Disclaimer. Los personajes conocidos, son de JK, la mujer que rompió mis inocentes sueños. La trama mía de mi y los reviews ¡Les tocan a ustedes! ¡Hip, hop, HURRA DOBLE PARA USTEDES!
¡Disfruta el último capítulo!
¡Habrá un epílogo pronto!
Por primera vez en su vida, estaba desesperado por llegar al destino a donde se dirigía, al tiempo que deseaba no llegar. El conductor de su lujoso auto, era respetuoso de todo el reglamento de tránsito. Ahí en Australia, la mayoría de la gente, si no es que todo el mundo, se detenía en los semáforos, permitía el paso a los peatones y manejaba tranquilamente. Algo que lo frustraba sobremanera, pues tenía prisa por llegar a donde se dirigía.
Encontraba muy incómodo el saco del traje italiano que llevaba puesto, así que se deshizo de él fácilmente. A pesar del aire acondicionado del auto, sentía que se ahogaba, por lo que también se deshizo de la corbata de seda gris. Estaba nervioso, pero muy pronto, todo esto terminaría. Aunque también se hallaba en estado de excitación y era fantástica la sensación de adrenalina en su cuerpo, punzándole concentrada, en los pantalones. A pesar del pequeño revés con su padre, estaba seguro que lo más importante, era complacerse a sí mismo, ya después pensaría en las consecuencias.
El automóvil avanzó a la velocidad permitida, a través de decenas de amplios y podados jardines. Las simpáticas casas se apilaban a lo largo, todas con el mismo diseño. Simples. Pensó el rubio heredero, viendo con un gesto de asco las casas que, para él, eran construcciones para la gente de clase media que no tenía más por lo cual vivir. Personas conformistas.
Por fortuna, él sacaría a Hermione de ahí. Ya había pensado que hacer respecto a la presión que su familia ejercía sobre él y con la urgencia de acostarse con Granger. Primero lo primero y eso era, desvirginar a la castaña; deleitarse escuchandola gemir y gritando su nombre. Ya después, bien satisfecho, volvería con Astoria. Seguro estaba que no lo rechazaba. Así su madre estaría entretenida con los planes de la boda y su padre no molestaría más. Mientras él, se dedicaría a ubicar a Hermione en un apartamento de lujo en el corazón de la ciudad, donde podrían continuar viendose. ¡Ninguna mujer inteligente, rechazaría semejante oferta!
Por alguna curva, alcanzó a distinguir el océano tan pacífico y azulado. Muchos surfistas descansaban en sus tablas, esperando la ola que les presentaría un reto. Una pérdida de tiempo. Se dijo a sí mismo con amargura, rememorando que a él no le había sido permitido siquiera pensar en tener una tabla, su educación había sido diferente: cuentas, estados bancarios, tablas pero de cotizaciones, gráficas de ingresos y egresos, leyes comerciales, idiomas, e infinidad de materias demasiado complicadas para cualquier niño.
Hizo una mueca, después de todo, él no había sido un niño normal; siempre había estado por arriba del promedio, y junto a ello, sus ambiciones inculcadas desde nacimiento, habían hecho de él lo que era ahora. Y no pensaba dejar de ser lo que era, por una estupidez tan simple como la que estaba enfrentando.
El amplio automóvil se estacionó y Draco Malfoy indicó al conductor que esperara, que aún no bajaría. Ese día estaba increíblemente soleado, en las noticias habían dicho que sería el día más caluroso del verano, para descender la temperatura a media noche para amanecer sábado. Se tensó, cuando una joven mujer castaña se acercó al número doce para abrir la puerta.
Trató de mantener la calma y sin esperar a que el chofer le abriera la puerta, él mismo jaló de la manija y descendió del auto, apresurándose a entrar a la casa de la chica, antes de que esta cerrara la puerta. A penas entró a la casa de Hermione Granger, ella reaccionó sorprendida.
—¡Qué diantre...! —Exclamó Hermione cuando ajena a todo, sintió una boca devorándo la suya desesperadamente.
—Granger. —La voz firme y fría, le heló el corazón. Draco, con pericia, giró a Hermione sobre sí misma y la aprisionó por detrás, enredando sus brazos sobre la cintura. —¿Me extrañabas? —Susurró con fuerza en su oído, para después lamer, desde el hombro hasta el lóbulo de la oreja derecha, el largo cuello de Hermione. Draco Malfoy no se sorprendió al notar su rápida reacción ante la joven. Los pocos e inverosímiles nervios que lo acosaron minutos atrás, habían desaparecido nada más ver a la chica, y su sagacidad y atrevimiento se abrieron paso, dejando el camino libre para actuar instintivamente.
Hermione trató de zafarse, pero sin éxito alguno, la tenía bien sujetada por la cintura. La lengua del rubio, recorriendo sin cesar el cuello, le pareció tan excitante que sintio húmeda la ropa interior. La mano derecha de Malfoy, ascendio por el estómago hasta agarrar un seno y apretarlo. Hermione trató de pensar rápido en alguna salida, pero nada se le ocurría, más que hablar e ignorar la excitación de la que se estaba volviendo presa. —¿Qué es lo que quiere? —Logró preguntar con un hilo de voz.
La carcajada estruendosa del rubio le enchinó la piel. —A ti. —Fue la respuesta directa del hombre que acariciaba fuertemente los senos de la chica, haciéndola estremecerse. Le urgía acariciarlos, lamerlos, saciarse de ellos.
—Pero, ¿Qué no está usted comprometido? —Hermione trataba de no retorcerse al sentir las manos del rubio descendiendo ahora, hasta la ranura de los pants. No quería mostrar que estaba que se moría de los nervios.
—¿Y eso que importa? De todas formas ya no lo estoy, rompí con Astoria hace algunos días. —Añadió inverosímil, mientras sus manos desataban la cuerda del pants de Hermione. —Si te hubieras presentado a trabajar, lo hubieras sabido antes. —Mordió la oreja con sensualidad. —Hasta nos hubiéramos divertido un rato, Granger.
—Ya no trabajo para usted, ¿recuerda? —Respondió la castaña, poniendo sus manos sobre las de él, para frenar que, curiosas, entraran más allá de lo permitido. Esto sacó una risa al rubio, quien se permitió chupar una parte del cuello antes de hablar. ¡No entendía como, pero la piel de Hermione le sabía a miel!
—Es lo que supuse cuando la rubia aquella me llevó tu renuncia. —Sentir como las manos de la chica detenían las suyas propias, le provoco risa. Nada impediría que ese día poseyera a Granger. —Por cierto, que no me hizo gracia. —Dijo, logrando, por fin, meter una mano por los amplios pantalones de ella. No conforme con eso, introdujo la mano, demandante, bajo la delgada y suave pantaleta de Hermione, hasta alcanzar la hendidura baja de la castaña.
La chica gimió involuntariamente y se movió incómoda, pero los dedos del rubio la rozaban intimamente. No podía evitar sentir que su vista se nublaba, pero cuerda, trataba de quitarse la manos ajenas de encima. —No fue para que le hiciera reír. —Respondio en un chillido, hablar la mantenía despierta y pensando. —Cuando dije que no quería nada que ver con usted, lo dije muy en serio... ¡AH! —Ahogó un sofocante grito, cuando un dedo del rubio se introdujo entre los labios vaginales ya húmedos. Dentro de ella, no por completo, Draco empezó a moverlo toscamente.
—¿Te gusta? Y eso que solo es mi dedo, imaginate algo siete veces más grande. —Susurró ronco, tocándola más a profundidad. Hermione se mordió la lengua para no gritar y sus piernas se apretaron. Satisfecho, Draco disfrutó como su dedo medio se empapaba por completo.
—S... ¡No! —Sintio que el rubio se tensaba y despacio, como si le doliera, sacaba su dedo y apartaba sus manos del cuerpo de ella. —Si no lo recuerda, se lo vuelvo a repetir. —Logró añadir jadeante.
—Claro que lo recuerdo. Fue el día que el estúpido de tu noviecito te armó un drama, ¿no? —Se burló el rubio, y aunque había soltado a Hermione, no se alejó demasiado. —Aún tengo el recuerdo de su intromisión al edificio. —Murmuró señalando las ligeras manchas rojizas alrededor de su ojo. —¿Dónde está ahora? Con que salga de la habitación me cago aquí mismo.
—Si saliera de donde fuera, a usted no debiera importarle. Y ni se le ocurra hacer algo en mi sala, que le obligaré a limpiarlo. —Amenazó Hermione, respirando profundamente, para bajar sus sensaciones; no quería cometer la estupidez de gritar ¡Que coño esperas, fóllame! No, ella estaba hecha de una madera más dura.
—Mejor oblígame a otra cosa, Granger. Si quieres, me dejo esposar en tu cama, desnudo, para que me chupes la verga. —La calló con la voz cargada en deseo, y empezó a desabrochar su camisa —Te facilitaré la tarea. Y deja de hablarme de usted, que eso solo me pone más caliente. —Añadió el rubio ignorando lo último que la castaña había dicho. Rio internamente al ver los pocos colores en el rostro de su ex-empleada. Una vez fuera la camisa, se desabrochó el pantalón y se detuvo. —Pero sería más interesante que lo hicieras tú. —Dio un paso al frente, pero ella lo retrocedio. —No me has respondido ¿Dónde está el idiota cara-rajada? No se ve que este por aquí, yo no te dejaría ni un segundo sola, Granger. ¡Ja! En estos momentos, seguiríamos en la cama, haciendo cosas tan sucias, mientras gritas de placer, suplicándome por hacerte porquerías. Y claro, no me negaría a nada.
A Hermione le sacó muchos colores la desfachatez de su antiguo jefe, pero también le dolió reconocer que Harry no estaba ahí, pero no lo admitiría, tal vez si el rubio pensaba que estaba con un hombre, desistiría de buscarla y se iría de ahí pronto, era lo mejor, no quería hacer algo de lo que después pudiera arrepentirse. —Salió a trabajar, regresará en una hora —mintió con más confianza de la que sentía y sin responder a la provocación sexual del rubio.
—Mientes, leoncita —Contradijo el rubio, aunque miró hacia la puerta instantáneamente. —Pero si fuera verdad... te aseguro que te lo hago mejor de lo que él te lo hace. —Insistió el rubio, tomando un brazo de la castaña, pero ella lo rechazó violentamente. Él solo alzó una ceja seductoramente. —Así que la gatita juega salvajemente... ¿Eres tan agresiva y fogosa en la cama, Granger? —Preguntó relamiéndose los labios.
Hermione abrió los ojos enormes, el juego del rubio estaba sobrepasando sus límites, y eso solo la molestó y llenó de renovada confianza. —Eso es algo que tú, nunca sabrás.
—Nunca digas nunca, Her-mio-ne —Se burló y a fuerza volvió a abrazarse a la chica por enfrente y le habló al oído, apretando el trasero. —Sé que cuando te tengo en mis brazos, te estremeces, y... —ella intentó separarse negando con la cabeza —te da miedo admitir lo que sientes, pero ¿sabes qué? Ya no hay trabas entre nosotros, Granger. Unos minutos, solo necesitamos de unos minutos y nos veremos libres de este deseo que está quemándonos por dentro.
Hermione trató de alejarse lo más que pudo, pero el rubio, más fuerte que ella, no se lo permitió. —Te estará quemando a ti, porque lo que es a mí, no siento nada.
—No te engañes a ti misma, Granger. —Contradijo Draco sin dejar nada de espacio entre sus cuerpos. —Quiero... poseerte, desgarrarte, cogerte, follarte, lamerte, manosearte...
—Ya entendí —Lo silencio Hermione. —La cosa es que no quiero que lo haga. Ya me hizo un par de cosas, pero no le permitiré que sig... —Los ojos de Hermione se abrieron descomunales, cuando sintió algo hincharse y empujarse entre los dos, con las manos apretándole las nalgas.
—¿No te excito, Granger? ¿Acaso no quieres que te la meta por delante y por atrás duramente? ¿De verdad eres tan fuerte para no ceder? ¿No quieres que te atraviese una y otra vez hasta que pierdas la conciencia? ¿Eres capaz de reprimir tus gritos o de negarte a hacerlo donde se te antoje? ¿O eres tan sucia, que prefieres que otro te coja al mismo tiempo por detras, mientras yo te la meto por delante? —Sin dejarla hablar, ni que se alejara de él, siguió provocándola. —Imagínalo, Granger... Siento tus palpitaciones, no quieras negar lo que es evidente.
—Yo, esto... no, Draco. —La voz tan sensual llenó sus oídos, fue delirante.
—Anda... No posterguemos más esto. —Y dicho esto, la tumbó sobre el sofá con fuerza. Sus manos, empezaron a recorrer a la castaña sin detenerse, quitando la ropa, buscando saciarse; estaba en la gloria.
Cuando la realidad, volvió a su nublada mente, en cuestión de segundos, fue porque el bendito teléfono sonaba descontroladamente; entendió lo que estaba por hacer y con fuerza, se sacó al rubio de encima, el cual se estaba tomando su tiempo, acariciando el cuerpo que tantas veces había imaginado en su oficina y lamiendo los senos.
—¡Hey! —Se quejó el rubio, pero la chica no cedió. Draco Malfoy no entendía que había hecho mal, si a penas él estaba empezando, no por nada, había esperado tanto por esto y era un experto.
—Nada, así que por favor, váyase de mi casa si no quieres que...
—Que, que... ¿Qué llames a la policía? —Preguntó con su característica nota de sarcasmo, ya de pie y semi-desnudo. —¡Por favor! ¡No me iré de aquí sin obtener lo que quiero y te quiero a ti! —Gritó molesto —¿¡Qué no entiendes lo frustrado que me tienes!? ¡Maldición! ¡Llevo demasiado tiempo deseándote! ¡Volviéndome loco pensando en ti! ¡Coño! ¡Si hasta me desahogo imaginándome tu rostro mientras me froto, pero no es suficiente! ¡NO ES SUFICIENTE, MALDITA SEA!
Hermione no sabía que decir. No podía decir que le agradaba y hasta asustaba tal deseo que provocaba en un hombre, el problema es que ella quería a otro hombre. Más rápido que un abrir y cerrar de ojos, se colocó la playera y se ajustó el pants en su lugar. —Yo, no sé qué decir... —Sus manos temblaban y cuando el rubio se acercó de nuevo, ella se levantó y rodeo el sillón, dejándolo con los brazos estirados.
—No digas nada, solo ¡Diablos, no creo que vaya a decir esto! —Pareció batallar consigo mismo unos instantes. —¡Por favor! —Clamó desesperado. —Acaba con esto que me está consumiendo, yo no... Ya no puedo... no... ¡Maldita sea, Hermione! ¡No quiero obligarte a hacerlo! —Se agarró los rubios cabellos con desesperación, los ojos se habían tornado rojos y parecía realmente desesperado. —¡Mierda, te deseo tanto! ¡Pero también... también...! —Una vez lo dijera, no habría marcha atrás —Pero también creo que...
La miró directo a los ojos. Las grises pupilas penetraron los ojos castaños que lo miraban asustados, Draco comprendió que nunca la tendría completamente, porque ella ya estaba enamorada de otro. No sabía si había estado con otros hombres, pero a uno ya le había entregado el corazón. Fue entonces cuando Malfoy supo que ya tenía la batalla perdida, y también que aunque se acostara con ella, no se sentiría completo; la quería completa, quería todo de ella.
—También creo que te amo. —Liberó derrotado. No sabía si amar era la palabra correcta, pues era algo que él nunca había experimentado, ni le habían enseñado, él no fue criado para ello. El teléfono siguió sonando. —¡Maldición, contesta el estúpido teléfono!
Hermione quedó en estado de shock, pero levantó el auricular despacio. —¿Hola? —Contestó con timidez, tal revelación era lo último que esperaba escuchar de la boca del que fuera su jefe en CEI. Como deseó estar de regreso en Londres, con sus padres esperándola en casa. Tener a su madre viva para que le aconsejara. Pero no, debía enfrentar esto ella sola y tenía claro que no correspondía a los sentimientos del hombre que estaba parado frente a ella. En cierta forma, entendía al rubio de ojos grises. Más no podía corresponderle. —¡¿Hola?!
Cuando Hermione colgó contrariada, no dijo nada. Pero Draco sabía identificar cuando el contrario no estaba satisfecho con la oferta y la rechazaría. Derrotado por primera vez en su vida, comenzaba a vestirse. Ahora sabía que nunca estaría satisfecho de esa castaña junto al teléfono.
—Te daré lo que quieras ¡Vamos! ¡Pide lo que quieras, te lo daré! ¡Te daré lo que sea!, pero... pero quédate conmigo. —Suplicó el rubio desesperado. Hermione sintió una ligera culpa, mientras negaba con la cabeza, pues no quería nada; nada que el millonario y apuesto joven pudiera darle.
—Lo siento, pero no. —Vio el reloj en su muñeca. —Será mejor que se vaya.
El rubio se sentía más humillado que nunca en su vida; había suplicado, había apostado todo, pero a fin de cuentas, había perdido. Hasta el deseo se había esfumado. —Espero que no vayas a arrepentirte de esto. —Cuando ella negó con la cabeza, abrió la puerta y se frenó en seco, con la mano en el picaporte, cuando escuchó que le llamaba de nuevo.
—Draco... Por favor, no vuelvas a buscarme.
Sin cuidado de ponerse la camisa, salió con el torso desnudo, no cayó en cuenta que una mujer desde su auto le observaba. Regresó al automóvil que le esperaba y se fue.
Hermione sentía las piernas de gelatina.
Y peor aún...
No era lo único que sentía así.
Por una milésima de segundo, deseo que Draco hubiera sido menos caballeroso, pero al instante cambió de parecer. Una ducha fría (¡Nunca pensó en suplicar por una!) y después llamaría a Luna; lo mejor era organizar una salida que la despistara de sus complicaciones existenciales.
Aún así, no evitó desear haber hecho caso a Luna y haberse acostado con Harry James Potter, que tal vez ahora no quería ni saber de ella.
Lamentó no haberle hecho saber que lo necesitaba.
Lamentó no decirle que lo amaba.
*****
Ajeno a todo lo acontecido, en un enorme taller, Harry Potter lijaba una puerta ricamente adornada. El único ahí metido era él, ya que los demás trabajadores, habían ido a su hora de almuerzo, por ello mismo, Ronald Weasley había ido a buscar a su amigo.
El alto y musculoso moreno, estaba en medio de un mar de aserrín, maderas, lacas, y solventes, trabajando sin parar. Todo le parecería normal al pelirrojo, si no fuera porque, alertado por Sirius, sabía que su amigo Harry llevaba en ese ritmo varios días ya.
Desde que pasara lo de la fiesta de Charlie, cuando Harry se besó apasionadamente con la amiga de Lunita (como la recordaba con mucho cariño), era la primera ocasión que tenía de platicar con él. Y esta charla hubiera tardado más en llegar, de no ser porque los merodeadores lo enviaron directamente por Harry, estaban preocupados y ahora Ron, consciente del estado de su amigo, no podía juzgarlos; Harry no parecía estar en buen estado.
Es que a pesar de verlo concentrado y dedicado a tan hermosa puerta, y luciendo una energía envidiable, todo aquel que conociera a Harry Potter, sabría que cuanto más frustrado, enojado, excitado, y, o triste se encontrara, más y más trabajaba con sus manos.
Ronald no podía comprender como es que con la gente para hacerlo, su amigo prefería enfrentar las cosas él solo. En fin, sería algo que nunca lograría hacer Ronald Weasley. Eso sí, no podía soportar tener a Harry en ese estado; ¡¿Qué mujer no estaría loca por él?! Solo alguien tan raro como Luna y ese alguien, era la chica Granger.
¡Que lo partiera un rayo si Hermione no estaba enamorada de Harry!
Así que antes de ir por el moreno, para platicar y tratar de sacarlo de ese encierro auto impuesto, se vio con Luna y al parecer, como le hizo entender Moony, la castaña tampoco se encontraba en su mejor momento. Sin embargo, Luna le hizo prometer que no se lo haría saber a Harry, pues Hermione necesitaba tiempo. ¡Mujeres! ¿Por qué serían tan complejas? Ronald Weasley tal vez nunca lo comprendería.
—¡Qué hay, Harry! —Saludó al moreno, que estaba cubierto de sudor y todo polvoso.
—Si vienes a insistirme que deje esto, regrésate por donde llegaste. —Fue la ruda respuesta de Harry Potter, quien serio, seguía puliendo la puerta más de lo necesario.
—¡Oh, vamos! —Dijo Ron, con las orejas rojas —¡No creerás que Sirius me suplicó que viniera! —Reclamó el pelirrojo. —¡Yo no te haría esto! —Y con tono inteligente añadió —Ni aunque mi novia Luna me lo pidiera. —Ronald logró lo que quería, el moreno alzó los ojos para verlo.
—¿La rubia que me metió una cachetada en el cumpleaños de Charlie? —El pelirrojo asintió mientras examinaba un botecito de laca mate, solo para que con horror descubriera que no se quitaba tan fácilmente. —No imaginé que te gustaran las mujeres tan... decididas. —Comentó con amargura y tallando con más fuerza la madera.
Ronald solo se encogió de hombros, mientras trataba de tallar el dedo cubierto de laca. —Ni yo, pero ya ves, qué pequeño es el mundo, ¿no? ¡¿Cómo rayos me limpio mi dedo?!
—Usa solvente, ese de ahí —indicó señalando una botella llena de liquido transparente —Te arderá un poco, ¿Qué cuenta tu novia? ¿Le agradó a Molly?
—Bastante. Dice que le parece una chica locuaz y simpática. Parece que agradó a todos, también han elogiado mucho a la amiga que llevó. —Notó como Harry había parado de lijar, pero se había quedado en la misma posición.
—Ah, que bien. —Comentó tenso Harry.
—Sí, incluso Ginny dice que le gustaría invitarla a su boda. —Comentó Ron agitando su mano. —Pero no se si podrá asistir, Luna dice que su amiga está en planes de regresarse a Londres.
Harry apretó los puños, sin importarle el daño que se estaba haciendo, estaba furioso, no era la reacción que muchos tendrían, pero así era Harry. Le molestaba el hecho que ella no se dignara a hablarle; ¡Estaba seguro que ese beso había tenido tanto efecto en ella como en él! ¡Si tan solo ella se tragara su orgullo! Pero le dejó bien claro a Harry que no volviera a buscarla y él sabía irse dignamente de donde lo echaran (algo nada común pero llegaba a pasar).
Ronald siguió hablando de cosas triviales, probablemente por el estado de su amigo, lo mejor sería no meterse en líos amorosos, él nunca había sido una buena casamentera. Recordó como había intentado juntar a su hermanita y a su amigo, pero nunca lo logró, ahí fue el inicio y dramático final de su carrera como alcahuete (más bien no se enteró de nada). —¿Tendrás partido de rugby el fin de semana? —Fue lo último que preguntó el pelirrojo con algo de cautela desconocida en él.
—Uhmm… —Gruñó Harry en afirmación. —Es el juego antes de la final. No abandonaré al equipo ese día.
Ronald estuvo de acuerdo con su amigo, lo mejor era no abandonarle, iría con toda su familia a ver a Harry jugar. Ya se pondría de acuerdo con Sirius.
*****
—¡Que beso! —Se expresó la joven Weasley por enésima vez en esos días. Aún Molly estaba de acuerdo con su pequeña hija, pero no lo expresaría, estaba más preocupada por el estado de Harry.
—Es una muchacha tan simpática. ¡Lástima que no hubiera reconciliación ese día!
—Hubiera sido genial que informaran que eran pareja. —Comentó Nymphadora. Ese día, había invitado a las Weasley a ir a tomar el almuerzo en su casa.
—¡Hasta mi Nev se quedó con la mandíbula desencajada! —Rio la pelirroja. —Le ha venido bien presenciar esa escena. —Le guiñó un ojo a Dora, cuando su madre no las escuchaba.
—Pues hasta Sirius se quedó con la boca abierta. ¡Eso sí que es sorpresa! —Exclamó Dora sin poder evitar reírse, al recordar aquello.
—¡Ah! —Suspiraron las tres mujeres al mismo tiempo.
El móvil de Ginny empezó a sonar y la pelirroja se disculpó y salió del comedor para contestar la llamada, poco después, regresó con una sonrisa en la cara. —Ronnie dice que Sirius nos invita a ver el partido de Harry el sábado. Insiste en que contar con el apoyo de la familia, ayudará a Harry para sobreponerse del estado en que se encuentra.
—¡Por supuesto que iremos! —Respondió Molly muy segura, su hija asintió.
—Ya le he dicho que sí vamos y al parecer, Ron ha preparado algo para Harry. Supongo que con la ayuda de los gemelos, armarán una lluvia de fuegos artificiales. Solo espero que el cabezota de mi hermano, no nos salga con alguna otra ridiculez. —Comentó, pero solo Dora la escuchó, Molly Weasley ya estaba haciendo la lista de bebidas que llevaría para dar todo su apoyo al equipo de rugby de su querido Harry.
*****
Tal y como había sido el pronóstico del tiempo, el sábado amaneció nublado y con algo de viento. No era el clima ideal para un partido de rugby tan importante como aquel, pero contra la naturaleza, no se podía hacer nada.
Harry Potter se encontraba en el vestidor de su equipo. Rabbithos Jr, tenía uno de sus partidos más importantes esa temporada, aunque por un instante, Harry James Potter, se cuestionó qué rayos hacía ahí. Se levantó, ya todos debían estar calentando en el campo. Desganado, se miró en el espejo del cuarto; el uniforme se le ajustaba como un guante. Lo único que le incomodaba, eran los pequeños shorts que debía vestir. Solo por eso, había estado a punto de abandonar este hobbie que tanto le gustaba.
Los apagados ojos verdes, le devolvieron la mirada en el espejo. Sacudió su cabeza, no podía permitirse distracciones ese día. Debía encontrarse al cien para jugar. Decidió que daría todo por su equipo. Por casualidad, supo que los Weasley, los Lupin y Sirius, habían ido a verlo jugar, así que su honor también estaba en juego, debía dar un buen partido.
Al menos, sabía que su equipo era bastante mejor que the Kangaroos de Queensland.
Con algo más de ánimo, salió a la cancha, salpicado con pasto de diversos tonos verduscos, y saludó a los Weasley, que le hacían señales de apoyo; Ron aún no llegaba. Sintió un retortijón en el estómago, pensando que tendría que ver a la amiga de Hermione y no podría evitar preguntar por la castaña de su corazón; pero sonrió cuando vio la pancarta que llevaban: ¡Potter; presidente! Y sintió que se le aceleraba el corazón.
Los gritos de las personas que habían ido a presenciar uno de los partidos más esperados de la temporada, ensordecían desde las tribunas. A Harry le sorprendió el hecho, de que a pesar de no ser un equipo de primera división, muchos fanáticos habían asistido a presenciar el partido, no tantos como en la liga profesional, pero un poco mas de los acostumbrados; pues jugaban partidos privados.
Muy en contra de sí, empezó a sentir la adrenalina que corría a través de su cuerpo. La actitud de competencia, el comportamiento agresivo, el reto de probarse a sí mismo, de sacar partido a todas sus habilidades en el campo de juego, que se convierte en el campo de batalla. Los colores de su equipo, ser parte de algo, alcanzar la meta a más de cien metros de distancia.
Con un sentimiento indescriptible, solamente conocido por los jugadores de tal deporte, el corazón de Harry Potter empezó a palpitar; estaba en su terreno; adrenalina al cien. Las ovaciones de sus amigos le hinchieron el corazón de orgullo. En ese momento solo existía él y el equipo contrario.
Empezó el partido.
Poco a poco, la situación fue tomando forma; Rabbithos Jr trabajaban sincronizada mente, pero The kangaroos no permitían que la ventaja fuera muy grande. La mayoría de los jugadores eran enormes y toscos; los hombros anchos, los brazos gruesos, las piernas grandes y poderosas. El ambiente tenía olor a testosterona mezclado con el aroma cálido del aire.
Jalones y empujones por doquier. Avance de un par de metros y el equipo de Harry era interceptado por el contrario, mas ya pasaban del medio campo. El tiempo siguió corriendo y the kangaroos habían logrado la delantera; les aventajaban por once puntos.
Harry empezó a sentir el cansancio físico, pero no estaba dispuesto a ser derrotado; no otra vez en el mismo mes.
—¿Aún no llega Ron? —Preguntó impaciente Sirius, levantándose para ver mejor el estacionamiento.
—¿Por qué tanto interés en mi hermano? —Indagó en respuesta la pelirroja Ginny. En ese momento, disculpándose, llegó su prometido, Neville Longbottom hasta ella. Su novia le agradeció los cacahuates con un ligero beso.
—Ya casi va medio tiempo del partido y ni las luces del mejor amigo de mi ahijado. —Se encogió de hombros Sirius, restándole importancia, pero nadie le creyó.
—¡Ahí va!, ¡ahí va! —Gritaron los gemelos Fred y George cuando Harry se recibió un pase —¡Buuh! —Abuchearon cuando los jugadores contrarios le aplicaron un ruck, dejándo al moreno hasta abajo de una masa enorme de músculos y sudor.
—Ese juego debiera ser censurado —Comentó Molly Weasley indignada cuando poco a poco los jugadores se fueron levantando uno por uno, Harry al último. —Nunca debiste dejarlo practicar ese deporte, Sirius. —Regañó la bondadosa señora al padrino de Harry.
—De no haberlo dejado, se hubiera dedicado al salto libre. —Se defendió Sirius mirando impaciente su reloj. Remus y Dora a su lado, cuchicheaban entre ellos discutiendo algo sobre la cámara de video nueva que habían llevado para grabar a Harry.
—Ya nos perdimos la mitad del juego, Dora.
—¡Pero este trasto! Estaba funcionando adecuadamente, pero no me dí cuenta y apreté algo sin querer. Debió ser cuando lo descansé en las piernas y el pequeño Ted se movió.
—¿Paga cuando espegan al bebé, Doga? —Preguntó Fleur más concentrada en sus niños que en el partido, su esposo Bill gritaba las faltas junto a sus hermanos gemelos.
—¡Ahí va de nuevo, ahí va de nuevo! —Gritaron los hombres. Se podía apreciar a Harry, corriendo con la pelota en las manos; y evadiendo a los jugadores del equipo defensor. El señor Weasley limpiaba sus gafas frenéticamente. —¡SÍÍÍ!
—¡¡¡Y Potter logra su primer try del partido!!! —Rugió un altavoz. —The Kangaroos siguen a la delantera, pero esto acerca más a los Rabbithos. ¡Los cinco puntos obtenidos, en la zona de marca, han estado fenomenales!
—¡AL FIN! —Gritó Sirius, haciéndose escuchar por encima del ruido. Ronald Weasley se apresuraba hasta las gradas, frotándose las manos; llevaba una enorme sonrisa en su cara. Sirius lo interceptó con la mirada, Ron respondió en silencio y Sirius le sonrió de vuelta.
El árbitro indico el fin del primer segmento de cuarenta minutos, y los jugadores se apilaron cerca de sus respectivas bancas. Mientras repasaban sus nuevas tácticas; un grupo reducido de chicas en pequeñas faldas, amenizaron los quince minutos de intermedio. Al terminar su coreografía; pasaron cerca de donde estaba Harry J. Potter.
—¡Bien, Harry! —Vocearon en conjunto los Weasley y los Lupin (su padrino estaba más ocupado intercambiando sonrisas con una guapa coreana).
—No me gusta como esas porristas miran a Harry. —Murmuró Ginny indignada, mientras sus novio Neville, asentía con la cabeza, en total acuerdo.
—¡Ya quisiera que me vieran de igual forma! —Exclamó sonriente Fred Weasley.
—¡A ti, porque lo que es a mí, ya lo hacen! —Se burló su gemelo, sonriendo a una chica que no notaba su existencia; pues la despampanante morena, de pechos grandes, intercambiaba palabras y coqueteaba con nuestro moreno de ojos verdes.
—¡Pues parece más entretenida con Harry, hermanito! —Se rio Fred. —¡Aunque no parece que él sufra mucho!, ¡¿ves, George?! —Su hermano asintió enérgico, cuando unas gemelas pelirrojas les guiñaban el ojo; ambos se miraron de frente y con una amplia sonrisa dijeron al mismo tiempo —¡Pero qué bueno que hay de donde escoger!
Cuando hubo terminado la pausa, los jugadores poco a poco volvieron a alinearse; con ánimos renovados y listos para el último segmento.
—¡Ahí va de nuevo Potter! Al parecer está buscando marcar otro try de cinco puntos y... ¡casi! Jeffersonne le aplica un tackle; derribando a Potter al tomarlo por el torso.
—¡Venga, Potter! —Gritó el entrenador tratando de animar a sus jugadores. —¡Que quiero llevar en el tercer tiempo una victoria!
—Y vemos como se acomodan las líneas de nuevo. —Seguían comentando el partido —Si, al parecer el equipo le da otra oportunidad a Harry Potter, quien recibe la pelota de casi medio kilo. Pero para estos jugadores, no parece hacer efecto el transcurso del juego. ¡Aquí va Potter de nuevo, está a diez metros de la zona de anotación y...!
—¡Falta! —Exclamaron los gemelos Weasley desde la tribuna.
—¡Oh, no! El jugador Potter ha sido recibido con un hack; ¡ese puntapié en la espinilla sí que debe doler! Esperemos que no haya sucedido nada grave al jugador de primera línea de los Rabbithos. Aquí vienen los paramédicos. Harry Potter parece alegar que está en buenas condiciones.
—¡Harry debería descansar! —Exclamó alertada la señora Weasley, pero el brazo de su marido la frenó. —¡Arthur! ¡Suéltame, debo ir a hablar al entrenador! —Pero como su esposo no respondía, volteó a verlo. —¿Arthur?
—¡Potter parece hacer un enorme esfuerzo físico por mantenerse en pie! El árbitro principal, ha decidido que Potter está en condiciones óptimas de continuar y ¡allá van! ¡Quedan cinco minutos, señores y la primera línea de los Rabbithos está a poco más de treinta metros de la zona de anotación! ¡Veamos si logran los tres puntos que les ayudarían a llegar a las finales! ¡Qué partido hemos presenciado! El clima ha sido perfecto para la visibilidad del árbitro...
—¡Van a lograrlo! —Opinó Bill, mientras su niña le tendía los pequeños bracitos. —Ahora ya se colocaron a menos de diez metros y quedan dos minutos; ¡Harry puede correr más que eso en menos tiempo!
—¡Estoy de acuerdo! —Se hizo oír Remus mientras al fin lograba grabar la última parte del partido. —¡Aunque le costará algo pasar los dos puntos que llevan arriba los de Queensland!
—¡Se alinean! ¡Es la última oportunidad del equipo local! ¡Después de esta dura contienda, tendrán su convivencia del tercer tiempo! Algo que nos agrada mucho a los fanáticos de este maravilloso deporte. Los Rabbithos en posesión de la bola, pase a Carther, pase a Houston, pase a Fjell, quien lo pasa a Jadwin; ¡Que velocidad, los Kangaroos no logran interceptar los pases! Ahora Potter en posesión; McCloghry trata de detener, pero Potter la regresa a Ligertwood, bonito pase para atrás. Burla a Mpofu; pase de nuevo a Potter ¡Están a cinco metros, que rapidez! Potter recibe otro placaje, pero logra pasar el balón a Fjell... ¡Quien anota! El árbitro suena el silbato; ¡Es oficial, Rabbithos pasa a la final! ¡Los fans se pasan al campo para festejar con los jugadores!
Los vítores se dejaron oír por todas partes, aún los jugadores del equipo contrario, felicitaban a los Rabbithos por el buen partido y le deseaban suerte para la final.
—¡Oh, Harry, querido! —Exclamaba a gritos Molly Weasley con lágrimas en los ojos, dirigiéndose hacia el moreno, que en medio de sus compañeros festejaba, pero una mano callosa la detuvo de nueva cuenta. —¡Arthur! ¿Qué ocurre? —Pero no le contestó, no fue necesario; los ojos de la señora Weasley, se abrieron en grata sorpresa.
Hermione Granger corría atravesando el campo de juego, abriéndose paso entre los familiares de los jugadores de ambos equipos, como si se le fuera la vida en ello.
—¡HARRY! —Gritó con emoción la castaña —¡HARRY! —Volvió a gritar cuando el moreno volteo al escucharla. Harry Potter estaba atónito. Con los brazos caídos, miró a Hermione como si se tratase de la ilusión más bella que pudiera imaginar jamás.
Por un ínfimo instante, Harry creyó que había muerto aplastado en el campo de rugby.
El escándalo que había, pronto se aplacó cuando Hermione, se abalanzó sobre el moreno de ojos verdes y le besó con desesperación. Algunas resoplaron furiosas, pero no importó a nadie. La familia de Harry Potter sonreía y palmoteaba de alegría.
—¡Ronnie! ¡Ahora sí lo has hecho! —Palmearon la espalda del pelirrojo, sus hermanos gemelos.
—Digamos que no hice gran cosa, todo lo debemos a Luna. —Sonrió Ron, mientras su novia se acercaba caminando a él, con una sonrisa aún más grande en su cara.
—Cualquier cosa por mi mejor amiga —Se encogió de hombros Luna, mientras su novio la abrazaba por la cintura. —Y debía reparar el daño hecho en el cumpleaños de Charlie. —Ron le dio un ligero beso en los labios.
—Pues han hecho un maravilloso trabajo. Les debo la felicidad de mi ahijado. —Dijo con orgullo Sirius Black. —¡Hey! ¡Que alguien detenga a esos chicos que no tienen pudor alguno! —Agregó con impresión.
—Para que canuto insinúe eso... —Se burló Remus Lupin, llevando de la mano a su esposa, que sonreía indescriptiblemente. —Pero creo que tiene razón. —Finalizó tomándose la barbilla.
Ajenos a la gente que les rodeaba, Harry Potter y Hermione Granger seguían besándose a pesar de la falta de aire. Deteniéndose un segundo para recuperar el aliento, el moreno juntó su frente a la de la chica que tenía en sus brazos. Hermione esperaba escuchar las dulces palabras adecuadas al momento; ambos sonreían.
—No te conocía estos shorcitos, Mione. —Murmuró en un tono que consideraba sexy, el guapo moreno, mientras deslizaba sin pudor una mano por las piernas desnudas de la chica. Está de más decir que recibió un pellizco en la mejilla. —¡Auch!
—Esas, señor Potter, no son las palabras que esperaba escuchar. Pero si tanto le molestan, puedo deshacerme de ellos. —Susurró la castaña. Con confianza, tomó una de las grandes manos del moreno y la deslizó hasta el pequeño botoncito de los pequeños shorts de mezclilla.
—¡Mierda, aquí no! —Maldijo Sirius Black, atento a todos los movimientos de su ahijado. —¡Vaya que le ha tocado una ardiente mujer a mi ahijado! ¡Es todo un merodeador!
—¡Shhh! —Lo callaron las mujeres de alrededor, aunque Molly seguía insistiendo a su esposo que detuviera a los jóvenes de exhibirse en público.
Mientras tanto, la castaña volvía a besar al hombre de sus sueños, sus pícaras manos se escabullían por la camiseta sudorosa, que se pegaba a los pectorales del increíble moreno.
—Te amo, Mione. —Dijo Harry Potter cuando sus bocas se separaron. —Te amo y no estoy dispuesto a dejarte ir tan fácilmente.
Hermione no lloró como otras harían. No, ella sonrió feliz y lo besó de vuelta. —También te amo.
Harry Potter sintió como su corazón palpitaba y su pecho se hinchaba de gozo. Bajó a Hermione suavemente. —¡Ay! —Gimió cuando la castaña le apretaba una nalga, y se mordía el labio inferior para no reír.
—Me encanta su sexy uniforme, señor bárbaro profesional. —Por toda respuesta, Harry lo tomó como un reto y la besó vorazmente, explorando con plenitud la boca de ella; Hermione hacía lo suyo sin soltar el trasero del moreno.
—Hey —Les silbó Sirius. —Hay niños presentes y pobres mendigando pan. —Insinuó burlón cuando los jóvenes frente a él se separaban con las respiraciones agitadas. Aventó unas llaves, que su ahijado atrapó en el aire, sin soltar la cintura de su chica.
Gracias. Movió los labios el moreno, con los ojos brillantes. Como si no le costase esfuerzo alguno, alzó a la castaña y la echó sobre su hombro derecho.
—¡Potter! —Llamó un compañero de equipo, un hombre tan alto como Harry, pero de cabello hasta los hombros y rubio-castaño de ojos verdosos. —¿No vas al tercer tiempo?
—Lo siento, Houston. Esta señorita y yo nos retiramos. Luna, —dijo dirigiéndose hacia la rubia amiga de su Hermione —no volverás a ver a esta mujercita, hasta que acepte casarse conmigo.
Sobre los gritos de alegría de Dora, Ginny y Molly, Hermione se hizo oír. —¡No es justo! ¡Es lo que pensaba decirles a tus amigos! ¡No se vale que porque tú seas un gigante...! —una nalgada la calló, dejándola bufando muy indignada. Todos les hacían bullas.
Luna asintió contenta y en total acuerdo.
Harry llegó hasta el estacionamiento y bajó a Hermione por segunda ocasión ese día. Antes que ella se quejara indignada, la besó y con torpeza, abrió la puerta del lado izquierdo y la obligó a meterse. Rápido se dirigió al otro lado del conductor y arrancó el auto de velocidades.
—¿A dónde vamos? —Preguntó impaciente la castaña; ¡No entendía de donde provenía tanto deseo sexual!
—A mi casa o a la tuya, la que se nos atraviese primero. —Respondió Harry Potter, ya sin esfuerzos por ocultar la erección que le estaba apretando en los shorts tan minúsculos como los de la castaña. Su voz ronca solo excitaba descontroladamente a Hermione.
Con audacia, acarició la entrepierna del moreno, ambos gimieron. —No puedo esperar tanto, Harry.
Estas palabras fueron suficientes para Harry Potter. Con brusquedad, giró en sentido contrario, y aceleró. Por fortuna, ninguna patrulla les vio, y las infracciones que tendría que pagar después no le importaron; lo único relevante, era llegar a la casa de Hermione, la más cercana a su localización.
Las manos de Hermione temblaron al abrir la puerta de su casa. Tan solo pusieron un pie dentro, Harry arrancó de un tirón la camiseta de la castaña. Hermione no pudo reprimir un gemido.
Los desesperados besos no se hicieron esperar y la ropa fue sacada como mejor pudieron; se perdieron entre las sábanas de la cama semi-nueva de Hermione y el único ruido era el de una pasión y un amor desmedido y desbordante.
*****
A penas puso un pie en casa de Astoria, ella ya se había arrojado a sus brazos.
Extrañamente, Narcissa ya estaba en el hall, con un juez listo para casarlos. Así que no pudo postergar más lo inevitable.
No era Hermione, así que el sexo después del "sí, acepto", no resultó tan placentero como las simples caricias a las que llegó con su ex-empleada. Desnudos, metidos en la cama; no podía dejar de pensar en el rostro dulce y angelical de la castaña. Con un cuerpo más pequeño que el de la rubia que yacía a su lado y menos exuberante, pero más delicioso. Miró el anillo de bodas puesto en su dedo anular; un símbolo que no significaba nada para él.
Se estremeció recordando el aroma fragante, que creía imposible volver a oler; Astoria no se merecía eso, pero era la decisión a la que había sido orillado a tomar de inmediato. No la amaba, pero le haría pensar lo contrario; su fortuna y el imperio que sus familias formarían, valían más que cualquier sentimiento nuevo que pudiera sentir.
Se sintió asqueado de sí mismo, por no estar dispuesto a luchar por lo que más deseaba en ese mundo; aunque tal vez en otra vida, en otro cuento, en otro fanfiction. No sabría de Hermione Granger en un largo tiempo; pero eso no le impediría obligarla a recordarlo de vez en cuando.
El teléfono móvil de Astoria, vibró suavemente. Draco estiró el brazo y lo miró. Curioso, leyó las llamadas hechas recientes y con sorpresa descubrió el número de Hermione, recién marcado ese mismo día más temprano. Lleno de ira y coraje se separó bruscamente de la rubia.
Astoria despertó confundida y asustada. —¿Draco? ¿Qué ha pasado, cariño? —Preguntó, pero al ver su celular en poder del rubio comprendió. —Déjame explicarte.
—¡¿Explicar qué?! —Gritó el rubio apretando el móvil en sus manos. —¡¿Que me has estado siguiendo, Astoria?! ¡MIERDA, ESTÁS ENFERMA!
—¡No, Draco, no! ¡Es solo que no iba a permitir que fueras de otra!
—Jódete a otro —susurró molesto aventando el teléfono, haciéndolo añicos al estrellarse contra la pared. —No pienso dejarte. —Añadió cuando las lágrimas no se hicieron esperar en el rostro de la rubia. Esto enfureció aún más a Draco, quien la tomó por la nuca, jalando el cabello; obligándola a verlo a los ojos. —Pero debo decirte que nuestro matrimonio y tu vida, serán un maldito infierno. —La soltó y se vistió con lo primero que encontró y se dirigió a la puerta, cogiendo su chaqueta.
—¿A dónde vas? —Preguntó con timidez. No era lo que esperaba en su luna de miel, que recién comenzaba.
—A chupársela a alguna puta zorra. —Draco Malfoy salió de la habitación azotando la puerta. Ese era el inicio de un muy largo matrimonio.
*****
Hermione abrió los ojos.
Harry Potter acariciaba el desnudo estómago de la castaña. —Eres tal y como te he venido soñando, Mione.
Hermione sonrió y le besó en los labios. —Ha sido maravilloso, James. —Harry se metió bajo las sábanas, descendiendo por el cuerpo desnudo de su amada. —Me haces cosquillas —Rio Hermione. —¿Nunca te cansas de esto? —Preguntó sonriente.
—Ahora ya no —Respondió Harry desde abajo. —Eres deliciosa, y completamente mía. —Hermione pensó que Harry era un experto, al sentir las caricias hechas con maestría. Las sensaciones que recorrían su cuerpo le parecían indescriptibles y no podía evitarse retorcer de placer, mientras jadeaba el nombre del moreno musculoso. Con esporádicos movimientos, su cuerpo se movía, cada vez más frenéticamente.
Las manos de Hermione alcanzaron la indomable cabellera de Harry y lo acercó más a ella. —Por favor, Harry. —Suplicó con un hilo de voz.
—Oh, aún no, señorita. —Se digno Harry a negarse. Sus dedos inspeccionaban el área inferior de Hermione, introduciéndose íntimamente, haciéndola estremecer de placer, alcanzando alturas inimaginables, jugando con la castaña introduciendo y sacando, introduciendo y sacando.
—¡Ah! ¡Harry! —La súplica en la voz de Hermione, parecía un grave caso de excitación sexual; ¡Ahora que lo había probado, podía decir que le encantaba! Cerró los ojos, disfrutando el placer que los labios y la lengua de Harry le creaban. Con temblor, abrió más las piernas y empujó hacia arriba. Escuchó a Harry gemir y ella no reprimió dar una arcada instintiva de placer puro.
Harry salió de entre las finas y delgadas sábanas y Hermione sintió un gran bulto presionando en su estómago. Harry se alzó un poco más y se fundieron nuevamente en uno solo. Sus cuerpos acompasados, se movían salvajemente, mientras Harry mordía suave el cuello de la castaña, dejándole una marca. Hermione enterraba las uñas en la poderosa espalda del moreno. El sexo fue fuerte, decidido y muy, muy placentero.
Los pezones de Hermione eran lo más firme que Harry hubiera visto nunca; la erección dentro de ella, había durado una eternidad y él comprendió lo que era tener sexo con la persona correcta; con la persona que amas. El placer explotó en sus cuerpos y sus almas también se conectaron, guiándose a lo sublime. Habían hecho el amor.
Sudorosos, varios minutos después y exhaustos, escucharon que sonaba el timbre. Maldiciendo por lo bajo, Harry se apartó de Hermione, y desnudo empezó a buscar sus boxers. Hermione no pudo evitar admirarlo; tan varonil, gallardo, fornido, esbelto, el trasero compacto y firme; las piernas poderosas y masculinas; la virilidad tan dura y evidentemente grande.
—No te vistas, regreso. —Advirtió Harry Potter sin dejar lugar a réplicas. Hermione no se quejó, y daba gracias al cielo, tener a su lado un hombre tan resistente, como hecho de acero; tan dispuesto a seguir haciendo el amor hasta saciarse, y saciarla.
Regresó a la habitación con el ceño fruncido, pero una sonrisa satisfecha mientras se sacudía las manos. La castaña lo interrogó con la mirada.
—Al parecer te enviaron un arreglo floral, pero ya me he encargado de ello.
Hermione giró los ojos, pero tras una sonrisa pervertida, quitó la sábana de su cuerpo y abrió las piernas, indicando con su dedo que lo reclamaba a su lado, toqueteándose, introduciendo sus dedos, excitándolo, presionándolo. Harry sonrió y su virilidad pronto cogió una forma grande, recta y dura. Volvieron a sumergirse en un océano de placeres. Que involucraba las piernas largas y bronceadas de Hermione sobre los amplios hombros de él y la lengua húmeda e insaciable sobre su cuerpo.
Cabe decir, que unas rosas rojas eran devueltas con una interesante nota:
Te invitaría a la boda, pero eres persona no grata.
Atte.
HJP
PD. Métetelas por tu rubio culo.
Un rubio se llevaría una amarga sorpresa, pero la mujer a su lado, pensaría que las flores eran para ella, y lo mejor sería no corregirla del error, que pensara que ya el enojo se había esfumado de su príncipe azul. La nueva familia Malfoy, se iría a vivir a New York; así había estipulado Lucius; y así se llevaría a cabo. Lo mejor era apartar a Draco Malfoy de su obsesión insatisfecha, para siempre.
*****
Sirius bebía una copa junto a su amigo en un privado bar de Sydney.
—Me alegra que todo resultara bien para Harry.
—Así es. —Habló Sirius Black satisfecho. —Fue idea de Ron y Luna; parece ser que la rubia le dijo a Hermione que irían a un picnic de despedida los tres juntos, pero la llevaron al campo de rugby. Tardó en aparecer porque estuvo de rezongona, pero al final aceptó que amaba mucho a mi ahijado para dejarlo ir.
—Salud por este gran romance nacido en Sydney. No perdemos el toque, canuto. —Chocaron las copas, brindando a salud de la futura familia Potter. —James y Lily estarían tan orgullosos, como nosotros lo estamos de Harry. —Finalizó Lunático pidiendo dos tragos más.
Sirius Black estuvo de acuerdo. Además, no sabía de nadie, que mereciera a su ahijado, tanto como Hermione. Y sonrió feliz. Un futuro prometedor les esperaba y pronto sería tío de nuevo; nada podía ir mejor, solo un buen avance tecnológico que supliera el botox, le vendría bien, para hacer su vida aún más perfecta para siempre.
—A tu salud, Lunático.
Para siempre.
MISIÓN CUMPLIDA…
…DE MI PARTE. ¡Ahora queda de ustedes si pasamos los 90 reviews!
Suplico perdón por no volver a contestar reviews; pero se me ha venido encima el tiempo y luego esta parte del capítulo no me convencía; no quería que cayera en los disparos y hospitales de siempre, ya apunto de subirlo, me pareció malísimo, así que lo ajusté y he aquí el resultado (de hecho, estoy en Pto. Escondido, Oaxaca y en lugar de estar en la playa admirando surfers, heme aquí cumpliendo)
¡Qué pánico al escribir hot! No soy buena en ello, pero espero hayan quedado satisfechos (as).
¡CLARO QUE HABRÁ UN EPÍLOGO! Creo que nuestra pareja favorita se lo merece; así que fiel a ellos y a ustedes; lo subiré dentro de una semana o semana y media. Falta hacerle algunos ajustes. El sexy y pervertidillo rubio no está contemplado para el epí; pero si hay cosas, que quedan en duda o no fueron claras, avísenme, que me encargo de aclararlo todo en el epílogo.
Un beso a todos y juro por todo lo sagrado y bueno de este mundo, que contesto los reviews que lleguen de este capítulo y en el Epílogo, ¿OK?
Nos leemos pronto que me muero por saber sus comentarios al final de esta jornada. Si nunca has dejado un comentario, ¡Aún estáis a tiempo de escribirlo!
No me decido si seguir escribiendo o no, cuando lea este fic concluido y las opiniones suyas, me lo replantearé nuevamente.
Gracias por haberme acompañado en este Universo Alterno, que ha resultado ser toda una aventura para mí. (¡¡¡Nunca imaginé tener una mente tan retorcida y sucia!!! Je, je… Pero supongo que todos tenemos un poco de cordura loca)
Con Cariño,
Orquídea Negra.
**La licenciada que debió ser RocK StaR**
Click sin parar antes de irse, ahí abajo. Gracias.
