Capítulo 23: El comienzo del Final.

Cuando Hipo y Astrid llegaron a la playa más cercana ya había comenzado a llover y estaban empapados. Cuando estuvieron frente al mar rápidamente encontraron a Audrey sentada en una piedra mientras las gotas de lluvia caían sobre su cabello haciéndolo parecer más oscuro, tenía un arco en una mano y una flecha en la otra. Con la cabeza gacha su cabello cubría toda su espalda y parte de sus hombros, su flequillo quedaba volando frente a sus ojos. Dientuda estaba a un lado de la roca mirando melancólicamente a Audrey.

Hipo y Astrid la miraron por un par de minutos.

-Están aquí para llevarme con mi padre y no renegare.-comenzó a decir Audrey. En su voz había tristeza, astucia y lágrimas atoradas.-Pero deben saber algo.-puso la flecha en el arco y luego lo levanto.-todo está planeado.-susurro.

Estaban en la parte oeste de la isla, donde la puesta de sol se veía hermosa. Audrey apunto la flecha justo por donde horas más tardes se metería el sol. Soltó la flecha y esta salió disparada dejando una estela azul mientras las gotas de lluvia que caían sobre ella siseaba. La flecha estaba ardiendo sin fuego.

Audrey bajo de la roca y fue escoltada hasta la aldea por Hipo y Astrid y sus dragones. Cuando llegaron al pueblo la lluvia se había reducido a pequeñas y finas gotas de agua. Hakon estaba esperando a Audrey frente al gran salón, mojado.

Hipo y Astrid dejaron a Audrey frente a su padre y se fueron a secar.

-Papá, solo quiero terminar con esto.-dijo Audrey con la cabeza gacha.

-Pensé que querrías quedarte más tiempo.-Dijo Hakon.

-Dudo que te quieras quedar a vacacionar.-Audrey levanto la mirada.

-Audrey, solo quiero hacer las cosas más fáciles.-Hakon levanto la cara de Audrey poniendo una mano sobre su mentón.

-Yo no.-se liberó de la mano de su padre.

-Como quieras.-Hakon hizo un ademan con la mano y Asesino se posó a un lado de él.-Asesino te llevara hasta Naufragio.

-Creí que me mandarías dentro de una caja encadenada dentro de un barco de alta seguridad escoltado por los dragones más feroces de la isla.-comento con sarcasmo seco.

-Confió más en Asesino que en un barco de alta seguridad.-dijo.-En cuanto a Dientuda; ella me acompañara dentro del barco, encadenada, como castigo por haberte traído aquí sin consentimiento.-dijo.

-Como quieras.-A un lado de Audrey paso uno de los hombres de Hakon para llevar a Dientuda al barco.-Solo trátenla bien.-musito.

Hakon subió a Audrey a la montura de Asesino y la ajusto para que no pudiera huir, pero huir no era el plan de Audrey. Una vez arriba de Asesino vio como el soldado se acercaba con unas cadenas a los dragones, Chimuelo y Dientuda, y conjuro un hechizo disimulándolo con un tosido falso.

Hakon se acercó a Asesino.

-Cuídala, es lo más valioso que tengo.-dijo al dragón con las manos en su hocico, mirándolo a los ojos.

-¿Ya nos podemos ir, querido Asesino?-pregunto Audrey sarcástica.

-Llegaras a Naufragio en dos días.-Dijo Hakon apartándose del dragón.

-Ya lo sé.-Dicho esto, Asesino se elevó comenzando a tomar camino hacia el horizonte.

Estoico se paró junto a Hakon y ambos miraron la silueta de Asesino alejarse entre las nubes.

-¿Estás seguro de haber hecho lo correcto, Hermano?-Pregunto Estoico mientras ponía una mano sobre el hombro de su hermano.

-No lo sé.-dijo dando una vuelta para quedar frente a él.-Siento que algo no encaja.-comenzó a caminar de arriba a abajo.

-¿A qué te refieres?-indago Estoico en la situación.

-Me refiero a que en otra situación Audrey hubiera decidido quedarse aquí.-Hakon seguía caminando Arriba, abajo, arriba, abajo.-Pero se veía muy desesperada por regresar a Naufragio y realmente no lo entiendo.

-Tranquilo, estará bien.-dijo Estoico.-El poco tiempo que estuvo aquí me di cuenta de que era una persona muy lista y hábil en la lucha.-Estoico hablaba con tanta sinceridad.-No pasara nada.

-Eso espero.-Hakon dejo su rutina de caminado y miro fijamente a Estoico.-Ella es lo más valioso que me queda, ella es el único recuerdo vivo de su madre.-En los ojos grises de Hakon se reflejaba demasiada sinceridad y melancolía.


Asesino había volado por dos días seguidos, deteniéndose en pequeñas islas con manantiales para beber y pescar para comer algo en el camino. En la primera parada, Audrey había dicho que no tenía lo necesario para pescar, pero Asesino la descubrió cuando agito su cuerpo haciendo caer de su montura un arco y flechas, Audrey de mala gana había pescado en un lago cerca, de ahí en adelante no se negó a pescar.

Pero eso había sido antes, ahora apenas iba saliendo el sol y la silueta del muro de Isla del Naufragio se veía en el horizonte y con ella una sonrisa de astucia se dibujó en la cara de Audrey.

Asesino aterrizó en el cuartel en la cima del muro, donde ya lo estaban esperando. Audrey bajó del dragón y corrió hacia su casa. El pueblo estaba fantasma, el sol ya se había asomado, pero el muro de la isla se encargaba de ocultarlo un poco más de tiempo. Audrey pasó por la herrería de Harry, por la biblioteca de Rubén Batista, pasó por las casas que configuraban la callejuela que terminaba con el porche de su casa, la cual era el mismo edificio que el salón común o el gran salón.

Abrió la puerta y en lugar de cerrarla con cuidado la azotó con todas sus fuerzas. Corrió hacia su habitación donde se quitó la playera de Hipo y se puso su habitual atuendo; una camisa de manga larga color verde militar, unos pantalones negros, su cinturón que tenía la funda de su espada (También tenía uno con funda para flechas y otro que tenía las dos fundas). Se quitó las botas que comenzaron a rostizarle los pies y se las cambio por unas de cuero. Se cepillo el cabello y lo trenzó.

Bajo al camarote de su padre (El edificio era un barco que según la leyenda había naufragado en esa isla después de una fuerte tormenta) y rebusco en los cajones, saco mapas, cartas de navegación, papeles, tratados de paz y de todo los tipos. Cerró los cajones y su vista se quedó fija en un papel arrugado sobre la mesa. Lo miró por varios minutos y luego lo puso en el primer cajón del escritorio.

El sol ya había salido y todos los habitantes de la isla comenzaron a hacer sus deberes diarios. Audrey subió nuevamente a su biblioteca habitación y se posó en el balcón donde tenía vista hacia el muelle. Después de estar un par de minutos parada, sintió la presencia de alguien que estaba esperando.

-¿Qué tal te fue en tu viaje, soñadora?-pregunto la voz de su mejor amigo rubio. William.

-Muy bien, querido Willy, un troll casi me come porque mi nombre no es feo, después descubrí que el Wyvern era real y al final mi padre me encontró y me mando aquí.-respondió con sarcasmo.

-Es terrible.-dijo Willy con seriedad.

-Ya lo sé.-asintió.- ¿Te llego el mensaje?

-¿Qué mensaje?-Willy levanto una ceja volteando a ver a Audrey.

-Maldita flecha.-maldijo por lo bajo.-No importa.-hizo un ademan de indiferencia.-Necesitaba al escuadrón.-dijo mirando con seriedad al rubio de ojos pardos.

-Ya lo sé, por eso los cité en el cuartel.-respondió Willy con toda naturalidad.-Solo que no comprendo porque desobedecerás a tu padre otra vez.

-Tengo que hacerlo, William.-Audrey había dicho "William" y no "Willy", era algo serio.

-¿Por qué?

Audrey no respondió nada, solo saco de su bolsillo un fragmento de Diamante; lo coloco a la altura de los ojos de William entre sus tres primero dedos; y entonces las marcas de estrellas de ocho puntas que tenía en las muñecas comenzaron a brillar al igual que el resto que tenía en otras partes del cuerpo, como en los hombros o en los tobillos.

-Entonces no es solo una leyenda.-comento William asombrado.

-Nunca lo ha sido.-Volvió a guardar el cristal en su bolsillo.-Y yo soy la jodida elegida.-en el tono de su voz se percibía miedo y seriedad.

-Audrey…-Comenzó a decir Willy, pero Audrey lo interrumpió.

-William, mi padre estará en solo unas horas luchando contra un monstruo que le será imposible derrotar, tengo que ayudarlo.-dijo.

-¿Cómo te puedo ayudar?-pregunto con encanto William.-Tal vez la pueda transportar hasta la isla, princesa.-William era un tipo encantador con esos ojos pardos y su sonrisa perezosa.

-Oh, señor William.-dijo con el mismo encanto.-No se preocupe por eso, tengo mi propio transporte.

-¿Sera un dragón negro, princesa?-Inclino un poco la cabeza y alzo la vista para ver a Audrey con sus hermosos ojos pardos.

-No, encantador caballero, es un navío.-dijo.-Y es el más rápido de todo el caribe.


Mientras tanto en Berk, dos días después de que Audrey se hubiera ido, todo comenzaba a retomar su normalidad. Por alguna extraña razón, después de que Audrey hubiera partido, Chimuelo e Hipo no salía a volar; habían suspendido las clases en la academia porque Estoico y Hakon preparaban ahí a su ejército.

Hipo por fin había decidido ir a ver a Chimuelo al establo que estaba atrás de su casa.

-Buenos días, amigo.-Saludo el castaño a Chimuelo.

Chimuelo no respondió nada.

-¿Chimuelo, estas bien?-Pregunto preocupado.

Entonces se dio cuenta de que no era Chimuelo.

-¿Dientuda?-pregunto sorprendido esta vez.

El dragón respondió a su nombre volteando la cabeza. Hipo estaba atónito. Hakon se había llevado a Chimuelo en su navío, el cual estaba camino a una isla donde vivía un gigante dragón demonio.

-Esto mal, muy mal.-decía mientras inspeccionaba la situación.

Los barcos de Estoico y Hakon habían partido hacía dos horas, y en uno de los barcos de Hakon iba Chimuelo encadenado.

-¿Qué pasa, Hipo?-pregunto Astrid a las espaldas de Hipo.

-Astrid, algo muy malo paso.-Dijo Hipo casi perdiendo el control.

-¿Qué?-pregunto indagando.

-El capitán Hakon se llevó a Chimuelo en lugar de llevarse a Dientuda; ¡Se equivocó de dragón!-Hipo tomo a Astrid por los hombros y la sacudió levemente, perdiendo el control.

-Pero ¿Cómo paso?

-No lo sé.-Hipo se tranquilizó.-Pero lo único que sé es que iré por Chimuelo.-dijo decidido.

-Iré contigo.-Astrid se veía con decisión firme.

-No.-replico Hipo.-Es muy peligroso, Astrid, y sé que me dirás: Que a mí no me importa el peligro. Pero no me importa cuando se trata de mí, me importa cuando se trata de ti.-El tono de voz de Hipo era protector.

-No soy una princesita indefensa, Hipo.-Astrid trató de convencer a Hipo, pero el castaño se mantuvo firme ante su dedición de ir solo.

-Iré solo, Astrid, y no quiero que me sigas, por favor.-Hipo le dio la espalda a Astrid y se dubio a Dientuda.

-Ten cuidado, Hipo.-Dijo Astrid con tristeza.

-Lo tendré.-Hipo le dedico una débil pero sincera sonrisa a Astrid.- ¿Lista, chica?-pregunto al dragón.

Dientuda alzo el vuelo y ambos comenzaron a alejarse. Astrid miraba la silueta del dragón desaparecer entre las nubes.

-Tu abuela te hará caso de quedarse aquí, Hipo.-Dijo Astrid para sí misma alejándose de la casa de Hipo hacia la academia. Tenía un plan.


En Naufragio, en la cala escondida de Naufragio que solo Audrey sabia de su existencia, estaba Audrey y William apreciando aquel navío del que la pelirroja había hablado anteriormente.

-Pensé que se lo habías devuelto.-dijo William mirando hacia arriba, contemplando aquel hermoso navío.

-Pero se lo robe.-contesto con astucia.

-¿Cómo?-William volteo su cabeza hacia ella.

-Soy una pirata, querido.-Audrey comenzó a subir al gran navío por las escaleras.-Ya sabes que hacer ¿Cierto?-pregunto a William.

-Claro que si.-respondió solemne.

-Te imploro que no falles, por favor.

-Ni en sueños, Audrey.-le dedico una sonrisa a Audrey y esta se la devolvió y William tomo camino hacia el pueblo nuevamente, perdiéndose en el denso bosque de palmeras y arboles tropicales.

Aquel navío al que Audrey comenzaba a dar vida era majestuoso con sus velas azul marino; era el más rápido de la armada inglesa. Era porque ahora Audrey lo tenía entre sus posesiones más valiosas.

Con cuarenta y tres cañones y velas enormes, todo el mundo sabía de la fama de aquel navío.

El Topacio negro.

Tenía tres cañones enormes en la proa y dos filas de diez cañones en cada flanco. El barco era enorme, sus camarotes eran demasiado lujosos, y contaba con tres niveles; los almacenes estaban en el último piso, junto con los calabozos; en el segundo piso se encontraban lo que era el polvorín, la quilla, unos cuantos camarotes, la cocina y comedor, ¡Imagínense el tamaño de aquel barco!, claro que los camarotes eran pequeños y la cocina y el comedor eran una sola habitación; Arriba se encontraba la cubierta principal, donde la puerta al camarote del capitán (El cual abarcaba toda popa) estaba debajo de la cubierta de timón donde se encontraba, obviamente, el timón, había un cuarto a unos metros del bauprés, donde se encontraban guardados los cañones de proa, también estaba ahí el cuarto de navegación y un pequeño almacén; en la cubierta del timón se adornaba el fondo con elegantes faroles a cada extremo y una elegante puerta tallada hacia un reducido armario.

El topacio negro, el navío más rápido de todo el caribe, estaba en las manos de una pirata de trece años. Y no desperdiciaría su velocidad para nada.


En cuanto a la flota de Hakon y Estoico, habían navegado ya tres horas hacia el santuario de Nigram, el cual era una isla rocosa entre muchas más que salían del agua a modo de "laberinto" de rocas. Su destino estaba a una sola hora, era muy extraño; de Berk a Naufragio se hacían dos días a dragón y cinco en barco, pero de Berk al santuario se hacían cuatro horas en barco y una y media en dragón, el mismo tiempo que se hacía desde Naufragio hasta el santuario.

Aquella isla se encontraba justo en medio de los polos, ni un grado más, ni un grado menos. Era justo en medio de los polos.

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Los barcos atracaron en la arenilla de rocas negras y la bestia que vivía dentro de la gran montaña supo de su presencia, y no contenta con las almas, su furia despertó lista para desatarla contra los invasores.

-Mantengan los cañones y las armas listas.-ordeno Hakon a sus hombres. Todos obedecieron.

Y cuando los dos hermanos tocaron aquella grava negra, no había vuelta atrás; la sangre se derramaría.

¡Listo! ¿Qué les pareció? Para mí es muy interesante.

Bueno, háganme feliz dejando sus Reviews, por favor: D

Opinen que les pareció, espero poder actualizar pronto.

Si ya no hay más que decir… nos leemos en el próximo capítulo.