Ma-ta-do.

Yo había asesinado a un hombre.

El pánico se apoderó de mí. A mí alrededor todo lucía tan confuso.

Sólo pude reparar débilmente en los hombres que entraron corriendo, guiados por Emmett, en el griterío que inundó el lugar, y en Edward, que me tomaba en brazos, hablándome.

No podía oír lo que decía. Sólo veía sus labios moverse frente a mí, como en cámara lenta.

Las imágenes estaban distorsionadas, y comencé a hiperventilar.

Edward seguía hablándome, con los ojos fuera de lugar.

Luego todo se volvió negro

.

Alguien estaba acariciando mis cabellos acompasadamente.

Edward, era Edward. Me abrazaba por detrás, mientras me consolaba tiernamente.

Olía a casa.

Me giré entre sus brazos, y me encontré de lleno con sus preciosos ojos verdes y su rostro, algo más pálido de lo normal.

Edward no dijo nada, y yo tampoco lo hice. Nos miramos durante minutos, en silencio, evaluando el estado del otro sin decir palabra.

Sin previo aviso, el horror me golpeó con fuerza.

-Sh, tranquila.-Edward me estrechó contra su pecho, mientras sollozos desgarradores escapaban de mi pecho sin control.

-Re-Reneesme.-Logré susurrar entre lágrimas.

-Está con Charlie, dejé a cinco guardias protegiendo a Charlie cuando nos fuimos. Los llamé, nada sucedió allí.

Me sentí más aliviada, pero el espanto seguía allí, muy presente.

-Mis manos.-Murmuré, contemplando las palmas de mis manos con los ojos muy abiertos.

-¿Qué sucede con ellas?

-Están manchadas de sangre.-Susurré, y Edward las tomó entre las suyas, acercándolas a su boca para besarlas, primero una y luego la otra.

Las levantó, examinándolas cuidadosamente.

-Yo no veo ni una sola mancha en ellas.-Declaró cuando hubo terminado, y volvió a estrecharme entre sus brazos.

Rendida, me dejé rodear por aquella bruma de dolor, sollozos y palabras de consuelo susurradas.

-Esto tiene que parar.-Susurré finalmente, cuando mis ojos ya estuvieron irritados por tantas lágrimas derramadas.

-Ya hablamos sobre esto.-Lo sentí tensarse bajo mis manos, pero su voz no sonó brusca como pensé, simplemente decidida.

No lo haría.

No lo intentaría.

-Necesito darme un baño.-Mascullé, y él se relajó ante el cambio de tema.

Se incorporó conmigo en brazos, y me cargó hasta el cuarto de baño.

Con paciencia, me ayudó a despojarme de mi vestido, y luego me miró fijo.

-¿Quieres que me valla?

-No.-Respondí al instante.-Quédate.

Lo necesitaba ahora.

Ahora más que nunca, luego de haber tomado mi decisión.

Me dejé hacer, mientras Edward me enjabonaba como a una niña pequeña.

Acaricié sus cabellos bronce empapados, mientras él frotaba mis piernas acuclillado frente a mí, y él levantó el rostro, para dedicarme una de esas sonrisas preciosas que conseguían hacerme sonreír todo el tiempo, pero que ahora provocó un vuelco en mi corazón.

Lo amaba tanto. Tanto que dolía.

Tanto que nunca podría soportar el verlo muerto.

Y por eso necesitaba irme.

.

Cuatro horas más tarde, a las cinco de la mañana, me separé de Edward con suavidad, y me levanté de la cama, caminando hacia la habitación de Reneesme.

Tomé el bolso que había escondido bajo la cama de mi hija, ese que había preparado hace unas horas, mientras Edward me preparaba un café, y volví a caminar a nuestra habitación.

Deposité el bolso en la puerta, y me acerqué a Edward una vez más.

Por última vez.

Mi cobrizo dormía boca abajo, con el rostro vuelto hacia un lado, y todos los cabellos revueltos.

Edward Cullen, tan peligroso despierto. Tan dulce como un niño dormido.

Inspirando hondo, deposité la carta que había escrito sobre la mesa de noche, y acaricié su rostro por última vez antes de partir.

Logré salir sin ser interceptada. Sabía que los guardias tenían órdenes estrictas de no molestarme, pero en cuánto pudieran, le avisarían a Edward que había partido.

Debía ser rápida.

Tomé la carretera hacia la casa de mi padre, y conduje con rapidez y determinación.

Sin mirar atrás.

Era extraño, porque pensé que dolería. Pensé que mi corazón se rompería en mil pedazos.

Pero no fue así. En lugar de eso, no sentía nada.

No sentía absolutamente nada, lo cual era peor, porque sabía que cuando la realidad me golpeara de golpe, y ya no encontrara a Edward a mi lado, el dolor sería insoportable.

.

Edward.

Resoplé, molesto con aquel maldito rayo de sol que no paraba de caer directo sobre mis ojos.

Intenté volver a dormir durante unos cuantos segundos, y cuando por fin me di por vencido, estiré un brazo, buscando a Bella por la cama, extrañado de no tenerla durmiendo justo encima de mi pecho, como siempre.

Frunciendo el ceño, miré a mi lado.

Bella no estaba en la cama.

Quizás había madrugado, y había decidido preparar el desayuno, lo cual era extraño pues Bella nunca madrugaba.

No, ella dormía hasta que alguna fuerza mayor la obligara a separarse de la cama.

Me estaba poniendo de pie cuando divisé la carta, allí, doblada justo al lado del reloj despertador.

Extrañado, volví a sentarme en la cama y la desdoblé.

Una página completa escrita con la desaliñada y apresurada letra de Bella me esperaba allí.

"Edward:

Siento estar haciendo esto. No sabes cuánto. Edward yo… te amo. Te amo demasiado, y espero que nunca olvides eso.

Intenté hacerte entrar en razón, Edward, pero no quieres escucharme. No puedo seguir con esto. No puedo seguir viviendo con miedo. Sabiendo que algún día de estos algo podría ocurrirnos. A mí, a Reneesme, o a ti.

Edward, sí algún día te sucediera algo, no podría soportarlo.

No tengo un plan. No sé cómo haré para vivir sin ti de ahora en más. No sé si pueda hacerlo siquiera.

Pero debo intentarlo. Por Reneesme y por mí.

Es demasiado peligroso Edward, y nuestra niña no merece eso.

Te amo tanto que duele. Pero la idea de perderte, de verte muerto…me pone enferma.

Ayer hice algo que nunca creí poder hacer, Edward. Asesiné a alguien. Y realmente no me importa cuáles fueron los motivos. Lo hice.

No puedo vivir con eso.

Necesito terminar con todo… Empezar de nuevo.

Te imploro que no nos busques, no ahora.

Quizás luego, cuando todo haya amainado un poco.

Lo siento tanto, cariño.

Siempre tuya.

Bella."

No. No. No. ¡Mierda, Isabella, no!

Arrojé la carta al otro extremo de la habitación, y hechando chispas, me puse de pie para revisar nuestro vestidor.

No se había llevado toda su ropa, sólo un poco. Igual que la de Reneesme.

Se había ido.

Se había llevado a nuestra hija con ella.

Y me había dejado.

Y a pesar de que intenté no hacerlo, supe que la culpa era mía.

Ella lo había dicho. Me había pedido por favor que parara con todo esto, y yo no la había oído.

Y ella se había marchado.

Mi Bella me había dejado.

Caí sentado contra la pared de la habitación de Reneesme, frente a su cama.

Faltaban algunos de sus muñecos de felpa.

Y amargas lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.

¿Hacía cuánto que no lloraba?

¿Por qué me dolía tanto el pecho?

'Te imploro que no nos busques, no ahora'.

Si Isabella de verdad pensaba que no la buscaría hasta el fin de la tierra, y no la traería de vuelta así fuera a la fuerza, era porque no me conocía en nada.

.

Computadora rota.

Es toda la excusa que puedo dar.

¡De verdad siento tanto la tardanza!

Mi computadora murió hace algo así como una semana, y yo casi muero con ella. Es que es mi bebé

Pero bueno, la vida sigue, y aquí les estoy escribiendo desde la computadora que mi queridísima abuela me donó, que tiene un Word rarísimo que se cierra cada tres minutos y me pierde parte de lo escrito.

Pero he llegado al final, a pesar de los obstáculos, y aquí les traigo el nuevo chapter. Prometo que el próximo será largo largísimo, y super interesante.

Un beso, y mil gracias por leerme a pesar de todo!

Emma.