Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capítulo 9

Bella

A extremos de dos palos largos en puntos fuertes. La mañana siguiente, Edward uso el cuchillo para cortar las cuerdas de la guitarra.

-¿Lista para arponear algunos peces? –pregunto.

-Definitivamente.

Cuando llegamos a la orilla, Edward se arrodillo y recogió algo.

-Esto tiene que ser tuyo –dijo, dándome una zapatilla de bailarina azul oscuro.

-Así es. –Mire en el agua-. Tal vez la otra estará empapada.

Nos metimos en la laguna que me llegaba a la cadera. El calor no era tan intolerable en la mañana, así que me puse una camiseta de Edward, en lugar de solo mi sujetador y ropa interior.

El dobladillo saturado de agua como una esponja se aferraba a mis muslos. Habíamos intentado, sin éxito, durante más de una hora arponear un pez. Pequeños y rápidos, se dispersaban en cuanto hacíamos algún tipo de movimiento.

-¿Crees que tendríamos mejor suerte un poco más lejos? –le pregunte.

-No lo sé, los peces son, probablemente, más grandes, pero podría ser más difícil de usar la lanza.

Me di cuenta de algo, entonces, flotando en el agua. -¿Qué es eso Edward? –protegí mis ojos con la mano.

-¿Dónde?

-Ahí en frente, ¿Ves lo que sube y baja? –señale con el dedo.

Edward entrecerró los ojos en la distancia.- Oh mierda, Bella, no veas. Demasiado tarde.

Justo antes de que me digiera que no mirase, lo descubrí. Deje caer mi lanza y vomite en el agua.

-Va a ser arrastrado, así que vamos a volver a la orilla –dijo Edward.

Lo seguí fuera del agua. Cuando llegamos a la arena vomite otra vez.

-¿Ya está aquí? –le pregunte, limpiándome la boca con el dorso de mi mano.

-Casi.

-¿Qué vamos a hacer?

La voz de Edward sonaba temblorosa e insegura.

-Vamos a tener que enterrarlo en alguna parte. Nos vendría bien una de las mantas, a menos que no quieras.

Por mucho que odiaba renunciar a una de nuestras pocas pertenencias, envolverlo en una manta parecía lo respetuoso para hacer. Y si era honesta conmigo misma, sabía que no había manera de que pudiera tocar su cuerpo con mis manos desnudas.

-Iré por ella –le dije, agradecida por una excusa para no estar allí cuando lo arrastrara.

Cuando regrese con la manta, se la entregue a Edward, y rondamos el cuerpo en ella, empujándolo con los pies. El olor de la descomposición, la carne anegada lleno mi nariz, y escondí y hundí la cara en el hueco de mi codo.

-No lo podemos enterrar en la playa –le dije, Edward sacudió la cabeza.

-No.

Elegimos un lugar debajo de un árbol, lejos del cobertizo, y empezamos a cavar en la tierra blanda con las manos.

-¿es lo suficientemente grande? –pregunto Edward bajando la mirada al agujero.

-Creo que sí.

No necesitábamos una tumba grande porque los tiburones habían comido las piernas de Mick y parte de su torso. Y un brazo, otra cosa en la que había estado trabajando era su cara, hinchada y blanco.

Recortes de la camiseta desteñida que había estado usando colgaban de su cuello.

Edward espero mientras yo tenía arcadas, y luego agarre uno de los bordes de la manta y le ayude a arrastrar a Mick a la tumba y bajarlo en el agujero.

Lo cubrimos con tierra y nos levantamos.

Lagrimas silenciosas rodaron por mi cara.

-Él ya estaba muerto cuando caímos al agua –dije con firmeza, como un comunicado.

-Si –estuvo de acuerdo Edward.

Empezó a llover, así que volvimos a la balsa salvavidas y nos metimos dentro. El pabellón nos mantuvo seco, pero me estremecí. Tire de la manta sobre nosotros la que ahora estaríamos compartiendo y dormimos.

Cuando nos despertamos, Edward y yo reunimos fruta de pan y coco. Ninguno de los dos dijo mucho.

-Aquí –Edward me entrego un trozo de coco.

Le aparte la mano.

-No, no puedo. Tú cómelo. –mi estómago estaba revuelto, nunca sacaría la imagen de Mick fuera de mi cabeza.

-¿Tu estomago esta todavía revuelto?

-Sí.

-Prueba un poco de agua de coco –dijo, pasándomelo, levante el envase de plástico a mis labios y bebí un rato.

-Voy a buscar un poco de leña.

-Está bien.

Solo se había ido unos minutos, cuando sentí el chorro, Oh, dios mío, no.

Con la esperanza de una falsa alarma, entre en la dirección opuesta a donde Edward, se había ido y tire mis pantalones abajo. Allí, en la entrepierna de algodón blanco de mi ropa interior era la prueba de que acababa de llegar mi periodo.

Me apresure hacia algo en lo que apoyarme y agarre una camiseta de manga largo. De vuelta en el bosque, arranque una tira, hice una bola, y la metí en mi ropa interior.

Necesito que este día miserable se termine.

Cuando se puso el sol, los mosquitos hacían un festín con mis brazos.

-Debiste de haber decidido que estar más fría valía más que unas cuantas picaduras –dijo Edward cuando vio espantándolos con mi mano. Se había puesto la sudadera y unos vaqueros tan pronto como los bichos salieron.

Pensé en mi camisa de manga larga, escondida debajo de un arbusto al que solo esperaba ser capaz de encontrar de nuevo.

-Sí, algo así.

Edward

No comimos nada más que coco y fruta de pan por los siguientes ocho días y nuestras ropas acabaron colgándonos. El estómago de Bella gruñía mientras dormía, y yo tenía un constante dolor en el mío.

Dudaba que los equipos de rescate aun estuvieran buscándonos, y un hoyo, una sensación de vacío, que no tenía nada que ver con el hambre, se unía al dolor en mis entrañas cada vez que pensaba en mi familia y amigos.

Pensé que impresionaría a Bella si podía pescar un pez. Me las arregle para apuñalarme a mí mismo el pie en su lugar, lo cual duele como el infierno, pero no le deje saber eso.

-Quiero poner una pomada antibiótica en el –dijo Bella, unto suavemente pomada en la herida y la sobrio con una curita. Dijo que la húmeda de la isla era perfecta para los gérmenes y el pensar que uno de nosotros obtuviera una infección la asustaba como la mierda-

-Tendrás que permaneces fuera del agua hasta que sanes, Edward. Quiero mantener seco.

Genial. Nada de pescar y nada de nadar.

Los días pasaron lentamente. Bella se tranquilizó. Durmió más, y la pille secándose los ojos cuando regrese de recolectar leña o explorar la isla. La encontré sentada en la playa un día, mirando el cielo.

-Es más fácil si dejas de pensar que van a volver –dije.

Me miro. -¿Así que solo debo esperar a que un avión vuele al azar sobre mi cabeza algún día?

-No lo sé, Bella –me senté a su lado-. Podemos salir en una balsa salvavidas –dije-. Cargarla con comida y usar los recipientes de plástico para recolectar agua de lluvia. Solo comenzar a remar.

-¿Qué pasa si nos quedamos sin comida o algo le sucede a la balsa? Eso sería suicidio, Edward. Obviamente no estamos en la trayectoria de vuelo de cualquiera de las islas inhabitadas, y no hay garantía de que un avión volara por aquí. Estas islas se extienden por miles de kilómetros de agua. No puedo estar en el mar. No después de ver a Mick. Me siento a salvo aquí, en la tierra, sé que no van a volver, pero el decirlo en voz alta me parecería que me di por vencida.

-Yo me sentía de esa manera, pero ya no más. –Bella me estudios.

-Eres muy adaptable –Asentí con la cabeza.

-Vivimos aquí ahora.

Bella

Edward grito mi nombre, estaba sentada al lado del cobertizo, con la mirada perdida en el espacio. Corrió hacia mí, arrastrando una maleta tras él.

-Bella, ¿es tuya?

Me puse de pie y corrí a su encuentro a mitad de camino.- ¡Sí!

Por favor, deja que sea la correcta.

Me tire en la arena en frente de la maleta y tire de la cremallera, entonces abrí la tapa y sonreí.

Empuje la ropa mojada a un lado y busque mis joyas. Encontré la bolsa con cierre hermético, la abrí, y derrame todo. Escudriñando a través de ella, mis dedos se cerraron en torno a un pendiente con forma de aro y lo alce triunfalmente para que Edward lo viera.

Sonrió, observando el alambre curvado que colgaba del aro.- Eso sería genial como anzuelo, Bella.

Lo saque todo de la maleta: el cepillo de dientes y dos tubos de pasta dental corriente, además de un tubo dental blanqueador crest, cuatro barras de jabón, dos botellas de gel de baño, champú y acondicionador, loción, crema de afeitar y mi maquinilla de afeitar, más dos paquetes de cartuchos de recambio de cuchilla.

Tres desodorantes, dos sólidos y uno en gel, el aceite de bebe y las bolas de algodón para quitar el maquillaje, bálsamo labial de cereza y, gracias Jesús, dos cajas de tampones. El quitaesmalte y el esmalte, pinzas, bastoncitos de algodón para los oídos, pañuelos de papel, una botella de Woolite1, para lavar a mano mis trajes de baño, y dos tubos de coppertone, con un factor de protección solar de 30. Edward y yo estábamos ya tan morenos que no creí que el protector solar hiciera una diferencia.

-Guau- dijo Edward cuando termine de ordenar todas las cosas de la maleta.

-La isla en la que se supone que deberíamos estar no tiene farmacia –le explique-. Lo he comprobado.

También había guardado un peine y un cepillo, ganchitos y gomas para el cabello, una baraja de cartas, mi agenda y un bolígrafo, dos pares de gafas de sol, las de aviador de Ray Ban y un par con una gran montura negra y un sombrero de paja que siempre llevaba a la piscina.

Cogí cada prenda de ropa, la escurrí del agua y la tendí sobre la arena para que se secara. Cuatro trajes de baño, pantalones de algodón, pantalones cortos, camisetas de tirantes, camisas, y un vestido de verano. Mis zapatillas de deporte y varios pares de calcetines.

Una camiseta azul del concierto de REO Speedwagon2, y una gris de Nike con un logotipo rojo que dice Justo Do It3 en el frente. Eran de gran tamaño, y las usaba para dormir.

Lance la ropa interior y los sujetadores de vuelta a la maleta y cerré la tapa. Lidiaría con esos más tarde.

-Hemos tenido suerte de que esta fuera la maleta que se quedó varada –dije.

-¿Qué había en la otra?

-Tus libros de texto y tus trabajos. –había hecho un cuidadoso las de lecciones, había organizado todos los trabajos que le quedaban por terminar a Edward. Las novelas que había planeado leer durante el verano también se encontraban en esa maleta y pensé con nostalgia lo mucho que habrían ayudado a pasar el tiempo. Mire a Edward con expresión esperanzadora-. Quizás también encontremos tu maleta.

-Ni de coña. Mis padres se la llevaron. Es por eso que tenía algo de ropa y mi cepillo de dientes en la mochila. Mi madre quiso que llevara algo conmigo por si nos retrasábamos y tuviéramos que pasar la noche en alguna parte.

-¿En serio?

-SO.

-Uh, imagina eso.

Recogí todo lo que necesitaba.

-Voy a darme un baño –le dije-. No puedes ir al agua mientras yo esté allí. ¿Eso queda claro?

Edward asintió con la cabeza.

-No lo hare. Te lo prometo, voy a ver si puedo hacer una caña de pescar, mientras tú vas. Iré cuando regreses.

-Está bien.

Cuando llegue a la orilla, me quite la ropa, entre en el agua, y hundí la cabeza. Me lave el pelo sucio, lo enjuague, y volví a lavármelo. El champú olía increíble, pero quizás era porque yo olía muy mal. Después de ponerme el acondicionador, me enjabone de pies a cabeza y me senté en la orilla afeitándome las piernas y las axilas. Entre en el agua para enjuagarme y flote de espaldas durante un rato, contenta limpia.

Me puse mi bikini amarillo, me eche desodorante y me desenrede el cabello, haciéndome un moño y asegurándolo con una pinza de peso.

Elegí las gafas de sol negras, decidiendo que Edward debía ponerse las Ray Ban.

El me miro dos veces cuando me acerque. Cuando me senté a su lado, se inclinó, me olfateo, y dijo-. Los mosquitos van a comerte viva.

-Me siento tan bien que ni siquiera me importa.

-¿Qué opinas? –pregunto, levantando la caña de pescar. Había hecho un agujero en el extremo de un palo largo y atado la cuerda de la guitarra al mismo.

Lo coloco al otro extremo a través de un circuito abierto en el cable de mi pendiente.

-Se ve muy bien, cuando vuelvas de lavarte, lo probamos. Deje todo por el agua, sírvete tú mismo.

Cuando Edward regreso, se veía limpio y olía tan bien como yo. Le di las Ray Ban.

-Oye gracias –dijo, poniéndoselas-. Son geniales. –agarro la caña de pescar.

-¿Qué vamos a utilizar como cebo? –pregunte.

-Lombrices, supongo.

Cavamos en el suelo, por debajo de los árboles, hasta que encontramos algunos. Parecía más gusanos grandes que lombrices, eran blancos y ondulados, me estremecí. Edward recogió un puñado y fuimos hacia el agua.

-La cuerda no es muy larga –dijo-. No quería usar todas las cuerdas de la guitarra por si acaso se rompía o le pasaba algo al palo.

Después de caminar hasta la altura de la cintura, lanzo el anzuelo. Nos quedamos quietos.

-Algo esta mordisqueado –dijo-

Tiro el palo hacia atrás y saco la cuerda. Aplaudí ante los peces que colgaba del extremo.

-Oye. ¡Funciono! –grito-Edward pesco otros sietes en menos de media hora. Cuando llegamos al cobertizo, salió a recoger leña, y yo limpie el pescado con el cuchillo.

-¿Dónde aprendiste hacer eso? –me pregunto cuando regreso. Vacío la mochila llena de palos en el montón de leña en el cobertizo.

-Mi padre. Solía llevarnos a pescar a Nessie y a mí todo el tiempo, a la casa del lago que teníamos cuando éramos pequeñas. Siempre se ponía su sombrero loco con dibujos de anzuelo en forma de pez. Le ayudaba a limpiar todo lo que cogía.

Edward observaba mientras raspaba las escamas con el cuchillo y luego cortaba la cabeza. Pase el cuchillo en horizontal y hacia abajo por el largo de los peces, superando el filete de la piel. Vertí para quitarme la sangre y las tripas, y luego cocinamos el pescado en la piedra plana que usábamos para tostar pan, nos comimos los siete, uno detrás de otro. Sabían mejor que cualquier otro pez que hubiera comido antes.

-¿Qué tipo de pescado crees que es? –le pregunte a Edward.

-No lo sé, aunque está bastante bueno.

Nos sentamos en la manta después de cenar, con nuestros estomago llenos por primera vez en las últimas semanas. Alcance mi maleta y saque la agenda, alisando las páginas torcidas.

-¿Cuántos días hemos estado aquí? –le pregunte a Edward.

Se acercó al árbol e hizo un recuento de las marcas que había hecho con el cuchillo.

-Veintitrés.

Redondee la fecha en el calendario. Era casi julio.

-Voy a hacer un seguimiento a partir de ahora. –Entonces pensé en algo-. ¿Cuándo se supone que debes ir al médico?

-A finales de agosto. Se supone que me tienen que hacer un escáner.

-Nos encontrara para entonces.

Realmente no lo creía. Y dada la mirada en la cara de Edward, el tampoco.


D: ya veintitrés días en la isla, a ver cuanto aguantas *-* que bueno que les guste la historia y falta mas cosas que le falta a esos dos juntos.

lis3011: Lo se, a ver cuanto falta para que los encuentre D:

maleja twihard: lo bueno es que aquí ya encontraron la maleta de Bella y pudieron pescar y comer mucho mejor :'D

Nadiia16: jajaja me imagine al pirata y todo xD ya en poco se descubrirán quien es el dueño de esa cabaña :3 y de eso se trata la historia que te deje con la intriga :*

Alizce: si, ya edward ya siente algo por ella, la difícil es Bella pero, esperemos y ya le de chance

PD: he pensado ser un grupo en facebook, para ser mejor comunicacion con ustedes y subir avances que les parece, comenten :3

COMENTEEEEEN!

BII. M. Stew.