MATRIMONIO POR CONVENIENCIA

Por Saori-Luna

CAPÍTULO II

ELLA NO ES UNA KIDO

Tal vez era iluso de su parte pensar que podría olvidar lo que sentía por ella.

En seis años alejado no creía haber avanzado mucho; lo único que había logrado era enterrar esos sentimientos, pero todo había sido para nada, en 8 horas a su lado, Saori había logrado que todo ese arduo trabajo se fuera al piso.

Sí, era muy tonto de su parte, concluyó, y también muy infantil, y él ya no era ese adolescente de hace 6 años, y esa no era la forma de comportarse con una joven, y mucho menos con la joven que amaba.

Seiya suspiró mientras bajaba despacio las escaleras, dispuesto a disculparse y a ayudar a encontrar una solución al enredo en que se había convertido la vida de Saori. Sin embargo, se sorprendió mucho al escuchar la voz de su hermano mayor saliendo de su apartamento.

-Y bien, eso será lo que harán- afirmó Ikki con voz muy segura.

-¿Y qué cosa será eso?- preguntó Seiya, dubitativo.

El mayor de los Kiddo giró para enfrentarse a su hermano del medio, con una expresión tan amenazadora que Seiya quedó en silencio automático.

-Mi querido hermano, ¡qué alegría verte!- contestó Ikki, con una voz cargada de sarcasmo- precisamente estábamos hablando de ti.

Por encima de su hombro, Seiya alcanzó a ver a Shun y a Saori. El primero, con el rostro lleno de resignación, mientras un hermoso brillo de esperanza llenaba los azules ojos de la chica. Esto no podía traer nada bueno.

-¿En serio? ¿Y eso por qué? – preguntó, comenzando ya a ponerse nervioso.

Ikki sólo sonrió, mientras se acercaba a su hermano y le pasaba el brazo por los hombros, llevándoselo a un lado para conversar.

-Verás, Seiya…

El joven escuchó atentamente las palabras de su hermano mayor, mientras su rostro cambiaba progresivamente de un enojado rojo a un pálido verde.

Saori los miraba expectante, tratando de descifrar algo de lo que estaban hablando sus hermanos; se preguntaba si Seiya aceptaría la alternativa que planteaba Ikki. Pero, por supuesto, ¡tenía que hacerlo! ¡No había otra opción!

Una pequeña sonrisa asomó en su rostro cuando vio como los hombros de Seiya descendían, adoptando una postura de resignación. ¿Qué le había dicho Ikki para que aceptara? Se preguntó curiosa, pero muy feliz.

Sin embargo, la felicidad duró muy poco, al regresar nuevamente con ellos los ojos chocolate de Seiya mostraban una angustia que ella jamás había visto. ¿Acaso era tan terrible para él estar con ella?

-Bien chicos- continuó Ikki con su firme voz- entonces está decidido: Saori, te mudarás a uno de los apartamentos de la compañía, con Seiya y Shun; Seiya, por ser el mayor, te encargarás de ayudarle a Saori con sus trámites para la universidad y todos los requisitos que deba presentar, tampoco estaría de más que empieces a participar de los asuntos de las empresas, ya tienes edad para ello; Shun, como irá a tu misma universidad te encargarás de acompañarla y cuidarla, mucho cuidado con los papparazzi; Saori, espero que aproveches esta oportunidad, porque ante la primera falla volverás a la mansión. Iremos a hablar con Tatsumi, y a que comiencen a empacar.

-Yo paso – dijo Seiya- no tengo nada que ir a decirle a Tatsumi, y mis cosas están acá.

Ikki lo miró molesto, dispuesto a obligarle pero se detuvo gracias a la comprensiva mirada de Shun, que parecía decirle "Dejémoslo solo un rato, ya ha tenido suficiente y esto es sólo el comienzo".

-Está bien, vendremos por ti en la tarde. ¿Saori? ¿Dónde estás?

-Disculpa hermano, estaba recogiendo mis cosas.

La joven se despidió de Seiya con un ligero beso en la mejilla, apenas correspondido por éste, quien sencillamente se desplomó en el suelo tras escuchar la puerta cerrarse.

¿Y ahora qué voy a hacer? Pensó con angustia. Estaba atrapado entre la promesa que le había hecho a Ikki hace seis años y sus más fuertes instintos que le decían que debía aprovechar este momento y salir corriendo.

"Déjame salir de casa por favor, te juro que cuando me necesites haré lo que quieras"

No había sido justo que Ikki usara esa promesa justo para obligar a Seiya a estar cerca de quien más deseaba alejarse en todo el mundo. Pero claro, Ikki no lo sabía, sólo Shun sabía la razón por la cual él había huido de casa, al menos era una suerte contar con su compañía. Tal vez él se encargaría de mantener a Saori a raya…

O tal vez la ayuda de Shun no sería suficiente, pensó, al llegar a su habitación y encontrarse con una antigua foto encima de la cama. Había sido tomada cuando él tenía 10 años, y Saori 4. Ya para ese entonces ella era el centro de su vida, y la nena arrasaba con la mansión, siempre con él detrás. La verdad es que la relación que Saori tenía con él, no la tenía con ninguno de los demás, ni siquiera con Shun a quien era más cercano en edad, o con Shiryu, Hyoga o Ikki, que eran los mayores.

Saori le quería y él a ella… pero con los años se dio cuenta que no era en la forma en que debía, y cuando cumplió los dieciocho decidió alejarse de ella. Pero ahora…

"Espero que alguna vez podamos volver a esta época". Le había escrito la chica por detrás de la foto… pero eso era imposible, porque incluso a esa edad un incipiente amor ya se había empezado a formar.

Con tristeza guardó la foto en uno de sus viejos libros, a la vez que comenzaba a acumular cosas para empacarlas. Lo único que pedía era salir medianamente vivo de todo esto.

Mientras tanto, en la mansión Kido, Saori alcanzaba a escuchar desde su ventana los gritos que Tatsumi daba desde la biblioteca.

-¡Ella está bajo mi protección! Necesitas mi autorización para esto, ¡y no te la doy!

-No la necesito Tatsumi, ya he consultado con los abogados – respondía Ikki en un tono firme, aunque más bajo- Saori ya cumplió 18 años con lo que legalmente ya es una adulta, si bien sólo podrá obtener su fideicomiso hasta los 21 y tú tendrás que velar por sus intereses económicos hasta entonces; pero en cuanto a su vida, ya es libre de hacer lo que quiera con ella, y antes que cometa otra locura, como fugarse de casa e irse a un lugar más lejano, prefiero que se quede con los chicos. Y ciertamente, prefiero que haga eso a que la sigas mostrando como una res en venta.

Tatsumi pasó saliva, enfrentándose a la mirada de Ikki. En muchas cosas el mayor de los herederos le recordaba a su antiguo señor, Mitsumasa.

-No creas que he pasado por alto lo que tratas de hacer con el tal Julián Solo, pero me he hecho a un lado hasta ahora porque pensé que Saori disfrutaba de su compañía, pero ya que no es cierto, prefiero que se aleje de esta casa y viva un poco en el mundo real, seguro le hará bien. Esta mansión debe ser asfixiante para una chica tan joven.

-¡Pero la estás enviando a vivir con dos hombres!

-La estoy enviando a vivir con sus hermanos, el más cercano a ella en edad, y el que mejor la puede cuidar.

-¡Ellos no son sus hermanos! Y la señorita, la señorita…

-Basta ya Tatsumi, no quiero escuchar otra vez esa locura con Saori, tal vez ella no tenga nuestra sangre, pero es nuestra hermana, nos hemos criado con ella, y es una Kido en todo el sentido de la palabra. Los chicos la sabrán cuidar bien, y es la última palabra que quiero oír al respecto.

Tatsumi bajó la cabeza derrotado. Ikki seguramente se reiría de él cuando le dijera la verdadera razón por la cual Saori no podía ir a vivir con Seiya. Sólo esperaba que el tiempo que habían pasado separados le hubiera servido a la señorita para superar ese tonto enamoramiento infantil que tenía con el joven Kido.

En su habitación, Saori sonrió al percibir el silencio en la mansión. Eso sólo podía significar que la decisión de Ikki ya había sido aceptada. A partir de ahora era libre, para hacer lo que quisiera, dentro de los límites que el mayor de los Kido le imponía. Era un poco difícil pensar en él como su hermano, Ikki era ya demasiado mayor cuando ella había llegado a la mansión, y si bien nunca le había demostrado mayor afecto, sabía que haría todo lo posible por cumplir la palabra que le había dado a su padre antes de morir. Cuidaría de ella así como de sus hermanos, y haría todo lo posible para que fueran felices.

De alguna forma, Saori sentía que Mitsumasa habría sido el único que le hubiera dicho que lo que sentía no estaba mal. Que le habría recordado con firmeza que ella no tenía ni un mililitro de sangre Kido en sus venas, y que incluso habría accedido a que ella recobrara su antiguo apellido. Pero Mitsumasa había muerto hace ya 8 años, y sus instrucciones con respecto a ella habían sido muy claras: para todos los efectos legales ella era una Kido, y lo seguiría siendo a fin de no perder su parte de la herencia.

Mitsumasa había tomado todas las medidas necesarias para protegerla y ella se lo agradecía. Sin embargo, había algo que él no había tenido en cuenta, y por lo cual ella estaba dispuesta a renunciar a todo lo que el apellido Kido significaba: sin quererlo, ella se había enamorado de Seiya, y por eso no era posible seguir así, con él como si fuera uno de sus hermanos.

Su plan había comenzado a funcionar tal y como ella lo había previsto. No había previsto a Shun en él, pero estaba segura que el menor de los Kido no iba a ser un problema, ni mucho menos un obstáculo para alcanzar su meta: enamorar a Seiya Kido.

Continuará

NOTA DE LA AUTORA: ¡Hola a todos! ¡Espero que les haya gustado el capítulo! En verdad, he leído muchas novelas tipo Harlequín, así que esta historia será de ese estilo de novelones, en el que todo parece estar sumamente enredado, pero al final todo sale bien :D creo firmemente en los finales felices y en Seiya&Saori :D hasta el momento la pequeña Kido no ha mostrado ser muy diferente a lo que ya conocíamos: una niña manipuladora y caprichosa, pero todo tiene un por qué, su gran amor por Seiya. Mientras tanto, él parece estar atrapado en la red que la chica le ha lanzado, pero algo pasará en próximos capítulos que hará que Seiya tenga el sartén por el mango. Espero que continúen acompañándome. ¡Abrazos! ¡Iré a contestar reviews! xD

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Masami Kurumada.