Bella.
Alice sollozó una vez más sobre mi hombro, y yo la estreché más entre mis brazos, dejando que un par de lágrimas también se deslizaran por mis mejillas.
-Él estará bien, Al, ya lo verás.
Otro sollozo. Miré a Emmett desde el asiento trasero del coche, y él, desde el asiento del conductor, me miró con los ojos muy abiertos.
Estaba nervioso, y yo también lo estaba.
Estar aparcados detrás de la casa de Brian Cast no era lo más seguro que podía hacerse, pero no pensaba largarme hasta que Jasper y el estúpido del padre de mi hija aparecieran por aquel camino de tierra que guiaba al jardín trasero de Cast.
Alice sollozó otra vez, y yo sentí un nudo cada vez más grande formándose en mi estómago.
¿Porqué no aparecían de una vez y nos largábamos de allí? ¿Estaría bien Jasper? Por favor, que lo esté.
Lo único que deseaba en aquel momento era verlos aparecer y poder por fin buscar a mi niña de vuelta y comenzar nuestra vida de nuevo. Una vida normal.
Treinta minutos más pasaron, y Emmett miraba el espejo retrovisor casi con espanto. Alice temblaba en mis brazos y yo lloraba silenciosamente. De tristeza, enfado, e impotencia.
-¡Allí!
Los tres ocupantes del coche nos giramos con tanta brusquedad que Alice consiguió de alguna manera golpearse la cabeza contra el techo del auto, pero ni siquiera se inmutó, y soltó un gritito de alegría cuando identificó a las dos personas que venían corriendo hacia el coche.
Edward y Jasper.
Inmediatamente, la morena se lanzó a a puerta del auto, pero la sostuve por el brazo.
-Espera.- Con un dedo señalé detrás de los dos hombres.
En las sombras de la noche, otras dos figuras venían corriendo detrás gritando improperios.
-¡Arranca el coche, Emmett!-Emmett obedeció de inmediato, y no llegó a suceder un segundo antes de que un desastre ocurriera dentro del auto, cuando Jasper abrió la puerta del asiento trasero y se lanzó dentro del coche, al mismo tiempo que Edward se lanzaba en el asiento del acompañante.
-¡Sal de aquí, ahora!-Exclamó Edward, y el coche salió corriendo de allí, levantando una nube de tierra detrás nuestro.
Me dejé caer sobre el asiento, respirando hondo por primera vez en mucho tiempo, y sonreí al ver a Alice y Jasper abrazándose con fuerza al lado mío.
Miré hacia adelante, fijando mi vista en la nuca de Edward, delante mío.
Cómo hubiera deseado que me abrazara muy fuerte entre sus brazos en aquel momento, que me dijera cuánto me amaba y que me asegurara que todo estaría bien ahora. Justo lo que Jazz estaba haciendo con Alice. Todo lo contrario a lo que él había echo.
Una nueva oleada de rabia me recorrió por completo, y como sí lo hubiera llamado, Edward se giró y me miró por encima del hombro.
No pude interpretar su mirada, así que desvíe la mía y me concentré en la ventanilla, deseando con todas mis fuerzas que no notara la lágrima que se deslizó por mi mejilla derecha.
.
Media hora más tarde, Emmett aparcó frente a la casa de Jazz y Alice, y se marchó su hogar.
-¿Se quedarán aquí?
-No, iremos a buscar a Reneesme ahora mismo.
-Edward, deben estar cansado.
-¿Tú estás cansada?- Por primera vez desde que salimos de allí, Edward se dirigió a mí, y yo negué levemente con la cabeza, sin siquiera mirarlo.- ya ven, iremos por Ness ahora, Jazz, ¿Me prestas tu coche?
Jasper tomó las llaves de la cochera y se las pasó a Edward.
-Elige el que quieras.
Veinte minutos sin hablar.
El camino era largo, y vacío a estas horas de la noche.
Edward había echo un comentario sobre eso, intentando entablar conversación. No le respondí.
-Háblame.-Susurró en cierto momento del viaje.
Me limité a hacerme un ovillo en mi asiento y voltear el rostro, mirando por la ventanilla, escondiendo las lágrimas que no paraban de caer.
-No llores, nena.- No respondí, y él pareció por fin llegar a su límite, porque en un segundo ya había tirado el coche al borde de la carretera, y golpeó el volante con fuerza.- ¡Lo siento! ¿Bien? ¡Lo siento! ¡Sí, soy un imbécil, te traté mal y me merezco esto, pero no lo soporto más, Isabella!- lo miré fijamente mientras gritaba, hasta que se relajó, dejándose caer contra su asiento y cerrando los ojos.- No soporto que no me hables, y no soporto verte llorar, nena. Lo siento.
Inspiré, y abrí la boca, por fin.
-Te enfadaste conmigo, y yo había estado arriesgando mi vida por ti.
-Lo sé.
-Me gritaste.
Asintió.
-Lo hice.
-No me abrazaste. Llevo sin verte tanto tiempo... Pensé que podrías morir, pensé que yo podría morir, lo único que quería era que me abrazarás, me besarás y me dijeras que todo iba a estar bien. No lo hiciste.
Edward abrió los ojos, y giró la cabeza hacía mí.
-Yo... El verte así...-Suspiró.- Me tomaste desprevenido, Bells. No entendía qué sucedía, que... De todas formas, fui un idiota. Lo siento mucho.
Inspiré hondo antes de quitarme el cinturón de seguridad y acercarme un poco a él.
Lo miré de manera interrogativa y él no tardó ni un segundo en tomarme en brazos y llevarme al asiento del conductor junto a él.
Me abrazó con fuerza por la cintura, enterrando el rostro en su lugar favorito, entre mis senos.
Rodeé su cuello con mis brazos, y besé su cabeza repetidas veces, como él solía hacer cuando me consolaba.
-Lo siento.
Su voz sonó ahogada, y un pinchazo de deseo me recorrió por completo cuando su aliento caliente traspasó la fina tela de su camisa y me erizó la piel.
-Estás perdonado.
-Y gracias.- Volvió a susurrar.
-No hay de qué. Y, nene, tengo que avisarte que sí sigues hablando contra mis tetas, no llegaremos a Castle Combe nunca más.
Se rió, y yo gemí levemente.
-Edward...-Me quejé.
-No aguanto para tenerte en la cama y no dejarte salir de allí en días.
Sonreí, y lo besé una vez en los labios antes de devolverme a mi asiento.
.
Edward.
Tomé a mi hija en brazos y la estreché contra mi pecho una vez más antes de dejarla en su cuna.
-Te amo, pequeña.
Luego de dejarla, me giré para ir hacia a habitación de la casa que había alquilado para Bella en Castle Combe, y me la encontré apoyada contra el marco de la puerta, sólo cubierta por una bata luego del baño, sonriéndome ampliamente.
-¿Sabes algo? Creo que no hay nada más caliente que ver a un hombre abrazando a su hija.
Le fruncí el ceño en broma mientras me acercaba a ella.
-Eso es raro, Bells.
-Es la verdad.-Se defendió, encogiéndose de hombros.
Estiré mi mano y desaté el inestable nudo de su bata, para abrírsela y apretar sus pechos cariñosamente.
Ella se arqueó contra mí, de esa manera tan sensual que tenía de hacer todo. Esa manera que me volvía loco.
-Te amo tanto. Tanto.
Susurré, bajando la cabeza para besarla lentamente.
-Te amo.
Respondió.
Dos palabras.
Sólo dos palabras que le daban sentido a mi vida.
.
Es corto y se que me van a odiar, pero.. Este vendría a ser el último capitulo de historia. Lo próximo seria el epílogo y... Fin. De verdad, perdón si querían algo más, pero realmente necesito terminar con esta historia. Mi imaginación no da para más con esto, y a pesar de que intenté crear algo más para alargarla, quedaría demasiado traído de los pelos, por decirlo de alguna manera. Últimamente mi vida es un desastre, así que pido perdón también por actualizar cuando se me da la gana. Muchas gracias por soportarme y seguir ahí leyéndome a pesar de todo, son geniales. Un saludo enorme para todas.
Emma.
