Capítulo 26: Niebla y luz de estrellas.

Canción: Where's Hiccup?

La densa nube de niebla comenzó a disiparse. Estoico y Hakon buscaban junto a los demás a Hipo y Audrey. Pero ninguno daba señal de vida. Cuando todos creían que jamás los volverían a ver, escucharon unos débiles sollozos cerca de ahí y todos se dirigieron hacia la fuente de los sollozos.

Lo que encontraron congelo su sangre.

Los dragones comenzaron a aullar de una forma extraña; a su pesar, se unieron Chimuelo y Dientuda. Los vikingos se quedaron desconcertados con la reacción de los dragones.

Los sollozos provenían de una pequeña figura de cabello rojo que estaba sentada en el suelo con alguien entre sus brazos. Al escuchar el canto de los dragones, comenzó a llorar desconsoladamente.

Estoico y Hakon comenzaron a caminar torpemente hacia la pequeña figura, pero al mirar más de cerca, Estoico cayó al suelo de rodillas, derrotado. Hakon coloco una mano sobre el hombro de su hermano.

Hipo estaba muerto.

La reacción de los jóvenes vikingos fue desgarradora. Astrid, Los gemelos, Patán y Patapez se quedaron realmente en shock; la primera vez había sido un susto. Esta vez era real. Astrid no sabía cómo reaccionar.

Vikingos y piratas se quitaron su sombrero en respeto a los fallecidos. Los dragones no habían dejado de aullar en ningún momento; sin embargo Chimuelo no aullaba, gemía dolorosamente. Hipo había perdonado su vida a pesar de las creencias del vikingo; Hipo había sido el único vikingo capaz de derribar a uno de su especie, y en lugar de matarlo como el resto, lo ayudo a volver a volar. Hipo era su única familia, su verdadera familia.

Estoico había querido correr hacia su hijo, pero Hakon lo había detenido del hombro.

Los sollozos de Audrey cesaron.

Un fugaz recuerdo atravesó la mente de la pelirroja. Estaba destrozada. Llevo su mano dentro de su camisa y tomo un objeto de metal y lo arranco de su cuello. Era un collar. Lo puso sobre la herida del abdomen del castaño y luego apoyo su cabeza sobre él. Después pronuncio unas palabras que apenas eran audibles.

Las lágrimas comenzaron a recorrer sus ojos mejillas, presiono con fuerza el collar contra la herida que todavía emanaba sangre. Trato de tranquilizarse y comenzó a recordar aquellos tiempos cuando ambos eran pequeños y jugaban con inocencia en la nieve; cuando ambos pasaban horas dibujando hasta quedar dormidos en la sala. Cuando ambos eran realmente felices y no sabían.

A pesar de ser un hombre fuerte, a Estoico se le escapo una pequeña lágrima de los ojos; Astrid estaba igual, destrozada. Todos estaban destrozados.

Audrey volvió a recitar palabras, ahora con voz trémula.

Sus lágrimas llegaron hasta el collar y colaron hasta la herida del muchacho. El collar comenzó a brillar, pero ella no se inmuto, se quedó quieta, abrazando el cuerpo inerte de su primo. El collar brillo con más intensidad; la herida del chico comenzó a brillar también.

Aquel extraño collar dorado con un rombo y pequeños diamantes colgando de él, con el nombre Audrey grabado en él, comenzó a brillar con la intensidad de una estrella. Los diamantes reflejaban aquella luz.

Al notar la brillante luz, todos pusieron sus ojos en ambos primos.

Audrey no se movía, el collar seguía brillando, el corazón de Hipo no latía. El collar comenzó a tomar más intensidad a medida que Audrey más apretaba a Hipo contra ella, manchando más su camisa con sangre.

Fue entonces que comenzaron a brotar estrellas de cuatro puntas, tanto de la herida de Hipo como del collar. Se hizo un espectáculo de luces. Elegantes tiras de luz comenzaron a bailar entre ellos y la multitud presente. Una estrella de buen tamaño surgió como una flor renaciente de entre ambos. Todos miraban sorprendidos. ¿Qué está pasando? Se preguntaban.

Audrey separo un poco el cuerpo de Hipo del suyo, y miro fijamente sus ojos cerrados.

-Audrey…-Hipo abrió los ojos perezosamente. Los sentía enormemente pesados. A Audrey se le llenaron los ojos de lágrimas.-… Tía Isancy te manda saludos.-dijo débilmente.

Audrey sonrió de oreja a oreja. Y abrazo al castaño, y este le devolvió el abrazo.

Hipo había vuelto a la vida.

Todos gritaron de felicidad. Estoico comenzó a llorar de felicidad. Los jóvenes vikingos comenzaron a saltar. Chimuelo y los demás dragones rugieron jovialmente.

Después de unos segundos de abrazarse, Audrey perdió la conciencia y todos se dirigieron hacia ambos chicos.


Estaba acostada sobre una cama, su cabello caía en bucles sobre sus hombros. Las ventanas estaban cubiertas por unas persianas rojas. Abrió lentamente sus ojos y su dragón se acercó rápidamente a ella. La miro con aquellos ojos verdes y grandes como si fuese la primera vez que se veían. De la garganta del dragón surgían pequeños sonidos. Ella sonrió.

-No tenías que hacerlo.-Dijo él. Desde el fondo de la habitación.

Su mirada estaba un poco borrosa, pero luego se adaptó un poco y pudo diferenciar a la persona que hablaba con ella.

-No digas tonterías.-respondió con voz ronca.

-No son tonterías.-replico Hipo firmemente.- ¿Qué fue realmente lo que hiciste?

-Sacrificio.-Respondió Audrey con la mirada perdida.-Es una hechizo que, realmente, no sé cómo explicar.-dijo.-Solo sé que ya no puedo usar magia.

-Ya lo sé.-dijo el con tristeza.-Tu papá me lo dijo.-Hipo se acercó a Audrey.- ¿Qué le paso a tu cabello?-pregunto al notar que el cabello de Audrey ya no era ni lacio ni naranja, sino ondulado y marrón oscuro.

-Lo lacio era un hechizo, lo marrón es mi color natural.-respondió.-Los hechiceros con un poco complicados ¿Savvy?-explico con picardía.

-Como digas.-dijo Hipo.-Ven.-le hizo un ademan con la mano.-quiero que veas algo.-dijo con una sonrisa.

-Ya sé cómo luce el muro de Isla del Naufragio, Hipo. Prefiero no verla.-rezongo.

-No importa, ven.-repitió.

-Está bien.-contesto a regañadientes, y de la misma forma de levanto de la cama.

Ambos se dirigieron a la puerta de madera; estaban en un barco, no en la tierra. Atravesaron la puerta y llegaron a una habitación más grande que era el camarote del capitán. En otro extremo de la sala había una puerta doble.

Se dirigieron a la puerta y una vez frente a ella Hipo se detuvo.

-¿Lista?-pregunto, sonriente.

-¿Para ver el muro de Naufragio? Si.-contesto, sarcástica y puso una mano sobre la puerta dejando ver parte de su antebrazo.

Hipo tomo el brazo de Audrey y lo observo.

-¿Qué te paso?-pregunto remangando la manga azul. Audrey llevaba la camisa de William porque la de ella se había manchado de sangre.

-Otro hechizo, era para desaparecer algunas cicatrices.-respondió levantando el otro brazo y mostrando la cicatriz de una quemadura.- ¿Ves?

-Si.-Dijo soltando el brazo de Audrey.-Luego me enseñas todas. Ahora tengo que mostrarte algo.-dijo con apresuro.

-Está bien. Vamos.-dijo Audrey.

Hipo tomo el cerrojo de la puerta y tiro de él. La puerta se abrió, pero los ojos de Audrey todavía no se adaptaban a la luz, estaba prácticamente ciega. No podía distinguir el lugar en donde estaba. Era un misterio.

Hola. ¿Qué les pareció? ¿Les gusto? ¿Los hice llorar? No creo. ¿En qué lugar estará Audrey y los demás?

Bueno, este es, prácticamente, el penultimo capitulo.

Comenten que les pareció, me haría feliz

Hasta el próximo capítulo y gracias a por sus lecturas.