Capítulo 9: El lobo y las nueve ovejas
Kuroro se preocupó por la expresión que tenía el Kuruta en su rostro. Cuando empezó a agarrar su pecho como si le faltara el aire se acercó a ella y la sujeto viendo que ya no estaba en condiciones para mantenerse de pie. Todos en la habitación decían su nombre preocupados por ella. Emma pronto estuvo a su lado y la examinó.
-Es un ataque de ansiedad- diagnóstico- ¡Rápido una bolsa de papel!-
Leorio corrió a toda prisa a buscar una, mientras tanto Emma le ordenó a Kurapika recostarse, pero estaba tan alterada que no podía escuchar sus palabras. Lavi la levantó del suelo y la acostó en la cama, sostenía su mano esperando que esto de alguna forma la tranquilizara.
Pronto apareció Leorio con la bolsa de papel y se la entregó a la doctora. Esta le indicó a Kurapika cómo usarla y como Tenia que respirar. Después de minutos angustiantes para los presentes, Kurapika empezó a volver a la normalidad; aun así Emma le ordenó que siguiera haciendo lo que hacía con la bolsa de papel.
-¿Qué vamos a hacer ahora?- preguntó Gon. Refiriéndose al asunto de los ojos rojos robados y la hermana de Kurapika.
-Por ahora, descansar- dijo Lavi viéndolos a todos alterados y cansados - recuperar energías y mañana en la mañana veremos que hacer-
-¡No!- se opuso Kurapika sentándose en la orilla de la cama- tenemos que apresurarnos, no sabemos de lo que sin capaces esos malditos bastardos, ni lo que le harán…-
-Tranquilízate- le ordenó Lavi, viendo que de un momento a otro podría darle otro ataque si se alteraba- tenemos que recuperar energías, en especial tú; si nos apresuramos y no lo pensamos bien sólo pondremos en riesgo a tu hermana, además Nostrad y Senji no le harán daño; no al menos hasta la subasta, que será en una semana en la ciudad de York- le dijo mientras sostenía sus manos entre las suyas y la observaba a los ojos- Necesitas descansar y enfriar tu cabeza, si actúas imprudentemente la pondrás en riesgo a ella y a todos nosotros-
Kurapika observó el rostro de sus amigos, todos lucían preocupados, se dio cuenta que Lavi tenía razón -como siempre- dejó escapar un suspiro y se dirigió al cuarto de baño para quitarse el vestido, el maquillaje y demás.
-Entonces será mejor que vayamos a dormir- dijo Emma llamando la atención de los demás - Lavi quédate con ella hasta que estés seguro de que se encuentra bien.
El mencionado sólo asintió, Gon iba a reprochar ya que él también quería quedarse y cuidar de Kurapika, pero Senritsu pudo notar sus intenciones por sus latidos y sujeto la manga de su chamarra verde y este le dirigió una mirada interrogatorio. Senritsu ladeo la cabeza y Gon entendió el mensaje.
.
Después de que cambió su vestido de fiesta por una pijama cómoda para dormir, salió del cuarto de baño y se dio cuenta que todos se habían ido a sus habitaciones, excepto por Lavi. Estaba acostado en su cama con un libro abierto sobre su pecho, se había quedado dormido. Se acercó y lo observo mientras dormía; él también se había sacado su traje y se había puesto un pijama, se acercó y removió algunos mechones de cabello para observar mejor su apuesto rostro.
-¿Qué estás haciendo?- dijo tranquilamente aún con sus ojos cerrados. Kurapika quito su mano rápidamente como si hubiese tocado ácido, antes de que se hubiera percatado ya se encontraba curioseando y tocando la piel del joven con su mano.
-Nada- finalmente respondió, pero sin poder ocultar el rubor de su rostro- ¿Qué demonios estaba haciendo?-pensó
Lavi solo la observó, todo este tiempo había fingido que dormía. Quería reírse por su expresión, pero este no era el momento.
-¿Te sientes mejor?- le pregunto, observando a sus hermosos ojos zafiro.
-Si- dijo ella.
-Tuviste un ataque de ansiedad.- le informó- he leído que si hablas acerca de lo que te provoca ansiedad, puedes superarlo y evitar futuros ataques. ¿Quieres hablar de ello?-le preguntó
Tal vez en otras ocasiones se hubiera negado, pero lo veía realmente preocupado y de hecho ella había leído lo mismo, así que finalmente aceptó.
Se iba sentar en el sofá que estaba en su habitación, pero la voz de Lavi interrumpió sus acciones.
-¿Qué crees que haces?- le dijo el pelirrojo
-Me voy a sentar en el sofá
-No, ven aquí y acuéstate- le demandó Lavi mientras palpaba el lugar de la cama a su lado.
-No quiero
-Vamos, no seas orgullosa. Estarás más cómoda. Además no es como si fuéramos a tener relaciones sexuales.- le dijo el chico como si estuviera hablando de un día del campo. Y ante la frase "relaciones sexuales" de hecho había dudado aún más de aceptar acostarse con él.
-No- volvió a repetir y se dirigió al sofá. Sin tener alternativa, Lavi sujeto la muñeca de Kurapika y con una fuerza increíble la arrastró a la cama. Para cuándo se dio cuenta, Kurapika se encontraba cómodamente recargada sobre el pecho de Lavi y este tenía sus manos alrededor de ella para asegurarse que no escapara. Intentó separarse de él, pero su agarre era más fuerte de lo que parecía.
Esta posición, hizo que su corazón latiera rápidamente y que su rostro se sonrojara, pero extrañamente se sentía cómoda. Su rostro estaba apoyado en su pecho y podía sentir su calidez, y los tranquilos sonidos de su corazón. Sin darse cuenta, pronto se relajó en sus brazos.
Kuroro, sintiendo que se había relajado, aflojó su agarre y empezó a acariciar su cabeza y pasaba sus manos entre los mechones de cabello dorado mientras continuaba con la charla de la chica.
-¿Y bien? ¿Qué es lo que te preocupa tanto?- le preguntó
-No lo sé, es sólo que desde que éramos pequeñas yo siempre he cuidado de ella. Cuando ocurrió la masacre, ella estaba con mi madre. Cuando encontré a mi madre ella me dijo que una mujer se la había llevado y nunca más volví a verla. Creo que el saber que nuevamente se la llevaron y que yo no pude hacer nada para evitarlo; revivió esos momentos y los momentos en que llegué a creer que había perdido una parte de mí. Eso es lo malo de ser gemelas, vivimos como si fuéramos una, así que es doloroso perder a la otra.
-Recuérdame no tener gemelos.
Kurapika se rio de su broma.
-Ahora estoy preocupada por ella, sé que dijiste que no la lastimarían, pero quien sabe que clases de cosas le estarán obligando a hacer.
Lavi sabía a qué se refería, la mayoría de los hombres de la mafia eran todos unos pervertidos sin escrúpulos.
-No te preocupes, sé que tu hermana se ve como una debilucha, pero estoy seguro de que no se dejara tocar por esos hombres. Se ve que tiene... Carácter, como tú.
-¿Por no decir gruñona?- le dijo intentando bromear con él.
-No ella no es gruñona, tu sí. Más bien, la palabra que busco es... ¿mandona?
Kurapika se empezó a reír a carcajadas, si ambas eran muy mandonas, su hermana era mandona en cuanto a sus caprichos y bueno ella en cuanto a los buenos modales y la moralidad.
Tenía razón lo que decía el libro, hablar de aquello que te produce ansiedad te ayuda a quitarte un peso enorme de encima.
-No te preocupes. Recuperaremos a tu hermana y a los ojos, te lo prometo.- le aseguró Lavi-¿Quieres que me vaya para que puedas descansar?
-No, quédate y platica conmigo. No creo que pueda dormir esta noche.
-¿Pesadillas?
-Sí, cada vez se vuelven peor. La última vez soñé que todos ustedes no tenían ojos y que pequeñas y diminutas arañas salían de sus cuencas, después que estas se convertían en sangre. Después pude sentir como alguien me sacaba el corazón detrás de mí, pero no pude ver su rostro.
-Te enseñare un truco que aprendí hace mucho tiempo. No pienses en ello, no pienses en las cosas que te dan miedo. Es por eso que tienes tantas pesadillas, no dejas de pensar en ellas. Sólo olvídalas y enfócate en algo más.-le dijo mientras seguía jugando con su cabello como si fuera un felino- vamos a hacer una cosa, voy a leer mi libro en voz alta, hasta que te duermas. Y aquí estaré, si tienes una pesadilla.
.
No sabía cuándo, pero en algún momento se quedó dormida.
Esta vez, su sueño era tranquilo. Estaba de nuevo en su tribu con sus padres y viejos amigos, también estaban los nuevos. Incluso George e Isabela. El sol era brillante, el pasto verde y claro. Todos estaban conviviendo felizmente. Un pequeño niño que no reconocía, tenía el cabello negro azabache y ojos tan azules como los suyos. El pequeño tomó su mano y la guió hasta donde estaban los demás. Faltaba alguien, pero no podía recordar quien. Estaba Emma, Killua, Gon, Leorio, Senritsu, su hermana, sus padres. ¿Quien? ¿Quién falta? Por más que intentara, no podía recordar.
Pronto el cielo azul brillante comenzó a cambiar a un tono púrpura que se convirtió en rojo.
Los árboles y el escenario que hace unos momentos era bello y acogedor comenzó a distorsionarse, los árboles y toda la vida comenzaba a marchitarse.
Los ojos de las personas tan importantes en su vida comenzaron a derretirse, decidió correr pero detrás de ella estaban el Genei Ryodan, sus rostros empezaron a convertirse en los de una araña, con grandes colmillos. Al regresar la vista a sus amigos, estos se habían convertido en esqueletos. La estaban rodeando, agonizando, diciendo palabras incomprensibles para ella. Quería gritar, pero no podía ni un sonido salía de su garganta.
Pronto empezaron a rasguñar su piel, sentía los cortes y como la sangre empezaba a caer de las heridas.
-¡Ayuda!- comenzó a gritar y sollozar.
.
Después de que ella se había quedado dormida cómodamente en su pecho, empezó a observar su rostro. Se veía claramente que estaba teniendo un sueño feliz. Su rostro era angelical cuando dormía y sentía que podía quedarse observando a Kurapika toda la noche. Pero su cuerpo tenía otros planes. Se levantó de la cama, tratando de no despertar a la rubia para ir al baño. Mientras estaba en el cuarto de baño escuchó sus gritos, que inmediatamente le helaron la piel. Cuando entró en la habitación, los amigos de Kurapika ya estaban a su lado.
Podía ver en sus rostros la notable mueca del horror. Se acercó a la rubia y pronto su rostro adquirió la misma expresión. Las sábanas que antes estaban blancas tenían manchas de sangre al igual que su ropa y podía observar que a cada segundo que pasaba pequeñas heridas se habrían en su piel, como si alguien le estuviese rasguñando.
A cada herida que Emma y Leorio intentaban cerrar, otras nuevas aparecían; ambos tenían miedo de que pudieran aparecer esas heridas en lugares vitales. Gon, Killua y Senritsu trataban desesperadamente despertarla. La sacudían, pero ella apartaba sus manos entre sueños mientras seguía gritando a todo pulmón.
Lavi recordó que algo similar había ocurrido en el hospital, excepto la parte de las heridas. Tenía una pesadilla y no la podían despertar, entonces llegó una enfermera y le dio una cachetada a Kurapika para que despertara. La idea no era muy agradable pero al ver su estado, no lo dudo.
En cuanto le dio la bofetada, las heridas dejaron de aparecer; sus ojos se abrieron de golpe, pero las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. Todos se habían quedado callados por la repentina acción del pelirrojo.
Emma se acercó a ella y la abrazó como aquella vez en el hospital, resguardándole de todo peligro.
Los demás en la habitación dieron un suspiro y pudieron tranquilizarse.
-¿Qué acaso no podemos tener una noche tranquila? Tsk- dijo el albino.
-Lo siento- se disculpó Kurapika mientras curaba sus heridas con su Holly Chain. Kuroro quedo asombrado por esta habilidad, era muy práctica.
-De cualquier forma, esto es muy extraño- continuó George - ¿desde cuándo una persona empieza a sangrar por qué si?
-Tal vez se trate de una habilidad nen- sugirió Leorio
-¿El Genei Ryodan?- preguntó el pequeño Gon, ya que por lo que sabía, eran los únicos que quisieran dañar a Kurapika.
-Probablemente- dijo la pelirrubia.
-No- interrumpió Lavi- he estado investigando a los miembros del Ryodan, y ninguno tiene una habilidad como esta. Además si utilizas Gyo puedes darte cuenta que no hay ningún tipo de nen diferente al de Kurapika. Los ataques nen tienen rastros, no importa lo bien que los ocultes o si usas In; tampoco la distancia desde la cual se efectúa el ataque.
-¡¿Entonces de que se trata?!- gritó Killua exasperado, odiaba eso de Kurapika y Lavi, eran unos sabelotodo despreocupados.
-No tengo idea.
Isabela había salido de la habitación y pronto regresó con un objeto en sus manos.
-¿Qué traes ahí?- preguntó Gon
-Esto- dijo mientras mostraba el atrapa sueños.
-¿No esperas que esa baratija funcione o sí?- preguntó Leorio
-Tal vez uno común y corriente no, pero este sí- dijo con una sonrisa en su rostro- ha estado en mi familia por generaciones, cuando mi madre me lo dio me dijo que protegía a las personas de las pesadillas que se hacen realidad
-¿Eh?- dijeron todos confundidos
-Mi madre me contó que algo similar les había ocurrido a mis antepasados; que mientras dormían sus sueños se hacían realidad lastimándolos, no sabe dónde consiguieron el amuleto pero desde entonces ha estado en mi familia-dijo mientras lo colocaba en las manos de Kurapika
-Estoy agradecida Isabela, ¿pero realmente estarás bien sin él?
-Sí, porqué tengo otro amuleto ahuyenta pesadillas- dijo mientras golpeaba con ligereza el hombro de George, esto hizo reír a todos en la habitación.
-¿Qué cruel eres?- le respondió el peli azul- de cualquier forma, esta noche no te iba a dejar dormir.- le dijo mientras besaba el dorso de su mano.
La mayoría de los que se encontraban en la habitación dejaron mostrar un ligero rubor en su rostro; excepto por Gon, que era demasiado inocente como para entender el significado detrás de esas palabras y Lavi que se estaba divirtiendo a expensas de los demás, a diferencia de ellos él no se sentía avergonzado con los temas que tenían que ver con el sexo.
- Entonces, regresemos todos a nuestras habitaciones- dijo Emma o más bien ordenó, nuevamente dejaron a la pareja de adolescentes a solas.
Kuroro estaba listo para irse, pero sintió que alguien tomo la manga de su pijama. Se volteó a observar los ojos azules y sin decir palabra alguna pudo entender lo que ella quería.
Se acostó con ella justo como estaban hace unos momentos y nuevamente comenzó a leer su libro en voz alta mientras acariciaba los mechones de la rubia. Sólo que esta vez Kurapika sostenía el amuleto cerca de ella; dudaba que sirviera de algo, pero el simple detalle de Isabela había hecho que se convirtiera en un preciado tesoro.
.
Esta vez se encontraba inmersa en una total oscuridad.
-Genial, otra pesadilla- pensó la rubia
Pero las desgracias que ocurrían en sus sueños no aparecieron, en su lugar un pequeño niño de cabello negro como el carbón y ojos brillantes y azules como los de ella.
-¿Quién eres?- le preguntó al niño
-Eso no importa ahora- dijo el niño- estas en grave riesgo- su rostro no mostraba emoción alguna.
-¿A qué te refieres?
-Hay un lobo entre las ovejas- le informó el pequeño
Kurapika observo al pequeño, aun intentando entender lo que el niño le decía.
-Recuerde mis palabras, el más inocente y puro de entré sus seres queridos ... apuñalarle la espalda ... ojos abiertos...- algunas de las palabras del niño no podía comprenderlas - alguien... pesadillas... Venganza por...
Pronto el extraño niño comenzó a desvanecerse
-¡Espera!- le gritó, pero era demasiado tarde ya había desaparecido dejando sólo una palabra "cuidado"
Cuando despertó ya era medio día, Lavi seguía a su lado durmiendo. No había sido una pesadilla, pero tampoco un bonito sueño. ¿Qué era lo que le querría decir ese niño?, tal vez en circunstancias diferentes hubiera ignorado el sueño, pero su instinto le indicaba lo contrario. De algo estaba segura y es que alguien de entré sus amigos quería hacerle daño, ¿pero con qué fin? Kurapika era muy mala diferenciando un amigo de un enemigo. Si, era como en el pasado; solo que esa vez no se dejaría engañar por el lobo. Pero a decir verdad le resultaba difícil creer que alguien entre sus amigos le quisiera hacer daño, estaba 100% segura de que por lo menos Gon, Killua, Leorio y Senritsu no tenían nada que ver con el asunto, pero a Lavi, Emma, George o Isabela todavía no los conocía bien. Si bien el lobo estaba entre ellos ella lo averiguaría.
.
En el pasado había odiado al Kuruta debido a sus lágrimas y debilidad, o eso había creído. Pero ahora se daba cuenta que no era odio lo que sentía, sino impotencia. Odiaba ese sentimiento por eso término creyendo que en su lugar era odio lo que sentía por Kurapika, por su madre. Porque no podía apartar las lágrimas y el sufrimiento de las personas que le importaban. Pero ahora, que se encontraba ahí consolando a la chica y sabiendo que de verdad estaba apartando aunque sea un poquito de esa tristeza, ahora se daba cuenta de esto. A él no le importaba que otros llorarán, ni siquiera Emma o Isabela que tantas veces las había visto llorar por una uña rota o cosas peores. Las únicas personas que le provocaban ese sentimiento eran su madre y Kurapika. Aun así a su madre aún le guardaba rencor porque dejo de vivir; pero desde el comienzo el nunca odio a Kurapika, ni siquiera por acabar con la vida de Paku y Ubogin, desde el comienzo siempre sintió curiosidad por ella, por su manera de pensar, por su fuerza, por su poder entre otras cosas.
Ahora que lo recordaba, seguramente su maestra estará enfadad con él por enamorarse. Al final no le importó, le explicaría todo a su debido tiempo. Su celular en modo de vibración, llamó su atención. Tenía un mensaje de texto.
De: Eleonora
Para: Kuroro
Tenemos que hablar
-Que oportuna- pensó Kuroro
A estas alturas no le sorprendida que supiera de su amor hacia Kurapika, pero en realidad no le importaba. Sabía lo valioso que era él para Leonora, así que al final cuando discutía con ella siempre terminaba ganando. Cuando creo la araña, ella se había opuesto y había amenazado con asesinarles a todos; pero al final de había quedado sólo en eso, amenazas. Él había hablado con ella y se había salido con la suya, y cuando de Leonora se trataba muy pocos se salían con la suya contra la reina del hielo.
De: Kuroro
Para: Eleonora
Nos veremos dentro de dos semanas.
Finalmente envió el mensaje a su maestra. Apagó su celular y se volvió a acomodar, dejando que su nariz capturara y disfrutara del olor del cabello de Kurapika, sabía que en cuanto recuperara sus cinco sentidos, no le volvería a permitir estar en la misma posición otra vez. Así que él también se dejó llevar por el sueño.
.
-En dos semanas ¿Eh?- dijo la mujer tras recibir el mensaje - mocoso malcriado- término de beber una copa de vino y la puerta tras de ella se abrió.
-Lo siento- dijo la mujer a la pequeña criatura que se acercaba - ¿te desperté?
-No- dijo el pequeño niño de cabellos oscuros y ojos azules brillantes- quería saber si madre ya irá a la cama.
-Si- cargo al niño en sus brazos hasta su cama- buenas noches, Henry.
Dejo la habitación del pequeño sin siquiera darle un beso de buenas noches ni nada, pero eso no le sorprendía a él; así había sido su relación desde que nació, distante. Después de todo su madre creía que el amor era debilidad, por ello tampoco sentía amor por su propio hijo ni el por su madre.
El pequeño tomó su libro de su buro con el título El lobo disfrazado de oveja
-Solo espero que encuentre al lobo pronto- se dijo el niño antes de volver a soñar.
Nota: muy bien muy bien hagan sus apuestas, ¿quién creen que sea el lobo feroz? (*tozekuroro/Lavi), pronto sabrán más de Henry y Eleonora, todo a su tiempo, así que paciencia. Agradezco mucho que hayan leído mi Fanfic y espero que lo estén disfrutando. Saludos.
