Hola! Yo aquí, de nuevo. Les pido disculpas porque sé que este capítulo es muy cortito; pero me gustó tal como está... Así que decidí subirlo así.

Nos leemos abajo...


Piedad.

A veces Temari miraba a Gaara. Lo miraba en silencio, sin atreverse a decir ni una sola palabra. Lo miraba de reojo, disimuladamente. Solo lo miraba, de cerca o de lejos, y quería gritar "Piedad".

Piedad. Piedad porque Gaara no era culpable de nada. Piedad porque su hermano era un humano. Piedad porque veía, y escuchaba, y sentía. Piedad, piedad porque era un niño, y estaba herido.

Pero Temari no gritaba, y nadie podía escucharla. Entonces ella tuvo el deseo de pararse en la mitad de la calle, desenfundar su abanico y atacar a todos los ninjas y aldeanos que lo miraban con miedo y odio. Quiso atacarlos, una y otra y otra vez; hasta que fueran ellos los que imploraran piedad. Quiso reírseles en las caras, y seguir atacándolos hasta dejar los edificios hechos pedazos. Quiso ver en sus ojos el terror. Quiso escucharlos gritar, mientras ella reía. Y así, tal vez, demostrarles a todos los aldeanos de Suna que sí existían los monstruos, pero que Gaara no era uno de ellos. Quiso demostrarles a todos los habitantes del mundo (pero sobre todo a su hermano) cómo era un monstruo verdadero.

Estaban caminando por las soleadas calles de Suna, y ella detuvo gradualmente el paso. Miró a todos aquellos que les dirigían la mirada. Los miró con los ojos impregnados en un desprecio infinito, y se preguntó cómo Gaara podía soportar todas esas miradas afiladas sobre su nuca. Volvió a mirarlos. Por su culpa su familia había quedado reducida a escombros. Su propio mundo se había desmoronado por culpa de su aldea. Su madre había muerto para salvarlos. La vida de su hermano menor se había arruinado para garantizar su bienestar (por más de que todo no hubiese salido como pensaban). Y todos esos ninjas y aldeanos no hacían más que mirarlo con odio, con desprecio.

La rubia quiso frenar sus pensamientos un momento. Se repitió mil veces que ellos no la odiaban a ella, sino a Gaara. Pero nada la alejó de la idea anterior.

Levantó su brazo derecho, tomando su abanico y sujetándolo con demasiada fuerza. Sus uñas se clavaban en la negra madera. Estaba a punto de extender su abanico cuando una voz la detuvo.

-¿Por qué te detienes? Llegaremos tarde.

Y ella sintió como si el velo de odio que le tapaba los ojos le fuera bruscamente arrancado. Todo se tornó más claro, más bello. Pudo ver claramente como los habitantes de Suna volvían a sus quehaceres diarios. Entonces ella soltó su abanico y bajó el brazo. Luego relajó su quijada en una sonrisa.

Porque tal vez ella estaba dispuesta a transformarse en un monstruo cruel y sanguinario solo para mostrarle al mundo cómo realmente un monstruo era. Pero él no se lo permitiría. No dejaría que su única hermana destruyera una aldea y lastimara gente inocente. Porque Gaara no era un monstruo. Tal vez antes había sido algo parecido, sí. Pero ya no más.


Bueno.. ¡Gracias por leer!

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