Disclaimer. Todos los personajes y caracteres conocidos, pertenecen a JK Rowling, el planeado-comedia-ahora-drama es mío y los reviews, ¡les tocan a ustedes queridos lectores!
Me ha parecido demasiado largo el capítulo final, así que me disculparán que lo haya dividido en dos partes. Con la respuesta de los reviews, será que suba el Final, Parte II.
¡Mañana 11 de Octubre, es mi cumpleaños, así que espero sus comentarios como regalo!
¡Ahora sí, Disfruten la lectura!
Dora Lupin acariciaba con agrado su gran barriga. Parecía que en un par de semanas, el pequeño Ted había adquirido el tamaño de una sandía de tamaños desproporcionales. Estaba sentada en la cocina de Molly Weasley, lugar mejor conocido como la madriguera. Una chica pelirroja y menuda cortaba un pastel de calabaza dulce, receta especial de la señora Weasley.
—Sabía que esa chica traería algo bueno —fue la afirmación de la joven pelirroja. —Desde que atendí esa llamada, tuve una corazonada.
—Pues dirán lo que quieran, pero a mí me sigue preocupando el hecho de que no sea lo suficientemente buena para nuestro Harry. —Contradijo Molly Weasley, mientras pasaba unos platos pequeños a su hija más joven. —¿La conoces en persona, Tonks? Quiero decir, ¿Nymphadora?
—Prefiero que me sigas llamando Tonks a que vuelvas a pronunciar mi ilustrativo nombre completo, Molly. —Riñó bromeando la esposa de Remus Lupin. —Gracias. —Agradeció el pedazo de pastel que Ginny Weasley, la joven pelirroja, le había puesto en frente. —¿En serio no quieren que les ayude a preparar la fiesta de Charlie?
—¡NO! —Gritaron las Weasley al mismo tiempo.
—Quiero decir, no hace falta querida. Con que Remus y tú nos hagan el favor de acompañarnos, es más que suficiente. —Trató de explicar educadamente. Era conocido por todos, que la actual y única señora Lupin, daba grandes tropezones cuando se disponía a prestar su ayuda.
—Pero, Molly. Quiero ayudar...
—Dinos, Dora —Trató de cambiar la conversación la menuda pelirroja —¿Entonces ya has visto a la chica aquella?
—Verás que no. —Respondió pensativa la estrafalaria mujer, mientras chupaba su cuchara con placer, parecía que el pequeño Teddy disfrutaba de los pasteles caseros de la matrona Weasley. —Pero Harry va muy en serio. Tuvo una larga conversación con Sirius y al parecer, Harry piensa en una relación a largo plazo.
—¿Qué tan serio es? —Preguntó la señora Weasley, tratando de restar importancia al asunto. Algo imposible, pues Harry Potter era considerado como un hijo suyo.
—Pues Sirius le dijo a lunático que Harry había comprado un anillo de compromiso.
—¡QUE! —Volvieron a exclamar las féminas Weasley. Cuando ambas se enojaban o sorprendían, su parecido entre ellas, salía a brote y era evidente su parentesco.
—¡Ay ese muchacho! —Dijo la señora Weasley con algo de contrariedad al escuchar que Dora le decía lunático a su esposo. Para cuando se repuso de la impresión, añadió con ternura —Definitivamente hace falta la opinión de una madre a Harry. Sería buena idea que nos la presentara en el cumpleaños de Charlie.
—Lo más seguro es que lo haga —explicó Dora, viendo como Ginny volvía a servir otra pieza de pastel en su plato. —Canuto se lo confirmó a Remus.
—¿Cómo es que sabes todo lo que hablan Sirius y Remus? —Cuestionó la pelirroja muy intrigada. —Ahora que Neville y yo nos casemos, debo saber cómo obtener toda la información que requiero. —Se encogió de hombros la joven, cuando su madre la censuró con la mirada.
—En realidad es fácil. Quiero decir... —se explicó Dora mientras terminaba hasta la última migaja de su ración de pastel. —Por alguna extraña razón, siempre me entero por casualidad. —Y eso era algo muy cierto. Aunque Nymphadora no se percatara de lo que ocurría a su alrededor, siempre terminaba por enterarse de todo. Dora Lupin, siempre estaba en los lugares correctos.
—Pues yo insisto en que Harry necesita una opinión de madre. —Ninguna de las otras mujeres presentes se atrevió a contradecir a la señora Weasley, pues su palabra era ley. Molly suspiró con pesadez. —Espero que esa muchachita sea una buena persona, lo que menos necesita Harry son desengaños.
Ginny y Dora asintieron, en ese instante, Ronald Weasley hacía aparición por la puerta de la cocina, la que daba entrada desde el jardín trasero.
—Madre, ya regresé. Olvidé preguntarte si no te importa que traiga a dos amigas a la fiesta de Charles. —Dijo el pelirrojo mientras depositaba unas bolsas de compras en la mesa.
—Claro que no, Ronnie. —Respondieron un par de gruesas voces. En la pequeña cocina de Molly, se apretujaban otros dos hijos de la bondadosa señora. Ambos chicos que acababan de entrar, eran idénticos hasta las orejas. Fred y George Weasley era los bromistas de la familia. —El pequeño Ronnie al fin ha conocido alguna muchacha.
—¿Quién es la desafortunada, hermanito? —preguntó curioso quien al parecer era Fred.
—Eso no te importa. —Declaró el más joven varón Weasley.
—No, no, no, Ronnie. —Se adjuntó a la conversación George, negando con la cabeza y la mano —Así no debe hablar el pequeño Ronnie. —Así se llevaron la discusión hasta la sala, dejando solas de nuevo a las mujeres.
—Entonces, asegúrate, Dora, de hacerle saber a Harry que esperamos con ansias conocer a su novia. —Regresó al tema la matriarca Weasley.
—Por supuesto. Estoy segura que si ella es la indicada, no faltará a la reunión del próximo sábado.
—¡Qué emoción! A Nev le agrada mucho Harry, diría que hasta lo admira; cree que es muy amable. Le dará gusto saber que al fin Harry ha encontrado el amor. —Exclamó la joven pelirroja con ojos soñadores. —¡Estoy segura que es la indicada!
—¿Entonces no necesitan ayuda? —Pero nadie le respondió, así que mejor se encogió de hombros y pidió otro pedazo de pastel.
*****
Una esplendorosa mansión se levantaba en medio de un jardín rodeado de árboles tan altos como una casa. El verde pasto bien podado y cuidadas flores asomando por todos lados. Las altas y amplias puertas cobrizas, tenían una enorme letra que ponía al frente M en una elegante cursiva.
Alrededor del medio día, las puertas se abrieron automáticamente, dando paso a un lujoso Rolls-Royce de color hueso. A través de los setos del jardín, el elegante automóvil se abrió paso hasta llegar a la entrada principal de la Mansión Malfoy.
Las puertas del hogar de los Malfoy, eran altísimas como un pequeño cobertizo. El chofer uniformado en negro, bajó rápidamente del automóvil y se dirigió a abrir una puerta trasera, de donde descendió un atractivo hombre rubio. Su llegada fue anunciada y en el recibidor, Narcissa Malfoy salió elegantemente vestida a recibir a su único hijo, del cual estaba orgullosa.
—¡Querido! —Exclamó Narcissa, mientras se acercaba y daba dos besos en las mejillas de su hijo. —Que placer verte al fin.
—Lo mismo digo, madre. —Respondió Draco Malfoy por mera cortesía, su mente estaba distraída en cosas que ahora le parecían más entretenidas.
—Dime que no es verdad, Draco. —Exigió saber la señora Malfoy haciendo que su hijo la siguiera al despacho que era de él. Evitando parecer sorprendido. Era impresionante lo rápido que corrían los chismes entre las mujeres, por más elegantes y educadas que fueran. —Dime que no es verdad que has roto tu compromiso con Astoria.
Era un hecho, Narcissa estaba al tanto. Así que por eso he sido llamado, pensó el unigénito heredero. Se mantuvo callado hasta que su madre tomó asiento y él se puso lo más cómodo posible en el amplio sofá de piel verde oscura. No debía mostrar ni un ápice de inquietud. —Así es, madre. He terminado con Astoria.
—Sabes que esto no complacerá a tu padre, ¿cierto? —Habló Narcissa Malfoy tras breves instantes.
—Lo se. Pero no daré vuelta atrás. —Dio por toda respuesta el rubio. Miró con atención a su madre. Siempre tan reluciente, elegante. El cabello recogido en un sencillo moño en la nuca, pantalones de casimir negros y blusa de seda azul con zapatos a juego. En sus orejas relucían dos pequeños zafiros del mismo color de la blusa y un elegante collar a tono, bañado en oro blanco. Sus manos con dos anillos. El solitario de diamante y la argolla matrimonial de oro, relucientes como si acabara de adquirirlos.
—Esta decisión no es la adecuada para ti, hijo. ¡Piensa en tu futuro! —Exclamó alarmada Narcissa, aunque sin perder la compostura. —¡La riqueza que heredará Astoria al casarse, incrementará la fortuna Malfoy!
—Así que de todo esto se trata, ¿no, madre? ¡De incrementar la fortuna Malfoy! Mientras los Malfoy seamos más y más ricos, ¡que se joda el resto del mundo! ¡¿no?! —Gritó por respuesta el rubio, perdiendo los estribos. Todo el estrés de los pasados días, estaban llenándole como si fuera un bomba de tiempo, y se encontraba a punto de estallar.
—No te atrevas a alzarme la voz, que no pienso permitírtelo nuevamente —Siseó peligrosa su madre. —Esto no debe llegar a oídos de tu padre, Draco. Has de arreglar tu discusión con Astoria, a más tardar en una semana. —Resolvió con firmeza la elegante mujer.
—Entiende que ya no soy un niño y no puedes obligarme. Esa niña estúpida me ha fastidiado con sus dramas y no pienso soportarla el resto de mi vida. —Se defendió el rubio con fervor.
—Tienes razón, ya no puedo obligarte. Ya no eres un niño, pero eres un Malfoy y como tal tienes responsabilidades que debes atacar. —Y añadió con desprecio. —Y no me importa si sigues revolcándote con la zorra esa. Tu mujer será Astoria Greengrass. Cumplirás tu deber de heredero, si no quieres deshonrar a la familia y que tu padre te desherede. —Selló Narcissa su sentencia.
Draco Malfoy salió antes de que dijera algún improperio a su madre. Con un deje de frustración, azotó la puerta. Iría a buscar a Hermione Granger. Si su destino estaba ya marcado y debía unirse en matrimonio a la chica Greengrass, debía llevarse a la cama a Granger para terminar con ese deseo antes de que este terminara con él. No pensaba perder la poca cordura que le quedaba, cegado por el deseo. Pero ahora debía jugar algo más cuidadoso sus cartas; no iba a perder el juego, él nunca lo hacía.
*****
Literalmente cientos de papeles volaban por los aires.
En una pequeña oficina, el martes por la mañana, un altísimo hombre de cabello negro e indomable, y en estado exageradamente temperamental, se paseaba como león enjaulado arrojando los folders llenos de papeleo, que después costaría mucho ordenar, por doquier.
Y es que Harry Potter no podía hallarse en estado más estresante y lleno de ira jamás visto anteriormente... al menos no por su padrino; Sirius Black, el cual estaba sentado cómodamente sobre un bonito sofá de dos plazas.
—¿Has terminado ya? —Cuestionó el hombre mayor, mirando su manicure con minuciosidad; decidiendo que ya le hacía falta un retoque.
—¡No! —Obtuvo por respuesta, de un iracundo Harry Potter. —¡He estado buscándola como loco todo el maldito fin de semana!
—¿Supones que te ha estado evadiendo? —Insistió saber Sirius, sin despegar los ojos de sus manos, en la pose digna de un hombre muy sabio y bien vivido plenamente.
—¿Que si supongo? ¡Claro que lo sé, puedo asegurártelo! ¡Con lo terca y exasperante que puede llegar a ser esa mujer! ¡Arrrgh! ¡Pero no puede estar evitándome toda la vida, Sirius!
—¡Hey, tranquilo! Créeme, por lo que me platicas, si que puede hacerlo. ¿Ya te has plantado frente a su puerta? —Comenzó con preguntas que consideraba importantes. Su ahijado lo miró extrañado.
—Fui a su casa, toqué un par de veces, pero nada. ¡Yo no suplico! Y si la muy terca no quiere volver a saber de mí, ¡pues voy a hacer su sueño realidad!
—No, Harry. Así no conseguirás nada.
—¡Pero, Sirius! —Se quejó el moreno infantilmente. —La he llamado infinidad de veces. Fui a su casa a tocar y ¡nada! No pienso ir ni una vez más.
—Bien. Piérdela con dignidad, Harry. No es lo que tu padre hubiera hecho; pero si te das por vencido. —Insinuó Sirius. Aunque a él no le fuera la vida de casado. Quería ver a su ahijado tan feliz y completo, como su amigo James lo había sido.
—No me doy por vencido... solo... solo le daré un tiempo. —Murmuró por lo bajo el atractivo jugador de rugby; casi tan alto como la oficina. Lentamente empezó a recoger los papeles que había mandado por los aires.
—De acuerdo. —Aceptó Sirius, dispuesto a hacer su último movimiento. —Esperemos que Draco Malfoy no se te adelante... de nuevo —carraspeó el hombre de los ojos grises y cabello negro. Estas últimas palabras fueron más que suficientes para que el joven Potter, soltara de nuevo los pocos documentos que había recogido.
—¿Dónde están las llaves de mi auto? —Preguntó, lamentándose haber hecho tal desastre en su oficina.
—Toma las mías —Le dijo su padrino lanzándole las llaves de su preciado convertible rojo, un capricho digno de su edad. —Y Recuerda que el fútbol es un juego de caballeros jugado por villanos y el rugby es un juego de villanos jugado por caballeros. Y tú, Harry eres un Potter que juega rugby. —Dijo al final, su ahijado agradeció y con prisas abandonó la oficina.
No pensaba cambiarse de ropa, tendría que ir en su traje de vestir gris oscuro, hecho a la medida. No es que le sentara mal, pero no era lo que él considerara ropa cómoda. Ahora, lo que debía hacer, era ir de nuevo a casa de la castaña y no se iría de ahí, hasta intercambiar unas palabras con ella.
Algo más alegre y con el temperamento más calmado, sonrió atractivamente. Como había dicho Sirius; él era un Potter, y como tal, pelearía por Hermione, pues seguro estaba de que la amaba.
*****
—¿Sabes? —Decía la suave voz de una chica rubia, reflejándose en el espejo. —Draco te ama. Solamente que aún no lo sabe. Pero debes hacérselo entender. Si, Draco es tuyo, Draco es tuyo. —Insistía mientras se mecía con suavidad. Los ojos estaban enrojecidos y el rímel negro, mezclado con lágrimas, escurría por sus pálidas mejillas. El rubio cabello despeinado y las ropas de tres días, revelan su descuido, por la miseria que está viviendo.
Es una imagen deplorable.
—¿Señorita Astoria, se encuentra bien? —Pregunta una amable y preocupada voz, del otro lado de la puerta.
—¡LÁRGATE! ¡DÉJAME SOLA! —Es la respuesta de la rubia. La criada desiste de llamarla a comer y se va, dejándola como le ha sido ordenado. Las lágrimas de tristeza, rabia y desamor, continúan fluyendo libremente. Con ira, se enfrenta a la imagen que mantiene pegada en la pared; Su prometido, el hombre al que ama, entregándose a otra mujer.
—¿Cómo has podido hacerme eso, amor? Puedo tolerarte tus infidelidades, pero no entregar tu corazón a una... una... ¡una empleada que no vale lo que yo!
—Has tomado lo mejor que me ha pasado; Hermione Granger. Te odio... si... te odio... ¡te odio! ¡TE ODIO! —Astoria destruye la fotografía en muchos pedazos, temblando de ira; para volver a caer vencida en su agudo dolor y hablarse frente al espejo que tiene en frente, mientras se mece rítmicamente.
Draco te ama, Draco te ama, Draco te ama...
*****
—¿Hasta cuándo, Herm? —Insistía Luna Lovegood a su amiga. Había pasado todo el fin de semana tratando de consolar a su querida Hermy, en su casa y con mucho helado y chocolate. A penas, acababan de llegar a la casa de Hermione. —No puedes seguir sufriendo de esta forma. Estoy segura que Ja... Harry tiene una buena razón para ello.
—No, Luna. ¿Qué razón puede tener un hombre que miente sobre quién es él? —No hubo respuesta de su amiga, unos golpes en la puerta la distrajeron. La castaña temió que fuera Harry Potter, no se sentía en condiciones de verlo. Ya no quería verlo. —Por favor, Moony. Atiende tú. No estoy para nadie. No quiero ver a nadie.
—¡Ay, Herm! Está bien. —Aceptó la rubia con tristeza. Ver a su amiga en ese estado, le dolía demasiado. Despacio, se asomó por la ventana con cautela. Abrió los ojos aún más, al ver al hombre que tocaba la puerta como si quisiera echarla abajo. ¡Era increíblemente guapo! —Esteee... Hermy, ¿estás segura de no querer atender a nadie?
—Segura.
—Vale, ya atiendo yo. —Se apresuró a abrir la bonita puerta de la casa de su amiga, cuidándose de no permitir la vista hasta el interior. —¿dígame?
El atractivo y enorme hombre bronceado, de musculatura increíble, sintió encogerse un poco, por el escrutinio que le daba la chica de grandes ojos, parada en el umbral de la puerta. —Eeeeh, busco a Hermione Granger. ¿Se encontrará?
—¿Quién la busca? —Preguntó la rubia. Internamente suplicaba por que Hermione cambiara de parecer. El muchacho era muy atractivo, probablemente el chico más atractivo que hubiera visto nunca. Claro, no creía que le fuera a ella, pero si que estaba perfecto para su amiga castaña.
—Harry Potter. —Carraspeó el alto moreno, evitando impacientarse.
—Lo siento. Ahora no puede atenderlo, si vuelve después o... nunca. Sí. Nunca estaría perfecto. —Se despidió Luna y trató de cerrar la puerta, pero su acción fue impedida cuando el hombre, al menos tres veces más grande que ella, se lo impidió.
—Espera. Se que Hermione está ahí adentro. ¿Porqué no nos facilitas las cosas y me dejas pasar? —Su tono de voz era tan intimidante, que Luna estuvo segura que nunca nadie normal y en su juicio, se había opuesto a las peticiones de aquel enorme tipo. Lo bueno es que Luna, era diferente.
—Escuche bien, amigo. —Enfrentó Luna con más firmeza de la que la presencia de ese joven le permitía sentir. —Mi amiga Herms, no quiere verlo. Así que ahorre sus palabras y mi tiempo, y váyase de aquí.
—Señorita. No pienso irme de aquí hasta que Hermione hable conmigo. ¡¿Oíste, Hermione?! —Alzó la voz para hacerse escuchar. —Luna notó que llevaba un lindo ramillete de sencillas y coloridas flores.
Adentro, la castaña se estremecía al escuchar la voz del hombre al que amaba y que tanto desengaño le había creado. Una gran parte de su ser, quería dejarlo pasar y decirle que creería todo lo que él dijera, pero su raciocinio, le decía que saliera del embrollo con dignidad y orgullo y se negara a verlo nuevamente.
—¡Hermione, debemos hablar! —Pero Luna se negó. El joven Potter estaba a punto de arrancar la puerta con todo y Luna, y entrar a hablar con Hermione. ¡Es que esa mujer se estaba poniendo tan difícil! Cuando una mejor idea se le ocurrió. —Señorita Granger, es referente a su casa. Faltan por colocar las puertas del cuarto de baño.
Luna no pudo negar que el hombre tenía ingenio. ¡Hasta la convenció fácilmente y se apartó para dejarlo entrar! Cuando notó la mirada fulminante de su amiga sobre ella, murmuró unas tontas disculpas y se apartó un poco de la sala, pero no tanto para poder estar al pendiente.
—Creo haberte dejado muy claro, que no quiero volver a saber nada de ti. —Hablo la castaña, negándose a mirar al atractivo hombre, pues temía que sus defensas se vinieran abajo al mirarlo brevemente.
—Pues has de escucharme. —Respondió el moreno, sonriendo con satisfacción, por la batalla que ya tenía ganada.
—¡No puedes obligarme! ¡Llamaré a la policía si no te vas de una buena vez! —Hasta Luna llegó a pensar que su amiga era de armas tomar y conociendo a Hermione, si conseguía exasperarse, podía realmente llamar a la policía y armar un escándalo.
—¡Voy a arreglar tus puertas y luego me largaré de aquí! —Gritó también Harry Potter. Con ello esperaba ganar tiempo y que a Hermione se le fuera el enojo.
En cambio, a la chica le dio un vuelco en el corazón, en autodefensa gritó iracunda —¡No es necesario! ¡Me he quedado sin empleo, venderé la casa!
—¿Que diablos...? —Preguntó aturdido el moreno. Esa era una respuesta que no esperaba.
—Lo que oíste, Potter. Venderé todo y me iré a Londres. —Dijo aceptando en el momento, que era lo mejor que podía hacer.
—¿No crees que estás llevando muy lejos esto, Hermione? —Interrumpió la chica Lovegood, pues de tener una buena amiga, su contador se iría a prácticamente cero después de irse. Ronald no contaba, él estaba en el tablero de relaciones interpersonales.
—No, Luna. Perderé mi casa, pero empezaré de nuevo mi antigua vida en Inglaterra. —Harry no pudo sino querer más a la castaña por su perspectiva positiva. —Lejos de todo.
—No puedes hacer eso, Hermione. —Dijo tranquilamente la ya reconocida voz del moreno de ojos verdes. Causó otro estremecimiento en la castaña.
—Claro que puedo. —Su voz temblorosa se quebró por primera vez. A Harry se le volteó el estómago. —Así que por favor, Harry —que dulce sonaba su nombre en los apetecibles labios. —Haz el favor de irte y no buscarme nunca más.
A esta petición tan llena de dolor, Harry Potter no pudo poner ninguna objeción. Dejó el ramillete de flores de colores en la mesita del café. —Enviaré a un muchacho para que coloque las puertas. —Derrotado, salió por la puerta y cerró suavemente.
Aún así, alcanzó a escuchar el llanto de la castaña. Si ella quería alejarse de él; iba a permitirlo. No se perdonaría el causarle más dolor a Hermione. Como había dicho su padrino; después de todo, era un caballero.
En la casa, Luna se quedaba consolando a su amiga. —Tranquila, Hermy. Si crees que es lo mejor, te apoyo. Si me das un poco más de tiempo, puedo poner en orden mis asuntos e irme contigo.
—No tienes porqué, Luna. —Dijo Hermione, agradeciendo enormemente el gesto. Deshacerse de su casa, le provocaba un dolor muy grande, pero era más el sufrimiento de los recuerdos, donde había conocido al millonario Potter.
—Por cierto, Mione. —Exclamó Luna recordando algo de último minuto, aprovechando que su amiga, estaba más tranquila. —¿Recuerdas a Ron? —Su amiga asintió levemente. —Bueno, pues su hermano cumple años el próximo sábado y me ha dicho que ambas estamos invitadas.
—Luna, lo siento, pero no estoy para celebraciones.
—Anda, Herm. Te hará bien distraerte un rato y no me dejarás sola en algo tan importante como ello. Además piensa que este buen muchacho, podría ser mi último en Australia. —Como Luna lo dijo con humor, Hermione dudó que su amiga no se implicara emocionalmente con el simpático pelirrojo de vivarachos ojos azules. Podía asegurar que Luna ya estaba enamorada. Pero había sido tan buena con ella, que no se lo haría saber, al menos no aún.
—Bien, Luna. Tú ganas. Iremos a esa fiesta, pero solo un par de horas y nos iremos, ¿vale? —Aceptó la castaña dócilmente. Salir de su pronta-no-casa le vendría bastante bien. Su amiga Luna la abrazó con gusto.
*****
Draco Malfoy se hallaba bastante enojado. Ya era viernes y no había podido contactarse con Granger. Y para colmo, la casa de la chica, ya tenía un letrero que ponía SALE (a la venta) ¿Dónde carajo estaba la castaña? Dio un golpe con ira al escritorio. ¡Ni siquiera había presentado la renuncia formal, personalmente! La loca de la rubia de recursos humanos y empresariales, era quién había entregado la renuncia. ¡Tuvo que abstenerse de no gritar y tomar a la rubia de rehén hasta que Hermione se apareciera por la oficina!
Por si fuera poco, su madre había retrasado su vuelo de ida y a cada rato lo presionaba para que arreglara las cosas con Astoria.
Por cierto, de Astoria no sabía nada. Ni sus luces había visto en casi una semana. Pero era mejor así; por el momento no tenía tiempo de lidiar con sus caprichos y escenas. Una vez que lograra su objetivo, sintiéndose satisfecho, puede ser que volviera a buscar a Astoria, pero eso no sucedería antes. El asuntillo con Astoria podía esperar.
Lo que Draco Malfoy no sabía, era que todos y cada uno de sus movimientos estaban siendo seguidos de cerca, muy, pero muy de cerca.
*****
El sábado había llegado. Hermione se arreglaba con esmero en casa de Luna. Decidida a olvidar a Harry y sacar el apellido Potter de su vida; decidió sentirse bien consigo misma y accedió a vestir la ropa que Luna había elegido para ella. Después de todo, sería una fiesta informal y por lo que Luna había dicho, podría haber chicos solteros y honestos disponibles.
El blusón-vestido, de color verde olivo, se amoldaba perfectamente a la castaña. De corte sencillo y ajustado en lugares estratégicos, le lucía fenomenal. Resaltaba la firmeza de los no tan voluptuosos senos, así como la redondez perfecta de su trasero; ajustando el plano abdomen y cubriendo hasta medio muslo. Las altas zapatillas color cobre, tipo gladiador, con tacón delgado; estilizaban las ya de por sí, largas piernas. El color del vestido, realzaba su hermoso bronceado.
Luna había arreglado el cabello castaño de su amiga, con rizos bien definidos, sueltos y suaves. El cabello tenía tonos cobrizos y el maquillaje natural, realzaba el bello color apiñonado de Hermione. Después de muchos días, Hermione volvía a sonreír abiertamente.
Cuando Luna estuvo lista para irse, Ronald Weasley ya las esperaba. Habían quedado de ir en el auto de la rubia. Quedó mudo de la impresión al ver chicas tan guapas. Por supuesto que no podía dejar de ver a Mooney. ¡Ahora sí que los gemelos le suplicarían por que les fueran presentadas! Dejaría claro que Luna era su novia, si ella lo aceptaba, pero como sabía que Hermione había pasado un mal rato, decidió que necesitaba algo de compañía. Sonrió para sí mismo. ¡Estaba seguro que hasta Sirius rompería su regla de no salir con mujeres presentadas en reuniones familiares!
Charlaron de cosas inverosímiles durante el trayecto. Sobre todo, hablaron un poco sobre Charlie; su afición sobre los animales y su protección y cuidado. Comentaron lo bonito que sería trabajar en un gran banco como lo es el NAB; tal y como hacía el mayor Bill, así como la historia de amor entre su cuñada Fleur, de origen francés y el buen Bill, que tras un accidente de tránsito había sufrido quemaduras en el rostro. También Ron comentó, que sus hermanos gemelos tenían una tienda de artículos para bromas y fiestas y que empezaban a exportar al extranjero; debido a su éxito.
Luna dijo que suponía que eran una familia muy grande y alegre. Y Ron aceptó encantado el comentario de la chica. Para Hermione fue más que evidente, que estaban colados el uno por el otro; pero que esa sería la noche en que lo descubrirían. Tras casi cuarenta minutos de viaje, a través de Sydney, llegaron a la casa de los Weasley; la madriguera.
La fiesta sería en el jardín, puesto que adentro no tendrían el suficiente espacio para los invitados, que esperaban, serían alrededor de cien personas. Hermione tenía esa sensación de nerviosismo dando lata en su estómago. Tranquilízate, se dijo y trató de disfrutar la velada.
Tal y como Ron había pronosticado, los gemelos no tardaron en dejar a sus respectivas invitadas y pedir a Ron que les presentase a las dos lindas chicas que venían con él. Ron se rió y los dejó ahí parados, mientras se alejaba con una chica a cada lado; diciendo que les presentaría a su madre. Cabe decir que Molly Weasley quedó encantada con ambas muchachas. A pesar de la primer mirada reprobatoria sobre la ropa de las dos, los buenos modales y la disposición de ayudar en lo que fuera necesario, se ganaron a la anciana matriarca.
—Le han gustado a mi mamá. —Dijo Ronald Weasley minutos después. —Vaya, aún no llegan... —murmuró viendo su reloj. —Hey, miren, ese de ahí es Charlie, vamos a que lo conozcan. —Señaló el pelirrojo, pasando nuevamente de largo a Fred y a George.
Ronald presentó a Luna y a Hermione con su hermano. Charlie era un hombre no muy alto, pero tenía brazos musculosos y sonrisa agradable, adornada por sus blanquísimos dientes. Sus ojos eran azules, idénticos a los de su hermano menor y tenía una charla muy agradable. Era también pelirrojo, pero de un rojo más oscuro. Pronto, Hermione quedó platicando con él, mientras Ron se llevaba a Luna por los apartados setos del jardín.
Como aún era verano, la noche era tibia y perfecta. Y Hermione se sentía relajada y contenta al lado de Charlie. Ella adoraba a los animales, pero aún no tenía uno.
—Tengo una debilidad especial por los felinos. Por ejemplo, pues domésticos, me gustaría tener un gato. —Decía Hermione caminando al lado de Charles, hasta alcanzar un columpio de dos plazas, cerca de las gardenias de la señora Weasley. —Pero la verdad es que se me complica hacerme cargo de uno.
—Si, es algo delicado tener mascotas que sean difíciles de cuidar. —Decía el pelirrojo con los ojos brillantes, al hablar de su tema favorito.
—¿Es difícil dedicarse a lo que tú? —Preguntó Hermione visualizando que llegaban más personas al cumpleaños de Charlie, pero no alcanzaba a distinguirlos desde esa distancia.
—Un poco. Pero como el gobierno está muy comprometido con el medio ambiente, y la gente también, ese cuidado y respeto por la naturaleza alcanza a la protección de animales. Como sabrás, aquí en Australia hay muchas especies de animales que no puedes encontrar en otra parte. Eso hace más difícil el trabajo, pero siempre me da la satisfacción que necesito. —Finalizó el pelirrojo, para añadir —¿Y a qué te dedicas...?
—Claramente es muy talentosa, una mujer tan guapa. Mucho gusto, mi nombre es Sirius Black. —A Hermione le dio un vuelco en el estómago, el nombre del maduro y guapo hombre le parecía familiar. Trató de no alterarse y le tendió la mano, que el hombre cogió con gusto y sin soltarla, preguntó. —¿Tiene nombre tu bella amiga, Charlie?
El aludido, aguantó una risita que pugnaba por salir de sus labios. ¡Al lado del conquistador Sirius Black, no podía hacer nada! Estaba a punto de contestar, pero Hermione respondió por él —Me llamo Jane.
—Mucho gusto —Respondió Sirius con los ojos pícaramente brillantes. Besó la mano de la castaña, sacándole colores. —Charlie — dijo Sirius —Remus y Dora están por allá, quieren felicitarte personalmente, pero ya ves que a Dora le cuesta cada vez más trabajo caminar.
A Hermione hubiera gustado decir que le acompañaba, pero Sirius no se lo permitió. Charlie se alejó, prometiendo a Hermione llevarle una copa de vino. Cuando ya no vio a Charlie, se sintió como un animalito acorralado.
—Te ví desde que entramos, Jane. —Habló nuevamente el apuesto Sirius, parado frente a ella. Las manos en los bolsillos de sus pantalones y el cabello impecable.
—¿Ah, sí? —Fue lo único que Hermione atinó a decir, mientras trataba de jalar un poco su vestido, intentando cubrir sus piernas. Logrando con ello, que Sirius pusiera más atención a esa parte y su sonrisa se ensanchara. El hombre era muy atractivo, pero le parecía que al día siguiente, no se acordaría de su nombre. Además acababa de salir de una situación complicada.
—Sí. Y debo confesar que no pude quitarte los ojos de encima, Jane. —Las grises orbes de Sirius Black, se ensancharon.
—Aquí estás, Sirius. —Interrumpió la gruesa voz de un tercero. A Hermione le dio un vuelco en el corazón. —¿Con quién estás, canuto? —Harry Potter tomó a su padrino del hombro para apartarlo. Se quedó sin aire cuando vio a la mujer de sus sueños sentada en el columpio.
—¡Hermione! —El padrino de Harry, estaba confundido.
—¿No que te llamabas Jane? —La castaña enrojeció levemente y Harry alzó las cejas.
—Es mi segundo nombre. —Se excusó la castaña, poniéndose en pie y disculpándose, se apartó rápido de ambos hombres.
—Es ella... —Murmuró Harry Potter a su padrino.
—¡Maldición! —Exclamó apenado Sirius Black, evitando ver el balanceo de las caderas de la chica mientras se alejaba. Su sobrino lo interrogó alzando una ceja; él si que se había permitido admirar la belleza que acababa de pasar por su lado. —Lo que pasa es que estaba coqueteando con tu chica, Harry. ¡Y pensar que ya la estaba desnudando aquí mismo!
El comentario descarado de su padrino, no le agradó. Harry gruñó molesto, así que mejor, Sirius prefirio murmurar que deseaba una copa y se alejó silbando, pero añadiendo primero —Deberías hablar con ella, ahora James.
Tenía mucha razón, así que el moreno, del cual sus ojos estaban ardiendo en indignación (¡Cómo se atrevía su mujer a salir así vestida! Tan, tan... ) Gracias a su enorme altura, rápidamente identificó a la bajita castaña, estaba al parecer, buscando a alguien. Verla intercambiando unas palabras con Charlie y un par de sonrisas, lo hizo apretar sus puños. ¿Así que hablaba con todos, menos con él, no? Pues le escucharía quisiera o no.
Educadamente, se acercó hasta donde estaba y la tomó del hombro, dejando a Charlie sorprendido, la apartó de la reunión y la obligó a seguirlo cerca de la mesa de los regalos. Pronto se extendió la noticia, que la invitada de Ron, era la chica por la que el buen Harry estaba enamorado. Los varones asintieron con aprobación, pues era una chica muy sexy. Las mujeres dijeron que les había parecido encantadora.
Empezaba a oscurecer, y las lámparas en el jardín fueron encendidas. Harry no se molestó en lanzar fulminantes miradas a las personas que las veían descaradamente. Estaba demasiado molesto. No había soltado a Hermione y se estaba sacando de quicio. ¡Odiaba sentirse así por causa de esa chica caprichosa!
—¡¿Qué es lo que quieres?! —Chirrió los dientes, pero Harry no se dejó amedrentar.
—¡Quiero una oportunidad para explicarme! ¡Y la tomaré ahora!
—¡No quiero saber nada! ¡No tengo idea de cómo es que sigues inmiscuyéndote en mi vida, pero no quiero saber nada, James Evans! —Dijo resaltando el nombre.
—¡Ese es mi segundo nombre y el apellido de mi madre, Jane! —Gritó el moreno más exasperado que nunca. Hermione se sonrojó.
—Bu.. Bueno... ¡Pero eso no explica porqué me lo ocultaste mucho tiempo! —Alzó también la voz. Los invitados trataban de disimular que no sabían nada. A Molly le hubiera gustado entonar las mañanitas, pero el pastel estaba en la mesa de los regalos, y estaba más preocupada por el rumbo que tomaban las cosas para el muchacho, pues para ella lo era, al que consideraba su hijo.
—¡Debo cubrir mi identidad! ¡No tienes idea de las decenas de mujeres oportunistas que ma salen cada dos por tres! —Gritó diciendo su razón.
—¡Ahora admites que has tenido muchas mujeres! —Hermione no sabía si esa revelación le dolía más.
—¡No seas tonta, por todos los cielos! —Esa mujer como lo descontrolaba. Y con ese vestido tan provocativo...
—¡No me llames tonta, idiota! —Hermione sentía como perdía el control de sus emociones. Tenerlo ahí, tan alto y atractivo; ¡Que debilidad sentía por ese hombre! Deseaba internamente poder perdonarlo, pero su orgullo había sido lastimado.
—¡Maldición! ¡No puedes estar enojada conmigo por años! —Las largas y bronceadas piernas, el cabello alborotado, su pecho bajando y subiendo agitadamente por el esfuerzo de la discusión. Harry no pudo evitar desearla como siempre que la veía. Más aún, con ese escote tan favorecedor, y excelente vista desde su altura.
—¡¿Qué hay de la imagen?! ¡¿Eh?! ¡No me vas a negar que...!
—¡Maldición, Hermione! ¡Esa publicación tiene dos años! —Exclamó desesperado, tratando de controlar sus emociones y su entrepierna. Lo molestaba muchísimo el hecho de perder el tiempo gritando, en lugar de usarlo en algo más provechoso; fuera en el auto, en la despensa de Molly o entre los setos más apartados de la fiesta. ¡Se sentía tan creativo en esos momentos y odiaba que frenaran su creatividad! —¡Y esa mujer, fue una de las que quisieron aprovecharse de mi nombre!
—Pues lo logró... —Dijo burlona.
El sarcasmo de la chica, hizo sonreír inevitablemente a Harry, pero para pena suya, Hermione lo interpretó como un gesto de triunfo.
—¡Pues ya no me importa, Potter! ¡Me largo! —Volvió a gritar fuera de sí la castaña. Pero Harry la cogió nuevamente por el hombro. Los ojos verdes se entornaron oscuros. Las respiraciones de ambos estaban aceleradas. El corazón palpitaba a mil latidos por minuto.
—Se que lo deseas tanto como yo, Hermione. —La castaña pudo sentir el temblor del cuerpo del moreno y estuvo segura que él podía sentir los temblores del suyo. Inconsciente, lamió sus labios entreabiertos.
—No sé qué quieres decir... —Murmuró Hermione, sin apartar la vista del rostro del hombre que la hacía sentir cosas que nunca había imaginado que existieran.
Harry la jaló bruscamente, hasta pegarla a su pecho. Un grito de sorpresa y emoción, salió de los labios de algún invitado pendiente de la discusión, pero fue rápidamente ahogado. Pero Harry y Hermione lo ignoraron o no lo escucharon.
Estar tan cerca el uno del otro, hacía que su sangre corriera más rápido por su cuerpo; acumulándose en la parte más sensible de Harry. Estaba duro de excitación. Hermione no estaba en mejor estado; los pezones marcaban la blusa como si quisieran atravesar la fina tela desesperadamente.
—¡Mierda, te deseo tanto! —Gruñó Harry, y se apoderó de su boca.
Aquel fue el beso más ardiente que los ojos de un inocente Neville hubieran visto nunca.
Harry exigió la boca de Hermione, y esta se abrió dando paso completamente a la lengua de aquel varonil y atractivísimo hombre. Durante varios minutos, sus bocas lucharon intensamente, mientras sus manos se inspeccionaban sobre la ropa.
Sirius Black tenía la boca abierta, como la mayoría de los ahí presentes. Fleur, la esposa de Bill, empujaba a los niños hasta los columpios, mientras su esposo le lanzaba miradas esperanzadas para esa noche. Molly estaba roja y llamaba a todos a la mesa más apartada, pero nadie le hacía caso. Dora y Remus miraban la escena, enternecidos y abrazándose mutuamente.
Al fin, se separaron. Hermione tenía las mejillas rojas y la respiración entrecortada. No reparó en los presentes, al igual que Harry. Él parecía más salvaje, más atractivo. Ella lucía como una diosa bronceada y hermosa.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó Luna que iba llegando con Ron, ambos tomados de la mano y completamente ignorantes de lo que acababa de pasar. La chica Lovegood, pronto se dio cuenta de con quien estaba Hermione y pronto se acercó. —¡Mione! —Gritó protectora y se puso en medio, lo que ocurrió a continuación, ni la castaña se lo esperaba. Una bofetada al rostro del moreno. Su amiga había sufrido ya demasiado. Lamentaba no haber estado ahí antes. Se disculpó de los que pudo y se llevó a Hermione lejos de ahí. —No debimos venir, ¡Cuánto lo siento, Mione!
—¡Hermione! —Harry Potter les dio alcance, cerca de donde estaba el auto. Luna hizo ademán de no oírlo, pero Hermione se frenó en seco y lo enfrentó.
—No, Harry. Es mejor así. No podemos vernos de nuevo. —El moreno sintió un nudo en la garganta, pero no tuvo ni fuerzas para reclamar. Solo se quedó de pie, ahí, en medio de la noche, mientras el pequeño auto de Luna, se perdía en la oscuridad de la noche. Si Hermione no quería saber de él. Esta vez él respetaría tal decisión.
*****
Al lunes siguiente, Hermione miraba por la ventana de su casa esperanzada, como había hecho todo el fin de semana restante. Se arrepentía enormemente de haber sacado a Harry de su vida. ¡Pero el maldito orgullo! Deseaba en su interior, que fuera a buscarla y la besara como había hecho en la casa de los Weasley. Luna había estado con ella, acompañándola y pidiendo disculpas por haber interrumpido así, hasta se ofreció a ir a buscar al jugador de rugby, pero Hermione se lo impidió.
Luna aceptó, porque consideró que era mejor para su amiga descansar un poco y comprender que era lo que realmente quería. Ya el lunes por la mañana, tuvo que ir a trabajar y arreglar unos asuntos pendientes, relacionados con su amiga. Hermione simplemente no tenía ganas de hacer nada.
Pasó mirando por la ventana, desde que Luna había partido, hasta casi medio día, cuando escuchó el rugido de una camioneta. Emocionada, corrió hasta la puerta y la abrió, pero su corazón se desinfló, cuando el jovencito frente a ella, se presentaba diciendo que por ordenes del señor Potter, había ido a terminar de colocar las puertas del baño.
La castaña lo dejó pasar.
Por las tres de la tarde, el muchacho castaño, dijo que había terminado, pidió que le firmara un par de papeles y le deseo que disfrutara su nueva casa.
Cuando el muchacho desapareció con la camioneta, Hermione comprendió que su último eslabón que la unía a Harry se había ido.
Su casa estaba terminada.
Pero su corazón estaba roto.
*****
Su padre acababa de llamarle, por video conferencia. Con ira, había dejado bien en claro, que si no se casaba para el fin de semana próximo con Astoria, al menos por lo civil, quedaría en la calle y sin trabajo. No le importaba que fuera su único hijo o que un perro se quedara con su fortuna al morir, pero que si no convertía a Astoria Greengrass en Astoria Malfoy en un abrir y cerrar de ojos, antes del próximo lunes, se encontraría en un refugio de personas de la calle.
Draco Malfoy cortó con mucha ira la video llamada. Estaba seguro que su padre era capaz de cumplir lo que decía. Aunque Draco era respetado, Lucius tenía más poder y más contactos. Fácilmente podría cerrarle las puertas de todos lados.
Bufó molesto.
Su padre había cerrado todas sus salidas con una simple llamada. Ahora debía tomar una decisión; dejar todo e intentar algo con una chica que no sabía ni donde se encontraba o humillarse y suplicar perdón a Astoria.
Ambas cosas frustrantes y humillantes para un Malfoy.
Tenía unos pocos días para pensarlo.
*****
Una mujer manejaba discretamente, siguiendo un elegante automóvil. Había decidido, que era tiempo de tomar las riendas de la situación. Sus sueños de princesas habrían de cumplirse y no le importaba mancharse las manos con sangre.
Sus enormes gafas oscuras, cubrían la mitad de su rostro, muy útiles para pasar desapercibida.
Sabía a dónde se dirigía ese negro automóvil y ahí, ella se haría cargo de alcanzar su felicidad, aunque eso costara la felicidad y la vida de otros. No quería hacerlo, pero su amado no le dejaba otra opción. Le haría darse cuenta que, era a ella a quien en verdad amaba.
HELLO EVERYBODY!
Otra gigante disculpa por no poder contestar los reviews como prometí la semana pasada. Mi madre me trae de aquí para allá y apenas tuve tiempo de terminar la historia. Pero espero hacerme un hueco para contestar los reviews del capítulo pasado y el de hoy.
¡No me Akadavren por dividir el final en dos! Pero es que quedó bastante largo y no quiero salir del esquema que he estado llevando. Espero sus comentarios, ¡GRACIAS!
¡No olvides dejar un felicitación o review antes de irte!
