Bien, después de lo que parece una eternidad, aquí os dejo un nuevo capítulo de este fic, que poco a poco va tocando a su fin. Yo calculo que en unos tres o cuatro capítulos, más o menos, estará acabado. Sé que dije que lo haría más largo, pero al final creo que no es necesario alargarlo mucho más y que quedará bien así.

En fin, ya me diréis fin, pues espero vuestros reviews con muchas ganas. Y hablando de reviews...

Uzumaki-neechan: jajajaj sí, ha quedado clarísimo que no te cae bien Trent (a mí tampoco, para qué mentir xD). LOOL siento haber tardado tanto en actualizar, querrás matarme o algo y te doy permiso (pero cuando acabe los fics, ¿sí? Ya te doy fecha y hora para dentro de mil años o algo, porque sigo empezando nuevos fics sin parar xD). Chán, chán, chán, ¿qué pasará en la fiesta? Bueno, léelo, que creo que te gustará xD ¡Gracias!

Hitomi Miko: jeje, no, ya les queda muuuy poco. ¡Menos que un suspiro! xD Siento haber tardado tanto en actualizar, no tengo perdón, pero no tuve ocasión de hacerlo, de veras lo siento. ¡Gracias!

Sumiko Trafalgar: ¡muchas gracias por tu apoyo! Me alegra saber que te gusta el fic, espero que perdones el que haya tardado tanto en actualizarlo. ¡Gracias!

Anonimo: madre mía, me alegro de que al final pudieses publicar el review bien, porque me moría de la impaciencia por saber tu sincera opinión :) A ver, creo que mejor iré por partes, pero lo primero es que me alegro de que te haya gustado y que seas tan sincera. ¿Te has visto los episodios de Sabaody? Lo digo porque todo lo que escribí lo saqué de ellos: el mote de Apoo, la mini pelea del bar… todo eso, menos la batalla entre Kuma y Kidd, eso ya me lo inventé yo. Y sobre lo de que si Kuma y los Pacifistas es lo mismo, debo decir que no. Kuma es el humano y los Pacifistas son las armas del Gobierno (aunque Kuma acabe más o menos igual) pero vamos, que eso se explica en la serie, yo ahora mismo no me acuerdo de los detalles. Bueno, espero haber respondido tus dudas. ¡Gracias!

SarayZoro: jaja me alegra que pienses eso, te lo agradezco. Espero que este capítulo también te guste. ¡Gracias!

Cana Lawliet-san: jajaj lo siento de veras por haber tardado, tuve algunos contratiempos familiares, por así decirlo. De cualquier modo, ya estoy de vuelta y espero mantener un buen ritmo actualizándolo a pesar de tener otros 21 fics por ahí perdidos xD ¡Gracias!

Hielaine: jaajjaj sí, eso sería gracioso, ver a Kidd con cara de "¿WTF? ¿De verdad ese tipo cree que se parece a mí?" xD Sí, ya he visto muchos de tus reviews y espero seguir viéndolos, me encanta saber que lo que hago os gusta y esas cosas... ^^ ¡Gracias!

Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones

"Libros/Escrito"


Capítulo 6: Proposiciones

Sus manos subían y bajaban a un ritmo pausado, completamente ajenas a la música que aquel ruidoso Dj estaba pinchando en la fiesta de Trent. Nunca antes había bailado ningún tipo de música, y mucho menos aquel, y tal vez había sido eso, el sentirse fuera de lugar, lo que le había llevado a actuar de aquella forma.

Como siempre que él hacía algo, debía dar la nota y causar el mayor número de miradas posibles.

Se había acercado a ella, que bailaba con sus amigas en el centro del local, y la había separado bruscamente del resto del grupo. Pensaba habérsela llevado lejos, pero ante lo repentino de aquel gesto, ella había tropezado con aquellos molestos, altísimos y sexys tacones que llevaba puestos, cayendo torpemente contra su pecho, manchando en el acto su camisa negra con el líquido que derramó de su bebida. Tuvo la sensación de que ella intentó disculparse, pero no la dejó. Le tomó la mano con la que sostenía el vaso vacío y se lo quitó, tirándolo al suelo.

- Ya has bebido bastante – murmuró con burla.

Ella miró su camisa empapada y la tocó con un dedo con una carcajada.

- Que va… es que eres muy bruto – se excusó, sonrojada.

Fuese como fuese, el caso es que ella aún no se incorporaba de vuelta. Al final sí que iba algo borracha, pero eso para él era lo de menos. Lo peor era lo mucho que le incordiaba la camisa mojada, así que, tal y como habría hecho en su mundo, se la quitó allí, delante de todo el mundo, tirándola al suelo ante sus atónitas miradas, quedándose únicamente con los pantalones, los zapatos, y las gafas en la frente. Y a pesar del gesto, ella no se alejó. Se quedó sobre él, acomodando la cabeza en su hombro ahora que con los tacones tenía la altura perfecta, y respirando calmadamente, aunque él podía notar su corazón mucho más acelerado.

Entonces sus manos comenzaron.

No era que no hubiese querido hacerlo antes, la tarde en la que ella se sentó encima de él en el sofá, por ejemplo, pero se había mantenido alejado por motivos que ahora ya ni quería recordar. Simplemente dejó que pasara. Dejó que sus manos bajasen por la espalda de ella, sobre su vestido, haciéndola suspirar contra la piel desnuda de su hombro, hasta llegar al comienzo del culo. Lo acarició de arriba abajo, delineando cada curva desde las piernas al inicio de su espalda, a un ritmo muy diferente del que sonaba por encima de sus cabezas. Era delicioso, tal y como lo recordaba de sus labios. Era dulce, inocente y firme al mismo tiempo, y diferente. Para ambos era diferente. Para él, porque tenía la certeza de que en su mundo nunca encontraría otra mujer como ella; y para ella, porque estaba convencida de que aunque brusco y arrogante, ningún hombre volvería a gustarle del mismo modo que él.

Entonces él abrió los ojos de nuevo y la fantasía se quebró como el cristal.

Nunca había estado con ella en la pista de baile. Ella no se había dejado tocar. Bueno, tocar sí.

Pero no por él.

María, que finalmente había logrado acercarse a Kidd por encima de Lea, observaba sorprendida cómo la joven se dejaba acariciar por Trent sin molestarse en apartarlo. Kidd fruncía el ceño con desagrado ante la escena, y aunque sabía perfectamente por qué lo hacía, sentía su orgullo igual de dañado. La vio titubear cuando Trent quiso besarla y sonrió de medio lado al ver cómo ella se retiraba educadamente con una sonrisa coqueta algo forzada. Pero aquello no la hizo ir hacia él. Sus miradas se cruzaron un instante pero ella en seguida se fijó en el brazo de María, que aún rodeaba el de él, y se giró de nuevo hacia la barra.

- Un ron con naranja – murmuró, frustrada.

Por su parte, Kidd ya había visto suficiente y su ego herido acababa de recibir otro estacazo a pesar de saber que había logrado ponerla celosa. Se levantó de donde estaba, dejando a María sola, y salió por la puerta principal del polígono que habían habilitado para la fiesta.

Pensó que ganaría, que sólo tendría que ponerla celosa y molestarla hasta que ella decidiese ir junto a él y arreglar la situación por sí misma. Pero al revés, lo que había logrado sí había sido molestarla con muchos celos, pero ella no había acudido a él. Por un momento, la comparó con un tesoro que sabes dónde está y cómo cogerlo pero tienes la vana esperanza de encontrar una llave o algo que abra un pasadizo y lo traslade directamente ante ti. Y ella no iba a ir a él, eso estaba demostrado, que la chica era más lista que eso.

O no.

- ¿Vas a dejarla pedir otra copa?

La voz de aquella joven le sorprendió. Cuando la vio, con el ceño fruncido y la nariz arrugada, le pareció reconocerla como Sara, la mejor amiga de Lea. Se encogió de hombros, con indiferencia.

- No es asunto mío lo que haga esa mocosa.

- No te creo. ¿Qué clase de novio eres? Te vas con otras, la molestas y luego… no eres capaz ni de disculparte.

- ¿Nov…? – Quiso replicar, pero ella volvió a la carga.

- Es despreciable. En cuanto la has dejado sola, Trent se le ha echado encima. ¡Y ni aún así has ido con ella! ¿Se puede saber qué vio ella en ti en un principio?

- No te confundas, niña, ella y yo no somos nada más que compañeros de viaje.

- ¿Seguro? – Avanzó dos pasos, hasta quedar frente a él – En ese caso, compañero, necesito que me digas una sola razón creíble por la que frunciste el ceño cuando Trent casi la besa y otra por la que te hayas salido al ver que ella prefiere pasar de ti.

Ahora sí ya la miró de frente. Aquella chica comenzaba a molestarle bastante más que la morena, y eso ya era difícil.

- Ella no pasa de mí.

- ¿Y por qué crees que es? ¡Está enamorada de ti! Y créeme que no lo entiendo pero escúchame esto, Kidd. No sé qué tipo de relación tengáis, yo voy a volver a dentro con ella y voy a intentar hacer algo. Tú verás lo que significa ella en tu vida y hasta qué punto quieres perderla.

El pelirrojo apretó los puños mientras veía a la joven marcharse tras echarle por encima de su ardiente orgullo aquel jarro de agua fría. Rechinó los dientes mientras intentaba recordarse a sí mismo cómo era que había pasado una semana desde aquel momento y al final ambos habían acabado en aquella fiesta por separado.

Flash back

- ¿Crees que funcionará?

- ¿Qué podemos perder? Al fin y al cabo, no habrá noche más mágica que esa aquí en la Tierra.

- Eso es absurdo, en tu mundo no existe la magia.

Lea suspiró, mirándole fijamente.

- Es una teoría como otra cualquiera, pero que un personaje salido de una serie de televisión me diga que en mi mundo no hay magia, es como para volverse loco – sonrió.

Kidd realizó una torcida media sonrisa.

- La magia y la suerte son para los novatos.

Lea frunció el ceño.

- ¿Por qué eres tan criticón? Es la única solución que se me ocurre.

- Tú sabrás, es tu mundo.

Lea suspiró y se dejó caer sobre su hombro, golpeándole a la vez en el pecho con el puño.

- Eres un quejica, vaya caca de Rey de los Piratas que vas a ser – sonrió.

Kidd la apartó varios centímetros con las manos sobre sus hombros y la miró amenazadoramente.

- No vuelvas a decir eso si no quieres pagarlo caro.

Ella se acercó a su rostro con una sonrisa triunfante.

- Vaya caca de Rey de los Piratas que vas a ser – susurró, haciendo énfasis en cada una de sus palabras.

La joven no supo en qué momento se cambiaron las tornas, pero se encontró tumbada sobre el sofá, con un Kidd bastante peligroso sobre ella, y las manos apresadas por una sola de él.

- No volverás a decir eso jamás – sentenció el pelirrojo con una sonrisa siniestra mientras enterraba el rostro en su cuello.

Lea soltó un gritito ahogado al sentir los labios de Kidd recorriendo toda la piel de su cuello, desde el inicio de su camiseta hasta el lóbulo de su oreja. Se tensó en el acto cuando sintió su boca apoderándose de una parte de su cuello, succionándola, seguramente dejando una marca que tardaría días en desaparecer… pero causándola una sensación ardiente que le encantaba. Tras marcarla en varios puntos más a ambos lados de su cuello, sus dientes apresaron el lóbulo de su oreja, haciendo la gemir.

Quedó tan relajada bajo el peso del pelirrojo, que éste la soltó las manos y puso las suyas sobre las caderas de Lea, acercándose a ella más de lo que nunca habían estado. La joven actuó antes de que él pudiese presentirlo, y tomándole el rostro con las manos, acercó sus labios a los de él. Pero no llegaron a juntarse.

El sonido del motor del coche de policía del padre de Lea interrumpió aquel momento, causando que ambos se separasen algo cohibidos y se levantasen del sofá velozmente antes de que el agente Yonde entrase por la puerta.

- Buenas noches – saludó el hombre, sonriente.

Fin flash back

Maldijo para sus adentros, pensando en qué habría podido pasar si su padre no hubiese llegado justo entonces. En aquel momento, él había estado decidido a hacerla suya y ella, estaba seguro, le habría dejado. Y eso no era bueno. Nada bueno, no podían hacerlo, no podían acercarse de aquel modo, ya que, al fin y al cabo, él acabaría regresando a su mundo en apenas dos semanas más. "El 24 de Diciembre…" pensó él. Según Lea, aquella era la noche más mágica del año según los creyentes, ya que era el día que el niño Jesús había nacido. ¿Quién sería el niño Jesús? Eso él no lo sabía, pero no tenía más remedio que confiar en ella.

Se volteó al escuchar el sonido de unos tacones acercarse a él por detrás y puso mala cara, pensando que Sara volvería a echarle la bronca, pero se sorprendió al comprobar que no era ella. Se cruzó de brazos, ocultando su evidente sorpresa con arrogancia.

- ¿Qué haces aquí, mocos…?

Abrió los ojos de golpe cuando sintió los labios de Lea sobre los suyos. La joven no se había detenido al acercarse, había llegado y le había besado sin importarle nada más. El pelirrojo descruzó los brazos y ella se alejó unos centímetros de él, algo sonrojada.

- María quería invitarte a su casa esta noche, me lo ha dicho – soltó, a toda velocidad – y no puedo permitirlo.

La mente de Kidd aún daba vueltas al asunto a gran velocidad mientras se perdía en el rubor de las mejillas de la chica.

- ¿Por qué?

Ella se paralizó, como si despertase de un trance y no tuviese respuestas suficientes para aquella situación.

- Porque… porque te irás pronto a tu mundo. No puede ilusionarse – dijo, pero Kidd tuvo la impresión de que se lo decía más a ella misma que a él.

- ¿Sólo por eso? – Preguntó, alzando una ceja.

Ya está, ahora él había ganado. Si decía que sí, sabría que estaba mintiendo y ocultando sus celos, lo que le daría la victoria de toda la noche. Al final, ella había ido a él.

- No.

El esquema perfecto de Kidd se resquebrajó en aquel instante. ¿No? La miró sorprendido, pues en ningún caso habría esperado que ella se tragase su orgullo de aquel modo. Maldijo por lo bajo mientras la sujetaba por la nuca con una mano y rodeaba su cintura con la otra. Al final, ella ganaba.

La besó con pasión, juntando sus labios sin importarle lo demás. ¿En qué momento había perdido? Seguramente desde el principio, ella había tenido todas las de ganar. Sonrió de medio lado mientras devoraba sus labios con ansiedad. Qué estúpido había sido, le había derrotado una niña en su propio juego. Pero todo aquello carecía de sentido en aquel momento.

Lea cerró los ojos mientras pasaba los brazos por detrás del cuello de Kidd y enterraba los dedos en su pelo, atrayéndole más hacia ella. Sus labios se amoldaban a los de él, siguiendo su ritmo, haciendo que aquel sentimiento de odio que había sentido por él aquella noche al verlo con María, desapareciese. Sentía tanta paz en aquel momento… era extraño, se dijo, mientras ambos se separaban. ¿No era él, acaso, el hombre que había amenazado con matarla en infinitas ocasiones durante aquel último mes? ¿Qué hacía besándole? ¿Sería algún tipo de Síndrome de Estocolmo*? Suspiró. ¿Acaso importaba? Entrecerró los ojos con expresión cansada, mirando al suelo. Lo único que importaba era que él se iría… y con él todas esas sensaciones contradictorias.

Alzó los ojos y le miró con una temblorosa media sonrisa.

- Espérame aquí, voy a prepararlo todo con las chicas.

- ¿Todo? – Preguntó él.

- Sí. En parte fue culpa de todas que acabases en este mundo, así que, tendremos que esforzarnos para devolverte al tuyo.

Kidd la vio marchar en dirección a la fiesta en absoluto silencio. Así que sí había un modo de mandarle de vuelta a su barco, ¿eh? No dijo nada, pero una extraña idea había comenzado a tomar forma en su mente. Sonrió maliciosamente para sus adentros. ¿Qué diría Killer si lo supiese?


- Espera, espera un segundo Lea – pidió Sara, levantando una mano en señal de confusión.

- Sara no me mires como si estuviese loca – suplicó la morena –. Sé que lo que digo parece una locura pero ¡tienes que creerme!

- Quiero hacerlo, pero es que es tan…

- … increíble – terminó Laura.

- ¿Y para qué iba a inventarme yo algo así? Pensad en eso. ¿Alguna vez he hecho yo algo parecido?

- No, pero…

- Laura, por favor, te aseguro que es la verdad. ¿Quién crees que causó el desastre de la escuela? ¿O creíste de verdad que fue culpa de la constructora?

María jadeó sin poder evitarlo.

- ¿Quieres decir que aún conserva sus poderes? Es increíble…

Lea se volvió hacia ella con expresión suplicante.

- Por favor, María, dime que tú me crees.

La joven pareció dudar un momento, pero finalmente sonrió.

- Así es, por increíble que sea… tiene que ser cierto – soltó una risita, como riéndose de un chiste personal suyo.

Lea puso los ojos en blanco sin atreverse a preguntar y se volteó hacia sus otras dos amigas. Sara la abrazó.

- Yo también te creo. Pero sabes que si invertimos la invocación, y funciona… le perderás, ¿no? Para siempre.

Para siempre. La mirada de Lea se ensombreció.

- Lo sé, pero… no puedo hacer otra cosa.

Laura suspiró, retirándose varios mechones de pelo de la cara con la mano. Le guiñó el ojo.

- Vaya, vaya, cuánto dramatismo en un momento. Siempre supimos que te gustaban los chicos problemáticos, pero no hasta qué punto – rió –. Yo también te ayudaré.

Las cuatro chicas sonrieron al mismo tiempo mientras compartían uno de esos abrazos de grupo que tanto les gustaba darse. Lea suspiró cuando se separaron, pero sin perder la sonrisa.

- Bien, entonces el 24 de Diciembre lo haremos. ¿Creéis que funcionará?

Sara suspiró.

- ¿Quién sabe? Por lo menos no podrán decir que no lo hemos intentado.


Habían caminado en silencio bajo la luz de la luna hasta que ella se detuvo frente a su casa, buscando en su bolso las llaves de la puerta. Nuevamente, su padre estaba trabajando aquella noche.

La puerta chirrió al abrirse y sonó con un golpe seco al cerrarse tras ellos. Dejaron los abrigos en el perchero y ella se dirigió a la cocina, seguida de Kidd, que fue el primero en romper el silencio.

- ¿Te creyeron?

Lea dio un mordisco a una manzana y sonrió con confianza.

- Sí. Pero creo que lo hicieron más porque son mis amigas que porque de verdad crean que algo así puede pasar.

El pelirrojo sonrió de medio lado mientras la veía a la luz de la pequeña lámpara que iluminaba la cocina. Llevaba un vestido morado palabra de honor de falda asimétrica, corta por delante y larga por detrás, conjuntado por unos altísimos tacones de color champán. Le pareció una niña con aspecto de joven mujer. Por su parte, los ojos grises de ella advirtieron su mirada.

- ¿Ocurre algo? – Preguntó.

Kidd sonrió y se acercó a ella.

- ¿Qué opinas ahora de los piratas, mocosa?

Ella terminó con la manzana mientras pensaba una respuesta apropiada.

- Son… interesantes. En cierto modo, siento envidia de su libertad – sonrió –. Supongo que eres afortunado.

- ¿Sí? – Se cruzó de brazos, alzando una ceja con una media sonrisa, aquella media sonrisa que a ella le encantaba – ¿Ahora de repente te gustaría ser pirata?

Ella rió.

- Sí, supongo que sí, pero – le guiñó un ojo – aún soy una niña, no estaría bien visto que me hiciese pirata de buenas a primeras.

Kidd se acercó a ella, aún sonriendo y Lea supo entonces que tramaba algo. La apresó contra la encimera y puso sus manos sobre su cintura, acariciando su piel por encima de la tela del vestido, mientras su lengua recorría su cuello, depositando cálidos besos a lo largo de la piel, estremeciéndola. De pronto, Lea sintió cómo sus manos iban poco a poco retirando la falda del vestido, dejando sus piernas completamente expuestas ante él, y soltó un gemido cuando comenzó a acariciar la parte interior de sus muslos.

- Yo puedo hacerte una mujer – susurró el pelirrojo en su oído, mordiendo suavemente el lóbulo, haciéndola cerrar los ojos –. Sólo tienes que pedírmelo, y podrás venir en mi barco a ver cómo me convierto en el Rey de los Piratas.

Ella tembló. Su mente estaba tan confusa en aquel momento, que cuando sus labios se abrieron estuvo a punto de pedírselo de verdad, con todo lo que aquello significaba, pero según vio cómo él se alejaba lentamente de ella y se iba a su sofá a dormir, Lea comprendió que lo que acababa de proponerle era algo mucho mayor que una simple noche de sexo.

Podrás venir en mi barco a ver cómo me convierto en el Rey de los Piratas. La había invitado a unirse a su tripulación. Se llevó una mano al pecho mientras se subía a su habitación en completo silencio. Cerró la puerta tras de sí y se quedó allí de pie, pensando. ¿Irse con él? ¿Zarpar a la mar sin más preocupaciones que sobrevivir? Sonaba tan… genial, tuvo que admitirse a sí misma. Pero… ¿dejar a su padre? Negó con la cabeza y se golpeó las mejillas con las manos. ¿Qué estaba pensando? ¿Se había vuelto loca? Ni si quiera estaba segura de poder llevarle a él, como para encima querer ir ella. Pero lo cierto era que quería ir, se moría de ganas de ver su mundo, con aquellos mares infinitos y sus islas cargadas de aventuras. Quería conocer al racional Killer, al extraño Heat con aspecto de Zombie… a todos. Se acercó a su ventana y miró la luna, sin saber muy bien si debía preocuparse por haberse vuelto loca.

Miró la puerta de nuevo y apretó los labios en una fina línea antes de salir y bajar las escaleras lentamente.

- Kidd… – murmuró, pero se detuvo.

Sonrió para sus adentros, en cierto modo aliviada ante la visión que tuvo de él. El pelirrojo estaba despatarrado sobre el sofá, con la boca semi abierta y un brazo colgando del mueble hasta tocar el suelo con la mano. Sonrió mientras le colocaba el brazo sobre el pecho y le lanzaba una última mirada antes de volver a su habitación.

El capitán pirata Eustass Kidd, estaba completamente dormido.


Continuará…

Por cierto, para los que no sepan lo que es, aquí dejo la definición de Síndrome de Estocolmo*: Actitud de una persona secuestrada que termina por comprender las razones de sus captores.

Bueno, debo decir que hace poco empecé otro fic de One Piece que me tiene bastante enganchada ("Barreras de odio"), pero procuraré tener otro capítulo de este fic en una semana. ¡Gracias!