MATRIMONIO POR CONVENIENCIA
Por Saori-Luna
CAPÍTULO III
MOV(E)IN(G) ON*
Saori suspiró tras dejar la última caja sobre la mesa y se dejó caer a sí misma en el piso, apoyándose en la puerta cerrada. Desde allí podía divisar toda su habitación, era bastante grande y contaba además con balcón propio. El panorama era desesperanzado: cajas y bolsas por doquier, una cama armada pero sin hacer, y sin embargo, la joven sonrió al encontrar con su mirada una fotografía sobre su mesita de noche. Era igual a la que había dejado en casa de Seiya, de la época en que ambos andaban juntos a todos lados. La joven suspiró deseando una vez más y con todo su corazón que su plan funcionara.
Lo que ella no se imaginaba es que en la habitación de al lado el joven de cabello castaño se encontraba observando la misma fotografía recordando cosas que había creído extraviadas.
Seiya nunca se había llevado bien con su padre, pero en momentos como este le extrañaba; estaba muy consciente que si Mitsumasa estuviera vivo las cosas serían muy diferentes. Tal vez ni siquiera se habría acercado tanto a Saori en primer lugar. La niña había quedado desolada con la muerte de aquel a quien llamaba abuelo y a Seiya le había roto el corazón ver que la habitual alegría con que llenaba la mansión había desaparecido y había comenzado a pasar más tiempo con ella, haciendo todo tipo de monerías con tal de verla sonreír de nuevo.
Por esa época había comenzado también su hermandad con Shun. El más joven de sus hermanos siempre le había parecido un niño llorón. Pero ahora sabía que detrás del frecuente llanto de su hermanito se escondía una intuición y una empatía sobre-desarrolladas, que llenaba sus sentidos y su mente, y de la que sólo podía escapar llorando.
Y es que la mansión Kido no había sido un lugar feliz para crecer. La señora Kido había muerto con el nacimiento de Shun, y ese había sido el punto de partida para la llegada de los otros chicos Kido: Hyoga, Shiryu y él mismo. Ikki, quien ya tenía suficiente edad para saber quiénes eran ellos y cómo habían llegado al mundo, sólo había fruncido el ceño y recibido a sus medio-hermanos con la cortesía que le habían enseñado como heredero de los Kido. Había pasado poco tiempo para que se dieran cuenta que ninguno de ellos tenía madre, y eso de alguna forma los había hecho aún más hermanos que el que hubieran sido engendrados por el mismo hombre.
Y cuando los chicos habían pensado que las cosas en casa se habían estabilizado, Mitsumasa los había sorprendido a todos con la llegada de una bebita. Seiya recordaba muy bien ese día; Ikki se había enojado muchísimo al ver que la recién llegada tenía casi la misma edad que su hermanito, y Mitsumasa sólo había respondido que la niña no era su hija, sino su ahijada, y que sería una Kido más.
Seiya se había sorprendido mucho cuando la niña había tomado su índice al presentársela y su padre sólo se había reído, y le había dicho – parece que le gustas a Saori, Seiya. Entonces, su nombre le había parecido lo más dulce del mundo y había sentido algo muy extraño en el estómago cuando Mitsumasa le había dicho que la niña no tenía a ninguno de sus padres, y que ahora los Kido eran lo único que tenía.
Seiya pensaba que su vida era complicada en ese entonces, había perdido a su madre, y entonces su ausente padre había aparecido, enviado a su medio-hermana mayor a una academia, y lo había traído con él a la mansión, donde había resultado que tenía 4 nuevos hermanos. Pero ellos era su familia, y podía ver a Seika en vacaciones. La niña, Saori-chan, pensó con cariño, estaba sola.
Sin embargo, la pequeña parecía tener un imán que los mantenía a todos girando a su alrededor; con una de sus sonrisas y pucheros hasta el gigante Tatsumi se ablandaba. Sus risas resonaban por toda la mansión, y era realmente agradable llegar a casa de la escuela y encontrarse con ella.
Todo cambió con la muerte de Mitsumasa. Las risas cesaron, Ikki se hizo aún más serio si eso fuera posible, y Seiya se sintió aún más perdido que cuando su madre había muerto. Ahora Tatsumi era responsable por ellos, mientras Ikki alcanzaba su mayoría de edad, y el mayordomo había dejado muy claro que la única Kido que le importaba era Saori. Ikki era el heredero, ella era la niña de la familia y los demás, eran sólo estorbo.
Así que mientras a Saori la educaban en casa, Hyoga y Shiryu habían pasado sin mucho alboroto sus años de adolescencia, manteniendo un bajo perfil, y adoptando los papeles que le correspondían dentro de la enorme maquinaria Kido. Pero él no era como sus hermanos, y por su carácter se sentía mejor pasando tiempo con los pequeños, en lugar de con sus hermanos mayores. Era por esto que existían fotos como la que tenía en las manos.
A sus 10 años, hacer feliz a Saori era lo único que le daba un norte, una razón a sus días. Y así fue por alrededor de 3 años, hasta que el día del cumpleaños número 10 de la niña Shun le sorprendió, diciéndole con su habitual ingenuidad que Saori era sólo una niña, y que no debía mirarla así. Seiya lo miró con ojos bien abiertos, y esa noche tras descubrir en fotos y videos que miraba a Saori de la misma forma en que Shiryu observaba a su novia Sunrei, decidió que era mejor ponerle un freno a esa cercanía. Y sencillamente se alejó de la niña.
Fue difícil. Y sin duda, Saori no se lo hizo más fácil. No fue sino hasta que ELLA llegó a su vida que la niña pareció aceptar que su onii-chan no quería nada más con ella.
-¿QUÉ DEMONIOS HACES TU AQUÍ?
El agudo grito de Saori lo sacó de sus recuerdos y los músculos protestaron al abandonar su estado de quietud para ir a averiguar qué había generado semejante reacción en la joven.
Al llegar al recibidor sus ojos se abrieron desmesuradamente al encontrar una escena que hacía mucho no veía: en un lado Shun con cara de resignación, mientras las pupilas de Saori irradiaban furia, y frente a ella, una joven con una sonrisa sarcástica que llenaba todo su rostro.
-También me alegra verte, pequeña Saori.
Una ardiente réplica se quemó en los labios de Saori, a la vez que Shun la halaba para llevarla a su habitación, mientras yo me acercaba para saludar a la recién llegada.
-Veo que las noticias vuelan con mucha rapidez en este barrio.
-Bueno, es difícil ignorar la llegada de 3 Kido, los fotógrafos casi no dejan entrar al edificio- me replicó ella con su habitual ironía- Y bien, ¿cuándo pensabas avisarme que habías regresado, querido Seiya?
-Bueno, esperaba al menos tener mi habitación presentable antes de…
Sus labios me tomaron por sorpresa, pero aún en mi asombro pude escuchar su respiración entrecortarse, y luego los rápidos pasos que precedieron al sonido de una puerta al golpearse.
-Veo que aún no le gusto a tu hermana- me dijo ella, dando por terminado nuestro beso- pero a ti si, ¿no?
No pude evitar que una pequeña sonrisa se formara en mi rostro. Esta chica no cambiaría nunca y era justo lo que necesitaba.
-Es bueno que seas nuestra vecina, Shaina.
SHAINA!
El nombre resonaba en mi cabeza una y otra vez, mientras caminaba en círculos por mi habitación (o al menos lo intentaba, en el desorden que predominaba era casi imposible), ¿qué hacía esa bruja aquí?
Un suave golpe se dejó oír en mi puerta; mi corazón saltó, ¿acaso era él que venía a pedirme excusas por mi lamentable comportamiento? Pero al abrir, sólo encontré a Shun con su mirada de ¿tienes algo que quieras decirme?
Suspiré dejándome caer al lado de mi cama; él, por su parte se sentó en ella y comenzó a acariciarme la cabeza, jugando con mi cabello. Es una costumbre que tenemos desde pequeños, y es extraño pero en realidad así logra que toda mi rabia se vaya. Mi hermano definitivamente es alguien muy especial.
Mi vida sería mucho más fácil si me hubiera enamorado de él, pero no. De alguna forma mi vida siempre estuvo ligada a él, mi querido Seiya.
Dejo que mi mente vague hasta mis primeros recuerdos, que extrañamente son de él, no de mi abuelo. Son Seiya y sus castaños ojos animándome a que corra hasta él, ayudándome a montar en mi triciclo, comiéndose la comida que no me gustaba para que Tatsumi no me regañara.
Recuerdo que mi abuelo me contaba que en sus brazos habían sido los únicos en los que no había llorado cuando era bebé. Y cuando él murió, fue Seiya el único que pudo hacerme sonreír de nuevo, con sus tonterías.
Mi corazón se entristece recordando el día de mi décimo cumpleaños, me había preparado con esmero, esperando mostrarle que ya era una niña grande. Sonrío con amargura, ese momento no llegó nunca, ya que Seiya fue el único de los Kido que no asistió a mi fiesta.
Y ella fue la culpable. Shaina Ofiuco, una de las compañeras de Shiryu, había estado rondando nuestra casa desde varios días antes, y sofocando a Seiya, hasta que logró llevárselo aquel día.
Después de eso, todo cambió, Seiya dejó de estar tanto tiempo en casa y cuando estaba, ella se encontraba a su lado. Se suponía que no debía, pero escondida tras las puertas alcanzaba a ver las apasionadas muestras de amor que se daba la pareja. Esa bruja! Seiya era menor que ella, cómo podía!
Seiya y Shaina estuvieron tonteando, yendo y viniendo, por alrededor de 4 años, y justo cuando pensé que iba a tener mi oportunidad, cuando comenzaba a ser ya una señorita, y la sombra de Shaina Ofiuco se alejaba de Seiya, él decidió irse de la casa.
Eso fue devastador. ¿Así significaba la joven para él, que sin ella prefería no estar en casa?
6 años habían pasado desde entonces, en los que había tenido nulo contacto con él; la poca información que tenía era la que Shun me daba, y tampoco era mucha.
Mientras tanto, me había dedicado a crecer, a convertirme en una chica de la que él pudiera sentirse orgulloso, con la que él quisiera salir, y a la que él quisiera presentar, pero toda la inseguridad habían regresado con tan sólo verla en la puerta de su apartamento y el dolor al verlos besándose nuevamente había sido demasiado.
Comencé a sentir como brillantes lágrimas caían por mis mejillas, mientras sentía como Shun se sentaba a mi lado y me abrazaba. Debía estarle pareciendo una tonta; Shun sabía que a ella no le gustaba Shaina, pero seguro se preguntaba el por qué de esta reacción tan exagerada.
-Shun yo…
-Shhhh, no te preocupes, lo entiendo todo
Saori le miró fijamente, ¿Qué significaba eso?
Shun respondió a su mirada, con una amable sonrisa.
-Nos hemos mudado Saori, hemos salido de casa, es hora de seguir adelante.
El mundo comenzó a pasar en cámara lenta para Saori, –Oh por dios, esto no puede estar pasando- pensó la joven mientras veía a Shun acercarse a su rostro. Su primer beso fue suave y muy tierno, pero la dejó temblando y completamente en shock, era Shun quien se lo había dado!
En ese momento, su puerta se abrió sin avisar, y un muy risueño Seiya entró en la habitación:
-Chicos, Shaina y yo iremos por comida, quieren…
Seiya se detuvo en seco, observando detenidamente la escena que se desarrollaba frente a sus ojos: una Saori temblorosa le observaba angustiada, mientras que Shun sentado a su lado, muy a su lado, le miraba con cierto desafío en sus ojos verdes.
-No necesitamos nada – le contestó el oji-verde- prepararé algo para Saori luego.
-Estás segura, Saori? – le preguntó a la chica, mirándola fijamente.
-Estaremos bien, onii-chan, digo, Seiya. No hay problema.
El joven los observó con atención, pero al no encontrar ninguna razón para quedarse, no tuvo más opción que salir de la habitación, sin poder sacar de su cuerpo esa horrible sensación que acababa de perderse algo.
Continuará
NOTA DE LA AUTORA: OMG! No supe cómo fue que llegué a esto, debe ser porque también amo a Shun aunque no tanto como a Seiya… vaya cliffhanger, lo sé, pero espero que les haya gustado, prometo que todo se desenredará y tendrá un final feliz! Hasta la próxima!
*Juego de palabras entre moving on (seguir adelante) y move in on (mudarse)
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Masami Kurumada.
