica.

- Claro, qué remedio, tengo que cuidar de ti.

Todo el grupo sonrió mientras María comenzaba a charlar animadamente con Kidd. Se sentaron todos a tomar una pizza en un local cerca de allí, en el mismo centro comercial, y María y Kidd seguían charlando, aunque la cara de Kidd cada vez mostrase menos paciencia. Durante un instante, Lea deseó poder arrancarle la cabeza a cualquiera de los dos, pero se disculpó para ir a pedir las bebidas. Mientras esperaba que se las sirviesen, su cabeza daba vueltas al mismo ritmo que latía su corazón. Ya sabía lo que significaban aquellos sentimientos, no era tan tonta como para no darse cuenta de que estar con Kidd ya no sería un sustitutivo de Trent: ahora en todo caso sería a la inversa. Pero el pelirrojo era tan arrogante y ególatra que prefería tragarse esos sentimientos incómodos antes de compartirlos con él y subirle más aún el orgullo.

Además, que no estaba preparada para su rechazo, pues sabía que si la rechazaba, lo haría hiriéndola en lo más hondo, por lo que era mejor dejarlo todo como estaba. Porque además, tarde o temprano, Kidd acabaría regresando a su mundo.

Con un suspiro, maldijo para sus adentros al ver que los de la barra le habían puesto dos bandejas y ella sólo podría llevar una, lo que significaba que tendría que hacer dos viajes. Se encogió de hombros y cogió la primera, pero unos brazos morenos aparecieron desde detrás suyo y la apresaron contra la barra mientras cogían la otra bandeja. Aún sin alejarse de ella, una suave voz susurró en su oído:

- ¿Te ayudo?

El joven pasó la bandeja por encima de ella y Lea, con cuidado de no derramar las bebidas de la que ella llevaba, sonrió de medio lado al ver a Trent.

- Gracias.

- Un placer – contestó él, haciendo una media reverencia.

La acompañó hasta la mesa y se sentó a su lado, eligiendo, claramente a propósito, la silla que había entre ella y Kidd, quien puso cara de pocos amigos.

- Hola chicas – sonrió –. Kidd.

- Mocoso.

Ése fue su saludo. Tenso y desagradable, como cabía esperar, y Sara soltó una risita por lo bajo mientras María miraba dudosa las reacciones de Lea, quien al percatarse de que la observaba, le devolvió la mirada. Al principio no comprendió qué quería decirle, pero era evidente.

Le estaba pidiendo su aprobación.

Lea quiso negar con la cabeza y decirle que no se acercase a Kidd a menos de un kilómetro, pero su rostro sonrió a traición. Cuando la vio sonreír de vuelta y volver a llamar la atención de Kidd, se sumergió en su silla y bebió de su coca cola cerrando los ojos, intentando aislarse de aquel momento tan incómodo.

Era inevitable, al fin y al cabo, Kidd era de los hombres más atractivos que conocía, pero aún así, verle con otra chica, y además, ver que de vez en cuando la miraba de forma burlona, como si ya supiese por lo que ella estaba pasando… la enfurecía bastante.

Por suerte, Trent estaba allí para salvar la situación. Debía ser la primera vez desde que lo dejaron que ella se alegraba de tenerlo cerca.

- Bueno, ¿vendrás a mi fiesta?

- ¿A tu fiesta? – Repitió ella, alzando una ceja con una sonrisa.

- Conmigo, por supuesto – sonrió él, consciente de que en aquel momento, el pelirrojo no les quitaba el ojo de encima.

- Ah, bueno… – susurró con voz dulce – es que ya tengo acompañante.

- ¿Y seguro que no puedes cancelarlo? – Preguntó con mala cara.

- No, no puede – intervino Sara cogiéndola del brazo y sacándole la lengua a Trent.

El joven sonrió para ocultar su orgullo herido.

- Bueno, de cualquier modo, te buscaré por allí – Y cogiendo su chaqueta, abandonó el lugar a gran velocidad.

Lea le observó marchar mientras Sara sonreía por lo bajo.

- Así que Trent otra vez, ¿eh? Menos mal que no se lo ibas a perdonar nunca…

- Déjalo, Sara – dijo Laura tapándole la boca cuando la vio que su amiga corría el riesgo de irse de la lengua.

- No se lo he perdonado y no pienso hacerlo. Pero pasarme la vida angustiada por su culpa es una tontería. No merece la pena – confesó Lea antes de terminar de un sorbo su refresco.

Todo el grupo pareció estar de acuerdo con ella y sonrieron, menos Kidd, que permanecía serio mirando a la joven que ahora parecía evitar a toda costa su mirada. ¿Ése era su ex? ¿Y a él qué? Se recriminó internamente. Ella podía hacer lo que le diese la gana mientras que le llevase de vuelta a su mundo, ¿no? Y antes de que ninguno de los dos se diese cuenta, se estaban despidiendo de las chicas en la esquina que daba a su calle.

Sara abrazó a Lea aparte antes de volver con el grupo.

- Oye, te gusta, ¿verdad?

Ella parpadeó, confusa.

- ¿Qué?

- Vamos Lea, te gusta Kidd. Llevas toda la tarde mirando como María coqueteaba con él y él te miraba a ti para responderla sólo si estabas mirando. ¿A qué jugáis?

- A nada, no hay nada entre nosotros – se defendió ella.

- Pero vive contigo.

- Sí.

- Juntos.

- Sí.

- Y está para tirar cohetes.

- Sí – suspiró Lea.

- Entonces, o eres idiota, o te gusta pero temes el rechazo, por lo que eres doblemente idiota porque eres preciosa.

Lea soltó una risita.

- No es eso, Sara, simplemente no puede ser, así que mejor olvidarlo.

Sara hizo una mueca, pero Lea tiró de ella para volver con el grupo y dejar así la conversación. Lea se despidió de las demás chicas menos de María, que no estaba. Y Kidd tampoco.

Quiso preguntar, pero se negó en redondo. Con una sonrisa fingida, se despidió de las chicas y comenzó a subir por la cuesta que llevaba a su casa antes de que el conflicto emocional que sentía explotase en su interior sin tener a mano un buen helado de chocolate.

Cuando llegó a su casa, Kidd tampoco estaba allí. Recogió sus cosas, se quitó los vaqueros que llevaba y se quedó en braguitas y con una camiseta de manga corta de color blanco. Subió a su cuarto y se bajó el portátil al salón, lo conecto a la TV y comenzó a cargar varios capítulos de One Piece, pero antes de ponerse a verlos, se agenció un enorme helado de chocolate del congelador y una cuchara grande para poder disfrutarlo mejor.

Se sentó en el sofá con las piernas cruzadas y comenzó a ver la serie. Por fin, los "Sombrero de Paja" alcanzaban Sabaody gracias a la ayuda de la sirenita que le acompañaba. Y si mal no recordaba, allí era donde Kidd desapareció para ir a parar a su mundo. Kidd… ¿dónde estaría? La joven negó con la cabeza y enterró esos pensamientos en chocolate, hasta que sonó la puerta y con algo de mala gana, paró el vídeo y con el bote de helado en una mano y la cuchara en la boca, abrió la puerta sin preguntar quién era.


Eustass Kidd, parpadeó ante la visión que tuvo de Lea nada más ella le abrió la puerta: con los labios manchados de chocolate y tapada únicamente por unas braguitas y una camiseta. Demasiado, eso era lo que gritaba su mente. Demasiado provocativa, demasiado deseable. Ella parecía sorprendida de verle.

- ¿Qué miras? – Preguntó de mala gana.

- ¿Ya estás aquí? – Preguntó, sacándose la cuchara de chocolate de la boca.

Los ojos de Kidd se perdieron en aquel gesto.

- ¿No lo ves? – Contestó, bastante borde.

- Am… creí que te quedarías con ella.

- No es mi tipo.

- Qué exigente eres – murmuró ella intentando que no se notase su alivio, no quería darle el gusto.

Le vio encogerse de hombros.

- ¿Qué haces?

- Ver tu vida en alta definición – sonrió y le tendió una cuchara –. ¿Te apuntas?

Kidd sonrió de medio lado mientras cogía el helado de su mano y se sentaba frente al televisor con ella al lado. La única mujer a la que, de poder, permitiría subir a su barco. Se imaginó lo que diría Killer si le viese en aquella situación, compartiendo helado de chocolate con una niña, y sonrió pensando en qué pensaría su compañero que estaría haciendo él en aquel momento.

- Por cierto, ¿irás a la fiesta con ella?

- ¿Te importa? – Preguntó él, sin ocultar su mala idea.

- No realmente, pero teniendo en cuenta que vas a irte pronto a tu mundo, no deberías ilusionarla, por muy pirata que seas.

El pelirrojo sonrió de medio lado mientras usaba su poder para magnetizar la cuchara de ella y dejar que el chocolate escurriese sobre su nariz.

- ¡KIDD!

Lea se limpió la nariz con la mano antes de responder a su iniciativa de guerra con un lanzamiento perfecto de chocolate que le dio de lleno en la mejilla. Él la miró como si no se creyese lo que acababa de hacer y ella dobló las piernas contra el pecho mientras se reía sin parar de su aspecto. Poco después, Kidd se echó también a reír, pero de ella. "Para variar" pensó Lea mientras mirándose a un espejo se quitaba una mancha de chocolate de la punta de la nariz. Y entonces le escuchó soltar una carcajada.

- Ése estúpido Apoo… – señaló mientras en la pantalla aparecía él, Eustass Kidd, saliendo de una taberna de Sabaody por un agujero en la pared.

- ¿Le conoces? – Preguntó Lea, sentándose de nuevo a su lado.

- Sí, es un payaso.

- Ah… ¿cómo tú? ¿Otro payaso pirata?

- No sé por qué aún no te he matado, mocosa – gruñó Kidd con una sonrisa maliciosa.

Ella no dijo nada, de repente estaba muy atenta a todo lo que ocurría en la pantalla. Observó a Killer contra Urouge y después toda la búsqueda de la sirena por parte de los "Sombrero de Paja" hasta la subasta de humanos, donde más tarde pudo ver por primera vez a Kidd y los suyos en acción.

- Vaya – se les escapó. Kidd la miró interrogante y ella sonrió –. Vale, reconozco que nunca creí que tus poderes fuesen tan… geniales. Estoy impresionada.

Kidd soltó una carcajada.

- No esperaba menos. ¿Crees ya que seré el próximo Rey de los Piratas?

- Bueno, si logramos hacerte volver… puede que hasta tengas mi apoyo – le guiñó un ojo.

Los minutos siguieron fluyendo hasta que, tras despedirse de Luffy, Kidd y Law tuvieron que enfrentarse a un Pacifista.

- ¡Es Kuma! – Exclamó ella – ¿Es aquí cuando…?

- No, eso no es Kuma, es una máquina. El auténtico apareció después.

- Ya veo… vaya, no parece que sientas dolor, eso de la pierna no te impidió pelear genialmente – dijo señalando el corte que le causó el rayo de Kuma en el muslo.

Kidd no dijo nada, pero su nivel de orgullo estaba por las nubes ante la admiración recién adquirida de Lea hacia él. Pero era admiración.

- Oye, ¿no me tienes miedo?

- ¿Qué?

- Ya has visto lo que puedo llegar a hacer, y lo admiras. ¿Por qué no lo temes?

Ella se quedó callada unos instantes, sopesando una respuesta.

- Porque tú no me harías daño – dijo, finalmente –. Al menos, no hasta que consigas tus objetivos.

Kidd se la quedó mirando del mismo modo que a Luffy cuando el moreno dijo que él sería quien encontrase el One Piece. Era como si naciese un nuevo respeto en su mirada. Hasta que ella apagó el vídeo.

- ¿Qué haces? – Exigió.

- Bueno, ahí termina la saga de Sabaody, cuando los "Sombrero de Paja" son separados por Kuma, y según tu historia, Kuma te mandó volando a ti primero, así que no creo que te convenga ver qué sucede a continuación.

El pelirrojo puso los ojos en blanco.

- ¿Y a cuento de qué?

- Si quieres ser un Rey, no puedes tomar el camino fácil – negó ella.

- ¡A la porra con eso! Vuelve a ponerlo.

- No.

- Lea… – en sus ojos brillaba el peligro, pero ella aún se mantuvo firme.

- No. No tendrás mi apoyo si haces trampa como un cobarde y ordinario pirata novato.

- No necesito que me digas cómo hacer las cosas sólo… – fue como si de pronto la bombilla de ideas geniales se iluminase en el interior de Lea y le tapó la boca con un dedo a fin de hacerlo callar mientras pensaba.

Caminó de un lado para otro por el salón, aún manchada entera de chocolate, pero con una feliz sonrisa en los labios conforme más segura estaba de lo que pensaba. El pelirrojo comenzó a perder la paciencia cuando ella se sentó sobre él en el sofá, tan emocionada que no se dio cuenta ni de lo que podía significar para Kidd aquel gesto.

- Kidd, ya sé cómo llevarte de vuelta a tu mundo – sonrió.

El pelirrojo fue a contestar, pero la cercanía de la chica le dejó callado lo justo como para que ella pudiese comenzar a explicárselo a toda velocidad.


Continuará…