Hola, hola, hola. Muchas gracias por sus comentarios me gusta leerlos, enserio.

Les traigo por fin el capitulo 18 de mi fin. Aquí la historia da un pequeñísimo giro, pero no cambia la trama.

Capítulo 18: Viejos conocidos.

Hipo, Astrid, Patán, Patapez y los gemelos salieron de la casa de Hipo dispuestos a ir a buscar al Metamórfala salvaje, pero la noche ya había llegado y les sería casi imposible buscar en la oscuridad a un dragón con la capacidad de parecer con cualquier cosa.

-¡Oh, miren! Ya es de noche, creo que el dragón podrá esperar.-opino medio nervioso Patapez que se moría de miedo y curiosidad por descubrir más sobre el dragón.

-Sí; ¿Alguien tiene hambre? Porque yo si.-Opino Patán.-Vamos a cenar y mañana vamos por el dragón.

Patapez y los gemelos siguieron a Patán al gran salón, pero Astrid e Hipo se quedaron frente a la casa de Hipo. Un silencio incomodo se creó entre ellos. Cada uno en sus profundos pensamientos.

-No es que quiera incomodarlos.-Dijo una voz familiar a sus espaldas haciéndolos voltear.-Pero quería saber si podían cuidar de Dientuda en lo que voy a dar una vuelta al bosque.-Audrey ya traía puesta la playera verde de Hipo, su cinturón con su espada y su pistola; sus pantalones café y las botas.

-¿Eh? Ah, si… si claro.-Respondió Hipo nervioso.-Tu ve allá.

-¿No es muy noche para ir al bosque?-Pregunto Astrid un poco nerviosa también.

-No, es la hora perfecta para ir al bosque.-Respondió Audrey. Temiendo que su plan no funcionara empujo a Hipo y Astrid dentro de la casa y se fue sin decir más.

Dentro de la casa ambos se sentaron en un sillón mientras escuchaban los placidos ronquidos de las dos furias nocturnas que estaban en la planta de arriba.

-Sí que Audrey es un poco rara.-Dijo Astrid mirando de soslayo a Hipo.

-No.-contesto el ojiverde casi en un susurro.-Lo único que pasa es que esconde secretos.-aventuro.

-¿Qué tipo de secretos?-Pregunto Astrid.

-No lo sé, pero deben de ser muy importante.-Respondió.

Audrey la verdad no tenía nada que hacer en el bosque, pero una buena excusa para dejar a Hipo y Astrid solos. Pasaron un par de minutos y se aburrió y decidió regresar con los vikingos para pasar el rato.

Mientras tanto, en algún lugar del mundo, un demonio despertaba de su legendario sueño para matar al portador del corazón más noble y valiente de la zona. O morir a manos del corazón más noble y valiente acompañado por un corazón débil pero audaz.

La noche paso, Audrey estaba extremadamente cansada y al llegar a la casa de Hipo se cayó frente al castaño y a la rubia haciendo que estos la llevaran hasta la cama.

Existió, alguna vez, hace muchos años un mundo donde había dos lunas. La luna negra y luna blanca; la luna blanca se llamaba Albam, y todos la veneraban por haber matado a una feroz bestia que aterrorizaba a todo el mundo; La luna negra tenia por nombre Nigram, a Nigram solo la veneraban los asesinos y demonios. Una noche Nigram se cansó de estar siempre oculta, así que decidió invocar a su dios máximo para acabar con Albam, pero esta no se acobardo. En cambio Albam creo la nobleza y la valentía para combatir contra Nigram, quien no pudo con los ataque de Albam cayendo en un profundo sueño. Hasta que aquel corazón puro, noble y valiente llegara para encarar al demonio, Nigram permanecería dormida.

La luna cedió paso a una nueva noche, la cual horas después se convirtió en día nuevamente. Un día demasiado malo para Audrey.

El sol salió y todos en Berk ya estaban haciendo sus tareas diarias. En la academia era día de combate cuerpo a cuerpo, una clase que Audrey se perdería a causa de un combate cuerpo a cuerpo personal.

Esa mañana Audrey fue al bosque guiada por su brújula.

-Un día está dando vueltas como loca y al otro te dice que vallas al bosque.-Audrey iba hablando sola caminando entre las piedras y plantas del bosque.

-Las cosas se parecen a su dueño ¿Verdad?-Pregunto una voz femenina a las espaldas de Audrey quien al reconocerla volteo la mirada.

-Miren, ha hablado la voz de la razón.-Dijo sarcásticamente Audrey al ver quien se encontraba a sus espaldas. Nada más ni nada menos que Heater, la misma que se había infiltrado en la isla para robar el libro de los dragones para Alvin quien tenía a sus padres secuestrados. Una de las personas no favoritas de Audrey por intentar hacer lo mismo en la Isla del Naufragio.

-Razón, es algo que nadie toma en cuenta en ti.-dijo con severo tono de burla, como si le estuviera escupiendo las palabras a Audrey en la cara.

-Honestidad, es algo que desconoces ¿Me equivoco? No lo creo.-vocifero Audrey contra atacando a Heater.

-Y hablo la princesita.-Heater levanto las manos dramáticamente y luego las cruzo en su pecho.

Princesita era como una palabra mágica cuando se le decía a Audrey, era aquella palabra que hacía que Audrey pasara de ser la sumisa pirata que siempre era a ser peor que una fiera cautiva. Y ese momento no fue la excepción.

Audrey saco limpiamente su pistola y la apunto directo a la cabeza de Heater en instantes. Heater descruzo sus brazos, sorprendida.

-Valla, la última vez que te vi desenfundar una pistola creaste un caos enorme.-ataco Heater a Audrey con palabras, y como respuesta de la pelirroja quito el seguro de la revolver que tenía en la mano.

-¡Cállate de una buena vez, maldita sabandija!-Vocifero Audrey.-Y si vas a hablar, puedes empezar diciéndome que haces aquí.

-Dudo que te interese viendo la forma en que esa pistola me apunta.-Replico Heater y rápidamente se agacho y huyo de ahí en limpias acrobacias. Audrey enfundo rápidamente su revólver y la siguió.

Heater era rápida, pero Audrey era más rápida. Heater era astuta, pero Audrey era inteligente. Heater era una sabandija roba libros, Audrey la guardiana de una biblioteca.

Heater no conocía el bosque y como consecuencia tuve desventaja. En cambio Audrey había pasado por ahí esa mañana, y todo el camino había quedado grabado en su mente, planta por planta, roca por roca estaban en su memoria. Lo único que Heater podía hacer era correr, saltar encima de las rocas y esquivar las ramas bajas echando de vez en cuando una vista hacia atrás para mirar a Audrey. Pero Audrey no iba detrás de ella, al menos no por tierra.

Con inteligencia Audrey había decidido seguir a Heater por las ramas de los árboles para una ataque sorpresa. Y su plan iba a la perfección. Heater, creyendo que Audrey no la perseguía, se detuvo unos metros antes de que el bosque terminara, justo enfrente del pueblo. Pero su tranquilidad se esfumo cuando sintió que algo caía sobre ella y le sostenía las muñecas contra el suelo. Nada más ni nada menos que Audrey, que tenía a Heater contra el piso, pero la pelinegra se quitó a Audrey de encima sin que la pelirroja la soltara, y por consecuente las dos comenzaron a rodar hasta la aldea.

Los jóvenes vikingos de la Academia de Dragones de Berk estaban desayunando a gusto cuando escucharon un ruido sordo fuera del gran salón. Y claro estaba que saldrían a investigar, y así fue. Y lo que vieron los sorprendió.

Audrey había lanzado a Heater a unos pocos metros de ella, dejándola medio inconsciente. La pelirroja camino hacia ella, la tomo del cuello de la playera y la puso bruscamente en la pared acorralándola.

-¡Habla ya, sabandija rastrera! ¿Qué haces aquí?-Vocifero Audrey en la cara de Heater.

Esa fue la imagen que Hipo, Astrid, Patapez, Patán y los gemelos vieron cuando salieron del gran salón. Nadie había identificado a la persona que Audrey tenia acorralada contra la pared. Hasta que Hipo y Astrid se acercaron para indagar la situación.

-¿¡Heater ¡?-Pregunto sorprendido Hipo al ver a la pelinegra de ojos grises acorralada contra la pared.

-¿Conocen a esta escoria?-Pregunto perpleja Audrey mirando de soslayo a Hipo y Astrid.

-Si, trato de robar el libro de los dragones, una vez.-Explico Astrid.

-Entonces ya has venido aquí, pequeña sabandija.-afirmo Audrey mirando a Heater con ceño fruncido.

-Pero no vine a eso esta vez.-Explico Heater aprisionada contra la pared. Forcejeo un poro hasta que Audrey la soltó, no por arte divino, sino porque Hipo puso una mano sobre su hombre y con la mirada le dijo que la soltara.

-Vine a darte esto.-Heater saco una carta y se la entregó a Audrey, quien no la tomo sino que se la arrebato de las manos.-Me dijeron que te la tenía que dar yo misma.-Heater se dio media vuelta para marcharse.

Audrey veía la carta con confusión. Se le hacía un poco peculiar, pues el sobre estaba lleno de garabatos con tinta china. El resto de los chicos ya habían salido de su sorpresa y Patán alcanzo a Heater y le dijo:

-¿No te quedas, preciosa?-Pregunto poniéndose frente de la pelinegra.

-No; no quiero que se me peque lo odioso.-Dijo mirando a Audrey y esta iba a atacarla nuevamente si Hipo y Astrid no la hubieran detenido. Heater quito del camino a Patán y se dirigió nuevamente hacia el bosque, justo por donde había llegado.

Hipo y Astrid escoltaron a Audrey hasta la casa de Hipo, donde la sentaron en un sillón y ellos, junto con el resto, se pararon frente a ella para hacerle una serie de preguntas.

-¿Qué paso allá afuera?-Comenzó Hipo con los brazos cruzados.

-¿Con la sabandija?-Pregunto Audrey.

-Las preguntas las hacemos nosotros, Audrey.-dijo Astrid cruzando los brazos a un lado de Hipo.

-Entonces háganlas.-Contesto.

-Hemos estado sospechando que escondes…-Comenzó a decir Brutacio.

-… Secretos.-Termino la frase Brutilda.

-¿Secretos?-Audrey se tensó un poco.-Yo no escondo secretos.

Todos los presentes le lanzaron una mirada como diciendo: "Mientes"

-Está bien.-Audrey relajo los hombros y tomo un poco de aire.-El Wyvern ha despertado. Y esta en busca del corazón noble que lo matara.-Explico.

-¿Para qué lo busca?-Pregunto Hipo mirando atentamente a Audrey.

-Para matarlo.-Dijo sin dudarlo. Si el corazón noble estaba entre ellos, debía saber que el monstruo lo buscaba para matarlo.

Todos los presentes abrieron los ojos como platos de la sorpresa.

-Estas diciendo que hay un demonio que quiere matar a uno de nosotros.-Dijo nervioso Patapez con las manos encogidas en el pecho.

-Si, y es mi deber protegerlo.-Explico.-No sé con exactitud quien es, pero lo descubriré y yo personalmente lo protegeré de la bestia.

-¿Cómo sabremos quién es?-Pregunto Astrid.

-Cuando llegue el momento lo descubriremos.-Dijo Audrey.-Ahora tengo un dragón al cual cuidar, si me permiten, me retirare.-Audrey se levantó del sillón y nadie la detuvo; se dirigió a la parte de atrás de la casa donde Dientuda descansaba junto con Chimuelo.

-Hola flojos.-saludo Audrey a los dragones quienes solo bufaron un poco. Audrey se acercó a Dientuda para quitar las vendas y revisar la herida.

-Mira, ya sano.-Le dijo a Dientuda.- ¿Puedes estirarla?-Pregunto y Dientuda estiro el ala lastimada pero soltó un gruñido de dolor.-Todavía te duele, creo que te lastimo demasiado; tendrás que quedarte a reposar más tiempo.-Al oír eso por parte de su jinete Dientuda dejo caer la cabeza al suelo soltando un bufido. En eso llego Hipo y Astrid.

-¿Cómo sigue?-Pregunto Hipo acercándose a Dientuda.

-La herida ya sano, pero todavía le duele el ala.-Explico Audrey. Dientuda miro a Hipo y a Astrid parados ahí y algo adivino, ambos se querían y quizá lo sabían pero no lo decían. Se levantó y rápidamente tomo a Hipo por la playera y lo lanzo al aire atrapándolo en su espalda, alzo el vuelo pese al dolor en su ala y tomo a Astrid por los hombros con su pata, y todo eso lo hizo sin darle tiempo a su jinete de hacer algo.

Audrey se sorprendió mucho al ver lo que Dientuda hizo, pero por parte le agrado, tal vez así por fin se dirían sus sentimientos mutuos. Chimuelo solo miraba con perplejidad la acción de Dientuda y él también estaba feliz por haber hecho eso.

Aquí termina el capítulo 18 espero que les haya gustado

¿Qué hacia Heater en Berk? ¿Qué decía la carta? ¿Qué hará Dientuda? ¿Qué pasara con Hipo y Astrid? ¿Quién o qué es el Wyvern?

Esas y muchas preguntas más se contestaran en el siguiente capítulo.

Hasta entonces!