Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capitulo III

Edward

El agua de mar se agitaba a mí alrededor, en mi nariz, por mi garganta, en mis ojos. No podía respirar sin ahogarme. Bella nado hacia mí, llorando, sangrando y gritando. Me tomo de la mano y trato de hablar, pero no puede entender lo que decía. Su cabeza se tambaleo, y su cara salpico hacia abajo en el agua. La levante de su cabello.

-Despierta, Bella, ¡despierta! –las olas eran muy altas y temía que nos separamos, así que metí mi brazo derecho por debajo de la correa de su chaleco salvavidas y me aferre a ella. Levante su cara. Bella, ¡Bella!

La corriente nos alejó de los escombros. Las piezas del hidroavión desaparecieron bajo la superficie y no paso mucho tiempo antes de que no quedara nada.

Trate de no pensar sobre Mick atado en su asiento. ¿Sabrán que nos estrellamos? ¿Nos estarán rastreando en el radar?

Estaba preocupado por los tiburones. Libere uno de mis brazos y puse mi mano bajo la barbilla de Bella, levantando su cabeza de mi pecho. Sentí algo caliente justo debajo de mi cuello.

¿Seguía sangrando? Trate de hacer que se despertara, pero solo respondía si sacudía su rostro. No hablaba, pero gemía. No quería lastimarla, pero quería saber si estaba viva. No se movía por mucho tiempo, lo que me asusto. Pero vómito y se estremeció en mis brazos.

Manejar las olas era fácil flotando sobre mi espalda, y viajábamos mientras la corriente nos llevaba. Los hidroaviones no volaban en la oscuridad, pero estaba seguro de que enviarían a uno en cuanto el sol saliera.

Mis padres ni siquiera sabían que estábamos en ese avión. Hubo un fuerte chapoteo y me erguí. La cabeza de Bella se ladeo un poco a un lado y la jale de nuevo hacia mí.

El chapoteo continuo casi como un ritmo, imaginándome no solo un tiburón, sino cinco, diez, tal vez más, me di la vuelta sobresalía del agua y me tomo un segundo averiguar de qué se trataba. El chapoteo eran las olas golpeando el arrecife de una isla.

Nunca me había sentido tan enormemente aliviado en toda mi vida, ni siquiera cuando el medico nos dijo que mi cáncer se había ido y que el tratamiento finalmente había funcionado.

Levante la cabeza, estábamos cerca, pateando frenéticamente mis pulmones en llamas, nade lo más fuerte que pude.

Alcanzamos las tranquilas aguas de la laguna dentro del arrecife, pero no deje de nadar hasta que mis pies tocaron la arena del fondo del océano. Tenía solo la anergia suficiente para arrastrar a Bella fuera del agua y hacia la costa antes de que me desplomara a su lado y me desmayara.

El ardiente sol me despertó. Rígido y adolorido solo podía ver a través de uno de mis ojos. Me quite el chaleco salvavidas, y luego mire a Bella. Su cara estaba hinchada y con moretones, cortes atravesando sus mejillas y su frente permanecía quieta.

Mi corazón golpeaba en mi pecho, pero me obligue a acercarme y tocar su cuello. Su piel estaba caliente y el alivio se apodero de mi por segunda vez cuando sentí su pulso latiendo bajo mis dedos, estaba viva.

La sacudí con cuidado.

-Bella, ¿puedes oírme? –no respondió, así que la sacudí de nuevo.

Espere a que abriera los ojos. Era increíbles grandes y de un oscuro gris azulado. Fue la primera cosa que note cuando la conocí. Había venido a nuestra casa para entrevistarse con mis padres, y estaba avergonzado porque era hermosa y yo estaba muy delgado, calvo y parecía una mierda.

Vamos, Bella, déjame ver tu hermosos ojos. La sacudí más fuerte y no fue hasta que por fin los abrió lentamente, que deje escapar el aliento que había estado conteniendo.


Bella

Dos imágenes borrosas de Edward se cernían sobre mí, y parpadee, hasta que se funcionaron en uno solo. El tenia cortes en la cara y el ojo izquierdo estaba cerrado por la hinchazón a sal.

-¿Dónde estamos? –pregunte, mi voz sonó áspera y mi boca sabia a sal.

-No lo sé, alguna isla.

-¿Qué paso con Mick? –pregunte.

Edward sacudió la cabeza. –Lo que quedo del avión se hundió rápidamente.

-No puedo recordar nada.

-Te desmayaste en el agua, y cuando no pude despertarte pensé que habías muerto.

La cabeza me dolía, me toque la frente e hice una gran mueca cuando mis dedos rozaron una gran protuberancia. Algo pegajoso recubría el lado de mi cara.

-¿Estoy sangrando?

Edward se inclinó hacia mí y peino mi cabello hacia atrás con sus dedos, buscando la fuente de la sangre. Llore cuando la encontré.

-Lo siento –dijo-. Es un corte profundo. No está sangrando tanto ahora. Sangraba mucho más cuando estábamos en el agua.

-¿Había tiburones?

-No sé, no vi ninguno, pero estuve preocupado por ello.

Tome una respiración profunda y me senté, la playa giraba, colocando las manos planas sobre la arena, me tranquilice a mí misma hasta que lo peor de los mareos paso.

-¿Cómo llegamos aquí? –pregunte.

-Enganche mis brazos por las correas de tu chaleco salvavidas, y nos deje llevar por la corriente hasta que vi la orilla, luego te arrastre sobre la arena.

Pensé en lo que podría haber pasado si me hubiera dejado ir o si los tiburones hubieran venido o si no hubiera isla. –Gracias Edward.

-Seguro –dijo encontrado mí mirada solo unos segundos antes de mirar lejos.

Intente ponerme de pie y falle, vencida por el mareo, Edward me ayudo a sostenerme y esta vez me quede sobre mis pies. Desabroche mi chaleco salvavidas y lo deje en la arena.

Me aleje de la orilla y mire hacia la isla. Se parecía a las fotos que había visto en internet, excepto que no tenía un hotel de lujo o casas de vacaciones en las que permanecer. La playa dio paso a los arbustos con flores y vegetación tropical y, finalmente una zona de boscosa donde los arboles crecían juntos, sus hojas formando un toldo verde. El sol, alto en el cielo, la quemaba con un calor intenso. La brisa del océano no bajaba mi aumento de la temperatura corporal, y el sudor corría por mi cara, mi ropa se pegaba a mi piel húmeda.

-Tengo que volver a sentarme. –mi estómago estaba revuelto y pensé que podría vomitar, Edward se sentó junto a mí y cuando las náuseas finalmente pasaron le dije-. No te preocupes, tienen que saber que se estrelló y vas a enviar un avión de búsqueda.

-¿Tienes alguna idea de donde estamos? –pregunto.

-En realidad, no. –Use mi dedo para dibujar en la arena. –Las islas se agrupan en una cadena de veintiséis arrecifes que corren de norte a sur. Aquí es donde nos dirigíamos –señale una de las marcas que hice. Lleve mi dedo a través de la arena y señale a otro-. Este es Malé, el punto de partida. Estamos en algún lugar intermedio, creo a menos que la corriente nos haya llevado al este o al oeste. No sé si Mick se quedó en el camino y no sé si los hidroaviones tienen un radar.

-Mi mama y mi papa deben estar volviéndose locos.

-Sí. –los padres de Edward habían, sin duda intentado llamar a mi celular, pero era probable que se encontrase en el fondo del océano ahora.

¿Habría que construir una señal de fuego? ¿No es eso lo que hacen cuando se pierden? ¿Crear fuego para que sepan dónde estás?

Mis habilidades de supervivencia se limitaban a lo que había visto en la televisión o leído en los libros, ninguno de nosotros usaba gafas, así que no podíamos colocar las lentillas en ángulos hacia el sol.

¿Si frotábamos dos varitas funcionaba?

Tratamos de deletrear SOS. En primer lugar utilizamos nuestros pies para aplanar la arena, pero no creía que fuera visible desde el aire. A continuación tratamos de utilizar hojas, pero la brisa las dispersó antes de que pudiéramos formar letras.

Mi cara se quemó por el sol y los brazos y los brazos y las piernas de Edward se pusieron rojos. Pronto no tuvimos más remedio que alejarnos de la orilla y refugiarnos bajo un árbol de coco.

Los cocos subirían el suelo y sabía que contenía agua, los golpeamos contra el tronco del árbol, pero no pudimos abrirlos.

El sudor corría por mi cara, recogí mi pelo y lo sostuve en la parte superior de mi cabeza. Con mi lengua hinchada y la sequedad en la boca se me hacía difícil tragar.

-Voy a echar un vistazo alrededor –dijo Edward-. Tal vez hay agua en alguna parte. –no se había ido por mucho tiempo, cuando llego de nuevo al árbol de coco sosteniendo algo en la mano.

-No vi nada de agua, pero he encontrado esto. –Era del tamaño de un pomelo y verde, espinosas y cubrían su superficie.

-¿Qué es? –pregunte.

-No sé, pero tal vez tiene agua en su interior, al igual que los cocos.

Edward la pelo, usando sus uñas. Fuera lo que fuese, los insectos había llegado allí primero, así que lo dejo caer al suelo golpeando con el pie.

-Lo encontré debajo de un árbol –dijo-. Había un montón de ellos colgando, pero estaban demasiados altos para alcanzarlos. Si consigues subir en mis hombros, podríamos ser capaces de derribar una. ¿Crees que pueda caminar?

Asentí con la cabeza.

–si vamos despacio

Cuando llegamos al árbol, Edward estrecho mi mano y me ayudo a subir a sus hombros. Yo era alta un metro y ochenta y pesaba cincuenta y cuatro libras.

Edward tenia por lo menos catorce centímetros y catorce libras más que yo, se tambaleo un poco tratando de mantener el equilibrio.

No podía agarrarla así que la golpee con mi puño en su lugar, las primeras dos veces no se movió, pero la golpee un poco más y salió volando.

-Todavía no sé lo que es esto –dijo, después de que se la entregara.

-Puede que sean frutos del árbol de pan.

-¿Qué es eso?

-Es una frita que se supone que sabe a pan.

Edward la pelo y el olor me recordó al de guayaba, la dividimos por la mitad chupamos la fruta, el jugo inunda nuestras bocas secas, la masticamos y la tragamos en pedazos.

-Esto no sabe a pan, para mí –dijo Edward-. Tal vez lo es si se cocina.

Me volví a subir en su hombro y derribe dos más que comimos inmediatamente, luego regresamos al árbol del coco nos sentamos otra vez.

A última hora de la tarde, sin previo aviso, el cielo se abrió y una lluvia torrencial cayó sobre nosotros, salimos de debajo del árbol, subimos la cabeza hacia el cielo y abrimos la boca, pero la lluvia termino diez minutos más tarde.

-Es la temporada de lluvias –dije-. Debería llover todos los días, probablemente más de una vez. –no teníamos nada donde retener el agua y las gotas que logre conseguir con mi lengua, me hicieron querer más.

-¿Dónde están? –pregunto Edward cuando el sol se puso, la desesperación en su voz acompañaba mi propio estado emocional.

-No lo sé. –por razones que no podía entender, el avión no había llegado-. Nos van a encontrar mañana.


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PERDOOOOON! por no subir capítulos en estos días, me he quedado sin Internet y no he podido, ahora fui con un vecino, prometo que cuando tenga les subo 2 capítulos en un día.