MATRIMONIO POR CONVENIENCIA
Por Saori-Luna
CAPÍTULO I
TIENES MUCHO QUE EXPLICAR
-¿Acaso me estás diciendo que la chica se fugó de la casa y se dieron cuenta casi doce horas después?
Al otro lado del teléfono Shun pasó saliva, intentando encontrar una explicación razonable para darle a su hermano mayor.
-¡¿Y EN NINGÚN MOMENTO SE LES OCURRIÓ AVISARME?!
-Pero, ¿por qué habríamos de hacerlo, Seiya? Si hace mucho tiempo no pasas ni siquiera por la casa.
-Aún así, ella es mi… – Seiya se atragantó con la palabra, decidiendo cambiar de expresión- ella es una Kido, por supuesto que lo que le pase me afecta.
-Pero Seiya
-¡PERO NADA! ¡TE ESPERO EN EL APARTAMENTO LO MÁS PRONTO POSIBLE, Y NO LE DIGAS NADA A TATSUMI!¡ NO QUIERO QUE VENGA!- respondió el joven, colgando con fuerza el teléfono.
El joven se revolvió el cabello con desesperación, y suspiró antes de decidirse a regresar a la habitación, sin embargo, la encontró vacía. ¿Qué se habría hecho ahora esta niña?
Encontró la respuesta al ubicar un ligero canturreo que salía de su cocina.
-Saori, ¿qué… estás haciendo?
En la mesa de la cocina, estaba primorosamente servido el desayuno: huevos revueltos, salchichas, queso, y una jarra de jugo de naranja, recién exprimido, a juzgar por los restos en la basura.
-¿Cuándo hiciste todo esto? – preguntó el joven mirando con desconfianza la comida.
-Mientras gritabas a nuestro hermano, Onii-chan. Siéntate, por favor, te aseguro que todo está delicioso.
Y así era, decidió el joven, tras probar un poco de cada cosa.
-¿Cuándo aprendiste a cocinar? La última vez tus platos era verdaderamente… diferentes.
-Eran terribles, onii-chan, puedes decirlo sin pena. Aprendí a cocinar en la preparatoria.
Seiya la miró, Shun estaba en lo cierto, habían pasado muchos años, y casi nada quedaba ya de la niña que había dejado al salir de casa, ahora una hermosa jovencita estaba frente a él, y antiguas mariposas se revolvieron en su estómago, al notar la gracia con la que había crecido. Parpadeó fuertemente al ver cómo, sin darse cuenta, la chica había pasado de estar frente a él, a estar a su lado, MUY a su lado.
-¿Queeé pasa? – preguntó, pasando saliva nuevamente.
-Nada, es sólo que te quedaste mirando a los lejos de una forma muy extraña, onii-chan- respondió ella con una sonrisa.
-Ya te he dicho que no me llames así.
-Pero, ¡onii-chan!- respondió ella, haciendo puchero.
Seiya estuvo a punto de regañarla nuevamente, pero era demasiado divertido ver esa expresión. Decidió cambiar de tema, mientras terminaba su desayuno:
-Y bien, ¿qué fue lo que pasó? ¿Por qué escapaste de casa? ¿Y cómo demonios hiciste para que Tatsumi no se diera cuenta?
Saori sonrió traviesamente, mientras volvía a tomar asiento frente a Seiya.
-En realidad fue muy fácil, lo único que tuve que hacer fue cruzar mis agendas, así todos pensaban que estaba con alguien más.
.Ya veo, por eso sólo se dieron cuenta hasta que fue la hora de la cena. Bastante ingenioso, debes ser bastante buena con los sistemas de la compañía- dijo, mirándola con inquietud – supongo que así fue como conseguiste mi dirección.
-Gomen ne, onii-chan. Sé que no querías que nadie te molestara, pero… no tenía otro sitio a dónde ir, a nadie se le habría ocurrido buscarme acá.
-¿Y no se te ocurrió que te devolvería a casa apenas te descubriera?
-Bueno, esperaba convencerte para que te unieras a mi causa antes que eso pasara. Es en realidad muy justa- dijo la joven, adoptando una expresión muy seria, por primera vez desde que estaban hablando.
Seiya la miró con atención, sus ojos reflejando multitud de emociones conforme ella contaba su historia, pasando de la risa a la indignación y de allí a un completo asombro por la joven que estaba frente a él.
-Y por eso pensé que podrías ayudarme, ¿ne?
El brillo de sus ojos azules le capturó por completo mientras asentía.
Oh cielos! Acababa de meterse en un gran, gran problema.
¿Podría ayudarle Shun a salir de esto?
Como en respuesta a sus plegarias, el timbre sonó fuertemente, haciéndolo levantarse de un salto. Jamás se había sentido tan feliz de ir a abrir la puerta.
-¡Hermano! – le saludó Shun con alegría, mientras le abrazaba – ¡hace mucho no te veía!
Seiya sonrió mientras le devolvía el abrazo a su hermano menor. Tal vez podría sentirse más feliz de reencontrarse con su familia, si no estuviera ella de por medio.
-Shun, hermano, ¡tienes que llevártela de aquí! – le susurró, viendo como Saori se acercaba, prevenida.
Shun asintió, tan comprensivo como siempre. Suponía que para su hermano mayor encontrarse a la chica en su casa, bueno, y también en su cama, no había sido nada agradable.
Desafortunadamente, esta vez la joven tenía algo de razón.
-Te lo advierto Shun, ¡no volveré a esa casa! ¡Tatsumi no podrá seguir tratando conmigo como si fuera una propiedad más a la venta! ¡Primero muerta, antes que dejarle casarme!
El peliverde suspiró, identificando la causa del problema. Debió haber sospechado algo cuando esa misma semana Saori no había protestado frente a una nueva visita de parte de Julián Solo, acompañado de múltiples regalos.
-Nadie permitirá eso, Saori, pero no puedes andar huyendo de caso, después de todo Tatsumi es tu tutor legal.
-¡Pero ya casi tengo 18! ¿No debería poder hacer algo por mí misma?- dijo la chica, mientras miraba a Seiya en busca de apoyo.
Este sólo atinó a levantar una ceja. Saori ya tenía 18? En su cabeza seguía viéndola como la niña de 12 años que tenía cuando dejó la mansión familiar, al cumplir él mismo sus 18 años. En ese entonces, había contado con el apoyo de su hermano mayor, Ikki, quien tenía su custodia tras la muerte de Mitsumasa Kido, y le había asignado una pensión para que él pudiera hacer con su vida lo que quisiera. Pero suponía que en el caso de Saori era diferente. La responsabilidad legal de la, en ese entonces, niña había sido dejada a Tatsumi, empleado leal a Mitsumasa, en un 75% y la restante a Ikki, pero en realidad, había sido el antiguo mayordomo quien había tomado todas las decisiones, estando Ikki demasiado ocupado con el mantenimiento del emporio Kido.
Así, Saori había crecido como una princesa, con tutores privados en casa, mientras todos los demás habían ido al instituto; aprendiendo idiomas, equitación y todas aquellas artes femeninas que harían de ella una heredera idónea del imperio. Sin embargo, sólo con verla, Seiya podía decir que algo había salido mal en el plan de Tatsumi. Enfundada en unos cortos jeans, y con el cabello en capas y lleno de reflejos de diferentes colores, la joven que tenía frente a sus ojos era muy diferente a la princesita que había dejado en casa.
-Por favor Seiya-susurró la joven- debes ayudarme, no quiero seguir en la casa teniendo que recibir las visitas de todas esas niñas tontas que sólo quieren que salga con ellas en las revistas, y todos los jóvenes que sólo quieren casarse conmigo por mi fortuna.
Seiya supuso que se merecía la mirada de recriminación que le dirigía Shun en esos momentos. Después de todo, él había salido de casa tras cumplir sus 18 y nada había pasado. Sin embargo, sus razones habían sido muy diferentes… Razones que se había empeñado en que Saori no conociera.
-Bueno-comenzó, aclarándose la garganta- debe haber alguna forma de arreglar esto, para que todos queden felices.
-Sí la hay – respondió la joven- ya la he encontrado.
-No esperaba menos de ti, Saori- dijo Shun- y, ¿cuál es?
-¡Debo vivir con Seiya!
Los dos jóvenes se miraron, a cuál de los dos más pálido y asustado, mientras Saori no entendía el por qué de su reacción.
-¿No lo comprenden? La única forma en que Tatsumi me deje salir de casa es si estoy con alguien de la familia, y pues Onii-chan es el único que no vive en la mansión.
-Pero Saori- dijo Shun- eso no se vería nada bien, una joven como tú viviendo con un joven como Seiya… le daría mucho de qué hablar a la prensa.
-Pero Seiya es mi hermano…
-¡YO NO SOY TU HERMANO, POR TODOS LOS CIELOS! ¡YA TE LO DIJE CUANDO ÉRAMOS PEQUEÑOS Y TE LO VUELVO A REPETIR AHORA! ¡Y MÁS VALE QUE UTILICES TODA LA INTELIGENCIA QUE SE SUPONE QUE TIENES PARA ENCONTRAR OTRA SALIDA A ESTE ENREDO, PORQUE CUANDO REGRESE NO QUIERO QUE ESTÉS ACÁ! – dijo el joven, cerrando fuertemente la puerta tras de él.
Saori sintió como lentamente las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas, mientras Shun le abrazaba, consolador. No lo entendía, de pequeños Seiya había sido su principal protector, su alcahueta, su brillante caballero en armadura plateada. ¿Por qué todo había cambiado en los últimos seis años? Siempre había pensado que la culpa era de Tatsumi, ocupado siempre en alejarlos, hasta hacer enojar tanto a Seiya que se había ido de la casa, sin siquiera despedirse. Durante todo el tiempo que había demorado en desarrollar este plan para acercarse de nuevo a él, pensó que la recibiría y la apoyaría sin dudarlo, como antes, y que la salvaría del constante asedio que significaba Julián Solo en su vida, y ahora salía con esto?
-No lo entiendo Shun, ¿por qué?- susurró mientras dejaba salir toda la angustia que tenía dentro.
El joven sólo pudo profundizar más su abrazo, preguntándose a sí mismo de qué manera podía arreglarse este enredo, si llevaba ya más de 6 años…
Ajeno a lo que sucedía en su apartamento, Seiya miraba a lo lejos desde la terraza del edificio, arrepentido por su estallido, la había lastimado y lo sabía, pero no conocía otra forma de comportarse con ella. O estando a su lado, o en su contra. La primera no era posible, entonces sólo quedaba la segunda. No había otra manera. Tenía que alejarse de ella.
Así, tal vez se le olvidaría, que la amaba.
Continuará.
NOTA DE LA AUTORA: Hola a todos! Estoy muy feliz con el apoyo que tuvo el prólogo a pesar de lo cortito que fue! Así que aquí está este capítulo, un poco más largo, aunque no tanto (no se me dan las historias supremamente largas :P), que espero que les haya gustado. Es una historia loca, lo sé pero se irá aclarando cada vez más en cada capítulo. En el próximo Ikki aparece en escena, a ver si logra desenredar un poco esto. Los personajes son de Masami Kurumada, y la historia salió de mi loco cerebro. Abrazos y hasta la próxima!
