Hola!
Aclaración: Naruto y sus personajes no son invención mía (aunque eso está muy claro...), yo solo los uso en esta historia.
Disfrútenlo.
Perdón.
Temari tenía pocos recuerdos de su madre. Ella era bastante chica cuando su madre murió, y Temari no estaba segura de cómo había sido vivir con una madre.
Kankuro tenía menos recuerdos que ella, por lo que ella se sentía bastante afortunada.
Gaara nunca había tenido una madre. Nunca.
Cuando su madre, (la madre de los tres, pero así y todo nunca de Gaara) murió, Temari se esforzó por seguir adelante. Sin embargo, se llenó de un desprecio infantil hacia su hermano más pequeño. Había oído decir a su padre que por culpa del niño su madre había muerto; y Temari odió a Gaara por eso. Porque Gaara, apenas por nacer, le había arrebatado a su mamá. La había dejado parcialmente huérfana.
Pero cuando se acercó a la cuna, solo por curiosidad, supo que de todas formas jamás podría odiar a ese niño. Era un bebé extremadamente pequeño. Pequeño e indefenso. Solo.
El niño no lloraba. Estaba quieto, muy quieto. Temari quiso tocarlo, pero su padre apareció para impedírselo. Le dijo que no quería que se acercara al chico, que lo criaría su tío. Le dijo que el niño nunca sería normal, y que de preferencia debía mantenerse lejos de él. Y Temari le creyó, porque tenía esa edad en la que los niños creen todo lo que le dicen sus padres.
Entonces la rubia se alejó del bebé pelirrojo, y se refugió en su casa; llorando de vez en cuando la muerte de su madre. Kankuro también lloraba, pero en silencio y escondido, porque su padre les había prohibido llorar.
Temari comprendió una primavera que su madre estaba muerta, y que ellos no tenían madre. Por eso se convenció a si misma que, por ser mujer y ser la mayor, debía ocupar ese lugar de madre. Ella sería la madre de Kankuro, sí, pero jamás la de Gaara. Gaara nunca había tenido madre, y probablemente jamás la tendría.
Temari creció junto a Kankuro. Entrenaban juntos, caminaban juntos, hacían todo juntos; como hermanos. Y como hermanos peleaban, y mucho. Pero nunca hablaron con Gaara. Ni caminaron a su lado. Ni salieron a defenderlo cuando los demás niños lo molestaban. Temari pretendía ignorar a Gaara. Le gustaba pensar que Gaara no era su hermano. Le gustaba pensar que ella no tenía la obligación fraternal de estar con él.
Y todo fue así, hasta que los pusieron en el mismo grupo. Entonces Temari tuvo que aceptar que ella sería la compañera de Gaara. Tuvo que aceptar que entrenarían juntos, que irían a misiones juntos y todo eso. Tuvo que dejar ir su miedo, y convencerse de que él no la mataría mientras dormía. Tuvo que aceptar, de una vez por todas, que el monstruo de la Aldea de La Arena era su hermano.
Temari nunca trató de ser la madre de Gaara, así como tiempo atrás había tratado de ser la madre de Kankuro. Ella sabía que Gaara había estado solo toda su vida, y que tenía que ganarse su confianza. Pero no se imaginaba de qué forma podía llegar a hacerlo. No podía, ni quería, estar cerca de él. Le daba escalofríos acercarse a su hermano. Le erizaba los nervios salir de misiones con él. Kankuro decía que todo iba a estar bien, siempre y cuando no le hablaran ni se le acercaran. Temari sabía que debían tratar de ser amigables con él, o de lo contrario correrían con funesta suerte.
Por esa última razón Temari comenzó a comportarse como hermana, más que como compañera. Comenzó a ser amigable, algo dulce y tranquila con él. Gaara nunca demostró que ella le agradara, pero de vez en cuando ella podía ver que Gaara le tenía algo de respeto.
Kankuro pensaba que Gaara los terminaría matando antes de culminar los exámenes en la Aldea de la Hoja. Temari pensaba igual. Sabía que nada bueno resultaría del plan de invasión. Nada bueno para ella, para su hermano, o para Gaara.
Fue cuando la batalla se desató y vio sangre correr del hombro de su hermano más pequeño, que Temari notó por primera vez que su hermano era humano. Era humano porque sangraba, así también como lloraba cuando era más pequeño. Temari recordaba haberlo visto llorar de pequeño, pero no recordaba haber hecho nada por cesar el llanto.
Y todo siguió empeorando. Ella terminó herida, Kankuro también; y Gaara… él había sido el más perjudicado de todos. Él había sido solo un títere de un maldito plan.
Kankuro y ella llegaron justo para defender a su hermano, que yacía en el suelo, inmóvil. Pero Gaara insistió en que ya todo había terminado, y a ellos les extrañó la idea. Su hermano lo ayudó a levantarse, y los tres partieron de regreso a casa.
Gaara estaba muy herido, pero Temari sabía que todo estaría bien. Sin embargo, nunca se esperó lo que pasó después.
"Temari… Kankuro, discúlpenme"
Temari sintió como si alguien la golpeara en el estómago, haciéndole perder el aire. Kankuro le dijo a Gaara que no se preocupara, que todo estaba bien. Ella lo miró. Gaara estaba con la cabeza gacha, inmergido en sus pensamientos. Ella se maldijo a sí misma.
A partir de ese momento Temari comenzó a odiarse a ella misma. Se odiaba porque había estado completamente ciega los últimos doce años. Se odiaba porque su hermano era humano, y sentía, pero ella nunca había podido verlo. Hasta entonces.
El monstruo, en realidad, era ella; por besar y abrazar a un hermano y repudiar al otro. Ella era un monstruo por haber empujado a Gaara hacia el dolor y el sufrimiento, siendo que a ella nada le costaba abrazar a un niño, secar sus lágrimas y decirle que todo estaría bien. Porque a ella nada le costaba ser madre de dos, si total todos eran familia. Entonces recordó cuan frágil y solitario se veía el extremadamente pequeño bebé en la cuna, y notó que Gaara (por más de haber crecido) estaba igual de frágil y solo que esa vez.
Temari quiso pedirle a Kankuro que se detuvieran y la dejara abrazarlos a los dos. Quería abrazar a Gaara, refugiarlo en su pecho y decirle que no tuviera miedo, que ella estaba ahí con él. Pero no lo hizo. Ya era demasiado tarde para eso. Gaara ya no era un niño, ya no temblaba y lloraba a la vista de todos. Ahora era un ninja, un ninja que no la dejaría abrazarlo.
Pero Temari había tomado una decisión. No había podido ser una madre para Gaara, pero al menos podía empezar de nuevo, y ser su hermana. Su hermana mayor, aquella que jamás dejaría que nada malo le pasara.
Después de todo, para eso eran los hermanos.
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