Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capítulo VIII

La lluvia llego una hora más tarde. Edward y yo nos empapamos, sonriendo y aplaudiendo, viendo los diferentes contenedores llenarse hasta el tope.

Agradecida por la gran abundancia, bebí hasta que no pude aguantar más, el agua se agito en mi estómago cuando me moví.

Al cabo de una hora, los dos orinamos otra vez, celebramos comiendo otro coco y dos frutas de pan.

-Me gusta el coco más que la gruta de pan. –le dije.

-A mí también. Aunque ahora que tenemos fuego, tal vez podemos asarlo y ver si tiene mejor sabor.

Reunimos más leña y encontramos unos palos largos para pesar con arpón. Tiramos la lona en la parte superior de la choza y la atamos con la cuerda para mayor protección de la lluvia.

Edward tallo cinco marcas de conteo en el tronco de un árbol. Ninguno de los dos menciono otro modelo.

A la hora de dormir, elevamos el fuego tan alto como pudimos sin quemar la choza. Edward se metió en la balsa salvavidas. Fue tras él, con la camiseta que me había dado por un camisón. Cerré la puerta deslizándola hacia abajo detrás de mí, por lo menos tendríamos cierta protección contra los mosquitos.

Bajamos las solapas de nylon y las unimos con los cierres de velcro. Separe las mantas y puse los cojines de asiento abajo como almohadas.

Las mantas eran ásperas pero nos mantendrían caliente cuando el sol se pusiera y bajara la temperatura. Los cojines de los asientos eran delgados y olían a moho, pero era lujosamente cómodo comparado a dormir en el suelo.

-Esto es impresionante –dijo Edward.

-Lo sé.

Un poco más pequeña que una cama doble, compartiendo el bote salvavidas con Edward dejaría solo unos centímetros entre nosotros, yo estaba demasiado cansada para preocuparme.

-Buenas noches, Edward.

-Buenas noches, Bella. –Ya soñaba soñoliento, y rodo sobre su costado y se desmayó.

Segundos más tardes, yo también lo hice.

Me desperté en medio de la noche para controlar el fuego. Solo quedaban brasas, por lo que añadí más leña y hurgue con un palo, enviando chispas en el aire. Cuando el fuego ardió fuerte otra vez, volví a la cama.

Edward se despertó cuando me acosté a su lado. -¿Qué pasa? –pregunto.

-Nada, puse más leña al fuego. Vuelve a dormir

Cerré los ojos, y nos dormimos hasta que salió el sol.

Edward

Me desperté con una erección.

Normalmente lo hacía, pero no era como si tuviese algún control en el asunto. Ahora que no estábamos muertos, mi cuerpo debió haber decidido que ya si podía sentir lo que quisiera.

Dormir tan cerca de una chica, especialmente una como Bella, básicamente garantizaba que me despertara con una erección.

Ella, todavía dormida, se encontraba acostada de lado con el rostro hacia mí. Las cortadas en su cara comenzaban a curarse, y por suerte para ella, ninguna parecía lo suficientemente profunda como para dejar una cicatriz.

En algún momento durante la noche, ella había pateado la sabana, y ahora podía ver muy bien sus piernas, lo cual era lo peor que podía hacer, considerando lo que ocurría en mis calzoncillos.

Si ella llegaba a abrir sus ojos, podría atraparme mirándola fijamente, así que Salí del pequeño refugio y pensé en geometría hasta que mi erección se esfumara.

Bella se despertó diez minutos después. Comimos coco y fruta de pan como desayuno, y luego me cepille los dientes, enjuagándome con agua de lluvia.

-Ten –dije, tendiéndole el cepillo y la crema de dientes.

-Gracias –coloco un poco de crema y se cepillo los dientes.

-Quizá hoy pase otro avión –dije

-Tal vez –Dijo bella, pero no me miro al decirlo.

-Quiero explorar un poco más por ahí. Para ver qué otra cosa hay en esta isla.

-Debemos ser cuidadosos –dijo-. No tenemos zapatos.

Le di un par de mis medias para que sus pies no estuviesen completamente descalzos. Me escondí detrás del refugio y me cambie a mis vaqueros para protegerme las piernas de los mosquitos, y comenzamos a adentrarnos por el bosque.

El aire húmedo se pegaba a mi piel.

Camine por medio de un enjambre de mosquitos, manteniendo la boca cerrada y espantándolos con mis manos. Nos adentramos mucho más en la selva y el olor a plantas en descomposición se hizo cada vez más fuerte.

Las hojas encimas de nuestras cabezas bloqueaban casi toda la luz del sol, y lo único que escuchaba eran las ramas quebrándose y nuestra respiración cuando inhalábamos el pesado aire. El sudor cubría toda mi ropa continuamos nuestro camino en silencio, y me pregunte cuanto tiempo nos tomaría despejar todos los árboles y salir al otro lado.

Logramos llegar unos quince minutos después. Bella caminaba lentamente detrás de mí, así fui yo quien lo vio primero. Me detuve de repente, me gire y le hice señas para que se apresurara.

Logro alcanzarme y murmuro-. ¿Qué es eso?

-No lo sé.

A unos quince metros se encontraba una pequeña casita de madera que apenas era del tamaño de una casa movible, quizá alguien más viva en la isa, alguien que no se había molestado en presentarse.

Caminamos cautelosamente hacia ella. La puerta de enfrente se encontraba abierta, así que dimos un vistazo hacia adentro.

-¿Hola? –dijo Bella.

Nadie contesto, así que entramos por el umbral hacia el piso de madera. Había otra puerta en el otro lado de la habitación sin ventanas, pero estaba cerrada.

Tampoco había ningún mueble. Con mi pie toque una pila de sabanas en la esquina, y saltamos cuando un grupo de insectos comenzaron a dispersarse.

Cuando mis ojos se ajustaron a la poca luz, note una caja de herramientas grandes y de metal en el piso. Me incline y la abrí.

Adentro se encontraban un martillo, varios paquetes de clavos y tornillos, una cinta métrica, alicates y una sierra manual. Bella encontró algo de ropa. Recogió una de las camisas y las mangas se le desprendieron.

-Pensé que tal vez podríamos usar eso, pero, olvídalo –dijo, haciendo una mueca.

Abrí la puerta de otra habitación, y entramos lentamente. Por todo el piso había bolsas vacías de papas fritas y envolturas de barras de chocolate. También había un envase de plástico con tapa junto a ellos. Vacío quienquiera que vivió aquí, probablemente lo utilizo para recolectar agua.

Quizá si hubiéramos explorado la isla un poco más, hubiésemos caminado más lejos y encontrado la choza antes, no habríamos tenido que beber el agua estancada.

Bella miro el contenedor en mi mano, debió haber hecho la misma conexión ya que dijo-. Lo hecho, hecho esta, Edward. Ahora no hay nada que podamos hacer.

En el suelo había un saco de dormir arrugad y lleno de moho. En la esquina, también había un estuche negro apoyado contra la pared. Desabroche los cierres y levante la tapa. Dentro había una guitarra acústica en buenas condiciones.

-Eso no me lo esperaba –dijo bella-. ¿Crees que alguien vivió aquí?

-Parece que sí.

-¿Qué estaban haciendo?

-¿Además de canalizar a Jimmy Buffer1-Bella sacudió la cabeza-.

-No tengo idea. Pero quien sea que haya sido, no ha estado en casa por un tiempo-

-Esta no es madera chatarra –dije-. Fue coartado en un aserradero. No es como lograrlo traerla hasta aquí, pero este tipo iba en serio. Entonces. ¿A dónde se fue?

-Edward –dijo Bella, con los ojos abiertos en sorpresa-. Quizá regrese.

-Eso espero.

Coloque la guitarra en el estuche y se lo tendí. Recogí la caja de herramientas, y volvimos a hacer nuestro camino de vuelta a la playa.

A la hora del almuerzo, Bella rostizo fruta de pan en una roca plana al lado de la fogata, mientras que yo partía algunos cocos. Nos comimos todo, en mi opinión, la fruta de pan aun no sabía a pan y lo pasamos con agua de coco.

El calor de la fogata más una temperatura que debía estar cerca de los noventa, hacían difícil estar sentados dentro del refugio por mucho tiempo.

El sudor corría por el rostro de Bella, y su cabello se le pegaba al cuello.

-¿Quieres ir al agua? –me arrepentí de mis palabras en el momento en que las dije. Probablemente solo pensaba que quería que se desnudara frente a mí de nuevo.

Vacilo, pero dijo-: Si, me estoy asando.

Fuimos caminando por la orilla. No me había cambiado de nuevo a mis shorts, así que me quite las medias, la camisa y Salí de los vaqueros. Debajo tenía unos boxers grises.

-Haz como si fuera mi bañador –dije.

Miro mi ropa interior y sonrió. –De acuerdo.

La espere en la parte baja, intentando no mirarla mientras se quitaba la ropa. Si ella tenía el valor de desvestirse frente a mí, no iba actuar como un idiota sobre el asunto.

Aunque mi erección volvió, y esperaba que no lo notara.

Nadamos por un rato, y cuando salimos del agua, nos vestimos y sentamos en la arena. Bella miro fijamente hacia el cielo.

-Estaba muy segura de que ese avión volvería a pasar –dijo.

Cuando regresamos al refugio, lo coloque algo más de leña a la fogata. Bella tomo una de las sabanas de la balsa salvavidas, la extendió en la arena, y se sentó. Tome la guitarra y me senté junto a ella.

-¿Tocas? –pregunto.

-No, bueno, uno de mis amigos me enseño parte de una canción. –tire de las cuerdas y comencé a tocar las primeras a tocar las primera notas de "Wish you were here".

Bella sonrió. –Pinck Floyd.

-¿Te gusta los pink Floyd?

Asintió. –Me encanta esa canción.

-¿En serio? Es genial, nunca se me hubiera ocurrido eso.

-¿Por qué? ¿Qué tipo de música crees que escucho?

-No lo sé, algo como, ¿Mariah carey?

-No, me gusta lo otro. –Se encogió de los hombros-. ¿Qué puedo decir? Nací en el 71.

Calcule su edad.

-¿Tienes treinta?

-Sí.

-Creí que tenías veinticuatro o veinticinco

-No.

-No pareces de treinta.

Sacudió la cabeza y se rio ligeramente.

-No estoy muy segura si eso es algo bueno o algo malo.

-Solo me refiero a que es muy fácil hablar contigo.

Me sonrió, tire de las cuerdas un poco más tocando las mismas notas de pink Floyd, pero tuve que parar porque las manos me dolían por hacer la fogata.

Más tarde, cuando nos fuimos a la cama, ella dijo-. Espero que esa fiesta por la que te quedaste más tiempo haya valido la pena.

-No fue una fiesta. Solo les dije eso a mis padres.

-¿Qué fue?

-Los padres de Jasper no estaban en la ciudad. Su primo justo había salido de la universidad para el verano, y se suponía que iba a venir con su novia. Iba a traer dos de sus amigas. Jasper se convenció a si mismo de que podría conquistar a una de ellas. Le aposte veinte dólares a que no podría hacerlo. –no le dije a Bella que yo también tenía planeado intentarlos.

-¿Lo logro?

-Nunca aparecieron, en vez de eso nos quedamos allí toda la noche, bebiendo cerveza y jugando videojuegos. Dos días después me monte en el avión contigo.

-Guau, Edward lo lamento –dijo.

-Sí. –espere un minuto y luego pregunte-. ¿Quién era ese hombre en el aeropuerto?

-Mi novio, Jacob.

Recordé el beso que le había dado, parecía como si intentara encajarle su lengua en la garganta.

-Debes extrañarlo.

No respondió de inmediato, pero finalmente, dijo-. No tanto como probablemente debería.

-¿Qué significa eso?

-Nada, es complicado.

Me gire de lado y coloque mi cojín del asiento debajo de mi cabeza.

-¿Por qué crees que ese avión no regreso, Bella?

-No lo sé –dijo, pero me dio la impresión de que si lo sabía.

-Creen que estamos muertos. ¿Cierto?

-Espero que no –dijo-. Porque si lo piensan, entonces dejaran de buscarnos.


COMENTEN!

Alizce: Que bueno que te guste la historia, y si ya tienen un poco de ayuda para no morir :3 espero y te guste los siguientes capítulos.

Nadiia16: ya veras los cambios de estos dos en los demás capítulos.

valeritalopeez : Que bueno te guste :*

lis3011: ya en unos capítulos, ya los dos tendrán acción xD