Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling, este humilde fic a mi inventiva y los reviews a ustedes amables lectores.

Parte de la narrativa se la he dejado a uno de los personajes, espero se entienda y sea de su completo agrado.

(Desde la pluma de: ¿Por qué no te casaste con tío Harry?)

Disfruten el capítulo.


—¿Qué diablos fue todo eso? —exclamó Harry Potter molesto. Remus Lupin acababa de colgar el teléfono una vez que uno de sus clientes, Hermione Granger, se despidiera agradeciéndo su tiempo y la solución a su problema.

—Harry, no deberías hablar así con tus mayores. —Dijo su padrino Sirius con la seriedad contrastante a la diversión que delataban sus brillantes ojos grises.

—¡Oh no, Sirius! No me vengas después de tantos años con clases de moral. —Alegó el muchacho a su padrino en medio de sus refunfuños y alegatos. Y poniendo, por supuesto, mala cara.

—¿Ves? —interrumpió Remus que les miraba pacientemente, tal y como era su pacífica personalidad. —Te dije que debías ser un buen ejemplo para tu ahijado desde que limpiabas su trasero. —Añadió sin poder evitar hacer un poco de bulla, lo que no ayudó ni tantito a calmar el temperamento del muchacho.

—No importa si me limpiaron el trasero o no, lo que sea que hayan planeado, no quiero saberlo. —Se negó rotundamente el muchacho, sintiendo como empezaba a impacientarse y cruzando los brazos en un gesto de directo desafío.

—Me lo debes —argumentó Sirius recordando los malos ratos que pasó cuando Harry era una bolita de ojitos verdes, cabello negro y cara redonda. —Vieras cuántas mujeres me cerraron la puerta en las narices cuando llegaba con un bebé a la cita. —Sonrió rememorando aquellos tiempos de juventud, no muy lejanos según él. —Después de todo, también hubo buenos momentos. —Agregó con una leve risa.

El aludido hizo como que no lo oía, se levantó y empezó a caminar por la oficina como un león enjaulado, con las manos en su cintura. Remus aprovechó el momento de silencio. Conocía tanto o más a Harry que a su propia esposa, para saber que terminaría aceptando. —Escucha el plan, Harry, antes de que te niegues rotundamente.

—¿Negarme?, exactamente, ¿a qué te refieres?. —No hizo falta seguir preguntando, repentinamente entendió todo. —¡Ah, no!, no pienso ir a la casa de esa solterona. Remus, tú te comprometiste, tú lo solucionas.

—No seas terco, Harry —replicó amablemente Remus sin perder pizca de su paciencia. —Solamente serán un par de semanas. Todos saldremos ganando. —Al último segundo comentó —Harás lo que tanto te gusta y te vendrá bien.

Y eso era algo muy cierto. Desde que Harry Potter tenía memoria, había descubierto muchas cosas que disfrutaba haciendo. Le gustaba probarse a sí mismo.

—Anda cervatillo. —Volvió a hablar su padrino con esa voz cariñosa con la que lograba todo. Después de cuidar al muchacho por muchos años, sabía que puntos tocar, pues como su padrino y mejor amigo del padre de Harry, podía asegurar que conocía a la perfección el carácter de su ahijado, tan similar al de su padre. —Eres el mejor en esto y estoy de acuerdo en que unos días lejos de la oficina te caerían muy bien, has estado bastante estresado. Y no queremos que te sientas presionado, pero el proyecto más importante del año arrancará en algunos meses y necesitaremos que estés al cien.

—Bien, ¿Qué tengo que hacer?. —Preguntó tras un segundo de duda. Se odiaba cuando no podía negarse a una petición directa de los merodeadores. Los hombres mayores sonrieron, sabían que sus palabras ya habían calado.

—Pues es sencillo. —Explicó Remus Lupin con rápidez, antes de que el jóven tuviera otro arranque de molestia, mientras Sirius sonreía imperceptiblemente. Todos sabían que Harry era tan capaz como explosivo. —Terminas los detalles de la casa de esta clienta. Nada de trabajo de oficina. Y como sabemos que no te gusta tomar vacaciones, por eso de "perder el tiempo en trivialidades", pues ayudarías a la empresa. Además que la carpintería se te da muy bien, prácticamente estamos enviando a nuestro mejor general al mando.

—Querrás decir al más manipulable soldado razo. —Gruñó el chico y asintió no muy convencido, pero cediendo a fin de cuentas. Trabajar con madera era una actividad que disfrutaba mucho y quería comprobar que no había perdido el toque. Sonrió. Por lo que sabía, la carpintería era también una de las aficiones de su propio padre. Una afición que dejó de hacer debido a sus responsabilidades en la compañía. Donde, apesar de su éxito, no encontraba ese sentido de pertenencia.

—Ya todo acordado, ¿vámonos a comer, no?. —Sonrió Sirius poniéndose de pie revelando toda su altura. Con su metro setenta y cinco hacía lucir sus encantos con las mujeres.

Sirius Black era legalmente el padrino y tutor de Harry. Era un hombre atractivo, de cabellos perfectamente peinables e intenso mirar. Siempre estaba impecablemente afeitado y perfumado. Adoraba ir tres veces por semana al spa y sus trajes de diseñador bien combinados.

Remus Lupin era otra historia. Castaño y algo más bajo que Sirius, también más sencillo y nada preocupado por su apariencia, pues de eso se encargaba su esposa. A diferencia de Sirius, él sí estaba casado. Al principio había tenido sus reservas, pero Nymphadora Tonks había entrado a su corazón y ahora esperaban un retoño al que llamarían de cariño Teddy.

Aunque el tutor legal era Sirius, Remus había formado parte de la vida de Harry. Tanto Remus como Sirius habían cuidado y visto por el pequeño, desde que sus padres fallecieran en un accidente cuando estaban de viaje por el medio oriente. La muerte de los Potter había sido una pérdida muy grande para todos aquellos que los conocían. Habían sido personas muy queridas aún en el mundo de los negocios y reconocidos por su honradez, justicia y lealtad en sus tratos.

La historia de Sirius Co. se inició cuando el mismo Sirius, Remus y James, el padre de Harry, se habían hecho amigos en el colegio. Estudiaron juntos en la misma universidad y graduándose, formaron su propia empresa. Sirius puso gran parte de su fortuna, James invirtió la herencia familiar y Remus metió los ahorros de toda su vida en ello. Gracias a sus esfuerzos, consiguieron el financiamiento por el banco Commonwealth y fue como comezó todo.

Trás su éxito como Dream Builders, empezaron sus proyectos de expansión y al cabo de unos pocos años, debido a la demanda de sus servicios, tuvieron que rediseñarse. Por asesoramiento de imagen, la compañía llegó a hacerse de su actual nombre. Y la propia asesora a cargo se enamoró y casó con uno de ellos. Lily Evans vino a ser el nuevo empuje a la empresa y a ser la señora Lily Potter. Lily y James se unieron en matrimonio y un año después tuvieron a Harry.

La empresa siguió avanzando de bien a mejor. Un día, cuando Harry ya tenía cinco años, sus padres fallecieron. Sirius se lo llevó a vivir con él a una de sus propiedades. Se hizo cargo del huérfano al tener el papel de tutor legal y al rechazarlo los únicos parientes que tenía Lily, la madre de Harry. Pero Sirius y Remus opinaron que mejor para ellos, así no tendrían que soportar a los Dursley. Así que Sirius cuidó de Harry, al que quería como si fuera su hijo, apesar de que no quisiera tenerlos y Remus también se hizo cargo de él, pues eran una familia.

Harry, independientemente a todo, creció y se desarrolló como un niño normal. Descubrió muchas actividades donde enfocaba todo su poco dolor (ya que nunca le faltó familia, amor y diversión) y que también le dejaban cosas productivas. Aprendió a nadar y posteriormente a surfear. Pasó la adolescencia sin mayores dificultades. Se inmiscuyó en algunos deportes de equipo y deportes de riesgo. A los diesciséis, obtuvo su permiso de manejo y con ello su primer automóvil.

No satisfecho con ello, entró al mundo de las motocicletas e hizo un poco de motocross, afición que compartía con su padrino. Trabajó en Sirius Co. durante sus periodos vacacionales. Aprendió a dibujar planos y a conquistar chicas con mucha facilidad (cortesía de Sirius), pero no profundizó en ello. Además el matrimonio no estaba entre sus opciones. Pasar un buen rato con bellas mujeres sí.

Empezó a probar la carpintería cuando estaba cursando la preparatoria, tomó el taller de carpintería y el automotríz sobresaliendo en ambos. En sus ratos libres y entre semana, llegaba a hacer pequeños trabajos de carpintería con el equipo encargado de eso en la compañía familiar. Pero en la universidad, estudió para ser licenciado en finanzas. Su futuro estaba en Sirius Co. Sin llegar a ser como su padrino Sirius, quién en materia de libertada ganaba al mejor abogado del mundo, Harry era un alma más libre, con el horizonte como límite.

Esta personalidad suya estaba impregnada más que evidente, en el tatuaje de su brazo derecho (que se hizo después de ganar la competencia interestatal de rugby entre las universidades del estado), su cabello algo largo y rebelde (aunque esto de rebelde era muy natural en él desde niño) y su cicatriz en la frente (producto de una pelea en un bar). Aún así, nunca dió mucho problemas y como decía Sirius: Dejemos que se divierta, un par de broncas no le van mal a nadie.

Por ese tipo de comentarios, Molly Weasley no se llevaba muy bien con Sirius. Molly era la madre del mejor amigo de Harry: Ronald Weasley, el cual ahora estaba en un viaje de negocios por Europa. La gran familia Weasley estaba formada por nueve integrantes. Y desde que conocieron a Harry, fue parte de la familia, incluyéndo a Remus, Nymphadora y también a Sirius, aunque tuvieran sus diferencias.

Esta era la familia de Harry. Por eso el día que llegó a casa de los Weasley, con Ron llevándolo del brazo, ambos ebrios y algo golpeados, con el rostro sangrante de Harry (ya que en la pelea chocó contra algo punzante que le dejó esa curiosa cicatriz en forma de rayo), Molly Weasley les dió tal regañina que nunca más volvieron a beber alcohol. O al menos ya no tenían la osadía de llegar a la madriguera -como decían de cariño a la casa Weasley- bebidos pasada la media noche.

Harry, como toda persona, tuvo sus ocasionales romances. ¿Qué podía decir?, amaba a las mujeres. Se diría que su relación más sobresaliente había sido en la preparatoria, con una chica de nombre Cho Chag, quien cursaba la universidad por ese entonces y que con su descendencia asiática y piel un poco tostada, había enamorado al jóven Potter. Irresistible mujer para cualquier hombre. ¡Y vaya que lo fue!. Pues con más de uno se vió cornudo. ¿Pero que podía esperar después de su primer y más patético beso húmedo?.

Pasó el tiempo y llegó a la Universidad. Donde intentó mantenerse alejado de esas relaciones amorosas, pero cayó de nuevo y varias veces, pues todas las chicas del campus universitario soñaban con el capitán del equipo oficial de rugby. Pero la relación más relevante fue con ella. Su nombre: Ginevra Weasley. Si, nadie lo creería. Tal vez fue su cabellera pelirroja, el aroma a flores que desprendía o... Su sentir de aventura. Pero de ahí en fuera...

Después de ocho meses de salir a escondidas de su familia (por cosa de Ron, su mejor amigo y brazo derecho en los partidos de rugby) ella tuvo la oportunidad de realizar un viaje de varios meses, algo con lo que había soñado desde hacía mucho tiempo. Ginny tomó la oportunidad y medio año después, regresó y le informó que había conocido a alguien. Y por vez primera, Harry pudo apreciar en los ojos de ella, el verdadero amor que siente una mujer, no la idealización de una larga admiración desde la infancia, mezclada con la camadería tan familiar para ambos.

Terminaron en mejor situación que con Cho, siguieron siendo amigos y como nadie de la familia se enteró, todos dieron una gran acogida a su actual prometido, Neville Longbottom; un reconocido chef que siempre cultiva sus propios vegetales y cosecha sus frutas. Como sea, esto le afectó un poco a Harry pero de inmediato volvió a la carga, pues al entrar de lleno al ámbito laboral conoció más mujeres.

Mantuvo relaciones superflúas, relaciones sin compromiso, porque ya no deseaba formalizarlas. Su vida continúo, como todas, sin parar. Y ahora, la idea, o complot como él prefiere llamarlo, de Remus y Sirius (quienes se supone ven por su felicidad), le, en sus propias palabras: "han atado al arreglo de una casa librándome de mis responsabilidades de un tirón y sin importarles si yo tengo vida propia."

"A veces parece que olvidan que ya no soy un crío y que ya no deben cambiarme los pañales. No que no se los agradezca, pero me aseguré de aprender a ir solo al baño, (algo urgente, considerando el vivir con dos hombres solteros por aquel entonces) y antes que la mayoría de los niños normales".

"Ahora me obligo a volver a la realidad actual y me percato que no tengo ni idea de como llegamos a este restaurante. Me gusta este lugar, la comida italiana que preparan aquí es bastante buena, así que mejor no hago preguntas y me dedico a observar el menú, a fin de elegir algo que satisfaga mi paladar".

"No puedo evitar notar las miradas indiscretas que las mujeres dirigen a nuestra mesa, miro a mi padrino Sirius en automático y me aguanto la risa que quiere salir de mi garganta al ver como mueve su manejable cabellera que provocaría envidia aún en la más cotizada modelo de shampús. Hasta yo lo envidio, en vez de estarme poniendo las obligaciones extras que este par cree que son pequeñas actividades de expansión, debería enseñarme los secretos de su cabello manejable, que ni el más profesional y caro Jean-Pierre de París pudo dejarme".

"Me atraganto un poco con el vino rojo que bebo, para nada elegante, de sopetón (pues es bastante seco) y escucho las burlas de Sirius y siento los golpes en la espalda que Remus me está dándo, al tiempo que sigue ordenando sin inmutarse, mientras atiende por su móvil a Dora, quién en estos momentos se dirige hacia acá porque detesta esperar a que se sirva el menú. Pero yo más bien pienso que es demasiado despistada y prefiere que su esposo decida por ella, permitiéndo que no se esfuerze por recordar que ordena. Sí, visto de lejos, Remus podría hacer malabares al mismo tiempo que rescata a su esposa de un edificio en llamas que ella misma provocara".

"Sirius es más un vago, o un hippie-Clooney-bohemio, como el prefiere hacerse llamar en honor a el actor, que según él, más se le parece. Definitivamente, a Sirius no le va la vida de casado. Y si vive cerca de nosotros, es por el apego, cariño, confianza... Okay, okay, por el amor que nos tiene, entiéndase que somos su familia. Y si alguna vez, una mujer además de Dora, logra entrar en nuestras vidas, es porque acepta la responsabilidad que involucra todo el paquete".

"Algún día espero entender como es que Nymphadora logró entrar al club. Con lo despistada que es, más bien nosotros la cuidamos que ella a nosotros. Y ahora con el pequeño Teddy en camino, espero que ella también desista de buscarme una pareja estable. Lo que me hace pensar, mientras el mesero sirve un poco más de vino en mi copa y que ahora bebo con más cuidado: ¡pobre Teddy!".

"Y como si mis pensamientos fueran claros como el vino blanco chileno que bebe Sirius, para acompañar su filete de salmón, llega Dora golpeándome con una enorme bolsa blanca que pone David Jones en letras negras. Es esa exclusiva tienda departamental aquí en Australia y deduzco sin preguntar, que ha estado haciendo compras para el nuevo integrante del grupo; el nuevo merodeador".

—¡Que buen vino! —exclama Sirius dando un largo trago e indicando al mesero que nos atiende que vuelva a rellenar su copa. Cuando él dice "que buen vino", es porque está dispuesto a beber la botella completa. A estas alturas ya estamos por la mitad del plato principal de la comida de hoy.

—¡Sirius!, ¡que estoy hablando! —dice Nymphadora dando un golpecito a mi padrino y fingiendo indignación.

"Curiosamente, ambos son primos. Algo lejanos, pero primos al fin y al cabo. Fue una gran sorpresa cuando Remus anunció que quería presentar a su prometida, y como somos prácticamente su única familia, Sirius insistió en hacerlo en un crucero por el mediterráneo. Aprovechando que estabamos negociando por ahí, invitó a algunos amigos cercanos (sorpresivamente más de cincuenta incluyendo a los Weasley) y a una que otra persona con quienes comparte parentesco de sangre y con los que aún mantiene contacto".

"La historia de Sirius no viene ahora al caso, pero he de decir que su familia se opuso rotundamente a que invirtiera en algo tan riesgoso con sus amigos, poniéndo en riesgo toda su fortuna. Antes de que pudieran desheredarlo, invirtió todo. Aunque posteriormente resultó que solo fue una parte, pues un tío le dejó su fortuna felicitándolo por dejar de lado el "nido de serpientes", tal y como él había hecho en su juventud logrando su fortuna por otros lados. Cabe decir que hasta el día que un notario le informó de su herencia, nunca había escuchado de aquel tío al que mi padre nombró "el honorable embajador de los merodeadores".

"En fin, que en el crucero, que salió desde la isla de Corsica, los pocos parientes sanguíneos de Sirius que asistieron, reconocieron de inmediato a, en ese entonces, Nymphadora Tonks. Hija de Andrómeda Black (o Andrómeda Tonks mejor dicho). La cual estaba ahí y había excusado a su hija (quién no se molestó en informarle que estaba prometida). Fue una gran sorpresa para todos. Menos para Sirius quien se carcajeaba descaradamente en medio de la incredulidad y confusión todos".

"Después dijo Tonks, ya en confidencias, que si no había informado a sus padres de su decisión de casarse con un hombre mayor que ella, no fue porque fuera precisamente mayor y muchos menos porque se avergonzara de su amado lobito (embarazosamente así llama a Remus en la alcoba, creo que ese día supe que mi infancia ya había quedado atrás, bueno, mucho antes pero nadie tenía porqué saberlo, ¿no?), si no porque quería evitar la molesta ornamentada boda que con seguridad su madre insistiría en llevar a cabo".

"Y que por cierto, se llevó a cabo, puesto que Andrómeda dijo que era lo menos que se merecía después de todo ese embrollo. Y a ningún Black se le niega algo. Remus y Dora se opusieron, pero Sirius calmó los ánimos diciendo que tenía razón y que con su ayuda y financiamiento, la boda de LOBITO tendría estilo. Y las quejas cayeron sobre él (sobre todo por un apenado Remus, quién por una vez en su vida deseó matar a su amigo), dejándo en paz a una, retinente, pero ya feliz, Andrómeda Tonks".

—Harry, ¿en qué estás pensando? —me pregunta con cariño Dora. Cuando ella vino para quedarse y ser la señora Lupin, yo ya tenía veinticinco años. O sea que encargar un niño a la cigüeña (trás muchos intentos fallidos), les tomó varios años. Pues ahora tengo veintiocho. Dora, gracias a muchos tratamientos y viajes en caravanas al Tíbet (digamos que Dora es algo... excéntrica), se embarazó hace seis meses.

—En nada Dora. —Con una sonrisa de mi parte se conforma y sigue hablando sobre cosas que los hombres como nosotros no entienden. Algo como, colores neutros o azúles ya que Teddy será un lindo bebé. Escucho la frase "o sea macho", que Dora utiliza al ver nuestra nula reacción ante la palabra bebé, y al parecer los tres hombres sentados a la mesa entendemos, ya que al fin le prestamos atención.

Opino que Teddy debe tener una habitación con motivos de Star Wars.

Y Dora hace un gesto que claramente dice "¡hombres!".

Remus opina que deberían empezar a comprar libros para cuando estudie arquitectura.

Y Dora abre la boca contrariada sin poder creérlo.

Sirius opina que Teddy deberá tener un convertible rojo para conseguir chicas.

Y esta vez Sirius se gana un zape en la cabeza.

—En verdad urge otra mujer en la familia, pues cuando Teddy nazca, estaré rodeada de cuatro varones. ¿Con quién hablaré sobre cosas de mujeres?. —Dice Dora en voz alta, una vez que nuestras risas por la cara azorada de Sirius se acaban.

—Puedes ir a donde Molly. —Sugiere mi padrino sin interés, algo resentido por el golpe que recibió, supongo que le preocupa que deforme su perfecto e invaluable cráneo.

—Ya, ¿y que me quite a mi hijo por no ser madre modelo? —aquí no puedo evitar estar de acuerdo con Dora, pues si bien aprecio a la señora Weasley, la amable anciana prefiere hacerlo todo ella sola. —Además Molly a penas tiene tiempo, ¡con todos los nietos que ya tiene!. —Vuelvo a estar de acuerdo con ella. Algo ha de estar mal con el vino que sigo bebiendo.

—Bueno. —Conscilia el buen Remus dando un beso a su esposa. Algo que produce en mí algo de... ¿nostalgia?, no se, si algún día conozco a alguien, situación que dudo ocurra, me gustaría estar tan enamorado como ellos lo están. —¿Qué me dices de Ginny?.

—Ella está ocupadísima con los preparativos de su boda. No señor. —Insiste Dora. —Necesito que Sirius se case.

—¡Ah, no! A mí ni me vean —exclama asustado mi padrino con la sola idea y como no quedan más opciones...

—¡Harry!. —Aquí vienen las ideas casamenteras contra el único que al parecer hoy no tiene ni voz ni voto.

—¿Qué pasa? —pregunto casualmente rogando por que el postre llegue pronto y dejen de mirarme como pastel de chocolate y tres leches.

—¿Cuándo nos presentarás a alguna afortunada? —la voz cantarina de Dora me suena a burla, que junto a las de Remus y guiños de Sirius con la atractiva cajera, me parecen derrepente insoportables. Pero no tengo la oportunidad de hablar, cuando los implicados en mi personal golpe de estado (o golpe de vida de Harry J. Potter) le dicen que estaré ocupado en almenos las próximas dos semanas y que puede que después de ese descanso, (aquí no puedo evitar lanzar un bufido, pues de descanso nada) regrese a la carga.

Mi rostro está más rojo que la primera vez que ví un sostén y no tenía ni idea de para que funcionaban.

A mi costa estos se siguen burlando. Y hablan de mí descaradamente como si no estuviera con ellos tomando el postre, que por cierto me cuesta algo de trabajo disfrutar. Quince minutos después, al fin nos retiramos. Prefiero ignorar la conversación que están llevando. Debo preparar las cosas que llevaré a la casa de la solterona. Pues después de todo, a mi familia no le puedo negar nada.

Además arreglar una cocina y un baño no cambiará mi vida, ¿cierto?.


¡Hola!

Si has llegado a este punto, es porque has leído el primer y segundo capítulo de este fan fiction y te lo agradezco.

Estoy disfrutando escribir esta historia, aunque me está cansando bastante, pues la releo y releo para ir corrigiendo los erróres que pueda contener.

Así que por este motivo, cuando veo en mi bandeja de entrada, los e-mail que me informan que muchos de ustedes añaden la historia a alerta, me aníman y ¿sabes que me da más fuerzas para seguir escribiendo e invirtiendo tiempo, para darles una lectura de calidad, además del placer de simplemente escribir?

Aciertas: T U S*R E V I E W S.

"Sin embargo NO pienso poner límites ni condiciones para actualizar, pero si me gustaría saber si hay apoyo para este fic".

Así que, tómate un minuto más y déjame saber tus impresiones y apoyo a RUGBY GAME: UN ROMANCE EN SYDNEY.

¡¡GRACIAS!!

Spoilers del próximo capítulo:

...además era evidente que quería algo más ese fin de semana y ella no estaba dispuesta a tener sexo sin compromiso...

...lo decía mirando a los guapos surfistas que aprovechaban el oleaje del mar provocado por la refrescante brisa marina...

...Hermione no pudo evitar recorrerlo con la mirada. El varonil hombre parado en el umbral de la puerta, le despertó un fiero deseo que recorrió cada pulgada de su cuerpo...

RETO: A que no te atréves a presionar el botón de ahí abajo.