Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling, este sencillo fic a mi inventiva y los REVIEWS a ustedes queridos lectores.
Desde la pluma de: ¿Por qué no te casaste con tío Harry?
Iba a postear hasta el viernes, pero no puedo más con las ganas y gracias a la buena respuesta de los reviews.
Disfruten el capitulo.
Cuando la puerta de su casa fue aporreada con insistencia esa mañana tan temprano, debió haber imaginado que llevar puesto su más corto y sensual camisón de seda blanca de victoria´s secret no era muy adecuado para abrir la puerta a un completo desconocido. Y talvez hubiera acomodado, aunque fuera solo un poco, su enredado cabello castaño, que evidenciaba que acaba de levantarse.
Pero siendo las siete de la mañana del lunes, la muy fría lógica de Hermione Granger, no trabajaba hasta llegar a las nueve a su oficina, que era donde empezaba a funcionar como era debido. Y dado que acababa de terminar el fin de semana, refunfuñó al ser molestada tan temprano. «¡Cielo santo!, ¡todo el mundo en Australia trabaja a las nueve!, ¿acaso no es el lema de los australianos: No worries?».
Todo el fin de semana fue de locos para ella. En tiempo récord se dispuso a cambiarse de casa. No tenía muchas cosas que transladar, o almenos es lo que pensó hasta que vió las columnas de cajas de cartón balanceándose amenazadoramente frente a ella. Cuando se le presentaban problemas peliagudos, ella siempre buscaba soluciones simples y soluciones simples son el equivalente a «llamemos a Luna Lovegood».
Y así hizo. Llamó a su amiga Luna, el viernes bien entrada la noche, quién no lo pensó dos veces y de inmediato canceló la cita que tenía con Dean Thomas para ir a las Blue Mountains. Hermione lo había olvidado y se lo hizo saber a su amiga, pero Luna la tranquilizó diciendo que la amistad estaba primero y que si Dean realmente la amaba iba a aceptarlo, además para ella era evidente que el chico quería algo más ese fin de semana y ella no estaba dispuesta a tener sexo sin compromiso.
Esta explicación que le dió su amiga, ayudó a Hermione a sentirse algo menos culpable (esperaba no encontrarse a Thomas en la oficina) y la enfocó nuevamente en el reto que cambiarse de casa le presentaba. Con la afortunada y entusiasta ayuda de Moony y su automóvil, se ahorró los gastos de mudanza, gastos que pensaba invertir horas más tarde en una pizza grande con extra queso y su última botella de vino tinto australiano, para compensar a su amiga en una tranquila noche de chicas.
Hubiera contado con más ayuda, pero lamentablemente, ese fin de semana, todos los inquilinos de su casa ya tenían planes y con disculpas torpes, se excusaron de no ayudar a tan atenta y amable casera a mudarse. No los culpaba, de estar ella en su lugar, se hubiera inventado un compromiso, preferiría mil veces estar en la playa tomando el sol y como única preocupación el asegurarse de tener suficiente bronceador, a pasarse el día cargando cajas y poniendo en orden ambas casas.
Como la noche del viernes se dedicó a empacar las cosas que se llevaría con ella, el sábado hicieron los viajes necesarios hasta la nueva casa. Cuando llegaron, sonrió con satisfacción al ver la cara de su amiga Luna. Esta estaba encantada con la casa, que aunque algo pequeña, era muy atractiva con sus dos palmeras en el jardín trasero. No resistiendo las ganas, comprobaron que estaban a quince minutos exactos caminando desde la casa hasta la costa.
Después, Hermione tuvo que llevarse a jalones y empujones a su amiga de la playa, quién exclamaba que le gustaba mucho más ese lugar que la legendaria Bondi beach. Hermione no se dejó convencer, pues sabía que Luna no se perdía por nada los capítulos de sus series favoritas de televisión: Bondi Rescue y Bondi Vet. Además que Hermione pudo comprobar que lo decía mirando a los guapos surfistas que aprovechaban el oleaje del mar provocado por la refrescante brisa marina, brindándoles las mejores olas de la temporada.
Una vez que Luna y todas las cajas correspondientes estaban en la casa de Manly beach, empezaron a desempacar algunas cosas, no todo, pues Hermione tenía planes de amueblar su propiedad con el bono de fin de año, cuando lo recibiera en unas cuantas semanas, así que pusieron el lugar lo más habitable posible con las pocas cosas disponibles que tenían a la mano.
Hermione no pudo evitar ver con un poco de lástima, la colchoneta en la que dormiría unos días, pues no había tenido tiempo de comprar su nueva cama con anticipación, ya que el viejo colchón debía ser usado por la nueva inquilina de la casa de sus padres. Cuando miró la hora en su reloj de pulsera plateado, se sorprendió ya que eran las siete de la noche, pero apenas se estaba ocultando el sol.
Las tiendas siempre cierran las cinco y media de viernes a miércoles, a excepción de los jueves cuando los comercios cierran a las nueve de la noche, por lo que Luna opinó que lo mejor sería encargar la pizza a la de ya en algún restaurante por ahí, tal y como Hermione había planeado. Hermione llevó su botella de vino y optaron por cenar y pasar la noche en la casita de Luna, pues la chica no estaba dispuesta a dormir en la simpática colchoneta de segunda mano de su amiga.
El domingo en la mañana, ambas chicas despetaron con una ligera resaca, que tuvieron que aliviar con un par de aspirinas cada una. Y continuaron donde un día antes habían quedado. Aún faltaba arreglar la vieja casa de Hermione, porque el nuevo inquilino llegaría el lunes por la noche y no habría tiempo de ordenarla durante ese día. Manos a la obra, limpiaron, acomodaron y pintaron la vacía recámara, le pusieron una bonita cortina y colocaron sábanas limpias a la desgastada cama.
De ahí todo su cansancio físico. Por eso el domingo en la noche, una vez que Luna se ofreció a dejarla en la nueva casa y partió, Hermione deseó estrenar, muy merecidamente, su pequeña bañera. El bonito baño tenía opaca piedra rosa y todo combinaba armoniosamente con las ligeras luces, pero eran evidentes los detalles que hacían falta.
El mueble del lavabo estaba completamente abierto, dejándo apreciar parte de la tubería del desagüe. El espejo seguía en su caja recargado en una de las paredes. El pedazo de pared, donde se suponía iba la repisa para las toallas, solamente tenía los hoyos donde se instalaría, pero de ahí en fuera, lo demás estaba en perfecto estado y lucía agradable (ignoró las vocecitas en su cabeza que le decían «eso dices porque es tu casa»).
Con todo y esos molestos pensamientos, se dispuso a tomar un relajante baño, usando los jaboncitos con aromas florales que Luna le había traído de su último viaje a las islas de Fiji. Ahí en medio de burbujas, se permitió soñar con la vida en su nueva casa, deseando tener con quien compartirla. Después de media hora se dispusó a dormir, vistiendo su bonito camisón blanco de seda, pues el calor esa noche era insoportable. Durmió profundamente con el aire acondicionado encendido.
El golpeteo cada vez más insistente en la entrada principal, la despabiló y le hizo moverse para ir a abrir la puerta, antes de que quien quiera que fuese la echara abajo.
¡Y vaya que pudo haberlo hecho!.
Pues frente a ella, estaba el hombre más enorme que hubiera tenido la ocasión de tener tan tentadoramente cerca. Al menos veinticinco centímetros más alto que ella y el doble de ancho, Hermione no pudo evitar recorrerlo con la mirada. El varonil hombre parado en el umbral de la puerta, le despertó un fiero deseo que recorrió cada pulgada de su cuerpo.
Bronceado, alto y musculoso. Su mandíbula cuadrada enmarcaba perfectamente su atractivo rostro. El cabello de un intenso negro azabache estaba alborotado en todas direcciones, nariz recta, labios delgados, ojos de un increíble verde y hasta pudo percibir la pequeña y curiosa cicatriz en forma de rayo que adornaba su frente, oculta entre el desordenado cabello.
El desconocido frente a se puerta, vestía unos jeans negros que se pegaban a sus poderosas piernas. La camiseta revelaba un vientre duro perfectamente plano y a los bien trabajados músculos de su amplio pecho. Los fuertes brazos colgaban a sus costados. Parecía la encarnación de un dios griego cargando un maletín negro.
Semejante visión la había dejado sin respiración. Reuniéndo todas sus fuerzas e ignorando el salvaje calor de su vientre, pudo apenas murmurar débilmente —¿si? —deseando escuchar la voz del desconocido.
—Buenos días. —Su voz profunda, ligeramente ronca y en extremo agradable, le sonó melodiosa a sus oídos. —Vengo de Sirius Co.
—¿Es usted el carpintero? —se felicito a sí misma al escuchar que de su boca salía una voz firme y no el gemido que había temido escaparía de sus labios.
—Preferiría que me llamara técnico especialista —bromeó el guapo moreno con un guiño y agregó —pero supongo que sí, soy el carpintero.
«¡Y vaya carpintero!». Le hubiera gustado expresar, pero simplemente se quedó un poco más mirándolo, hasta que él hizo seña de querer entrar. Lo que le puso le rostro rojo de vergüenza a Hermione. Torpemente, se hizo a un lado y le permitió el paso. Sin querer, el pecho del hombre rozó su hombro desnudo, provocándole placenteras cosquillas en todo su brazo.
«¡¿Hombro desnudo?!». Una mirada evaluadora del hombre frente a ella, la hizo mirar hacia abajo, suplicando que no llevara aún puesto... su camisón blanco. «¡Rayos!, ¿cómo había podido olvidarlo?». Deseó con todas sus fuerzas echar a correr, pero eso le hubiera delatado. Así que con toda la dignidad que pudo reunir, alzó el rostro sonriente, pero apenas pudo abrir la boca cuando el hombre se le adelantó.
—Por cierto, necesito que Hermione Granger me firme estas hojas. —Calló para sonreír y decir —¿podrías llamarla, cariño? —remarmando lentamente y con la voz cargada de intensión.
Hermione pasó rápidamente del rojo-vergüenza al rojo-indignación. ¿Qué le hacía pensar que ella no era Hermione Granger? y peor, ¿porqué se atrevía a llamarla ca-ri-ño?. Soltó un bufido de indignación y se acercó al moreno extendiéndo su brazo (olvidando de nuevo que solo estaba cubierta por su victoria´s secret). —Dame, ahorita te las regreso firmadas, primero hay que leerlas.
Él le tendió los papeles de la carpeta que llevaba en el maletín con el que había entrado. Hermione no pudo evitar notar, que el técnico -pensó sarcásticamente- echaba un vistazo despistado a la casa e incluyéndola, descaradamente, en el recorrido.
Eso la molestó («¡un caballero voltearía a otra parte!»), así que con el tono de superioridad que usaba, para ahuyentar a las amantes que su jefe ya no quería ver, agregó —mientras tanto puedes empezar con la cocina, con permiso —murmuró entre dientes, tomando las hojas de mala gana y con la nariz apuntando hacia el techo, se retiró a su habitación, para posteriormente irse a la ducha porque tenía que ir a trabajar.
El moreno se quedó viendo como se iba la chica. Su actitud lo había tomado desprevenido, pero lo que le inquietó, fue lo rápido que reaccionó su cuerpo ante la presencia de esa jóven. No era posible que a su edad, se dejara dominar por sus hormonas de esa manera. ¡Ya no era un crío, por todos los cielos!. Pero era culpa de esa jóven y su... vestimenta. «¡¿Quién abre la puerta a un desconocido con ropa así?!»
Al despertar esa mañana tan temprano, fue con la intención de "mientras más pronto comiences, más pronto terminarás". Por esa razón, se fue directamente a las instalaciones donde se daba el mantenimiento a los camiones de carga y transportes de Sirius Company en general. Ahí tomó una camioneta de las que más le agradaban y se pasó a las bodegas, donde almacenaban e inventariaban los materiales que empleaban para sus construcciones.
Antes de que dieran las siete de la mañana, se encontraba manejando camino a la casa de la "solterona" (como ya se había acostumbrado a llamar a la quejumbrosa clienta). Al tocar unos minutos persistentemente la puerta de madera, que él mismo había diseñado y sugerido para ese tipo de casa, se había preparado para todo, menos para lo que sucedió.
Su mente estaba centrada en la imagen que idealizó de la solterona, así que era obvio que esperase encontrar a una mujer de más de treinta años, con tubos en el cabello, mascarilla de aguacate y bata gruesa y acolchonada de algodón, no... «¡diablos!, ¡una sexy morena en camisón de seda blanco, de corte sugerente y revelador!».
Maldijo nuevamente por lo bajo, probablemente era sobrina, o algo así, de Hermione Granger, por eso se había atrevido a coquetear un poco con ella llamándola cariño. Molesto consigo mismo, sacudió su cabeza, repitiéndose mentalmente que era un profesional y que estaba ahí para arreglar la casa de la treintañera. Además de haber estado con mujeres más bonitas. ¡Sí, eso es lo que pensaría cada que viera a esta chica, para alejar esos cándidos pensamientos que tan rápido le abordaron en cuanto le abrieron la puerta de esa casa!.
Mejor sería que fuese por el material para empezar a trabajar. Estaba seguro que el trabajo limpiaría su sucia mente. «¡Apenas las siete y ya pensando en desahogarse, ni tan rápido pensaba en finanzas!». Así que salió a la calle para coger su ropa y equipo de trabajo, que seguía estando en el asiento del copiloto, en el lado izquierdo. Debía cambiarse, aunque ya no estaba seguro de querer terminar tan pronto ese trabajo. Cargando la pesada caja de herramientas, se adentró a la cocina para ponerse a trabajar.
Para cuando Hermione salió del baño, trás una veloz ducha, se vistió con un vestido negro, discreto y como era de mañana, se colocó su suéter obscuro y ligero. Echó una rápida ojeada a las hojas que debía firmar. Ya conforme con lo estipulado, estampó su firma y su nombre. Entonces recogió su alborotado cabello en un apretado moño. Como ya se le había hecho un poco tarde, tomó su bolso negro y se apresuró a agarrar sus llaves porque ya debía retirarse si no quería perder el ferry.
Supuso que vería a aquel gigante en la cocina. Y no se equivocó. Ahí estaba de pie y dándole la espalda, decidiendo por donde empezar. Ya llevaba puestas unas bermudas gastadas, una amplia playera con colores flourescentes y botas de trabajo. Aún así le pareció muy atractivo. Carraspeó la garganta para darse a notar.
—Aquí tiene las hojas firmadas —dijo Hermione cuando este se giró a mirarla. Ella trató de no ver los intensos ojos verdes que la inquietaban demasiado.
—Gracias —respondió el moreno sin aparente interés, la recorrió de arriba a abajo y esbozó una cínica sonrisa que Hermione alcanzó a ver.
—¿Qué le hace tanta gracia? —interrogó la chica alzando las cejas, pero prefirió no haberlo hecho.
—Ya no lleva el camisón, ¿eh? —respondió sin inmutarse y disfrutando mirándola, como acariciando descaradamente su cuerpo. Está de sobra decir que esto le sacó colores a la castaña. —Aunque lo preferiría —murmuró y antes de recibir una palabra de ella, agregó queriendo romper la tensión (que no sabría como describir), que desprendía la chica —¿la señora Granger también saldrá?.
La jóven hizo una mueca y enfatizó —señorita. Y Sí. —Añadió aguantándose las ganas de gritar. —Porque somos la misma persona. —Con esta última frase dejó congelado y con la boca abierta al moreno. Con una sonrisa de satisfacción y su tono natural ya sin rubores, abandonó la estancia dando el primer azote a su nueva puerta. Sintiéndose victoriosa se fue a trabajar.
«¡Idiota!». Pensaron ambos al mismo tiempo y sobre la misma persona.
Mientras el técnico-carpintero-especialista se quedaba en su casa a trabajar, Hermione se apresuró a llegar al muelle de Manly para tomar el ferry que la acercaba a Circular Quay.
Disfrutaba mucho de esta jornada, aunque le tomara cuarenta y cinco minutos de su tiempo llegar hasta su trabajo. Vivía un poco más lejos ahora que desde su vieja propiedad, pero adoraba su primer compra inmobiliaria hecha con sus propios recursos. Con todo y el contratiempo de la mañana, llegó diez minutos antes de su hora normal de entrada, gracias al horario del nuevo ferry que debía tomar.
Se pasó por la oficina de su amiga Luna y quedaron de salir a comer juntas. Estaba a punto de contarle de su "pequeño percance matutino", cuando a lo lejos vió que Dean Thomas acababa de llegar. Rápido se decidió por despedirse de su rubia amiga e irse a su área de trabajo. Esperaba que el jefe estuviera de buen humor, porque no tenía deseo alguno de soportar sus arranques de inicio de semana.
Todo el día transcurrió de manera normal y tranquila, pues Draco Malfoy había decidido ir a la oficina por solo un par de horas. Él no acostumbraba informar sobre lo que hacía en sus ratos libres y mucho menos a su simple asistente. Aunque ella estaba al tanto del porque pasaría ese día fuera, pues la distinguida señora Malfoy había llegado ese fin de semana, puesto que Hermione se encargó de arreglar y enviar una limousina a recogerla.
Cada vez que la señora Malfoy aparecía por aquellos lugares tan alejados de su cómoda vida en Europa, era para quedarse extrictamente dos semanas. Dos largas semanas que Hermione tenía planeadas en la agenda de su jefe. La señora Malfoy no era, para nada, de su agrado, así que lo molesto de aquellas esporádicas visitas eran tres cosas:
La primera era que, para el miércoles seguro, la señora Malfoy (aburrida de no hacer nada en esta ciudad) se presentaría en las oficinas a visitar a su hijo. Donde se dedicaría a mirar con superioridad y un tipo de asco a todos los empleados que pasaban por sus ojos (para colmo era Hermione quien siempre estaba ahí) y quejarse de la decoración de la oficina, insistiendo que deberían buscar algún edificio mejor o comprar algún rascacielos en Tokyo.
La segunda era que, la señora no iría sola, no señor. Iría, como siempre, con la hermosa prometida del jefe. A quién todos los hombres se quedaban mirando nada más al pasar. Y esta se dedicaría a atosigar a Hermione con preguntas sobre las actividades de Draco y a obligarla a agendar citas extra para que el jefe pasase más tiempo con ella, al tiempo que la miraba como diciéndo "nunca podrías ser tan bella como yo" y criticando junto a su futura suegra la vestimenta de Hermione; "no es posible que la secretaria de Draco ande por aquí con esas fachas".
La tercera y aún peor de las razones que tenía para sentir molestia por las visitas de la señora Malfoy, era el estado en que el jefe terminaba después de ello. Tener a dos mujeres posesivas rondándole cerca, era algo que no podía soportar y curiosamente, prefería pasar más tiempo en la oficina, obligando a Hermione a trabajar horas extra. Ella sabía bien que eran pretextos para no estar en la compañía de aquellas "encantadoras damas", pero como fuera, la afectaba a ella.
Así que suspiró aliviada cuando dió la hora del almuerzo y el jefe le dijo que se iba para no regresar hasta mañana y que a primera hora del día siguiente, esperaba recibir los contratos con los últimos acreedores de CEI. Lo único grandioso de las visitas de la reina del hielo Malfoy, era que cuando el jefe decidía pasar el resto del día afuera, fuera para comer, fuera para alguna reunión, ni por asomo regresaba a la oficina, permitiéndo a Hermione disponer de algunas horas libres.
Por eso sonriente, salió con Luna a comer tal y como habían quedado. Fueron a un food court donde ordenaron fetuccini y lasagna. No era la mejor que hubieran comido, pero pasaba cuando solo tenían una hora de almuerzo. Ahí Hermione le puso al tanto de lo que había pasado en la mañana.
—Por lo que me dices, ¡ya hasta quiero conocerlo! —exclamó Luna con una pícara risilla. —Imagino los colores que te sacó al verte con ese camisón, ha de haber pensado que eras algún tipo de femme fatale.
—¡No digas tonterías, Moony!. El que me mirara así, me... —No terminó de hablar, pues recordó como se tensó cuando la miró de forma tan ardiente, casi salvaje. Ni siquiera notó la mueca burlona de Luna. —Me pareció un tipo arrogante. —Finalizó decidiéndose por esa descripción de aquel alto hombre.
—Oh, ¡vamos Hermione!, ¿esperás que me crea que no le encontraste atractivo?. —Preguntó Luna con esa mirada que tanto fastidiaba a Hermione, parecía expresar que Luna sabía y veía cosas que los demás no.
—No se trata de eso Luna, debió portarse como un caballero, aúnque, ¿qué se puede esperar de un carpintero?.
—Sexy carpintero , solo para aclarar. —Tosío la rubia y sonrió. —Lo que más bien quieres decir, es que lastimó tu ego femenino, al insinuar que Hermione Granger no podía ser tan jóven.
—¡Claro que no! y no insinuó eso... —alegó la castaña indignada cruzándose de brazos.
—¿Qué insinuó entonces? —defendió Luna interesada evitando reír por el apuro en que había metido a su amiga, mientras bebía tranquilamente su jugo de frambuesas y manzanas.
—¡Nada!. —Exclamó molesta jugando con su pasta y sintiendose azorada.
—Entonces te molesta que no se te haya insinuado.—Declaró la rubia para después soltar una carcajada por el rostro colorado de su amiga. —Ya Hermione, mejor cambiemos de tema.
—Me parece bien. —Concordó Hermione con tal de parar las bromas de su amiga. —¿Qué te dijo Dean?.
—Lo que era de suponerse. Qué como me había ido. Al principio pensé que se iba a lamentar el que tuviera que cancelar la invitación, pero me salió peor. —Contó la rubia sin querer darle demasiada importancia.
—¿Cómo que te salió peor? —indagó Hermione suponiendo que no le agradaría lo que iba a escuchar.
—Pues como yo supuse, ¿recuerdas que te dije que yo no estaba dispuesta a tener sexo sin compromiso? —Hermione asintió con algo de color en las mejillas, la palabra sexo no era un tema tabú para su amiga, Luna era algo diferente a ella. —Pues al parecer era lo que esperaba para este fin de semana. En mis narices me restregó que había pasado un increíble fin con esa aussie* Jones, de marketing.
—¡No!. —Gritó Hermione haciendo que varias personas voltearan a verlas. —No... —volvió a decir en un susurro. —¡Esa arrastrada!, ¡oh, Moony!, ¡cuánto lo siento! —exclamó Hermione sintiéndose algo culpable, pues por ella Luna no había acudido a su cita.
—Ni siquiera pienses en culparte, Hermione —la interrumpió con severidad inusitada. —Ha sido lo mejor, ¡me has librado de salir con un patán!.
—¡Tan decente que se veía el desgraciado! —insultó Hermione estando muy deacuerdo. La indignación de su querida amiga valía para Luna mucho más de lo que se podía imaginar. —¡Ay, amiga!. ¿Cómo te sientes?. —Le preguntó a Luna acariciándo su mano con cariño.
—Pues... pensé que esta relación podía ir en serio, siempre fue tan caballeroso y amable. —Suspiró. —Y no es que esperara una sortija de compromiso para llegar a tener relaciones premaritales, solo que al menos una relación de noviazgo, ¿me entiendes, no?. Una relación donde almenos hubiera algo de seguridad y fidelidad. —Suspiró de nuevo. —En fin, él se lo pierde. Por eso Hermione, no importa si el tipo de la mañana es un carpintero, estoy segura que con un hombre así, un buen revolcón no te haría daño.
—¡Luna!. —Exclamó la castaña. No pudieron aguantar y se soltaron a carcajadas. Pero las palabras de Luna quedaron grabadas como un tatuaje en su mente.
Esa tarde, cuando Hermione regresó de la oficina, su mano tembló un poco al empuñar el pomo de la puerta de entrada. La enorme camioneta de aquel hombre estaba aún estacionada afuera. Abrió la puerta tratando de no hacerse notar, pues no quería un acercamiento directo. Llegó al vestíbulo. Nadie. «Talvez ya se iba y no me dí cuenta». Más tranquila depositó algunas bolsas con sus compras del supermercado y fue a su habitación donde se deshizo de sus zapatillas y de su peinado, liberando sus rizos castaños.
Como sentía algo de hambre, se dirigió a la cocina a prepararse un sándwich y acomodar su pequeña despensa. Agradecida de que la casa tuviera los indispensables electrodomésticos, como la estufa y el refrigerador. Entonando una alegre cancioncilla que escuchó en la oficina, abrió la puerta del refrigerador y se inclinó acomodando hasta el fondo, algunos lácteos y buscando el paquete de jamón, el queso, la lechuga y la crema que le serían útiles.
—Hola. —Escuchó nuevamente esa varonil voz hablando detrás de ella. Se levantó con brusquedad al sentir algo rozar ligeramente con su trasero y soltándo su paquete de jamón. «¡Maldición!». Masculló Hermione entre dientes y se giró para enfrentar molesta al hombre que la había espantado, quien inocente dijo —Lo siento, ¿Te asusté?. —Inquirió alejándose dos pasos.
—¡¿Qué hace aquí?!. —Bruscamente exigió saber. Pasaban de las seis, el carpintero no debiera seguir ahí. Hermione estaba muy indignada y curiosa a la vez. Verlo le provocó esa sensación de la mañana y las palabras de Luna continuaban con ella.
—Bueno, fuí por un par de cosas que necesitaré más adelante y acabo de dejarlas en el jardín trasero. —Lanzó una mirada extraña a Hermione, quién se puso roja al escuchar la palabra trasero. —Y como ya me iba, quería informarte que no vengo mañana, sino hasta el miércoles. —Respondió el moreno alzando las manos en un tono conciliador.
—Bien. Entonces hasta el miércoles. ¿A qué hora irá llegando, señor?. —Empezaron a caminar hacia la entrada. —Digo, no quiero que me tome desprevenida nuevamente. —Además de recordar el bochornoso momento de la mañana no pudo evitar notar que su enfado con ese hombre no le duraba demasiado. Lo que la sorprendió.
—Supongo que vendré más tarde, hoy fue el primer día. —Le guiñó un ojo y abrió la puerta para salir. Hizo una pausa y dudó un instante. —Creo que si vamos a vernos dos semanas, almenos podríamos tutearnos. No soy tan viejo, ¿sabes?. —Rió tan despreocupadamente que Hermione no pudo sino sonreír y asentir. —James. —Pronunció su segundo nombre y le tendió la mano.
—Hermione, pero ya lo sabes. —Le respondió el saludo y fingió resentimiento.
—Si. —Alzó su fuerte y bien marcado brazo a la nuca frotándola. Parecía algo apenado, pero se repuso de inmediato. —Bien, me voy. Hasta el miércoles... Hermione.
Y así se fue. Dejándola en la puerta, mirando como se iba aquel hombre. «James». Apreció la amplia espalda de él, sus estrechas caderas y su paso elegante al andar. «No parece un carpintero común». Se dijo mentalmente. Las palabras de Luna volvieron a resonar en su cabeza.
«Estoy segura que con un hombre así, un buen revolcón no te haría daño"».
Y no se irían tan facilmente.
N/A: Hello everybody!!!
Gracias por leer este capítulo y por sus reviews pasados.
A continuación, agradezco a todos aquello a los que no puedo agradecer personalmente ya que no se a donde hacerlo ustedes son: Naihovy, Killalight, M0rme, eydren snape, Maite, alex.
Mil gracias también a los que siguen esta historia a ocultas, ¡los animo a dejar sus comentarios!
Aquí dejo unos spoilers del próximo capítulo.
...¿Te refieres a Hermione?. —Preguntó alegre Harry y las tres personas frente a él alzaron las cejas al mismo tiempo.
—¿Ya la llamas Hermione?, ¿Qué no era, solterona? —Preguntó Sirius mientras Nymphadora soltaba un chillido emocionada...
...Por que eso era para él, simple y pura tensión sexual...
...Pues para él el amor no existía y nunca, nunca lo haría...
...Desde ese momento comenzaría a tejer la red en la que ella caería sola...
Abrazos,
Atte.
Orquídea Negra.
**La licenciada que debió ser RocK StaR**
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