Bella.
-Hola, papá.-Le sonreí a mi padre cuando abrió la puerta, pero él, como siempre que venía, no apartó sus ojos de Nessie.
-¡Mis niñas!-Exclamó, mientras se hacía a un lado para dejarnos pasar.-…Y Edward.
-Buenos días, Charlie.-Edward estrechó su mano, y Nessie estiró ambos brazos hacia su abuelo.
-¡Ven aquí, pequeña!-Charlie, eterno enamorado de mi hija, la tomó en brazos inmediatamente.
-Gracias por cuidarla, papá.
Charlie hizo un gesto despectivo con su mano libre.
-Sabes que no es ningún esfuerzo. Adoro pasar tiempo con mi pequeña.-Respondió con una sonrisa de oreja a oreja.
A veces no podía creerlo.
Al recordar lo alterado que se puso cuando se enteró sobre mi embarazo, y la forma en la que casi golpea a Edward, me dan ganas de reír ante el enorme cambio que Nessie provocó en él.
Era su debilidad, definitivamente.
-Nosotros nos iremos ahora… Adiós, y gracias, papá.-Me acerqué a él para depositar un beso en la mejilla, y esperar a que ambos hombres estrecharan manos antes de salir por la puerta.
-Pásenlo bien.-Respondió Charlie antes de cerrar la puerta.
-¿A dónde me llevarás?-Pregunté en un murmullo mientras caminaba hacia el coche, con el brazo de Edward sobre mis hombros.
Mi cobrizo rió antes de enterrar acercar su rostro a mis cabellos, inspirando mi aroma.
-Sorpresa.-Susurró, antes de abrirme la puerta del coche y dejarme entrar.
Odiaba las sorpresas, y él lo sabía.
Lo miré, frustrada, mordiéndome el labio, y él, divertido, se limitó a sonreírme ampliamente.
El camino sucedió en silencio.
Había algo sin resolver entre nosotros, ambos lo sabíamos, pero preferíamos no tocar el tema para no discutir.
Edward estacionó el coche frente a un edificio cerca de casa.
El lugar era nuevo, moderno y sofisticado.
Enormes vidrieras cumplían el papel de paredes, y unos pulidos pisos de madera cubrían todo el suelo.
Mi cobrizo mi guió de la mano hacia el ascensor, mientras yo no paraba de comerme con los ojos todo mi entorno, y él me miraba con aquella sonrisita de ternura que me calentaba las entrañas.
-¿Qué hay aquí?
-Pequeña…No seas impaciente.-Susurró dentro del ascensor, antes de inclinarse a besar mi coronilla, y yo le dediqué una mirada inquieta.
20…30…40…
Inspiré hondo, mientras los pisos se sucedían unos tras otros. Estábamos solos allí adentro, y eso no hacía más que aumentar la siempre presente tensión sexual entre ambos.
53.
Al ascensor se detuvo, y las puertas se abrieron.
Miré, con los ojos abiertos como platos, el lujoso restaurante que se encontraba frente a mí.
-Es mío.-Murmuró Edward, y abrí todavía más los ojos, mientras lo miraba.-Deja de mirarme así, vamos.-Susurró divertido, tomándome del codo y avanzando.
El tintineo de los cubiertos y una suave música de fondo inundaban el lugar. Risas, conversaciones. Era un lugar agradable, sumamente lujoso, pero confortable.
-Es tan lindo.-Susurré cuando Edward corrió mi silla hacia atrás y yo me senté frente a una mesa de manteles color manteca y utensilios plateados.
A nuestra derecha se alzaba un enorme ventanal, dejándonos ver las brillantes lucecitas de la ciudad debajo de nosotros.
Edward se sentó frente a mí, todavía sonriendo torcidamente.
Cielos, qué hermoso que era este hombre.
Mi hombre.
.
Edward.
Solté una carcajada cuando mi Bella miró el plato frente a ella con sospecha.
-Son ostras.-Le informé, y ella frunció todavía más el ceño.
-Son raras.
-Lo sé.
Le expliqué el cómo debía comerlas cerca de tres veces, pero ella seguía estando insegura, por lo que finalmente me cambié de silla, a su derecha, y la ayudé.
-¿Sabes a qué me recuerda esto?-Susurró cuando hubo terminado de tragar su segunda ostra.
-¿A qué?-Pregunté, llevándome la copa de vino a los labios.
-A cuando me diste de comer en la Isla Esme, cuando nos acabábamos de conocer. Más bien, me engatusaste para que comiera-Reprochó, mirándome con una sonrisita.
Solté una carcajada.
-Y tú querías hacer una huelga de hambre, cariño. No iba a permitirlo.
Bella sonrió divertida antes de tomar una ostra y comérsela ella sola.
La miré, fingiendo orgullo, y me rodó los ojos.
-Debía rebelarme en tu contra de algún modo. Eras mi secuestrador, no lo olvides.
-Me adorabas ya desde ese entonces.
Jadeó, y me pegó un golpecito en el brazo.
-Egocéntrico.
Luego, todo pasó demasiado rápido.
Estaba a punto de responderle, pero alguien gritando mi nombre me hizo alzar la mirada.
Dos de mis guardias venían corriendo hacia nosotros, mientras todos en el restaurante los miraban, perplejos.
Con el ceño fruncido, me puse de pie, pero uno de ellos, Willian, se arrojó sobre mí antes de que llegara a estar completamente parado, y me arrojó sobre el suelo.
-¿¡Qué mierda-
-¡James, señor, está aquí!
¿James? ¿¡Qué carajos!?
-¡Sal de encima, William!
Un disparo.
Dos.
Arrojé al guardia a un lado, buscando desesperado a Isabella entre toda la multitud histérica.
Mi castaña estaba justo detrás del otro guardia, hecha un ovillo sobre el suelo.
-¡Señor, Emmett y el resto están viniendo, deben esconderse! ¡Lo están buscando!
Sin dudarlo más, tomé a Bella en mis brazos, y caminando en contra de la corriente de personas que corrían hacia el ascensor, dirigí mis pasos hacia una de las puertas de servicio.
Irrumpí en la cocina con Bella todavía apretada contra mi pecho, y esquivé las encimeras hasta llegar a un desesperado cocinero, que no sabía hacia qué lado correr.
-El frigorífico.
-A-allí.-Señaló una puerta blanca a mi derecha, y la abrí de una patada, dejando a Bella en el suelo, entre medio de todas aquellas comidas congeladas.
Mi castaña estaba temblando, mirándome con los ojos abiertos como platos.
-Quédate aquí. Ni se te ocurra salir, ¿Oíste?-No apartó sus ojos de mí, pero no respondió.-¿¡Oíste!?-Asintió, nerviosa, y con una respiración profunda, giré sobre mis talones y salí por la puerta.
.
Bella.
Un minuto.
Dos.
Edward no me conocía en nada si de verdad pensaba que podría quedarme allí, parada, sin hacer nada.
Abrí la puerta con lentitud. No había nadie en la gigantesca cocina, y salí a paso lento, caminando pegada contra la pared, hasta la puerta.
Había un arma allí. Unos centímetros al lado del marco de madera oscura. Mi mirada se elevó unos cuantos centímetros más, y contuve un grito.
William. El chico que estaba tirado en el suelo, muerto. Era William. El chico que se había arrojado sobre Edward.
Me acuclillé en el suelo, y tomé el arma lo más rápido que pude.
Nunca en mi vida había disparado un arma, y el metal frío me producía escalofríos.
Asomé un ojo por la puerta.
Todavía se oían gritos, y uno que otro disparo.
Edward estaba detrás de una mesa tumbada, intentando reavivar al otro guardia que yacía en el suelo.
Había cuatro hombres más en el suelo unos metros más allá. Estaban todos muertos.
Caminé un paso fuera de la cocina.
Dos pasos.
-¡Isabella, vuelve, maldita sea!-Edward me miraba con los ojos desorbitados desde detrás de la mesa, y luego todo fue increíblemente confuso.
Uno de los hombres tirados en el suelo, parecía estar muerto, pero repentinamente alargó un brazo, y logró alcanzar un arma que descansaba unos centímetros más allá.
Apuntó a Edward. Dios santo, iba a matar a Edward.
No lo pensé. No tuve tiempo.
Simplemente levanté mi arma y disparé.
El hombre cayó al suelo nuevamente.
Con un jadeo, dejé caer la pistola al suelo, mirando al hombre muerto horrorizada.
Lo había matado.
.
Sí, ya sé, no se entiende nada, pero en los próximos capítulos las cosas se empiezan a aclarar, lo prometo. Perdón por la demora también, no tengo ninguna excusa, es que simplemente…no tenía ganas de escribir. Siempre estaba muy cansada para hacerlo y pues… Recién hoy lo pude terminar. Lo siento, prometo no tardar tanto nuevamente.
Adoro ver que les haya gustado la secuela, un millón de gracias por los reviews. Un beso gigantesco para todas.
Emma.
