Bien, ¡ya estoy aquí otra vez!

Lo siento, sé que dije que actualizaría un poco antes, pero podéis echarle la culpa a Sive100, mi novio, por tenerme entretenidísima estos días xD

Vale, la historia ya va tocando su fin, ya os lo comenté, de forma que tengo una… digamos pequeña encuesta para vosotros. Tengo dos posibles finales en mente y, personalmente, me gustan ambos. No voy a decir mucho de ellos pero la conclusión es que en uno acaban juntos (¿en qué mundo? Lo siento, aún es secreto) y en el otro, separados. ¿Cuál preferís? Decídmelo cuando dejéis vuestro review. ¡Gracias!

Y ya lo último antes de empezar con el capítulo es deciros que voy a usar mi cuenta de Twitter para ir publicando avances de los fics. Es mi cuenta personal con la que también hablo con los amigos y tal, pero creo que sería cómodo y además me apetece conocer a algunos de los lectores (a lo mejor son sólo cosas mías, llamadme rara si queréis). Mi cuenta en Twitter es SilXu194, y espero que os apetezca (si no a todos, espero que la idea os guste a alguno por lo menos xD). Y ahora, ¡espero que os guste el capítulo!

Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones

"Libros/Escrito"


Capítulo 7: Juegos

- Genial. Simplemente genial.

Sara no podía evitar reprimir la risa mientras caminaba sobre la nieve junto con Lea, quien iba maldiciendo por lo bajo las notas que había sacado aquel trimestre. Le puso una mano en el hombro a modo de apoyo.

- Vamos, no te tortures. No son tan horribles.

- ¿Qué no? – Inquirió Lea, moviendo la hoja de un lado a otro frente a su rostro – ¡Pero míralas! Dos 3 en matemáticas y filosofía, dos 4 en lengua y historia, dos 7 en biología e inglés, un 5 en química y un 8 en gimnasia. ¿Cómo se supone que voy a enseñarle esto a mi padre?

- Bueno, a pesar de todo la media te da aprobada, ¿no?

- Sí, con un 5 raspado.

- ¿Y? Hay tiempo para que lo mejores. ¿Ya sabes qué quieres estudiar?

Lea se detuvo a sacudirse la nieve de los zapatos. Llevaba nevando sin parar desde mediados de Diciembre y aquella noche en concreto, había nevado tanto que al andar se les hundían los pies en la nieve entre paso y paso. Se encogió de hombros mientras alcanzaba a su amiga.

- No sé, me gustaría alguna biología marina.

Una risita escapó de los labios de Sara.

- ¿Marina? Vaya, vaya… ¿tiene eso algo que ver con que tu novio sea pirata?

Las mejillas de Lea se sonrojaron.

- No es mi novio – exclamó, haciendo énfasis en cada palabra.

- Ya, ya, pero ¿tiene algo que ver? Porque de pequeña, si no recuerdo mal, querías ser peluquera.

- Todas las niñas quieren ser peluqueras – se defendió, inútilmente, apartando la mirada.

- Qué va, yo quería ser modelo.

Lea suspiró ante la mirada victoriosa de su mejor amiga, pero acabó sonriendo.

- Puede, y digo puede, que tenga algo que ver. ¡Pero! – Puntualizó al ver que su amiga ya saltaba de excitación – También es porque me gusta.

- ¡Lo sabía, lo sabía! Por cierto – dijo, mirando a su alrededor –, ¿dónde está él hoy?

- Le pedí que no viniera. Hoy es 21 de Diciembre.

- ¿Y…? Ah… cierto – recordó, contemplando el tulipán blanco que la joven había comprado en una floristería al salir del instituto –. Pero dime, ¿no sería mejor que te hiciese compañía?

Lea negó con la cabeza.

- No quiero que se vuelva más importante para mí de lo que ya es. Al fin y al cabo, en tres días intentaremos que se vaya.

Sara caminó en silencio un rato hasta que llegaron a un cruce. Normalmente, ambas tomarían la misma dirección, pero no aquel día. Aquel día, sabía muy bien que su amiga seguiría adelante, hacia el cementerio.

- Hablando de eso – intervino antes de despedirse, rompiendo el silencio –, le pedí a Laura que me dejase leer el libro de espiritismo que le dio la idea para la fiesta de Halloween, ya sabes, el que utilizamos cuando invocamos a Kidd – Lea asintió y Sara continuó algo más seria –. Lo he estado mirando y creo que podríamos hacer algo más que enviarle a él. Suena descabellado, pero dime… ¿alguna vez has pensado en irte con él?

A la morena casi le faltó el aliento al escuchar aquello. ¿Irse con él? ¿Acaso el mundo entero había perdido la cabeza? Primero Kidd, luego ella misma, ahora Sara… ¿Pensarlo? ¡Claro que lo había pensado! Pero no podía dejar solo a su padre, ni abandonar al resto de sus familiares y amigos sólo por un chico. Por mucho que le gustase.

- No puedo – dijo antes de despedirse con la mano y avanzar hacia la calle del cementerio.

Sara le devolvió el gesto y la observó caminar con cierta preocupación. Aquel "No puedo" significaba que sí que lo había pensado, que había querido irse con él pero que se había dado cuenta de que no podía dejar sin más las cosas de la vida real para irse a vivir un sueño. En el fondo era triste, porque ella, que la conocía desde hacía años, estaba segura de que aquel sueño, habría sido para su amiga más real que cualquier otra experiencia.


Comenzó a nevar de nuevo cuando estuvo frente a las puertas metálicas del muro exterior del cementerio. El guardia de la entrada se las abrió con amabilidad y le ofreció una manta por si iba a quedarse fuera mucho tiempo. Ella la aceptó con una sonrisa y continuó caminando por el camino asfaltado que separaba el cementerio en dos mitades hasta que llegó a la fuente que se situaba más o menos a la mitad. Giró entonces a la derecha y caminó exactamente ocho tumbas hasta detenerse frente a una en concreto, sobre la que dejó, como cada año, su tulipán blanco.

Se cubrió con la cálida manta del guardia y se arrodilló frente a la tumba, acariciando con los dedos la inscripción de la lápida. "Clara Delko, amada madre y esposa. 1964 – 2004".

Lea Yonde Delko sonrió cálidamente.

- Hola, mamá – comenzó.


Odiaba que la gente se le quedase mirando. ¿Qué querían, morir? Les habría matado a todos de no ser porque no estaba en su mundo. "Por ahora" pensó, recordando que en tres días estaría de vuelta en su barco. Y una vez en su mundo, volvería a matar a cualquiera que se atreviese a quedársele mirando.

Aunque como para no mirarle. Iba caminando por la calle, bajo la nieve, con un pantalón y una chaqueta abierta como único abrigo. Sin camiseta ni bufanda, ni guantes, en pleno invierno, y no parecía necesitarlos, pues no se le veía con frío. Había salido de casa de Lea en cuanto hubo comenzado a aburrirse y, a pesar de que ella le había pedido soledad, se encontraba frente a su instituto, esperándola sentado en un banco de la entrada. Esperaba con aparente tranquilidad, moviéndose únicamente para sacudirse los copos de nieve que se iban amontonando sobre sus pantalones, cuando una molesta voz decidió tentar a su paciencia y buena voluntad.

- Qué eres, ¿su padre?

Sonrió siniestramente al reconocer al ex de Lea frente a él, con una expresión tan arrogante y burlesca que casi le recordó a la suya propia. Permaneció en silencio, sonriendo de medio lado, y Trent volvió a hablar.

- Deberías largarte de aquí, pelirrojo, aquí no hay nada para ti.

- En eso te equivocas – comenzó Kidd con voz maliciosa, mientras alzaba una ceja en su dirección, sin perder su siniestra sonrisa –. ¿Está Lea por aquí?

Sonrió más ampliamente aún al ver el cambio en la expresión del moreno. Era evidente que la mención de la joven no le hacía ni la más mínima gracia, y él lo sabía. Los ojos verdes del moreno se encendieron peligrosamente.

- Olvídate de ella. Puede que la cagase con ella, pero la quiero y me pertenece. Y te partiré la cara como intentes acercarte a ella.

Kidd frunció el ceño y se levantó, quedando frente a frente con el joven.

- Lárgate antes de que te mate.

Fue un aviso, pero sonó tanto a amenaza que Trent ni se planteó por un momento que fuese verdad. Al fin y al cabo, un chico tan habituado a peleas como él, ¿por qué iba a sospechar de un contrincante más? Sonrió con arrogancia ante la pérdida de paciencia del pelirrojo.

- Me apuesto lo que quieras a que ella no te ha dicho "Te quiero". Y, ¿sabes qué? No va a hacerlo. Porque ella sólo te utiliza para vengarse de mí, para molestarme. No eres más que una basura para ella. Dime, ¿te ha dicho ya cuándo piensa librarse de ti? – Rió.

Rió, pero rió poco. No fue capaz de verlo venir, y para cuando quiso reaccionar, el puño de Kidd ya estaba clavado en su estómago, habiendo quebrado por el camino varias costillas que crujieron sonoramente ante el golpe.

La mirada ambarina del pirata era colérica. Le cogió del cuello de la camisa con la mano izquierda y con la derecha le soltó un segundo puñetazo, esta vez en el rostro, que hizo que el moreno cayese al suelo de espaldas, con la nariz rota sangrando abundantemente. No parecía ni que fuese a levantarse, pero Kidd ya estaba avanzando nuevamente hacia él, con la intención de acabarlo usando el revólver que llevaba oculto entre la chaqueta y el pantalón.

Se detuvo ante el moreno y fue a coger su arma cuando un grupo de mocosos del instituto se pusieron en medio, separándolos. Los amigos de Trent lo arrastraron lejos mientras Laura y Sara, que había vuelto al instituto porque se había olvidado el cuaderno de biología, intervenían para evitarle más líos al pelirrojo. Se alejaron del revuelo que montaron las amigas de Trent al verlo en aquel estado y comenzaron a caminar a paso ligero lejos del lugar.

Cuando ya se relajaron y amenizaron la marcha, Laura se volteó furiosa hacia el pelirrojo.

- ¡¿Pero a ti qué te pasa?! ¿Has visto la paliza que le has dado en dos golpes? ¡Vale que no seas de este mundo, pero vamos! ¡Contrólate!

- Tiene suerte de estar vivo – fue todo lo que dijo, sonriendo de medio lado.

Sara suspiró, apretando el brazo de Laura para que se relajase ella también.

- Sí, pero Kidd, este no es tu mundo, aquí no puedes matar a quien te molesta. ¿Tienes idea de en el lío que te has metido? ¿Y en el que has metido a Lea?

- ¡Exacto! – Saltó Laura de nuevo – Aquí tenemos reglas, leyes. Y no puedes saltártelas.

- En mi mundo también las hay. No voy a cambiar por estar en otro mundo, mocosa – dijo, mirándola seriamente –. Soy el próximo Rey de los Piratas, y aquel que me molesté, morirá. Así de sencillo.

- Bueno, Trent lo estaba pidiendo a gritos – intentó suavizar Sara a Laura.

Ésta suspiró.

- Trent es un idiota, pero aún así… ¿qué te dijo para molestarte tanto? Y hablando de molestar… ¿Dónde está Lea? Es ella la que debería controlar a este bruto, no nosotras – murmuró al final, en dirección a su amiga.

La rubia señaló en dirección al cementerio cuando llegaron al cruce.

- Está viendo a su madre.

Kidd la miró de reojo, cayendo en la cuenta de que Lea nunca le había hablado de su madre. Las chicas se separaron de él en el cruce, advirtiéndole de que no liase ninguna ahora que se quedaba solo y él se limitó a sonreír y caminar hacia donde Sara había señalado antes. Por suerte para él, el camino era recto y no parecía tener pérdida, pero lo que no se esperó al llegar al final, fue que diese a un cementerio. Abrió las puertas de la entrada gracias a su poder y pasó de largo el puesto del guardia sin problemas, pues estaba plácidamente dormido, seguramente echándose una siesta después de comer. Caminó lentamente, sin mostrar demasiada compasión en su rostro hacia aquellos que descansaban en aquel lugar, y se detuvo bajo un enorme abeto, a escasa distancia de donde la morena permanecía arrodillada, frente a una lápida en concreto. Permaneció allí de pie varios minutos observándola, esperando a que acabase, hasta que las palabras del mocoso se le metieron en la cabeza de mala manera.

"Me apuesto lo que quieras a que ella no te ha dicho "Te quiero". Y, ¿sabes qué? No va a hacerlo".

"Ella sólo te utiliza para vengarse de mí, para molestarme".

"Dime, ¿te ha dicho ya cuándo piensa librarse de ti?".

Valiente idiota… Pero había dado en el clavo con todo. Todo tenía sentido si realmente ella le estaba utilizando para darle celos a Trent. Tenía sentido que no le hubiese contado nada íntimo ni personal, que nunca le hubiese dicho "Te quiero", y que le hubiese encontrado una solución tan pronto para volver a su mundo. Entrecerró los ojos, mirándola en la distancia. Era consciente de que él tampoco la había dicho que la quería pero… ¿acaso la quería de verdad? No, se dijo a sí mismo. Y tampoco le importaba la estúpida opinión del moreno. Fuese como fuese, pronto se iría a su mundo y para entonces todo habría acabado.

Sí, pensó. Todo le daba igual. Si ella quería utilizarle, la dejaría, pero sería bajo sus reglas de juego.


Se levantó del suelo una hora después, cuando notó que dejaba de nevar y ya había terminado de contarle a su madre todo lo que le había ocurrido a lo largo de aquel último año. Incluso le había preguntado si podía ayudarle a decidir qué hacer con respecto a Kidd. Se abrigó aún más en la manta, se dio la vuelta para marcharse, y casi se queda sin habla cuando al volverse le vió allí de pie, junto al gran abeto central del cementerio, mirando en su dirección con los brazos cruzados ante el pecho y sin camiseta. Avanzó hacia él caminando entre las tumbas de otras personas, y cuando llegó, le pasó la manta por encima de mala manera.

- Yendo así vas a pescar un resfriado. ¿Qué haces aquí?

- Turismo – respondió Kidd, sin dejar de mirarla mientras se quitaba la manta de la cabeza.

Ella no dijo nada y miró de nuevo hacia donde estaba su madre. Sonrió. ¿Por qué no?

- ¿Vienes un momento?

Le tomó de la mano y le llevó a conocer a su madre. Pudo sentir su sorpresa, pero aquel era un día especial. Le habló de ella, de lo guapa que era, de lo joven que murió y de la gran persona que llegó a ser. Le contó también que de pequeña, solía leerle cuentos de aventuras para dormir y que les gustaba jugar en la bañera con barcos de piratas y sirenas en peligro. Cosas íntimas que fueron saliendo de ella casi sin poder reprimirlo.

Estuvieron allí hasta que el hambre hizo sonar sus estómagos y ya no hubo tiempo para más. Lea se despidió una vez más de su madre, y caminó con Kidd de nuevo hacia su casa.


22 de Diciembre. Quedaban apenas dos días para que Kidd desapareciese de su vida para siempre. ¿Por qué se le encogía tanto el pecho ante esa idea? Al fin y al cabo, había sido ella misma quien había propuesto la solución al problema, no tenía por qué lamentarlo. ¿O sí?

Suspiró, cubriéndose más aún con las sábanas de su cama. No tenía que madrugar, ya estaba de vacaciones, pero tampoco podía dormir. Era la primera vez en su vida que no le hacía ilusión ni la Navidad, ni cualquier cosa relacionada con ella. Había ayudado a su padre a decorar la casa de mala gana, sabiendo que, para cuando tuviese que volver a guardar todos los adornos, Kidd ya no estaría.

Gruñó por lo bajo, frustrada, y se levantó de la cama con exasperación. ¿Qué demonios pasaba por su cabeza? ¿Acaso no había intentado permanecer alejada de él todo lo posible para que aquel momento fuese más fácil para ambos?

- Bueno, para ambos… – pensó con desgana.

Estaba casi segura de que para Kidd sería mucho más sencillo de lo que lo iba a ser para ella, y casi la hacía sentir molesta. "Demasiado complicado" pensó, dejándose caer una vez más sobre su almohada. No hubieron pasado ni diez segundos cuando la pantalla de su móvil se iluminó repetidas veces. Mensajes. Montones de mensajes, pero ¿de quién? Se puso en pie y cogió el móvil de la mesa con curiosidad.

- ¿Trent?

Abrió los mensajes con cierta incredulidad reflejada en su rostro, hasta que, poco a poco, ésta fue dejando paso a la rabia y la sospecha. Salió de su cuarto con el teléfono en la mano, sin molestarse si quiera en contestar al moreno, bajó las escaleras casi corriendo y se plantó frente a Kidd, que veía la televisión con expresión aburrida desde el sofá. Le enseñó la pantalla del móvil con una ceja alzada.

- ¿En serio?

El pelirrojo la miró como si la viese por primera vez.

- Has dado una paliza a mi ex – explicó ella, con voz exasperada.

- ¿Te importa? – Preguntó él, molesto de pronto.

Ella negó con la cabeza.

- No es por él, es por toda la situación que has creado. ¿Se puede saber qué pasó?

- Pregúntaselo a "tu ex".

- ¿Qué…? – Susurró ella mientras él se ponía de pie a su lado – No le creería ni media palabra, por eso te lo pregunto a ti.

- ¿Y de mí sí la creerías? – Preguntó él, mirándola con una siniestra y escéptica media sonrisa.

"¿Qué demonios pasa?" Se preguntaba Lea una y otra vez.

- Pues… sí. No veo por qué no.

- ¿No? ¿Ni siquiera cuando soy el sustituto de "tu ex"?

Le miró a los ojos y vio que no había ningún atisbo de broma en ellos, a pesar de que sus labios sonreían.

- ¿De qué hablas?

- ¿Tu ex no te lo dijo?

- Ya te he dicho que no le he preguntado. ¡Y no eres ningún sustituto! Te recuerdo, además, que en dos días tú…

Se cayó de pronto, mordiéndose el labio inferior para no seguir hablando. Kidd se acercó más a ella, cara a cara.

- Qué. Yo qué.

Ella apartó la mirada y apagó el móvil con la mano. Respiró profundamente sin dejar que sus emociones la sobrepasasen.

- Tú desaparecerás de mi vida para siempre.

El silencio reinó en la habitación mientras ambos se estudiaban con la mirada sin hacer ni un gesto. Finalmente, él sonrió. El mocoso tenía razón, ella ya le había puesto fecha de caducidad. Y lo que más le enfurecía, era que de verdad le molestaba. ¿Tanto le importaba aquella niña? Demonios.

- Ya me has puesto fecha de caducidad, ¿no?

La vió abrir los ojos, sorprendida.

- ¿Qué? ¡Sabes que no tengo, tenemos, elección! ¿Es que ahora de repente quieres quedarte? ¿Después de todo lo que has pasado queriendo volver?

- No.

No, no quería quedarse. Pero de algún modo, quería que ella admitiese que sí quería que se quedase. Tenía que darle la vuelta a la situación, tenía que ser el ganador una vez más. No podía ser que ella quisiese echarle y que él fuese el molesto por la decisión. Eso no era lo lógico.

- ¿Entonces? – Preguntó ella, con voz suave – ¿Qué pasa de repente, qué fue lo que dijo Trent?

Él intentó mostrar su arrogancia con una media sonrisa en su dirección.

- ¿Qué te hace pensar que es culpa del mocoso?

- Salí con él. Maneja a la gente hiriéndola con las palabras, por lo que me imagino que algo te diría para que le golpeases. No te lo reprocho, es más, habría pagado por verlo, pero quiero saber si realmente… pudo decir algo que perturbase la imperturbable paz del futuro Rey de los Piratas, Eustass Kidd.

Por la mente del pelirrojo pasaron de nuevo las palabras de Trent y frunció el ceño.

- No.

Se dio la vuelta y se dirigió a la puerta de la calle sin dar más explicaciones, pero ella le detuvo al situarse contra la puerta, con mirada molesta.

- Kidd, si te dijo eso, quiero que sepas que no es así. Tú no eres su sustituto. No sé qué pueda ser lo que te dijo, pero sea lo que sea, no deberías dejar que te afectase.

- Ya te he dicho que no me afecta. Recuerda con quién estás hablando.

- Precisamente porque sé con quién hablo es por lo que te digo que no te dejes molestar por él. No vale la pena. Eres tremendamente orgulloso – exclamó casi con agonía y sonrió – y sé que le matarías sin dudarlo. Pero no vale la pena, él no vale tu tiempo.

Kidd sonrió.

- Así que según tú… yo valgo más que él – murmuró, acercándose a ella con expresión victoriosa.

Ella sintió un escalofrío y maldijo mentalmente al darse cuenta de su jugada. ¿Por qué siempre caía en su juego?

- Mucho más…

Su voz era un susurro y su mirada se perdía en los labios de él, cada vez más cercanos. Entreabrió los suyos, esperando el beso mientras entrecerraba los ojos.

- Buena chica – susurró Kidd sobre sus labios, antes de apartarse de allí y volver al sofá, victorioso.

Lea cerró los ojos y apretó los dientes antes de sonreír ampliamente con resignación. El muy cerdo se la había vuelto a jugar. Se acercó a él por la espalda y se apoyó en su cabeza mientras estaba sentado en el sofá.

- Eres un muy mal perdedor.

- Sí.

- Siempre tienes que salirte con la tuya.

- Por supuesto.

- Eres arrogante y adictivo.

- Puede ser.

- Serás el Rey de los Piratas.

- Sí.

- Y me quieres.

- Sí. ¡¿Qué?! – Exclamó, dándose cuenta de lo que había dicho, mientras se ponía en pie de golpe y causaba que ella cayera de bruces sobre el sofá.

Lea soltó una carcajada mientras le observaba tumbada en el sofá, caída de cualquier forma, viendo su rostro casi más rojo que su pelo. Aunque sería mejor no mencionarle eso a él. Sonrió.

- Bien, yo también te quiero.

Se puso en pie y antes de dejarle replicar nada, silenció sus labios en un tierno beso que él no pudo evitar. Se separó de él sonriente y se alejó a su habitación mientras Kidd maldecía de cualquier forma antes de sonreír, una vez más, mirando en la dirección en la que ella había desaparecido. ¿Por qué siempre le ganaba en su propio juego? Negó con la cabeza y se llevó una mano al pelo, apartándoselo de los ojos mientras pensaba en voz alta.

- Killer, Killer… en qué me metió el cabrón de Kuma – Frunció el ceño al pensar en él de nuevo.

"Tienes demasiada arrogancia".

"No has contestado a mi pregunta, Eustass, piénsate una mejor respuesta y vuelve cuando la tengas".

¿Qué había querido decir el Shichibukai con aquellas palabras? ¿A dónde le estaba enviando en realidad cuando acabó por accidente en el mundo de Lea? Lea… ella le había hecho sentir algo, cosas, que él mismo nunca se habría permitido sentir en circunstancias normales. ¿Sería acaso ese "algo" a lo que se había referido Kuma? Miró el calendario de la pared de la casa de la chica, para luego pasar los ojos a la luz del sol.

Un día. Sólo le quedaba un día.


Continuará…

Bien, aquí dejo mi respuesta a vuestros reviews. Como siempre, sois geniales, ¡muchas gracias!

SarayZoro: ¡Genial! Pues aquí te lo dejo. ¡Gracias!

HainesHouse: sí, debo disculparme por haberlas tenido paradas tanto tiempo, pero son muchos fics (ya sé que la culpa es mía por haberlos empezado todos de golpe) y últimamente tengo muy poco tiempo para escribir, pero hice la promesa de acabarlas y sigo prometiendo que lo haré cuanto antes. Jaja me alegra ver que te gusta la forma (a veces me desespero enormemente) en la que escribo de Kidd. P.D: Prometo que habrá lemon xD ¡Gracias!

Hitomi Miko: ¡Aaah! ¡Estabas desaparecida, no tienes perdón! (?) Cof, cof, no me hagas ni caso, que es tarde y estoy cansada. Yo también he estado meses desaparecida así que has llegado justo a tiempo xD. ¡Gracias!

Cana Lawliet-san: Realmente las personas que como tú, aún después de tanto tiempo, me siguen dando una oportunidad con el fic, me llenáis de alegría. Llámame tonta pero es así xD Estoy intentando sacar tiempo hasta de debajo de las piedras para escribir, pero como verás, no tengo mucho éxito. De cualquier forma, me alegro de que te siga gustando el fic. ¡Gracias!

Alexa Hiwatari: ¡Genial! Muchas gracias por darme una valoración tan positiva, es genial saber que pese a ser un desastre en muchas cosas aún hago bien otras xD. ¡Gracias!

Luffy,Rekee66: ¡Wow! ¡Esto sí que no me lo esperaba! ¡Estás viva! xD Me alegro, me alegro… Y tu review ha sido genial, me alegra ver que te ha hecho sentir ese "asdfghjklñ" tan adorable xD. Pues nada, nada, sigamos alimentando esa llama lectora con nuevos capítulos ;) ¡Gracias!

Y esto es todo por hoy, chicos. Por cierto, si hay alguien que se anima y me agrega al Twitter, que me avise y así le sigo yo también. Vivan las redes sociales xD. ¡Hasta la próxima! :D