Hola!
La misma aclaración que en los capítulos anteriores :)
Familia.
-Gaara es un humano.– Soltó Temari, de golpe, en medio de una cena. Kankuro bajó su cuchara lentamente, sin entender nada en absoluto. Ambos estaban en silencio, comiendo como de costumbre. Hasta que Temari interrumpió el silencio con su aparentemente inútil afirmación. Pero ella no había podido evitarlo. Había escupido las palabras, como si estas le quemaran en la garganta. No había podido reprimirlas.
-Oh, Temari, gran descubrimiento. – se mofó Kankuro, volviendo a comer.
Temari pensó que él no la entendía. Y claro que no lo hacia. Ella se refería a algo que había visto esos últimos días, cuando había convencido a Gaara de que la acompañara a hacer las comprar para la cena. Resulta que esa tarde no solo no habían podido comprar nada (todas las tiendas cerraban al verlos llegar), sino que también ella había notado algo que toda su vida había pasado por alto. Gaara no era un monstruo. Solo era un niño.
Tal vez todo el mundo le tenía miedo, y tal vez ese miedo era infundado. Pero ellos se lo merecían. Desde que su hermanito había nacido todo el mundo lo había tratado como a un monstruo maligno sin sentimientos. Y en eso lo habían convertido, al menos en el exterior. Pero Temari sabía que en el fondo (no estaba segura de qué tan en el fondo) Gaara seguía siendo solo un niño. Un niño que se sentía solo y que no encontraba consuelo alguno para sus pesares.
Entonces Temari le explicó a Kankuro, con todo lujo de detalles, a lo que se refería. Su hermano le dijo que estaba demasiado paranoica, y que debía dejar de preocuparse de ello.
-Gaara está bien, Temari. Siempre lo ha estado. Además, no puedes remediar años de "dolor y sufrimiento" en solo una semana. Terminarás agobiándolo y huirá de ti.
La rubia bufó, cruzándose de piernas.
-Sino mira ahora.- continuó él.- estuviste con él toda la semana, y todo salió bien. Pero aún así, ahora no tienes ni idea de donde está. El pobre chico necesita tiempo para sí mismo, Temari. Así que come y no te atormentes.
Temari le increpó a su hermano, diciéndole que realmente quería hacer algo para reconstruir su familia. Kankuro le dijo que era imposible reconstruir algo que nunca había sido construido. Ella insistió en que, con el correr del tiempo, todos serían una familia. No dijo normal, porque Gaara nunca había sido un niño normal, y probablemente nunca lo sería. Pero eso no le importaba a Temari. Gaara podía ser el niño menos normal del universo, pero ella era la hermana de ese chico no normal, y siempre estaría ahí para él.
La cena termino en silencio, y Kankuro le insistió en que levantaran todo y se fueran a dormir. Temari quería esperar a Gaara.
-No tienes ni la más mínima idea de cuándo volverá. Puede estar en cualquier parte, y regresar a cualquier hora. Puede volver en la mañana, Temari. Además, ha estado fuera de casa en las noches durante toda su vida. Estará bien.
La kunoichi bufó, diciéndole a su hermano que, si él quería, fuera a dormir. Pero ella no lo haría.
-Estoy tratando de formar una familia, Kankuro. Los familiares se preocupan el uno por el otro.
El hombre le dijo que estaba siendo obsesiva con esa idea. Ella lo ignoró, saliendo de la casa.
Caminó por la aldea de noche, sin rumbo fijo. Lo único que quería hacer era despejarse un poco. Imaginó que su madre, de estar viva, no permitiría que su hijo menor pasara la noche solo, afuera, en una aldea peligrosa como Suna. Así que ella tampoco podía conciliar el sueño sin antes verificar que Gaara estaba bien.
Lo encontró en un tejado. Su silueta a contra luz resaltaba entre la oscuridad de la noche. Sus ojos brillaban como estrellas del cielo, y Temari sintió que perdió el aliento cuando esas estrellas se clavaron en su cuerpo.
Gaara bajó a su altura, mirándola fijamente. Temari enmudeció.
-Quería ver si estabas bien, Gaara.- le dijo, bajando la mirada. No podía evitar sentirse incomoda frente a su hermano.
El más chico asintió, sin entender la actitud de su hermana. Le era difícil comprender las emociones, sobre todo las femeninas; y especialmente las de Temari.
A veces ella parecía triste, y Gaara lo notaba en sus ojos. Pero cuando ella lo sorprendía mirándola, cambiaba esa tristeza por una cierta alegría. Entonces le preguntaba si necesitaba algo, si tenía hambre o cosas por el estilo. Otras veces Gaara notaba que Temari se ponía feliz, (sus ojos irradiaban esa felicidad) por cosas burdas y comunes, como cuando ella le preguntaba si podía sentarse a su lado, y él la dejaba. Entonces su hermana parecía contenta, disfrutando solo de poder estar junto a él.
Pero lo peor para Gaara era que siempre veía un extraño velo en los ojos de Temari, que aparecía cuando ella lo miraba, y él pretendía no darse cuenta. Ese velo era oscuro, y profundo. Y él no podía descifrar qué era. Pensó en preguntarle a Kankuro qué era ese velo en los ojos de Temari, pero mil veces oyó a ella decir que Kankuro nunca la entendía, por lo que pensó que su hermano, de todas formas, no lo sabría.
Entonces levantó sus ojos aguamarina, profundos como el océano, y la miró expectante. Temari se removió en su lugar.
-¿Quieres volver a casa?
El pelirrojo negó con la cabeza. Cuando no podías dormir, las casas solo parecían jaulas. En cambio, el aire puro de afuera le sabía a libertad.
-Prefiero quedarme afuera.
La rubia asintió.
-¿Puedo quedarme afuera contigo?
Gaara asintió, aun sin acostumbrarse a que alguien quisiera estar con él. Se sentaron uno junto al otro, con una pequeña distancia entre ambos. Miraban a la media luna formada en el cielo nocturno de Suna, en silencio. Luego de un tiempo, Gaara sintió como la cabeza de Temari tocaba su hombro: la chica se había quedado dormida.
Suspiró, pensando en que (tal vez y solo tal vez) podría acostumbrarse a la compañía de Temari. Después de todo, ella era su hermana. Era su familia.
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