Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capítulo VI

Bella

Día 3

Cuando Edward y yo despertamos, ambos teníamos dolor de cabeza y nauseas. Comimos algo de pan de fruta, y pensé que podría vomitarlo, pero no lo hice. A pesar de que teníamos muy poca energía, volvimos a la playa y decidimos intentar hacer otra fogata de nuevo. Estaba convencida de que un avión aparecería ese día, y sabía que la fogata era nuestra mejor oportunidad para asegurarnos de ser vistos.

-Todo lo que hicimos ayer estuvo mal –dijo Edward-. Pensé en eso anoche, antes de quedarme dormido, y recuerdo ver un programa de televisión donde el tipo hacia una fogata. Hizo girar dos palillos en lugar de frotarlos. Tengo una idea. Voy a ver si puedo encontrar lo que necesito.

Durante su ausencia, reuní todo lo que se podía quemar y que considere que produciría fuego. El aire era tan húmedo, que la única cosa en la isla que estaba seca era el interior en mi boca. Todo lo que recogía se sentía húmedo, pero finalmente encontré algunas hojas secas debajo de una plana robusta.

También saque los bolsillos de mis pantalones al revés y encontré un poco de pelusa que añadí a la pila en mi mano. Edward regreso con un palillo y un trozo de madera.

-¿Tienes algo de pelusa en tus bolsillos? –le pregunte. El saco sus bolsillos de adentro hacia afuera, encontró un poco y me lo entrego.

-Gracias. –Forme la pelusa y las hojas en un pequeño nido. También recogí un poco de leña y junte un montón de hojas húmedas y verdes que podríamos usar para hacer mucho humo.

Edward se sentó y mantuvo el palillo en posición vertical, perpendicular al trozo de madera sobre el cual estaba.

-¿Qué estás haciendo? –le pregunte.

-Trato de encontrar una manera de hacer girar el palo. –Lo estudio durante un minuto-. Creo que el tipo uso una cuerda. Desearía no haberme quitado mis zapatos; habría podido utilizar los cordones.

Giro el palo hacia atrás y hacia adelante con una mano, pero no pudo girar lo suficiente rápido como para obtener algún tipo de fricción. El sudor corría por su rostro.

-Esto es jodidamente imposible –dijo, descansando durante unos segundos.

Con renovación, uno las dos manos y las froto juntas, con el palillo en medio de ellas, giro más rápido, e inmediatamente encontró un ritmo. Después de veinte minutos, el palo giraba y produjo un pequeño montón de humo negro en la base de madera.

-Mira eso –dijo Edward, cuando el humo comenzó a subir.

Poco después de eso, hubo mucho más humo. El sudor corría hasta sus ojos, pero Edward no dejo de girar el palo.

-Necesito el nido.

Me senté a su lado y contuve la respiración, observando mientras el soplaba suavemente en el nido de madera. Uso el palo para excavar cuidadosamente entre la rojilla brasa brillante y transferirla a la pila de hojas secas y pelusa. Tomo el nido y lo sostuvo frente a su boca, soplando suavemente, y las llamas crecieron en sus manos. La dejo caer en el suelo.

-Oh, dios mío –dije-. Lo hiciste.

Apilamos pequeños trozos de yesca sobre ella. Creció rápido y de inmediato agotamos toda la leña que había recogido. Nos apresuramos a buscar más, y los dos regresábamos a buscar más, y regresábamos corriendo hacia la fogata cuando un aguacero cayó.

En cuesto de segundos, el fuego se convirtió en una pila húmeda de madera carbonizada.

Miramos lo que quedo de la fogata. Quería llorar Edward se arrodillo en la arena. Me senté junto a él, y levantamos nuestras cabezas para atrapar las gotas de lluvia en la boca. Llovió durante mucho tiempo y por lo menos algo de lluvia bajo por mi garganta, pero todo lo que podía pensar era en agua humedeciendo la arena que nos rodeaba.

No sabía que decirle. Cuando dejó de llover, nos acostamos bajo la palmera, sin hablar. No podíamos hacer otra fogata de inmediato porque todo estaba muy mojado, así que dormimos, letárgicos y deprimidos.

Cuando nos despertamos por la tarde, ninguno de los dos quiso pan de fruta, Edward no tenía la energía suficiente para hacer otro fuego, y sin algún tipo de refugio, y no seriamos capaz de mantener la llama viva, de todas formas. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, y mis miembros estaban entumecidos. Había dejado de sudar.

Cuando Edward se levantó y se marchó, lo seguí sabia a donde iba, pero no pudo detenerlo. Quería ir allí, también.

Cuando llegamos a la laguna, me arrodille a la orilla del agua, recogí un poco de agua en mi mano y la lleve a mi boca. Tenía un sabor horrible, caliente y ligeramente salobre, pero inmediatamente quise más, Edward se arrodillo a mi lado y bebió directamente de la laguna.

Una vez que empezamos, ninguno pudo parar. Después de beber todo lo que pudimos, colapsamos en el suelo, y pensé que podría vomitar, pero me contuve. Los moscos me invadieron, y los aparte de mi rostro.

Regresamos a la playa. Era casi de noche cuando nos recostamos uno cerca del otro en la arena, con nuestras cabezas sobre los chalecos salvavidas. Pensé que todo estaría bien. Habíamos comprado algo de tiempo. Vendrían a buscarnos seguramente mañana.

-Lamento lo del fuego, Edward, lo intentaste mucho, e hiciste un gran trabajo. Yo nunca podría ser capaz de hacerlo.

-Gracias, Bella.

Nos quedamos dormidos, pero me desperté un poco más tarde, el cielo estaba negro y pensé que probablemente era media noche. Mi estómago gruño. Lo ignore y rodé sobre un costado. Otro calambre me golpeo, esta vez más intenso. Me senté y gemí. El sudor cubría mi frente.

Edward se despertó. -¿Qué pasa?

-Me duele el estómago. –Rece para que los calambres se detuvieran, pero solo empeoraron, y sabía que lo iba a suceder-. No me sigas –dije, me adentre en el bosque, y apenas logre bajar mis vaqueros y ropa interior antes de que mi cuerpo purgara todo lo que contenía. Cuando ya no quedo nada, me retorcí en el suelo, los calambres continuaron viniendo en olas, una tras otras.

Empapada de sudor, el dolor bajaba desde mi estómago hasta cada pierna, por mucho tiempo, me quede quieta, con miedo de que el más mínimo movimiento pudiera causarme más miseria. Los mosquitos zumbaban alrededor de mi rostro.

Entonces, vinieron las ratas.

Donde quiera que mirara, pares de brillantes ojos se escondían en la oscuridad, un paso por encima de mi pie, y grite. Me tambalee sobre mis pies y tire mis vaqueros y ropa interior, pero el movimiento provoco un intenso dolor, y me deje caer de nuevo.

Pensé que podría estar muriéndome, que toda esa agua contaminada de la laguna que bebí no me haría sobrevivir. Permanecí allí después de eso. Exhausta y débil, sin idea de donde se encontraba Edward me dormí.

Un zumbido me despertó, mosquitos, pero el sol estaba arriba y la mayoría de los insectos y de las ratas se habían ido. Me esforcé por levantar mi cabeza mientras me recostaba de costado con mis rodillas levantadas contra mi pecho.

Eso parecía ser el sonido de un avión.

Solté mis rodillas para levantarme y arrastrarme hacia la playa, gritándole a Edward mientras mis pies caminaban más rápido, tratando con cada gramo de mis fuerzas levantar mis brazos por encima de mi cabeza y moverlos de un lado a otro. No podía ver el avión, pero podía escucharlo, el sonido desvaneciéndose cada vez más.

Están buscándonos, darán la vuelta en cualquier momento.

El sonido del avión se hizo más débil hasta que no puedo escucharlo más. Mis piernas se doblaron, y caí sobre la arena y llore hasta que hiperventilé. Me recosté de lado, mis sollozos disminuyeron, la mirada fija en las nubes.

No tenía idea de cuánto tiempo paso, pero cuando aparte la mirada, Edward estaba recostado a mi lado.

-Era un avión –dije.

-Lo escuche, pero no podía moverme.

-Regresaran.

Pero no lo hicieron.

Llore mucho ese día, Edward estuvo en silencio, mantuvo los ojos cerrados, y no estaba segura de sí dormía o simplemente estaba muy débil como para hablar. No hicimos otra fogata o un intento de comer más pan de fruta. Ninguno de los dos se movió debajo de la palmera, excepto cuando llovió.

No quería estar cerca del bosque cuando la oscuridad cayera, así que nos movimos de regreso a la playa. Mientras me recostaba junto a Edward hubo una cosa de la que estuve segura. Si otro avión no venía o si no encontrábamos una manera de recoger agua, Edward y yo moriríamos.

Dormí a ratos durante toda la noche, y cuando por fin caí en un sueño profundo, me desperté gritando porque soñé que una rata se comía mi pie.


COMENTEEEEEN!

Nadiia16: Ya lo se, ya veremos como va avanzando, ya en los demas capitulos usaran un poco su imaginacion para no morir xD a tu pregunta son lluvias normales por ahora no hay tormentas :3

Si tienen dudas mas de la historia o que les de avanses

agreguenme a mi facebook

Maria M'Stew :*