Disclaimer: Ya saben que ningún personaje reconocido me pertenece, todo es de JK Rowling. La loca historia es de Orquídea Negra y los maravillosos reviews que animan a este intento de escritora, pertenecen a ustedes, junto a los agradecimientos que les doy por ser tan lindas (os) al comentar.

Prepárense que nos acercamos al final. Un beso a todos.

Disfruten el capítulo.


—No, no, no, no, no. —Murmuraba una castaña contrariada mientras daba vueltas y vueltas en el pasillo que conectaba su escritorio con la oficina de su jefe, algo así como la recepción. Se encontraba en ese estado provocado por una tormenta de pensamientos que trataba de despejar aprovechando que su jefe se encontraba encerrado en su despacho en una conferencia en directo con inversores de Tokio.

Y es Hermione, no podía dejar de pensar en aquel moreno de ojos verdes y su reacción del pasado miércoles. Su piel se ponía chinita cuando recordaba el torso desnudo, con ese varonil vello extendiéndose por el vientre, hasta ampliarse en el pecho. No exagerado, pero sí lo suficientemente tentador para desear tocarlo y recorrerlo con sus manos... con su lengua. Se sonrojó por la audacia de sus propios y candentes pensamientos.

Con un suspiro recordó el tatuaje que se apreciaba en la parte alta de su brazo, casi cubriendo en su totalidad los musculosos bíceps y tríceps, le pareció tan sexy. La estreches de sus caderas, los músculos poderosos de sus piernas. El sudor que perlaba su rostro, el olor a madera, que mezclado con el varonil aroma que desprendía debido al trabajo físico, alteraron sus sentidos a punto de no poder parar de examinarlo a profundidad. Era como deleitarse mirando a un dios griego guerrero. La sensación de vulnerabilidad que sintió cuando pegó su cuerpo al suyo, haciéndola partícipe de la tensión en la entrepierna de él, mostrándole cuanto la deseaba, aún la seguía estremeciendo.

Y cuando acercó su rostro cada vez más, rozando sus labios, el abrumador deseo explotó dentro de ella. Un deseo que nunca antes había sentido y que la hizo querer con todas sus fuerzas volverse suya en ese momento, la hizo reaccionar. Pero no de la forma más placentera que hubiera querido, pues fue embargada por el miedo. Gracias a ello, logró salir del mágico hechizo en el que ambos habían caído. Se había separado de él con presteza y se apresuró a abandonar la casa. Le costó un mundo separarse de él. Para cuando se despejó y regresó, él ya se había ido.

No supo si sentir alivio o decepción al no verlo en la casa. Pero desde entonces, no pudo dejar de pensar en él. Lo peor, era que ella misma, Hermione Granger, la seguidora de las reglas, la chica que se la pasaba en la biblioteca durante sus estudios y no pensó encontrarse nunca en ese tipo de situación y mucho menos con un hombre tan atractivo como James, sentía que se había quedado con las ganas quemando dentro de su cuerpo. Difícil de imaginarlo, pero tan cierto como que su jefe estaba hecho un cuero.

Trató de serenarse y concentrarse en su trabajo. ¡Pero es que era imposible!. Por más que buscaba y rebuscaba, ninguna situación tenía un mínimo de sensatez. Lo único lógico que percibía, era esa vocecita en la cabeza diciéndole que por esta ocasión diera rienda suelta a sus pasiones sin pensar en nada más. Así que ahí se encontraba ella, pensando con desesperación y nervios, que era viernes y de seguro James, estaría en su casa, semi-desnudo, trabajando en su cocina.

Cocina más mesa, más atractivo moreno de ojos verdes; ¿Porqué no estaba ya rumbo a su casa?, ¿qué rayos le estaba pasando?, ¿qué era ese calor que sentía en su interior, tan cerca de su corazón cuando recordaba esos ojos verdes?, no podía estar enamorada, ¡por favor!, ¡era ilógico!, ahora estaba más concentrada en sus planes, no sabía porque, pero estaba segura de que pronto obtendría un ascenso, sólo necesitaba esforzarse un poco más. Y pensando en James no llegaría a ningún lado. Necesitaba hablar con alguien y necesitaba hacerlo ya. Así que Hermione se acercó al teléfono de su escritorio y descolgó la bocina.

—¿Granger?. —Hermione se quedó congelada en su sitio, pues la voz al otro lado de la bocina no era la voz de su amiga Luna. —Granger, ¿sigues ahí?. —Era su jefe que de seguro descolgó al mismo tiempo.

—Si, señor. —Respondió Hermione con un hilo de voz. No era buena señal que a las seis menos cuarto, el rubio jefe la llamara. Lo que había deseado escuchar, era la voz cantarina de su amiga Luna, animándola a ir en seductora actitud hasta su casa en cuanto dieran las seis de la tarde. No la voz de su jefe imponiéndole más trabajo en viernes.

—Pasa a mi oficina y trae los balances del trimestre pasado. —Ordenó imperiosamente —en cinco minutos. —Colgó.

¿Por qué quería revisar los informes a esas horas? Pareciera que el jefe viviera solo para atormentarla, pues ella solo quería ver de nuevo a James, sentirlo, ver la reacción de él. ¿Estaría enfadado porque ella salió prácticamente corriendo de la casa? ¿La besaría de nuevo? ¿Trataría de llegar más lejos? No pudo evitar sonreír tontamente. Estas preguntas la hicieron desear con más ganas ir a su casa. Tal vez si se apresuraba, su jefe la dejaría irse a más tardar seis y diez, así que con energía renovada, cogió los informes y se dirigió al despacho de su jefe.

*****

Draco Malfoy sonrió satisfecho. Desde que decidiera tener una aventura con su asistente, había maquilado un plan que estaba llevando a cabo paso por paso hasta alcanzar su meta, y era el momento preciso de ponerlo en marcha. Así que como era viernes, la había mandado a traer los informes trimestrales, sin intención de analizarlos, pues lo que quería era retenerla una vez pasadas las horas laborales, cuando no hubiera nadie más trabajando.

Por alguna razón que no le gustaba, Granger entró con una gran sonrisa en el rostro. Eso no le agradó, pues él sabía qué clase de sonrisa era esa. Aunque él nunca la había usado, sabía reconocerla a distancia, pues si salía con una mujer más de una vez y después de una buena noche de sexo, ella empezaba a sonreír de esa manera, era el momento de dar por terminado el asunto. Pues era signo evidente de enamoramiento.

Por lo tanto, cuando Hermione entró con semejante sonrisa en la cara, supo de inmediato que no era por él. Sospechó que había alguien rondando terreno prohibido, su terreno. Y él no podía permitirse tal fallo. Debía averiguar de inmediato si ya había alguna relación formal establecida, de ser así, sería más difícil acercarse a su asistente, quien parecía ser la moralidad en persona.

Pero Draco Malfoy nunca entraba en pánico, por eso se deleito con la presencia de la castaña, que anunciaba su presencia abriendo la puerta. Llegó respondiéndo su llamado y tan malditamente perfecta como siempre. Con esas caderas bien curveadas que lo volvían loco y esos carnosos labios que no había probado nunca. Labios que lo recorrerían en cuestión de días sin saciedad alguna. Su falda se balanceaba peligrosamente. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda.

Sonrió para sus adentros, cuando la vio contonearse inconscientemente a través de la puerta hasta sentarse en la silla frente a él. Un mísero escritorio de caoba era lo único que se interponía entre ellos, y no sabía si maldecir el mueble o bendecirlo, porque lo frenaba de sus impulsos que desconocía tener hasta ese momento. De un momento a otro saltaría sobre ella, pero sabía que así no lograría nada. Sin embargo, ese día era seguro que conseguiría algo. Cambiaría su suerte lanzando los dados y haciendo su primer importante movimiento.

No pudo evitar disfrutar como la joven cruzaba las piernas. Hizo como si se concentrara en los informes y en lo que ella decía sobre estos, pero la verdad que es que no prestaba atención a ninguna palabra. Se puso de pie y con las manos en la espalda, comenzó a caminar alrededor de la habitación. Ella parecía ligeramente confundida e impaciente por terminar.

— ¿Por qué hablas con tanta prisa? —Preguntó al fin deteniéndose en el mini bar de su oficina. Aunque le daba la espalda, supo que ella se había erguido con confusión evidente en su cara. Poco a poco, vertió un poco de whisky en un vaso de cristal y agregó algunos cubos de hielo, mientras esperaba una respuesta.

— ¿Prisa? —preguntó Hermione, su voz confusa confirmó las sospechas del rubio.

—Sí. Con prisa, Granger. ¿Es que acaso tienes planes para esta noche? —Disimuladamente se giró un poco para ver la reacción de reojo. Sí. Se había puesto alerta. Eso confirmaba aún más sus sospechas de que alguien la andaba rondando. Eso lo molestó, pero no se daría por vencido.

—Yo... No, no, señor —murmuró algo azorada. Le hubiera gustado responder afirmativamente, pues a la mente se le vino la imagen de James trabajando en su cocina, esperándola. No pudo evitar ponerse colorada y acalorarse, rememorando los labios del moreno con cicatriz en la frente, rozando los suyos propios. Si había sido algo así de simple, no quería ni imaginar si hubiera pasado algo más.

—Uhmm... —dio por toda respuesta su jefe. Era obvio que no le creía. Draco decidió que era momento de empezar a seducirla. —Ya que no tienes nada que hacer, no te importará quedarte más tiempo, ¿o sí? —Y después añadió. — ¿Gustas beber algo? —sin esperar respuesta, sirvió otro vaso con su mejor licor, disfrutando como anonadaba a la chica. Le tendió el vaso y ella no pudo sino aceptarlo y dar un pequeño sorbo. —Y dime, Hermione. —Comentó el rubio sentándose cómodo cerca de ella —¿te has acostumbrado fácilmente a tu vida en Sydney?. Es un lugar muy diferente a Inglaterra.

La chica, que en esos momentos trataba de disimular el fuerte sabor del licor con una mueca, no pudo sino sorprenderse aún más. ¿De cuándo acá su jefe se interesaba en su vida? Sin embargo, se repitió a sí misma que se estaba volviendo paranoica, pues después de todo, el dragón se casaría pronto con la bellísima Astoria, la cual no tenía nada que envidiarle a Hermione.

—Es muy diferente. —Aceptó Hermione logrando vencer sus prontas maquinaciones sin fundamento. —Aunque extraño un poco Londres, la vida de Sydney es bastante agradable, y el clima no es tan loco y contradictorio como en Inglaterra. —Fue todo lo que logró decir, un silencio algo incomodo se extendió sobre ellos, pero Draco Malfoy no estaba dispuesto a ser derrotado sin empezar a jugar siquiera.

—Tienes razón, pero aún así, hubo un domingo que hacía un calor de los mil demonios y al día siguiente amaneció nublado, frío y lluvioso. — ¿Qué diantre hacía hablando del clima? ¡Eso era para principiantes! Trató de no bufar molesto, pues empezaba a impacientarse. —Y dime, Hermione —mencionó con naturalidad su nombre, poniendo su actitud y pose más seductora —¿cómo es posible que una mujer como tú, siga estando sola?.

— ¿Una mujer como yo? —preguntó Hermione sin entender realmente, se sentía ligeramente mareada; efecto del alcohol seguramente.

—Si, Hermione. Es imposible que una hermosa mujer esté… sola. —Insinuó el rubio sorbiendo de su vaso, imperceptiblemente se había acercado a su asistente ejecutiva poniéndola nerviosa. Él se sentía cada vez más excitado, mientras ella se sentía como un animalito a punto de ser cazado.

—Bueno, ahora estoy dedicada de tiempo completo a mi carrera. No tengo tiempo para esas cosas —sentía como la mano donde sostenía su vaso temblaba, ¡es que su jefe era tan apuesto y ella se sentía tan nerviosa!. Pero pronto se acordó de James —bueno… hay alguien. —Ni siquiera supo porque lo dijo, salió tan fácil de su boca que abrió los ojos espantada, con consternación miró al rubio ponerse rígido.

—No lo culpo. —Respondió, pues aunque se había tensado, no había perdido la sonrisa. No debía preocuparse por un hombre que seguía en categoría de fantasma, ¿o sí?. Por supuesto que no, él era Draco Malfoy. Con facilidad desechó la idea. Con regocijo miró la hora, pasaban las seis y cuarto. — ¿Sabes?, me gustaría platicar más contigo, Hermione. Tú sabes, conocerte… más. —Con su más arrebatadora sonrisa añadió se acercó aún más, ella estaba en shock. El costoso perfume masculino era de un agradable aroma y sentía que comenzaba a aturdirla.

—Eh… —Hermione Granger pensaba a mil por segundo. No entendía como su jefe se acercaba tanto, no sabía ni siquiera como reaccionar. Era cierto que calificaba a su jefe como un hombre atrayente, emanando siempre esa aura de poder. Era un radiante hombre de negocios, un genio financiero. Draco Malfoy era lo que todo hombre soñaba con ser; guapo, rico y poderoso.

—¿No dices nada, Granger? —Arrastró las palabras en el oído de Hermione, quién sin poder evitarlo, se estremeció con el choque del cálido aliento. Dio un respingo cuando sintió que los finos y blancos dedos del rubio rozaban su rodilla en una suave caricia. No respondía sino al suave, pero agresivo acercamiento que el hombre estaba ejecutando.

—Señor, creo que… —trató de alejarse, pero el respaldo de la silla se lo impedía. Y él ya la tenía acorralada, con sus manos apoyadas en los brazos del asiento donde Hermione estaba.

—Shhhh… —cayó el hombre de ojos grises dirigiendo su nariz hacia el cuello de la chica. Aspirando su aroma, cegándolo de su razón. ¡La tenía tan cerca!. Con firmeza hundió su respingada nariz en los rizos castaños de maravillosa esencia.

—Pe… pero, señor —trató de debatir, más el deseo de ser acariciada por un hombre, que llevaba reprimiendo desde el simple beso con el moreno, se hacía más fuerte e intenso, tratando de salirse de control. —Señor... no...

Draco Malfoy empezó a atreverse más, apenas escuchaba las, cada vez más débiles, quejas de Hermione. Con su mano temblorosa, provocada por las ansias, recorrió el brazo desnudo de la castaña. Ella no pudo sino estremecerse. Draco Malfoy sintió que esas simples caricias no le eran suficientes.

Con fuerza se enderezó y sujetándola del brazo, la levantó hacia él con fuerza, hasta chocar su cuerpos. Con su mano izquierda, le rodeo la cintura apretándola. Hermione sintió abochornarse cuando un gemido involuntario salió de su boca. Eso fue como un detonante para el poco auto-control del rubio Malfoy.

Hermione se encontraba perdida en las sensaciones, que ganaban a sus pensamientos. Sin tener cuidado en no arrugar la perfecta camisa blanca que vestía el millonario, Hermione débilmente, puso sus pequeñas manos sobre el pecho de su jefe. Trató de empujarlo cuando sintió como una de las manos del rubio se deslizaba posesivamente desde la cintura hasta su trasero aprisionándolo con fuerza.

Otro gemido.

Otra caricia.

Hermione sintió sus piernas temblar.

Con brusquedad, Draco Malfoy buscó los labios de Hermione. Ella, con considerado esfuerzo, abrió la boca para protestar nuevamente, pero no fue la mejor idea. Pues sin consideración alguna, sintió como el rubio aprovechaba para besarla sin pudor, introduciendo su lengua por completo, acariciándola tan profundamente, que Hermione, contra su voluntad, sintió humedecerse.

El heredero Malfoy, estaba desquiciado de placer. Le urgía desnudarla por completo y poseerla. Con ese beso, acababa de dar rienda suelta a todas sus fantasías. Con más fuerza apretó el trasero redondo y firme, y profundizó más el beso. Esto sabía mucho mejor de lo que se había imaginado. Su parte privada reaccionó con dureza, apretando en sus pantalones, haciéndose notar entre ambos cuerpos.

Con destreza inimaginable, Draco bajó su otra mano al borde de la falda café que la chica llevaba puesta. Sin cohibiciones, deslizó la mano para tocar la suave piel bronceada. Sin separar sus labios y acariciando las pequeñas bragas, levanto de golpe a Hermione y la sentó sobre su escritorio. Escuchó que algo caía, pero no importaba, ya nada importaba.

Hermione ya no pensaba con claridad. Hasta que el sonido de un golpe seco resonó en sus oídos. El sonido como de un martillazo. Pero fue más que suficiente para despertar del trance en que había caído. Unos brillante ojos verdes aparecieron entre la niebla que cubría su raciocinio. Con presteza, se zafó del beso de Malfoy y lo empujó con las pocas fuerzas que pudo reunir. Al rubio este rechazo lo perturbó.

La chica de ojos castaños, aprovecho ese instante de confusión, para bajarse del escritorio, secar sus labios hinchados y húmedos, acomodar su falda y salir huyendo sin mirar atrás. Prácticamente corrió hasta su pequeño escritorio y tomó su bolso. Despavorida huyó hasta los ascensores y no se detuvo hasta llegar al muelle donde debía tomar su ferry. ¿Qué rayos había pasado? Había estado a punto de… ¡Con su jefe! Por todos los cielos, ¡con su jefe comprometido en casamiento!.

Trató de calmarse sin éxito. Continuó reprochándose su comportamiento hasta llegar a su casa. Olvidó el incidente con su jefe, tratando de justificar su comportamiento como producto del alcohol (que casi no había bebido). Cuando abrió la puerta de su casa, se dio cuenta de que eran más de las siete y media. James ya no estaba. Sintió decepción y algo de vergüenza.

Con desgana presionó el botón de su teléfono para escuchar los mensajes de voz. Uno de los dos mensajes era de Luna, quién le avisaba que se pasaría el domingo para perder todo el día en la playa y para contarle sobre el encuentro que había tenido con un muchacho en la oficina de correos. Hermione sonrió un poco al pensar en lo emocionada que su amiga se escuchaba, esperaba que no fuera otro patán, pues Moony no lo merecía.

El otro mensaje la congeló en su sitio. Era James. Lo supo desde que escuchó la varonil voz en la cinta.

¿Hermione? Habla James. Este… bueno, estuve hoy en tu casa, espero que notes los adelantos que hice hoy en la cocina. —Silencio. —Estaba pensando, que… bueno, te esperé una hora, pero no llegabas y… bueno. Si escuchas este mensaje, quería, pues… quería, pues saber si estabas libre mañana. No… no es una cita, bueno… Digo, tú sabes, ¿no? Eh… Bien, eh, si tienes un rato libre mañana, tal vez podamos salir a algún lado, digo, si puedes. No te sientas presionada… Bueno, se me acaba de ocurrir otra idea. Mañana tengo un partido amistoso de rugby, ¿te gustaría acompañarme? Después de ello podríamos ir a escoger el decorado del baño, bueno… es tu baño, tú lo escogerías, yo te puedo llevar y no se… tal vez pasar a comer por ahí o algo. Si aceptas, llámame o escríbeme un mensaje, te apunté el número de mi móvil en una libreta que dejé en la cocina, si aceptas pasaría por ti a las ocho de la mañana. Bueno, creo es todo, sino pronto me acabaré la cinta. Eh, no importa que hora sea… solo avísame, ¿si?. Nos vemos. —Y colgó. Le pareció extraño que un hombre, tan increíblemente atractivo como James y lleno de confianza en sí mismo, titubeara tanto en ese mensaje. ¿Acaso se sentía tan ansioso como ella?

Este correo de voz, le hizo sentir revoloteos en su estómago, también algo acompañados de culpabilidad por lo ocurrido hacía una hora. Pero fueron más grandes sus ansias de ver al moreno, así que cogió su teléfono y sin pensarlo mucho, le marcó.

Mientras tanto, en las oficinas de CEI, el empresario Draco Malfoy seguía tratando de bajar sus elevados ánimos con un cubo de hielo. Se sentó en su gran silla de piel y abrió el cajón derecho de su escritorio. Sacó una caja con habanos, encendió uno con tranquilidad. Aspiró grandes bocanadas de su fino tabaco.

Había estado tan cerca. Puede que ella recobrara la razón y saliera huyendo. Pero él, Draco Malfoy, no se rendiría. Granger era un trofeo que valía la pena tener y esforzarse por él. De eso estaba más que seguro. Tras probar su boca, sabía que debía saborearla toda, pues era mejor que el más caro caviar del mundo. No se detendría hasta tenerla desnuda entre sábanas de seda. Juraba que ella gritaría su nombre hasta quedar inconsciente. La escucharía suplicándole que la penetrara con fiereza, una... dos... mil veces seguidas hasta perder la cordura.

Pero primero tenía que conocer al infame tipo que la rondaba y ya sabía cómo lograrlo: la inocente y tonta de su prometida le ayudaría sin siquiera saberlo.

*****

Rápidamente se fue el sábado y el domingo, arrastrando con ellos, casi media semana. El intenso sol veraniego seguía tan brillante como siempre, sacando vapores a la ciudad completa. Una pequeña, pero nueva y acogedora casa mantenía sus puertas abiertas, que vanamente intentaban capturar alguna ventisca, perdida, de aire fresco.

Hermione ponía un poco de orden en su hogar. Sonreía a más no poder. Había pasado un fin de semana increíble. Y parecía que toda la vida le sonreía abiertamente. El sábado salió con James y lo pasó genial. Él resultó ser un hombre encantador. Fue sorpresivo saber que los fines de semana jugaba en una pequeña liga no profesional de rugby. Y aunque ella no entendía nada de ese juego, al que calificó como de bárbaros, pensó que James bien podría jugar con experimentados jugadores.

Hasta olvidó a su jefe y el incidente del viernes. A las ocho en punto, James pasó por ella en un bonito automóvil gris. Hermione pudo conocerlo un poco más. Ahora sabía que a James le apasionaban las motocicletas y que uno de sus sueños era recorrer la costa dorada en una Harley-Davison. También supo que había sido educado por su padrino Sirius y el buen Remus, al haber fallecido sus padres. Rió alegre cuando le contó las extrañezas de Nymphadora Lupin. Se asombró al saber como se había hecho esa cicatriz (y lo miró con reproche por meterse en esos líos). Después, pudo apreciar el partido de rugby, (donde los rabbitos juniors, el equipo al que el moreno pertenecía, lideraron todo el juego). ¡James le parecía tan varonil y masculino!. Al principio se burló de los pequeños shorts que debían vestir todos los jugadores, pero descubrió que era muy favorecedores para el guapo moreno de ojos verdes.

Después del partido, que resultó bastante entretenido, James tomó una ducha y pronto estuvo listo para ir a almorzar. ¡Se veía tan sexy con el cabello húmedo y alborotado! Hermione se sonrojó con facilidad cuando él la besó enfrente de todo el equipo, logrando que todos hicieran bulla. Sonriente y sin importarle, entrelazó sus dedos con los de ella y se fueron a almorzar a un restaurante muy agradable de Darling Harbour. Pasaron horas platicando.

Cuando fue a dejarla a su casa, la besó con intensidad, y aunque fue increíble, ella no se sintió tan audaz como para invitarlo a pasar. Él no insinuó nada, pero eso sólo lo hizo verse mejor a sus ojos. La respetaba. Lo que la tenía un poco confusa en ese momento, era que no habían aclarado nada. La besaba y cogía de la mano, pero nada de nada. Parecían novios, casi amantes, pero no había señales de relación alguna. Tal vez era tímido, pero esa explicación no la convencía en absoluto. Prefería pensar que él se tomaba las cosas con calma.

El domingo, pasó toda la mañana en la playa, bronceándose con Luna, quién le platicó que el tal Ronald le había llamado y quedado para salir el jueves. Y la tarde transcurrió con ellas viendo películas románticas (secreta afición que ambas compartían; pues disfrutaban masoquistamente de La boda de mi mejor amigo, que apesar de que ya la habían visto un millar de veces, seguían suplicando que el guapo, no eligiera a Kimi o que almenos, George no fuera gay -en esto seguían debatiéndose entre si era o no era). La castaña el lunes evitó, a como diera lugar, ver a su jefe. En esto no tuvo que hacer grandes esfuerzos, pues la señora Narcissa Malfoy y Astoria Greengrass (a quién Hermione no pudo ver a los ojos abochornada), se la pasaron en la oficina.

Anteriormente, esto hubiera fastidiado a Hermione, pero en ese momento lo agradecía. Creyó que podía abrazarlas y besarlas, cuando la rubia señora Malfoy le ordeno que hiciera reservaciones para tres en un spa privado en la capital del shopping, Melbourne. Donde pasarían desde el martes hasta el viernes. Esto era genial, pues el rubio no se aparecería por cuatro días seguidos. Y la prometida de su jefe, en un arranque de cortesía frente a la castaña, abrazó a Draco y le pidió que diera esos días a la secretaria, pues sería deprimente ir a la oficina sin nada importante que hacer.

La mirada profunda que le dirigió el guapo hombre a la castaña, la hizo estremecerse, pero nadie más notó ese intercambio incómodo entre ambos (para ella). Extrañada, notó como el rubio sonreía y asentía, pues no creía que fuera tan sencillo. En cambio, Draco Malfoy, se dejó besar por su prometida como si nunca le hubiera sido infiel (Hermione se conmocionaba al saber como podían ser algunos hombres). Y fue por eso que ahora, Hermione estaba tan tranquila en su casa haciendo limpieza. Era miércoles y no sabía de nadie más, sola y exclusivamente de James. El trabajo de la cocina estaba concluido y los arreglos del baño iban a la mitad.

Esto hizo sentir un poco de ansiedad a Hermione, pues no sabía que pasaría una vez terminara todo. ¿Volvería a ver a James después de finalizar sus labores en la casa?. Mejor no pensar en ello, pues la ponía triste. Rápido se recuperó, James no tardaría en llegar, pues ese día debía continuar trabajando en el baño. Lo que no se esperaba, era ver a su jefe atravesando la puerta, dos días antes de que regresara de viaje.

Con espanto abrió los ojos, cuando su jefe se apareció en la puerta abierta de su casa. Sin esperar invitación, el rubio atravesó la sala. Parecía dispuesto a todo. Hermione retrocedió intimidada al ver como los grises ojos se entornaban y oscurecían con lo que percibió era deseo puro.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó con más valentía de la que sentía, pues ese hombre se imponía y mucho.

— ¿Qué no es obvio, Granger? —A pesar de llamarla por su apellido, su voz fue tan sensual como una caricia a sus oídos. Se acercó tratando de tomarla. Iba dispuesto a satisfacer sus deseos, pues ni las caricias de Astoria en el hotel, lograron aplacar esa pasión desbordada que la castaña le provocaba. Sentía que se volvía desquiciadamente loco.

—No, no lo entiendo.

La inocencia que aún mantenía Hermione Granger, no hacía sino enloquecerlo más. No sabía si seguía virgen, pero daría todo por descubrirlo por sí mismo e inaugurar la deliciosa fábrica de dulces placeres. —Les dije que había salido una reunión urgente. Creen que estoy volando a Hong Kong en estos momentos. —Explicó sonriente, pero sin ocultar la ansiedad que tenía.

— ¿Cómo supo dónde vivo? —Hermione trataba de esquivarlo, sin mucho éxito, pues el rubio era más ágil que ella. Él pronto se percató que ella parecía temerle más que desearlo, así que se obligo a serenarse si quería alcanzar sus planes. Por otro lado, la castaña se paró firme, pues se sentía estúpida huyéndole. No aceptaría que esos ojos eran electrizantes. Además que ella siempre había sido valiente (no tanto últimamente, pero es que nunca se había encontrado en semejantes situaciones).

—Fue fácil, tengo acceso a todos los archivos de la empresa. —Dio por toda explicación. Se acercó a ella en dos grandes pasos, colocándose atrás de ella, para susurrar en su oído. —Te deseo. —Soltó con la voz ronca que erizo la piel de la joven. Fue directo, demasiado. Hermione no supo que decir, miraba con fijeza el plumero que tenía en las manos. Alguien perdió la sonrisa en ese momento al ver la escena.

Harry estaba que se lo llevaba de coraje. Sentía como una ola de rabia se apoderaba de su cuerpo al ver a ese hombre tan tranquilamente parado detrás de Hermione. Acababa de entrar por la puerta llevando un sencillo ramo de orquídeas rojas. Miró con desprecio al hombre rubio (el cual le respondió cínicamente), y deseo golpearlo con todas su fuerzas y obligarle a no acercarse nunca más a Hermione, porque ella era suya. En un par de zancadas se paró cerca del rubio-bonito y de Hermione. Carraspeo para hacerse notar.

Mientras el moreno estaba iracundo, el rubio sonreía con satisfacción. Sus planes iban mejor que nunca y avanzando a grandes pasos. Acababa de reconocer al tipo enorme que rondaba su propiedad, era un tipo famoso entre un selecto grupo de empresarios (que hacían reuniones sociales bimestrales, a las cuales el tipo de cabello negro nunca iba). Draco vio con desdén el alborotado cabello de su rival, enorgulleciéndose de su perfecta cabellera. El rubio no se amedrentó frente al joven de ojos verdes que había cruzado el umbral de la puerta y que lo miraba mandándole un mensaje «Aléjate de ella, es mía». La sonrisa de Draco se ensanchó aún más, esto se ponía cada vez más interesante.

—¡James! —Exclamó Hermione con sorpresa y alejándose rápido del rubio.

Draco Malfoy se confundió un poco. « ¿James?. ¿Acaso Hermione no tenía ni idea de que el moreno frente a ella era el adinerado Harry Potter?». Pronto entendió muchas cosas y sintió que nada podía ir mejor. Segundos atrás, creyó que Potter sería un gran estorbo para sus planes, pero resultó serle de más utilidad que nunca. Potter parecía a punto de explotar por su causa y eso le regocijaba. Y ahora, sabía algo que Potter había ocultado y tomaría gran partido de ello; su identidad. ¿Porqué lo haría?. Lo importante es que lo evidenciaría pronto ante Hermione, y él, Draco Malfoy, saldría vencedor en esta guerra, pues era evidente que Harry James Potter no tenía ni idea de quién era él y mucho menos de sus planes y astucia.

Todo estaba saliéndole a pedir de boca, nunca en su vida había estado más seguro de ello.


¡¡¡Hola a todos (as)!!!

Es un placer venir a dejarles este capítulo, pues sucede que andaba sin ánimo para escribir, pero me dije "o terminas el capítulo o lo terminas hoy". Así que después de releer los geniales reviews que dejaron la semana pasada, me senté con la lap en mi habitación y escribí hasta terminarlo. Creo que este capítulo me dio seis hojas de word (Ya tengo word, sucede que todo este tiempo he estado trabajando en wordpad jijiji. Era mi secreto mejor guardado).

Pues sucede que ando triste. Estoy viviendo sola en Australia y tuve mis primeras clases completamente en inglés y la verdad no entendí nada, así que decidí que mejor me quiero regresar a mi bello México lindo y querido, si muero lejos de ahí, que digan que estoy dormida y que me traigan aquí. Sniff, pero todo está por decidirse este lunes. Además, la buena amiga que hice aquí, es de Francia y se acaba de ir hoy, la acompañé al aeropuerto y pues me siento muy triste. Pero espero no se note en el capítulo.

Bueno, cambiando a temas más alegres, voy a responder los reviews del capítulo 3 y 4 aquí mismo:

relenna: Que bueno que estés disfrutando los capítulos, me da mucho gusto ver tus comentarios. HermyLuna: Una de mis más fieles lectoras UA. ¡Me encantan tus comentarios! Me hacen reír mucho, espero hayas disfrutado este chap (hay un poquito H/D, espero haberlo hecho bien). En cuanto al review del pasado chap: ¡No me mates!, aún... ¡jejeje! Y el momento redmoon, pues me salió de improviso, no lo tenía contemplado, pero me parecen una pareja bastante agradable. Y aprecio que lo consideres entre los favs :D. Suri Evans: Gracias por tu review del cap 3, ¿de qué parte de México eres? ¡Qué bonito es vivir en México con todo y sus dificultades! Y que gusto que te guste el fic, un abrazo desde aquí. alastor82: En el review del 3 ya no te dije como viste Herm, pero pues digamos que sencillos vestidos semi-formales, pantalones corte entubados (creo en inglés es straight o algo así y zapatos bailarinas a juego), al contrario de las Malfoy, quienes visten más tipo realeza ¡jeje! No se como explicarlo, pero me parece las chicas australianas se visten bastante agradable (claro que hay mucha asiática, así que es una combinación) ¡Gracias por ambos reviews! Aquí sale más un poco sobre lo que hace Draco, uhmmm... Cuidado Harricito... ¡Gracias de nuevo! M0rme: ¡Mil gracias x leer este fic! Es cool contar con tus comentarios por estos lares, saludos y gracias. luna-maga: Ese Draco... debíamos aclarar un poco más lo que piensa, en este capí da un avance muy grande, esperemos que Harry se ponga las pilas antes de que le roben el mandado, jeje! Gracias dobles x tus comentarios en los capítulos, ¡abrazos!. ryomahellsing: Gracias por tu apoyo al fic, ¡es muy grato para mí contar con ello! Nos estamos leyendo por aquí. Shura Dragon Fanel: Espero hayas sentido igual emoción a la actualización de este nuevo capi. ¡Gracias 1000 por tus reviews!. angel de acuario: Me alegra saber que te gusta la historia, ¡espero la sigas leyendo y disfrutando!, ¡bye!. percy: Gracias x tomar el tiempo para comentar, espero este capítulo te haya gustado ;P. zofiamoon: Gracias por leer este sencillo fic, tus comentarios son valiosos para mí, una brazo, espero leerte por aquí de nuevo. prozack: ¿Qué hay!. Espero seguir cubriendo tus expectativas con este último chap, un abrazo, ¡chao!. sakatomo-kirumi: Jeje! La intención inicial eran no más de seis capitulos más el épílogo, pero los personajes cobraron vida y talvez de para un capítulo más, pero los controlaré para no hacerla tediosa ni más extensa de ocho capítulos con epílogo incluido. Espero que sigas leyendo y disfrutando el fic. killalight: ¡¿Te encanta la historia?! ¡En serio que genial! Draco no creo que haga daño, pues lo que quiere es placer jijiji, pero ya veremos que pasa... ¡estate al pendiente! Un abrazo. uLii: El saber que te encanta esta historia, me alegra mucho y da ánimos para continuar, un abrazo y te invito a seguir disfrutando el fic. ¡¡Gracias!!. Yess Twilight Cullen: Que chico tan guapo sale en tu avatar ¡jejeje! (pero confieso que me gusta mas Jacob jiji) Gracias por tu review, espero sigas pensando lo mismo del fic, después de este capítulo, un abrazo, nos leemos por aquí :D.

Espero que no me haya saltado a nadie, por favor sigan comentando para saber si vamos por buen camino, sólo espero no haya alérgicos Dramione.

¡Estoy tan feliz que con 8 reviews más llegaremos a los 50! Es tan satisfactorio porque le estoy poniendo muchas ganas a RUGBY GAME. Así que sigan comentando sin parar y sepan que la publicidad gratis siempre es bienvenida ¡Jejejeje! Pero no pression...

A los lectores y lectoras que toman el tiempo leyendo esta historia, la agregan a favoritos, la ponen en alerta, MUCHAS GRACIAS, los invito a escribir aunque sea un review, pues se los agradeceré de corazón y podré conocerlos.

Abrazos y besos para todos(as) los que quieran recibirlos, y si alguien no los quiere, sólo griten ¡Protego!. Y si los besos vuelan con todo y agüita, con un impervius será suficiente :P.

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