Disclaimer. Los personajes y todos los datos conocidos pertenecen a JK Rowling. La trama a Orquídea Negra (¡Quién suplica clemencia por tardar tanto en actualizar!) y los reviews a TODOS ustedes que se toman el tiempo para comentar; a ustedes ¡MIL GRACIAS!.
Si a alguien le interesa saber porque he tardado tanto en actualizar (para tener el pretexto de cruciarme), pues informo sobre ello al final, si no les importa y quieren matarme, pues salten hasta el botoncito de los reviews :D
Ahora sí, ¡Disfruten el capítulo más largo del fic (para compensarlos)!
Astoria Greengrass no estaba disfrutando del lujoso spa, en una de las más caras y privadas playas de Melbourne, una hermosa y gran ciudad al sur de Australia.
Cuando Draco le había dicho que le gustaría tener algunos días de descanso lejos del trabajo, ella propuso de inmediato pasar el tiempo en Melbourne, donde Narcissa podría pasar el tiempo en el spa y ella y Draco en cosas más entretenidas. Pero estaba muy inquieta desde que nada resultó como lo había planeado.
Resultó ser que la noche anterior, su querido rubio había sido llamado por cuestiones de negocios a Hong Kong y aunque ella se había apresurado a llamar a la mucama para que les hiciera el equipaje, Draco fue más rápido en guardar un par de cosas e irse al aeropuerto. Así, sin más, sin ninguna intención de hacerla participe de su salida.
Eso le daba cierta preocupación. Pero no quería exteriorizar sus temores, pues una dama de sociedad, para evitar ser la comidilla de otras mujeres, se guarda sus sentimientos. Y en esta ocasión, su sentir no era para nada positivo. Pensativa, trataba de ignorar sus temores, mientras una mujer asiática muy delgada, le colocaba piedras de río calientes sobre su espalda desnuda, a lo largo de su columna.
Giró su bello rostro para mirar a la rubia mujer que estaba siendo cubierta por el barro más fino de importación. A Narcissa no le había sorprendido en absoluto la pronta partida de su hijo y Astoria no era tan tonta como para insinuar aquellas sospechas que le insistían en su mente; Draco era intocable para la señora Malfoy.
Así que se tuvo que conformar con sumergirse en sus propios pensamientos. Con claridad podía recordar el día en que decidió que sería la esposa de Draco Malfoy, tenía en ese entonces quince años. ¡Cómo se había alegrado de no ser la mayor de las Greengrass!, pues no hubiera soportado casarse con Marcus Flint; tan obeso y desagradable.
En cambio, el heredero Malfoy era todo lo que ella había soñado desde que su niñera le leía aquellos cuentos de hadas. Astoria, tan rubia, siempre soñó con ser la bella durmiente, y su ideal para príncipe era rubio, alto, esbelto, de sonrisa encantadora y lleno de promesas de amor eterno.
Al tiempo que creció con los maravillosos cuentos de princesas de ensueño, las historias de infidelidades rozaron igualmente su infancia y adolescencia. Si bien, ninguna de las elegantes damas que conocía, habían expresado sus situaciones con sus respectivos maridos; sus escándalos eran expuestos a voces, en las elegantes reuniones de té, siendo como pactos de silencio, donde se cotilleaba sobre las situaciones embarazosas de las aludidas y por supuesto, no invitadas a tomar el té.
Desde entonces, Astoria juró que ella nunca sería parte de la comidilla, por eso invertía casi todo el tiempo en su aspecto personal. Pues segura estaba, que si se mantenía hermosa y deslumbrante, su esposo no pensaría sino en ella y nunca le sería infiel. Pero descubrió que no a todas les corresponde vivir un cuento de princesas, más no por ello, Astoria se dejaría vencer.
Desde que iba en el colegio, puso sus ojos sobre el atractivo rubio de ojos grises que estudiaba en el mismo año que su hermana. Draco siempre tan apuesto, varonil, rico... todo lo que se le había enseñado que debía tener su futuro marido. Cuando supo que él ya estaba prometido en matrimonio con la odiosa de Parkinson, se deprimió mucho, pero lo ocultó muy bien. Pero cuando salió a flote el escándalo del año, fracasó en su intento de ocultar el regocijo que le produjo aquella desgracia ajena.
Persuadió a su madre sutilmente, puesto que fue ella quién dio la brillante idea a su marido de emparentar con los Malfoy. Y en un abrir y cerrar de ojos, se encontró con el anillo Tiffany en su dedo anular. Al principio fue un poco difícil acercarse a Draco, pero ella tenía los suficientes encantos para hacerlo probar una noche en su cama. Ni que decir que fue más que suficiente, pues él, al menos una vez por semana iba a buscarla.
Estaba segura que Draco había tenido sus amantes ocasionales aún estando con ella, pero el ser la prometida le daba otro nivel sobre todas las golfas que seducían al guapo rubio, además estaba segura que al casarse, él tomaría seriamente su compromiso marital. Podía jurar que ella tenía un lugar especial en la vida de Draco Malfoy, pues él siempre regresaba a ella, siempre, y con la misma pasión e intensidad. Así, la intimidad que compartían, seguía siendo grandiosa... hasta la noche anterior.
Draco por primera vez, no había podido seguir adelante. Astoria pensó que había sido culpa suya y se escabulló con rapidez al tocador, tratando de entender si el camisón beige no había sido adecuado, o si tenía algún vellito notable en su cuerpo, alguna imperfección, ¡hasta revisó si tenía mal aliento! Pero nada. Su cuerpo seguía tan impecable como siempre. Decidió volver a la recámara, solo para encontrarse con que Draco hacía su maleta y le decía que debía partir de urgencia.
Bufó de incredulidad, llamando la atención de Cissy.
—Astoria, ¿Te ocurre algo, querida? —preguntó Narcissa Malfoy tratando de no moverse mientras continuaban aplicándole barro en su cuerpo.
« ¡Claro que sí! ¡Y el culpable de todo es tu hijo!»
Deseo poder contestar, pero se limitó a mentir con naturalidad. —No, Cissy. Gracias por preguntar.
La madre de Draco asintió y cerró los ojos. Astoria se mordió los labios. Temía que una mujer lograra lo que ella aún no había podido obtener de Draco Malfoy. Pues aunque se habían hecho uno, aún no existía esa conexión especial entre ellos. Aún no la amaba.
«Pero lo hará».
Afirmó con la seguridad de que Draco volvería a ella, tal y como sucedía siempre. Y entonces la amaría con todo su ser. Nada ni nadie les impediría estar juntos. Nada derrumbaría lo que tanto esfuerzo le había tomado construir... eso si Draco regresaba a ella.
Y temió.
*****
La ola de calor se extendía incansablemente desde la zona norte, hasta el sur, acariciando con intensidad las playas de toda la costa este de Australia. Mientras el calor continuaba arrasando la ciudad, un viento tibio y abrasador, levantaba imperceptibles nubes de polvo, haciendo de ese verano algo sofocante, que alteraba aún más los nervios de Harry.
Después de ese encuentro con Hermione y el rubio aquel, pensó que nada podía ir peor... hasta que Hermione le dijo que era su jefe. Jefe y trabajo, deben resultar en una relación meramente laboral. Pero por la forma en que el rubio se posicionó posesivamente detrás de Hermione, supo que el hombre buscaba llegar a algo más allá de lo estrictamente permitido profesionalmente entre empleados y empleadores.
Y no conforme con ello, el jefe de Hermione resultó ser considerado un fuerte rival. Así como en la cancha de rugby, analizaba a los jugadores del equipo contrario, Harry no pudo menos sino hacer lo mismo con el rubio que tuvo frente a él. Un poco más bajo que él mismo, aunque rubio casi platino, no podía negar que era bien parecido. Y sabía lo que hacía, pues puso fácilmente a Hermione nerviosa, aunque bien pudo ser él, Harry, quién lo hiciera.
El guapo hombre de brillantes e intensos ojos verdes, sonrió. Siempre quedaba la posibilidad de que el enemigo tuviera un punto débil, tenía que observar con cuidado, saber todo del tipo aquel. Preguntaría a Sirius, tenía la ligera idea de haber escuchado ese nombre tan peculiar con anterioridad, pero no lograba recordarlo. Parecía un hombre bien posicionado económicamente, pues su traje de corte italiano y la corbata fina, lo revelaban.
Si se movía en los mismos círculos sociales de negocios, probablemente Sirius o Remus sabrían quien era, pues él, Harry, no acostumbraba ir a ese tipo de reuniones, ya que odiaba ser el centro de atención. Parecía que todo el mundo conocía a los Potter y su trágica historia, y él no se prestaría a esos circos de sociedad. Claro que no, lo suyo era la vida al aire libre, sus límites llegaban a donde se alcanzaba a percibir el horizonte y su espíritu indomable amenazaba con arrojarse cualquier día a la aventura.
Harry Potter aceptaba tener talento en los negocios y sabía sacar buen provecho de cualquier cosa con la que pudiera lucrar. Sin embargo, un día viajaría en motocicleta a través de la costa dorada australiana. Tenía dinero para eso y mucho más. Podía recorrer el mundo si quisiera con los más grandes lujos, pero eso no iba con él. No negaba que disfrutaba de los buenos autos y comodidades, pero le gustaba probarse a sí mismo, ver su resistencia, retar su alcance. Por ello mismo, se había adentrado en el mundo del rugby, donde los jugadores casi no tiene protección y todo es puro trabajo en equipo y esfuerzo físico con estrategias.
¡Amaba eso!
Bueno, las estrategias no tanto, pues normalmente trabajaba sobre la marcha, cosa que lo atribuía a sus deseos de aventura. Por lo demás, gozaba de mostrar y tener la aptitud para todo lo que emprendiera y ahora su nuevo deseo era el que la atractiva castaña le presentaba. No era un reto, no señor, era un deseo y sus deseos siempre son más grandes y difíciles que los retos que son cuantitativos, puesto que no se fijan a base de números, son más de alcance cualitativo.
Ahora, empezaba a soñar alto con una mujer. Pero no era una mujer cualquiera, no. Desde los carnosos labios y paladar dulce como la más deliciosa miel de abeja, los ojos grandes y brillantes como ámbares relucientes, rodeados de espesas pestañas como el chocolate. Hasta la barbilla del rostro, tan suave, delicado, de gestos decididos.
¡Dios, amaba esos rizos que enmarcaban su angelical rostro! Y si prestaba atención más al sur, no podía menos que sentir los vellos de la nuca erizarse, pues esos pequeños, pero firmes pechos como apetecibles manzanas, el vientre plano que adivinaba extremadamente suave. Tan solo de imaginarse penetrando esa tupida entrada de rizado vello castaño y palpando con sus manos esa estrecha cintura, redondeada cadera y bonitas piernas, lo hacía estremecerse de placer.
Ahora podía decir que deseaba más que nunca a una mujer. Y no a cualquier mujer. Quería a Hermione Granger, ella era diferente, especial. Cada vez que la besaba, algo tan simple como una caricia suave, podía jurar que la sentía derretirse sobre sí misma. Sentía que ella lo deseaba. Lo deseaba con toda su masculinidad y hombría que él con gusto le ofrecía. Cada vez que la acercaba a su pecho, podía sentir sus pezones endurecerse con el más ligero roce de la camiseta de él.
Suspiró. Debía parar, pues la próxima ocasión que la viera, le arrancaría la ropa sin pensarlo, pues solo ella había logrado despertar ese instinto que nunca se imaginó alguien pudiera provocarle. Necesitaba todo su auto control cada vez que estaba con ella. Pues Hermione se le antojaba inocente. Y sería todo un honor para él, iniciarla en el mundo de los placeres que el contacto entre dos personas que se atraen puede ofrecer. Esa intimidad que sus vagos recuerdos infantiles le recordaban el amor entre sus padres.
Un momento.
¿Amor? No, no, no. Él no estaba enamorado. ¡Por supuesto que no!.
Pero entonces, ¿porqué el pensar en formar una familia con Hermione, se le hacía tan antojable como tenerla desnuda en la playa para él solo? ¿Porque sentía la llama de los celos arder en su pecho al recordar al rubio de pacotilla? ¿Porque el respetarla demasiado (como para no atreverse a ir más allá que solo besarla), le importaba tanto? ¿Por qué le preocupaba lo que ella pudiera pensar de él?
No, amor no podía ser, seguro que no.
Más la imagen de ella, vestida de blanco al lado del rubio-bonito, lo molestaba sobremanera y se le ocurrían mil formas distintas de dolorosa tortura aplicada sobre el tipo de pálida piel. Estas sensaciones se estaban saliendo de control. Nunca antes había sentido tanto deseo, tanta ira, tanta pasión, tantos celos, ¡tanto de todo! Debía platicar urgentemente con alguien.
Primero pensó en su fiel amigo Ronald, pero últimamente andaba más distraído que de costumbre. Le había llegado el rumor que Ron se la pasaba por la empresa buscando documentos que debían enviarse por correo postal y que murmuraba con regularidad algo así como "Luna lunática". Además que, en punto de la hora de salida, se iba prácticamente corriendo de la oficina.
Harry casi no se pasaba por la oficina, pues Remus y Sirius le había prometido nada de papeleo, así que no podía confirmar esos rumores sobre Ron, además que por el momento tenía sus propios problemas como para batallar con un pelirrojo temperamental. Cuando su obsesión por Hermione terminara, ya se ocuparía en que no metieran a su amigo al manicomio.
Tras descartar a Ron, pensó Remus, por lo que le llamó a primeras horas de la mañana, despertando también a Dora. La opción que le dio Remus fue un "estás enamorado" seguido de un chillido agudo de Dora. Así que Harry mejor colgó, tras decir que prefería ir a la casa que Sirius tenía al sur de la ciudad (donde su padrino pasaba algunos días al año), por una explicación más lógica.
Con firmeza apretó el volante y pisó el acelerador, le urgía aclarar su situación. Investigar quien era Draco Malfoy. Y, repetir el beso que se dio con Hermione frente al hurón de su jefe.
*****
En una agradable y elegante propiedad, un hombre se encontraba aún en su cama. A su lado, una mujer de piel muy oscura, se despertaba bostezando con ganas. Tras estirar sus brazos, miró al hombre que seguía dormido. Con una de sus delicadas manos, se dio a la tarea de recorrer ese torso desnudo, mientras sus labios daban pequeños besos en el esbelto pecho.
Poco a poco y con desgano, el hombre se despertó y miró indiferente a la morena mujer. ¿Cómo se llamaba? No lo recordaba y tampoco le interesaba mucho recordarlo. Era hermosa, no podía negarlo y la noche había sido fantástica, pues la chica desbordaba una energía impresionante. Pocas podían seguir el ritmo con que él desfrutaba de tener sexo.
Meditó rápidamente si le convenía mantener una amistad con esa bella mujer de largas pestañas y voluptuosos pechos. La analizó descaradamente al tiempo que ella se levantaba soltando algunas risas. Sin vergüenza, la morena dejó caer la sábana blanca que la cobijaba, descubriendo su desnudo cuerpo que era perfecto. Con paso lento caminó hacia la ducha, permitiendo que el atractivo hombre disfrutara de la vista.
El teléfono de la habitación, sonó con ímpetu cuando la chica cerró la puerta del baño. Sobresaltado por el estruendoso sonido que había programado en el aparato, el guapo hombre levantó la bocina y contesto sin ganas.
— ¿Diga?
— ¿Sirius? —Respondió la voz de una mujer al otro lado de la línea.
—Él habla. ¿Se puede saber quién...
— ¡Oh, Sirius! —exclamó en respuesta acortando la pregunta. — ¿Pues quien va a ser? Soy Nymphadora, ¿te ha hablado Harry ya?
— ¿Harry? —repitió estúpidamente el atractivo Sirius Black. — ¿Ha pasado algo? —preguntó preocupado, empezaba a imaginarse lo peor. — ¡Habla, Dora!
— ¡No estoy segura! Hace un rato llamó a la casa, Remus contestó. No es nada alarmante... —Sirius se relajó nuevamente — ¡Oh, Sirius! —Gritó llena de felicidad — ¡Creemos que Harry está enamorado!
— ¿Enamorado? —Volvió a repetir estúpidamente Sirius. Y colgó antes que Dora empezara a bufar indignada por su falta de reacción. En ese momento, la puerta del baño se abrió dando paso a la guapa morena envuelta en una diminuta toalla.
El amor y la fidelidad podían ser para Remus y Harry. Incluso lo fue para su gran amigo James años atrás. De hecho le alegraba sobremanera que su ahijado encontrara a alguien especial, esa tal Hermione debía ser una gran persona si había alcanzado el corazón de Harry. Pero todos esos rollos del amor hasta que la muerte los separe no eran para Sirius Black, él siempre estaría ahí para todas las mujeres desamparadas. No podía negarlo, era un alma filantrópica.
¿Pues qué sería de todas las mujeres sin alguien libre y dispuesto como él, el hippie-Cloney-bohemio de la vida real? ¿Acaso iba Sirius Black a rechazar sus sesiones de spa por pasar tiempo en el hogar tratando de mantener un matrimonio? ¡Claro que no! El apuesto moreno no pudo evitar soltar una carcajada casi semejante a un ladrido, provocando que la mujer volteara a verlo confundida.
Debía apurarse para recibir a su ahijado. Por lo pronto, lo mejor sería despedir y dar las gracias a... «¿Camilla?» bueno, a esa mujer. Prefirió esperar hasta que terminara de vestirse, después de todo, fue el mejor follón que había tenido esa semana.
*****
Hermione suspiró. El día anterior, su casa parecía que estaba a punto de explotar por el temperamento de James. Que repentinamente, parecía llenar toda la sala de estar. Y la reacción por parte de ella, no ayudó mucho a calmar los ánimos. A pesar de haberse alejado de su jefe, este se volvió a acercar por detrás, (mientras James estrujaba el ramo de orquídeas rojas) solo para murmurar en su oído «Te deseo tanto, que te lo haría enfrente de ese tipo aquí mismo». La castaña no pudo sino estremecerse como lo hizo en aquel momento.
Pero tras el ligero sonrojo que palabras tan audaces le colocaron ayer, sus ojos castaños chocaron con los verdes de James, quién irradiaba enojo por todos lados. Ella trató de transmitirle que ella no había llevado al rubio a su casa. Si lo logró o no, no estuvo segura, pero lo que pasó al siguiente instante, le cortó la respiración.
James arrojó las estrujadas flores y en dos enormes zancadas, llegó hasta donde Hermione había estado parada. La apartó bruscamente del rubio (que había colocado una mano sobre la estrecha cintura de la chica) y la atrajo hacia sí para atrapar sus labios. James devoró con ferocidad la boca de Hermione y sin importarle la presencia del rubio, recorrió con firmeza la espalda de Hermione, desviándose hasta ladear por el trasero y posarse sobre la cadera.
Hermione quedó paralizada, pero las mil sensaciones que los labios de James le provocaban, le hacían reaccionar al roce tan íntimo que estaban teniendo. Definitivamente, era el mejor beso que le habían dado nunca. Con una sensualidad que creyó imposible, la lengua de James recorría cada rincón con presteza y maestría.
Hermione recordó como sus piernas temblaron y como se sintió desfallecer. Ni siquiera reparó en que su jefe estaba en la misma sala. Ese beso tan íntimo, fue casi como tener sexo con el increíblemente sexy moreno de ojos verdes, en frente de su jefe. Draco Malfoy, por su parte, tuvo que toser con fuerza para recordarles que aún estaba ahí.
No importaba ya. Hermione había sido doblemente compensada. Pues quedó claro a su jefe que ella mantenía una relación (o algo así, pues James seguía sin aclarar nada) y que ella no se prestaría para ser la amante de su superior. Y también recibió el más grandioso beso de toda su existencia. Le hubiera gustado hablar de ello con Luna, pero extrañamente, su amiga nunca tenía tiempo. Había estado muy ocupada últimamente.
Obviamente, con su jefe de regreso, Hermione tuvo que volver a trabajar también. Al principio le preocupó lo que pudiera decirle su jefe, pero acababa de terminar su turno de trabajo y ni siquiera la había llamado a su oficina. No pudo evitar sentir algo de alivio momentáneo.
Meditó un poco sobre lo que pasaba con James mientras recogía unas pocas carpetas y su bolso. No sabía de las verdaderas intenciones del moreno, pero ella se sentía tan bien en su compañía, que no dudaría en acostarse con él. No creía que él buscara un compromiso serio con ella, ni que de todo eso saldría una propuesta matrimonial. No, los hombres como el de los hermosos ojos verdes no estaban hechos para una vida de compromiso, no se enamoraban y no creían en un felices para siempre.
Hermione dudó un poquito, pero al fin, decidió que ella tampoco estaba hecha para una vida conyugal. Eso era genial, pues así, ninguno de los dos se sentiría atado ni comprometido. Sería interesante convivir juntos en su casa o en algún departamento (dudaba que James tuviera una casa decente con el sueldo que ser carpintero le dejaba).
Aunque también entraba la posibilidad (en cuanto terminara esa semana y con ello los últimos y minúsculos arreglos del baño), que James saliera de su vida para siempre. Y ahí sí que Hermione no estaba tan segura de querer dejarlo ir.
Además no sabía mucho de él. Ni siquiera estaba segura de que no fuera casado, tuviera una familia, hijos. No pudo evitar imaginarse a una modelo por esposa y pequeños niños de sonrisas encantadoras y chispeantes ojos verdes. La castaña se sorprendió que eso no cruzara por su cabeza antes. De todos modos, algo le decía que algo no andaba bien, pero no era tan grande como que le ocultara una familia. ¡Sería imposible!
Sonrió, segura y decidió seguir confiando en James. Con pasos rápidos, salió de la oficina sin mirar atrás. Pues de haberlo hecho, se habría encontrado con dos fieros y destellantes ojos grises, más parecidos a dos témpanos de hielo y se hubiera estremecido de miedo al adivinar sus pensamientos.
Draco Malfoy salió tras Hermione sigilosamente. La castaña se había detenido frente a los ascensores y se mordía el labio nerviosamente. Por estar pensando en James, se había entretenido y ya no había casi nadie en el edificio. Las puertas de un amplio elevador se abrieron y entró. Con agilidad, el rubio Malfoy alcanzó a entrar junto con ella mientras las puertas se cerraban.
El grito de sorpresa que quiso salir de la boca de Hermione, fue callado abruptamente por los finos labios del rubio, acorralándola contra el espejo en la pared. Con desesperación, Draco empezó a desabrochar los botones de la blusa de Hermione con su mano derecha, mientras con la izquierda tironeaba la falda corta y lisa de la castaña.
Hermione trató de apartarlo de ella, rogando internamente que no pasara lo que parecía a punto de ocurrir y que el ascensor se detuviera y entrara algún despistado por ahí. Pronto la mano derecha del rubio logró abrir la blusa y empezó a acariciar los senos de la chica. La castaña gimió contra su voluntad, cuando el rubio apartó sus labios de la boca de Hermione y empezó a succionar el cuello de la chica hasta llegar a los pezones. Aprovechando que ya podía hablar y evitando estallar de placer, Hermione murmuró:
—No, pare... pare... por favor.
Draco Malfoy no dio señal de haberla escuchado. Hermione sorpresivamente, sintió una ráfaga de aire por debajo. Su jefe ya había bajado sus bragas sin que ella pudiera percatarse y empezaba a desabrocharse el pantalón mientras frotaban sus cuerpos con fuerza. La castaña se sonrojó violentamente y con más fuerza logró empujarlo. Sin mirarlo a los ojos, se volvió a poner la ropa en su lugar, pero no fue tan fácil abrochar la blusa con sus manos temblorosas.
—Te deseo tanto. —El ronco gemido era de evidente desesperación y deseo. Tras decir esto, Draco Malfoy, se volvió a aferrar a Hermione. Tomó con fuerza un brazo de la castaña y recorriéndolo alcanzó la mano, que introdujo a su entrepierna, siendo más específico en mostrar su deseo. — ¡¿Qué no lo ves?! —suplicó con la voz entrecortada.
—De... déjame ir. —Gimió la chica de ojos castaños. Más que temor al apuesto rubio, que obedecía ciegamente a sus primitivos instintos, Hermione temía de lo que ella estaba sintiendo, un descontrol que nunca había tenido y solo esperaba tenerlo con el hombre que ocupaba sus más íntimos sueños. —Por favor...
Draco había descendido hasta enterrar su rostro entre los pechos de la castaña, lamiendo su abdomen. Pero algo en la voz de ella, lo hizo alzar el rostro hasta posar sus ojos grises sobre los castaños de ella. Algo se removió en su interior y lentamente apartó sus manos del cuerpo menudo de ella, que tantos placeres desconocidos le estaba entregando.
El heredero Malfoy, se estiró en toda su altura y secó sus labios con su mano izquierda. — ¿No entiendes cuánto te deseo, Granger? —Ella no supo que responder, así que él continuo —Eres lo más delicioso que he probado nunca... ¿Por qué no me dejas...? —Su voz cargada de deseo, no le importaba que ella lo viera en ese estado. ¡Era hasta humillante! Pero estaba dispuesto a arrastrarse de ser necesario para recibir ese favor sexual. Si no ocurría, se volvería loco.
—Es sólo que...
—Te juro que no te arrepentirás, pide lo que quieras, lo tendrás. ¿Qué quieres, Granger? —Hermione no respondió. Tras unos segundos de silencio, el rubio añadió —Es por el desgraciado de Potter, ¿verdad? —La castaña lo miró con evidente confusión.
— ¿Potter?
—No me digas que no sabes quién es el tipo con el que te has estado viendo. —Draco Malfoy no pudo evitar decirle con su voz cargada de burla, a pesar de la situación en la que se encontraba él mismo.
—No... Digo, si se. Se llama James, James Evans. —Negó Hermione con incertidumbre, ¡todo era tan confuso en ese instante!
— ¿Estás segura? —Con ironía, sacó un recorte arrugado de revista del bolsillo de su pantalón y se lo tendió. —No quería mostrártelo, pero tampoco puedes vivir en una mentira.
Con manos igual de temblorosas que antes, cogió la imagen, donde un moreno de ojos verdes, cabello azabache, cicatriz de rayo y deslumbrante sonrisa vestía un traje elegante y moño, mientras sostenía de la cintura a una famosa actriz australiana. Grandes letras negras anunciaban bajo la imagen;
El empresario Harry J. Potter anuncia su compromiso con la actriz y modelo Angela Thomas.
Hermione no podía creerlo. ¡James era el tal Potter! ¡Y estaba comprometido! Se sintió engañada, ¿Cómo terminó tocando a sus puertas como su carpintero? ¿Por qué no le dijo quien era? ¿Qué ganaba con ocultarlo? ¿Acaso sólo quería aprovecharse de ella, sabiendo que nunca más volvería a verla? ¿Y porque ella estaba sufriendo tanto, si se supone no estaba enamorada?
Las puertas del ascensor se abrieron y Draco las detuvo poniendo su pie en la salida. Hermione detuvo las lágrimas con firmeza, ya que sabía quién era en realidad el hombre al que se negaba a aceptar que amaba; James. Debía enfrentarlo. No sabía cuando ni donde, pero en algún momento lo haría, ahora sentía que no tenía fuerzas suficientes para hacerlo. Una parte de ella trató de justificarlo, pero rechazó ese raciocinio. Estaba destrozada, así se sentía.
Olvidándose por completo de lo que acababa de pasar en el elevador, tomó sus cosas esparcidas por el suelo y se alejó tratando de abrochar su blusa. Draco Malfoy sonrió con suficiencia. Algo frustrado, pues tendría que desahogarse él solo, pero lo valdría de momento. Silbando, se dirigió al estacionamiento. Más que pronto, Hermione Granger sería completamente suya. ¡Ya había estado tan cerca de ello!
Mientras caminaba hacia la limousine que le esperaba, decidió que cuanto antes enviara imágenes de lo que acababa de pasar en el ascensor, más pronto Harry Potter saldría de sus vidas. Llamaría a Crabbe esa misma noche para que se encargara de ello y las fotos fueran recibidas a primera hora de la mañana.
¿Acaso creía el cara-rajada, que con el beso que le dio a Granger en sus narices, había ganado la guerra? ¡Qué equivocado y estúpido! No hizo sino que se enojara de verdad y forzará las cosas.
¡Nadie, absolutamente nadie, se metía con los Malfoy y sus pertenencias!
Sonrió con ganas.
Satisfacción.
Era lo único que había para la vida de Draco Malfoy.
*****
Ya sabía quién era Draco Malfoy, el escándalo en el que se vio envuelto con los Parkinson, su actual compromiso con la más joven de los Greengrass, sus interminables infidelidades (así de informados estaban Sirius y Remus). Todo. Así que Harry ya tenía cartas que jugar si el hurón se atrevía a hacer otro movimiento.
Ahora sí, Harry iba rebosante de contento. Después de una larga charla con sus tíos, en casa de Sirius, aceptó lo que tanto había estado negándose a sí mismo:
Se había enamorado locamente de Hermione Granger.
¿Cómo no hacerlo?
Giró los ojos por lo tonto que había sido. Ahora estaba seguro que quería formar una familia con la solterona amargada que iba a cambiar su vida. Pasó el resto del día eligiendo una sortija de compromiso. No veía el caso de esperar más a proponérselo. Evidente es que son el uno para el otro y moría por mostrar a todos que ella era suya (y Dora moría, junto con la señora Weasley, por conocer alguna afortunada y respetable señorita para su querido Harry).
Además, con lo hermosa e inteligente que Hermione era, y con el idiota de su jefe acechando el terreno, lo mejor era adelantarse a todo aquel que pensará demás en su castaña. Quería ir a la de ya, a casa de Hermione, pero decidió que lo mejor sería ir a su oficina y pedírselo en medio de todos sus compañeros de trabajo, y después, pavonearse con ella frente a la cara del hurón, para que le quedara claro de una vez, que Hermione ya tenía a quien amar. Mañana se presentaría en el edificio corporativo de CEI.
Sonrió muy contento. Haría eso y en un par de meses, estarían tomando juntos el viaje que siempre soñó hacer, pero ahora iría acompañado por la mujer más fantástica del mundo. Al fin había encontrado el amor y todo parecía ir viento en popa.
La vida parecía sonreírle más que nunca.
¡Qué equivocado estaba! ¿No?...
Hello Everybody!!!!!
¡Ay, ay, ay! Pido miles y miles de disculpas por tardar tanto tiempo en actualizar. Lo que pasa es que estuve viviendo un tiempo en Australia y decidí volver a mi casa, en México. Entonces todo este proceso me robó un buen tiempo. Me tomó una semana donde no pude escribir, pues traté de aprovechar al máximo mi última semana por allá. Después, llegué a Vancouver, Canadá, donde tuve que pasar por migración, no conformes con ello, aterricé en Toronto, donde tuve que recoger mi equipaje y ¡hacer una reservación en un hotel! porque llegué un día a las 4pm y mi vuelo a México era ¡al día siguiente a las 9am! Ya se imaginarán que locura, pues resulta que era otro hotel, no al que llegué :P.
Bueno, entonces, ya en México, una semana entre ir y venir, que las visitas, que las pláticas (aún no veo a unas muy queridas amigas :S) y pues no pude ir a buscar un adaptador para mi laptop, sucede que la entrada de conexión es diferente en Australia y en México (Mi lap la compré en el extranjero) entonces ¡No podía hacer uso de mi compu, donde ya tenía avanzado el capítulo! No conforme a ello, a la semana de llegar, viajé dos semanas al sureste de México, por Tabasco, Campeche, Yucatán, Quintana Roo, Chiapas, Oaxaca y llegué a casa un día antes del 15 de Septiembre. Para no hacerla más larga, dos días atrás conseguí el adaptador. Ayer finalicé el capítulo (aprovechando que busco trabajo y estoy enferma reposando en casa -México me recibió genial :P) Y ahora mismo lo subo y finalizaré el capítulo 7 y último para subirlo lo más pronto posible.
Contesté algunos reviews mientras estaba en Australia, pero el resto ya no pude hacerlo.
A quienes respondí, una disculpa, les dije que esperaba subir el capítulo ese fin de semana ¡LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO!
A quienes no respondí, también una disculpa, pues pensaba hacerlo pero sin la compu y sin tiempo de ir a un café y con mi hna que no me soltaba su laptop (grrr), ¡fue imposible! ¡PERDÓN!
Agradezco a todos ustedes que pensaron en el fic en este tiempo, ahora no tengo tiempo de nombrarlos a todos; gracias por sus comentarios, sus adds a favoritos, los que solo leen y no se animan a dejar un mensaje. Gracias aún si pensaron en cruciarme, espero que el capítulo haya valido la pena.
Por favor háganme saber sus comentarios. ¡Fue súper emocionante llegar a los 50 reviews y ver que los pasamos! No me imagino lo bonito que sienten las personas que llegan a 100, 200, hasta 1000 reviews, ¡pero que bonito es ser principiante y recibir tantos y todos tan bonitos!
Gracias por su seguimiento a Rugby Game, ahora sí, les toca a ustedes informarme que onda.
Un abrazo de,
**La licenciada que debió ser RocK StaR**
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